Testimonios de santidad: Presencia de reliquias y relicarios en México
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Testimonios de santidad - Gabriela Sanchéz Reyes
Testimonios de santidad
Presencia de reliquias
y relicarios en México
———•———
Colección Conservación y
Restauración del Patrimonio
•
serie fundamentos
TESTIMONIOS DE SANTIDAD
Presencia de reliquias
y relicarios en México
———•———
Gabriela Sánchez Reyes
SECRETARÍA DE CULTURA
INSTITUTO NACIONAL DE ANTROPOLOGÍA E HISTORIA
Sánchez Reyes, Gabriela
Testimonios de santidad: presencia de reliquias y relicarios en México
[recurso electrónico] / Gabriela Sánchez Reyes. – México : Secretaría de Cultura, inah, 2024
7.2 MB. : – (Colec. Conservación y Restauración del Patrimonio, Ser. Fundamentos)
ISBN: 978-607-5921-24-2
1. Reliquias – Obras anteriores a 1800 – México – Fuentes 2. Relicarios – Obras anteriores a 1800 – México – Fuentes 3. México – Iglesia católica – Antigüedades 4. México – Vida religiosa y costumbres I. t. III. Ser.
LC BX2323 S35
Primera edición electrónica (ePub): 2024.
Secretaría de Cultura
Instituto Nacional de Antropología e Historia
Imagen de portada: Brazo-relicario de san Venerio Mártir,
siglo xvii, Catedral de México. Fotografía: Javier Otaola.
D. R. © 2024 Instituto Nacional de Antropología e Historia
Córdoba 45, col. Roma, C. P. 06700, alcaldía Cuauhtémoc Ciudad de México
informes_publicaciones_inah@inah.gob.mx
Las características gráficas y tipográficas de esta edición son propiedad
del Instituto Nacional de Antropología e Historia de la Secretaría de Cultura
Todos los derechos reservados. Queda prohibida la reproducción
total o parcial de esta obra por cualquier medio o procedimiento,
comprendidos la reprografía y el tratamiento informático,
la fotocopia o la grabación, sin la previa autorización
por escrito de la Secretaría de Cultura / Instituto
Nacional de Antropología e Historia
ISBN: 978-607-5921-24-2
Hecho en México
SC-85INAH-libros_negroA mi querida maestra, Consuelo Maquívar.
Las reliquias, don Raposo, no valen por su autenticidad,
sino por la fe que inspiran…
Eça de Queirós, La Reliquia
Tengo que llevarle una reliquia, pero una reliquia verdadera y auténtica, certificada por nuestro santo padre el Papa, de una virgen y mártir cualquiera. Iría a Roma si fuese preciso. […] dudo que se confíen a los particulares reliquias verdaderas. ¿No podrías recomendarme a algún monseñor italiano o aunque sólo fuese a un prelado francés, propietario de fragmentos de alguna santa? ¿Tú mismo, acaso, no tendrás en tus colecciones el precioso objeto que se me reclama?
Guy de Maupassant, La reliquia
À bon saint, bon reliquaire.
Philippe George, Définition et fonction d’un trésor d’église
Cuerpos Celestes
[…] es la mayor campaña de propaganda de la Iglesia católica desde que los ángeles movieron la piedra del sepulcro de nuestro Señor Jesucristo para ayudarle a salir resucitado.
Javier González, El viaje de los cuerpos celestes.
