El bombardeo del paraíso
Por David Woods
()
Información de este libro electrónico
El Bombardeo del Paraíso relata la compleja historia de por qué sucedió tal cosa, y por qué los comandantes navales ingleses y norteamericanos no reaccionaron. Esto desembocó en un escándalo internacional, vergüenza nacional para los grandes poderes involucrados y deshonra personal para un significativo número de héroes de conflictos anteriores.
Este hecho tuvo lugar en Chile, pero las repercusiones se esparcieron a lo largo de todo el mundo. Esta historia poco conocida cuenta mucho sobre los líderes de comunidades extranjeras que jugaron un rol muy importante en el desarrollo de Chile.
Relacionado con El bombardeo del paraíso
Libros electrónicos relacionados
La olvidada guerra contra Japón: Secretos diplomáticos y víctimas invisibles durante la Segunda Guerra Mundial en Chile Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesVida de un soldado: desde la toma de Valdivia a la victoria de Yungay Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificaciones1891: Historia naval de la Guerra Civil Calificación: 5 de 5 estrellas5/5Prat. Agente secreto en Buenos Aires. 1878: La guerra que no fue Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesLas guerras por Malvinas: 1982-2022 Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesHistoria de Chile, 1808-2017 Calificación: 4 de 5 estrellas4/5El espejo de la guerra: Sociedad y cultura en el siglo XX Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificaciones¿Chilenos Todos? Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesLa guerra del Pacífico (1879-1883) Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesLas historias que nos unen: 21 relatos para la integración de Perú y Chile Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesA cien años de Annual: La Guerra de Marruecos Calificación: 5 de 5 estrellas5/5Siglo XX cubano: Apuntes en el camino 1899-1959 Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesReforma Agraria y revuelta campesina: Seguido de un homenaje a los campesinos desaparecidos Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesEl Morro de Arica: La restistencia del periodismos peruano durante el cautiverio de Tacna y Arica Calificación: 3 de 5 estrellas3/5Las letras del horror. Tomo I: La DINA Calificación: 5 de 5 estrellas5/5Narrar el Caribe: Visiones históricas de la región Calificación: 5 de 5 estrellas5/5Chile y la Guerra Fría global Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesBala en boca Breve recorrido por la historia militar de Chile Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesEl Porqué Me Acojo a La Ley De Víctimas: Historia De Una Vida Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesConflicto Malvinas: Una visión desde Cuba Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesBreve historia de las guerras de Estados Unidos: Desde la guerra Hispano-Americana hasta el siglo XXI Calificación: 3 de 5 estrellas3/5La Guerra Del Pacífico Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesPatrias alternativas: Expulsiones y exclusiones de la España oficial en época contemporánea Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesLa Guerra de Invierno: Una guía fascinante de la guerra ruso-finlandesa entre Finlandia y la Unión Soviética Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesConflicto Amazónico 1932-1934 Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesCentroamérica: Filibusteros, estados, imperios y memorias Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesGobernar el caos: Una historia crítica del Ejército español Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesCómo será el pasado: Una conversación sobre el giro memorial Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesLa Creación de Chile Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificaciones
Historia para usted
