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Tu corazón en la boca: Qué son realmente las enfermedades cardiovasculares y qué podemos hacer para prevenirlas e incluso revertirlas
Tu corazón en la boca: Qué son realmente las enfermedades cardiovasculares y qué podemos hacer para prevenirlas e incluso revertirlas
Tu corazón en la boca: Qué son realmente las enfermedades cardiovasculares y qué podemos hacer para prevenirlas e incluso revertirlas
Libro electrónico375 páginas4 horas

Tu corazón en la boca: Qué son realmente las enfermedades cardiovasculares y qué podemos hacer para prevenirlas e incluso revertirlas

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Información de este libro electrónico

Si paras a cualquier persona en la calle y le preguntas sobre las causas de las enfermedades cardíacas, ¿sabes cuál será su respuesta?: la mantequilla, los huevos, la carne y las grasas. Esta infame hipótesis de la dieta y el corazón se propuso en 1953, y mientras científicos de todo el mundo comenzaban a poner en duda sus principios básicos, esa teoría estaba dando lugar a una poderosa campaña publicitaria contra el colesterol y las grasas.

En este libro, la doctora Campbell-McBride aborda las enfermedades cardiacas causadas por la aterosclerosis —una enfermedad de la pared arterial que provoca el estrechamiento y la obstrucción de las arterias— y explora cómo prevenirla y revertirla. La autora esclarece el mito de la hipótesis de la dieta y el corazón, y explica que el colesterol no es el enemigo, sino una parte integral e importante de nuestras membranas celulares.
IdiomaEspañol
EditorialEditorial Diente de León
Fecha de lanzamiento29 abr 2024
ISBN9788412366921
Tu corazón en la boca: Qué son realmente las enfermedades cardiovasculares y qué podemos hacer para prevenirlas e incluso revertirlas
Autor

Natasha Campbell-McBride

Natasha Campbell-McBride es doctora en Medicina con dos títulos de posgrado, uno en Neurología y otro en Nutrición. Después de ejercer durante cinco años como neuróloga y otros tres como neurocirujana en Rusia, se trasladó al Reino Unido, donde desarrolló sus teorías sobre la relación entre los trastornos neurológicos y la nutrición. Es reconocida como una de las principales expertas mundiales en el tratamiento de problemas de aprendizaje, trastornos mentales, digestivos e inmunológicos. Es autora de ¿Quiero ser vegetariano? Claves para tomar una decisión y de GAPS, el síndrome psico-intestinal, ambos libros publicados por Diente de León. Participa en numerosas conferencias y seminarios internacionales y ha creado varios cursos de formación relacionados con el protocolo GAPS. Recientemente fundó la GAPS Science Foundation, que investiga la importancia de la nutrición con la intención de mejorar la salud de las personas.

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    Tu corazón en la boca - Natasha Campbell-McBride

    Tu corazón en la boca

    Qué son realmente las enfermedades cardiovasculares y qué podemos hacer para prevenirlas e incluso revertirlas

    Dra. Natasha Campbell-McBride

    Título original: Put Your Heart in Your Mouth. What Really is Heart Disease and What can we do to Prevent and even Reverse it.

    Publicado por primera vez en el Reino Unido en 2007, por Medinform publishing, edición revisada 2016.

    Acuerdo de publicación con Dra. Natasha Campbell-McBride (Natalya Nailyevna Campbell-McBride) de Medinform publishing.

    © De esta edición:

    Editorial Diente de León, S.L.U. 2024

    Calle Santa Engracia, 17

    28010 Madrid

    www.editorialdientedeleon.com

    Primera edición: mayo 2024

    © del texto: Natasha Campbell-McBride, 2016

    © de la traducción: Carmen Itamad Cremades Romero, 2024

    ISBN eBook: 978-84-123669-2-1

    La editorial Diente de León está comprometida con la ecología y la salud, lo que significa reducir al mínimo nuestro impacto medioambiental.

    Reservados todos los derechos en lengua castellana. No está permitido la reproducción total ni parcial de esta obra, ni su tratamiento o transmisión por ningún medio o método sin la autorización por escrito de la editorial.

    La editorial agradece todos los comentarios y observaciones: ana@editorialdientedeleon.com

    ÍNDICE

    INTRODUCCIÓN

    I.LOS MITOS

    1.La hipótesis de la dieta y el corazón

    2.El colesterol: ¿amigo o enemigo?

