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Mentiras arriesgadas: Destino y venganza 2
Mentiras arriesgadas: Destino y venganza 2
Mentiras arriesgadas: Destino y venganza 2
Libro electrónico341 páginas5 horasDestino y venganza

Mentiras arriesgadas: Destino y venganza 2

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Información de este libro electrónico

Una adictiva novela llena de secretos, manipulaciones y pasiones prohibidas.
Darek creció en un mundo donde solo esperaba golpes y rechazo, con una infancia marcada por la cárcel de su padre y la ausencia de una madre amorosa. Ahora convertido en policía, su misión es sencilla: descubrir la verdad que lo arrancó de su niñez y hacerlo pagar caro. Pero lo que no esperaba era tener que seducir a Otilia, su hermanastra, una joven malcriada, superficial y reina absoluta de una vida llena de lujos y apariencias.
Otilia lleva años actuando un papel impuesto por un padre manipulador que ve en ella solo un producto para su éxito, ocultando quién es realmente por temor a ser rechazada. Cuando sus caminos se cruzan, ambos descubrirán que detrás de las mentiras que han construido, hay una verdad mucho más peligrosa que amenaza con destruirlos.
Entre secretos familiares, traiciones y la irresistible atracción que sienten el uno por el otro, ¿serán capaces de desenmascarar las mentiras antes de que la verdad los rompa para siempre?
Moruena Estríngana despliega magistralmente emociones intensas en una trama que mezcla pasión y suspense, atrapando al lector desde la primera página.
IdiomaEspañol
EditorialClick Ediciones
Fecha de lanzamiento11 jun 2025
ISBN9788408306849
Autor

Moruena Estríngana

Moruena Estríngana nació el 5 de febrero de 1983. Desde pequeña ha contado con una gran imaginación, pero debido a su problema de dislexia no podía escribir bien a mano. Por eso solo escribía pequeñas poesías o frases en sus libretas mientras su mente no dejaba de viajar a otros mundos. Dio vida a esos mundos con dieciocho años, cuando su padre le dejó usar un ordenador por primera vez, y encontró en él un aliado para dar vida a todas esas novelas que estaban deseando ser tecleadas. Empezó a escribir su primera novela antes de haber acabado de leer un solo libro, ya que hasta los diecisiete años no supo que si antes le daba ansiedad leer era porque tenía un problema: la dislexia. De hecho, escribía porque cuando leía sus letras no sentía esa angustia y disfrutaba por primera vez de la lectura. Sus primeros libros salieron de su mente sin comprender siquiera cómo debían ser las novelas, ya que no fue hasta los veinte años cuando cogió un libro que deseaba leer y empezó a amar la lectura sin que su problema la apartara de ese mundo. Desde los dieciocho años no ha dejado de escribir. El 3 de abril de 2009 se publicó su primer libro en papel, El círculo perfecto, y desde entonces no ha dejado de luchar por sus sueños sin que sus inseguridades la detuvieran y demostrando que las personas imperfectas pueden llegar tan lejos como sueñen. Actualmente tiene más de cien textos publicados, ha sido número uno de iTunes, Amazon y Play Store en más de una ocasión y no deja de escribir libros que poco a poco verán la luz. Su libro Me enamoré mientras mentías fue nominado a Mejor Novela Romántica Juvenil en los premios DAMA 2014, y Por siempre tú a Mejor Novela Contemporánea en los premios DAMA 2015. Con esta obra obtuvo los premios Avenida 2015 a la Mejor Novela Romántica y a la Mejor Autora de Romántica. En web personal cuenta sus novedades y curiosidades, ya cuenta con más de un millón de visitas à http://www.moruenaestringana.com/ Sigue a la autora en redes: Facebook   https://www.facebook.com/MoruenaEstringana.Escritora X  https://X.com/moruenae?lang=es Instagram  https://www.instagram.com/moruenae/?hl=es

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    Mentiras arriesgadas - Moruena Estríngana

    Capítulo 1

    Darek

    Reviso toda la documentación del caso mientras escucho a Shannon y Vilma en el salón hablando de la serie nueva que están viendo. Van a empezar este curso en la universidad tras pedir el traslado y acabar el segundo semestre de la carrera aquí.