Historia Universal: XXI capítulos fundamentales Calificación: 4 de 5 estrellas4/550 LÍDERES QUE HICIERON HISTORIA Calificación: 4 de 5 estrellas4/5303 frases históricas Calificación: 4 de 5 estrellas4/5Cómo Romper Maldiciones Generacionales: Reclama tu Libertad Calificación: 4 de 5 estrellas4/5Lecciones de la Historia Calificación: 5 de 5 estrellas5/5Una Pena en Observacion Calificación: 4 de 5 estrellas4/5MANIAC Calificación: 5 de 5 estrellas5/5La Ultima Semana: Un Relato Diario de la Ultima Semana de Jesus en Jerusalen Calificación: 4 de 5 estrellas4/5Los misterios de los celtas Calificación: 5 de 5 estrellas5/5Palo Brakamundo Calificación: 4 de 5 estrellas4/5La economía en 100 preguntas Calificación: 4 de 5 estrellas4/5Érase una vez México 1: De las cavernas al virreinato Calificación: 4 de 5 estrellas4/5El libro negro del comunismo: Crímenes, terror, represión Calificación: 5 de 5 estrellas5/5MEDITACIONES - Marco Aurelio Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesLa vida en la Edad Media Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesLa noche de Getsemaní Calificación: 5 de 5 estrellas5/5Historia sencilla de la filosofía Calificación: 5 de 5 estrellas5/5Claves secretas de la historia: Sociedades secretas de ayer y hoy que han influido en el destino de la humanidad Calificación: 5 de 5 estrellas5/5Las cruzadas: La guerra santa cristiana Calificación: 4 de 5 estrellas4/5Que no te la cuenten I. La falsificación de la historia: Que no te la cuenten, #1 Calificación: 5 de 5 estrellas5/5Breve historia de la economía Calificación: 5 de 5 estrellas5/5El Dios de Abraham, Isaac y Jacob Calificación: 5 de 5 estrellas5/5Eso no estaba en mi libro de Historia de la Edad Media Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesMomentos estelares de la humanidad: Catorce miniaturas históricas Calificación: 5 de 5 estrellas5/5Un verdor terrible Calificación: 4 de 5 estrellas4/5Los Orishas Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesHistoria sencilla del arte Calificación: 5 de 5 estrellas5/5Que no te la cuenten II. La falsificación de la historia: Que no te la cuenten, #2 Calificación: 4 de 5 estrellas4/5Elogio de la edad media: De Constantino a Leonardo Calificación: 5 de 5 estrellas5/5
Comentarios para El bombardeo del paraíso
0 clasificaciones0 comentarios
Vista previa del libro
El bombardeo del paraíso - David Woods
David J. Woods
El bombardeo del paraíso
Traducción de
Daniela Martínez
Ril%20-%202006%20-%20Logo%20general.tifEl bombardeo del paraíso
Primera edición en español: octubre de 2013
Primera edición en inglés: 2011
© David J. Woods, 2013
© RIL® editores, 2013
Av. Los Leones 2258
751-1055 Providencia
Santiago de Chile
Tel. (56-2) 22238100 • Fax 22254269
ril@rileditores.com • www.rileditores.com
Composición, diseño de portada e impresión: RIL® editores
Epub hecho en Chile • Epub made in Chile
ISBN 978-956-01-0025-2
Derechos reservados.
Prefacio
En la memoria colectiva de los chilenos, el bombardeo de Valparaíso no figura entre los principales hitos que se recuerdan. Lo curioso es que tampoco es significativo para los porteños en general, quienes tienen mucho más presente el terremoto de 1906 como el principal hecho infausto que ha vivido la ciudad en su época republicana.
La propia guerra con España, si se compara con la guerra contra la Confederación Perú-Boliviana, y la guerra del Pacífico, tiene una importancia muy secundaria en la educación escolar, a tal punto que quienes no son aficionados a esta disciplina terminan por olvidar que hubo un conflicto con España más allá de las guerras de independencia.
Lo uno y lo otro pueden tener varias explicaciones. Como señalaba Mario Góngora, las guerras en el período republicano fueron fundamentales para conformar y fortalecer las identidades nacionales. Y en el caso chileno, la guerra contra la Confederación tuvo una altísima importancia en este plano, a tal punto que el himno de Yungay, compuesto después de la victoria de 1839, se transformó en la segunda mitad del siglo XIX y una parte del XX en un referente nacional de gran importancia, solo superado por el himno patrio compuesto en 1847.
Si la guerra contra la Confederación cobró un fuerte simbolismo para la construcción de la nacionalidad, la del Pacífico iniciada en 1879 y finalizada en 1883 se transformó en la coronación de la identidad patria, situándose como un referente de primer orden en la historia del país, equiparable solo al proceso independentista.
