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Visiones de la diversidad: Relaciones interétnicas e identidades indígenas en el México actual. Volumen III
Visiones de la diversidad: Relaciones interétnicas e identidades indígenas en el México actual. Volumen III
Visiones de la diversidad: Relaciones interétnicas e identidades indígenas en el México actual. Volumen III
Libro electrónico714 páginas8 horas

Visiones de la diversidad: Relaciones interétnicas e identidades indígenas en el México actual. Volumen III

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Reconocer la pluralidad cultural supone buscar formas igualitarias de articulación entre miembros de tradiciones diferentes. Tal búsqueda implica el conocimiento de los tipos de identidad social que los sistemas interétnicos han construido a lo largo de el tiempo y que desembocan en las configuraciones de hoy. Esta es la propuesta central de esta obra, que ofrece un panorama global del proceso social de identificación por el que atraviesan los grupos étnicos contemporáneos. 
Este volumen se enfoca a dos grandes grupos etnolingüísticos del centro de México: otomíes y nahuas. En el ensayo sobre el Estado de México se estudian las movilizaciones etnopolíticas y el complejo tema de la identidad étnica contemporánea de los hñahñu del Valle del Mezquital. La investigación sobre Tlaxcala examina a las comunidades otomies (ñuhmu en la variante lingüística local), los asentamientos nahuas tlaxcaltecas y el estado actual de las identificaciones étnicas. 
De la monografía sobre el estado de Morelos se desprenden significativas reformulaciones del panorama indígena local, pues su condición étnica con frecuencia ha sido afirmada o negada por investigadores y políticos, que han influido en la autoidentificación de la población nativa. 
El capítulo sobre la ciudad de México se asoma a una urbe multiétnica en la que residen más de 300.000 indígenas. Su presencia se debe a la migración y a la existencia de pueblos y barrios tradicionales nahuas, cuya adaptación es conflictiva, y a este hecho contribuye la discriminación étnica generada por una ideología social racista. 
IdiomaEspañol
EditorialInstituto Nacional de Antropología e Historia
Fecha de lanzamiento2 jul 2025
ISBN9786072634428
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    Visiones de la diversidad - Miguel Bartolomé

    VisionesV3portada.jpg

    VISIONES DE LA DIVERSIDAD

    COLECCIÓN ETNOGRAFÍA DE LOS PUEBLOS INDÍGENAS DE MÉXICO

    SERIE ENSAYOS

    VISIONES DE LA DIVERSIDAD

    RELACIONES INTERÉTNICAS E IDENTIDADES INDÍGENAS EN EL MÉXICO ACTUAL

    VOLUMEN III

    MIGUEL ALBERTO BARTOLOMÉ

    coordinador

    SECRETARÍA DE CULTURA

    INSTITUTO NACIONAL DE ANTROPOLOGÍA E HISTORIA


    Miguel A. Bartolomé (coord).

    Visiones de la Diversidad. Relaciones interétnicas e identidades indígenas en el México actual III [recurso electrónico] / coord. Miguel A. Bartolomé – México : Secretaría de Cultura, INAH, 2025.

    Esta investigación forma parte del Proyecto Nacional de etnogrfía de las Regiones Indígenas en México en el Nuevo Milenio, auspiciado por el Instituto Nacional de Antropología e Historia de la Coordinación nacional de Antropología y el Consejo Nacional de Ciencia y tecnología.

    2 MB – (Colec. Etnografía de los pueblos indígenas de México, Ser. Ensayos)

    ISBN: 978-607-2634-29-9 obra completa

    ISBN: 978-607-2634-42-8 Volumen III

    Consejo Coordinador Académico del Proyecto Etnografía de las Regiones Indígenas de México en el Nuevo Milenio / Gloria Artís, Miguel Bartolomé, Alicia Barabas, Margarita Nolasco, Hugo Gacía Valencia y Saúl Millán


    Primera edición impresa: 2005

    Primera edición electrónica: 2025

    Producción:

    Secretaría de Cultura

    Instituto Nacional de Antropología e Historia

    Imagen de portada: Arnulfo Mendoza, El Sol y la Luna (detalle).

    D. R. © 2025 Instituto Nacional de Antropología e Historia Córdoba 45,

    col. Roma, C.P. 06700, alcaldía Cuauhtémoc, Ciudad de México

    informes_publicaciones_inah@inah.gob.mx

    Las características gráficas y tipográficas de esta edición son propiedad

    del Instituto Nacional de Antropología e Historia de la Secretaría de Cultura

    Todos los derechos reservados. Queda prohibida la reproducción

    total o parcial de esta obra por cualquier medio o procedimiento,

    comprendidos la reprografía y el tratamiento informático,

    la fotocopia o la grabación, sin la previa autorización

    por escrito de la Secretaría de Cultura / Instituto

    Nacional de Antropología e Historia

    ISBN: 978-607-2634-29-9 obra completa

    ISBN: 978-607-2634-42-8 Volumen III

    Hecho en México

    SCultura-85INAH_oct_negro

    Índice

    Prefacio

    Gloria Artís

    Prólogo

    Miguel Alberto Bartolomé

    Relaciones Interétnicas

    Nota Metodológica

    Los Textos Del Volumen Iii

    Introducción. Los Rostros Étnicos De México: Relaciones Interétnicas, Identidades Y Autonomías

    Miguel Alberto Bartolomé

    México Y Nuestros Indios

    ¿Todos Somos Mestizos?

