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El nacimiento imposible o el niño enclavado
El nacimiento imposible o el niño enclavado
El nacimiento imposible o el niño enclavado
Libro electrónico574 páginas5 horas

El nacimiento imposible o el niño enclavado

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Las fantasías expresadas por analizantes guionistas y actores van a esbozar la problemática inconsciente que vamos a elaborar a lo largo de este libro. Sabemos a partir de la fórmula freudiana de la " Otra escena", todo lo que la cura psicoanalítica gana extrayendo del mundo del teatro su elucidación. Tanto como el autor, el analizante está obligado por la puesta en marcha de la "cura por la palabra" a componer el texto en el cual él debería ser a veces el actor, otras veces el director de escena y el instructor.
Estos guionistas-pacientes formulan a menudo, en cierto momento de la cura, el deseo de escribir una pieza teatral en la cual tendrían un papel "a medida". Manifiestan su intención, pero cada vez sobreviene la angustia de la muerte a la idea de encarnar a su propio personaje, impidiéndoles realizar este proyecto: pueden acabar la pieza con la sola condición de delegar la interpretación de su papel a un actor de quien ellos serían simplemente el instructor. Pero, mientras que el actor, frente a la mirada de los espectadores, hace realmente vivir al personaje sin correr el riesgo de morir, el analizante, escondido en el espacio del apuntador, se siente verdaderamente existir sólo por su voz, y por la mirada del director de escena, quien, sentado en la orquesta, dirige el conjunto (la mirada del analista supuesto "ver" de antemano sus intenciones inconscientes y saberlo todo respecto a su deseo). El analizante no puede comprometerse en la "representación", en la cual él es el único director de obra, sino delegando ese lugar a otro, ese doble radicalmente ajeno, encargado de representar en el teatro del "Yo", su propio papel.

IdiomaEspañol
EditorialAriel Publisher
Fecha de lanzamiento23 ago 2024
ISBN9798227495433
El nacimiento imposible o el niño enclavado

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    Vista previa del libro

    El nacimiento imposible o el niño enclavado - Tamara Landau

    ÍNDICE

    Presentación de la colección Psicoanálisis por el Lic. Oscar Lamorgia 5

    PRÓLOGO 13

    INTRODUCCIÓN 15

    ELEMENTOS CLÍNICOS15

    ESQUEMA DEL ÁRBOL INVERTIDO Y EL NIÑO ENCLAVADO19

    PRIMERA PARTE

    DE LA TRANSFERENCIA 25

    CAPÍTULO I   TRANSFERENCIA,   PERCEPCIÓN

    DE SÍ Y SENTIMIENTO DE EXISTIR 25

    TRANSFERENCIA, ATENCIÓN FLOTANTE E INGRAVIDEZ29

    Una experiencia de danza con Kitsou Dubois

    Construcción del esquema funcional y sentimiento de existir realmente

    LA TRANSFERENCIA EN EL ESPACIO-TIEMPO DE LA SESIÓN38

    La transferencia y el sentimiento de existir realmente

    Dos casos

    Charlie, el hombre invisible Claude, la mujer que se cre tortuga

    NOTAS 64

    CAPÍTULO II   EL  ESQUEMA  DEL  áRBOL  INVERTIDO

    Y LA PERCEPCIÓN DE SÍ EN EL NIÑO 69

    LA EXPERIENCIA EN UN TALLER DE ESCULTURA69

    SENTIR QUE NUESTRO CUERPO NOS PERTENECE75

    Sylviane, la mujer que se creía ser un elefante Historia de Sylviane

    Relato de los cuatro tiempos de la cura Maeva, una crisálida matricida

    NOTAS 109

    SEgUNDA PARTE

    ONTOGÉNESIS

    Y ESQUEMA DEL ÁRBOL INVERTIDO

    111

    CAPÍTULO I   HUELLA  PRIMORDIAL  Y  CONSTITUCIÓN

    DEL SENTIMIENTO DE EXISTIR 113

    SENTIMIENTO DE EXISTIR REALMENTE Y PULSIONES

    DE AUTOCONSERVACIÓN DEL YO 115

    EL NIÑO, EL DESEO Y EL TIEMPO119

    LAZO BIOLÓGICO DE FAMILIARIDAD122

    PULSIÓN DE DOMINIO Y TRANSMISIÓN

    DEL SENTIMIENTO CONTINUO DE EXISTIR 124

    NOTAS 127

    CAPÍTULO II   NARCISISMO  PRIMORDIAL

    Y ESPEJO PRIMORDIAL 130

    PRIMERA FASE DEL ESPEjO PRIMORDIAL:

