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Cuando la vida te da una Hostia a mano abierta comienza la magia
Cuando la vida te da una Hostia a mano abierta comienza la magia
Cuando la vida te da una Hostia a mano abierta comienza la magia
Libro electrónico173 páginas1 hora

Cuando la vida te da una Hostia a mano abierta comienza la magia

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Información de este libro electrónico

Hay momentos en la vida en los que no te llega una señal sutil, sino una buena hostia a mano abierta. De esas que te sacuden, te tambalean… y a veces, te despiertan.
¡TIENES UN LINFOMA!
Este libro es una conversación honesta, divertida y profundamente humana con una mujer que, tras enfrentarse a sus pensamientos, expectativas sociales, heridas del pasado y un largo camino de desconexión, decidió mirarse de frente… y volver a encontrarse.
Con un lenguaje directo, toques de humor y mucha autenticidad, aquí no se habla de pertección ni de fórmulas mágicas. Se habla de la vida real: esa en la que a veces te rompes, pero también te reconstruyes.
Donde aprender a decir «no», volver a ti y priorizarte se convierte en un acto de amor radical.
¿ES POSIBLE ATRAVESAR UNA ENFERMEDAD DE MANERA POSITIVA?
¿QUÉ OCURRE CUANDO LA VIDA TE PARA DE GOLPE?
¿Y SI TODO LO QUE PARECE UNA CAÍDA… ES EN REALIDAD UN DESPERTAR?
Porque a veces, cuando la vida te sacude… es tu oportunidad de despertar.
IdiomaEspañol
EditorialLetrame Grupo Editorial
Fecha de lanzamiento16 dic 2025
ISBN9791370127794
Cuando la vida te da una Hostia a mano abierta comienza la magia

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    Cuando la vida te da una Hostia a mano abierta comienza la magia - María Isabel Garzón Cruz

    Imagen de portada

    © Derechos de edición reservados.

    Letrame Editorial.

    www.Letrame.com

    info@Letrame.com

    © María Isabel Garzón Cruz

    Diseño de edición: Letrame Editorial.

    Maquetación: Juan Muñoz Céspedes

    Diseño de cubierta: Raquel Cañas

    Supervisión de corrección: Celia Jiménez

    ISBN: 979-13-7029-557-8

    Ninguna parte de esta publicación, incluido el diseño de cubierta, puede ser reproducida, almacenada o transmitida de manera alguna ni por ningún medio, ya sea electrónico, químico, mecánico, óptico, de grabación, en Internet o de fotocopia, sin permiso previo del editor o del autor.

    «Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra solo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos) si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra (www.conlicencia.com; 91 702 19 70 / 93 272 04 47)».

    Prólogo

    Ella, asomada a la ventana como en el cuadro de Salvador Dalí, «Muchacha en la ventana», contemplaba con calma el horizonte, la vida. De repente, una fuerte ráfaga de viento le azotó su rostro, se apoderó de ella sin pedirle permiso, entró en la habitación y removió todo lo que había allí. El viento tan repentino y brutal se metió en su cuerpo. La calma dio paso a la angustia, la incertidumbre y el miedo convirtiéndola en un soplo en el cuadro de «El Grito», de Edvard Munch.

    En el libro que tienes entre tus manos, mi querida Isa cuenta de una manera vibrante el viaje que recorrió entre la calma y el pánico y, entre el pánico y el grito final de vida «estás limpia». Es tan generosa que, mediante sus metáforas y su gran humor, consigue que el lector en muchas ocasiones transforme ese viaje lóbrego en matices de colores vivos. Con sus preguntas, te acerca tanto a ella que parece que la tienes a tu lado, que la sientes. Con sus bitácoras, convierte la narrativa de sus hechos en profundas reflexiones personales de vida. Reflexiones con sentimiento. A veces es difícil plasmar sobre un papel cómo te sientes. Isa lo hace de una manera única, como es ella. En cada página que vas pasando, sus sentimientos van acariciando el corazón del lector de una manera tan sutil que no lo daña, su objetivo es hacerle sentir, emocionar, pero sin hacerle quebranto.

    En este viaje Isa, además nos cuenta todo lo que aprendió, que es mucho. Comenzó a priorizarse que esto no es sinónimo de ser egoísta, sino de poder centrarse en el proceso; aprendió a hablarse, a conocer no solo su alma sino también su cuerpo; comprendió lo importante que es ir despacio en la vida y lo necesario de no dejarse para después, y muchos otros aprendizajes que descubrirás a lo largo del libro y que te servirán como enseñanza personal, independientemente de que te haya tocado o no luchar por una batalla como la suya. Aunque la autora no pretende dar lecciones de vida, ni tampoco influir en el lector en este sentido, no lo ha conseguido ya que vas a descubrir en su libro una gran lección de vida que es imposible dejarnos indiferentes por tres razones: por su forma de vivirlo, de contarlo y de superarlo.

    ¡Isa, eres fantástica! Somos muchas las personas que estuvimos pendientes desde el inicio. Cada uno te acompañamos a nuestra manera, desde el respeto. El tener a tanta gente pendiente demuestra todo lo que vales, la gran persona que eres, siempre cargada de generosidad y buenas palabras.

    Eres: Bondad, AMOR, fuerza, alegría, positiva, pasión, energía, alegre, despertar, real, única, impulsiva, HIJA, luz, súper, besos, buena, estrella, inefable, AMIGA, luchadora, Antonia, agradecida, chispeante, payasa, INCANSABLE, chocolate, gamberra, HERMANA, sincera, MADRE.