Lo anterior en parte podría explicar las razones de que la guerra con España, librada entre 1865 y 1866 contra nuestra antigua metrópolis colonial, haya quedado absolutamente eclipsada en el recuerdo de la ciudadanía, quedando relegada al conocimiento de especialistas. No obstante, hay otro factor que podría ayudar a comprender cómo un episodio tan importante y trágico para la historia de Valparaíso haya permanecido casi olvidado. Chile ha sido destacado como tierra de grandes historiadores, en la segunda mitad del siglo XIX los hubo, y más aún a lo largo del siglo XX. Sin embargo, una buena parte de la historia del país se ha escrito desde Santiago, es decir, desde la capital y específicamente desde «tierra adentro». En esta afirmación, por supuesto que hay que hacer honrosas excepciones, pero lamentablemente Santiago por razones diversas fue y sigue siendo una caja de resonancia que inevitablemente sitúa en un segundo plano los esfuerzos que durante más de un siglo se hicieron desde las regiones en el plano de la conservación de la memoria histórica.
Para el caso puntual de la guerra con España, lo antes referido debería llamar la atención, puesto llega a impresionar la escasa relevancia que se le entrega, siendo que es la única guerra internacional en donde el territorio nacional, específicamente Valparaíso, se vio fuertemente afectado con el conflicto, siendo entonces la segunda ciudad más importante del país, un polo comercial importantísimo y cuna de emprendimientos. Es decir, en tiempos republicanos, la única acción militar con consecuencias desastrosas que afectó al territorio nacional fue el bombardeo de Valparaíso, porque todas las demás acciones bélicas que se libraron en las guerras anteriormente referidas siempre se llevaron a cabo en un plano ofensivo, fuera de nuestras fronteras.
Muchos podrán pensar que el bombardeo no se recuerda o se minimiza, porque fue una acción desastrosa para la ciudad y el país, pero bajo ese criterio, tampoco Pearl Harbour debería tener relevancia en el recuerdo de los estadounidenses y, sin embargo, lo tiene, y mucho.
A excepción de los historiadores navales o marítimos que sí suelen destacar la acción librada en Valparaíso en aquel lejano 31 de marzo de 1866, así como de historiadores porteños empeñados en poner en valor la historia de la hoy ciudad patrimonial, el bombardeo no marcó la vida nacional en la dimensión que uno esperaría, aunque de ese episodio se podrían sacar importantes enseñanzas que fueron vitales a la hora de entender el desarrollo y resultados de la propia guerra del Pacífico, iniciada trece años más tarde.
Ahora bien, si Valparaíso hubiese sido en ese entonces la capital política del país, entonces el recuerdo hubiese sido otro. Pero como no lo era, aunque el puerto haya sido el emporio comercial más importante del Pacífico, su destrucción y millonarias pérdidas económicas en el sector privado y público, no lograron fijar con el tiempo un gran interés historiográfico.
En este contexto, es que la obra de David Woods tiene un valor en sí misma. No son muchos los libros que han trabajado puntualmente el episodio en cuestión, con todas las implicancias políticas, económicas, militares y diplomáticas que conforman el conjunto de la acción realizada por las fuerzas navales españolas al mando de Casto Méndez Núñez.
Y es más, nadie hasta la fecha había hecho una búsqueda internacional acuciosa del episodio, cubierto por entonces por los más famosos semanarios o prensa europea y de Norteamérica. Si bien varios testimonios habían sido publicados en el pasado lejano, así como también documentación oficial, no se había realizado hasta la fecha un estudio global que permitiera cotejar la información, y revelar algunas incógnitas que surgieron antes, durante y después del episodio, y que tienen que ver con los movimientos diplomáticos que se realizaron para evitar el bombardeo por parte de las naciones neutrales que tenían intereses económicos en Valparaíso, y la propia estrategia seguida por el mundo político chileno.
Si bien David Woods no es un historiador profesional, supo detectar hábilmente en el episodio del bombardeo, un capítulo pendiente en la historiografía chilena y se sumergió con dedicación en una investigación histórica seria, algo así como una puesta en valor de un episodio que requería nuevas reflexiones y análisis. A ello, se sumó un particular interés por la iconografía del bombardeo, una línea de investigación de vanguardia que agrega aún más valor al resultado.
Publicado el trabajo en inglés en el 2011 bajo el título The Bombardment of Paradise, y presentado en una recordada y concurrida sesión en el salón de la bella iglesia anglicana St. Paul’s del Cerro Concepción, ahora tenemos la oportunidad de ver salir a luz esta primera edición castellana, que sin lugar a dudas será lectura obligatoria para todos los amantes de la historia de Valparaíso y también de la historia regional.
