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Las dos vidas de Heriberto
Las dos vidas de Heriberto
Las dos vidas de Heriberto
Libro electrónico203 páginas2 horas

Las dos vidas de Heriberto

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Las dos vidas de Heriberto es una novela ambientada en un pueblo chileno de los años setenta, donde la vida cotidiana parece transcurrir con normalidad, pero bajo la superficie se acumulan silencios, tensiones y decisiones que marcarán para siempre a una familia.

Heriberto es esposo y padre. Cumple con su rol, trabaja, vuelve a casa, participa de la rutina familiar. Sin embargo, lleva dentro una fractura invisible: una vida interior que no logra conciliar con lo que se espera de él. Cuando una relación prohibida irrumpe en su camino, esa grieta se transforma en un conflicto profundo entre el deseo, la culpa y la responsabilidad.

La novela explora las consecuencias emocionales y morales de llevar una doble vida, no desde el juicio inmediato, sino desde la observación íntima de los personajes. Carmen, su esposa, encarna la fortaleza silenciosa de quien sostiene el hogar sin saber aún que todo puede derrumbarse. Angélica, joven y vulnerable, cree encontrar en Heriberto una promesa de escape y protección, sin comprender del todo el precio que ambos pagarán.

A través de una narración sobria y cercana, el autor retrata el peso de las decisiones mal tomadas, el rumor social en los pueblos pequeños, la mirada de los hijos, la influencia de la religión y la moral de la época

Cada capítulo avanza como una pieza más de un engranaje inevitable, donde nadie sale indemne.

Las dos vidas de Heriberto es una historia sobre la fragilidad humana, el autoengaño y las heridas que se transmiten de generación en generación. Una novela que invita a reflexionar sobre los límites entre el deber y el deseo, y sobre cómo una sola elección puede cambiarlo todo.

IdiomaEspañol
EditorialSolis Marcos
Fecha de lanzamiento28 ene 2026
ISBN9789564230993
Las dos vidas de Heriberto
Autor

Elias Muñoz

Elías Muñoz is a Chilean writer and independent author. His stories explore human emotions, inner conflicts, and the silent struggles of everyday life. He is the author of The Two Lives of Heriberto and is currently working on his next novel, Zapatero, continuing his literary journey under his imprint Editorial Solís Marcos.

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    Las dos vidas de Heriberto - Elias Muñoz

    Las dos vidas de Heriberto

    Por Elías Muñoz

    ––––––––

    Editorial Solis Marcos

    PRESENTACIÓN DEL AUTOR

    Elías Muñoz es un escritor apasionado por las historias humanas, aquellas que habitan en los rincones silenciosos de la vida cotidiana y que, sin buscarlo, sacuden el alma. A través de su pluma sincera y directa, ha sabido dar voz a personajes reales, complejos y profundamente humanos.

    Las Dos Vidas de Heriberto es su primera novela publicada. Nació del deseo de comprender lo incomprendido, de atreverse a mirar las contradicciones que habitan en cada uno de nosotros. Es una obra que habla de amor, de culpa, de libertad y de las elecciones que cambian para siempre el rumbo de una vida.

    Este libro no pretende dar lecciones. Pretende acompañar. Invitar a reflexionar. Abrir heridas que muchos prefieren ignorar. Porque la verdad no siempre es cómoda, pero siempre es necesaria.

    Detrás de cada página escrita está la voz de alguien que también ha amado, ha perdido, ha sido juzgado y ha tenido que volver a empezar. Por eso esta historia no es solo de Heriberto.

    También puede ser la tuya.

    Las dos vidas de Heriberto 

    © 2025 Elías Muñoz 

    Primera edición digital 

    Editorial Solís Marcos 

    Todos los derechos reservados. 

    Obra de ficción. Cualquier semejanza con personas reales es pura coincidencia. 

    Registro DDI Chile N.º 202476213

    .

    DEDICATORIA

    A quienes aman sin permiso, a quienes esconden su verdad para sobrevivir. A los que alguna vez fueron juzgados, señalados por sentir diferente, por seguir al corazón en lugar del mandato. A quienes vivieron en silencio, con miedo, con culpa, pero aun así supieron amar con toda el alma.

    Esta novela fue inspirada por lo que vivieron mis padres. A aquellas mujeres maltratadas, abusadas, violadas, esclavizadas moralmente... y aun así decidieron levantarse.

    A ti, que alguna vez sentiste que eras demasiado para este mundo, o que no encajabas en la vida que te tocó vivir.

