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Valparaíso: la memoria dispersa
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Libro electrónico292 páginas3 horas

Valparaíso: la memoria dispersa

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La primera protesta porteña contra el centralismo, en 1825; la 'revolución de los sastres'; Gustavo Adolfo Bécquer celebrando el bombardeo de la ciudad por parte de la escuadra española; las peripecias de un independentista puertorriqueño en Valparaíso; los orígenes de El Matasiete; las casas de citas en el Paseo Atkinson; las novelescas aventuras de los espías nazis en el puerto, son algunas de las historias que se presentan en este libro.
IdiomaEspañol
EditorialRIL Editores
Fecha de lanzamiento1 oct 2024
ISBN9789560100269
Valparaíso: la memoria dispersa

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    Valparaíso - Ernesto Guajardo

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    Ernesto Guajardo

    Valparaíso,

    la memoria dispersa

    Crónicas históricas

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    Este libro obtuvo una Beca de Creación

    del Fondo Nacional del Libro y la Lectura

    Consejo Nacional de Cultura y las Artes

    Convocatoria 2008

    Valparaíso, la memoria dispersa

    Primera edición: octubre de 2013

    © Ernesto Guajardo Oyarzo, 2013

    Registro de Propiedad Intelectual

    Nº 234.614

    © RIL® editores, 2013

    Av. Los Leones 2258

    751-1055 Providencia

    Santiago de Chile

    Tel. (56-2) 2238100 • Fax 2254269

    ril@rileditores.com • www.rileditores.com

    Imagen de portada: Postal de Las Torpederas, Valparaíso.

    Gentileza de Piero Castagneto.

    Composición, diseño de portada e impresión: RIL® editores

    Epub hecho en Chile • Epub made in Chile

    ISBN 978-956-01-0026-9

    Derechos reservados.

    A Vania Cárdenas Muñoz

    El cronista, que detalla los acontecimientos

    sin discernir entre grandes y pequeños,

    tiene en cuenta la verdad de que nada

    de lo que alguna vez aconteció

    puede darse por perdido para la historia.

    (Walter Benjamin, «Sobre el concepto de historia»)

    Protestas desde el muelle:

    una manifestación en 1825

    Las quejas que se escuchan sobre el centralismo en las calles de la ciudad puerto no son nuevas. Lo mismo ocurre con los reclamos por razones económicas y sociales, aun cuando se suele afirmar que estos se expresan a plenitud solo en los inicios del siglo XX, cuando surge la cuestión social. Sin embargo, al igual que el resquemor con el centralismo, las protestas por una mejor condición de vida son más antiguas.

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    Bahía de Valparaíso, hacia 1820.

    (Alexander Caldcleugh, Travels in South America, during the years:

    1819-20-21; containing an account of the present state of Brasil,

    Buenos Ayres and Chile, 1825).

    Revisando la exhaustiva investigación de Sergio Grez Toso sobre el surgimiento y desarrollo del movimiento popular en Chile, encontramos una movilización de lancheros, marineros y pescadores de Valparaíso… el año 1825. Es decir, una manifestación de trabajadores, cuando la República es aún toda una quinceañera.

    Claro que no todo es blanco y negro y, en ese entonces, habían otros que estaban interesados, y mucho, en agitar las aguas: los revolucionarios. Con una salvedad, eso sí, en ese momento los revolucionarios no son más ni menos que los conservadores.

    Grez realiza una detallada reseña de lo ocurrido, y nos valdremos de ella, considerando que es uno de los pocos historiadores que conocemos que se refiere en extenso a este suceso.

    Para variar, los problemas venían de Santiago. El 8 de julio de 1825, el ministro de Hacienda y de Marina, Rafael Correa de Saa decreta «el desarme de los buques de la escuadra que no estaban en servicio activo». Eso tiene un pequeño problema: supone dejar sin trabajo a las tripulaciones y estas ya están molestas pues les deben varios meses de sueldo. Además, el despido se realizará sin abonarles sus remuneraciones. Eso no suele ser una buena idea.

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    Ramón Freire Serrano,

    Director Supremo

    de Chile.

    (Narciso Desmadryl, Galería nacional, o, Colección de biografías i retratos de hombres

    celebres de Chile, 1854).