Se agradece a este investigador británico, porteño por adopción, esta contribución al conocimiento de nuestra historia local, abriendo una senda que deberá seguir siendo indagada por las generaciones futuras.
Rodrigo Moreno Jeria
Profesor titular Universidad Adolfo Ibáñez
Miembro de número de la Academia Chilena de la Historia.
Valparaíso, 24 de abril del 2013
El%20bombardeo%20seg%c3%ban%20El%20Mercurio.tifEl 6 de abril de 1866, El Mercurio presentó un plano de la bahía de Valparaíso que mostraba los movimientos de los barcos españoles durante el bombardeo, con las flotas británicas y norteamericanas ancladas a una distancia discreta. El reportaje del periódico de ese día incluía también una detallada evaluación sobre el daño que sufrió la ciudad.
Prólogo para la edición en español
Desde que El bombardeo del paraíso fue publicado por primera vez en su versión original en inglés, a principios del 2011, recibí muchas peticiones para que preparara una traducción al español. En cierto modo, la historia debería haber sido contada en el lenguaje propio de Chile desde un principio, pero esto no era tan simple como parecía. Tengo el agrado, y de cierta manera también el alivio, de contar con RIL Editores, quienes han logrado producir una versión apropiada del libro para que sea leída y, tal como espero, disfrutada, en el mismo lugar donde ocurrieron los eventos de marzo de 1866. Por esta razón, necesito agradecer a Ernesto Guajardo de RIL.
Preparar una traducción del libro no era una tarea fácil. No sufro de ningún delirio que me haga creer que mi estilo de escritura en inglés sea fácilmente reproducible en otro lenguaje. Pero Daniela Martínez aceptó el desafío con mucho ánimo y entregó una versión en castellano que, en mi opinión, es fiel tanto a los hechos como al espíritu del original, lo que es lo más importante. Le agradezco profundamente, al igual que a Andrea Martínez, quien puso en práctica su gran conocimiento como historiadora de primera calidad en el minucioso proceso de revisión del nuevo texto.
También he recibido gran ayuda, una vez más, de varios miembros del Departamento de Historia de la Universidad Adolfo Ibáñez. Fernando Wilson nos proporcionó importantes correcciones en lo que respecta al área del armamento naval, en la que estábamos muy perdidos. Michelle Prain, quien desde su trabajo en el Instituto Chileno Británico de Valparaíso ya nos había apoyado enormemente, leyó y revisó el nuevo texto. Por último, quiero agradecerle especialmente a Rodrigo Moreno, Director del Departamento de Historia de la citada casa de estudios y Miembro de la Academia de Historiadores de Chile, quien me hizo el honor de preparar un prefacio para este libro. A todas estas personas les estoy muy agradecido.
David Woods
1 de mayo de 2013
La%20primera%20compa%c3%b1%c3%ada%20de%20bomberos.tifLa primera Compañía de Bomberos voluntarios en 1861.
Establecida en 1859 y compuesta en su mayoría por residentes británicos
y norteamericanos, la Compañía de Bomberos Nº 1 extinguiría
muchos incendios después del cese de fuego del bombardeo.
(The Bancroft Library, University of California, Berkeley)
Prólogo para la edición en inglés
¿Por qué algunos eventos dejan una impresión completamente desproporcionada en relación con respecto a su impacto original? ¿Por qué sus exageradas repercusiones se expanden por el mundo, socavando gobiernos e imperios? El bombardeo de Valparaíso realizado por una flota española, el 31 de marzo de 1866, es un ejemplo de eso. Por supuesto, el valor de la propiedad europea destruida en el infierno de las llamas fue muy grande, estimado por sobre los $220 millones de dólares estadounidenses en valor actual. Pero al parecer nadie murió y hubo muy pocos heridos. Las pérdidas y daños a los bienes y propiedades fueron prontamente descartados o reparados.