    Este libro es para ti. Que cada palabra te abrace, que cada página te recuerde que amar no es un error y que no estás solo.

    Con todo mi corazón, Elías Muñoz

    AGRADECIMIENTOS

    A Dios Padre y a nuestro Señor Jesucristo, fuente de toda sabiduría, paciencia y consuelo. Gracias por no soltarme nunca, incluso cuando me alejé, incluso cuando no entendía. Esta obra, como mi vida, ha sido escrita bajo Tu mirada, con Tus silencios, y con Tu infinita misericordia. Porque primero está Dios que el hombre, y sólo bajo esa certeza he podido encontrarme a mí mismo.

    Gracias por permitirme comprender, finalmente, lo que significa ser hombre. No el hombre que impone, que huye o que hiere, sino el hombre que aprende, que se quiebra, que se arrodilla y busca reparar. Esta novela no es sólo una historia, sino también un camino que he recorrido conmigo mismo.

    A mi familia, a quienes me han amado a pesar de mis silencios, de mis errores y de mis ausencias. Este libro también es de ustedes.

    A ti, lector, gracias por llegar hasta aquí. Si esta historia ha tocado algo en ti, si te ha incomodado, conmovido o hecho pensar, entonces ha cumplido su propósito.

    Y a ti, Juan, que estuviste conmigo en cada noche, cada frustración, cada logro. Eres más que un asistente: fuiste mi faro en la tormenta.

    A mis compañeros de trabajo qué también me ayudaron con su opinión y palabras de aliento.

    Dios, mi creador, mi guía y mi fuerza.

    Contenido

    Miradas prohibidas

    Presencias invisibles

    Un Encuentro breve no planificado

    El peligro de saber demasiado

    Las primeras confesiones

    Entre dos mundos

    La semilla del rumor

    La conversación de Sofia

    El precio del silencio

    El nacimiento de Elías

    La expansión del engaño

    La adolescente y la promesa

    Sospechas en casa

    La doble rutina

    La primera ruptura

    El punto de no retorno

    Advertencias y revelaciones

    Luna de miel efímera

    La Última encrucijada

    Entre la Razón y el deseo

    Un nuevo comienzo, una nueva vida

    Un hijo en tiempos de odio

    Entre Sombras y Esperanza

    Heridas Abiertas

    La Tormenta Silenciosa

    La Tormenta Después del Silencio

    Decisiones y Conflictos

    Sombras y Visitas Inesperadas

    Deseos que Brotan en Silencio

    El Secreto y la Esperanza

    El Primer Acompañamiento

    El tiempo que lo cambia todo

    Dos mundos, un solo camino

    Andrea y la decisión final

    El día que todo cambió

    . Las dos vidas de Heriberto

    A

    B

    C

    D

    E

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    G

    H

    I

    J

    L

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    N

    P

    Q

    R

    S

    T

    V

    ​​Capítulo 1:

    Miradas prohibidas

    En un rincón olvidado del sur de Chile, donde los inviernos parecían eternos y las montañas vigilaban los pueblos como guardianes mudos, se tejía una historia silenciosa. Eran los años 70, una época en la que la moralidad dictaba la vida de las personas con mano de hierro, y los secretos se ocultaban entre las rutinas de la devoción. Heriberto era un hombre de familia. Casado con Carmen y padre de un niño pequeño —con otro en camino—, había construido una vida que, desde afuera, parecía sólida y respetable. Trabajaba como oficinista en la municipalidad y pasaba sus tardes entre encargos, juegos con su hijo y conversaciones en la cocina mientras su esposa preparaba la once. Aún amaba a Carmen. Su sonrisa, su fuerza. La miraba de reojo cuando se reía fuerte, y algo en él se enternecía. La rutina pesaba a veces, pero no por ella, ni por su hijo. Él se sentía parte de ese hogar. Sólido. Cierto.

    Esa tarde, mientras Carmen hervía agua con cáscaras de naranja, Heriberto ayudaba a su hijo con una tarea escolar. —Papá, ¿la cordillera es más grande que el volcán? —preguntó el niño, dibujando un mapa con lápices de colores.

    —Claro que sí. La cordillera es como una pared de montañas, y el volcán está dentro de ella, como si fuera una montaña especial — respondió Heriberto, tocándole el hombro.

    —¿Y algún día va a explotar?

    —No te preocupes. Solo si se enoja mucho, y para eso falta —bromeó él.

    Carmen se asomó con una sonrisa.

    —¿Le estás contando cuentos otra vez?