    DE LA FECUNDACIÓN AL TERCER MES DE EMBARAZO 132

    Incorporación e identificación mimética con el padre

    Primera castración primordial

    Patologías ligadas a la primera fase

    SEGUNDA FASE DEL ESPEjO PRIMORDIAL:

    DEL CUARTO AL SEXTO MES DE EMBARAZO 140

    Incorporación e identificación mimética con el niño primordiales

    Segunda castración primordial (preconsciente)

    Patologías ligadas a la negación de la segunda castración primordial (preconsciente)

    TERCERA FASE DEL ESPEjO PRIMORDIAL:

    DE LOS SEIL A LOS NUEVE MESES DE EMBARAZO 145

    Incorporación e identificación mimética primordial con la madre

    Tercera castración primordial (consciente)

    Patologías ligadas a la renegación de la tercera castración primordial (consciente)

    NOTAS 153

    CAPÍTULO III  PARTO Y CASTRACIÓN PRIMITIVA 156

    LA CASTRACIÓN PRIMITIVA156

    Descripción del fenómeno

    Patologías ligadas a la renegación de la castración primitiva

    EL PUNTO DE VISTA DEL NIÑO167

    El nacimiento

    Fragmentos clínicos

    Jean y Jeannette: Hasta la muerte Leila o la niña de la noche sin estrellas Moisés o la salida del enclave

    NOTAS 180

    CAPÍTULO IV  NARCISISMO Y ESPEJO PRIMARIO 182

    PRIMERA FASE DEL ESPEjO PRIMARIO;

    DEL NACIMIENTO A LOS OCHO MESES 185

    Incorporación e identificación mimética primaria con el padre

    Primera castración primaria (inconsciente)

    Disfuncionamientos ligados a la renegación

    de la primera castración primaria (inconsciente)

    SEGUNDA FASE DEL ESPEjO PRIMARIO:

    DE LOS OCHO A LOS VEINTICUATRO MESES 194

    Incorporación e identificación mimética primaria con el niño

    Segunda castración primaria (preconsciente)

    Disfuncionamientos ligados a la renegación de la segunda castración primaria (preconsciente)

    TERCERA FASE DEL ESPEjO PRIMARIO:

    DE LOS VEINTICUATRO MESES A LOS TREINTA Y SEIS MESES 199

    Incorporación e identificación mimética primaria con la madre

    Tercera castración primaria (consciente)

    Disfuncionamientos ligados a la renegación de la última castración primaria (consciente)

    EL ESQUEMA DEL ÁRBOL INVERTIDO Y EL PROCESO

    DEL ESPEjO PRIMORDIAL PRIMARIO 208

    NOTAS 210

    TERCERA PARTE

    REGRESO A LA TRANSFERENCIA

    ––––––––

    213

    PERMANENCIA O LIQUIDACIÓN

    DE LA TRANSFERENCIA PRIMORDIAL 213

    PERMANENCIA DE LA TRANSFERENCIA PRIMORDIAL Y jUEGO215

    DE LA BOBINA

    Un juego en cinco tiempos

    Juego de la bobina en un niño autista

    DETECTAR EL ENCLAVE228

    El enclave en el lenguaje

    El enclave en la escritura

    El enclave en las neurosis

    El enclave en las perversiones

    TRANSFERENCIA PRIMORDIAL E IDENTIFICACIÓN MIMÉTICA237

    TRANSFERENCIA PRIMORDIAL Y PULSIÓN DE DOMINIO240

    LIQUIDACIÓN DE LA TRANSFERENCIA PRIMORDIAL

    Y SUPERVIVENCIA 245

    Mariane y el fin del análisis

    Gabriel: el ángel exterminador

    A MODO DE CONCLUSIÓN 253

    NOTAS 255

    gLOSARIO 258

    NOCIONES DE NEUROFISIOLOGÍA

    PRÓLOgO

    ––––––––

    Nací apátrida en Italia, de padres de origen húngaro de Transilvania, sobrevivientes de la Shoah.

    Desde mi nacimiento, fui su psicoanalista y su intérprete.

