Los mundos del trabajo: Sociabilidades, resistencias y vidas en movimiento
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La colección Miradas Latinoamericanas. Un Estado del Debate tiene como objetivo relevar las novedades teóricas, metodológicas y temáticas en diversos campos del saber, tanto a través de perspectivas trans e interdisciplinares, como desde diferentes tradiciones intelectuales.
Los libros que integran esta colección reúnen trabajos que exponen las novedades y dan cuenta de las transformaciones en relación con las temáticas, abordajes, enfoques teóricos, preguntas y objetos de investigación en los campos de las ciencias sociales y las humanidades, para poner en valor la originalidad, la relevancia y el impacto del conocimiento producido desde la región.
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Los mundos del trabajo - Rodríguez Velásquez Fidel
RODRIGO LOPES: UNA HISTORIA CONECTADA
DE TRABAJO, ESCLAVITUD Y LIBERTAD
EN EL MUNDO ATLÁNTICO (1526-1535)
FIDEL RODRÍGUEZ VELÁSQUEZ
INTRODUCCIÓN
El 13 de abril de 1526, Rodrigo Lopes desembarcó en el Caribe como parte de los trabajadores esclavizados que fueron transportados de la costa occidental africana.¹ Rodrigo fue un afrodescendiente nacido muy probablemente en Lisboa, de madre africana esclavizada y de padre desconocido. Su experiencia de vida fue multifacética y multilocalizada, ya que se desempeñó sucesivamente como: capellán en Lisboa, asistente de cuentas y esclavista en la isla de Santiago, administrador de haciendas de algodón en Santiago y el Fogo, y como buceador de perlas esclavizado en la isla de Cubagua. El barco en el que cruzó el océano Atlántico fue el San Antón, que llegó a la isla de Cubagua procedente de la isla de Santiago, ubicada en el archipiélago de Cabo Verde.² A pesar de que existía una licencia otorgada por el monarca, la llegada de estos trabajadores esclavizados generó resistencias entre los vecinos de la ciudad de Nueva Cádiz.³ El alcalde mayor Pedro Ortiz de Matienzo protestó e impidió parcialmente el desembarco.⁴ No se sabe con precisión cuántos pudieron desembarcar, pero sí que Rodrigo Lopes estuvo entre quienes lo hicieron. Los argumentos para cuestionar la llegada de trabajadores africanos fueron diversos, uno de ellos fue la dificultad para controlarlos
, ya que la isla de Cubagua era pequeña y ofrecía diversas rutas de fuga por estar tan próxima de la costa y otras islas que estaban bajo el control indígena. La resistencia a recibirlos también estuvo vinculada con una idea generalizada en los enclaves ibéricos en el Caribe que los asoció a las revueltas que los trabajadores esclavizados wolof, de la hacienda de azú-car de Diego Colón, habían organizado en la isla Española durante la navidad de 1521 (Landers, 2019). Esta rebelión fue asociada no sólo a su condición de africanos, sino también con la de musulmanes.
El panorama al interior de las pesquerías de perlas durante este año presentaba múltiples aristas. Por un lado, el crecimiento de las ganancias de los Señores de Canoas se expresaba en los aumentos continuos de los pagos del quinto real y en el creciente nombramiento de autoridades reales que buscaban preservar los intereses de la monarquía hispánica (Rodríguez y Antczak, 2023). Por otro lado, los límites impuestos a la obtención de mano de obra debido al control territorial de las poblaciones indígenas en la costa y su disminución poblacional en las grandes Antillas, producto de la explotación laboral, obligaban a las élites de las pesquerías de perlas a plantearse alternativas para la obtención de una de fuerza laboral que hiciera posible mantener el crecimiento de sus ganancias (Rodríguez, 2023). Estas aristas constituyen elementos cruciales para comprender la llegada de Rodrigo Lopes a las pesquerías de perlas y la situación del trabajo y los trabajadores.