Índice
———•———
Agradecimientos
Introducción
Primera parte
Devoción y legislación en torno a las reliquias
I. Las reliquias en la tradición católica
II. El proceso de circulación de reliquias para la Nueva España
III. Presencia, gracia y virtudes de las reliquias
Segunda Parte
Los relicarios y su tipología
I. Capillas-relicario
II. El retablo-relicario
III. Retablos dorados y altares neoclásicos con reliquias
IV. El relicario antropomorfo
V. De la Roma subterránea a la Nueva España
VI. Pirámides-relicario
VII. Ostensorios-relicario
VIII. Las reliquias dominicales o de la Pasión de Cristo
IX. Lipsanotecas: colección de diminutos fragmentos de reliquias
Conclusiones
Bibliografía
Agradecimientos
———•———
La labor de la escritura se realiza en solitario acompañada y rodeada de montones de libros, papeles, fotografías y referencias. Esta investigación se inicia hacia 1998, así que es un producto construido en partes en poco más de 20 años. En este lapso, han sido muchas las personas involucradas, desde un mayordomo, una secretaria de un templo, el apoyo de una institución, un religioso, hasta alguna amistad o un colega, por lo que resulta casi ser un trabajo colectivo, ya que de alguna forma me facilitaron el trabajo, y en otros casos me animaron o instaron a retomar el tema y concluirlo. En este par de décadas, inevitablemente algunos nombres han quedado en el olvido, unos quizá anotados en alguna vieja libreta de notas, sin embargo, agradezco a cada persona involucrada y presente en este libro.
La primera mención corresponde a mi maestra, la doctora María del Consuelo Maquívar, quien dirigió la primera versión en formato de tesis de relicarios, en especial por su insistencia en que retomara el tema. Así que a ella se debe, en buena medida, este libro. Alicia Bazarte, la reliquiera mayor, le reconozco su labor pionera en los estudios de los objetos de devoción, así como su presencia amorosa y su generosidad. A Massimiliano Ghilardi agradezco su amistad y solidaridad por compartir su experiencia, así como las conversaciones e intercambios de información sobre los mártires de catacumba, pero sobre todo su cordialidad. También agradezco a William Taylor su guía a distancia; a Martha Egan, por compartir sus enseñanzas y solidaridad; a Nelly Sigaut, por impulsarme a continuar.
En el Instituto Nacional de Antropología e Historia (inah) extiendo mi reconocimiento a mis compañeros de la Coordinación Nacional de Monumentos Históricos, a las funcionarias Julieta García y Valeria Valero, a la Unidad de Informática su apoyo, así como a Yola y Myriam Velázquez. A la Secretaría Técnica del inah por su apoyo para asistir al International Congress on Wax Modelling en Londres en 2017 y al Colloque – Relics @ the lab International Workshop en Bélgica en 2018, experiencias que enriquecieron el conocimiento del tema, así como a la Coordinación de Medios y al Sistema Único de Registro Público de Monumentos y Zonas Arqueológicos e Históricos.
Expreso mi agradecimiento a mis queridos amigos Flor Trejo, Salvador Ávila, Alena Robin, Gabriela Ugalde, Guillermo Arce, Tacho Juárez, Naín Alejandro Ruiz Jaramillo, Laura Castillo, Nuria Barahona, Cristina Ratto, Rafael Soldara Luna, David Carbajal, Simona Villalobos, Mario Sarmiento, Luis Velázquez, Mayela Flores, Doris Bieñko de Peralta, Laura Milán, Wanda Hernández, Alicia Illescas, Rodrigo Merino, Antonio Ramírez Priesca, Alfonso de la C. Bonilla y Eduardo Limón. A Dolores Dalhaus, por las fotografías que tan amablemente me facilitó. Al arquitecto Enrique Cervantes siempre amable, por permitirme consultar su archivo. En cada oportunidad que tenga reiteraré mi reconocimiento a la Orden de Carmen por su apoyo durante tantos años y recibirme en sus conventos para estudiar relicarios; a los padres, José de Jesús Estrada, Luis Fernando Téllez Arredondo, y en especial a Mario Soria por permitirme conocer la colección y al padre José de Jesús Orozco, por su apoyo y generosidad; a la Coordinación del Posgrado de Historia del Arte de la Facultad de Filosofía y Letras, y en especial al doctor Aurelio de los Reyes, por el apoyo económico que me otorgó para asistir al III Congreso Iberoamericano de Arte Barroco celebrado en Sevilla en 2001.
Agradezco a mis padres su apoyo. Un reconocimiento a Fausto, que ha tenido que aprender de relicarios para entender a su madre, por sus ocurrencias y su apoyo.
