Piononos de Santa Fe
Por Luis Reyes Blanc
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La historia nos traslada a Roma en la posguerra, donde Belisario Ortúñez de Quesada, señorito sevillano convertido en una especie de James Bond vaticano, recibe de su jefe monseñor Montini (futuro papa Pablo VI) el encargo de establecer contacto con el PCI. A través de su amigo Luchino Visconti entabla una cordial relación con Palmiro Togliatti, y así se inicia el proceso llamado «Compromiso histórico», la alianza política entre la Democracia Cristiana (el partido político creado por la Iglesia) y el Partido Comunista Italiano.
Pero frente al sector aperturista, en el Vaticano existe otro reaccionario, partidario de la lucha a muerte contra el comunismo. Al frente de este bando está sor Pascalina Lehnert, ama de llaves de Pío XII con extraordinaria influencia sobre el papa, que planea el asesinato de Palmiro Togliatti.
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Piononos de Santa Fe - Luis Reyes Blanc
Cubierta y diseño editorial: Éride, Diseño Gráfico
Edición eBook: marzo, 2025
Piononos de Santa Fe
© Luis Reyes Blanc
© Del prólogo: Autor
© Éride ediciones, 2024
Éride ediciones
Espronceda, 5
28003 Madrid
ISBN: 979-13-87643-07-2
Diseño y preimpresión: Éride, Diseño Gráfico
eBook producido por Vintalis
Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra sólo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos, www.cedro.org) si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra.
Luis Reyes Blanc
(Albacete, 1945) es licenciado en Derecho, escritor y periodista. Durante su larga trayectoria en la revista Tiempo y los diarios El País, Informaciones y Madrid ha sido corresponsal de guerra en ocho conflictos y enviado especial en más de cincuenta países, especialmente de Oriente Medio y África. Ha servido con la ONU y la Unión Europea en procesos de paz en América Central, Palestina y los Balcanes.
Entre otras obras ha publicado Movimientos de liberación de Africa (1973), IRA, 60 años de guerrilla (1976), Liborio o la mala vida de Efraín Domínguez (Premio Albacete de Novela Negra 1998), Viaje a Palestina (Premio Grandes Viajeros 1999), Historias del África perdida (2001), Cartas de Orán (2002), El Camino Español (2006), El Cardenal-infante, biografía en siete retratos (2012), Retrato de Familia (2018), La tumba del Papa (2022).
Luis Reyes BlancCrónica reconstruida del atentado
contra Palmiro Togliatti,
Secretario General del Partido Comunista Italiano,
el 14 de julio de 1948
A Paloma y Joaquín,
generosos mecenas.
Dramatis Personae
La mayoría de los caracteres de esta novela son personas reales, con protagonismo en la política y la cultura de la Iglesia o de Italia. Se distinguen en esta lista por el guion (—) que les antecede. Los pocos personajes ficticios llevan en cambio un asterisco (*) delante.
LA IGLESIA
* BELISARIO ORTÚÑEZ DE QUESADA, diplomático vaticano, protagonista de esta historia, conocido por Beli.
* ANTONIO SUÁREZ SJ, historiador jesuita, narrador de esta historia.
—MONSEÑOR DOMENICO TARDINI, protosecretario de Estado encargado de Asuntos Extraordinarios (ministro de Exteriores del Vaticano), apodado el Gordo por Beli.
—MONSEÑOR GIOVANNI BATTISTA MONTINI, substituto del Secretario de Estado encargado de Asuntos Ordinarios (ministro del Interior del Vaticano), apodado el Flaco por Beli. Futuro papa Pablo VI.
* POSNIC Y WIELECKY, albañiles polacos, hombres de confianza de Monseñor Montini, enriquecidos en EE.UU.
—PÍO XII, papa.
—SOR PASCALINA LEHNERT, asistente de Pío XII, poder en la sombra durante su pontificado
* SOR ROSWITA, ayudante de sor Pascalina.
—CARDENAL SPELLMAN, arzobispo de Nueva York.
—JUAN P ABLO II, papa.
—MONSEÑOR DZIWIS, secretario personal de Juan Pablo II.
—MONSEÑOR HUGH O’FLAHERTY, sacerdotes irlandés que salvó miles de judíos durante la ocupación alemana de Roama.
