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Dos relatos: El jorobadito y Las fieras
Dos relatos: El jorobadito y Las fieras
Dos relatos: El jorobadito y Las fieras
Libro electrónico54 páginas40 minutos

Dos relatos: El jorobadito y Las fieras

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Hemos elegido El jorobadito y Las fieras para el tomo dedicado a Roberto Arlt en nuestra serie Dos relatos. En ella hemos venido publicando libros breves compuestos siempre de dos narraciones.
En El jorobadito (1933), su primer libro de cuentos, Roberto Arlt trata temas oscuros. Aquí se habla del crimen, la traición, la hipocresía y la crítica a la moral burguesa.
El narrador está encerrado en un calabozo por haber estrangulado a Rigoletto, el jorobadito que da título al texto. La sociedad ve su crimen como la consecuencia de su locura y lo encierra en la cárcel.
La confesión sobre el estrangulamiento, escrita en la cárcel, intenta justificar el asesinato como una especie de higiene social. La maldad del jorobado y la perversas relaciones familiares del asesino, son las razones que utiliza el narrador-asesino para justificar su bajeza moral.

«Los diversos y exagerados rumores desparramados con motivo de la conducta que observé en compañía de Rigoletto, el jorobadito, en la casa de la señora X, apartaron en su tiempo a mucha gente de mi lado.
Sin embargo, mis singularidades no me acarrearon mayores desventuras, de no perfeccionarlas estrangulando a Rigoletto.
Retorcerle el pescuezo al jorobadito ha sido de mi parte un acto más ruinoso e imprudente para mis intereses, que atentar contra la existencia de un benefactor de la humanidad.
Se ha echado sobre mí la policía, los jueces y los periódicos. Y ésta es la hora en que aún me pregunto (considerando los rigores de la justicia) si Rigoletto no estaba llamado a ser un capitán de hombres, un genio, o un filántropo. De otra forma no se explican las crueldades de la ley para vengar los fueros de un insigne piojoso, al cual, para pagarle de su insolencia, resultaran insuficientes todos los puntapiés que pudieran suministrarle en el trasero, una brigada de personas bien nacidas.»

En Las fieras, Robert Arlt explora otro territorio. Se acerca con más intensidad al género negro. A través de un largo monólogo ante el fantasma de su mujer ya fallecida. A quien explicar el proceso de envilecimiento y degeneración en que ha ido cayendo.
El jorobadito y Las fieras tienen un elemento en común. Son contados por un mismo criminal idealizado, que se responsabiliza siempre de todos sus propios actos malévolos. Así estas narraciones son confesiones íntimas que intentan quizá redimir al criminal, a través de la higiene social o la memoria de un amor perdido.
IdiomaEspañol
EditorialLinkgua Ediciones
Fecha de lanzamiento1 ene 2025
ISBN9788499531014
Dos relatos: El jorobadito y Las fieras
Autor

Roberto Arlt

Roberto Arlt (Buenos Aires, 1900-1942) ha sido definido como el escritor que inaugura la novela moderna argentina. Publicó El juguete rabioso (1926), Los siete locos (1929), Los lanzallamas (1931) y El amor brujo (1932), además de varios libros de cuentos, aguafuertes y obras de teatro.

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    Dos relatos - Roberto Arlt

    9788499531014.jpg

    Roberto Arlt

    Dos relatos:

    El jorobadito

    Las fieras

    Barcelona 2024

    Linkgua-ediciones.com

    Créditos

    Título original: El jorobadito.

    © 2024, Red ediciones S.L.

    e-mail: info@linkgua.com

    Diseño de la colección: Michel Mallard.

    ISBN rústica ilustrada: 978-84-9007-476-3.

    ISBN ebook: 978-84-9953-101-4.

    Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra solo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos, www.cedro.org) si necesita fotocopiar, escanear o hacer copias digitales de algún fragmento de esta obra.

    Sumario

    Créditos 4

    Brevísima presentación 7

    La vida 7

    El jorobadito 9

    Las fieras 31

    Libros a la carta 49

    Brevísima presentación

    La vida

    Roberto Arlt (Buenos Aires, 2 de abril de 1900-26 de julio de 1942). Argentina.

    De padre prusiano, Karl Arlt, y madre italiana, Ekatherine Iostraibitzer, tuvo dos hermanas que murieron de tuberculosis.

    Arlt practicó muy variados oficios. Fue, entre otras cosas, periodista ayudante en una biblioteca, pintor, mecánico, soldador y trabajador portuario.

    El jorobadito

    Los diversos y exagerados rumores desparramados con motivo de la conducta que observé en compañía de Rigoletto, el jorobadito, en la casa de la señora X, apartaron en su tiempo a mucha gente de mi lado.

    Sin embargo, mis singularidades no me acarrearon mayores desventuras, de no perfeccionarlas estrangulando a Rigoletto.

    Retorcerle el pescuezo al jorobadito ha sido de mi parte un acto más ruinoso e imprudente para mis intereses, que atentar contra la existencia de un benefactor de la humanidad.

    Se ha echado sobre mí la policía, los jueces y los periódicos. Y ésta es la hora en que aún me pregunto (considerando los rigores de la justicia) si Rigoletto no estaba llamado a ser un capitán de hombres, un genio, o un filántropo. De otra forma no se explican las crueldades de la ley para vengar los fueros de un insigne piojoso, al cual, para pagarle de su insolencia, resultaran insuficientes todos los puntapiés que pudieran suministrarle en el trasero, una brigada de personas bien nacidas.

    No se me oculta que sucesos peores ocurren sobre el planeta, pero ésta no es una razón para que yo deje de mirar con angustia las leprosas paredes del calabozo donde estoy alojado a espera de un destino peor.

    Pero estaba escrito que de un deforme debían provenirme tantas dificultades.

    Recuerdo (y esto a vía de información para los aficionados a la teosofía y la metafísica) que desde mi tierna infancia me llamaron la atención los contrahechos. Los odiaba al tiempo que me atraían, como detesto y me llama la profundidad abierta bajo la balconada de un noveno piso, a cuyo barandal me he aproximado más de una vez con el corazón temblando de cautela y delicioso pavor. Y así como frente al vacío no puedo sustraerme al terror de imaginarme cayendo en el aire con el estómago contraído en la asfixia del desmoronamiento, en presencia de un deforme no puedo escapar al nauseoso pensamiento de imaginarme corcoveado, grotesco, espantoso, abandonado de todos, hospedado en una perrera, perseguido por traíllas de chicos feroces que me clavarían agujas en la giba...

    Es terrible..., sin contar que todos los contrahechos son seres perversos, endemoniados, protervos..., de manera que al estrangularlo a Rigoletto me creo con derecho a afirmar que le hice un inmenso favor

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