Sin dejar de lado los rigores de la violencia de la esclavitud y la letalidad del tráfico transatlántico de esclavizados y en medio de una creciente literatura académica que ha visibilizado las formas plurales de su experiencia (Ferreira, 2007; Lindsay y Sweet, 2013; Wheat, 2021; Acosta Corniel, 2022), este capítulo se centra en la vida de Rodrigo Lopes como una ventana para analizar la experiencia de estos trabajadores, las luchas por la libertad y las conexiones del Caribe con los primeros momentos del tráfico transatlántico de esclavizados. Para esto es importante destacar las diferencias, entre estatus jurídico y condición social, y cómo estas diferencias acaban con las clásicas nociones de libertad y esclavitud como posiciones antagónicas, únicas, universales e invariables. Como ha señalado Fernanda Pinheiro (2018), el estatus jurídico debe reflexionarse como la categoría en la que el derecho enmarcaba a una determinada persona y la condición social, como la experiencia efectiva. De esta forma, el estatus jurídico queda referido al conjunto de leyes y regulaciones que se aplican a una persona, mientras que la condición social debe entenderse como la realidad que vive. Desde esta perspectiva, las nociones de libre o esclavizado no llevan a una experiencia inequívoca, sino que permiten introducir los matices necesarios para comprender las diferentes experiencias sin partir de la idea de que éstas son definidas a priori por el estatuto jurídico. Para ello se apela a la idea de utilizar la biografía como historia social
(Ferreira, 2013) y el carácter microespacial y singularmente conectado de las experiencias de los trabajadores esclavizados (De Vito, 2019). Esta lectura se aleja de las perspectivas estructuralistas, colocando en el centro la experiencia de Rodrigo Lopes y su vida en movimiento por el océano Atlántico.
DE LA ISLA DE SANTIAGO A LA ISLA DE CUBAGUA
Los primeros barcos que buscaban buzos esclavizados para el trabajo en las pesquerías de perlas de la isla de Cubagua llegaron al archipiélago de Cabo Verde durante el mes de febrero de 1526.⁵ Estos barcos castellanos no eran una novedad para esa fecha en ese enclave portugués. Desde inicios del siglo XVI, el archipiélago creció en importancia en el tráfico de personas esclavizadas, lo que implicó un movimiento y encuentro crecientes de personas de diversos orígenes con las incursiones de barcos franceses, ingleses, castellanos y, por supuesto, portugueses (Cabral, 2013). Los castellanos se transformaron en la colonia extranjera de mayor tamaño en las islas de Santiago y el Fogo, su población aumentó en la medida en que creció la relación de esta región con el tráfico transatlántico de esclavizados hacia las Américas. La importancia de estas islas para estas fechas radica también en las dinámicas sociales, culturales y políticas que se establecieron en lo que José da Silva Horta (2011) ha llamado el mundo caboverdiano-guinense. Este mundo entre la costa y las islas se fue configurando en el tiempo como un espacio de poder negociado, donde las dinámicas políticas, insulares y terrestres se influyeron constantemente, pero en la que la autoridad territorial de los actores era reafirmada de forma permanente.
En la isla de Santiago (ver mapa 1) la principal actividad comercial se desarrollaba en su capital, Ribeira Grande, donde vivían los vecinos
. En el mundo ibérico de principios de la temprana época moderna, un vecino era un residente permanente y legal de una ciudad. En este caso, eran los únicos autorizados por la corona portuguesa a comerciar con el continente. La explotación comercial en esta ciudad se hizo a principios del siglo XVI a través de la figura del arrendamiento que se renovaba cada tres años. De esta forma, el rey garantizaba una suma fija de ganancias sin necesidad de tener que montar todo un aparato burocrático extenso. Para ser vecino de Santiago y tener acceso a los beneficios de ello se debía cumplir con algunas condiciones: ser libre, vivir allí por al menos cuatro años, tener bienes en la isla, detentar algún tipo de nobleza y honor, trabajar en un oficio relacionado con la administración del donatario o del gobierno real, disponer de los medios necesarios para vivir de manera razonable
, y/o ser parte de la Iglesia (Cabral, 2013). Para el año de 1513 vivían en Ribeira Grande 169 vecinos libres, además de los estantes y la población fluctuante. La información que ofrece Pedro Guimarães, corregidor de las islas de Cabo Verde, es bastante precisa al respecto: 58 de estos vecinos eran hombres blancos de origen portugués, 56 estantes extranjeros, 12 religiosos y al menos 16 hombres negros libres.⁶
Mapa 1. Ubicación de las islas de Cabo Verde en la costa occidental africana
Fuente: Elaboración propia.