    El general José Ignacio Zenteno es el gobernador de Valparaíso, además, es o’higginista –algo que tendrá relevancia, como veremos. Le señala al gobierno de Ramón Freire los problemas de la medida, pero nada logra. Por el contrario, el 19 de agosto, el ministro Correa de Saa decreta «que la carga y descarga de mercaderías en el puerto de Valparaíso se hiciera en doce embarcaciones del Estado y sólo con sus empleados». Grez describe el significado de la nueva disposición:

    Las canoas de pescadores debían matricularse y mantenerse a prudente distancia de los buques, a fin de evitar el contrabando. Los infractores a estas disposiciones se verían condenados a sufrir diez años de presidio. Los botes de los pescadores, entrada la noche, estaban obligados a volver a tierra, permaneciendo a disposición del Resguardo. Cerca de quinientos pescadores y sus familias quedaban casi totalmente desprovistos de recursos. La decisión ministerial provocó indignación general en Valparaíso: no sólo los lancheros y pescadores se verían afectados, también lo serían los comerciantes y capitanes de buques.

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    José Ignacio Zenteno

    del Pozo y Silva, gobernador

    de Valparaíso.

    (Retrato de

    Narciso Desmadryl).

    Mientras tanto en Valparaíso, solo seis días después de dictado el decreto ministerial, el cabildo de la ciudad se reúne bajo la presidencia de Zenteno, para programar las celebraciones que se realizarán con motivo de la conmemoración de la Independencia de Chile. En el acuerdo que se toma en la reunión del 26 de agosto se desliza una referencia a la situación económica en la que se encuentra Valparaíso:

    …acordaron se cante una misa solemne en la Iglesia Matriz, en acción de gracias, con su oración panegírica que se encomendará a alguno de los oradores de esta ciudad, precedida la noche anterior con juegos artificiales y tres dias de iluminación y salva de artillería, cuyos gastos se harán con los fondos de la ciudad, encargando al procurador la mayor economía, por la escasez en que se hallan los fondos.

    La organización de los festejos comienza a desarrollarse de manera paralela a la preparación de las protestas.

    El gobernador porteño le envía una nota al ministro de Hacienda, en la cual le señala que la ciudad queda expuesta tanto a un motín militar como a un «levantamiento de los muchos vagos que concurrían de todas partes», según refiere Sergio Villalobos. Agrega Zenteno que hace meses que la guarnición no recibe sueldo y que a él mismo, incluso, se le adeuda el suyo. Y continúa argumentando:

    En estas circunstancias se desarma la escuadra y cerca de doscientos individuos de ella son botados a tierra sin goce de sueldo, de ración ni arbitrio alguno para subsistir… El clamor de esos infelices resuena por toda la población y unido al descontento de la tropa prepara el más activo combustible para el incendio que tenemos.

    En términos muy similares se expresa ante esta situación el cabildo de Valparaíso:

    Despedidos los individuos que las tripulaban [se refiere a las naves de la escuadra], sin ración, sueldo ni satisfacción de sus muchas deudas atrasadas, la marinería y tropa debe necesariamente abandonarse, como ya lo hemos sentido, a los desórdenes y excesos que produce el hambre, desnudez y resentimientos, y engrosar el cuerpo de forajidos que infesta esta ciudad. La brigada de artillería, casi en el mismo caso, sufriendo todo género de necesidades, y sin recursos aun para aliviar a sus compañeros, que yacen en el mismo cuartel afligidos por los males y en un lamentable abandono, son circunstancias entre otras que justamente han alarmado a este vecindario, como que amenazan su reposo y los más preciosos bienes de que está en posesión.

    El 8 de septiembre de 1825, el Cabildo de Valparaíso le dirige un oficio al gobernador Zenteno:

    La necesidad es la suprema ley que impele a las otras que le son muy subalternas; partiendo de este principio, y del hecho positivo de ella, cree el Cabildo que el Gobierno debe empeñar sus más efectivos fondos, para satisfacer esta urgencia pública del momento, o vender los artículos que hay en almacenes hasta la cantidad necesaria, o adoptar en una palabra cualquier otro género de arbitrio.

    Valpara%c3%adso%20en%201830%20-%20Echiburu.tif

    Valparaíso en el año 1830.

    (Luis Aguirre Echiburu, El libro de Valparaíso, 1946).

