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Entre traiciones, secretos y un país en transformación… ?
En el corazón de Cuba de los años 60, Mino Salcedo enfrenta la destrucción de su vida personal y profesional tras una traición que lo aleja de su familia y lo arrastra a los oscuros desafíos del sistema político. Mientras los hijos de Mino crecen bajo el peso de los rumores y el rechazo de la comunidad, su vida se convierte en una lucha constante por encontrar sentido y estabilidad en medio de las sombras de la revolución.
Su hijo, Willy, quien siempre idolatró a su padre, se enfrenta a la dura realidad de una infancia marcada por el abandono y la traición. Años después, un inesperado reencuentro con Mino lo llevará, junto a sus hermanos, a un viaje profundo de redescubrimiento en un país donde el orgullo y el resentimiento familiar se entremezclan con la política y la lucha por sobrevivir.
¿Estás listo para adentrarte en esta historia de familia, pérdida y resiliencia? ?? Descubre cómo Mino, sus hijos y los secretos del pasado transforman sus vidas en una Cuba marcada por los cambios y el destino.
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Pasos Rotos - Richard
PASOS ROTOS
Primera edición: octubre 2024
©Derechos de edición reservados.
Colección: Narrativa
© Ricardo Salmerón Cruz
Maquetación: Edgar Gómez
Diseño de cubierta: Edgar Gómez
ISBN:
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IMPRESO EN ESPAÑA - UNIÓN EUROPEA
PASOS ROTOS
RICARDO SALMERÓN CRUZ
CAPÍTULO 1
Todavía está por verse cuál fue la verdadera causa que llevó al viejo Mino a mudarse al pueblo de Mantua, a cientos de kilómetros de Pinar del Río; no le faltaban razones, acostumbrado a su vida tranquila después de abandonar a sus hijos de ocho, nueve y diez años, (que, según las historietas) oían crecer la palabra adulterio
.
Sin saber el verdadero significado de la palabra adulterio
, los tres pequeños hijos de Mino y Charo convivían a diario con las consecuencias de una traición desde aquella vez que gritó, lleno de odio y rabia, el ilustre Mino Salcedo, que dejó claro y a todo lo alto posible, que su hasta entonces esposa, madre de sus tres hijos, le había sido infiel y que para él no era más que una puta.
Juan, Martha y Willy crecieron a pesar de las carencias más elementales en una infancia llena de hambre, miserias y traumas por el constante acecho de la culpabilidad, aceptando que sus desgracias eran porque su madre le había sido infiel a su padre.
Todos en el barrio, desde los niños, hombres, mujeres yhasta los mayores, repetían la palabra traición
, recriminando a Charo en presencia de sus hijos,alimentando en ellos cierto rechazo hacia su madre y desatando en Juan, el mayor de los tres, un odio radical, que manifestó en ocasiones en discusiones con su madre, recordándole a toda hora el porqué de sus frustradas y fatales vidas.
Enlos años 1960,pleno fervor revolucionario, los cubanos cambiaron para siempre.Un manto rojo y negro envolvió a cada hombre, mujer, niño y anciano, de ahí, miles de historias surgieron.
Mino, dueñoy patrón de un taller de herrería, situado en plena ciudad de Pinar del Río, capital de la provincia más occidental de Cuba,que gozaba de prestigio y buen hacer desde que lo inició, fue afectado en 1959 a consecuencia del triunfo de la revolución cubana.
El éxito de Mino con su negocio a partir de los años 64 y 65 se vino abajo. El Estado formó talleres propios con la misma actividad, con ventajas en la competencia por el flujo de suministros constantes, y todo tipo de facilidades, acorraló a su vez, al sector privado sin ofertas de compra de insumos ni materiales, y con una tarifa de precios impuesta por el gobierno en relación con la producción, sin tener en cuenta los gastos y los pagos salariales.Lo que lo llevó a la ruina.
Esta situación trajo como consecuencia que Mino dejara de ser un señor importante. La mayoría de sus amigos, dueños de negocios que requerían los servicios de su taller, una vez intervenidos, muchos abandonaron el país, y otros empresarios pasaron a ser simples trabajadores asalariados del Estado.
Su desgracia adquirió mayores dimensiones, arrastrando las consecuencias de la separación de su familia, a raíz de la infidelidad de Charo, su esposa, con un trabajador de su propia empresa, lo que supuso para él un duro golpe del que no se había repuesto, sobre todo al abandonara su familia, en especial a su hijo más pequeño y preferido, Willy. Relación truncada por desgracia, digna de exaltar por el cariño recíproco de padre e hijo, envidiable, llena de afectos mutuos de carácter personal y afectivo.