    El Inexistente Racismo Mexicano

    Nosotros En Contra De Los Otros

    Las Identidades Étnicas Como Ideologías

    Articulación Simbólica

    Los Movimientos Indígenas

    Etogénesis Y Actualizacion Identitaria

    Los Espacios Autonómicos

    Bibliografía

    El Resurgimiento De La Identidad En Territorio Nahua y yuhmu (Otomí) De Tlaxcala

    Jorge Guevara Hernández

    Introducción

    La tradición culturalista

    Un nuevo enfoque

    Identidad y poder

    Los otros y el manejo de su identidad

    Nahuas y otomíes como pueblos indios

    Los Yuhmu de tlaxcala: Conflicto e Identidad

    Introducción

    Definición Mítica Del Grupo Étnico

    La ascendencia común

    El culto colectivo

    La noción yuhmu de persona

    Definición Histórica Del Grupo Étnico

    Primera etapa: de la salida de la cueva al valle de Huamantla

    Segunda etapa: de la fundación a la defensa de La Malinche

    Tercera etapa: la lucha por el monte y la defensa cultural

    Definición Política Del Grupo Étnico

    El antes

    El movimiento ciudadano de Ixtenco De 1995

    El ahora

    Los Nahuas De tlaxcala: Una Identidad Oculta Pero Vigente

    Introducción

    Definición Mítica De Los Nahuas

    El origen común

    El lenguaje común

    El territorio sacrificial

    El culto colectivo

    Definición Histórica De Los Nahuas

    Definición Política De Los Nahuas

    Bibliografía

    Anexo. Fotografias

    Escenarios De La Identidad Y La Tradición Cultural Nahua En Morelos

    Luis Miguel Morayta M. (Coordinador), Yolanda Corona Caraveo, Catharine Good Eshelman, Alfredo Paulo Maya Carlos, Pérez Zavala y Cristina Saldaña Fernández

    Introducción

    Imaginando Pasados Y Construyendo Identidades

    Catharine Good Eshelman y Luis Miguel Morayta M.

    Desde lo ajeno

    Desde lo propio

    Algunos Escenarios De Las Relaciones Interétnicas

    Reivindicando Lo Propio

    Alfredo Paulo Maya

    Tetelcingo, de la negación a la etnicidad, 1976-2000

    Los Hijos Del tepozteco

    Yolanda Corona Caraveo y Carlos Pérez Zavala

    La identidad colectiva

    El Tepozteco como aliado protector y el uso intencional de la memoria histórica

    La relación con la naturaleza

    Reflexiones finales

    El Peso De Lo Ajeno

    Cristina Saldaña Fernández

    Xoxocotla y su denominación de pueblo indígena

    Comentarios Al Cierre

    Bibliografía

    Relaciones Interétnicas Eintraétnicas Delos Náhñu Del Valle Del Mezquital, Hidalgo

    Beatriz Oliven Vega (†) (Coordinadora), Beatriz Moreno Alcántara y Gabriela Garrett Ríos

    Introducción

    Construyendo Categorías: Los Náhñuy Los De Afuera

    Semblanza De Las Relaciones Interétnicas Através Del Tiempo

    Pertenencias Sociales

    Arquitectura de la comunidad. espacio doméstico y comunal

    Territorio

    Migración

    Relaciones de reciprocidad, políticas y sociales

    Economía tradicional y de mercado

    Ideología

    Consideraciones Finales

    Bibliografía

    Indígenas Y Relaciones Interétnicas En La Ciudad De México. Un Panorama General

    Maya Lorena Pérez Ruiz

    Presentación

    La Ciudad De México Como Centro Hegemónico

    Crecimiento Urbano y Población Originaria

    Desarrollo Industrial Y Migración

    Migraciones Indígenas Y Su Inserción En La Ciudad

    Organización Social E Identidades

    Las Relaciones Interétnicas En La Vida De La Ciudad

    Organizaciones Y Movimientos Sociales Etnopolíticos

    Bibliografía

    Con Dios O Con El Diablo: La Etnicidad En El Estado De México

    Efrain Cortés Ruiz, Reyes L. Alvarez Eabela (Coordinadores), Alessandro Questa Rebolledo, Jaime Enrique Carreón y Isabel Hernández Maricela Gallegos

    Introducción

    Proceso Civilizatorio En El Estado De México

    De La Identidad Cultural A La Etnicidad

    La identidad local y su proyección regional y extrarregional

    El lenguaje como forma de expresión de la identidad

    El Proyecto Civilizatorio

    El salto de conciencia

    La etnicidad en la lucha agraria

    Legitimación, estado y pueblos indígenas

    Poder e identidad étnica entre los mazahuas de Donato Guerra

    Los jefes supremos

    Conformación de los consejos supremos indígenas

    Influencia de los consejos supremos

    Los jefes supremos hoy

    Planteamientos etnicitarios en los ochenta y noventa

    Políticas culturales del estado

    El impacto de la rebelión zapatista

    Los movimientos etnopolíticos emergentes

    Apimo

    La identidad instrumental

    Conclusiones

    Bibliografía

    Diccionarios

    Material mimeografiado

    Folletos

    El coordinador y los autores dedican esta obra a los doctores Roberto Cardoso de Oliveira y Guillermo Bonfil Batalla, pioneros en el estudio científico de las relaciones interétnicas en América Latina.

    Esperando a los bárbaros

    —¿Qué esperamos reunidos en el árgora?

    Es que hoy llegan los bárbaros.

    —¿Por qué el Senado está inactivo?

    ¿Qué pasa que los senadores no legislan?

    Los bárbaros legislarán cuando lleguen.

    —¿Por qué nuestro emperador se levantó tan temprano

    y está sentado en la puerta principal de la ciudad,

    solemne en su trono luciendo la corona?

    Porque hoy llegan los bárbaros

    Y el emperador espera recibir

    A su jefe. Hasta ha preparado

    Un pergamino para entregarle. Allí

    Ha consignado muchos títulos y nombres.

    —¿Por qué nuestros dos cónsules y los pretores salieron

    Hoy con sus rojas togas bordadas?

    ¿Por qué llevan brazaletes con tantas amatistas,

    Y los anillos con espléndidas y brillantes esmeraldas,

    Por qué empuñan hoy preciosos bastones

    Magníficamente racamados de oro y plata?

    Porque hoy llegan los bárbaros,

    Y esas cosas deslumbran a los bárbaros.

    —Por qué los ilustres oradores no vienen como siempre

    a echar sus discursos, a decir sus cosas?

    Porque hoy llegan los bárbaros,

    Y a ellos les fastidian la elocuencia y la arengas.

    —¿Por qué comienza de pronto esta inquietud

    Y confusión? (Qué serios se han vuelto los rostros.)

    ¿Por qué se vacían rápidamente las calles y plazas

    Y todos vuelven a sus casas muy pensativos?

    Porque anocheció y los bárbaros no han llegado.

    Y algunos que han venido de las fronteras

    Dijeron que ya no hay bárbaros.

    Y ahora qué será nosotros sin bárbaros.

    Esos hombres eran alguna solución.