    Shannon no tiene ni idea de qué hacer luego. Dice que, ahora que puede decidir por sí misma, no lo sabe. Pero que lo descubrirá y nos lo contará a todos. Queramos o no. Aunque no lo parezca, la quiero. Es fuerte y quiere a Kurt, le ha dado algo más que una vida de mierda. Solo por eso me gusta que sea parte de mi vida.

    —¡Pedazo culo! —grita Vilma y Shannon se ríe.

    Esto no va a ir bien, tengo que estar concentrado para saber cómo llegar a Otilia, alguien que parece superficial y frívola. Tiene el mismo novio desde el instituto. Y van a todo juntos.

    Si Shannon parecía una niña buena que no había roto un plato, Otilia parece una zorra de cuidado a la que le gusta ver el mundo postrado a sus pies. Algo que parece haber aprendido de mi madre, quien siempre está junto a ella como si fueran las mejores amigas.

    De grandes ojos turquesa y pelo castaño, Otilia es caprichosa y malcriada.

    Cuando cumplió nueve años llenaron la piscina de la casa de su padre de gelatina, un desperdicio de dinero y de agua, y a partir de ese momento cada cumpleaños ha sido más y más estrafalario.

    En poco más de un mes hará los veintiuno y sabremos qué tienen preparado para ese momento. Daré clases de Derecho Penal, que ya cursé en mi carrera y, como Otilia estudia Derecho, es una asignatura que compartimos. Me sorprendió que estudiara esa carrera. Y no es mala. Saca muy buenas notas. Algo que no cuadra con la imagen que da de sí misma. Tenemos sospechas de que su padre paga a los profesores para que le pongan como mínimo notable, que es lo que obtiene en casi todas las asignaturas.

    Su padre da mucho dinero a la universidad de su hija cada año y no les interesa tenerlo enfadado. Pronto sabremos si es verdad o no que doña malcriada tiene algo más que frialdad en su cabecita.

    —¿Listo para empezar?

    Kurt entra y deja sobre la mesa un café como me gusta. Kurt estará en la universidad como profesor de italiano. El rector ya está al tanto de todo; habló con el antiguo rector y nos metió a los dos como profesores, ya que la prensa que vio a Kurt con Shannon dijo que era su profesor de italiano y por eso no queremos cambiar las cosas. Aunque la policía se ha encargado de eliminar todo rastro de Kurt y Shannon juntos en redes. Pero por si acaso. De la furgoneta se encargará Alam. No lo soporto, pero estará aquí porque desde el principio ha llevado el caso con nosotros. El que Kurt no esté en la furgoneta es porque, para acercarnos a nuestra madre, tenemos que tener un trabajo estable que justifique el que estemos aquí. Ella no sabe que somos policías. Mi padre sí, porque se lo dije yo. Pero juró guardarnos el secreto, si es que ese hombre es alguien en quien se pueda confiar.

    La idea es empezar a trabajar y acercarnos a Otilia sin que sepa que es nuestra hermanastra y, cuando mi madre venga a recogerla, hacernos los sorprendidos. Y así empezar a entrar en su vida y, como Otilia es nuestra hermanastra, tratar de acercarme a ella por si cuenta algo interesante mientras exijo a mi madre pasar tiempo en su casa. Kurt sugirió que la sedujera. Ese era el plan, pero no lo tengo tan claro. Si conseguimos entrar en la vida de su padre no usaré esa baza.

    No la soporto, pero tenemos que saber la verdad. Kurt está rayado desde la última llamada de nuestro padre. Yo no, los cabrones de vez en cuando tienen conciencia. El padre de Shannon declaró que, aunque en la cámara de seguridad no se le veía la cara, él vio a nuestro padre días antes vigilando más tiempo del debido ese lugar y mirando cuando él entraba en el ordenador. Le decía que solo vigilaba. Lo creyó hasta que pasó el robo y ya no tenía tan claro que solo fuera eso.

    El robo tuvo lugar en el despacho del señor Marino, en su ordenador, desde el que se hacen las trasferencias gordas y que tiene un seguro de llave. Y la llave está guardada en la caja fuerte. Al ladrón, en ese vídeo, se le ve sacando la llave de la caja fuerte, abriendo el ordenador y luego transfiriendo el dinero antes de salir corriendo y, cuando escucha ruidos, disparando al techo. Al día siguiente, cuando revisaron las cámaras, detuvieron a mi padre en casa, porque, aunque no se le veía la cara, dieron por hecho que era él.

