Información de este libro electrónico
Del mismo modo que el observatorio que lleva su nombre, el señor Palomar mira y analiza el mundo. El señor Palomar observa y piensa mientras parece no hacer nada, pero una actividad incesante, que se traduce en una evolución de su pensamiento acerca del mundo, bulle en su interior. Las experiencias de Palomar consisten en concentrarse en pequeños objetos y fenómenos a través de cuyo minucioso análisis encontrará una relación entre el objeto y el universo, o entre el yo y el universo, porque este se refleja, se verifica y se multiplica en todo lo que nos rodea. Todo es lo mismo y todo forma parte de lo mismo. El mar, el cielo, las estrellas, un prado, un pequeño queso en la estantería de un supermercado, el mármol ensangrentado de una carnicería encierran las preguntas sobre la existencia. El itinerario de Palomar hacia la sabiduría recrea una historia en la que la anónima vida del protagonista se eleva como ejemplo del vertiginoso viaje interior que muy pocos osan realizar.
Italo Calvino
Italo Calvino nació en 1923 en Santiago de las Vegas (Cuba). A los dos años la familia regresó a Italia para instalarse en San Remo (Liguria). Publicó su primera novela animado por Cesare Pavese, quien le introdujo en la prestigiosa editorial Einaudi. Allí desempeñaría una importante labor como editor. De 1967 a 1980 vivió en París. Murió en 1985 en Siena, cerca de su casa de vacaciones, mientras escribía Seis propuestas para el próximo milenio. Con la lúcida mirada que le convirtió en uno de los escritores más destacados del siglo XX, Calvino indaga en el presente a través de sus propias experiencias en la Resistencia, en la posguerra o desde una observación incisiva del mundo contemporáneo; trata el pasado como una genealogía fabulada del hombre actual y convierte en espacios narrativos la literatura, la ciencia y la utopía.
Relacionado con Palomar
Títulos en esta serie (26)
Seis propuestas para el próximo milenio Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesDe fábula Calificación: 5 de 5 estrellas5/5Las ciudades invisibles Calificación: 5 de 5 estrellas5/5El vizconde demediado Calificación: 5 de 5 estrellas5/5La especulación inmobiliaria Calificación: 4 de 5 estrellas4/5El barón rampante Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesNuestros antepasados: El vizconde demediado / El barón rampante / El caballero inexistente Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesEl caballero inexistente Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesLa jornada de un escrutador Calificación: 4 de 5 estrellas4/5Los amores difíciles Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesColección de arena Calificación: 4 de 5 estrellas4/5Palomar Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesEl caballero inexistente Calificación: 5 de 5 estrellas5/5Si una noche de invierno un viajero Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesEl camino de San Giovanni Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesCorrespondencia (1940-1985) Calificación: 5 de 5 estrellas5/5Punto y aparte: Ensayos sobre literatura y sociedad Calificación: 5 de 5 estrellas5/5La gran bonanza de las Antillas Calificación: 4 de 5 estrellas4/5La entrada en guerra Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesLa nube de smog Calificación: 4 de 5 estrellas4/5Los libros de los otros: Correspondencia (1947-1981) Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesMarcovaldo: o sea Las estaciones en la ciudad Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesItalo Calvino: Universos y paradojas Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesUn optimista en América Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesCartas a Chichita 1962-1963 Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesHe nacido en América: Entrevistas (1951-1985) Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificaciones
Libros electrónicos relacionados