    II.¿QUÉ ES LA ATEROSCLEROSIS?

    3.La aterosclerosis es un trastorno inflamatorio

    4.¿Qué causa la aterosclerosis?

    III.¿QUÉ HACEMOS?

    5.¿Qué hay que hacer para prevenir la aterosclerosis, los ataques cardiacos y los ictus?

    Primera medida. ¡Deja de comer alimentos procesados!

    6.¿Qué deberíamos comer para prevenir la aterosclerosis y sus complicaciones letales?

    Segunda medida. ¡Deja de contaminar tu cuerpo!

    IV.ASUNTOS RELACIONADOS QUE DEBES CONOCER

    7.¡Todas las enfermedades comienzan en el intestino!

    8.¡No existe mayor ciego que un doble ciego!

    CONCLUSIÓN

    SELECCIÓN DE RECETAS

    LECTURAS RECOMENDADAS

    ÍNDICE ANALÍTICO

    ÍNDICE DE RECETAS

    NOTAS

    INTRODUCCIÓN

    Una nueva verdad científica no triunfa convenciendo a sus opositores […], sino más bien porque sus opositores terminan muriendo y una nueva generación familiarizada con ella madura.

    MAX PLANCK,

    médico alemán y Premio Nobel

    Todos conocemos a alguien que padece enfermedades cardiacas o que ha muerto a causa de ellas. Las enfermedades cardiovasculares son la peste moderna. Oímos hablar de ellas en los medios de comunicación, cada vez que visitamos al médico y cada vez que conversamos con amigos. Se han convertido en un rumor de fondo y no nos detenemos a pensar qué demonios son las enfermedades cardiacas y si deberían preocuparnos.

    Las personas pueden padecer problemas cardiacos muy diferentes, como fiebre reumática, defectos cardiacos congénitos, infecciones, tumores, cardiomiopatías, lesiones, daños causados por fármacos y otras toxinas y fallos cardiacos. Sin embargo, cuando la gente habla de «enfermedad cardiaca» se refiere a la enfermedad de las arterias coronarias (EAC). ¿Por qué? Porque es la asesina número uno del mundo occidental: más de un tercio de la población de los países desarrollados muere a causa de la EAC¹,². Pese a que la ratio de muertes provocadas por la EAC se ha reducido un poco en los últimos quince años, el número de individuos que contrae esta enfermedad continúa creciendo. Y, sin embargo, a comienzos del siglo XX la EAC resultaba tan extraña que los principales manuales de Medicina no la describían, porque los médicos prácticamente nunca la habían visto. Hoy se estima que unos diecisiete millones de personas mueren al año en todo el mundo a causa de enfermedades cardiovasculares, y el mayor incremento se produce en los países en desarrollo, donde las enfermedades cardiacas están adquiriendo proporciones epidémicas³.

    SE CREE QUE LA ATEROSCLEROSIS ES LA CAUSA DE LA EAC

    ¿Qué es la aterosclerosis? Es una enfermedad de la pared arterial que conduce al estrechamiento y la obstrucción de la arteria. El estrechamiento se debe a la deformación esclerótica de la arteria y al desarrollo de parches en relieve, llamados «placas de ateroma», en el recubrimiento interior de la pared arterial⁴. En función del órgano que la arteria alimente, la aterosclerosis en sus paredes impedirá que la sangre fluya a él.

    Hagamos un repaso de los órganos más afectados:

    1.La aterosclerosis en las arterias que alimentan el corazón (las llamadas «arterias coronarias») da lugar a nuestro motivo de fallecimiento más común: la enfermedad de las arterias coronarias (EAC), la enfermedad sobre la que trata este libro.

    2.Los daños que la aterosclerosis provoca en las arterias que alimentan el cerebro causan apoplejías*: nuestro tercer motivo de fallecimiento más común (tras el cáncer).

    3.La aterosclerosis en las arterias periféricas desencadena la enfermedad vascular periférica, asociada a síntomas como dolores musculares, extremidades frías, úlceras y gangrena.

    4.Los daños de la aterosclerosis en las arterias renales pueden derivar en presión arterial alta (hipertensión) y fallo renal.

    5.La aterosclerosis en las arterias intestinales puede conducir a dolores abdominales severos y anomalías digestivas; también puede desembocar en la gangrena del intestino.