Entonces, ¿para qué escribir sobre un drama tan pequeño? A los niños en Chile no se les enseña casi nada al respecto, y no es algo que se encuentre particularmente incrustado en la psique nacional. Tal vez esto puede resultar sorprendente ya que el bombardeo, el cual efectivamente puso término a la breve guerra entre Chile y España, fue uno de los dos eventos que marcaron el fin definitivo de las aventuras coloniales de España en la costa del Pacífico de Sudamérica (el otro evento fue la batalla del Callao, en Perú, un mes después). Chile, Bolivia y Perú se habían ganado su independencia décadas atrás. Pero aún existían algunos sujetos en Madrid, denominados por un autor como «los últimos conquistadores», que demandaron un último esfuerzo para restablecer el poder de España en el continente. Su cruzada falló.
En verdad, esto no era un asunto pequeño. Y, si bien se estaba desarrollando en un territorio propiamente chileno, el bombardeo les concernía mucho a los europeos.
Por un período de más de seis meses, los intereses comerciales, políticos y navales de Inglaterra, España, los Estados Unidos y Francia, se vieron comprometidos, y con una extraña intensidad. Bismarck –entonces el Primer Ministro-Presidente de Prusia– siguió los acontecimientos bien de cerca y otras naciones de Europa estaban ansiosas y preocupadas por sus intereses comerciales y las amenazas que sus propios compatriotas podían estar enfrentando. Cuando todo acabó, la prensa internacional diseccionó, lo que fue visto por muchos, como una vergüenza para España, un desastroso error de juicio por parte de los británicos, una deshonorable conducta del héroe de la Armada Real y un imprudente y oportunista aventurerismo de los norteamericanos.
A principios del 2008, mi esposa y yo compramos y empezamos a restaurar una casa del siglo XIX en el Cerro Alegre, el cerro de Valparaíso donde los comerciantes, mineros, banqueros y empresarios ingleses construyeron sus hogares. Estos edificios tan coloridos, de fachadas de zinc corrugado con sus interiores de estilo victoriano, se elevaron por encima de las poblaciones infestadas de enfermedades, suciedad, violencia y desorden en el puerto mientras el Chile de la post independencia se abría su camino en el mundo. Nuestra épica lucha por arreglar la casa nos acercó mucho a la historia de las comunidades de extranjeros en Valparaíso; no tanto en el sentido de provocar alguna sensación de orgullo nacional por lo que se había logrado realizar en la ciudad antes de que fuera prácticamente destruida en su totalidad por el terremoto de 1906, sino más bien porque nos otorgó una sensación de que este había sido un lugar muy especial.
Al igual que muchos pioneros y primeros inmigrantes, los hombres y mujeres que finalmente llegaron al primer puerto importante de la costa del Pacífico, después de haber sobrevivido el paso del cabo de Hornos y muchos meses de un cansador y muy incómodo viaje desde puertos como Liverpool, Hamburgo y Le Havre, fueron personas muy impresionantes, y ciertamente muy valientes; a menudo también eran muy temerarios, al igual que ingeniosos, persistentes, creativos y aventureros. Se pusieron a trabajar con mucha energía y aguante, en conjunto con negocios locales y familias adineradas chilenas, empujando las barreras de la exploración e iniciativa en algunos de los terreros más inhóspitos que se pueden encontrar en el mundo. Por más de un siglo, ayudaron a la creación de un país muy exitoso. Muchos murieron jóvenes, muchos murieron pobres; otros se rindieron y regresaron a sus países de origen. Por un lado, se forjaron muchas fortunas y, por el otro, también se perdieron. A medida que los extranjeros iban entrelazándose con familias chilenas por medio del matrimonio, se fueron estableciendo dinastías que en nombre siguen existiendo hasta hoy en día.
Así las semillas para este libro se sembraron en el momento en que nuestra casa en el Cerro Alegre empezaba a cobrar vida de nuevo. Al haber pasado gran parte de mi carrera involucrado en asuntos de relaciones de comercio internacional, comencé a ponerles cada vez más atención a los comerciantes extranjeros de Valparaíso. Tan solo un par de días investigando en los archivos de la Cámara de Comercio y de Industria de Marsella fueron muy absorbentes. En particular, descubrí cartas escritas a mano por importadores locales, demandando la compensación por parte del Gobierno en París a raíz de los bienes que habían sido destruidos durante el bombardeo. Vastas cantidades de buen coñac, champaña, jerez, oporto, al igual que pieles y vestidos de alta moda parisina, todos enviados a los almacenes fiscales en Valparaíso, se habían esfumado en las llamas.