    Konstantinos Kavafis

    PREFACIO

    Fue en septiembre de 1998 cuando se iniciaron los trabajos que unos meses después habrían de tomar cuerpo en el proyecto nacional Etnografía de las regiones indígenas de México en el nuevo milenio, donde hoy por hoy participan 110 investigadores del Instituto Nacional de Antropología e Historia. Seguramente por primera vez en la vida de nuestra institución se ha puesto en marcha un proyecto que aglutina a tantos investigadores en torno a un objetivo común: documentar la diversidad, la riqueza y la vitalidad cultural del país, tarea a cuya ejecución el INAH está, sin duda, obligado.

    Se pensó que la empresa era posible tras considerar la experiencia acumulada por muchos colegas en materia de estudios de los pueblos indígenas. Y sí lo fue. Los trabajos comenzaron en mayo de 1999 y llevan ya más de cinco años de ejercicio efectivo e ininterrumpido. Así, el INAH ha logrado orientarse hacia una nueva política de investigación basada en tareas colectivas y conjuntamente concertadas sin que ello implique coartar la libertad de investigación. Los participantes se organizaron en 20 equipos regionales para llevar a cabo estudios entre 48 grupos étnicos distribuidos en 24 estados de la República. El desarrollo de las investigaciones, entre otros aportes, ha favorecido la generación de un amplio cuerpo de conocimientos sobre la diversidad étnica y cultural de la nación; la revaloración de la etnografía como herramienta para el conocimiento de los pueblos indígenas; el desarrollo de la teoría antropológica por medio de nuevos horizontes analíticos; la creación de un amplio espacio de reflexión, intercambio y discusión académica y, lo que es fundamental para el futuro, que se hayan especializado en el estudio de los pueblos indígenas numerosos jóvenes antropólogos que han colaborado en el proyecto.

    Para la consecución de los trascendentes aportes logrados fue necesario crear una estructura académica, técnica y administrativa, pues se requería planear, organizar, ejecutar y seguir el proyecto general, pero también los particulares de cada región y cada área de trabajo. Así, a los equipos de investigación se sumaron los de coordinación general y de coordinación regional, tanto académica como operativa. El Consejo Académico ha desempeñado además un papel fundamental en la orientación académica de las investigaciones y en el seguimiento y evaluación de los resultados. Tal estructura, ciertamente generada en el ensayo y el error, ha servido como experiencia para emprender múltiples acciones más, todas ellas aglutinadas en un solo eje rector: otorgar a la investigación el lugar que merece en elINAH y producir un conocimiento cada vez más profundo de la diversidad cultural de nuestro país, tanto pretérita como presente. Hoy día no basta que se reconozca la multiculturalidad, sino que debe ser plenamente documentada y esa tarea corresponde a los antropólogos, quienes deben aclarar a qué nos referimos cuando hablamos de diversidad cultural, pues ésta no sólo es la clave para conocemos y reconocernos como parte de una nación, sino también para contribuir a la construcción de nuestra democracia.

    A la fecha se ha concluido el desarrollo de cinco grandes líneas de investigación:

    • estructura social y organización comunitaria,

    • territorialidad, santuarios y ciclos de peregrinación,

    • relaciones interétnicas e identidad;

    • sistemas normativos, conflicto y nuevas alternativas religiosas,

    • la migración indígena: causas y efectos en la cultura, en la economía y en la población.

    Cada una de ellas está respaldada por los trabajos que dan cuerpo al Seminario Permanente de Etnografía Mexicana. Este seminario, que sesiona mensualmente, se ha convertido en un espacio de actualización, de intercambio académico, de diálogo entre los mismos investigadores del proyecto y con otros especialistas interesados en la etnografía de los pueblos indígenas de México, quienes generosamente han aportado su tiempo y sus conocimientos. Desde hace aproximadamente tres años todas las sesiones se han videograbado, de ahí que se cuente con una interesante memoria electrónica.

    Como uno de los más notables resultados de su trabajo, los investigadores han producido 52 libros, 25 de los cuales ya fueron publicados. Cabe mencionar que uno de ellos, Los pueblos indígenas de Oaxaca. Atlas etnográfico, ha agotado ya su primera edición. En cuanto a las publicaciones, es importante resaltar que se creó la colección editorial del INAH Etnografía de los pueblos indígenas de México, con sus cinco series: Ensayos, Estudios monográficos, Bibliografías, Divulgación y Debates, y de ella forman parte las obras mencionadas.

    Múltiples actividades más se han desprendido del proyecto: artículos, ponencias, conferencias, exposiciones fotográficas itinerantes, asesorías en materia de pueblos indígenas a diversas instancias gubernamentales y organizaciones no gubernamentales, trabajo con organizaciones indígenas para el desarrollo de proyectos productivos y culturales, apoyos educativos y en materia de derechos humanos, entre otros. Se ha recopilado, por otra parte, un importante acervo fotográfico que alimentará a las diversas fototecas del INAH y permitirá en un futuro producir obras de fotografía etnográfica de gran interés y calidad.

    Visiones de la diversidad. Relaciones interétnicas e identidades indígenas en el México actual ofrece al lector los resultados de los trabajos que corresponden a la tercera línea de investigación y que fueron desarrollados entre 2002 y 2003. Contiene 19 ensayos sobre igual número de grupos que ocupan regiones indígenas tan distantes como los mayas de la península de Yucatán, los teneek de la Huasteca, los otomíes de Querétaro o los yaquis de Sonora, por mencionar algunos. Incluye igualmente un excelente ensayo introductorio elaborado por Miguel Bartolomé, coordinador de la obra, así como un prólogo del mismo autor. Con la información de campo reciente, los ensayos regionales actualizan el conocimiento etnológico sobre un tema de especial relevancia para la vida sociocultural y política de México: los sistemas identitarios indígenas y las formas que asumen las relaciones interétnicas que caracterizan la interacción de los indios y los mestizos, así como de los pueblos indígenas entre sí. En todos los casos los hallazgos de los investigadores resultan notables.