Introducción
———•———
La historia de este texto se inició hace casi 20 años. Entonces era el primer estudio sobre relicarios en México presentado como tesis en 2004,¹ y así permaneció hasta 2015, cuando llegó el momento de retomar el contenido casi apolillado, para actualizarlo y adecuarlo para publicar un libro. Una vez más inicié la tarea de escribir sobre relicarios, sin imaginar qué significaría. En el fondo, deseaba creer que solo se trataba de reducir algo de información, incluir más fotografías… Pero las cosas no resultaron así de modo alguno. Al contrario, esta revisión representó incluir nuevas publicaciones y autores sobre el tema, fue una hazaña no hundirme en un mar de información interminable. El resultado es entonces un ejercicio de rescritura, con capítulos nuevos, otros renovados, otros eliminados, con más material fotográfico y espero, mayor análisis.
Desde hace poco más de 10 años, el interés por el relicario y las reliquias como un nuevo objeto de estudio se ha incrementado. Esta producción especializada aumenta día con día, por lo que es necesario tener claras las preguntas para localizar la publicación específica que ayudará a comprender su materialidad y tratar de relacionarla con la documentación histórica. No puedo soslayar que planear un estudio de este tipo desde un país latinoamericano representa borrar la barrera idiomática, debido a que la gran investigación acerca de estos temas se produce en países europeos, especialmente en Francia, España, Italia, Bélgica y Alemania, así como en Estados Unidos e Inglaterra. Esta labor, es fundamental no sólo por la obligada actualización, sino porque es crucial la adecuada traducción al castellano de terminología científica surgida del medio académico.
En este sentido ha sido interesante comparar cuán distinto fue obtener información al iniciar el siglo y lo que sucede ahora, veinte años después. Desde luego Internet es una fuente de información fundamental, donde es posible revisar bases de datos de acceso público ya sea de aficionados que guardan sus imágenes en Pinterest, Facebook o Flickr; de portales como Getty Images; acervos de museos como el Británico, el Rijksmuseum de Ámsterdam, el del Traje Español; portales como Palissy del Ministerio de Cultura de Francia o Europeana, sitios de venta de antigüedades, redes sociales académicas como Academia.edu. También ofrece la posibilidad de descargar libros antiguos en Google o Hathi Trust, así como noticias en línea sobre exposiciones en museo regionales en Francia o Italia, además de visualizar videos en YouTube que incluyen entrevistas a destacados historiadores y la apertura o hallazgo de un relicario. El empleo de recursos digitales disminuye la distancia con los grandes centros productores especializados sobre reliquias y relicarios, hecho fundamental para comprender y renovar la información y comprender un tipo de objeto sagrado generado en la concepción católica y que refleja su circulación y movilidad.
Dentro de las nuevas corrientes historiográficas que analizan diversidad de objetos para identificar su sentido cultural es necesario determinar su valor social en función de su intercambio, su valor político y la dificultad para obtenerlo. En este amplio campo de análisis están los objetos sagrados a los que se les adjudica un valor de prestigio y circulación ya sea porque fueron adquiridos mediante obsequio o como resultado de un robo. La Iglesia católica acepta el culto a las reliquias; por tanto, se guardan los fragmentos corporales de los santos, como el cuerpo completo –incluso incorrupto–, algún pedazo de menor tamaño, o bien las llamadas por contacto. Con el fin de preservar las reliquias se creó el relicario, definido en general como un receptáculo destinado a contenerlas. En este sentido, es necesario reflexionar que la función de este objeto devocional representa mucho más que un contenedor, recipiente o caja para guardar objetos; definirlo así significa no comprender su complejidad, ya que tiene una doble función: exponer la reliquia y protegerla del exterior. La creación misma de un relicario está más cercana a un tipo de estuche que guarda, envuelve y concentra la presencia de lo sagrado. En el receptor, el espectador o el fiel, el relicario despierta un sentimiento de fascinación debido a su forma y su contenido.