Los problemas de Mino seguían sin darle tregua en 1966, seis años después de lo sucedido con Charo y sus hijos. El taller fue intervenido bajo la ley revolucionaria de embargos a negocios particulares.
Para mayor desgracia, Mino fue privado de su libertad por guardar cajas de dudosa procedencia y contenido sospechoso en su propiedad, Un amigo,
vendedor de seguros que perdió su negocio por el tema de las intervenciones, llamado Orestes Amador, un día como cualquier otro, acostumbrado a pedir favores, le pidió dejar en eltaller de Mino unas cajas con piezas de autos, las que dispone a guardar en el almacén de insumosy materias primas. Generoso, confió en la palabra de su amigo, sin revisar el contenido de los paquetes, tampoco se percató de la coincidencia de haberle facilitado el favor los días revueltos previos al triunfo de la revolución. Descubriéndose, por parte de las autoridades que llevaron el proceso de la intervención, que las supuestas piezas de los coches eran armas de fuego a utilizar en contra de la revolución.
Inmediatamente fue detenido bajo privación de libertad, acusado de contrarrevolucionario, en un marco sumamente peligroso en el que se dictaban condenas de 20, 30 años y el fusilamiento a todo lo que olía a oposición al proceso revolucionario, sin muchos miramientos y juzgados por tribunales populares con sed de escarmiento y protagonismo.
Mino pasó a engrosar la larga lista de presos políticos, condenado solo a 12 años de prisión en la cárcel provincial de Pinar del Río. Ya que demostró no tener vínculo directo con las armas y a que fue víctima de una trama engañosa, ya que el verdadero culpable declaró que el señor Mino era inocente.
Mino dejó de ser un señor que se codeaba con la burguesía influyente (política y social) de Pinar del Río. Ya no era nadie, sin amigos, y con una miserable pensión de jubilación ycon unos cuatro escasos miles de pesos ahorrados en tiempos de vacas gordas. Su delicado corazón, el aspecto envejecido y su extrema delgadez sirvieron para recuperar su libertad, cumpliendo solo un año de la sentencia, quedando libre por enfermedad en el año 1968. Eso, ohaber acogido de nuevo a sus hijos, ya jóvenes de quince, dieciséis y diecisiete años, quienes decidieron abandonar asu madre porque mantenía una relación sentimental con un hombre de color, son las mayores razones de aquel insólito viajehaciaatrás.Sitenemosencuentaqueelcambioera desproporcionado, dejar la capital de la provincia para ir a vivir a un pueblo lejano prácticamente muerto en lo económico, social y cultural
CAPÍTULO 2
Alas afueras de la ciudad de Pinar del Río, a unos dos kilómetros del núcleo urbano por la carretera de La Coloma, en dirección a un pueblo pesquero en la costa sur del mismo nombre, vivía Mino, casa de su propiedad adquirida después del triunfo de la revolución, y antes de la reforma de la ley urbanística que prohibió la venta de todo tipo de inmuebles.
En su afán de huir y retirarse a un lugar mucho más tranquilo, estaba dispuesto a permutar por el poblado de Mantua, en clara desventaja urbanística y de ubicación.
Lo que nunca pensó Mino era que de golpe y porrazo cambiara para siempre su aburrida y sedentaria pereza, ajeno a todos los acontecimientos de sus tres hijos desde hace más de ocho años…
Uno tras otro, los tres, fueron tocando la puerta de la casa de Mino, donde también habitaba Ana, su nueva esposa, delgada, alta y más joven que él, de apariencia noble, maestra de primaria y de educación férrea.
Primero llegó Juan, el mayor de los tres, a punto de cumplir sus18 años, alto y apuesto,elúnicobeneficiadoporlosojos verde botella de su madre que, en contraste con su pelo negro, destacaba aún más. Serio, distante y muy resuelto, sobre todo a hacer lo que dictaban sus adentros. Decidido a no regresar jamás a casa de su madre, de quien se había sentido avergonzado primero por la traición a su padre y después por relacionarse sentimentalmente con un negro. Y aunque no tenía otro lugar donde ir, su objetivo era emprender una nueva vida junto a su padre, como su mayor anhelo.
Martha, la chica del medio, de cinturita estrecha y curvas exóticas de simpatía encantadora, que regalaba sonrisas a diestra y siniestra. No tardó en llegar a casa de su padre, inspirada más por su novio que por sí misma; cumplía al pie de la letra cuando le decía Yin, su eterno enamorado, por el bien de ambos, según él.