    Sumergida en una babel sonora de lenguas que no me eran destinadas, húngaro, rumano, yiddish, alemán, hebreo,

    Me construí en la orilla de las alfas privativas que esmaltan mis nombres, Arrebujada en el calor sensual del italiano, mi lengua adoptiva.

    Esa lengua que, desde pequeña, me empeñaba en enseñar a mi madre. Mi ilusión de niña, cuando, frente al espejo, me hablaba a mí misma en todas esas lenguas,

    Para remedar los gestos, pero sobre todo para buscar un interlocutor, Era inventar una lengua al menos europea.

    He luchado toda mi vida, sostenida por este anhelo,

    Del cual me queda, como vestigio, un acento entreverado.

    Hoy me considero una psicoanalista-artesana políglota:

    Fui aprendiz de los maestros del psicoanálisis de lenguas diferentes

    Y me sitúo, en mi práctica corriente, del lado de mujeres y de ingenuos. No soy ni una erudita, ni una científica, avanzo según mi intuición, Intentando oír, ver con mis ojos y seguir pensando.

    Transmitir mis reflexiones desde la escritura ha sido para mí una prueba.

    Para lograrlo he tenido que atacar primero la piedra a mano, con el escarpelo y el cincel,

    He osado abordar la roca del origen de la castración primitiva, Formular lo impensable de la Madre primordial e imaginar lo real inhumano de la procreación.

    INTRODUCCIÓN

    Yo llevaba varios años confrontándome a dificultades terapéuticas marcadas por la interrupción o la prolongación de la cura con pacientes que padecen neurosis graves, caracterizadas por una negación del cuerpo muy pronunciada. Había que encontrar respuestas. Éstas comenzaron a emerger cuando la cura de las analizantes bulímicas me permitió comprender el fenómeno de la negación del cuerpo a través de una problemática arcaica relacionada con la supervivencia. Desde el momento en que emprendí mi investigación, ésta siguió enriqueciéndose de manuales clínicos y de nuevas experiencias. El trabajo con artistas, y una colaboración fructífera con una coreógrafa y mujeres escultoras, me ayudaron poco a poco a comprender estas fantasías inconscientes, llevándome a elaborar una problemática arcaica subyacente a todas las formas de patologías consideradas por el psicoanálisis: psicosis, neurosis y perversiones. Así que la necesidad se impuso de transformar de manera sensible mi escucha, modificando a veces el encuadre (el setting) de la cura, de tal suerte que me pregunté si las dificultades constatadas durante el proceso terapéutico y en el término de los análisis no provenían, precisamente, de no haber tomado en cuenta esta problemática. Invito al lector a que me siga en la elaboración de esta experiencia que enlaza estrechamente, lo presentimos, lo real de la experiencia analítica con la obligación que hereda cada psicoanalista de forjarse una teoría personal del análisis, al mismo tiempo que profundiza o descarta ciertos desconocimientos –incluso censuras– de la teoría existente.

    ––––––––

    ELEMENTOS CLÍNICOS

    Las fantasías expresadas por analizantes guionistas y actores esbozarán la problemática inconsciente que vamos a elaborar a lo largo de este libro.

    Sabemos a partir de la fórmula freudiana de la Otra escena, todo lo que la cura psicoanalítica gana extrayendo del mundo del teatro su elucidación. Tanto como el autor, el analizante está obligado por la puesta en marcha de la cura por la palabra a componer el texto en el cual él debería ser a veces el actor, otras veces el director de escena y el instructor.

    Estos guionistas-pacientes formulan a menudo, en cierto momento de la cura, el deseo de escribir una pieza teatral en la que tendrían un papel hecho a medida. Manifiestan su intención, pero, cada vez, sobreviene la angustia de la muerte a la idea de encarnar a su propio personaje, impidiéndoles realizar este proyecto: pueden acabar la pieza con la sola condición de delegar la interpretación de su papel a un actor de quien ellos serían simplemente el instructor. Pero, mientras que el actor, frente a la mirada de los espectadores, hace realmente vivir al personaje sin correr el riesgo de morir, el analizante, escondido en el espacio del apuntador, se siente verdaderamente existir sólo por su voz, y por la mirada del director de escena, quien, sentado en la orquesta, dirige el conjunto (la mirada del analista supuesto ver de antemano sus intenciones inconscientes y saberlo todo respecto a su deseo). El analizante no puede comprometerse en la representación, en la cual él es el único director de obra, sino delegando ese lugar a otro, ese doble radicalmente ajeno, encargado de representar en el teatro del "yo" su propio papel.