Entre los hombres libres blancos estaba Rui Lopes, el contador de la isla que era dueño de Rodrigo Lopes y quien sería el responsable de la llegada de este a Ribeira Grande. El rápido crecimiento de la esclavitud en esta isla hizo del archipiélago una sociedad en la cual la explotación continua del trabajo del esclavizado africano constituía el soporte de la estructura económica y social (Santos et al., 2001). Esto trajo como consecuencia que ser negro en Santiago se transformara en un riesgo permanente de ser esclavizado. En estas condiciones, la protección de una figura de poder como la del contador real terminó siendo fundamental para la vida de un esclavizado como Rodrigo.
Lo que se sabe de la vida de Rodrigo en el archipiélago de Cabo Verde sirve para ilustrar las diferencias entre estatus jurídico y condiciones sociales. Rodrigo aparece ante los ojos de los marineros de diferentes regiones que visitaron la isla entre 1520 y 1523 junto con Álvaro, otro esclavizado que pertenecía a Rui Lopes, como una dupla que gozaba de toda la confianza y protección del contador, así como de una libertad absoluta para negociar, que incluso significaba comerciar con personas esclavizadas en la costa africana, donde se desarrollaba con mucha intensidad este tráfico. Samuel Hernández, marinero andaluz que pasó por la isla de Santiago en 1520, refirió haber visto a Rodrigo bien aderesado con el seyon y una capa con papel y escribanía en la mano
; Cristóbal de Croi, marinero genovés que visitó entre ocho y nueve veces esta región, afirmó conocerlo como contador
, y el marinero portugués Juan Revés dijo que sabía leer latín
, conocimiento que probablemente utilizaba leyendo la biblia.⁷
Rodrigo no era libre porque jurídicamente era propiedad de Rui Lopes. Sin embargo, usufructuaba una condición de libertad casi absoluta. La descripción que de él realiza el marinero andaluz también hace parecer a la representación de un Caballero de la Orden Santiago negro en Lisboa en la obra del Chafariz d’El-Rey como algo más común de lo que la historiografía acepta. Es claro que la confirmación de que Rodrigo luciera ese tipo de vestimenta en un enclave esclavista como Santiago es una distinción que buscaba diferenciarlo de los más de 1 400 esclavizados anónimos que empezaron a llegar anualmente a la isla desde 1513. Una cifra superior a la reportada para la fecha en otros enclaves esclavistas atlánticos como la costa de Mauritania y Santo Tomé. Estos esclavizados tuvieron como destino el tráfico por el Atlántico y el Mediterráneo, especialmente a ciudades como Valencia, Sevilla y Lisboa (Cortés, 1972; Corona, 2021). La distinción en el vestir de Rodrigo puede ser entendida como una protección que sería un posible signo de la racialización de la esclavitud, la cual tendría lugar a partir de una distinción clara entre la élite blanca que Iva Cabral (2013) ha llamado "homens honrados brancos" y el resto de la sociedad negra esclavizada o potencialmente esclavizable.
La participación de Rui Lopes en el tráfico de esclavizados en la costa, a pesar de la prohibición expresa del monarca de que los funcionarios reales se involucraran en estos negocios, no es de extrañarse. Rui Lopes, como otros miembros de las órdenes, aprovecharon su posición de poder en Santiago para enriquecerse con los negocios de la esclavitud. Lopes además poseía una doble exoneración fiscal, ya que por ser religioso podía llevar esclavizados a la capital del reino sin necesidad de pagar impuestos, lo que transformaba estas operaciones en ganancias bastante importantes. Además de esclavizados, Rui Lopes también importaba otras mercancías de la costa de Guinea. Estas actividades eran compartidas con Álvaro Fernandes, otro caballero de la orden de Santiago que vivió en Ribeira Grande.⁸
En este escenario surgen también nuevos actores en el tráfico de esclavizados, los lançados o tangomãos, nombre con el que se conoció a una diversidad considerable de actores que se concentraron en la costa africana al margen del reino de Portugal y que vivieron bajo la protección de reinos africanos como el de Saalum, cuyos reyes llegaron a ser conocidos en la costa africana como pai dos brancos. Estas figuras sirvieron como intermediarios en los negocios vinculados a la trata transatlántica de esclavizados. Sus perfiles fueron diversos, así como sus orígenes: la mayor parte tuvo sus raíces en Portugal y en el archipiélago de Cabo Verde, fueron hablantes nativos del portugués y el castellano y al mismo tiempo dominaban las lenguas de la costa africana. Aunque comenzaron como comerciantes, estas comunidades construyeron paulatinamente sólidas relaciones familiares, comerciales y políticas en los ríos de Guinea, espacio al que también se vieron confinados cuando el monarca portugués decretó en 1508 la pérdida de sus bienes en la península ibérica (Horta, 2009). Peter Mark y José da Silva Horta (2004) han argumentado que una parte de estas comunidades estaban conformadas por migrantes judeoconversos que encontraron un rico espacio comercial en los márgenes de la costa occidental africana.