    Dondequiera que la aterosclerosis se desarrolle, impide la circulación sanguínea y, por consiguiente, el funcionamiento de las órganos y los tejidos alimentados por esa arteria.

    Las dos manifestaciones principales de la enfermedad de las arterias coronarias (EAC) son la angina de pecho y el infarto de miocardio (ataque al corazón).

    La angina de pecho se produce cuando el lumen (el espacio interior) de la arteria coronaria se estrecha pero no se cierra. Así pues, cuando la persona está en reposo, el corazón puede lidiar con el suministro de sangre reducido. Sin embargo, cuando el individuo realiza alguna actividad física y la musculatura cardiaca tiene que emplearse a fondo, la arteria con aterosclerosis no es capaz de suministrarle la sangre suficiente. El resultado es un muy típico dolor opresivo en el pecho, detrás del esternón, que suele irradiarse al cuello y al brazo izquierdo, rara vez al brazo derecho*. En los estadios iniciales el dolor desaparece con el reposo. A medida que la enfermedad avanza, el afectado tiene que ingerir medicamentos (nitroglicerina u otros nitratos) para que las arterias se dilaten, la circulación sanguínea mejore y, por consiguiente, cese el dolor⁵.

    El ataque al corazón o infarto de miocardio se produce cuando la arteria coronaria se cierra por completo y el suministro de sangre al corazón se detiene. Como resultado, la zona del corazón alimentada por esa arteria concreta muere. Puede sucederle a alguien que jamás ha experimentado síntomas cardiacos o a una persona que ha padecido angina de pecho durante años. Los ataques al corazón suelen manifestarse mediante un dolor de pecho agudo sin relación con actividad física alguna y que los nitratos no alivian. Generalmente el dolor viene acompañado por un miedo intenso, sudores fríos, náuseas y shock. En casos extraordinarios, los ataques al corazón pueden resultar silenciosos y producirse sin dolor. Casi la mitad de las personas que sufren un ataque al corazón mueren en las primeras dos o tres horas. Quienes logran superar las primeras horas tardan semanas en recuperarse. La cicatriz que les queda en el corazón puede derivar en arritmia, fallo cardiaco y otras complicaciones. La arritmia es una anomalía en la frecuencia cardiaca provocada por una perturbación en el sistema eléctrico del corazón. Tanto la angina de pecho como el infarto pueden desembocar en arritmia.

    La medicina moderna ha desarrollado un arsenal de medios para ayudarnos a sobrevivir a la enfermedad de las arterias coronarias: diversos medicamentos, el baipás coronario, la angioplastia con balón e incluso el trasplante de corazón. En consecuencia, las muertes por enfermedades cardiacas se han reducido algo en los últimos quince años. Sin embargo, la medicina no tiene una cura que ofrecernos. Así pues, si padeces la EAC puede que necesites ayuda médica durante el resto de tu vida. Por consiguiente, la verdadera pregunta es cómo se previenen las enfermedades cardiacas. Para entenderlo, necesitamos saber cómo evitar caer presa de la auténtica peste moderna: la aterosclerosis.

    La aterosclerosis se conoce desde hace siglos; Hipócrates y Galeno describieron sus síntomas. Rembrandt retrató con destreza a un anciano con aterosclerosis avanzada: venas recias y retorcidas visibles bajo la piel, un anillo de grasa amarillento alrededor del iris*, signos de una circulación pobre en la nariz y las mejillas, cúmulos de grasa amarillentos alrededor de los ojos (llamados «xantelasmas»), caída del cabello y piel seca.

    Los estudios de autopsias han revelado que, en torno a los sesenta años, el cien por cien de las personas muestra algunos signos de aterosclerosis. Cuanto mayores nos hacemos, más características de la aterosclerosis acumulamos. Por consiguiente, la pregunta es si la aterosclerosis es una enfermedad o simplemente una parte normal del proceso de envejecimiento. Quizás sea una parte normal del envejecimiento, pero lo cierto es que cada vez más jóvenes sufren esta enfermedad, y esto es un signo de que algo no marcha bien, está sucediendo algo que la naturaleza no pretendía.