    Antes de cerrar estas líneas hago patente mi más sincero agradecimiento a todos aquellos que hicieron posible este magnífico resultado académico: al Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, organismo que nos ha otorgado importantes recursos para el proyecto en su conjunto; a los investigadores del INAH, quienes han empleado sus mejores esfuerzos para lograr el éxito esperado en el conocimiento profundo y respetuoso de los pueblos indígenas de nuestro país; a todos los participantes en el Seminario Permanente de Etnografía Mexicana, que han contribuido sustancialmente a la discusión de los aspectos clave de la investigación y, finalmente y de manera especial, a los doctores Juan Luis Sariego, Miguel Lisbona, Andrés Fábregas y al maestro José del Val, quienes con sus valiosos comentarios coadyuvaron, sin duda, a profundizar la reflexión y a ampliar la perspectiva crítica que caracteriza a los ensayos aquí compilados.

    Gloria Artís

    Febrero de 2005

    PRÓLOGO¹

    RELACIONES INTERÉTNICAS

    Durante demasiado tiempo la etnografía mexicana se ha visto obligada a citar reiteradamente algunos textos contenidos en ensayos que se consideran clásicos, sin reparar en que la temporalidad afecta a los autores de las obras y también a los pueblos con que trabajaron. Así, muchas de las etnografías que se realizaron en la primera mitad del siglo XX, como las de los recordados mexicanos Alfonso Villa Rojas, Ricardo Pozas y Julio de la Fuente y de tantos otros colegas nacionales y extranjeros, casi pueden ser consideradas ahora testimonios etnohistóricos de realidades dinámicas y cambiantes. Sin embargo tal falta de actualización no se debe al carácter paradigmático de sus obras, sino al hecho de que después de ellos, y especialmente entre los años sesenta y finales de los ochenta, la investigación etnográfica de campo sufrió el lamentable abandono de la comunidad profesional, que mayoritariamente orientó su interés hacia el desarrollo de estudios campesinos que negaban especificidad a lo étnico. Sus trabajos fueron sin duda valiosos, pero con frecuencia excluyentes, pues a quienes abordaban los temas culturales, que en realidad constituyen la originalidad epistemológica de nuestra profesión, se les veía como practicantes de una antropología arcaica y sin lugar en el discurso contemporáneo. Como resultado de esta carencia, cuando en 1994 la cuestión étnica volvió a ocupar la primera plana de todos los diarios tras la insurrección de los mayas que integran el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), la comunidad estatal se percató de que la antropología nacional no había logrado ofrecer una visión actualizada de la situación étnica del país. Surgieron así muchos discursos y propuestas políticas que no estaban basados en el conocimiento de la realidad, sino en perspectivas ideológicas que con frecuencia desconocían a los grupos humanos a quienes aludían y sobre cuyo destino pretendían influir. La etnografía adquirió entonces un carácter político que nunca estuvo ausente de su práctica histórica, pero que ahora cobró una importancia inusitada.

    Como una respuesta institucional y profesional surgió en 1999 el Proyecto Etnografía de los Pueblos Indígenas de México, que intenta proporcionar la información requerida por la sociedad civil y la política, asi como por los mismos pueblos indígenas, para entender mejor la cuestión étnica en México. Pero no se trata sólo de responder a una demanda externa, sino de generar condiciones propicias para actualizar nuestra propia práctica profesional recurriendo de nuevo al trabajo de campo prolongado y a la valoración de los datos, más que a los famosos marcos teóricos de los setenta que encajonaban la realidad dentro de los casilleros preestablecidos por los paradigmas en boga. Uno de los resultados de este renovado interés etnográfico es esta obra, que aunque no pretende ni mucho menos agotar la temática, aspira a ofrecer a la antropología y al público en general un panorama de los pueblos indígenas que no está basado en las engañosas estadísticas ni en la apelación al pasado inmediato, sino en una exposición actualizada de su presente, a sabiendas de que dicho presente está sometido a la misma historicidad que nos incluye a todos. Quizás dentro de algunos años nuestros ensayos hablen de mundos que han vuelto a transformarse de manera radical, ya que la aceleración histórica y comunicativa de la llamada globalización vuelve a los sincrónicos retratos etnográficos prematuramente obsoletos. Sin embargo aspiran a convertirse en datos medianamente confiables a partir de los cuales convendrá reflexionar y evaluar sus posibles cambios futuros, y no tomar como base los discursos cerrados que clausuran las múltiples facetas de las complejas realidades étnicas del país.

    En México una copiosa literatura ha intentado abordar el tema de la identidad nacional desde distintos puntos de vista, suponiendo por lo general que tal cosa existe y que se puede construir una definición de lo mexicano en una hegeliana aspiración por encontrar una esencia nacional", lo que de por sí es bastante dudoso. Aunque no comparto tal perspectiva, debo destacar ese poco interés por las múltiples y cambiantes identidades sociales que se hallan dentro del ámbito del Estado mexicano, y por el hecho de que cada una de ellas sea tan legítima como las otras y todas tengan derecho a reproducirse y coexistir con las demás. Una vez demostrada por los hechos la falacia histórica del Estado nación decimonónico, de pretensión homogeneizante y cuya propuesta de igualdad suponía la abolición de la diferencia, cabe interrogarnos sobre la vigencia del pluralismo cultural de facto en que todos estamos inmersos y sobre las posibilidades de lograr una mejor y más igualitaria forma de articulación interétnica. No podemos pretender convivir de manera igualitaria con personas a quienes desconocemos y cuyos mundos y sentidos de vida con frecuencia ignoramos. Se trata, como ya lo he propuesto en otras oportunidades, de lograr una mejor y más solidaria articulación de la diversidad; pero para ello debemos conocer el panorama actual de las relaciones interétnicas, dar cuenta de sus características específicas y aproximarnos a los tipos de identidades sociales que los sistemas respectivos han construido a través de los siglos hasta desembocar en las identificaciones étnicas contemporáneas. Ésta es la propuesta central de la obra que el lector tiene ahora en sus manos y que aspira a proporcionar, con todas las limitaciones y contradicciones que surgen de la investigación etnográfica, un panorama global del proceso social de identificación por el que atraviesan los grupos étnicos contemporáneos, recordando que sus identidades no son esenciales, sino que se construyen en cada uno de los específicos contextos interactivos cuyas características es necesario conocer si intentamos entender a sus protagonistas.