    Eres tú, ISA.

    Gracias, mi querida Isa, por confiar en mí.

    Te quiero

    Mari Carmen González Sánchez

    Maestra, escritora, Licenciada en Psicología y Pedagogía Terapéutica

    Introducción

    ¡Hola ¡Si estás aquí no es una casualidad, sea lo que sea, algo nos une, lo está haciendo ahora mismo, o lo hará cuando le toque!

    Yo siempre he pensado que, en la vida, todos y cada uno de los momentos, todos y cada uno de los acontecimientos, todas y cada una de las personas que pasan por nuestra vida y todas aquellas que no lo hacen, no son fruto de la casualidad. Todo tiene un sentido, un propósito y un para qué. Y por mucho que nos empeñemos en que no sea así, la vida, la naturaleza, el universo, Dios o como quieras llamarlo, te pondrá un desafío en el camino hasta que lo comprendas; y eso será un aprendizaje si así quieres verlo.

    Lo hará a través de una experiencia que podemos denominar negativa (vamos, lo que comúnmente conocemos como «problema»), te pondrá delante a una persona que te sacará de tus casillas y, cuando todo eso no funcione, quizás aparezca un síntoma que te mueva de tu zona de comodidad. Y será ahí cuando empieces a dirigir tu atención hacia lo que realmente importa.

    La naturaleza y el universo se rigen por unas leyes naturales que la mayoría ni conocemos y aun conociéndolas se nos olvidan, porque somos humanos que vivimos en sociedad, en familia, con unas reglas y unas creencias que cumplen una función: la de dar un sentido u otro a nuestra vida.

    Cuando somos pequeños, aprendemos tropezando, de forma natural, sin tener juicio de lo bueno o lo malo. Aprendemos a andar cayendo de culo una y otra vez, o de morros (también es una opción). Somos farolas de luz intensa, que vamos a por todas sin pensar; nos movemos por las emociones del placer y del dolor: dos de las funciones básicas de la mente y de forma natural, si algo nos gusta decimos «sí» y si algo no nos gusta contestamos con un «no», sin ningún tipo de juicio. ¿Recuerdas cuál era la frase que más repetías de pequeño? «No quiero». ¡Era esa! Tu madre te preguntaba: «¿Quieres pintar?», «¿Quieres comer lentejas?», «¿Quieres ir a casa de los abuelos?». Y tu respuesta, indefectiblemente, siempre era: «No quiero». Y te quedabas tan ancho. ¿Te acuerdas?

    Pero a medida que crecemos, se nos olvida, porque somos humanos; aunque esto a veces también se nos olvida. Y sin darnos cuenta nos convertimos en cabezas pensantes con muchos juicios y prejuicios, con miedos y vergüenzas, que hacen que dejemos de vivir la vida de forma natural convirtiéndola en una vida con muchos significados. Significados que vamos normalizando de generación en generación; otros nos los marca la sociedad, nuestra familia, la cultura, el tiempo, el espacio en el que vivimos…, todo nos va dando significados que damos por hecho sin cuestionarlos y nos marcan pautas de cómo tenemos que vivir la vida.

    Aprendemos a saber (o a creer que sabemos) lo que está bien y lo que está mal y no cuestionamos qué parte tiene de verdad y qué parte no lo es, y mucho menos si cualquiera de ellas nos va a servir o no en el momento en el que nos encontramos.

    Frena tu mente un segundo y piensa: En este preciso instante, ¿qué significado tiene para ti la palabra «cáncer»? No sigas… ¡Piénsalo! ¿Lo tienes? Seguimos… ¿Y la palabra «quimioterapia»?

    ¿Te has preguntado alguna vez por qué piensas lo que piensas? ¿O de dónde viene lo que piensas, o cuánto de cierto hay en eso que piensas?

    Pues este libro va de eso: de significados. En este caso, de los míos. Ni mejores ni peores. Simplemente los míos, aunque sé que a medida que vaya avanzando en la historia, estos se podrían transformar porque habrá cambiado mi percepción de las cosas.

    Un tortazo, una hostia a mano abierta, un revolcón en la vida, llámalo como tú prefieras, pero a mí, eso me ha hecho cuestionarme qué es la vida. Y me lo sigo preguntando. Quiero saber el qué, el cómo, el cuándo y el de dónde y, sobre todo... el para qué, porque al final… de esto va la vida, por lo menos para mí.

    ¡Esta vida no es una prueba!, sino la manifestación de sentirnos y experimentarnos de la mejor forma posible, saludable y ecológica para nosotros mismos y para los demás, aunque a veces nos empeñemos en convertirla en una forma de supervivencia o, peor aún, en una manera de morir mientras vivimos. Y en esto voy a insistir mucho, porque hay una parte de mí que es muy pesada (ja, ja) y voy a ser pesada con esto. Pero que quede claro que siempre voy a hablar desde mi punto de vista, desde mi percepción y desde donde yo veo, escucho, y siento.

    ¿Por qué digo esto? Porque, como he comentado antes, cada uno de nosotros percibimos la vida de una manera, ni mejor ni peor, cada uno percibe a su manera. Y en este caso yo, como Frank Sinatra, seguiré… «A mi maneraaaaaaaaaaaaaaaaaaa». ¿A que le has puesto musiquilla? Eso está bien. Muy, pero que muy bien. Por ahí se empieza.

    ¿Te ha pasado

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