Disciplina con amor para abuelos: Una segunda oportunidad para amar
Por Rosa Barocio
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Rosa Barocio
Rosa Barocio buscó sensibilizarnos con sus conferencias y libros sobre la necesidad de una educación que integrara el desarrollo del intelecto con un corazón tolerante y compasivo. Fue maestra, licenciada en Educación y madre de dos hijos. Trabajó durante más de 30 años con niños y en la asesoría de escuelas, así como en la orientación a padres de familia. Dedicó gran parte de su tiempo a escribir y dar conferencias en México y el extranjero. Es autora de la colección Disciplina con amor que incluye títulos imprescindibles en temas educativos. Es autora de la serie Conocer tu temperamento mejora tus relaciones (2008), Disciplina con amor para abuelos (2019), Disciplina con amor (2020), Disciplina con amor tus emociones (2020), Disciplina con amor tu temperamento (2020), Disciplina con amor. Soluciones día a día (2021), Disciplina con amor para adolescentes (2021) y Disciplina con amor en el aula (2022), publicados por Editorial Terracota.
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Disciplina con amor para abuelos - Rosa Barocio
Disciplina con amor para abuelos
Disciplina con amor para abuelos
Una segunda oportunidad para amar
Rosa Barocio
Coordinación editorial: María de Lourdes Arellano Bolio
Portada: Víctor M. Santos Gally
Primera edición: agosto de 2020
© 2020, Rosa Barocio
© 2020, Editorial Terracota bajo el sello PAX
Las marcas y MÉXICO son propiedad de Editorial Terracota, SA de CV.
ISBN: 978-607-713-223-3
Reservados todos los derechos. Queda rigurosamente prohibida, sin la autorización previa y por escrito de los titulares del copyright, bajo las sanciones establecidas en las leyes, la reproducción parcial o total de esta obra por cualquier medio o procedimiento.
© 2020, Editorial Terracota, SA de CV
Av. Cuauhtémoc 1430
Col. Santa Cruz Atoyac
03310 Ciudad de México Tel. 55 5335 0090
www.editorialpax.com
Índice
Introducción 13
Capítulo 1
Discreción, tolerancia y ¡sentido del humor! 17
Los abuelos metiches 18
Los parientes del control: la arrogancia,
la autoimportancia y el perfeccionismo 20
Afirmaciones 21
En boca cerrada no entran moscas 22
Cuando la experiencia no cuenta 25
En mis tiempos…
¡Cuidado! 26
¡Despierta tu sentido del humor! 28
Capítulo 2
Consentir a los nietos 31
Consentir sin límites, ¿es lo mismo que amar? 31
El consentimiento sano 33
Los abuelos Santa Claus 36
¿Ya se te pasó la mano? 37
Elije con cuidado lo que regalas 39
Mantente joven: juega con tus nietos 40
El mejor regalo de todos 46
Capítulo 3
Disciplina con amor para abuelos 47
Límites sanos en las relaciones 47
2 Consejos prácticos 50
1. Cumple lo que dices 50
2. Aprende a manejar tu enojo 51
3. No alces la voz 51
4. No te repitas, ni sermonees 52
5. Empatiza pero no cedas 53
6. Desaprueba la conducta pero aprueba a la persona 55
7. En vez de malo o bueno
,
di permitido
o no permitido
56
8. Pon límites sin humillar 57
9. ¡No etiquetes! 58
10. Atiende su necesidad 59
11. Ve al nieto como si fuera la primera vez, cada vez 60
12. Habla en positivo 61
13. Alienta a tu nieto 62
14. Responde en vez de reaccionar 63
15. Discúlpate si ofendes 65
16. ¡Cuidado con las confidencias! 66
17. Nunca prometas 66
18. No pierdas tu lugar 67
19. Elimina los castigos, aplica consecuencias 68
20. Ayúdalo a desarrollar la empatía 73
21. Entrégale a tu nieto su responsabilidad 75
22. Sé justo pero flexible 75
Capítulo 4
Cultivando la conexión con tu nieto 77
Conoce tu temperamento 78
Eres ¿autoritario o permisivo? 83
El temperamento de los nietos 83
El temperamento no es una limitación 88
No trates de cambiar su temperamento 89
El choque de temperamentos 89
¡No los compares! 91
Capítulo 5
Situaciones que retan 93
¡Estoy agotada! Soy abuela de tiempo completo 93
Si regaño a mi nieto, se molestan sus padres 98
Los abuelos: reyes en su propia casa 100
Cuando los padres abusan del nieto 102
En defensa del nieto 104
Poner límites no es abusar 106
Permite que tu nieto llore 108
Tengo un nieto difícil 109
No me dejan ver a los nietos 112
Quieren más a la otra abuela 115
Afirmaciones 118
Solo me buscan cuando les convengo 119
Padres paseadores 120
Abuelos de padres separados 121
Los míos, los tuyos y los nuestros 122
Conclusión 125
Bibliografía 127
A
las abuelas y los abuelos… las yayas, las tatas, las nonnas… las grandmas y los grandpas…las omas y los opas, les grandmères y les grandpères…
Que adoran a sus nietos.
¡Gracias a las orgullosas abuelas, mis primas y amigas, y a los nietos,
que generosamente compartieron conmigo sus experiencias y anécdotas!