He nacido en América: Entrevistas (1951-1985) Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificaciones3 Libros para Conocer Literatura Francesa Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesLa especulación inmobiliaria Calificación: 4 de 5 estrellas4/5Corazón de perro Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesLa Fanfarlo Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesTengo mucho que contarle: Cuentos para un año (III) Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesDublineses Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesEl Gran Gatsby: Ed. Centenario Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesEl caballero inexistente Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificaciones7 mejores cuentos de James Joyce Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesEstampas de Italia Calificación: 3 de 5 estrellas3/5Julio Camba: Obras 1916-1923 Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesLa noche del 4 al 15 Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesLa obra maestra desconocida Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesJadzhi Murat Calificación: 5 de 5 estrellas5/5Bartleby el escribiente: Una historia de Wall Street Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesAguas de primavera Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesLa Metamorfosis Ed. 2022 Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesUna historia aburrida Calificación: 4 de 5 estrellas4/5Fantasmas del escritor Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesHerman Melville (Una biografía) Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesMagallanes Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesVenecia. El león, la ciudad y el agua Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesLOS NOVIOS: Alessandro Manzoni Calificación: 4 de 5 estrellas4/5Así habló Zaratustra. Más allá del bien y del mal Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesLa muerte de la mariposa Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesJulio Cortázar: Una biografía revisada Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesLa larga carretera de arena Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesViaje al pasado Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificaciones
Ficción general para usted
La Divina Comedia Calificación: 5 de 5 estrellas5/5Soy toda oídos Calificación: 3 de 5 estrellas3/5La matriz del destino: El viaje de tu alma Calificación: 5 de 5 estrellas5/5La milla verde (The Green Mile) Calificación: 5 de 5 estrellas5/5Mitología Maya: La sabiduría divina Calificación: 5 de 5 estrellas5/5Años de perro Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesEsposa por contrato Calificación: 3 de 5 estrellas3/5Los nombres propios Calificación: 4 de 5 estrellas4/5Collide Calificación: 4 de 5 estrellas4/5Fortuna Calificación: 5 de 5 estrellas5/5Vaya vaya, cómo has crecido Calificación: 5 de 5 estrellas5/5Sólo era sexo Calificación: 5 de 5 estrellas5/5¿Cómo habla un líder?: Manual de oratoria para persuadir audiencias Calificación: 5 de 5 estrellas5/5La insoportable levedad del ser Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesNo estás en la lista Calificación: 5 de 5 estrellas5/5El mito de Sísifo de Albert Camus (Guía de lectura): Resumen y análisis completo Calificación: 4 de 5 estrellas4/5La próxima vez que te vea, te mato Calificación: 5 de 5 estrellas5/5Canción sin volumen: Apuntes, historias e ideas sobre salud mental Calificación: 5 de 5 estrellas5/5Las gratitudes Calificación: 5 de 5 estrellas5/5Las siete muertes de Evelyn Hardcastle Calificación: 5 de 5 estrellas5/5Jerusalén. Caballo de Troya 1 Calificación: 4 de 5 estrellas4/5La baraja española Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesLos valientes están solos Calificación: 3 de 5 estrellas3/5Estoy bien Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesRegalos de sanación Calificación: 5 de 5 estrellas5/5Santa Biblia - Reina-Valera, Revisión 1909 (Con Índice Activo): Biblioteca de Grandes Escritores Calificación: 5 de 5 estrellas5/5Alicia en el País de las Maravillas & A través del espejo Calificación: 4 de 5 estrellas4/5Nocturna: Book One of The Strain Trilogy Calificación: 4 de 5 estrellas4/5Carta de una desconocida Calificación: 4 de 5 estrellas4/5La literatura hispanoamericana en 100 preguntas Calificación: 3 de 5 estrellas3/5
Categorías relacionadas
Comentarios para Palomar
0 clasificaciones0 comentarios
Vista previa del libro
Palomar - Italo Calvino
Índice
Cubierta
Portadilla
Nota preliminar
Palomar
1. Las vacaciones de Palomar
1.1. Palomar en la playa
1.1.1. Lectura de una ola
1.1.2. El seno desnudo
1.1.3. La espada del sol
1.2. Palomar en el jardín
1.2.1. Los amores de las tortugas
1.2.2. El silbido del mirlo
1.2.3. El césped infinito
1.3 Palomar mira el cielo
1.3.1. Luna de la tarde
1.3.2. El ojo y los planetas
