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A sus casi quince años, Bianca se ha prometido no ser como cualquiera de sus amigas del instituto. Entre sus opciones no se presenta la idea de tener novio.
Sin embargo, una ligera circunstancia viene a alterar su enfocada existencia: Valentina, su mejor amiga, está a punto de cumplir quince años y Óliver, ese molesto chico que conoce desde sexto grado, será su chambelán.
Bianca intentará evitarlo, pero será imposible, durante los ensayos de la coreografía de la quinceañera, las chispas saltarán entre ellos y pondrán a prueba sus convicciones y aquello que tanto ha querido evitar.
Quinceañera es una novela juvenil sobre la dulzura del primer amor, los bailes de quince años y la fuerza de la amistad en los días de instituto.
M. Cavani
M. Cavani estudió Contaduría Pública, pero sus pasiones son la lectura y la escritura. Es admiradora de Jane Austen y sus novelas predilectas son, Orgullo y Prejuicio, Jane Eyre y Persuasión. Maneja dos blogs: Cine, Libros y Jane Austen, donde escribe sobre las películas que mira y los libros que lee; y Ficción Femenina, donde relata temas de su inspiración. Se considera una dog person. Su perrita Chloe es su diversión.
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Quinceañera - M. Cavani
Copyright
Título: Quinceañera
© 2016 M. Cavani
Reedición 2024.
Fondo de imágenes para portada: Pixabay.
Ilustración de la portada: Mariela Cavani.
Maquetación: Mariela Cavani.
Se reservan todos los derechos.
Este trabajo representa una revisión de la novela publicada en la plataforma Amazon en el 2016. Los capítulos de la presente versión están extendidos y tienen contenido adicional inédito. Además, tiene como agregado el capítulo Diecisiete, que completa la historia.
Esta versión solo puedes obtenerla a través de Amazon.
Se prohíbe la distribución electrónica o material de este trabajo sin la autorización de la autora.
Los personajes presentes en esta novela son ficticios, cualquier relación con la realidad es pura coincidencia.
Las marcas comerciales mencionadas no han patrocinado esta obra.
Las canciones mencionadas pertenecen a sus autores. Estas menciones han sido con todo el respeto y admiración de la autora por sus cantantes.
Tercera edición.
Sinopsis
A sus casi quince años, Bianca se ha prometido no ser como cualquiera de sus amigas del instituto. Entre sus opciones no se presenta la idea de tener novio.
Sin embargo, una ligera circunstancia viene a alterar su enfocada existencia: Valentina, su mejor amiga, está a punto de cumplir quince años y Óliver, ese molesto chico que conoce desde sexto grado, será su chambelán.
Bianca intentará evitarlo, pero será imposible, durante los ensayos de la coreografía de la quinceañera, las chispas saltarán entre ellos y pondrán a prueba sus convicciones y aquello que tanto ha querido evitar.
Quinceañera es una novela juvenil sobre la dulzura del primer amor, los bailes de quince años y la fuerza de la amistad en los días de instituto.
Nota de la autora
Esta novela fue publicada por primera vez en el 2016. La versión actual responde a una revisión del argumento, hecha en el 2023.
Aunque se ha intentado que el resultado sea anacrónico, todavía encontrarás referencias (sobre todo musicales) de lo que estaba de moda en el año 2015, cuando fue escrita.
Prefacio
Óliver:
¿Estabas celosa?
Bianca:
¿Celosa?
Óliver:
Sí, celosa.
Bianca:
Nunca he estado celosa.
Óliver:
Vamos, Bianca, admítelo, lo estabas.
Bianca:
¿Por qué habría estado celosa?
Óliver:
Tú lo sabes.
Bianca:
No, no lo sé.
Óliver:
Por lo que le dije a Valentina.
Bianca:
¿Por ti?
Óliver:
Porque no estaba pidiéndote a ti lo que estaba pidiéndole a ella.
Bianca:
Vete a la M..., Óliver.
Capítulo 1
Cuenta regresiva para la quinceañera de Valentina
(-4 semanas)
—Buenas noches, buenas noches...