    Esta metáfora traduce bien la problemática de supervivencia en la clandestinidad de esos analizantes confrontados a la imposibilidad de sentirse realmente vivos. Puestos entre la espada y la pared para crear ellos mismos su historia y para inscribir su experiencia dentro de una cronología, un tiempo y un espacio, a la vez imaginarios y reales, comparables a los del teatro, les flaquean las piernas y les sumerge la angustia de la muerte. Esta angustia revela la fantasía subyacente: sentirse existir, mostrarse vivos, y exponerse a la mirada ajena, conlleva un riesgo mortal. Así quedan condenados a una inexistencia, a una supervivencia en la clandestinidad donde no sólo su deseo, sino sus cuerpos vivientes, se esconden en el espacio del apuntador. Esta fantasía de no existir verdaderamente, de ser invisible, incorpóreo, de ser pura voz, va acompañada del sentimiento de culpabilidad por estar vivos

    – incluso los pacientes que han sido niños deseados.

    La evidencia de tal escisión entre el texto leído o hablado y las sensaciones experimentadas, pero también entre su origen, su historia, y su sentimiento de existir, ha aparecido en los pacientes que han sido abandonados o cuyos padres lo fueron. La frase yo no he tenido padres es para entender literalmente: que ellos tienen la convicción de haberse auto-engendrado

    en un país sin nombre, en un año cero. La negación del origen y de la sucesión de las generaciones, ligada a la fantasía de auto-engendramiento, está acompañada de la fantasía del cuerpo fusional y de una pulsión de destrucción: es necesario matar al otro primordial¹ para sobrevivir. Esta fantasía la expresan frecuentemente los pacientes bulímicos, con las palabras: yo como para matar a mi madre, y configura un lazo fusional madre-hijo en el que una separación es inimaginable. Se puede caracterizar como una vida para dos, un cuerpo para dos.

    Estos analizantes, cuya problemática estoy describiendo, presentaban un rasgo común: su vida estaba marcada por una especie de clandestinidad. Vivir a la sombra de alguien, diluirse en el deseo del otro, ocupar un puesto importante sin dejar rastro –escondido, por ejemplo, bajo un pseudónimo– tales son algunas manifestaciones de esa vida para dos. Se observa en todos los pacientes la incapacidad para sentirse realmente existir estando solos², un lazo fusional les era necesario. Les hacía falta sentir permanentemente la mirada y la vivencia emocional y sensorial del otro para sentirse existir realmente; en otros términos, debían incluirse dentro de las percepciones de ese otro. Esta percepción de sí mismos como reflejo del otro revela esta ilusión de ser invisibles y transparentes, y explica la sensación de extrañeza frente a su propia imagen en el espejo, o netamente la impresión (incluso en los hombres) de ver ahí la cara de su propia madre. Esta fantasía de la invisibilidad desvela también el malestar que se apodera de ellos frente a fotografías o filmaciones que les representan, así como sus lapsus recurrentes cuando me llevaba a mi madre en brazos cuando en fotos o filmaciones, siendo ellos bebés, aparecen en los brazos de su propia madre. Esta incapacidad para verse y reconocerse implica de facto la imposibilidad de ser vistos: la mayoría, en efecto, se quejaban de ser zarandeados en la calle o de no ser saludados por sus conocidos. Esta transparencia es palpable en pacientes anoréxicos de cuya delgadez a menudo no se percatan los padres.

    También a nivel simbólico, ocurren muchas veces lapsus tales como mi madre en lugar de mi abuela, mi padre por mi abuelo, o morí con cuatro años, nací con veinte años, o también voy a nacer en... de analizantes embarazadas que borran e invierten el tiempo de las generaciones y la percepción del propio cuerpo. La imposibilidad de representarse a sí mismas y el desposeimiento de las experiencias más íntimas van acompañados de una percepción ultrasensible del otro en la cual parecen diluirse.

    Estos analizantes manifiestan una exigente obligación de hacerse existir

    realmente en cada momento para evitar que un instante de olvido de sí

    mismos los haga desaparecer o morir a la primera ocasión, atragantándose por ejemplo, u olvidándose de deglutir. El acto de re-crearse a cada instante constituye la única garantía de una supervivencia posible, y esto a un nivel muy arcaico, como si estuvieran confrontados sin tregua a un nacimiento imposible.