1.3.3. La contemplación de las estrellas
2.Palomar en la ciudad
2.1. Palomar en la terraza
2.1.1. Desde la terraza
2.1.2. La panza de la salamanquesa
2.1.3. La invasión de los estorninos
2.2. Palomar hace la compra
2.2.1. Un kilo y medio de grasa de ganso
2.2.2. El museo de los quesos
2.2.3. El mármol y la sangre
2.3. Palomar en el zoo
2.3.1. La carrera de las jirafas
2.3.2. El gorila albino
2.3.3. El orden de los escamados
3.Los silencios de Palomar
3.1. Los viajes de Palomar
3.1.1. El arriate de arena
3.1.2. Serpientes y calaveras
3.1.3. La pantufla desparejada
3.2. Palomar en sociedad
3.2.1. Del morderse la lengua
3.2.2. Del tomarla con los jóvenes
3.2.3. El modelo de los modelos
3.3. Las meditaciones de Palomar
3.3.1. El mundo mira al mundo
3.3.2. El universo como espejo
3.3.3. Cómo aprender a estar muerto
Créditos
Nota preliminar
La primera edición de Palomar apareció en el sello Einaudi en noviembre de 1983. El texto que aquí presentamos –inédito durante años hasta su inclusión en el volumen Romanzi e racconti (Mondadori, Milán 1992)– fue redactado por Calvino en el mes de mayo de 1983 para la New York Times Book Review, que había pedido a escritores de todo el mundo un comentario sobre el libro que entonces tuviesen entre manos. Sin embargo, en el número del 12 de junio de 1983 de la revista norteamericana sólo se recogen unas cuantas líneas dedicadas a Palomar.
La idea inicial fue la de construir dos personajes: el señor Palomar y el señor Mohole. El nombre del primero lo tomo de Mount Palomar, el famoso observatorio astronómico de California. El nombre del segundo es el de un proyecto de perforación de la corteza terrestre que, de llevarse a cabo, llegaría hasta profundidades todavía desconocidas de las entrañas de la tierra. Los dos personajes debían seguir direcciones opuestas: Palomar hacia arriba, hacia el exterior, hacia los multiformes aspectos del universo; Mohole hacia abajo, hacia lo oscuro, hacia los abismos interiores. Me proponía escribir diálogos basados en el contraste entre los dos personajes, aquél como observador de las pequeñeces de la vida cotidiana desde una perspectiva cósmica, éste sin más afán que el de descubrir lo que yace debajo para sólo contar verdades molestas.
Intenté escribir un diálogo sobre el secuestro de personas: corrían los años en que en nuestro país esa peste empezaba a ser la más rentable de las industrias. El señor Mohole afirmaba que los únicos que se podían sentir seguros eran los sujetos a los que nadie quería y por los que nadie pagaría jamás un rescate; por consiguiente, la malevolencia recíproca era el único fundamento posible de la sociedad, mientras que el afecto y la compasión se convertían en el sostén del crimen, cuyo acicate lo encontraba precisamente en dichos sentimientos. Así las cosas, releí lo que había escrito, hice una bola con la hoja y la tiré a la papelera, como hago cada vez que sospecho que estoy escribiendo algo sobre lo que tarde o temprano me podría arrepentir. Ahora bien, ¿cómo iba a redactar los diálogos de Mohole si me embargaban escrúpulos de esa clase? Preferí arrinconar el proyecto para dejarlo madurar.
Empecé a escribir fragmentos dedicados sólo al señor Palomar, personaje que persigue la armonía en medio de un mundo todo él estruendo y miserias. Los publicaba en el Corriere della Sera, periódico para el que entonces colaboraba, convencido de que en algún momento introduciría al señor Mohole –pero sólo una vez que hubiese delineado bien el personaje de Palomar–, como ese contrapunto que antes o después debía imponerse por necesidad. Pero nada cambió. Seguía con Palomar, es decir, con un tipo de experiencias y de reflexiones que llegaban a mí de forma natural y que atribuía a aquel personaje, mientras que el señor Mohole se quedaba en el limbo de las intenciones. Dicho de otro modo, los pensamientos y razonamientos «en clave Mohole» que de vez en cuando se me ocurrían no llegaban nunca a trasponer el umbral que conduce a la necesidad de darles una forma escrita.
En los distintos proyectos de libro que de cuando en cuando esbozaba como continuación de la serie Palomar, siempre tenía prevista una sección de «Diálogos con el señor Mohole», para la que sólo contaba con el título. Arrastré el proyecto durante años, sin abandonar la idea de que la culminación del libro sería la aparición de aquel personaje antitético, sobre el cual todavía no había escrito una sola línea.