La pequeña y delgada mujer dejó su abrigo en el perchero y entró al gimnasio acelerando el paso como si estuviera retardada, aunque se estaba presentando exactamente a la hora pautada. Si se le juzgaba por su aspecto nadie habría pensado que aquella señora de cabello fuera de lugar, grandes gafas y maquillaje medio chorreado, que se desplazaba sin ritmo, era una experta organizadora de los bailes de quinceañeras. La primera impresión que me dio fue la de su parecido con Miss Geist, ese personaje de Clueless, una de las películas favoritas de mamá, que me sabía de memoria por las tantas veces que la habíamos visto juntas. Pero la influencia y el reconocimiento como coreógrafa de quinceañeras de la señorita Estela, ése era su nombre, era tal que le permitían usar el gimnasio, fuera de la jornada escolar, sin ser profesora regular del instituto.
—¿Cuántos somos, Valentina? —Preguntó, aunque nos contó ella misma—: Seis niñas y cuatro niños. El vals es en pareja, querida, ¿quiénes quedan fuera, o es que piensas hacer de tu quinceañera un baile moderno?
A Valentina le encantaría, si eso atrajera la atención de los lugareños hacia su quinceañera, pero no había diversidad en el círculo de mi amiga.
Mientras observaba la escena, pensaba en lo mucho que me gustaría ofrecerme voluntaria a eso de quedarse fuera de esta tontería de baile, pero sabía que estaba fijada con pegamento a uno de los cuadros, que Valentina no me dejaría ir de su coreografía, me lo había advertido semanas atrás, cuando su quinceañera todavía era un plan, que mi participación era el equivalente a ser su dama de honor en su boda, un lujo que me permitía al tener el título de su mejor amiga, además de que más me valía disfrutar de la experiencia puesto que, cuando me tocara cumplir quince, yo no iba a tener una fiesta ni remotamente parecida.
—Señorita Estela, en realidad somos doce —explicó Valentina—, Tom, mi chambelán, está aparcando su auto, y tengo a esta forma de invitado especial, pero no sé por qué no se ha presentado aún. Le exigí puntualidad.
—Que sepas que los chambelanes los asigno yo, querida, y no me hace gracia la impuntualidad, dejemos esto claro, quedamos a las seis y cuarto y son las seis con dieciocho; ¿cómo es que no están aquí estos... invitados especiales?
—Espere un momento... —dijo levantando un dedo, antes de extraer el teléfono de su cartera, y darse la vuelta para marcarle a uno de sus contactos. Un par de segundos después se le escuchó muy enfadada—: ¿Dónde rayos estás, Óliver?
Por supuesto, ese invitado especial tenía que ser ese chico insolente.
—¿En tu qué...? Mueve tu trasero hasta aquí, me faltas para completar la cuadrilla... Claro que lo tengo, pero necesito otro chambelán, ¿quién crees que bailará con Bianca?
—¡Hey! ¡Hey! ¡Hey! —Como si hubiera sido empujada por un resorte, salté de la esquina en la que estaba oculta (intentando ser invisible), para fijar posición—. Espera un momento, ¿quién dice que voy a bailar con él?
Me defendí, aunque era obvio que me correspondía bailar con Óliver, todas las demás chicas de la cuadrilla tenían novio y estos novios serían sus parejas en la coreografía (pese a los planes de la señorita Estela). Estaba enganchada a este sujeto, a menos que él decidiera no participar, con lo que, en realidad, estaba haciéndome un favor. Porque a mí no me hacía gracia bailar un ridículo vals de Chayanne delante de doscientos invitados, ni encontraba fascinación en usar vestidos con encaje ni tacones, ponerme maquillaje o arreglarme el cabello con fijador.
—Eres insoportable, Óliver. ¿Sabes qué?, no te necesito y ella tampoco.
—¡Yei! ¡Así se habla, Valentina! —vociferé aplaudiendo, demasiado emocionada.
—Bye. —Enfatizó el cierre de la llamada, exagerando el gesto con el dedo sobre la pantalla del teléfono.
Estaba fuera de la cuadrilla. No podía creerlo. Qué alivio sentí. El día de los quince años de mi mejor amiga iba a estar sentada en una mesa, acompañada por mi mamá, disfrutando del espectáculo en lugar de formar parte de éste. Qué regocijo sentí en mi alma. Mentalmente estaba bailando, saltando sobre un solo pie, hasta que mi mirada se encontró con la de ella. Qué ilusa había sido. Valentina no cedería así de fácil, la falta de un chambelán era el fin de su mundo.