A Martha le costó en lo sentimental dejar a su madre, pues nunca entendió por qué debía obedecer a su novio y menos a los reclamos de Juan pidiéndole que saliera de la casa de Charo.
El último en hacer presencia fue Willy, quien esperó un poco más, hasta comprobar si su madre le mentía, y justo el día que cumplía sus 15 años, preguntó:
Willy: ¿Quién es el que cada noche te lleva a casa? ella respondió:
Charo: Es mi primo, nuestro primo. Willy, desconcertado, volvió a preguntar:
Willy: ¿Tenemos primos negros? (Charo no dio respuesta, se limitó a mirarlo pidiendo compasión.)
No fue ese el peor momento entre ellos, sino, horas más tarde, en plena celebración de su aniversario, la sorprendió besándose con alguien que no era su padre.Un hombre de aspecto desagradable, que portaba en la cintura un puñal,era el tal primo; para Willy, sin saber explicarlo, lo encontró tan hortera y de mal gusto, que, a su edad, solo podía huir y decidir marchar con su padre. Después de haber tenido una desagradable pelea con el hombre que, al parecer, había conquistado amorosamente a su madre.
CAPÍTULO 3
Willy llegó a casa de Mino justo cuando cargaban el camión de la mudanza al pueblo de Mantua. Su padre esta vez le sonrió diciendo:
Mino: ¿Vienes a ayudar o formas parte de esta aventura? La sonrisa de Willy como respuesta bastó.Partieron temprano, aprovechando la frescura, ya que el viaje era largo y peligroso. Martha y Ana acompañaban al chofer, y Mino ocupó un buen butacón ubicado para la ocasión en la parte trasera del camión.
Willy y Juan, parados sobre la caja del vehículo, disfrutabana medias, pues dejaban amigos y algunas novias atrás, también pesaba el abandono de su madre, sobre todo para Willy, su dolor era desgarrador. Ese día que vio a su madre en brazos de aquel señor que la besaba,sintió celos, rabia, impotencia, lo consideró un ladrón robándole el amor de su madre. Ellos dos, que parecían tan enamorados, rompían en pedazos la esperanza de siempre, la que Willy quería y soñaba para sus padres, verlos juntos algún día. Su joven cerebro podía imaginarse cualquier cosa, pero no el extremo, y esa vez su madre le confirmó sus sospechas de que ella nunca quiso a su padre.
Fueron innumerables las veces que Willy, desde niño en sus escasos encuentros, cuando iba a verlo por orden de Charo para que le diera algo de dinero para el sustento, aprovechaba para implorarle a Mino que regresara a casa, y él, que era de pocas palabras, lo miraba mientras rozaba con su dedo índice desde el centro hasta el extremo de sus labios en señal de silencio, y le contestaba:
Mino: Cuando seas mayor, lo entenderás…
Con la huida de Mino de casa, se perdieron todas las esperanzas, las buenas comidas, los días en el parque, los regalos, los juguetes, los buenos días y las buenas noches, las caricias, el cuento para dormir, su constante sonrisa, la protección de papá. Más que lo material, el refrigerador, el televisor, los muebles, todo se perdió, y entró en aquel hogar la pobreza,la indeseable ruina. Fue entonces cuando la madre, Charo, tuvo que sacar las castañas del fuego y criar a sus tres hijos, Dios sabe cómo.
Por eso, Willy juró, arrodillado en un rincón de lo que era su casa, sin saber ante quién, aunque creía que era a Dios, que no quería parecerse a sus padres y que, si algún día tuviera hijos, nunca los abandonaría.
Willy llevaba un gran peso desde que su padre se fue de casa; perdió a su mejor amigo, a su ídolo, pues de pequeño quería parecerse a su padre en todo.Mino vestía impecablemente con traje y corbata, guayaberas, ropas de hilo, muselina, zapatos Amadeus de dos tonos; Willy lo veía tan pulcro, peinado hacia atrás con la frente siempre en alto y su fuerte cuerpo de atleta, lo que lo hacía admirar más a su padre y lo imitaba hasta en la elegancia.
Mientras continuaba el viaje, cada mente tejía su propia historia. Todos iban hacia lo desconocido, menos Mino, quien desde joven visitaba con sus padres y después solo el pueblo de Mantua, donde tuvo vivencias desdeamoríoshastatrabajos relacionados con sus inicios como herrero, para él no era una mala decisión ir a vivir a un lugar donde pudiera armar un pequeño taller que, sin ser oficial y sin llamar demasiado la atención, contribuiría económicamente