    Otros colegas nos precedieron en empresas de esta índole y nos han proporcionado recursos teóricos y metodológicos para aprehender las realidades que enfrentamos. Por ello el coordinador y los demás autores de estas investigaciones decidimos dedicar sus resultados a dos colegas que se han destacado en el estudio de las relaciones y las identidades étnicas: Roberto Cardoso de Oliveira y Guillermo Bonfil Batalla. El reconocido antropólogo brasileño profesor y doctor Roberto Cardoso de Oliveira es autor de una obra que ha trascendido con mucho las fronteras de su país de origen. Es uno de los pocos científicos sociales latinoamericanos que han sido capaces de no limitar su tarea profesional a comentar o difundir las teorías elaboradas por las antropologías metropolitanas, sino que demostró estar dotado de la voluntad, la fuerza interior y la imaginación necesarias para alcanzar sus propios logros etnográficos y teóricos. Asimismo el doctor Guillermo Bonfil Batalla, nuestro prematuramente desaparecido colega y amigo mexicano, fue no sólo un destacado impulsor institucional de los estudios étnicos en México, sino un autor cuya obra México profundo se ha transformado en un clásico latinoamericano. Es un libro al que recurren no sólo los mexicanos, sino quienes exploran las identidades en Paraguay, los que tratan de descifrar la complejidad peruana, y todos aquellos que buscan nominar a las configuraciones culturales no occidentales que coexisten con la civilización hegemónica. Como no podía ser de otra manera y más allá de las ambiguas fronteras estatales, Guillermo y Roberto fueron amigos. Vaya hacia ellos nuestro reconocimiento por su legado

    NOTA METODOLÓGICA

    Esta obra en cuatro volúmenes es producto del esfuerzo colectivo de un conjunto de investigadores del Instituto Nacional de Antropología e Historia de México (INAH) como parte del Proyecto de Etnografía de los Pueblos Indígenas de México, cuya iniciativa y desarrollo corresponde a la Coordinación Nacional de Antropología, dirigida por Gloria Artis Mercadet. Cuenta con el apoyo financiero del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt), que sostiene un proyecto de investigación del que soy responsable. Como todos los productos del Proyecto de Etnografía, éste no es una recopilación de ensayos sobre un tema específico, sino que obedece al propósito deliberado de abordar distintos aspectos de la etnografía contemporánea mexicana a partir de la investigación de campo y desde una óptica compartida que no excluya las perspectivas individuales ni se restrinja a una sola propuesta teórica. Para ello cada coordinador de una línea de trabajo —tal es también mi caso— proporcionó una muy abierta guía de investigación a los equipos regionales correspondientes, quienes tuvieron la libertad de cambiarla, reelaborarla o adecuarla a sus específicos contextos locales.

    Muchos de nosotros trabajamos y vivimos en la provincia, y por lo tanto estamos huérfanos de comunidades académicas y de acceso a las novedades bibliográficas Para suplir estas carencias la coordinación se vahó de dos recursos cruciales. Uno fue la distribución de material bibliográfico actualizado a cada equipo de acuerdo con lo que se consideró pertinente para el tema de que se trataba El otro fue el desarrollo del Seminario Permanente de Etnografía en el Distrito Federal, al que podrían acudir los coordinadores de equipos y todos os investigadores para exponer los avances de su investigación y discutir sus resultados. También a dicho seminario fueron invitados destacados especialistas que dictaron conferencias de actualización, ya que el proyecto desarrolla diferentes líneas temáticas y nuestros investigadores no son expertos en todas ellas con igual competencia. Las primeras versiones de cada uno de los ensayos fueron revisadas por el coordinador de la línea y devueltas a los equipos con sus observaciones y sugerencias; los autores, a pesar de que no estaban obligados a ello, en todos los casos accedieron a realizar las modificaciones que consideraron pertinentes. Tanto para los investigadores como para el coordinador se trató de una empresa colectiva de tolerancia y responsabilidad académica, a pesar de las múltiples dificultades que debió enfrentar un proyecto de esta magnitud, que en algunos momentos llegó a contar con más de 150 investigadores. Suele decirse que un camello es un caballo dibujado por un equipo, y eso resulta frecuente en un grupo de profesionales donde cada uno está dotado de su propia visión de las problemáticas que se abordan en una obra, pero creo que hemos logrado ciertos puntos de acuerdo que si bien no le otorgan homogeneidad a estos volúmenes, sí le brindan cierta coherencia compartida. Nuestros lectores, que esperamos existan, tendrán, como siempre, la última y definitiva palabra.

    LOS TEXTOS DEL VOLUMEN III

    Este tercer volumen se enfoca al estudio de dos de los grandes grupos etnolingüisticos del centro de México: los otomíes y los nahuas. Los primero pertenecen a la gran tradición otomí-pame, cuyos orígenes aún no han sido claramente establecidos por la investigación antropológica. La información existente induce a considerarlos como miembros de una configuración agrícola sedentaria, pero de gran movilidad espacial, cuya ubicación -en las cercanías de las llamadas fronteras de Mesoamérica- en ocasiones los ha confundido con los cazadores-recolectores a los cuales los aztecas llamaban chichimeca. Por otra parte, al parecer los otomíes mantuvieron distintos niveles de relación con mazahuas, ocuitecos y matlazincas, por lo que a veces suelen ser confundidos con ellos.

    Desde la caída de Teotihuacan, en el siglo viii, hasta el siglo xiii, la expansión tolteca por el altiplano desplazó a los otomíes de algunos de sus asentamientos; en regiones donde se reubicaron, fundaron a sus unidades políticas, o señoríos, tales como Texcatepec, Tutotepec, Xilotepec y Xaltocan. En el momento de la invasión española, constituían una población dispersa en una vasta área que no estaba adscrita a un aparato político unitario, sino dividida en distintos señorios. Se trataba de configuraciones sociales estratificadas, dirigidas por dignatarios de índole política o religiosa, cuyas unidades constitutivas serían corporaciones parentales, en forma de linajes agnáticos, que mantenían relaciones tributarias con los grupos gobernantes. La fragmentación política no excluía cierta homogeneidad en las prácticas culturales, lo cual ha sido documentado especialmente en el ámbito de las expresiones religiosas, orientadas hacia un conjunto de deidades vinculadas con los elementos.