A continuación, me puse a escudriñar en libros y documentos antiguos en la maravillosa Biblioteca Budge en la Universidad Católica de Valparaíso, una invaluable colección que fue compilada por Eduardo Budge, descendiente de uno de los más importantes empresarios escoceses que llegaron a Chile en la primera mitad del siglo XIX y construyó un imperio de negocios. Revisé minuciosamente rollos de microfilme que contenían las páginas contemporáneas del celebrado periódico de Valparaíso, El Mercurio. Eventualmente, estaba claro que solo la correspondencia diplomática original y los reportes de la Armada que circularon desde y hacia Londres podrían responder las muchas e intrigantes preguntas que habían sido provocadas por las extrañas circunstancias que envolvieron al bombardeo. Así fue como pasé muchos días rumiando entre miles de páginas de registro en el Archivo Nacional en Kew, cerca de Londres.
Todo resultó ser más complicado de lo que había esperado. La historia era razonablemente directa y simple desde la perspectiva de las consecutivas confrontaciones de España con Perú y Chile. Pero el trasfondo del bombardeo era mucho más complejo y controversial; casi cada personaje en el drama tuvo su propio punto de vista, y aquellas versiones y relatos a menudo no eran muy consistentes entre sí. Al centro se encontraba un misterio: ¿por qué una poderosa fuerza de buques navales, conformada por las flotas británicas y norteamericanas, simplemente se quedó mirando en la bahía mientras el almirante español Casto Méndez Núñez bombardeaba la ciudad? Los marineros ingleses se quedaron observaron mientras la propiedad, o incluso las vidas, de sus propios compatriotas se hacían cenizas. ¿Por qué fue que el almirante Joseph Denman no se unió al comandante norteamericano, el comodoro John Rodgers, quien supuestamente se había ofrecido para actuar en conjunto para prevenir el bombardeo? Ellos poseían, después de todo, una fuerza indiscutiblemente superior. ¿Qué era lo que el Departamento de Estado en Washington verdaderamente quería de sus representantes en Santiago y en la bahía de Valparaíso? ¿Cuál fue el rol del propagandista y traficante de armas chileno que fue arrestado en Nueva York? ¿Y cuáles fueron las motivaciones del profesionalmente frío y calculador chargé d’affaires británico, que pisoteó la sensibilidad chilena de tal manera que hizo que sus alegatos de devoción a la «neutralidad» fueran más que cuestionables?
Hay un proverbio que es probablemente muy apropiado para el bombardeo de 1866: «Nunca le atribuyas a la maldad lo que puede ser fácilmente explicado por la estupidez». Bueno, ciertamente existió maldad, pero considerablemente mucha más estupidez. Más apropiadamente tal vez, como un jefe mío y el secretario de prensa de un reciente Primer Ministro de Inglaterra destacó una vez: «Muchos periodistas se han visto seducidos por la teoría de conspiración del gobierno. Te aseguro que producirían un trabajo mucho más preciso y cercano a la verdad si es que se guiaran por la teoría de las ‘embarradas’». En otras palabras, los eventos muy a menudo son los resultados combinados de malentendidos, falta de comunicación y de confianza, creencias erróneas y egos muy grandes, más que resultados de preconcebidas, bien planeadas y deliberadas acciones por parte de los Gobiernos, Armadas e Instituciones. Y muy al centro del problema, muchas veces se pueden encontrar las idiosincrasias, debilidades e imprudencia del carácter humano. Uno puede debatir sobre los puntos más específicos y pequeños de la neutralidad en la ley internacional, pero el bombardeo de Valparaíso debe ser eventualmente juzgado como un incontrolado choque de muchas personalidades distintas e impresionantes.