Únicamente al final comprendí que Mohole no era en absoluto necesario porque Palomar era también Mohole: el lado oscuro y desencantado que aquel personaje, bien dispuesto por regla general, anidaba en su interior no tenía la menor necesidad de exteriorizarse en otro. Me di cuenta entonces de que el libro estaba hecho: en efecto, en Palomar [...] no quedan trazas de lo que he contado hasta aquí.
Se me podrá preguntar por qué en lugar de referirme al libro que he escrito, hablo del que no he escrito si encima entre ambos no hay nada en común. Es probable, con todo, que uno no pueda referirse a su propio libro (que no debería requerir explicaciones del autor) sino «en negativo», es decir, hablando de los proyectos de libros que han sido descartados para llegar a éste.
Palomar aparece ahora como un libro de poco grosor, pero en el curso de su elaboración ha sentido varias veces la tentación de convertirse en enciclopedia, en «discurso del método», en novela. Sin embargo, en vez de extenderse, lo que ha hecho es reducirse y condensarse progresivamente. De entrada, disponía de los artículos que, bajo el epígrafe «El observatorio del señor Palomar», había escrito de forma esporádica para el Corriere della Sera entre 1975 y 1977, pero sólo algunos de ellos valían para el libro, a saber, los basados en la atención a terrenos de observación limitados –una jirafa en el zoológico, el embate de una ola, el escaparate de una tienda– que se convierten en narración a través de una obsesión de plenitud descriptiva.
Ésta y no otra es la «experiencia Palomar», presente también en otros artículos que originalmente publiqué en primera persona en el diario La Repubblica en los años siguientes, cada vez que se me presentaba la ocasión de describir, por ejemplo, las bandadas de aves migratorias que se veían en Roma en el mes de noviembre o los planetas contemplados a través de la lente de un telescopio. Desde hace mucho tiempo tengo el empeño de revalorizar un ejercicio literario caído en desuso y que se juzga inútil: la descripción. Cuando tengo ganas de escribir sobre algo que he visto, procuro plasmar mis impresiones desde «la realidad», impresiones que la mayoría de las veces quedan olvidadas en agendas y cuadernos de notas.
Para la composición de Palomar emprendí la búsqueda de mis notas; así encontré, por ejemplo, una descripción de tortugas en el acto de copular, que ha pasado al libro sin cambios. Esta descripción es casi idéntica a la que figura en un poema de Giuseppe Conte, joven poeta y paisano mío; al releerlo en el hermoso volumen L’oceano e il ragazzo (editado por Rizzoli), me doy cuenta de que puedo pasar por un plagiario, dado que su poema se publicó antes. Sin embargo, para mí se trata de una prueba de la objetividad de la descripción, cuya fuerza se impone a las distintas expresiones literarias.
Había además puesto a punto muchas páginas de experiencias de viaje sobre civilizaciones antiguas y lejanas: las he descartado todas porque el libro de impresiones de viaje del escritor italiano es un género del que todos nos sentimos saturados. Además, los mínimos datos culturales que irremediablemente hay que ofrecer sobre todo cuanto se describe en textos de ese tipo, desentonaba en un libro como éste, planteado sobre la base de una relación directa con lo que uno ve.
Sea como fuera, el problema de hacer frente a campos del saber que no domino sino en medida limitada era el más arduo de todos, pues Palomar no debía exhibir nunca aptitudes que no posee ni ineptitudes que por sí mismas carecen siempre de interés. En la sección que constituye el meollo del libro, «Palomar hace la compra», podrá comprobarse si he sabido resolverlo; en esta parte, sobre las tiendas de alimentación de París, se aborda uno de los temas que más me atraen y que definiría como «las bases materiales de la existencia».
Porque, desde que acometí la tarea de recopilar estos textos, se me ocurrió definir determinados temas que veía aflorar repetidamente, por ejemplo, «orden y desorden en la naturaleza», «necesidad, posibilidad, infinito»,