    Al igual que otras de las sociedades regionales, los señoríos otomíes se aliaron en ocasiones con los españoles contra los aztecas y, en otras, los combatieron, pero no lograron ofrecer una respuesta colectivas y sus localidades fueron conquistadas, y posteriormente evangelizadas, aunque de manera un tanto superficial, tal como lo comprueba la actual vigencia de muchos elementos de la tradición prehispánica. Durante el proceso colonial y la época de la Independencia, se fueron asentando en el área muchos colonos, agricultores y ganaderos, españoles primero y mestizos después, lo cual fue construyendo la dilatada y compleja región interétnica que ha llegado hasta nuestros días.

    De acuerdo con el censo de población del año 2 000, los hablantes de la lengua otomí constituyen una población numerosa de alrededor de 350 000 personas, si bien el idioma presenta una gran variación dialectal y no constituye el único indicador de filiación, lo cual, unido a los conocidos errores censales, podría situar su número en más de 40 0000 miembros. En los distintos hábitats que ocupan se dedican a la agricultura, complementada por el trabajo asalariado y, en las últimas décadas, por una fuerte migración estacional o permanente que los ha llevado a lugares tan lejanos como Monterrey o Estados Unidos de América.

    Con frecuencia, la literatura etnográfica nos muestra una aparente gran disperción del grupo etnolingüistico, ya que están asentados en los actuales estados de Hidalgo, Guanajuato, Tlaxcala, Estado de México, Queretaro, Veracruz y Puebla. Sin embargo, un mapa actualizado destaca una continuidad territorial, cortada por las fronteras políticas estatales, con la probable excepción del área otomí del sur de Veracruz y norte de Puebla, así como su presencia en Guanajuato y un par de localidades de Tlaxacala. De acuerdo con el registro etnográfico realizado, las diferentes áreas de asentamiento manifiestan significativas diferencias culturales, estructurales como variaciones en torno a lo que podríamos considerar en los términos de una tradición compartida. Como es lógico suponer ser hablantes de variaciones de una misma lengua presupone un origen común; además, los milenarios procesos de migración y disperción, así como las influencias culturales dominantes y los variados hábitats, fueron estructurando distintas versiones de lo lo otomí que no remiten a una configuración unitaria. Ello no excluye ni niega la indudable existencia del grupo etnolingüistico otomí, aunque como categoría clasificatoria externa, ya que no puede ser definido como formación étnica unitaria.

    Tal como lo exploran nuestros colegas en estos ensayos, hay muchas formas de ser otomí o hñahñu y ninguna de ellas confluyen en un modelo original, salvo si recurrieramos a los cuestionados criterios de conservación de la tradición que, por lo general, solo remiten a configuraciones sincréticas consolidadas durane más tiempo que otras y que pueden ofrecer la imagen aparente de una cierta pureza cultural. Al igual que el caso de los otros grandes grupos etnolingüisticos de México, la adscripción a los mismos no implica una definición unitaria del ser social y, por lo tanto, las representaciones colectivas que estructuran las ideologías étnicas tampoco serán unitarias, al referirse cada una de ellas a las distintas características que exhibe cada configuración otomí regional. En la actualidad no podemos hablar, entonces, de una identidad étnica otomí, sino de un conjunto de identificaciones comunitarias o regionales que la expresan. Sin embargo, la construcción de una identidad genérica representa una de las posibilidades de sus movilizaciones etnopolíticas plantean como alternativa de futuro, basada ésta en el desarrollo de una identificación compartida mediante la participación en procesos políticos que incluyan a cada vez mayor cantidad de miembros de la, hasta ahora fragmentada, colectividad etnolingüistica.

    En este marco, el ensayo elaborado por el equipo del Estado de México, coordinado por Efraín Cortés Ruiz, aborda la importante cuestión de las movilizaciones etnopolíticas de los pueblos hñahñu actuales, a partir de la construcción estatal de una organización verticalmente estructurada, denominada Consejo Supremo Otomí. En 1975 fui testigo, en la isla purépecha de Janitzio, Michoacán, del Primer Congreso Nacional Campesina, la secretaría de la Reforma Agraria y el Instituto Nacional Indigenistas. Antes, durante y después de dicho congreso, se estructuraron los llamados consejos supremos, cuyos dirigentes en raras ocasiones representaban a sus colectividades de origen, pero se suponía que serían los agentes privilegidos para la relación de las etnias indígenas con el Estado. De acuerdo con la estrategia política corporativa entonces imperante, se pretendió realizar una especie de manejo gerencial de la etnicidad y construir a los gupos étnicos como sujetos, a partir de una lógica estatal que prentendía controlar las incipientes movilizaciones étnicas de la época por medio del manejo de sus líderes. Los resultados de este masivo intento de manipulación fueron, como es de suponer, contradictorios. En algunos casos, los líderes intentaron asumir su cuestinoble representatividad y se desempeñaron como distinguidos luchadores sociales en defensa de sus pueblos. Pero la mayoría sucumbió ante la coopción estatal y buscaron desarrollar carreras políticas personlaes en el marco que les ofrecía el partido de Estado, llegando algunos a asumir cargos de representación popular, incluso diputaciones locales y nacionales o alguna senaduría. Desconociendo de manera deliberada la heterogeneidad interior de los grupos etnolingüsticos, que en pocos casos constituyen lo que podríamos considerar como sujetos colectivos en los términos de una experiencia social y política compartidas, la acción estatal construyó a sus supuestos interlocutores sin saber manejar ni siquiera la indirect rule que buscaban, ya que en lugar de utilizar los liderazgos preexistentes prefirieron inventarlos.

    Los antropólogos que asistimos al multitudinario evento de Janitzio fuimos críticos de aquel proceso y así lo hicimos saber en algunas de nuestras publicaciones; sin embargo, fueron pocos los casos en que mediante la investigación directa se dio seguimiento a los consejos supremos a los largo de un cuarto de siglo. Y ésta es, precisamente, la originalidad de la propuesta que desarrollan nuestros colegas del Estado de México, quienes rastrean con atención los distintos avatares que atravesó el Consejo Supremo Otomí en su relación con la administración local, hasta que, a partir de 1994 y del estímulo representado por la presencia del Ejécito Zapatista de Liberación Nacional (ezln), se desarrollaron los que denominan movimientos emergentes, independizados de la política estatal y que pretenden una movilización etnopolítica autónoma hacia sus propios fines.