    La medicina convencional desconoce las causas de la aterosclerosis y cómo curarla. Han identificado factores de riesgo, y creen que contribuyen al desarrollo de la aterosclerosis. Sin embargo, solo son factores de riesgo; no causas de la enfermedad. Entre ellos figuran fumar, la obesidad, la diabetes, la presión arterial alta, el sedentarismo, la pertenencia al sexo masculino, los antecedentes familiares de enfermedades arteriales, el estrés y las personalidades ansiosas y agresivas. Existen unos doscientos factores de riesgo, y la lista continúa creciendo.

    No obstante, los factores de riesgo de los que más se oye hablar son el colesterol y las grasas. Los medios de comunicación masivos, los médicos, los farmacéuticos, las entidades gubernamentales y la industria alimentaria continúan diciéndonos que el colesterol y las grasas «provocan» las enfermedades cardiacas y todas las demás manifestaciones de la aterosclerosis. Nos dicen que no consumamos grasas naturales ni alimentos naturales que contienen colesterol, y que los remplacemos por aceites vegetales y margarina. Nos dicen que eliminemos la carne y los huevos de nuestra dieta y que los sustituyamos por carbohidratos. Iniciaron y siguen promoviendo la paranoia por las grasas entre la población. Emplean poderosos fármacos y otros procedimientos para reducir nuestro nivel de colesterol en sangre. Llevan en guerra contra el colesterol y las grasas los últimos cuarenta o cincuenta años. Sin embargo, las ratios de aterosclerosis y enfermedades cardiacas continúan avanzando con paso firme⁶. En todo el mundo se siguen produciendo tantos ataques al corazón e ictus como antes, pese al seguimiento de dietas «saludables para el corazón», a que se haga deporte y a que se consuman «pastillas para el colesterol». Es innegable que somos menos los que morimos de ataques al corazón e ictus porque la medicina cuenta con mejores herramientas para salvar nuestras vidas cuando llega el momento. Pero las enfermedades cardiacas y otras manifestaciones de la aterosclerosis no muestran señales de declive. Los esfuerzos de nuestra medicina, nuestros gobiernos y de nuestras industrias farmacéutica y alimentaria no suponen ninguna diferencia. Están perdiendo la «guerra contra las enfermedades cardiacas» que declararon hace décadas. ¿Estamos haciendo algo mal?

    En este libro trataremos de entender qué es exactamente la aterosclerosis y qué la provoca realmente. Haremos un repaso de lo que todos y cada uno de nosotros puede hacer para prevenir, e incluso revertir, el desarrollo de las aterosclerosis en nuestro cuerpo. Pero antes de llegar a este punto, tenemos que desarmar algunos mitos tan integrados en nuestra sociedad que ya ni siquiera los cuestionamos. «Estar con el corazón en la boca» es una vieja expresión que hace referencia a experimentar ansiedad o miedo ante algo, tal ansiedad que sentimos como si el corazón nos latiera a través de la garganta y la boca. Esta expresión supone un buen indicativo de la actitud global hacia las enfermedades cardiacas en nuestro mundo moderno. En el año 1700 Sir Robert Walpole dijo: «Cuando las personas no cultivan y podan sus mentes, son susceptibles de que las invada la maleza». Así pues, limpiemos el camino de maleza para que podamos contemplar sin obstáculos la realidad tras nuestra epidemia de enfermedades cardiacas.

    * Conocidas como accidente cerebrovascular (ACV), derrame cerebral o ictus. [N. de la E.].

    * En la actualidad existe abundante literatura médica sobre las diferencias de los síntomas de un infarto en el hombre y en la mujer. Los que describe la autora son los masculinos habituales. [N. de la E.].

    * Se refiere al llamado «arco senil». [N. de la E.].

    I

    LOS MITOS

    1. LA HIPÓTESIS DE LA DIETA Y EL CORAZÓN

    La hipótesis de la dieta y el corazón es el mayor engaño científico de este siglo, quizás de cualquier siglo.

    GEORGE MANN,

    médico y científico estadounidense

    Todo el mundo ha oído que el colesterol y las grasas «obstruyen las arterias» y «provocan enfermedades cardiacas». Incluso a los niños se les ha dicho que el colesterol y las grasas son «malos». Durante décadas hemos sido educados en esta dirección por los medios de comunicación, los anuncios y etiquetas en los alimentos como «bajo en grasas», «sin grasas», «sin colesterol», «reduce el colesterol» o «protege el corazón». Los médicos también están convencidos: los medicamentos para reducir el colesterol son los fármacos que más se prescriben en el mundo tras los analgésicos. Actualmente el poder farmacéutico trabaja con mucho esmero en un objetivo mayor: que todo el mundo —incluidos nuestros hijos— consuma tratamientos preventivos para reducir el colesterol.