Rodrigo tuvo condiciones valiosas para ser intermediario en estos negocios. Quizás las más relevantes fueron las múltiples lenguas que conocía, su ascendencia africana y sus vínculos comerciales y familiares en la isla de Santiago, que se configuró como epicentro del tráfico transatlántico de esclavizados. En la práctica, se sabe que Rodrigo fue enviado por el contador a la costa junto con algunas de las expediciones de los armadores de Santiago; lo mismo aconteció con Álvaro, el otro esclavizado de confianza del contador. Las cuentas de Ribeira Grande dejan constancia de que ambos reportaron traer esclavizados para Rui Lopes. Rodrigo trajo al menos tres peças de la costa tras participar como miembro de la expedición de Antonio Vaz, un escudeiro del reino que se desempeñaba como contrabandista y armador de la embarcación de nombre Santiago. Álvaro participó de una expedición similar, pero a cargo de Jorge Nuñez, rendeiro y armador de la Santa María de Nazare, de la que llevó a la isla duas peças.⁹
Con el inicio de la década de 1520, la vida de Rodrigo se transformó. La muerte de Rui Lopes en 1523 por una pestilencia
significó un cambio en su situación jurídica y condición social, dado que el testamento del contador le concede una manumisión condicionada. Esta consistió en que debía administrar por los tres años siguientes las haciendas de Rui Lopes que contaban con 585 trabajadores esclavizados y se ubicaban tanto en la isla de Santiago como en la del Fogo.¹⁰ Estas haciendas se dedicaban al cultivo de algodón, un producto cuya demanda había crecido exponencialmente en la costa por la progresiva generalización del uso de la ropa de algodón en los "ríos da Guiné", al mismo tiempo que crecieron los cultivos de azúcar, tabaco y añil. La administración de las haciendas tenía como objetivo terminar de pagar cualquier deuda del contador, y posteriormente Rodrigo podría vivir como un hombre libre. El testamento de Rui Lopes además le otorgó a Rodrigo 25 quintales de algodón sucio y 15 000 maravedís, al mismo tiempo que lo comprometió a realizar, una vez al año, el Día de Todos los Santos, una misa cantada por el descanso de su alma.
Los privilegios que el testamento del contador del rey de Portugal en las islas de Cabo Verde le otorgaron a Rodrigo son bastante evidentes, aunque también no pueden dejarse de lado los compromisos espirituales a los que el contador lo ligó tras su muerte. Sin embargo, cabe preguntarse si la única explicación posible de estos privilegios es la hipotética relación padre-hijo que han considerado tanto Vicenta Cortés (1965) como Abraham Liddell (2021). La evidencia sugiere que esta posibilidad no es inequívoca, dado que los privilegios que consiguió Rodrigo pueden entenderse y explicarse también en medio de los que recibieron muchos esclavizados que convivieron en el seno del hogar de sus dueños. De hecho, la manumisión de Rodrigo estuvo acompañada de la de otros esclavizados que convivieron en el seno familiar de Rui Lopes, como lo fueron Catalina, Roque y Helena. Casos en los que los dueños han nombrado a sus esclavizados como albaceas de sus bienes y les han concedido su libertad han sido documentados y estudiados durante todo el siglo XVI, y no han estado necesariamente vinculados a la paternidad, y sí al surgimiento de vínculos a lo largo de su convivencia en el hogar.