He tenido mucha ayuda escribiendo este libro. En el Reino Unido, me he beneficiado de que viejos amigos me hayan otorgado tanto tiempo e interés. La vasta experiencia de Stuart Booth en el mundo de la publicación y edición fueron invaluables, y se le ocurrió también un gran título. Irene Lally pasó más horas que las razonables corrigiendo y comentando el texto. Otro viejo amigo de mis días en el Whitehall (centro administrativo del Gobierno británico), Traudi Shah, gentilmente me brindó comida y alojamiento mientras estaba excavando el Archivo Nacional en Kew. En Francia, Richard y Billie Blackhurst me otorgaron importantes comentarios y sugerencias. En Chile, mi deuda más grande se la debo a la talentosa familia de Jorge Martínez García: Herna, Andrea y Daniela, al igual que a Jorge mismo. Sin ellos, mi esposa y yo nunca hubiéramos podido seguir nuestro sueño de poseer y restaurar una casa en el sector antiguo del Cerro Alegre. Nos apoyaron sin descanso con sus consejos, ayuda, habilidades de traducción e interpretación al igual que su hospitalidad y motivación, a lo largo del curso de mi investigación y escritura de este libro, y reflejan una profunda amistad. Lo mismo debe decirse de un brillante joven estudiante de leyes, Marcelo Meza. Gonzalo Serrano, de la Universidad Andrés Bello, Viña del Mar, me asistió con unos comentarios especialmente útiles. Estoy muy agradecido por el apoyo del Instituto Chileno Británico de Cultura de Valparaíso, especialmente por parte de Mario Oliva y de Michelle Prain. Finalmente, le agradezco a mi querida esposa, Liliane, por soportar todo esto y llenar con su usual sabiduría mis actividades obsesivas.
David Woods
Diciembre 2010
Introducción
31 de marzo, 1866
Y entonces vino el bombardeo
. Ahí estaba la hermosa bahía con sus ondulantes costas, la ciudad de Valparaíso a un lado, al otro la larga línea de cerros. Y ahí, justo en la entrada de la bahía, estaba la flota española, y la flota norteamericana, y la flota rusa, y todas las otras flotas. Y cuando llegó la mañana una tras otra zarparon hacia el mar abierto, con grandes círculos y barridos, hasta que solo quedó la flota española. Se posicionó justo en frente de la ciudad, explotó un cañonazo, y el bombardeo comenzó. Los chilenos ni pretendieron defenderse. Todas las personas se quitaron del camino y yo y los otros oficiales cabalgamos a los cerros de al frente, desde donde podíamos observarlo todo. Los españoles realizaron el bombardeo de la manera más educada; simplemente incendiaron unas pocas casas, y una sola vez, con cierto sentido del humor, mandaron un cañonazo en dirección nuestra. Y en ese momento supe lo que era el pánico. Yo y los oficiales nos dimos la media vuelta y cabalgamos tan rápido como podíamos, hacia cualquier dirección. La cabalgata fue espléndida, y yo, un hombre de la Academia Militar de los Estados Unidos (West Point) iba dirigiéndola. Ya para el mediodía se había acabado todo. La flota española se puso en posición para zarpar, las otras flotas se alejaron navegando, los marineros bajaron para ayudar a apagar los incendios, y yo y los oficiales cabalgamos de vuelta a Valparaíso. Todas las pequeñas niñas de la ciudad habían salido a la calle a esperarnos, y mientras entrábamos nos gritaron ‘¡Cobardes!’.
Así fue la parcial –y no muy acertada– recolección del celebrado artista norteamericano James McNeill Whistler (1834-1903). Él había estado por unos días en la bahía, a bordo de uno de los buques de guerra norteamericanos, antes de que el almirante Casto Méndez Núñez hubiera cumplido finalmente con sus amenazas de bombardear Valparaíso. La presencia de Whistler nunca se ha logrado explicar por completo y mucho menos por él mismo. Al parecer, no se encontraba allí principalmente por propósitos creativos, si bien dos de sus obras más famosas¹ fueron pintadas durante su estadía.