    ¿Cómo se las ha apañado la humanidad para verse envuelta en esta situación? Ha sido gracias a la hipótesis de la dieta y el corazón, propuesta por primera vez en 1953 por Ancel Keys, director del Laboratory of Physiological Hygiene de la Universidad de Minnesota. Su hipótesis sostenía que las grasas, incluido el colesterol, provocan enfermedades cardiacas y que prescindiendo de estos alimentos podemos evitar desarrollarlas¹. Para apoyar su idea, Ancel Keys elaboró un diagrama que ilustraba la correlación entre el consumo de grasas y las muertes debidas a enfermedades cardiacas en seis países, cuidadosamente escogidos entre los veintidós acerca de los cuales existían datos disponibles. Este diagrama mostraba una correlación perfecta: cuanto mayor consumo de grasa, más muertes debidas a enfermedades cardiacas. No obstante, cuando los países descartados se incluyen en el diagrama, la correlación desaparece. De hecho, en este caso el diagrama muestra que no existe una correlación entre el consumo de grasa y las muertes causadas por enfermedades cardiacas.

    Con el método de Ancel Keys uno puede demostrar lo que le venga en gana. Por ejemplo, digamos que queremos demostrar que la causa del acné es… ser propietario de un secador de pelo. Para lograrlo, recopilaremos información procedente de tantos países como resulte posible sobre el número de propietarios de un secador de pelo y el número de personas que padecen acné. Volcaremos todos los datos en un diagrama donde el eje horizontal representa los secadores y el vertical el número de personas con acné. Terminaremos obteniendo una gran cantidad de puntos, cada uno de los cuales representa a un país concreto. A continuación escogeremos aquellos puntos que encajen perfectamente con una línea ascendente de izquierda a derecha y borraremos el resto. Y, ¡bingo!, ya tenemos un diagrama que demuestra que tener un secador provoca acné. Así es como Ancel Keys elaboró su diagrama. Resulta absolutamente desconcertante comprender por qué demonios la comunidad científica del momento aceptó este tipo de evidencia. ¡Por alguna razón lo hizo! De esta manera comenzó la prolongada vida de la hipótesis de la dieta y el corazón: con un engaño.

    Un proverbio ruso dice: «Si no hay peces cerca, una gamba servirá». Por aquel entonces la epidemia de las enfermedades cardiacas se estaba convirtiendo en un asunto importante en Estados Unidos y las autoridades estaban desesperadas por ofrecer alguna explicación al público para demostrar que se hacían cargo del problema. Así pues, cuando Ancel Keys propuso su hipótesis, inmediatamente atrajo a los políticos y al establishment médico, y el dinero empezó a llegar a raudales. Fundaron instituciones y laboratorios dedicados a la hipótesis de la dieta y el corazón, contrataron a miles de personas y concedieron subvenciones a los científicos para su demostración. Acto seguido los medios celebraron el nuevo descubrimiento. Una vez que los políticos y el público compraron la idea, los investigadores tuvieron que elaborar estudios a su medida. Así que se pusieron manos a la obra. ¡Ninguna otra hipótesis médica se había investigado tanto! Para demostrar que las grasas y el colesterol causaban las enfermedades cardiacas se realizaron cientos de estudios en todo el mundo. Un antiguo proverbio chino dice: «Hay que cortar el pie para que el zapato calce». Esto fue exactamente lo que se hizo con una gran cantidad de estudios para que apoyaran la hipótesis de la dieta y el corazón. Los ponentes usaron los datos selectivamente: ignoraron los que no apoyaban la hipótesis e inflaron y promocionaron los que sí lo hacían. Mientras tanto, por cada estudio que intentaba defender la idea, en diferentes países surgían otros, honestos, que demostraban el error. No obstante, la maquinaria política y comercial se encontraba en movimiento, y no estaba dispuesta a detenerse.

    Mientras, muchos médicos de renombre e investigadores honestos, formados para analizar las evidencias científicas que ellos mismos habían acumulado, se oponían y criticaban la hipótesis de la dieta y el corazón y los supuestos estudios científicos realizados para apoyarla.