    He visto ese vídeo varias veces y también los anteriores, de cuando mi padre pasaba más tiempo en ese lugar. Kurt ya no tiene tan claro que nuestro padre no estuviera implicado. Yo tampoco. Pero él sigue jurando que no fue, el dinero no aparece por ninguna parte, pero hemos descubierto que el antiguo socio del señor Marino ahora está casado con nuestra madre. Ella frecuentaba mucho ese lugar y creíamos que era para joder a nuestro padre, pero al parecer, no. Aunque, por aquel entonces, el señor Turner aún estaba casado con la madre de Otilia.

    Pienso averiguar la verdad y después olvidarme de mis padres para siempre.

    Ellos no me quisieron, pues yo tampoco, no quiero nada que me ligue a ellos, ni tan siquiera sus recuerdos, y cuando no se sabe la verdad de algo nos une a ello un lazo demasiado fuerte que necesito desatar.

    Miro a mi hermano y pienso en su pregunta.

    —Listo para saber la verdad y que se le caiga la careta de perfecta madre a la nuestra.

    —Va a ser divertido ver su cara cuando nos vea aparecer.

    —Lo será, sí. Y la de su malcriada hijastra.

    —Tienes que hacerte amigo de ella.

    —Lo sé, intentaré olvidar que es una idiota de cuidado y alabaré sus estilismos de moda.

    Kurt niega con la cabeza por mi ironía.

    —Tal vez esté escondiendo quién es realmente.

    —Lo dudo y tampoco me importa. Pienso ser letal para saber la verdad, caiga quien caiga.

    —No estás solo en esto.

    —Cómo olvidarlo, si ahora somos responsables de tanta gente que no para de hablar.

    —No vayas de maduro, que solo acabas de cumplir los veintiocho.

    —Les saco muchos años.

    —Pero para follar no pones pegas a nadie mientras sea mayor de edad.

    —Es lo que tiene que para follar solo se necesite mi polla y no mi cabeza. ¿Algo más?

    —Nada, lo tienes todo controlado.

    —Todo.

    —Y recuerda que en esta universidad no se puede confraternizar con los estudiantes. Tal vez por eso estás de mal humor… Ah, no, que eso te viene de serie.

    —¿Acaso ha sido tener novia y tragarte un payaso?

    —Idiota.

    Sonrío a pesar de todo. Kurt se queda un rato tomando notas y pensando en sus clases hasta que Shannon le dice que se van a dar una vuelta por la ciudad y se marchan todos dejándome solo, en absoluto silencio. Por fin, no sé cómo voy a sobrevivir a esta misión con tanta gente a mi lado. Es como volver a casa de mi tía. Odiaba ese lugar. Odiaba dormir con miedo a que mis primos me jodieran por la noche. Algo que nunca le conté a Kurt, porque tenía miedo de que tomara la decisión de irnos de allí.

    Por eso aprecio tanto el silencio. Y me temo que de eso voy a tener poco por aquí.

    Capítulo 2

    Darek

    Llego a la universidad con mi hermano y vemos a Alam, que nos hace señas.

    —¿No había otro peor? —le digo a Kurt.

    —Es el sobrino de nuestro superior, lo han metido aquí con calzador, ya lo sabes.

    Lo saludamos y se mete en la furgoneta con disimulo. Vamos dentro a los despachos que nos han asignado. Tenemos uno para cada uno. El rector entra en el mío despacho para informarme del horario.

    —Y, recuerda, en esta universidad no se permite confraternizar con las alumnas. —Sonríe.

    —Me lo ha dicho varias veces, dudo que lo olvide. Sé hacer mi trabajo muy bien.

    —Me alegro. —Se marcha a comunicar a Kurt su horario.

    Miro el mío y veo que tengo tres clases con Otilia. Mi madre suele venir a recogerla los viernes. Justo cuando tengo clase con ella a última hora. La idea es salir y encontrárnosla. Mi madre tiene aquí un círculo social de amigos de la élite de Providence, se codea con gente muy importante, y no le interesa una mala imagen, por eso sabemos que no nos rechazará. Porque no le queda otra.

    Voy a la cafetería a por un café y una profesora se me acerca.

    —Monica —me dice alzando una mano.

    Se la estrecho.

    —Darek.

