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Fragmentos del tiempo
Fragmentos del tiempo
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Libro electrónico88 páginas1 hora

Fragmentos del tiempo

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Información de este libro electrónico

¿Qué es el tiempo? ¿Es solo un transcurrir? ¿Es recuerdo, es pasado es futuro, es enfermedad? ¿Es posible morir "de tiempo"? ¿Se puede guardar el tiempo, retenerlo, detenerlo, escrito en las páginas de un diario íntimo? ¿Acaso memoria, tiempo y recuerdo son lo mismo? 
Romina, la protagonista de esta historia, se adentra en su pasado para avanzar hacia el futuro en medio de un presente absolutamente caótico. A lo largo del recorrido, tendrá que cerrar heridas, asumir la muerte como parte de la vida y entender que la vida, de alguna manera, también es la antesala de la muerte y hay que aprender a convivir con eso.
Limitada a solo interactuar con sus mascotas y mantener el menor contacto con los humanos, tendrá también que aceptar que los vínculos son necesarios para definir quiénes somos, qué queremos y hacia dónde vamos.
IdiomaEspañol
EditorialLibella ediciones
Fecha de lanzamiento20 ene 2026
ISBN9786313210190
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    Vista previa del libro

    Fragmentos del tiempo - Cyntia Alejandra Calamara

    Portada del libro Fragmentos del tiempo de Cintya Alejandra Calamara. Libella sello editorial.

    FRAGMENTOS DEL TIEMPO

    CINTYA ALEJANDRA CALAMARA

    FRAGMENTOS DEL TIEMPO

    Índice de contenido

    Sin anestesia

    Playa

    Cajas

    Cumpleaños

    Chat en coma

    Cosas de perros

    La bolsa

    Máxima productividad

    Muerto el perro, más rabia

    Clota y el rosal

    Shock hipovolémico

    Parto, sangre y coma

    Reembolso

    El señor del sótano

    No te vayas…

    Otra vez el tiempo

    78 días, 3 horas, 14 minutos, 5 segundos

    ADN

    El tiempo me volvió a estafar

    El pasado, enterrado

    La carta

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    Puntos de referencia

    Portada

    Portadilla

    Legales

    Tabla de contenidos

    Página de legales

    Editado en 2025 por Ediciones Libella

    Editora Natalia Alterman

    www.libellaeditorial.com.ar

    natalia@libellaeditorial.com.ar

    Diseño de tapa: Julieta Ramirez Borga

    Diseño de interior: Marcos E. Ozán

    Esta publicación no puede ser reproducida, en todo ni en partes, ni registrada en o transmitida por un sistema de recuperación de información, en ninguna forma ni ningún medio, sea mecánico, fotoquímico, electrónico, magnético, por fotocopia o cualquier otro, sin el permiso previo por escrito de la autora.

    Versión: 1.0

    Digitalización: Proyecto 451

    Sin anestesia

    Como todos los días, llego a casa a las seis de la tarde. Pero esta vez, apenas abro la puerta, los fragmentos de papel delatan la carnicería: casi cuarenta años de historia destrozadas por mi cusquito. Pedacitos de hojas amarillentas, y otras no tanto, palabras apenas, cuando no sílabas, de lo que fueran mis recuerdos. ¡Qué hiciste, Coco, qué hiciste…! Coco mueve la cola mientras salta sobre la alfombra de mis recuerdos truncos y con la tapa de mi diario íntimo de 1992 en la boca. Él quiere jugar. Yo lo quiero matar o quiero llorar o no sé.

    Podría sumar mis diarios íntimos a la lista interminable de objetos masticados desde que Coco llegó a casa: un par de medias, una planta, los bordes de la mesa, el control remoto de la televisión, el apoyabrazos del sillón y el cable de la computadora (incluso a riesgo de morir electrocutado).

    Me agacho con la campera todavía puesta y me arrodillo sobre los fragmentos de papel, son tantos que lo cubren todo, todo el piso cubierto de papelitos. Junto uno, alcanzo a leer: ...cha de venci…, en realidad no leo, adivino, reconstruyo mi historia. Coco insiste en seguir jugando, así que me amigo con mi nueva alfombra de papeles mordidos.

    ¿Vamos a pasear? Coco salta, mueve su cola enloquecido, le pongo el pretal y la correa, y salimos. Camina a la velocidad de la luz, me lleva a la rastra. Cuando llegamos al parque ya estoy casi sin aire, ¡qué perro loco! Me siento a descansar en un banco de la plaza y, de a poco, recuerdo la fecha y algunas palabras del único trozo de papel que alcancé a levantar del piso. Qué verano…

    Coco da unos pasos y se me acerca con carita de dolor, lloriquea y comienza a hacer arcadas, lo noto agitado y molesto, ¿qué comiste ahora? Y de repente, regurgita, algo sale de su estómago y, para mi sorpresa, es papel. Coco parece decidido a desparramar mis secretos, no solo por toda la casa, sino también por el parque. Trato de juntarlo con delicadeza, con un poco de asco, pero no logro ver nada, son solo pequeños trozos de papel húmedo y masticado. La curiosidad comienza a hacer su trabajo.

    De regreso a casa, caminamos lento. Coco le ladra a cada perro con el que se cruza, pero lo noto más calmado, agotó parte de su energía. Yo también camino lento, más lento que Coco, porque me acuerdo de los papeles desparramados en el suelo. Podría simplemente tomar la escoba, barrerlos y tirarlos. No, no puedo, después de todo, son mis recuerdos y uno no se anda deshaciendo de su historia así como así, negándola, descartándola. Voy a encontrar la manera de rearmar mis diarios aunque sea una misión casi imposible.

    Antes de abrir la puerta, ya estoy abrumada por el lío que me espera y además estoy cansada del día de trabajo. Una vez en casa, cuando ya le estoy sacando el pretal a Coco, alcanzo a ver papeles mordidos por todos lados, me agacho, me siento en el piso casi rendida y tomo uno. Logro descifrar el contenido:

    Recorte de un trozo de papel que dice:`…za para sacar al bebé, porque el bebé no quiere salir por donde tiene que salir. Pero a mamá le dolió cuando le abrieron la panza, porque la anestesia no le aga…`

    Busco otros fragmentos de la misma página, me lleva algo de tiempo pero me ayuda a recomponer el texto:

    "Mis abuelos me contaron cómo fue que se me ocurrió llegar al mundo. Yo ya sé cómo llegan los bebés al mundo, también cómo se hacen, hace tiempo que lo sé, pero no lo cuento porque me da vergüenza. Pero volviendo a mi nacimiento, fue de telenovela. A las seis de

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