* PADRE CAHILL, sacerdote irlandés, asistente de Monseñor O’Flaherty.
CINECITTÀ
—LUCHINO VISCONTI, cineasta, aristócrata, miembro del Partido Comunista Italiano
* MIMÍ, criado de Visconti, que le rendiría homenaje en El Gatopardo.
—ROBERTO ROSSELLINI, cineasta, creador del neorrealismo con Roma città aperta.
—VITTORIO MUSSOLINI, cineasta, hijo del Duce, protegió y lanzó la carrera de Rossellini.
—FEDERICO FELLINI, cineasta que participó en la gestación del neorrealismo, aunque con larga carrera posterior.
—CONDESA CHIARA POLITTI, mecenas de Rossellini en Roma città aperta.
—GIUSEPPE DE SANTIS, cineasta, militante del Partido Comunista Italiano, director de Arroz amargo.
—SILVANA MANGANO, actriz que debutó con arrasador éxito en Arroz amargo.
—ANITA EKBERG, exuberante actriz sueca, que cobró fama por su baño en la Fontana de Trevi en La dolcevita de Fellini.
—ISABELLA ROSSELLINI, actriz de cine, hija de Roberto Rossellini e Ingrid Bergmann.
—ISOTTA INGRID ROSSELLINI, hermana gemela de la anterior, profesora en Princeton.
—LYDIA SIMONESCHI, «reina del doblaje» de Cinecittà.
MUNDO POLÍTICO ITALIANO
—PALMIRO TOGLIATTI, secretario general del Partido Comunista Italiano en la posguerra.
—NILDE IOTTI, militante del PCI, amante de Togliatti.
—RITA MONTAGNANA, militante histórica del PCI, esposa de Togliatti.
—ANTONIO PALLANTE, el asesino frustrado de Togliatti.
* PATERNOSTER TOLEDO, Chaqueta de cuero, guardaespaldas de Togliatti.
—PIETRO SECCHIA, vicesecretario general del PCI
—DOCTOR VALDONI, médico cirujano que atendió a Togliatti.
—ALCIDE DE GASPERI, jefe de la Democracia Cristiana en la posguerra.
—GIULIO ANDREOTTI, el Diablo, protagonista de la política italiana durante más de medio siglo, siete veces presidente del gobierno.
—GINO BARTALI, ciclista italiano, dos veces campeón del Tour de Francia
—LOUISON BOBET, ciclista francés, tres veces ganador del Tour de Francia
—DON LETO CASINI, sacerdote implicado en la salvación de judíos.
—GIULIO CARLO ARGAN, historiador del arte, uno de los mayores intelectuales del siglo XX.
—LIONELLO VENTURI, historiador del arte, se enfrentó al fascismo.
—ANTONIO PERENZE, oficial de Carabinieri, famoso por haber acabado con Salvatore Giuliano.
GUERRA CIVIL ESPAÑOLA
* JOSELITO EL FÍGARO, pobre diablo, ayudante de Beli en sus misiones de rescate.
* PADRE FROILÁN MONTES, ecónomo del Obispado de Málaga salvado por Beli.
* DOCTOR GAVILÁN, médico socialista, da asilo al Padre Montes.
—SIR PETER CHALMERS, cónsul británico en Málaga durante la Guerra Civil. Protegió a gente de los dos bandos.
* PÁTER REMIGIO, capellán de la Legión, salvado por Beli.
* LORENZO LÓPEZ, el Lolo, matón del puerto y comunista.
—EDGAR NEVILLE, cineasta, diplomático de la República durante la Guerra Civil.
—ENRIQUE JARDIEL PONCELA, el autor teatral español más ingenioso del siglo XX, del círculo de Edgar Neville.
—TONO, Antonio Lara, humorista y guionista de cine, del círculo de Edgar Neville.