Introducción
¿Mayita, cuándo te vas a morir?
, escuché que preguntaba mi hijo de cuatro años a su bisabuela.No lo sé
, respondió ella algo sorprendida. Después de unos segundos mi hijo agregó, no te preocupes, yo creo que todavía aguantas
.
El ir y venir de la vida. Unos llegan, otros se van, y esto para el niño pequeño no es complicado, es simplemente lo que es. En su inocencia, no juzga, solo acepta las cosas como son. Pero con el pasar de los años dejamos atrás esta inocencia y si nos convencen de que envejecer es como una enfermedad, tratamos de evitarla ¡como la plaga! Entonces nos aferramos queriendo quedarnos anclados en la eterna juventud con la ilusión de detener el tiempo.
Abuela, ¿vas a salir?
Ya te dije que no me gusta que me llames abuela, dime Lola
, le insiste al nieto mientras trata de ajustarse el cinturón frente al espejo.Volteando a ver a la hija, exclama,Dios mío, ¡tengo que ponerme a dieta! y cómo ves, ¿crees que estas cremas me estén sirviendo o me hago un pequeño arreglito de cirugía en los ojos?
Aceptar esta nueva etapa se vuelve difícil, si no tenemos un sentido de vida. Nos quedamos atrapados insistiendo en seguir pareciendo jóvenes cuando el cuerpo declina. Y si bien podemos engañarnos imaginando que el tiempo no nos ha hecho mella, estos años vividos no se ocultan ante los demás. Y no es que se trate de dejarnos ir y desatendernos, pero sí de aceptar con dignidad lo que este nuevo ciclo nos regala.
Y por eso escribo este libro. Porque esta última etapa de la vida tiene muchas riquezas, pero indudablemente una de las importantes es el contacto con los nietos. Con ellos podemos compartir lo cosechado en nuestro recorrido por la vida a través de recordar las anécdotas, con mucho de cierto y un toque de fantasía, que ya son parte del acervo familiar.
Recordar nos permite revisar lo que recibimos de nuestros antepasados con una mirada que esperemos se haya vuelto más benévola, más compasiva. Que nos permite apreciar con una nueva dimensión todas las experiencias, tanto las buenas como las no tan buenas.
Yo fui afortunada. Tuve abuelos que marcaron mi vida, y es con el interés de despertar en ti tus propios recuerdos, por lo que te comparto los míos.
Mis abuelos maternos dormían en camas separadas. Mientras mi abuela reposaba bajo pesadas cobijas de Santana, solo una sábana delgada cubría el cuerpo desnudo de mi abuelo que dormía con la cabeza en sentido opuesto: hacia el norte. Practicaba yoga, se daba baños de sol y masticaba 25 veces cada bocado. Su rutina diaria inalterable incluía 16 vueltas al zócalo de Puebla. Pero su interés por lo sano contrastaba con su amor por la aventura. Siempre callado y observador, nadie sospechaba sus escapadas con un amigo 40 años más joven que él, para volar en avioneta, correr automóviles y torear.
Pero era mi abuela la que hacía hogar. Como el sol que se sabe el centro del universo, mi abuela daba órdenes tejiendo en su sillón, dejando claro que a ella le tocaba dirigir las vidas de los que giraban a su derredor. ¿Qué quieren de comer?
era la pregunta obligada todas las mañanas para disponer la comida que se compraba fresca en el mercado todos los días, para preparar los interminables platillos de los que estábamos obligados, so pena de ofenderla, a repetir. El aroma de esta comida impregnaba la casa dándole sabor a hogar.
Estos niños están muy flacos
repelaba mi abuela, ignorando las protestas de mi madre que aseguraba que los niños gordos habían pasado de moda. Su misión cada verano era la de engordarnos, y se valía de sobornarnos con dinero para que durmiéramos la siesta y después no lo gastáramos en dulces. Si bien a mí siempre me gustó comer, dos de mis hermanos recuerdan la tortura de no poder retirarse de la mesa sin haberse acabado hasta el último bocado.
Si de mi abuelo nunca escuché una crítica, mi abuela aflojaba la lengua juzgando libremente a todos con los que se cruzaba, pero con los nietos incursionaba en territorio diferente. Ahí daba rienda suelta a ese amor que acoge sin condiciones y cuya aceptación no tiene límites. ¿Qué decir de unos abuelos que reciben a seis nietos durante seis meses mientras los padres viajan? Si en aquel entonces no lo pude apreciar como un acto significativo, hoy lo valoro como un regalo que solo da ¡un corazón extremadamente generoso!
Pero es de mi abuela paterna que heredo mi amor por la educación. Esbelta, alta, con el porte orgulloso de directora de escuela, despertaba mi admiración por su orden y su caligrafía impecable. Rayando en perfecta, agradecí el día en que se volvió mortal cuando la sorprendimos haciendo trampa en un juego de cartas.
Estas son algunas de mis reminiscencias que espero te inspiren para revivir las tuyas, para echar una mirada atrás y comprender esta historia que forma parte de tu ser. Qué te ha impresionado y qué has transformado de manera consciente o inconsciente en lo que ahora eres; para que la compartas con tus nietos y los acerques a lo que fue, mientras ellos te encaminan a lo que será.
Pero más