    Así las cosas, el día 30 de septiembre de 1825 se realiza lo que podría denominarse como la primera protesta de trabajadores en el joven Chile republicano.

    Ese día aproximadamente mil personas se reúnen en la plaza de San Agustín (que corresponde en la actualidad a la Plazuela de la Justicia). Se exige un cabildo abierto para exponer las demandas, y se plantean, una tras otra: no obedecer decreto alguno firmado por el actual ministro de Hacienda; solicitar al gobierno la derogación de los decretos criticados; construcción de un muelle; supresión del impuesto de patentes; establecimiento de un tribunal del consulado y libertad de fabricar cigarros.

    En una segunda acta suscrita por los manifestantes, se señala:

    El pueblo todo ha solicitado con la mayor energía de sus sentimientos se eleve recurso a la superioridad para que se decrete la renovación del actual comandante del resguardo don Antonio Vergara y del tesorero ministro de marina don José del Carmen Almanche, principalmente, entre otros motivos que se omiten, porque los cree autores de las medidas erróneas, tiránicas y llenas de ignorancia con que se ha oprimido la miserable industria de la clase de pescadores, lancheros y boteros, atacándoles de modo infame sus propiedades.

    Las exigencias no se detienen, y los porteños se entusiasman en la confección del que es, quizás, su primer petitorio: nombramiento de habitantes de Valparaíso para los cargos públicos; utilización de la mitad del presupuesto de caminos para arreglar el de Quillota y la calle del embarcadero en la ciudad puerto; reedificación del templo de la Merced; restablecimiento del antiguo hospital de Caridad; asignación de $ 6.000 de las primeras entradas de la aduana para el pago de la guarnición de la plaza, enumera Grez. A estas demandas, señala Roberto Hernández, se agrega la solicitud de separar de sus funciones a cuatro empleados de Hacienda, «a quienes se creyó instigadores de las medidas represivas dictadas por el Gobierno».

    El gobernador Zenteno promulga mediante un bando estas demandas y le escribe ese mismo día al ministro del Interior, informándole de lo ocurrido. Pero no solo eso, también viaja a Santiago José Luis Aycinema, como delegado del municipio ante el gobierno. Según Marcelo Segall, Aycinema (que él menciona como Aicicena) era un abierto opositor del gobierno de Freire y fue él quien organizó el cabildo abierto en sesión permanente, mientras no se solucionaran las peticiones planteadas.

    Días después, un diputado porteño ve la necesidad de explicar al resto del país cuáles son las exigencias de la ciudad. José Silvestre Lazo publica, el 4 de octubre, en Santiago, el Manifiesto de los Pueblos de las razones que movieron a los vecinos de la ciudad y puerto de Valparaíso, para los sucesos del 30 de septiembre último.

    En ese texto, Silvestre describe la situación de Valparaíso, con gruesas pinceladas de desazón. Algo muy distante del optimismo que expresaba el gobernador Zenteno solo tres años antes, cuando escribía:

    Se han fabricado en 5 años 200 casas, algunas de 3 y 4 pisos y multitud de habitaciones pajizas. Existen 31 casas de comercio por mayor, fuera de innumerables tiendas de menudeo, baratillos y puestos de ventas de todas clases. Entre cafés, fondas, billares y posadas se cuentan 26, a más de 4 fábricas de salar carnes. El arsenal ha sido bastante para carenar los buques de la escuadra y para dar auxilio a 40 embarcaciones con que ya cuenta nuestra Marina Mercante. Agréguese 3.000 consumidores que pueblan la bahía en 60 barcos de guerra y mercantes que hay al ancla entre nacionales y extranjeros, y a la vez otras que incesantemente frecuentan el surgidero.

    Por cierto, la respuesta a las demandas no es de las mejores: Freire acepta la renuncia de Zenteno –que había sido rechazada a mediados de septiembre–; se nombra como nuevo gobernador de Valparaíso al coronel José Manuel Borgoño y, lo más determinante, se decide el envío de tropas para reprimir el movimiento. Ante ello, el cabildo de la ciudad se apresta a resistir, de manera armada, cualquier intento de uso de fuerza militar en contra de Valparaíso. Junto con ello, declara no reconocer al nuevo gobernador.