La reliquia y el relicario serán los dos conceptos que darán forma a la presente investigación, que no solo trata de reliquias ni tampoco de fichas catalográficas de relicarios. Aquí se intenta conjuntar dos temas que han sido separados, es decir, se busca comprender la tradición del diseño del relicario mediante el acercamiento a su historia material, así como a su función social. De manera específica se abordará el caso de México del siglo xvi al xix, pues en este periodo se abordan dos aspectos fundamentales: 1) el proceso de circulación de las reliquias para comprender la complejidad de adquirir un fragmento de un santo; 2) en cuanto al estudio de los relicarios, se analizan identificando su tipología, a partir de los ejemplares que aún se conservan, para entender la tradición de cada uno, se estudia su diversidad para comprender su historia material y desde luego su movilidad e intercambio, así como las variantes locales que surgieron a lo largo del tiempo. Por estas razones, se trata de un proyecto ambicioso que intenta explicar dos conceptos apoyándose en varios enfoques.
Dada la abundante bibliografía especializada, a continuación simplemente se mencionarán algunos de los autores primordiales cuya obra sustenta la estructura de la presente investigación. Un aspecto que dificulta el estudio de los relicarios es que hasta hace poco más de 10 años habían sido asociados a la piedad popular en un sentido peyorativo y no considerados un objeto de estudio académico; por ejemplo, las medallas devocionales, las cintas o medidas de imágenes religiosas, las ceras de Agnus Dei, los exvotos, los escapularios o los rosarios, entre otros. Como bien los define Bernard Berthod, los objetos de devoción tienen una función mediadora para relacionar la tierra con el cielo, introduciendo lo sagrado al espacio doméstico y que se materializan en la representación de una escultura de la Virgen, imágenes del Niño Dios, un rosario, una medalla devocional o un relicario.²
Por su manufactura, en general los relicarios han sido relacionados con el trabajo conventual y por ello marginados, casi diría que incluso, menospreciados. Sin embargo, en la actualidad, especialmente en el medio académico francés, ya forman parte de las discusiones acerca de su inclusión en museos europeos. Desde luego, su conservación en acervos se debe en buena medida a la labor que desempeñaron los folcloristas, etnólogos o antropólogos en la segunda mitad del siglo xix, cuando los museos etnográficos fueron renombrados como museos de arte y tradiciones populares
para conservar los usos y creencias puesto que suponían el fin de alguna devoción, por lo que fueron recolectados como objetos testigos
(objets témoins).³ Esto explica que formen parte de las colecciones del Museo Británico, del Museo de las Civilizaciones de Europa y el Mediterráneo⁴ o del Museo del Traje, del Centro de Investigación del Patrimonio Etnológico, en España.
Otro enfoque para promover su conservación es que forman parte del patrimonio artístico de la Iglesia.⁵ Al respecto la Unesco tiene una iniciativa relativa al Patrimonio Cultural de Interés Religioso
donde se tiene en cuenta el valor sagrado junto con el valor artístico e histórico; en el caso de España, desde hace algunos años se empieza a reflexionar sobre el concepto de Patrimonio cultural eclesiástico
.⁶ En Francia existen asociaciones de Conservadores de Antigüedades y Objetos de Arte,⁷ o bien una Asociación de Tesoros de Fervor, interesada en adquirir, estudiar, restaurar y exhibir objetos de devoción.⁸ Otro problema es que incluso los historiadores de cultura material han dejado de lado su estudio, por lo que bien habría que abrirse un camino a la historia material religiosa
o bien a la historia material de las devociones
⁹ que entre otros aspectos debería de incluir los objetos manufacturados en los conventos que llegaron a especializarse en la elaboración de relicarios o flores de seda.