    Aquello evidencia que la percepción de su cuerpo es la de la madre. Lo que la madre no ve, no siente y no nombra, no existe. Cualquier intento de individuación es sentido como amenazante, susceptible de llevar al aniquilamiento o a la locura.

    Cuando yo daba por terminado el análisis para cierto número de pacientes, me encontré enfrentada a la emergencia brutal de transferencias negativas que expresaban en el mejor de los casos la decepción, en el peor, deseos de destrucción y de muerte hacia mí. Una violencia contenida hasta aquí irrumpía, frecuentemente por medio de sueños de deflagraciones. Provocaba en mis pacientes fuertes recaídas en síntomas de angustia, fobias de impulsión, o depresiones que me dejaban perpleja en la medida en que esta violencia me parecía ser de otra índole que el odio frecuente al final de los análisis, el cual es un preludio deseable de la liquidación de la transferencia.

    El carácter amenazante de estas manifestaciones de violencia participaba evidentemente de una tentativa de destrucción, del analizante y de mí misma, en relación con una problemática de separación imposible. Este proceso me pareció diferente de la muerte, en el sentido en que esta separación sólo puede vivirse como una desaparición, un estallido del Sujeto que no deja ninguna huella, hasta plantear la cuestión misma de su existencia. En otros términos, separarse implicaba destrucción y desaparición: cada uno, pacientes y yo misma, y en su momento, estábamos aniquilados.

    En este sentido, la separación al final del análisis no solo acarreaba la desaparición de los protagonistas, sino también la supresión de lo que había sido vivido durante la cura. Estoy como antes, nada ha ocurrido. Maniobra de zapping, en cierto modo, que obliga a formular de otra manera la cuestión de la memoria, de la transferencia y de la construcción en el trabajo psicoanalítico.

    Unos pacientes arquitectos, que trabajaban sobre la memoria y la reconstrucción de ciudades completamente desaparecidas tras una guerra o una catástrofe natural me han indicado el camino. Su difícil tarea es reconstruir ciudades antiguas sin contar con la menor ruina como referencia ni, a fortiori, con ningún documento fotográfico. Funcionan ex novo, como si no existiese ninguna continuidad temporal entre las escasas huellas que son los vestigios y la reconstrucción actual.

    Este inventario de los trastornos acentuados de la relación con el otro, en la vida ordinaria y en la relación analítica, teniendo en cuenta además el fenómeno de inversión del tiempo de las generaciones y de la percepción del propio cuerpo, que afloraba en los lapsus de los pacientes, así como de la inversión de la imagen percibida en el espejo, entre el sujeto y su propia madre, me llevó a desarrollar el esquema del árbol invertido.

    ––––––––

    ESQUEMA DEL áRBOL INVERTIDO Y EL NIÑO ENCLAVADO.

    Los elementos clínicos expresan las dificultades de estos pacientes para inscribirse en el tiempo de su experiencia vivida y para sentirse realmente vivos. Según ellos, sus padres les miraban como si fueran sus propios reflejos en un espejo, o fotos de ellos mismos, y no percibían en ellos más que sus propias vivencias emocionales, sensoriales y afectivas. En resumen, eran vistos como objetos internos, es decir, personas que tenían el mismo espacio sensorial, y no como objetos externos con un espacio sensorial diferente. Todos estos testimonios tienden a mostrar que esos pacientes habitan el espacio corporal, sensorial y emocional así como el tiempo de sus padres.

    Las dificultades de estos pacientes para sentirse existir realmente sin pasar por un lazo fusional me encaminaron hacia una fantasía y un concepto cuya elaboración y cuyo examen propone este libro. Esta impresión de jamás haber sido vistos realmente por los padres daba a entender que ellos habían quedado fijados dentro de su espacio psíquico y corporal inconsciente. Obsesionados por la fantasía de estar enterrados, de haberse librado de un asesinato, vivían como sobrevivientes culpables, invisibles, fuera del tiempo y fuera de la historia, presas de una fantasía de auto-engendramiento. Ahora bien, esta fantasía inconsciente, que supone una denegación de los orígenes, y como ya hemos dicho anteriormente, una inversión de la imagen y de la percepción del propio cuerpo, perceptible en los diferentes lapsus, se materializa a menudo en la forma de un árbol invertido³, que ciertas pacientes han dibujado espontáneamente durante la cura. El propio sujeto ocupa el lugar del tronco del árbol genealógico que es a la vez su propio cuerpo, el de su madre y el de su abuela. Las ramas en plena luz de la abuela se convierten en las raíces del propio sujeto, quien, hundido bajo tierra en las tinieblas, alimenta la savia y el sentimiento de existir de la madre.