Prólogo
Me llamo Antonio Suárez SJ, soy historiador y actualmente trabajo en la Congregación para la Causa de los Santos, y más concretamente en la causa de santificación del papa Pío XII. Llevo años siendo un ratón de biblioteca en el Vaticano, pero eso es en realidad un escondite, porque anteriormente tuve una vida muy distinta. En los años 70, tras una vocación tardía que me hizo abandonar el periodismo e ingresar en la Compañía de Jesús, fui destinado a Centroamérica, donde formé parte del pequeño grupo de jesuitas españoles que, ¿cómo lo diría?, organizamos la revolución. O sea que he sido un cura guerrillero y estuve a punto de morir con Ellacuría y los otros jesuitas asesinados en El Salvador en 1989. Por eso la Compañía me hizo desaparecer enterrándome en las oficinas del Vaticano. Ahora he pasado los últimos meses en Sevilla, donde encontré a un personaje fascinante, don Belisario Ortúñez de Quesada, Beli le llama todo el mundo, que fue una especie de 007 del Vaticano en la época de Pío XII. Teóricamente he pasado tanto tiempo en Sevilla porque Beli debía darme un testimonio decisivo para la beatificación y canonización de Pío XII. En realidad no lo ha hecho, pero me ha contado historias asombrosas. Al final, apiadado de mí — nos hemos hecho buenos amigos— me ha dirigido hacia una monjita centenaria que estuvo en el círculo íntimo del papa Pacelli, y que podría darme lo que la causa de santificación necesita. Por eso me he venido a Rorschach, a orillas del lago Constanza, donde la anciana religiosa vive en un asilo para monjas.
Capítulo Primero
Rorschach 2001
Estuve en Roma solo el tiempo necesario para resolver las cuestiones más urgentes que se han acumulado estos meses y enseguida partí hacia Rorschach. Forzando mis influencias podría haber conseguido alojarme en la Casa de Retiro Stella Maris, pero no quise vivir bajo el mismo techo que la persona que debía ser mi testigo. Aunque a veces empatice más de lo ortodoxo con las fuentes de información, como me había pasado en Sevilla, procuraba respetar ciertos protocolos de distanciamiento.
La zona está llena de hoteles, y elegí uno sencillo y tranquilo, con buenas vistas porque allí es imposible encontrarlas malas. Solo tenía dos estrellas, pero dos estrellas en Suiza es como cuatro en Italia, o mejor. De todas maneras no me recreé en los aspectos turísticos porque estaba impaciente por ver a sor Roswita. Pedí un taxi que conocía perfectamente la Casa de las Hermanas de la Santa Cruz. Sobre las rodillas llevaba una caja de dulces que había comprado en el aeropuerto de Sevilla, siguiendo el consejo de don Belisario:
—Cuando vaya a ver a la monjita llévele piononos de Santa Fe, verá que hacen milagros.
La rectora me recibió con la reverencia que usan las monjas con los jesuitas, sobre todo si vienen del Vaticano. Por supuesto me había puesto sotana.
—Sor Roswita está en el jardín, se pasa las mañanas tomando el sol, ¡qué contenta se va a poner con su visita!
Era increíblemente pequeña, como una niña de ocho años con la carita arrugada. Al principio nos miró un poco desconcertada, habíamos interrumpido una cabezada, pero cuando la rectora me presentó dijo:
—Usted es el que llamó por teléfono —y con cierto tono de admiración añadió—: Ha venido…
—Naturalmente, tenía mucho interés en conocerla y que me contara cosas de antes. Por cierto, un conocido suyo me dijo que le trajese estos dulces.
Todo el torpor de sus primeras reacciones desapareció en ese momento. Colocó la caja sobre una mesita que tenía al lado, con un vaso de agua y un despertador, y sus manos se movieron ágilmente para desenvolverla, pese a que estaba muy bien embalada para viaje. Cuando abrió la tapa exclamó:
—¡Piononos de Santa Fe! ¡Beli!
Le tembló la voz, pero no de senectud sino de placer, y en un visto y no visto se había zampado uno. Caray con la centenaria, qué agilidad mental, cómo ha sabido que esto venía de Beli, me dije a mí mismo.
—Huy perdonen, qué maleducada, ¿ustedes gustan?
La rectora, que ya se retiraba, declinó la oferta, pero yo cedí, no a la gula, sino a la curiosidad, a ver qué eran aquellos dulces que hacían milagros según don Belisario. Ella me acompañó tomándose el segundo y nos encontramos en una comunión no sé si espiritual o sensual. ¡Era el mejor dulce que había probado en mi vida!