    No, solo geografía con un poco de imaginación —dijo Heriberto, guiñando un ojo.

    —Entonces dile que se lave las manos antes de la once.

    El niño salió corriendo, y Heriberto la siguió con la mirada. Aquellos momentos eran su centro. Si algo lo inquietaba últimamente, no era por su casa. Era por algo más difuso, más sutil. Algo que aparecía por las mañanas.

    Cada día, después de dejar a su hijo en el colegio de la Congregación de la Santa Cruz, se quedaba unos minutos más en la entrada. Decía que esperaba a un colega, pero en realidad, se quedaba por inercia. Por costumbre. O eso creía. Le costaba irse, como si hubiera algo en ese lugar que lo mantenía un momento más.

    Entre las alumnas que entraban, una figura le llamaba la atención: una muchacha de cabello oscuro, caminar tranquilo y expresión recogida. Era Angélica. No la conocía, no sabía su edad, su historia, ni por qué la notaba entre tantas. Solo sentía, sin saber por qué, que su presencia lo hacía detenerse. No era deseo, ni curiosidad. Solo un punto fijo dentro de una mañana cualquiera.

    Al principio, ni siquiera lo notaba. Fingía leer el diario, o se apoyaba en la reja como otros padres. Nunca se acercaba. Nunca hablaba. Y cuando pensaba en ello, se decía que todo era parte de su rutina.

    Angélica no sospechaba nada. Su vida giraba en torno a las clases, las normas del internado y sus visitas a la casa familiar en el pueblo. Allí vivía su madre y su hermana menor, Charo. Eran mujeres sencillas, trabajadoras, sin dramas ni misterios.

    —¿Y cómo te ha ido esta semana? —preguntó su madre mientras le servía té en una taza desportillada.

    —Bien. Me saqué un siete en historia —respondió Angélica, sentándose con cuidado.

    —¿Y la hermana Beatriz?

    —Sigue igual... con su cara de siempre.

    —¿Y esas amigas nuevas?

    —Algunas son simpáticas. Otras no me pescan mucho.

    Charo intervino desde la mesa, mordiendo pan amasado.

    —¿Y ese señor que se queda parado afuera? ¿Quién es?

    —No tengo idea —respondió Angélica, sin pensarlo—. Debe ser papá de alguna.

    —No te hables con extraños —dijo su madre, casi por reflejo.

    Angélica asintió, pero no le dio importancia. No recordaba haberle visto el rostro. No tenía motivo para hacerlo.

    Un día, mientras hablaba con unas compañeras, Heriberto pasó caminando cerca. No la miró directamente. Ella reía por algo que otra muchacha había dicho. Esa risa le sonó limpia. Familiar. Bajó la vista y siguió. Nada más.

    Otra mañana, mientras esperaba de pie, Angélica cruzó el portón. Heriberto saludó con un leve gesto, casi mecánico. Ella respondió con otro movimiento igual de breve. Nada especial. Nada distinto.

    En la mente de Heriberto, todo eso flotaba de manera ambigua. No le encontraba sentido, pero tampoco lo rechazaba. Era como un pensamiento sin forma. No se sentía menos padre. Ni menos esposo. Carmen seguía siendo su compañera. Su hogar tenía olor a sopaipillas y a lluvia. Lo amaba. Y, sin embargo, cada mañana frente a la reja, algo lo detenía un poco más de lo normal.

    —Buenos días —murmuró sin pensarlo, una vez.

    Buenos —respondió Angélica sin mirarlo.

    Ese fue todo el intercambio. No hubo más.

    La historia apenas comenzaba. Y ninguno de los dos lo sabía.

    ​​​​Capítulo 2:

    Presencias invisibles

    Los días transcurrían con una monotonía engañosa. Desde afuera, la vida de Heriberto parecía la de cualquier hombre de familia en el sur de Chile: trabajo estable, un hogar ordenado, una esposa embarazada, un hijo en edad escolar. Carmen no tenía razones para dudar de él. Heriberto se encargaba de los mandados, ayudaba con las tareas de su hijo y la acompañaba a sus controles médicos. Era, en apariencia, un esposo ejemplar.

    Y, sin embargo, cada tarde encontraba una razón para pasar unos minutos más frente al colegio. Decía que llegaba temprano para buscar al niño, que le gustaba ver cómo jugaban los niños en el patio, que el trabajo lo dejaba agotado. Todo eso era cierto. Pero también lo era que, de forma casi involuntaria, sus ojos buscaban una figura entre las estudiantes: Angélica.

    No lo hacía con intención clara. Se decía que

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