    —Me alegro de conocerte. Si quieres que te ayude a instalarte aquí, estaré encantada.

    —No hace falta —le responde Kurt—. Soy Kurt, su hermano, y entre los dos nos apañaremos.

    —No, está claro que os apañáis muy bien. —Nos hace ojitos a los dos antes de irse y despedirse con la mano.

    —¿Tampoco puedo follar con las profesoras? —murmuro.

    —No, por el bien de esta misión intenta buscar sexo lejos de este lugar. —Kurt pide dos cafés como nos gustan.

    —Entiendo que Shannon y tú dejarais el rol de profesor-alumna para casa.

    —Le voy a dar clases extra. ¿Qué culpa tengo de que mi novia venga a la misma universidad que yo? Solo le voy a dar clases…

    —Ya, y yo nací ayer. Intentad que no os pillen o la misión se irá a la mierda.

    —Lo procuraremos.

    Kurt mira hacia un punto de la cafetería y por su sonrisa sé que Shannon ha entrado con Vilma a tomarse un café. Me giro y ahí están los tres que me joden el silencio en mi casa.

    Cojo mi café cuando me lo sirven y me marcho a mi despacho. Doblo la esquina y casi me choco con alguien. Maldigo. Alzo los ojos y mi mirada se entrelaza con la de Otilia.

    Genial, así no estaba previsto el primer encuentro.

    Sus ojos turquesa me observan con evidente enfado. No como los de su amiga, que me devora con la mirada. Lleva ropa de diseño cara. Y cuando la miro a la cara veo demasiado maquillaje. Hasta juraría que se maquilla el escote. Lleva pestañas postizas y sus ojos son de un color que me parece hasta irreal. Es guapa, sí, pero parece de mentira, con tanto maquillaje. El pelo lo lleva recogido en una coleta tirante. Madre mía, nada en ella parece escaparse de su modelito perfecto.

    —¿Acaso no miras por dónde vas? —me espeta.

    —De nada por tener reflejos y no llenarte de café tu horrible ropa. —Agranda los ojos.

    Creo que así no me voy a ganar su confianza. Pero es tenerla delante y sentir rabia, porque mi madre la ha criado a ella mientras yo tuve una vida de mierda. Aunque sé que es mejor haber vivido lejos de mi madre, eso no cambia que tal vez esa horrible mujer haya cuidado a Otilia con cariño, mientras que a nosotros solo nos dio recuerdos desagradables de ella.

    —Qué poco sentido del gusto tienes —replica.

    —Soy Anna —dice su amiga y me tiende una mano.

    —Darek Parisí. —Por su mirada se nota que no tiene ni idea de quién soy. Algo que ya sospechábamos.

    —Bien, llegamos tarde. Vamos, Anna, deja de babear por este idiota mal vestido.

    Otilia empieza a andar esperando que su amiga la siga, como si ella fuera la mismísima reina. No la aguanto. Es una pija malcriada e insoportable. Ando hasta el despacho y Alam me llama.

    —Vaya primer encuentro de mierda. ¿No se supone que debéis haceros amigos? ¿Quieres que yo ocupe tu lugar?

    —No. No eres hijo de mi madre.

    —Cierto, no había caído en eso. Intenta la próxima vez no ser tan… tú.

    —Soy encantador.

    —Bueno, solo cuando quieres follar, si no, eres un cabrón de sonrisa falsa fácil.

    —Gracias, Alam.

    —De nada.

    Cuelga. Joder, no sé qué va a ser peor de toda esta misión, si la pija, el idiota de la furgoneta o la convivencia en casa.

    Cuando quise ser policía de incógnito no imaginaba mi vida así. Tomo aire y abro el ordenador. Doy un trago al café y pongo las últimas fotos de Otilia y mi madre en un evento cerca del río.

    Se las ve felices juntas, porque son igual de egoístas.

    Si Otilia es como mi madre, entonces es una persona horrible.

    No sé cómo voy a estar cerca de ellas sin sentir solo un profundo odio. La gente cree que no tengo sentimientos, pero el problema es que tengo demasiados y tuve que aprender a vivir la vida como si nada me importara.

    Es la mierda de ser una persona empática en un mundo tan gris, que tuve que olvidar quién era para sobrevivir.