Fue entonces sor Roswita quien tomó la iniciativa de la conversación:
—¿Sabe usted la historia de los piononos? A mí me la contó Beli cuando nos conocimos —en ese momento sonó el despertador—. ¡Vaya por Dios! Ayúdeme a levantarme. Este martirio me lo ha puesto la médica, me hace que cada hora dé un paseo todo alrededor del jardín. Dice que es para mantener a raya el azúcar, qué tontería, yo no he tenido nunca diabetes porque como peso tan poquito mi páncreas no ha tenido que esforzarse en la vida, pero es que es una chica muy joven… Y tengo que hacerle caso para que no me ponga a régimen. Mejor pasear, porque yo lo aprovecho para ofrecerlo como sacrificio por las misiones. Algún chinito recibirá el bautismo y salvará su alma gracias a mí…
Yo estaba un punto más que asombrado, casi anonadado ante la vitalidad de aquella anciana que no levantaba dos palmos del suelo. Y desde luego no era de las que se le van las ideas, porque enlazó con el asunto interrumpido por el despertador:
—Pues los piononos los inventó la bisabuela de Beli, doña Conchita de Granada Venegas. Doña Conchita era muy devota de la Inmaculada Concepción, no porque ese fuera su nombre, sino porque era una Granada Venegas… —Hizo una pausa, esperando que yo hiciera algún comentario, pero yo no tenía idea de que me estaba hablando, y le tocó seguir a ella—. Ya sabe, los Granada Venegas eran la familia real nazarí, los últimos reyes moros de España, los que no se quisieron ir cuando los Reyes Católicos tomaron Granada, se bautizaron y se hicieron buenos cristianos. Pues bien, fue en el entorno de la Casa de los Tiros, el palacio de don Alfonso Granada Venegas donde tenían academia las mejores cabezas del momento, donde surgió el movimiento por la Inmaculada Concepción, sí señor. Me lo contó Beli.
Beli, naturalmente, me dije. En verdad, mientras la monja hablaba, me parecía estar oyendo una de aquellas historias con las que don Belisario me hacía olvidar la canonización de Pío XII y alargar mi estancia en Sevilla más de lo justificable.
—Pues como le digo, cuando el santo papa Pío Nono proclamó dogma de fe la Inmaculada Concepción de la Virgen, doña Conchita llamó a su pastelero y le dijo: Ceferino, tienes que hacer un dulce que cuando se lo coma una sienta el gozo de la devoción a la Inmaculada, algo que nos lleve al cielo. Y Ceferino se encomendó a la Purísima, y por inspiración de Nuestra Señora hizo esos pastelitos divinos, que doña Conchita bautizó piononos en homenaje al papa.
Mientras hablaba le habíamos dado la vuelta al jardín y volvimos a sentarnos. Sor Roswita bebió un buen sorbo de agua y atacó a los piononos. Yo no quise comer más porque me daba más placer verla disfrutar a ella. Se tomó dos o tres, poniendo los ojos en blanco, y una vez repuesta volvió al torrente de la conversación, mejor dicho, monólogo:
—Yo es que de joven era un poco tonta, creía que una monja debía estar siempre sacrificada, pensar solo en Dios y no disfrutar de la vida. Pero Dios me había hecho muy golosa y muy débil, de modo que caía en la tentación una y otra vez. Cuando iba a confesarme el padre Von Schira me recibía diciendo: ¿Cuántos caramelitos esta vez? Porque mis confesiones eran: Me he comido doce magdalenas, me he comido una caja de bombones. Él ni me escuchaba y al final decía: Tres avemarías. Y yo: ¿Tan poca penitencia?, y él: Es que si no se me gastan las penitencias gordas cuando llegan los pecados de verdad. El padre Von Schira era de Viena, por eso era guasón, los vieneses no son como los otros alemanes. ¿Seguro que no quiere otro pionono?
Volvió a despacharse. Yo había decidido dejarla hablar, no era solamente técnica de interrogador, la verdad es que me divertía oírla, y desde luego se había establecido un lazo cordial que me sería muy útil.
—Y un día apareció Beli con los piononos, no sé cómo se habría enterado de mis escrúpulos, y me cambió la vida, porque no era pecado comerlos.
—¿Pero ya se conocían?
—No, bueno, yo sabía quién era porque todas las hermanas de Roma hablaban de él, que había salvado a muchas monjas en la Guerra de España, pero nunca habíamos cruzado palabra, es que… Verá usted, estábamos en bandos distintos.
—¿Bandos distintos?
—Claro, yo era la asistenta de la madre Pascalina