Una expresión jurídica de esta realidad aparece en el manual de Diego de Ribera (1596: 55) dirigido a los escribanos. En él señala que los esclavizados pueden ser albaceas de los testamentos de sus dueños, siempre y cuando tuvieran más de 17 años; también resalta los casos en que los esclavizados pueden servir como tutores de los hijos menores de edad de los difuntos, y luego se consideraban libres. La aparición de ambos casos en el manual, que incluía una instrucción relativa a la función notarial y a las leyes que la regulan, puede entenderse como una expresión de una realidad que fue una práctica frecuente y creciente durante el siglo XVI. Por esta razón, la evidencia parece indicar con seguridad la eclosión de vínculos durante la convivencia en el hogar y no necesariamente una relación de padre e hijo.
¿CÓMO TERMINÓ RODRIGO LOPES EN LA ISLA DE CUBAGUA?
Tras vivir algunos años cumpliendo la voluntad de Rui Lopes, la reesclavización de Rodrigo ocurrió en 1526. Cristóbal Gonzales, un sobrino del difunto contador del rey que llegó a la isla de Santiago, tuvo importantes diferencias con Rodrigo respecto a la administración de las haciendas de algodón, especialmente en cuanto a la administración de los trabajadores esclavizados, a los cuales pretendió vender.¹¹ Esto fue un síntoma de la negativa a reconocer la posición de Rodrigo como administrador de la hacienda, lo que ocasionó que este empezará a vivir bajo la amenaza de la reesclavización. Estas disputas trajeron como consecuencia que Cristóbal conspirara para vender a Rodrigo a algún comerciante de los muchos que habitualmente estaban de paso por la isla en busca de esclavizados. En principio logró venderlo a Juan Sombrero y Rodrigo Gallego, quienes terminaron por devolverlo ante los reclamos hechos por Rodrigo sobre su condición de libre. Sin embargo, posteriormente lo volvió a vender a Bartolomé Corral, que había sido enviado desde la isla de Cubagua por Antón López, socio de una conocida familia de mercaderes vascos de apellido Urrutia (Otte, 1964). Bartolomé, en complicidad con Cristóbal, ignoró los reclamos de Rodrigo, quien vehementemente exigió su libertad, siendo advertido que no se le podía llevar a Lisboa, donde tendría los medios para demostrar su libertad. También es importante señalar que Rodrigo significaba una compra importante para Bartolomé, dado que era conocido como un buen nadador, por lo que era una persona idónea para el trabajo en las pesquerías de perlas de la isla de Cubagua, que por primera vez buscaban incorporar trabajadores esclavizados africanos.
Rodrigo fue reesclavizado ilegalmente, hecho que muestra las fragilidades del mantenimiento del estatus de manumiso, a pesar de tener medios relevantes como dinero, administrar propiedades en dos islas y vivir cerca de ocho años gozando de todas libertades en la isla de Santiago, donde era ampliamente conocido por vecinos y estantes. No pudo enfrentar a Cristóbal, un hombre blanco recién llegado a la isla, que se ajustaba al patrón de los "homens honrados brancos", quien en condiciones de relativa facilidad consiguió reesclavizarlo ilegalmente. Este hecho no podía haber ocurrido sin la complicidad o la indiferencia de diversos actores más allá de los involucrados en el acto de compra y venta. Resulta interesante analizar la forma en que Cristóbal subestimó las conexiones entre los crecientes enclaves ibéricos a ambos lados del Atlántico, dado que la restricción de no llevar a Rodrigo a Lisboa suponía que esto lo alejaría de la posibilidad de demostrar su libertad y posteriormente reclamar en los tribunales portugueses los derechos que había adquirido por el testamento de Rui Lopes. El caso de la reesclavización de Rodrigo puede ser encuadrado en procesos asociados a las jerarquías de color, que se podían expresar con mucha más fuerza en la isla de Santiago que en otras regiones bajo dominio ibérico (Lara, 2002). Estos procesos practicaban la máxima de que ser un hombre negro, libre o liberto, era vivir constantemente con el riesgo de ser o esclavizado o reesclavizado, como finalmente ocurrió con