    Capítulo 3

    Otilia

    —Vamos, Oti, estoy muy cachondo. —Miro a mi novio mientras trato de estudiar. Me da besos en el cuello, pero sé que solo quiere que le coma la polla y seguir ya con sus cosas.

    Miro el ordenador con rabia y me giro sabiendo que hasta que no le dé lo que quiere no me dejará en paz. Por suerte, solo dura unos minutos.

    Alvize deja que le baje los pantalones lo justo para comerle la polla. No se preocupa en tocarme, aunque a veces me toca las tetas como si no supiera hacerlo. Hago lo que quiere sintiéndome fría. Llevamos años juntos y nunca he sentido deseos sexuales. Menos tras nuestros horribles primeros intentos, donde más que placer sentí deseos de gritar. Y no porque me forzara, era más bien porque no me gustaba estar ahí con él. He asumido que soy asexual o que algo no está bien en mí. Por eso hago mi papel de novia. Lo que espera de mí. Le como la polla, dejo que me toque las tetas de forma que odio y alguna vez se restriega con mi cuerpo mientras yo no sé dónde poner las manos y tampoco parece importarle. No hemos tenido sexo…, bueno, tuvimos un intento de mierda, que paso de llamarlo follar. Después de eso le dije que quería llegar virgen al matrimonio. Mentira, solo se lo dije para que me dejara en paz. Y, como vio mi cara de horror ante el dolor de nuestro horrible intento, dijo que de acuerdo.

    Por eso hago como si esa primera vez nunca hubiera existido. Solo recuerdo dolor de ella.

    Acaba enseguida y me marcho a limpiarme. Lavo mi boca y me miro al espejo. Maquillaje en su sitio, pelo sin despeinar, lentillas puestas y nada que muestre quién soy. Cuando mi novio quiere sexo, no me besa o me toca hasta ponerme cardiaca. Solo me acerca la polla y me mira como diciendo: «Hale, vamos». O me dice que está cachondo y debe de creer que yo tengo un botón que me basta encender para ponerme a tono. Él no tiene la culpa de mi falta de interés por el sexo. Y como pareja no está mal… o dudo que haya algo mejor.

    Salgo y me deja estudiar, como ya sabía. Habla con sus amigos por audios y se mandan fotos de tías en pelotas. No me importa. A veces hasta prefiero que se haga pajas solo con esas fotos. Pero no llego a entender como alguien que consume tanto porno luego en el sexo es tan frío y solo piensa en su placer. Sé que es mi culpa, que si yo fuera más fogosa todo sería diferente. El problema es que no sé cómo serlo. Y cuando lo intenté me dijo que él llevaba el control y eso me hizo retraerme. Por eso me quedo quieta y espero que pase pronto, para cumplir como su novia y no perderlo.

    Mi novio me dice que se marcha con sus amigos. Ni me besa ni me abraza. Ya ha tenido su mamada, no necesita más. Mejor. Yo tampoco lo necesito.

    Hago los ejercicios y me quedo hasta las tantas estudiando. La gente piensa que mi padre paga para que me den buenas notas. A mí me la suda la gente, por eso cada día les doy mi mejor actuación. Ya descubrí de niña que ellos solo esperaban que fuera una malcriada y mi padre, más. Me dijo claramente que mi imagen de pija estirada hacía que hablaran de la empresa y que no podía ser de otra forma. Diseñó mi imagen, mi vestuario y cómo debía hablar. Yo solo interpreto el papel.

    Y yo, cuando hago algo, lo hago bien. ¿Querían una zorra? Pues soy la mejor.

    Cierro la puerta con pestillo y me quito todo el maquillaje y cada rastro del personaje. Cuando me miro al espejo no me reconozco. A veces me cuesta verme tal como soy. Como si esta persona fuera tan horrible que hay que esconderla. Mi padre ha hecho que tenga miedo de mostrar mi verdadera cara. Como si fuera desagradable…

    * * *

    Mi amiga Anna se me cuelga del brazo y me cuenta los cotilleos de la universidad. Profesores nuevos, que están muy buenos, y mujeres que babean por ellos, patético. Nunca en toda mi vida he babeado por un hombre y no voy a empezar ahora. Tampoco por mujeres. Es lo que tiene no sentir una mierda desde niña. Menos cuando me dan los putos ataques de ansiedad y siento demasiado. Por suerte, nadie lo sabe y he aprendido a controlarlos sola.