    La vivencia inconsciente de un espacio psíquico y corporal fusional aferrada en las fantasías y el tiempo de la experiencia vivida por la abuela

    materna y la madre es, a mi parecer, la más arcaica de las fantasías relativas a la transmisión de la vida. Al aislarla, al atribuirle el estatus de fantasía originaria, tuve la intuición siguiente: la percepción de sí y el sentimiento de existir realmente del niño se forman en la percepción de sí y el sentimiento de existir realmente de la madre, de modo que si ella misma no ha adquirido tal sentimiento de existir realmente, desligada de su propia madre, las condiciones estarán reunidas para que se fije en el niño la fantasía originaria del árbol invertido.

    De eso se deriva una hipótesis nunca emitida en la literatura analítica incluso en los autores más preocupados por la relación madre/hijo y por la incidencia de lo originario en la génesis de las enfermedades mentales: en todas las patologías, de resultas de una fijación en la fantasía del árbol invertido, el sujeto siente inconscientemente su cuerpo como si todavía perteneciera a su madre, o más exactamente, como si estuviese todavía enclavado⁴ en el de su madre, quien lo siente presente todavía dentro de sí. Ocupando ésta inconscientemente el espacio corporal de su propia madre, ella vive el nacimiento del niño como si fuera el suyo, de tal suerte que ella se arraiga gracias a y a través de su hijo. La inversión del tiempo y del curso de la historia que resulta es lo que constituye el esquema del árbol invertido: un sistema aislado de entropía primitiva, fuera del tiempo e indestructible. Se trata realmente de una inversión del tiempo de la vivencia inconsciente de la madre que fija al niño en la experiencia vivida de su abuela.

    En lo que se refiere al niño, el proceso se desarrolla de este modo: obligado para sobrevivir a parasitar inconscientemente el espacio corporal de la madre, crece escondido bajo tierra –cuanto más vivo, más me entierro, dicen numerosos pacientes– en el olvido y la soledad, ajeno a los suyos y a sí mismo. Culpable de sobrevivir, no puede cortar las raíces de este árbol invertido a riesgo de provocar su muerte y la de su madre. Vive en el pasado y en el futuro, desconectado de su presente, olvidado en el espacio inconsciente de su madre y enclavado en la experiencia vivida de su abuela.

    Fueron unos dibujos y esculturas lo que me permitió acceder a los conceptos de enclave y de árbol invertido. Pacientes y artistas no solo me ayudaron a comprender, sino que, gracias a sus producciones, fueron parte en la elaboración de este libro⁵. En efecto, gracias a sus trabajos plásticos pude percatarme de sus fantasías arcaicas presentes en el esquema del árbol invertido, en lo sucesivo indecibles ya que sometidas al yugo de la represión originaria.

    *

    Nuestro propósito será comprender cómo la dimensión creadora del analizante y del analista puede desplegarse durante la cura cuando éste se deja afectar íntimamente por la transferencia.

    La primera parte tomará en cuenta los efectos de la transferencia en lo vivido por los pacientes y el analista durante el análisis. La reactivación, durante ciertas sesiones, de una transferencia primordial, relacionada con sensaciones vividas durante la vida intrauterina, me ha llevado a enfocar la transferencia desde el punto de vista fenomenológico.En esta perspectiva, he emprendido un trabajo de investigación con una coreógrafa. He decidido hacer al lector partícipe de esta experiencia para familiarizarlo mejor con las diferentes vivencias corporales y con la terminología utilizada, que se puede encontrar también en el glosario al final de la obra.

    La segunda parte, más teórica, intentará reconstruir la ontogénesis del árbol invertido en el niño. Esta ontogénesis comienza desde la vida intrauterina, fase que será designada como huella primordial, y continúa en el curso de los tres años después de su nacimiento, fase designada como huella primaria.

    La tercera parte mostrará cómo descubrir la permanencia de la transferencia primordial y del esquema del árbol invertido en el autismo, las neurosis y las perversiones.

