Libélula Contra Monarca: Libro Dos
Por Charley Brindley
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La Libélula y Monarca son pequeños dispositivos aereos tipo Dron que parecen insectos reales. Pueden revolotear por instalaciones militares y campos terroristas sin ser detectados mientras recolectan data en forma de video sobre estas instalaciones y las personas a su cargo. En su primera misión sobre una aislada linea de desierto, sus pilotos remotos, uno americano y otro ruso, son llevados a una extraña lucha por sobrevivir. En su intento por recuperar sus drones desactivados, los pilotos descubren un secreto impresionante sobre si mismos.
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Libélula Contra Monarca - Charley Brindley
Capítulo Primero
La CIA no es la única pandilla deagentes secretos con insectosdotados dearmas. Parecer ser que el Kremlin tiene los suyos también.
Ciudad de Nueva York, hoy.
Rigger Entime tocó a la puerta del apartamento 7C.Mientras esperaba, divisó bajando del elevador al final del pasillo, a una pareja risueña que le daba la espalda.Panoramas pintorescos, y mesitas elegantes con jarrones de flores decoraban el pasillo curvo.
Te tardaste demás.
Sonrió Katrina mientras abría la puerta.
Hubiese llegado antes pero…
Calla.
Deslizó sus brazos por su cuello y presionó sus labios con los de él. La bolsa de papel que portaba la golpeó en el trasero al rodearla con sus brazos, mientras cerraba la puerta de una patada.
Mmm… me parece que trajiste algo duro contigo.
Si.
La besó de nuevo. Licor duro.
¿Eso también?
Tras un momento se apartó de él ¿Hambriento?
Negó con la cabeza y la besó de nuevo.
Alcanzó detrás de sí misma y le quitó la bolsa de sus manos. Quiero ver qué me has traído.
Abrió la bolsa y revisó dentro. Amo el tinto de verano
¿Dónde está Rachel?
En el orfanato.
Lo tomó de la mano, guiándolo hacia la cocina.
Desearía que estuviese aquí.
Yo igual. La quiero tanto
Katrina dejó las botellas en la mesa de la cocina. Siéntate acá.
Dijo apuntando a una silla de la mesa, mientras se ponía un guante de cocina. Nos hice pizza.
Woao, huele muy bien. Tal vez si tenga hambre.
Puso la pizza sobre la estufa y la separó con el cortapizzas. Después de cortar 4 trozos y ponerlos en un plato se sentó en una silla de la mesa frente a él.
¿Por dónde comenzamos?
preguntó ella.
Tomó un pedazo de pizza y lo dejó inmediatamente. Usualmente comienzo con los dedos, pero está demasiado caliente
Sabes a lo que me refiero.
Corrió su silla hacia afuera y se acercó a la gaveta por dos tenedores. En vez de volver a su silla frente a él, se sentó en otra, a su lado.
Cada uno usó su tenedor para cortar un bocado de pizza.
¿Por qué te han despedido?
preguntó él.
Para comenzar, dormir con el enemigo, lo cual no hice.
¿Y qué más?
Poner en peligro a un menor.
Pues, eso es cierto, si pensaste que yo pudiese ser un asesino.
Ja, no sabes lo cerca que estuviste de una bala.
Rigger paró de masticar para verla fijamente.
¿Recuerdas ese primer día, cuando nos compraste chocolate caliente?
Él asintió con la cabeza.
¿Notaste mi mano derecha en algún momento? No, no lo hiciste, ya que estaba dentro del bolsillo de mi saco, junto a mi revolver de servicio; el cual por cierto, tuve que entregar hoy.
¿Me estabas apuntando con una pistola??
No apuntando precisamente, pero pude haberla tenido en mi mano en solo un instante si nos hubieses hecho una avanzada. Al igual que la vez que pensabas que estaba limpiando tu cocina, tuve mis ojos sobre ti todo el rato que jugabas con Rachel.
Pues…
Rigger regresó a su comida. Pensé entonces, que eras una doméstica terrible.
Tenía tantas ganas de arrestarte, pero no tenía evidencia alguna, nada para mostrar en la corte.
’¿Cuándo te comenzaste a ablandar conmigo?
La segunda vez que Rachel y yo fuimos a tu apartamento. Comencé a notar que eras un buen tipo.
Katrina retiró las tapas de las bebidas y puso una frente a Rigger.
Rigger tomó un trago. Y supongo que le reportaste de vuelta a tu superior que ya no era un sospechoso?
Si, eso hice. Pero el capitán Billingsley no se lo creyó. Dijo que me estaba poniendo cómoda contigo y que debía apartarme por un tiempo, hacer papeleo o poner multas de tránsito.
Pero eso no fue lo que hiciste.
¿Cómo podría?
¿Fue él quien te despidió?
Si. No me despidió per se, me suspendió hasta que asuntos internos complete su investigación. Creo que fue el tercer punto de su lista lo que más le molestó.