    —Te dará una clase de Derecho el que vimos ayer, el rubio que te miraba como si te quisiera arrancar la cabeza, algo que no entiendo, no hay nadie mejor que tú, ni más guapa, ni más lista…

    Desconecto; a mi amiga a pelota no le gana nadie.

    —Por supuesto que no. Soy la mejor —le digo haciendo mi papel impecablemente. Me miro las uñas y veo que tengo una medio rota.

    —¡Madre mía! ¡Qué horror! Tenemos que remediar esta uña, esta tarde nos vamos a la esteticién. —Me da dos besos que tocan el aire y se marcha corriendo.

    Mi madrastra seguro que concierta una cita cuando Anna la llame para ponerla al día de mi uña rota. Es lo que tiene quedarse hasta tarde haciendo trabajos. Esos que todos piensan que me hace otra persona. Al menos yo conozco la verdad y sé de lo que soy capaz.

    Pienso en mi nuevo profesor. El otro era una idiota, espero que este esté a la altura y no sea todo fachada. Admito que es guapo, más que guapo, vale, pero tenía una mirada de gilipollas y de sobrado que no podía con ella. Seguro que es el típico hombre que sonríe y se cree que con eso puede conseguir a la mujer que quiera.

    Patético.

    Ando hasta mi primera clase y tomo notas mientras las de delante no paran de hablar, hasta que me hinchan las narices.

    —¿Eso que veo en tu cabeza son canas? Joder, canas a tu edad.

    No tiene canas, pero esperan esto de mí y, como suponía, se largan a mirarse. Hale, un problema menos. Sigo con la clase y al acabar voy a la siguiente, o esa era mi idea, porque mi novio, que no sabe lo que es estudiar para sacar más de un cinco, me intercepta a medio camino.

    —Necesito un vídeo para redes. —Me da un beso en el cuello y pone el móvil para grabarnos.

    Se aparta tras un beso que parece la lamida de un perro y mira a su móvil con superioridad. Luego me da una palmada en el culo. Odio cuando hace eso.

    —Cómo me pone mi chica. —Corta y mira el móvil para editar el vídeo—. Nos vemos.

    Voy hasta la siguiente clase sin quitarme la cara de estúpida y al llegar veo mucha gente en la puerta. Me dejan pasar, pero me cuesta y lo peor es que hay mucha asistencia y no encuentro sitio. Vamos, no me jodas.

    —Tú, vete y déjame tu sitio —le digo a una de las que no hacen nada en clase.

    —Porque tú lo digas.

    —Por supuesto. No me hagas perder el tiempo y mueve tu culo de mi silla.

    —Que yo sepa, los asientos no tienen nombre —interviene una voz dura y sexi a mis espaldas.

    Me giro y aquí está el profesor nuevo. Sus ojos son de un azul oscuro. El pelo rubio le cae sobre las cejas y va vestido con unos vaqueros y un jersey que se pegan a su tonificado cuerpo. Un mojabragas de manual.

    —No, no lo tienen, pero aquí hay más de una que se ha colado. O pasas lista y me das un sitio, o se lo digo al rector y, créeme, no te gustará que lo haga.

    —No me dan miedo tus amenazas. Te puedes sentar en la escalera. No puedo echar a los oyentes, haber venido antes.

    —¿Esperas que me siente en una mugrienta escalera?

    —Sí, o también puedes irte a llorarle al rector.

    —No sabes quién soy yo —le digo agitada y nerviosa. Es la primera vez en años que alguien no hace lo que yo digo y me lleva la contraria, no sé cómo lidiar con esto.

    Me saca de mi papel.

    —Ni lo sé ni me importa. O te sientas en las escaleras, o te largas.

    La gente me mira riéndose. Me ha destrozado públicamente y eso enfadará mucho a mi padre. Tengo que hacer algo si no quiero que vean como me descoloca esto. Voy hasta su mesa y le quito la silla para ponerla cerca de la escalera. Luego me siento y cruzo las piernas para apoyar mi libreta.

    Darek me mira frío, pero lo deja pasar. Lo que me hace sentir alivio, porque no hubiera sabido cómo lidiar con ello. Saca sus notas y se apoya en la mesa, lo que hace que el pantalón se le tense y se le marquen los músculos de las piernas. ¿Cómo puede alguien tener tantos músculos? Más de una

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