    Para concluir, abordaremos brevemente la liquidación de la transferencia primordial y del esquema del árbol invertido al final de la cura.

    ––––––––

    El grito mudo del niño enclavado escultura de Tamara Landau

    Primera parte

    DE LA TRANSFERENCIA

    25

    CAPÍTULO I

    TRANSFERENCIA, PERCEPCIÓN DE SÍ Y SENTIMIENTO DE EXISTIR

    Para traducir su mal vivir, expresar el estado de ausencia de sí mismos, muchos analizantes recurren a metáforas que remiten a la consistencia y a la visibilidad del cuerpo: completamente líquidos, son al mismo tiempo pesados e inconsistentes, como una pelota que se desinfla y desaparece, o a la inversa transparentes y rígidos como el vidrio. Describen un estado general de vacuidad, que nos recuerda el brusco vaciado de un continente, o la desaparición del ribete de un guante al que damos vuelta. Estas metáforas revelan una fantasía de cuerpo en dos dimensiones, en el cual el adentro y el afuera son reversibles.

    La clínica de mujeres bulímicas me ha permitido recoger impresiones corporales de este tipo que podemos reunir bajo la apelación general de vivencias fantasmas: esas mujeres también tienen la impresión de ser inconsistentes y transparentes, ligeras en un cuerpo pesado imposible de reconocer en un espejo, escondidas en un cuerpo gordo que ellas atribuyen a su madre. La mayoría se dicen movidas por pulsiones desbordantes y ademanes que no les pertenecen: el brazo que las atiborra de comida, no es mi brazo, es el de mi madre. Comprendemos entonces que intentan, mediante orgías de comida, lastrar este cuerpo. Frecuentemente estas pacientes no sienten la parte inferior del cuerpo como suya.

    Emile, diecisiete años, es traído por su madre a terapia porque, desde hace años, se niega a cortarse el pelo y a cambiar de jeans. Después de varios años de análisis, él me explica que lleva otros dos jeans debajo. Tardé tiempo en comprender que, lejos de ser una manera de ocultar su delgadez, si actuaba así, era porque se percibía encaramado como el Baron Rampante de Italo Calvino, no teniendo verdaderamente conciencia de la parte inferior de su cuerpo. Envuelto en los dos jeans, rozaba los bordes del tercero y

    conseguía así sentir los límites de su cuerpo. Tal ausencia de representación de la parte inferior del cuerpo va acompañada también de una renegación de la diferencia sexual y revela la fantasía subyacente de ser hermafrodita, de tener los dos sexos ocultos (vagina, y pene refugiado en la vagina). Esta fantasía arcaica suscita a la vez el sentimiento de tener un cuerpo monstruoso y la angustia de mostrarlo, ya que optar por una pertenencia sexual implica el riesgo de ser partido en dos y de perder la vida. Por esta razón, Emile temía ir a la peluquería: mirarse en el espejo y someterse a la mirada y al arte del peluquero, percibido como una figura paternal amenazante que le remitía al complejo de Edipo y a la fase del espejo, era correr peligro de ser partido y de morir, mientras que la ausencia de la imagen del cuerpo significaba para él poder sobrevivir y no perder nada. Todo aquello remite a la dificultad de habitar un cuerpo sexuado y vivo, dotado de peso, de volumen, de un interior, de un exterior y de una envoltura opaca que le proporciona su visibilidad.

    Tales vivencias corporales evocan los comportamientos especulares y los trastornos de la percepción y del equilibrio experimentados en las sesiones por los pacientes. Los trastornos ortoestáticos sufridos al enderezarse o levantarse son en efecto muy comunes, como a veces, en los momentos de fuerte angustia, las sensaciones de levitación en el diván o de desdoblamiento

    –el analizante se ve a sí mismo desde arriba–, lo cual nos recuerda lo vivido por pacientes epilépticos que precede a la ausencia de la crisis comicial. Al iniciar un análisis, algunos perciben, de manera infantil, a su analista como un gigante. Hacia el final de la cura, algunos revelan retroactivamente trastornos importantes de la percepción de sí, callados durante el análisis. Por ejemplo, una paciente mestiza me enteró de que ella se había visto blanca durante todo el tiempo de la cura; una mujer visiblemente encinta, que negaba su embarazo; un analizante, curado de una psoriasis invasiva, que seguía viendo las marcas; así mismo, una paciente descubrió sus facciones asiáticas sólo al final del tratamiento, después de que, en una cena, le hicieron una pregunta relativa a la ley Debré sobre los extranjeros – sólo entonces ambas pudimos descubrir el secreto familiar de una abuela que había pecado. Ocultar una parte de su historia le volvía imperceptible este aspecto de su imagen especular, sin embargo lleno de sentido, así como las facciones asiáticas de sus propias hijas.