¿Y cuál era ese punto?
Insubordinación y no seguir procedimientos del departamento.
Esos son dos puntos.
Y el término ‘impredecible’ fue traído a acotación, más de un par de veces.
Suena a que estaba realmente fastidiado contigo, pero no puedo imaginarte desobedeciendo.
Rigger ojeó la cocina, se levantó y alcanzó dos servilletas de papel de un rollo situado junto al fregadero. Le entregó una a ella y utilizó la otra para limpiar su boca.
Oh no, sí fui desobediente, eso es seguro; y también me negué a dejar de verme contigo.
Él volteó para hacerle frente. ¿Y valió la pena?
Katrina detalló su trozo de pizza por un momento. Aún no.
Dio una mordida.
Qué linda eres. ¿Nos vamos a emborrachar o qué?
Que.
Rigger dejó a un lado su bebida y acercó a Katrina a sus brazos. Besó sus labios, mejilla, oreja, luego su cuello. Cuando trató de deshacer el botón superior de su blusa, ella dejó caer su botella. La misma golpeó en la mesa y se cayó de lado, derramando la bebida color rosa. Ninguno pareció notarlo.
Empujó su pizza de lado y levantó a Katrina, sentándola sobre la mesa frente a él. Ella separó sus piernas, mientras él presionaba un lado de su rostro en su pecho. Cuando Rigger envolvió sus brazos alrededor de ella, Katrina lo abrazó por el cuello y recostó su mejilla en su pelo.
Rigger,
susurró.
¿Dime?
¿Por qué está mojado mi trasero?
Bajó su mano hasta el trasero de ella, y luego a la sobremesa. Es tinto de verano,
dijo él, sin moverse de posición.
Oh. Dios.
¿No crees que deberías cambiarte esos jeans?
Aquí no.
¿Dónde sino?
En el cuarto.
¿Tienes un cuarto?
Se inclinó hacia el frente, alejándose de la mesa y sentándose en el regazo de él, cubriéndolo con sus piernas.
Al besarlo, él pudo sentir su lengua acariciar sus labios. Separó sus labios para recibir los de ella y sus lenguas se encontraron.
Kat,
susurró.
¿Si?
Ahora son mis pantalones que están mojados.
Katrina rió, inclinándose hacia atrás ¿Trajiste un cambio?
Él negó con la cabeza.
¿Ves esa puerta?
preguntó ella.
No.
Abre tus ojos.
Ah, te refieres a la puerta con la señal titilante de neón que lee ‘¿cuarto, cuarto, cuarto?’
Sí, sí, sí.
Rigger la cargó hasta el cuarto, sentándola sobre la cama, y mientras, la miraba deshacer el cierre de sus jeans.
Katrina no se quitó los jeans, en vez, deshizo los botones de su blusa, mirándolo fijamente. Al alcanzar el último botón, dijo, ¿Quieres conocer a Thelma y a Louise?
Los ojos de Rigger se dilataron al ver su brasier Rosado de encaje. Asintió sin quitar su mirada de ella.
Katrina se quitó la blusa y la dejó a un lado, mientras alcanzaba el gancho de su sostén, tratando de removerlo.
Nunca…
Se detuvo, tragó, y parpadeó. Trató de decirlo de nuevo Nunca conocí a una mujer que nombrara sus senos.
Esas no son Thelma y Louise, tonto. Son estas.
Su brasier cayó al suelo y con sus brazos en cruz sobre su pecho, hizo aparecer dos pequeñas pistolas de envainaduras de cuero fijadas a su espalda baja.
¡Woao!
Hizo piruetas con sus automáticas niqueladas en las puntas de sus dedos índices, manteniendo sus ojos fijos firmes en los de él. El Capitán Billingsley no sabe sobre estas bebés.
Lanzó su pistola derecha por el aire y la atrapó detrás de su espalda. ¿Dónde está Thelma?
Rigger echó un vistazo a la mano izquierda, la cual ella apuntaba hacia él, con la palma abierta y vacía.
Desapareció.
¿Dónde está Louise?
Era su mano derecha que estaba vacía ahora. Unió sus manos a lo alto sobre sí misma y serpenteó su cuerpo.
Rigger no pudo contener una sonrisa. Observó sus caderas mecerse y sus hermosos senos sacudirse.
Bailaba frente a él, y luego lentamente volteó su cuerpo, hasta que su espalda lo enfrentaba. Se inclinó hacia adelante.
¡Thelma y Louise!
Dijo con un grito al ver las dos pistolas que salían a medias dentro de los bolsillos en las caderas de Katrina.
Puedes tocarlas si gustas.
Trató de tomar las pistolas bamboleantes, pero ella giró rápidamente, tomándolo de las manos.
Se quedó perplejo mirándola de frente.
Mejor nos quitamos esta ropa mojada.
Dijo ella.
"Ven, deja que