—Me quedaré y memorizaré todos los pasos por si alguien falta —le dije con la intención de calmarla, de demostrarle que no era cierto que el mundo se terminaba con esta situación, aunque no encontraba la manera de disimular esa sonrisa victoriosa que se empeñaba en dibujarse sobre mis labios—. No te sientas mal, yo estoy bien. Sabes que cuentas conmigo. Estoy muy feliz por ti. Tu coreografía quedará preciosa.
—¡Pero tú no estarás en ella, Bianca! —dijo chillando.
—Te prometo que estaré ahí, con la señorita Estela, cuidando cada detalle. Sabes que me gusta más estar entre bastidores que ser el centro del espectáculo.
—Pero eres mi mejor amiga. —Se acercó para tomar mis manos con las suyas—. Te necesito en mi coreografía.
No encontraba las palabras adecuadas para hacerle entender que su desdicha era mi felicidad.
—¡Ya sé!
Oh, no.
—Llamaré a Rubén —propuso.
—A Rubén...
—Claro, Rubén estará encantado de ser tu chambelán. He visto cómo te hace ojitos.
Su chispeante idea no me hizo sentir cómoda. Rubén era uno de esos cerebritos que se creía más calificado que sus compañeros de la clase sólo porque le gustaba estar entre libros y aprender por encima de lo que el sistema educativo le exigía. Tenía una personalidad espesa, una tendencia a hacer el ridículo sin darse por enterado, no se medía en lo que decía y sus respuestas eran cortantes y petulantes. Era un chico que creía hacerlo todo bien, aunque ese mismo todo le saliera mal. Como un señor Collins de instituto.
—No me hagas esto, Valentina.
—Es nuestra única alternativa, Bi —me advirtió.
Óliver iba a pagarme su falta de compromiso con la coreografía de mi amiga. Y muy caro.
—Buenas noches...
Las dos volvimos la mirada hacia la entrada del gimnasio cuando escuchamos la voz. Se trataba de Tom, el novio de Valentina, un chico guapísimo, el que más en el instituto, que se había fijado en ella cuando mi amiga ni remotamente pensaba en él. Si algo tenía Valentina era que ella no se hacía ilusiones en vano. Había comenzado a tener novios a los trece, Tom sería el quinto, y con ninguno se había propuesto un plan de conquista. Ellos fueron los primeros en dar el paso de cortejarla. Mi amiga era siempre la elegida. Y eso era admirable.
—¡Tom...!
Haciendo un mohín, Valentina dejó nuestra conversación y dando zancadas se colgó del cuello de su novio.
—¿Qué sucede, tesoro?
—¡Bianca no tiene chambelán, vida!
Sentí la mirada compasiva de Tom sobre mí. Empezaba a sentirme como un caso de caridad.
—Sabes que puedo llamar a mi primo, tesoro, ya hemos hablado de esto.
—¿Crees que acepte?
—Esperen, esperen... ¿de qué primo están hablando? —Pregunté, sintiéndome inquieta.
—Te agradará mucho, Bianca. Tom piensa que tú y él harían una bonita pareja.
—No he dicho eso —se defendió él—, pero, en este caso, es perfecto para ti, Bianca.
De verdad, tan pronto se cruce delante de mí, Óliver va a vérselas conmigo.
—Rubén será mi chambelán —determiné, dando mi brazo a torcer.
—No, será Esteban.
—Valentina, no pienso bailar con un desconocido para quien seré, además, un caso de caridad. Olvídalo. Mi pareja será Rubén.
—Te verás ridícula con Rubén, Bianca, y estará mirándote la delantera todo el tiempo, sabes que ahí le dan los ojos.
Oh, por Dios, había olvidado ese pervertido detalle. Necesitaba hacer algo. Pensaba en el baile en pareja como una acción que había que practicar con alguien con el que se tuviera confianza, y para sentirme cómoda necesitaba conocer a mi compañero, de otro modo me sentiría bloqueada.