    El doctor Reiser, exprofesor de Bioquímica en la Universidad de Texas, llevó a cabo una exhaustiva revisión de casi todos los experimentos sobre la influencia de los ácidos grasos en el colesterol en sangre. Su conclusión fue que la mayoría de los experimentos eran «parciales debido a carencias serias» y escribió: «Hay que ser alguien realmente atrevido para intentar persuadir a amplios segmentos de la población mundial de que cambien su dieta habitual […] en función de los resultados de semejantes investigaciones ensayo-error, descontroladas, primitivas»².

    El fallecido George Mann, exprofesor de Medicina y Bioquímica en la Universidad Vanderbilt de Tennessee, se refirió a la hipótesis de la dieta y el corazón como «el mayor engaño científico de nuestro tiempo». A propósito de los investigadores que promovían la hipótesis escribió: «Temerosos de perder la financiación indirecta, académicos que deberían pronunciarse y detener este desperdicio anticientífico se encuentran extrañamente silenciosos. Su silencio ha retrasado una generación el hallazgo de una solución para la enfermedad de las arterias coronarias»³.

    El doctor Paul J. Rosch, presidente del American Institute of Stress, profesor colaborador de Medicina y Psiquiatría del New York Medical College, vicepresidente de la Stress Management Association y director de su rama estadounidense, escribió: «Se ha urdido una cruzada colosal para disminuir nuestros niveles de colesterol mediante una estricta reducción del consumo de grasas, aparejada con agresivos tratamientos farmacológicos. En gran medida este ímpetu procede de la especulación, más que de pruebas científicas sólidas […]. El cartel del colesterol de las farmacéuticas, los fabricantes de alimentos bajos en grasas, los de dispositivos para analizar la sangre y otros inversores con importantes intereses financieros ha llevado a cabo una campaña publicitaria de enorme éxito. Su poder es tan grande que se han infiltrado en agencias reguladoras médicas y gubernamentales que normalmente deberían protegernos de semejantes dogmas carentes de sustancia»⁴.

    La fallecida doctora Mary Enig, experta internacional en la bioquímica de los lípidos, presidenta de la Maryland Nutritionists Association y editora independiente del Journal of the American College of Nutrition y de muchas otras publicaciones científicas, escribió: «La idea de que las grasas saturadas provocan enfermedades cardiacas es completamente errónea, pero la afirmación se ha publicado en tantas ocasiones durante al menos las últimas tres décadas que resulta muy difícil convencer a las personas de lo contrario, a menos que estén dispuestas a tomarse el tiempo para leer y aprender sobre todos los factores económicos y políticos que intervinieron en la creación de la agenda anti-grasas saturadas»⁵.

    El doctor William E. Stehbens, profesor en el Departamento de Patología de la Wellington School of Medicine y director del Malaghan Institute of Medical Research en Wellington, Nueva Zelanda, llevó a cabo una rigurosa revisión de estudios sobre la hipótesis de la dieta y el corazón y escribió: «La hipótesis de los lípidos ha disfrutado de una longevidad y un respeto inmerecidos. Los lectores deberían estar al corriente de la naturaleza acientífica de las afirmaciones empleadas para sustentarla y contemplarla como poco más que un consejo pernicioso […]. El uso indiscutido y continuo de datos poco fiables ha conducido a conclusiones prematuras y al sacrificio de la verdad. El grado de imprecisión de estadísticas vitales para la enfermedad de las arterias coronarias es de una magnitud tan incierta que, cuando esta se superpone con otras deficiencias indicadas, la noción de un incremento y una disminución de la epidemia de la enfermedad en muchos países debe concebirse como falta de pruebas, y las políticas gubernamentales y sanitarias basadas en datos poco fiables se convierten en absolutamente indefendibles […]. La perpetuación del mito del colesterol y de supuestas medidas preventivas en este y otros países está resultando muy dañina para las industrias láctica y cárnica, además del peligro potencial que supone para unos niveles de nutrición óptimos y para la salud de la población en general»⁶.

    El doctor Ray Rosenman, cardiólogo, director de Investigación Cardiovascular retirado del Programa de Ciencias de la Salud del SRI International en Menlo Park, California, y asociado jefe de Medicina en el Mount Zion Hospital and Medical Center de San Francisco, le ha dedicado un amplio número de publicaciones a las enfermedades cardiovasculares. He aquí su conclusión sobre todos los estudios científicos relacionados con la hipótesis de la dieta y el corazón: «Estos datos conducen

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