    Beatriz Moreno y Gabriela Garrett, nuestras jóvenes compañeras del equipo del estado de Hidalgo —inicialmente coordinadas por lo prematuramente fallecida antropóloga Beatriz Oliver Vega—, se introducen con decisión en el complejo tema de la identidad étnica contemporánea de los hñahñu del Valle del Mezquital. Este ensayo destaca el mantenimiento de rígidas fronteras étnicas que separan a la población nativa de la que sigue siendo considerada como blanca, después de casi dos siglos de la constitución de un Estado-nación supuestamente homogéneo e igualitario. Pero blanco no alude necesariamente al color de la piel, sino a la vigente asimetría económica y social: blanco es el rico e indio es el pobre. Y estas distinciones sociales e ideológicas se mantienen a pesar de que masivos contingentes otomíes participaron activamente en los combates por la Independencia, que supuestamente los liberarían de las relaciones coloniales. De hecho, desde el siglo xix las comunidades otomíes han mantenido frecuentes conflictos con los hacendados locales, criollos o mestizos, lo que ha determinado, incluso, procesos de migración regional que diversificaron aun más la expresión de lo otomí.

    Las autoras seleccionaron una serie de referentes culturales presentrs en la configuración identitaria otomí contemporánea -la comunidad, el territorio, la configuración sociopolítica, la economía y de la ideología- para dar cuenta de cómo se contruye la filiación étnica en el ámbito de la cultura local. Destaca en el ensayo los múltiples intentos estatales de realizar un manejo gerencial de la etnicidad indígena mediante instituciones muy tempranas, tales como el Patrimonio Indígena del Valle del Mezquital, fundada en 1951, y el Consejo Supremo Nähñu creado hacia 1975. Al pasar revista a los movimientos sociales contemporáneos, se evidencia la dinamización que tuvieron a partir de la influencia ideológica del ezln. Ser nähñu hasta hoy día es sinónimo de pobreza, pero también forma parte de una tradición mesoamericana, transfigurada pero visible, que trata de reproducirse como tal a pesar de las compulsiones a las que está sometida.

    En lo que atañe a la vasta población hablante de nahua, debemos destacar que es quizás uno de los grupos más dificiles de caracterizar en términos etnolingüistico. Su población actual se ha estimado censalmente en más de 150 0000 personas, y con su seguridad se aproxima a los dos millones si incluimos a los menores de cinco años hijos de hablantes y a los nahuas identitarios que no poseen la lengua. Sin embargo, no sólo su magnitud numérica la que dificulta su conceptualización, sino también se gran diversidad lingüística, tanto histórica como contemporánea, así como su notable dispersión territorial. Los estudios lingüisticos sugieren que la gran familia yutonahua o yutoazteca se inició como la lengua de los grupos cazadores-recolectores que hace unos seis mil años habitaron la región sur de la Alta California y la llamada Gran Cuenca. Los milenarios procesos migratorios, las fusiones y fisiones que tuvieron lugar durante casi 60 siglos, determinaron una gran dispersión y diferenciación, cuyos resultados incluyen desde los comanches y los hopis de Estados Unidos, hasta los pipil de Nicaragua, pasando por los seris, huicholes o tarahumaras de México (Castañeda, 1983). Sin embargo, ahora sólo nos ocuparemos del subgrupo azteca o nahua de la rama nahuatlana, es decir, de la población que ocupaba y ocupa la altiplanicie central de México y zonas adyacentes.

    La monografía de Jorge Guevara Hernández, coordinador del equipo de Tlaxcala, está dedicada tanto a las comunidades otomíes locales, autodesignadas yuhmu en la variante lingüística regional, como a los asentamientos nahuas tlaxcaltecas, e intenta profundizar en el estado actual de las identificaciones étnicas resultantes de los procesos históricos y contemporáneos por los que ha atravesado y atraviesa la población nativa. A partir de una conceptualización que asume la instrumentalidad involucrada en la afirmación identidaria, que la hace depender de los contextos interactivos específicos, el autor cuestiona las perspectivas culturistas de estudios anteriores, que percibían a los indígenas del ámbito estudiado como grupos en extinción. Dichas perspectivas partían de la mayor presencia o ausencia de rasgos culturales percibidos como indicadores de filiación, sin advertir que la identidad étnica supone una construcción ideológica cuyos elementos referenciles, culturales, pueden variar con el tiempo, sin que ello implique la desaparición, sino una reformulación de las identificaciones a las que daban sustento. Para el caso otomí, Guevara propone que la ascendencia común, la ritualidad compartida y la noción cultural de persona son datos clave para comprender las manifestaciones actuales de la identidad étnica. Pero también recurre a la historia de las confrontaciones políticas con los no-indios y lo señala como el proceso que ha construido las identificaciones contrastivas contemporáneas porque supone una larga lucha que otorga uno de sus sentidos posibles a la actual afirmación no ha sido generada pero sí respaldada, como en el caso de muchos otros gruops mexicanos, por la dinamización ideológica proporcionada por el levantamiento del ezln.

    En el caso de los nahuas, cuya pronta desaparición había sido pronosticada, a partir de la aceptación de la validez universal adjudicada al paradigma de la aculturación y, en especial, a las propuestas derivadas del modelo folk-urbano acuñado por Redfiel, Guevara destaca la irrelevancia de dicha perspectiva mediante una actualizada información empírica. Precisamente, como ya lo destacara en otras ocasiones, la importancia del proyecto Etnografía de las Regiones Indígenas de México radica en cuestionar antiguas visiones antropológicas a partir de renovadas investigaciones de campo, y este reestudio de los nahuas de Tlaxcala es prueba de ello. Jorge Guevara señala el papel que la matificada historia propia, los ámbitos sacrificiales, el culto y, en especial, la lengua desempeñan en la identidad, pero destaca que, al igual que otros muchos grupos de México, la identificación étnica no se reduce a ella, aunque constituya uno de los más importantes rasgos diacríticos. Así, destaca que el desplazamiento lingüistico no es automáticamente equivalwnte a la renuncia identitaria.