—Espera un momento —solicité antes de alejarme a un rincón del gimnasio y marcar el número de Óliver.
—Veo que me necesitas... — Él no demoró en responder.
—Eso quisieras. —Le puse los ojos en blanco, aunque no pudiera verme.
—A ver, entonces, ¿a qué debo el honor de esta llamada, Bianca?
—Mueve tu trasero hasta aquí —le dije con autoridad, tomando prestadas las palabras de mi amiga.
—¿Por qué, si no me necesitas?
—Porque estoy siendo el caso de caridad de Valentina y Tom, y si no vienes, Rubén tomará... —quise decir «tu lugar», pero pensé que no era recomendable ensalzarlo a esa posición así de fácil— el puesto de chambelán y estará mirándome la delantera todo el tiempo.
Óliver soltó una carcajada.
—Es porque tienes una buena delantera.
—¿Disculpa...?
¿Cuándo él se había fijado en esa parte de mi cuerpo?
—Tranquila, no soy un pervertido como Rubén.
Claro que no, si algo tenía Óliver era personalidad, además de ojos exclusivos para Valentina. Debió decirlo para fastidiarme. Porque si algo más tenía era que le encantaba molestar a quienes le rodeaban. O le llamaban como acto de desesperación.
—Eres peor, Óliver.
—No lo soy.
Óliver y yo teníamos una relación en la que tratábamos de ignorarnos, pero cuando nos poníamos algo de atención, nos encantaba entrar en discusiones interminables. En esta oportunidad tenía que controlarme, no era un buen momento para poner resistencia, necesitaba que aceptara el puesto de chambelán, el mío, de ser posible, pues con la señorita Estela cualquier idea o circunstancia entraba dentro de las normas de su juego.
—¿Vendrás? —indagué. No quería sonar como si su disposición a ser mi chambelán me importara, pero, la verdad, me urgía que aceptara.
—¿Hoy? —Él, sin embargo, no podía sonar más desinteresado.
—No, dentro de cinco semanas, después de que suceda la quinceañera de Valentina.
—Entonces, sí quieres que sea tu chambelán... —señaló risueño, podía notarlo por el color que había adquirido su voz.
—Por supuesto que no. Simplemente estoy resignada a que lo seas —le aclaré, no quería que tuviera una idea equivocada de mis intenciones.
—¿Por qué te molestaste el viernes? —preguntó desviando la negociación.
—Otra vez con lo mismo.
Últimamente parecía que era la única cuestión que tenía para mí: ¿Por qué me había molestado el viernes?
—Nunca te había visto enojada y siempre le he dicho muchas tonterías a tu amiga.
La verdad es que no me enojé... ¿O tal vez sí? Como sea... Lo que había sucedido es que él se había puesto muy pesado con Valentina, estando yo presente, como testigo de toda esa pedantería, consiguiendo que se colmara mi paciencia.
Había sucedido exactamente el viernes pasado. cuando estábamos en la clase de Geografía y Óliver retomó su tema favorito: molestar a Valentina con lo que sea; le dijo cerca de diez veces que él sería mejor chambelán que Tom y mejor novio que Tom. Valentina, en lugar de aclararle cómo estaban las cosas entre ella y su novio, lo que hizo fue contradecirlo y estimular la discusión.
Desde mi punto de observación, mi amiga adoraba a su novio, pero le encantaba que Óliver estuviera loco por ella.
Fue un aburrido tira y afloja, y lo más grave era que yo estaba allí, en el medio, como espectadora de un largo partido de tenis, siguiendo la pelota de un lado a otro, hasta que me cansé e hice lo que Valentina debió desde un principio: ponerlo en su lugar.
Match point.
—Valentina tiene novio —le aclaré nuevamente, al teléfono— y quiere que éste sea su chambelán. ¿De dónde sacas que iba a preferirte sobre él?
—A mí solo me gusta molestarla, llevo años haciéndolo, es mi rutina y lo sabes. Tú, ¿de qué te enfadaste?
—Del ruido que me hacía tu voz. —Quería cerrar este tema para siempre. No entendía por qué él no lo dejaba en paz.
—No creo. Estabas celosa porque a ti nunca he dirigido las atenciones que he tenido con ella, ves que Valentina tiene