    Considerando que la resistencia porteña no se desanima, el 25 de octubre el general Freire anula el reglamento y decreto de carga y descarga. En su fundamentación, acepta como válidos los argumentos emitidos desde el puerto.

    Dos costos inmediatos tiene el triunfo de esta movilización. Zenteno, luego de renunciar el 15 de octubre, se asila en la fragata inglesa Briton. Al día siguiente, el ministro del Interior le envía una orden de destierro. El exgobernador de Valparaíso parte al exilio nueve días después.

    Luego de que zarpa la Briton, el 26 de octubre, el gobierno decreta «poner plenamente en vigor un senado consulto del 27 de noviembre de 1819 que prohíbe las peticiones populares, por prestarse para ‘abusos’ y actividades ‘sediciosas’», señala Grez.

    Así finaliza lo que el historiador Marcelo Segall definió, con cierta vehemencia ideológica, como «la primera resistencia de los trabajadores que se proyectó con fuerza sobre la correlación política del país».

    ¿Qué nos dice Francisco Antonio Encina de todo esto? Para él lo ocurrido es algo muy sencillo:

    Una asamblea improvisada en el puerto adoptó una actitud a todas luces subversiva: no aceptaba órdenes ni decretos del ministro de Hacienda, que lesionaban sus intereses. La ‘sala de representantes’ legalmente elegida en Santiago se opuso en forma abierta a las medidas proyectadas por Freire, que había amenazado someter a Valparaíso por la fuerza y, luego de un acre cambio de notas, declaró por unanimidad de votos suspenso en sus funciones al director supremo.

    Es curioso que Encina vea una asamblea improvisada en donde existió una confluencia del malestar de algunos de los trabajadores de Valparaíso, de comerciantes y el entusiasta apoyo de los opositores a Freire, incluyendo entre ellos, por cierto, a Zenteno. De hecho, la documentación citada por Grez evidencia, por un lado, la convergencia de intereses de distintos sectores sociales y políticos y, por el otro, la utilización de los canales formales para expresar el descontento al gobierno. Es más, esta doble condición ya había sido señalada hacia fines del siglo XIX. En efecto, Narciso Desmadryl se refiere a este conflicto como «un suceso a la vez político y económico».

    1825, el primer síntoma de una antigua dolencia.

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    La antigua Esmeralda de Cochrane, varada en Valparaíso

    en el temporal de junio de 1825.

    (Roberto Hernández, Los primeros teatros en Valparaíso, 1928).

    La carne más barata

    el comercio de mercadería humana

    en Valparaíso

    La crónica es un género parasitario por excelencia. Dicha condición suele pasar desapercibida por las libertades propias del género, sin embargo, su condición es más evidente en la crónica histórica, sobre todo cuando, como en este caso, la bibliografía no es generosa.

    Gilberto Harris Bucher describe en un artículo el tráfico de menores hacia el Perú, casi a mediados del siglo XIX. ¿Servidumbre esclavitud en Chile? ¿En 1840? Pero si la esclavitud se abolió en 1823, ¿entonces?

    Marcelo Segall nos recuerda la distancia que va desde la idea a su realización:

    la esclavitud no se impide con leyes y principios jurídicos. Tampoco es un asunto de interpretación de la Constitución. Es un problema más profundo: social y concreto. Por las vías más insospechadas, tanto económicas y sociales como políticas suele retornar la esclavitud.

    En Valparaíso, el comercio de carne humana tiene larga data, según Benjamín Vicuña Mackenna desde mediados del siglo XVII Valparaíso fue un activo mercado de esclavos. Él indica que la fecha más antigua que se encuentra en los documentos se refiere a la compra de un joven de 17 años, en trescientos pesos, el 24 de julio de 1660. Según Renzo Pecchenino, los esclavos eran depositados en los galpones y corrales que se ubicaban en la actual Plaza Victoria.

    esclavitud%20documento%202.tif

    Ilustración de Lukas para representar

    el comercio de esclavos en Valparaíso durante el siglo XIX.

    (Lukas, Apuntes porteños, 1997).

    Es evidente que esta ciudad es un lugar de tránsito para este mercado. Según Oro Negro, fundación de afrodescendientes de Chile, durante el siglo XVIII Valparaíso fue un importante puerto esclavista. Por ejemplo, en 1783 se

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