    También recorre Guevara el sendero histórico por el cual han circulado los nahuas locales para llegar a ser lo que son, y da cuenta de que sin el conocimiento de este proceso político no se pueden entender las modalidades que adquieren las identificaciones resultantes. La relación entre políticas estatales y respuestas indígenas, así como los movimientos de defensa de sus territorios, ham incidido en la actualización identitaria de los nahuas, aunque todavía no se registren movilizaciones etnopolíticas que incluya a todas las comunidades de la etnia. Tenemos así, gracias a la labor de este colega nacido en Tlaxcala y de sus colaboradores, una nueva visión, aunque necesariamente sintética, de una realidad étnica a la cual los estudios precedentes otorgaban poco futuro.

    Por su parte el equipo de Morelos, coordinado por Miguel Morayta, entrega un texto etnográfico y reflexivo del cual se pueden extraer muchas y significativas reformulaciones del panorama indígena local. Si bien Morelos cuenta en la actualidad con pocas poblaciones en donde la lengua nativa sea mayoritaria, constituye un ámbito emblemático para la investigación antropológica, desde los estudios de Redfield y Lewis sobre Tepoztlán, o el desarrollo de las perspectivas campesinistas de la década de los setenta, así como por las importantes monografías referidas a comunidades especifícas, la mayoría de las cuales se citan en estos ensayos. Ser indígena en Morelos es una forma dificíl de ser un ser humano, sometido a una centenaria historia de opresión que afectó tanto la cultura como la ideología social. Durante muchos años, la condición étnica de una parte de la población morelense era afirmada o negada por investigadores y políticos, dependiendo del contexto y de la época. Pero también la población nativa hizo suyos estos vaivenes identitarios y la palabra indígena adquirio un significado polisémico que remite a diferentes manifestaciones de la identificación social. Identidades impuestas, identidades manipuladas, identidades asumidas, identificaciones recientes, impactos identitarios de procesos estatales tales como la emergencia del ezln; Morelos ofrece una gama de procesos ideológicos vividos por sectores de la población local, que los llevaron desde la renuncia lingüística e identitaria hasta la reciente afirmación de identidades, algunas de las cuales son más reconstruidas mediante la literatura que animadas por la memoria colectiva. Así, Tepoztlán, pueblo veraniego, tradicionalmente considerado aculturado, se declara ahora indígena, como forma de afirmar derechos ante presiones sobre sus territorios. Otros, como Tetelcingo, tienen una historia de luchas agrarias avaladas por la recurrente apelación a su lengua y su cultura como emblemas del ser social colectivo. Si es difícil ser indio en Morelos, también es difícil entender ahora qué es ser indio en Morelos. Ésta es la tarea a la que se abocan nuestros colegas de ese estado, avalados por muchos años de residencia en el medio y la capacidad de superar el desconcierto que produce el panorama étnico local y tratar de entenderlo en su calidad distintiva.

    En la época de la invasión española, la ciudad de México-Tenochtitlan era una de las más grandes del mundo. Durante el proceso colonial, los indígenas fueron progresivamente desplazados de sus asentamientos urbanos; en el presente, su filiación étnica con frecuencia ha sido asimilada por la condición campesina. Sin embargo, cinco siglos después, la actual ciudad de México no sólo ha vuelto a ser uno de los conglomerados urbanos más grandes del planeta, sino que es, también, la ciudad con mayor población indígena del país; su número es equivalente a las estimaciones poblacionales del siglo xvi. Recientes estudios, tanto arqueológicos como etnohistóricos, han destacado que las configuraciones políticas prehispánicas con frecuencia tendían a ser multiétnicas, ya que la adscripción a una unidad determinada no implicaba la homogeneización lingüisticas y cultural. Un contexto étnico similar, aunque por diferentes razones, y ahora a pesar de los intentos honogeneizadores estatales, se registra en la antigua metrópoli azteca. Así, el ensayo de Maya Lorena Pérez Ruiz se aproxima a una ciudad multiétnica en la que residen más de 300 000 indígenas pertenecientes a la mayor parte de los grupos etnolingüisticos del país, aunque predominan los nahuas (37 450). Los otomíes (17 038), los mixtecos (16 336) y los zapotecos (14 150). La autora traza, a grandes rasgos, la trayectoria histórica de la composición étnica y social de la ciudad, y destaca que la presencia nativa no se debe sólo a la migración, sino también a la existencia de pueblos y barrios tradicionales nahuas, como Milpa Alta, Xochimilco o Actopan, aunque sus habitantes rehúsen ser considerados indios, pues éste es un término de uso popular despectivo. Señala, además, que no puede hablar de estrategias adaptativas generalizadas entre los migrantes, ya que cada grupo etnolingüistico ha desarrollado su propia lógica social de inserción en la vida urbana, aunque siempre se registra una clara tendencia a la asociación de los miembros de un mismo grupo o de una misma comunidad. Los procesos de adaptación son conflictivos y se manifiestan importantes cambios en los roles de género y en la valoración y desempeño de las posiciones generacionales.

    A ese conflicto contribuye la discriminación étnica generada por una ideología social racista que, más allá de las relaciones interpersonales, se manifiesta de manera exponencial en la violación de sus derechos humanos por parte de la policía y las autoridades judiciales, pero también de funcionarios públicos y de empleados de hospitales o instituciones que debieran atenderlos. La sociedad civil no es ajena a esta discriminación, como lo demuestra el hecho de que, en diciembre de 2003, la construcción de viviendas para un grupo de otomíes en la colonia Roma provocara la airada reacción de un comité vecinal, quienes expusieron, entre otros argumentos, que los indígenas ahuyentarían a los parroquianos de los comercios porque atentaban contra una fisonomía de orden y prosperidad. Esta constante confrontación ha influido en el desarrollo de movimientos etnopolíticos urbanos, protagonizados por asociaciones de migrantes. Y también recibieron, tanto ellos como los miembros de los pueblos tradicionales, la influencia ideológica del ezln, de quienes fueron anfitriones en las visitas de los neozapatistas a la ciudad de México. Esta actualización o afirmación identitaria está, entonces, como en otros casos, asociada no a una manipulación instrumental coyuntural, sino a una dignificación política de las identidades étnicas estigmatizadas por las ideologías discriminatorias.

    Miguel Alberto Bartolomé

    San Felipe del Agua, Oaxaca, septiembre de 2003

    ¹ Ante la posibilidad de que los

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