Mientras que su historial de West Point estaba, en verdad, muy lejos de ser glorioso, el artista siempre afirmó que era un hombre militar hasta los huesos. Se consideraba, así mismo, un partidario de los confederados, pero no había tenido ningún rol en la guerra civil de su propio país de nacimiento, ya que hace mucho tiempo se había ido a Europa y nunca había regresado. El apuro de Chile frente a la amenaza de España, por otro lado, lo excitaba enormemente. Más adelante escribió:
Fue un momento en el que muchos de los sureños que la guerra había convertido en aventureros se encontraban deambulando por Londres, buscando algo que hacer, y, no sé cómo, ese algo terminó convirtiéndose en una expedición para ir a ayudar a los chilenos e inexplicablemente también a los peruanos. De cualquier manera, los sudamericanos necesitaban ayuda para defenderse de los españoles. Algunos de ellos se me acercaron ya que yo era un hombre de West Point y me pidieron que me uniera a ellos –y todo sucedió en una sola tarde. Inmediatamente me subí a un buque desde Southampton a Panamá.
La expedición bien podría haber sido producto de una imaginación muy fértil. De cualquier manera, ni Whistler ni sus supuestos hermanos de armas hubieran encontrado mucho en qué ocuparse cuando llegaron a Chile; en ese momento de la crisis de seis meses entre las dos naciones, la misión era bastante inútil. Por lo tanto, se encontró convertido en un simple observador de la indignación final de España en contra de lo que había sido alguna vez su colonia, ahora irritante e impositiva.
La descripción ofrecida por Whistler –quien logró observar una «flota rusa» que ciertamente no existía en las aguas del Pacífico en esos tiempos, y que falló en notar la amplia escuadra naval inglesa–, sugiere la existencia de una caprichosa pero prácticamente inofensiva demostración de fuegos artificiales. Tal vez podría haber sido ciertamente un precursor de los espectáculos masivos en las vísperas de año nuevo por los cuales Valparaíso es muy conocido. Pero Whistler estaba observando la acción desde una distancia relativamente segura, protegido de la ocasional bola de cañón que se podía desviar de su camino. Si bien no había sido exactamente el Armagedón, los espectadores estaban horrorizados con el embate. Los testigos más confiables eran los funcionarios de la Intendencia, la oficina del gobernador, quienes se habían posicionado muchos kilómetros lejos del lugar donde estaba Whistler, inmediatamente arriba del puerto entre una gran parte de residencias de ingleses en el Cerro Alegre. El recuento de ellos, minuto a minuto y transmitido por telégrafo a Santiago, que más tarde fue publicado en los boletines oficiales sobre la guerra y en el periódico de Valparaíso –El Mercurio–, es el único registro exhaustivo que queda. Estos despachos, repletos de hipérboles patrióticas, registraron los eventos más significativos del día prácticamente como sigue.
Fiel a su promesa de entregar al menos una advertencia, el almirante Méndez Núñez hizo que su buque insignia, el acorazado Numancia, disparara dos tiros en blanco a las 8.10 am en la mañana del sábado santo, el 31 de marzo de 1866, como advertencia de que el bombardeo empezaría pronto. A ese punto, la flota británica se retiró de la bahía y se posicionó para observar, tal como lo hizo también la escuadra norteamericana. La mayor parte de la población civil se había retirado hacia las alturas de los cerros como se les había aconsejado; solo la guarnición militar se encontraba presente en el centro de la ciudad, con tres unidades de bomberos, uno de voluntarios desde Santiago, esperando allí para poder controlar los incendios una vez que el bombardeo cesara.
Numancia se posicionó en el centro de la bahía. Resolución se puso frente a la plaza Victoria mirando hacia el este de la ciudad; Vencedora se alineó con la calle Cochrane, más cerca de lo que es actualmente el puerto naval. Villa de Madrid y Blanca formaron una segunda fila de barcos de guerra observando a los objetivos más tentadores que eran los almacenes fiscales hacia el límite oeste de Valparaíso. Al otro extremo, cerca de Viña del Mar, se encontraba Berenguela.
A las 8.45 am, Numancia se ha colocado frente al Cerro Concepción y fue seguido por Blanca. Una media hora después comenzó el bombardeo.
Los primeros disparos –de proyectiles, balas de cañón y granadas incendiarias– por parte de Villa de Madrid fueron dirigidos a los almacenes fiscales y al viejo fuerte de San Antonio, en el cerro inmediatamente arriba, a pesar de