    Por consiguiente, al preguntarles a mis pacientes acerca de su imagen del cuerpo, pude descubrir ciertos trastornos de la percepción de sí, que habían pasado desapercibidos en el relato corriente de los análisis –tales como la invisibilidad de las facciones de mi paciente asiática– y, más

    allá, comprender que la mayoría no se reconocían en el espejo sino a costa de una impresión de inquietante extrañeza, como si alguien se escondiese detrás del espejo. Son estos elementos de una clínica especular lo que me llevó a considerar a estos pacientes como unos extraviados del cuerpo. Una mayor atención a sus sueños señalaba su evolución en el transcurso del análisis. Ninguno de los sueños relatados al principio de la cura representaba al soñador, que, en la mayoría de los casos, no existía sino detrás de la cámara o en voz en off, mientras que hacia el final del análisis, el paciente podía ver en sus sueños sus facciones.

    Hay más. Estos trastornos de la percepción van acompañados de una fragilización del sentimiento de existencia. Unos pacientes se declaran en pánico frente a cualquier situación que los tome por sorpresa: se sienten agobiados por una emoción inesperada capaz de quebrar su continuidad de ser. Tales situaciones, caracterizadas por un vacío del pensamiento y por una carga emocional y pulsional demasiado fuerte, los dejan incapaces de continuar cualquier acción emprendida. Una especie de discordancia, de falla, se instaura entre la percepción de sí y el sentimiento de existir realmente.

    Estas observaciones clínicas han evidenciado que transferencias muy intensas producen modificaciones significativas en mi escucha y presencia durante la sesión. Con estos pacientes con neurosis graves, me sentí de algún modo acorralada en una posición de escucha extrema que de ningún modo era una atención flotante. Esto presentaba el inconveniente de instaurar una fuerte dependencia del analizante para conmigo. Al cabo de algunas sesiones, me sentía totalmente agotada, como después de un verdadero combate, tan derrengada como si realmente hubiera cargado a una persona. Estos pacientes requerían una atención aún mayor que la requerida por los lactantes. Atención, sin duda, cercana a la de una mujer embarazada que, luego de una inmovilidad del feto, acecha el menor movimiento para cerciorarse de que él está vivo. Me sentía con el deber de estar alerta, con el riesgo, si no, de provocar en mis pacientes tristeza (por miedo a no ser suficientemente interesante), o incluso de suscitar cólera en ellos. La intensidad de esta relación era tal que el timbre del teléfono era una irrupción suficiente para paralizarlos en un tiempo detenido, una falla brutalmente abierta en la fluidez de sus pensamientos.

    Clavada en mi sillón, tenía a mucho no perderme una sola palabra para aprovechar la menor oportunidad de captar la polisemia por medio de los juegos de significantes y también todo lo que la acompañaba: respiraciones, modulaciones de la voz, ritmos corporales que acompañan a los silencios...

    La intensidad de mi atención estaba lejos de pasar desapercibida por mis pacientes, quienes no dejaban de señalármelo: la percibo a usted como si fuera plomo. Presencia corporal que, no obstante, podía volverse extraña ligereza, incluso sensación de intemporalidad: mi parálisis y mi atención reconcentrada en sus movimientos me propulsaban hacia una presencia sin tiempo, que también percibían mis pacientes, que a veces sentían la necesidad de cerciorarse de mi presencia: ¿Sigue usted aquí?.

    A la inversa, cuando circunstancias diversas volvían mi atención más flotante y mi presencia corporal menos pesada, la angustia de mis pacientes se volvía palpable,también corporal. Tenían, decían ellos, la impresión de estar tendidos sobre una superficie carente de equilibrio, o tenían sueños de caída libre, de levitación. Otras tantas sensaciones angustiosas que frecuentemente describían como aquellas que debían de experimentar los astronautas que evolucionan por el espacio cuando acaba de romperse el cable que

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