Una vertiente de la historiografía francesa ha sido fundamental en el análisis de la documentación producida durante el virreinato de la Nueva España. En este sentido es imprescindible el trabajo pionero de Philippe Boutry quien en 1979 publicó un extenso artículo sobre los mártires de catacumbas,¹⁰ el cual sentó las bases para analizar la extracción y circulación de estos cuerpos santos. A partir de 1999 en el Centre d’anthropologie religieuse européenne (care), se estableció un seminario para investigar los cuerpos santos de catacumbas
con detallados registros de los traslados así como las festividades de recepción y su veneración. Este intenso trabajo colectivo produjo la publicación de dos libros,¹¹ y artículos por separado, dedicados al minucioso análisis de la extracción de reliquias de santos de catacumbas en la edad moderna y su circulación. Estas obras monumentales, abordan entre muchos aspectos, la circulación de este tipo de reliquia en los Países Bajos, Suiza, Francia, Milán, Baviera, Portugal, España, Alemania, Brasil, Nueva Francia. Para el caso de México, Pierre Antoine Fabre abordó el episodio de recepción de reliquias que realizó la Compañía de Jesús en 1578.¹²
De tal forma que, así como ha surgido la historia de las emociones, de la construcción, del miedo o del purgatorio, ahora se trabaja en una nueva corriente historiográfica: la historia de las reliquias
o bien como lo llama Stéphane Baciocchi, una Historia de la Circulación de Cuerpos Santos de Catacumbas
.¹³ El análisis de estos trabajos ha sido esencial para identificar las semejanzas y diferencias entre los casos europeos y los registrados en México. Cabe aclarar que las fuentes documentales citadas en Europa no tienen relación alguna con las escasas referencias y las dificultades que se enfrentan al tratar de localizar un dato alusivo a algún aspecto sobre reliquias o relicarios. De igual forma, ha sido fundamental el trabajo del arqueólogo italiano Massimiliano Ghilardi, que se ha concentrado en estudiar exhaustivamente la presencia de los corpi santi o cuerpos santos de catacumbas. En su obra trata de abordar todos los aspectos desde la extracción, los cavadores de catacumbas, la participación de las diferentes órdenes religiosas como los jesuitas o los oratorianos, hasta la presencia literaria en el siglo xix, además de interesarse en un tipo de relicario.¹⁴
En cuanto al relicario, el término suele aplicarse a una diversidad de objetos; por ejemplo, como los medallones con efigies de santos en ambas caras, usados como dijes y que pertenecen a la joyería de tipo devocional, o bien a las ceras de Agnus Dei. En esta investigación se aplicará a los objetos que a manera de estuche, resguarda en su interior restos corporales u objetos pertenecientes a los santos. En cuanto a la historiografía es más complejo, pues de hecho no existe un estudio general que de manera lineal analice su historia y desarrollo, ya que la mayoría de los estudios se concentran en la Edad Media.
En su catalogación puede recurrirse a su forma, entre ellos los antropomorfos o bien a su contenido en caso de tratarse de la santa Cruz. La terminología en castellano suele traducirse principalmente de la lengua francesa, aunque no siempre es posible pues existen palabras intraducibles, tal es caso de la palabra châsse que designa un cofre donde se guardan las reliquias de un santo
, muchas veces incluso, se utiliza como sinónimo de relicario. Otra situación presente es la dificultad para tipificar algunas obras debido al diseño complejo, por ejemplo: los que tienen forma de barco o son cilindros flamígeros de cristal de roca, ante los cuales sólo resta caracterizarlos como relicarios.
En cuanto a su forma o diseño, existe una amplia tipología, algunos están presentes desde la Edad Media como el busto-relicario, el brazo-relicario o la cabeza-relicario. Otros toman prestadas características de la orfebrería como el ostensorio-relicario o el medallón de la joyería. Esto ha significado consultar diversidad de artículos que reflejan el trabajo de una especialidad en particular ya sea orfebrería, los objetos de devoción, trabajo monjil, paperoles, ceroplástica, etc. Incluso en algunos casos, es necesario identificar la antigüedad de las lentejuelas que acompañan algunas composiciones para datarlos, así como comenzar a valorar el trabajo manual basado en flores e hilos de plata entorchados. Este es un asunto de vital importancia, porque de lo contrario se corre el riesgo de menospreciar este tipo de manualidad porque no fue manufacturado en oro o plata. La tipología de cada relicario representa una especialidad en sí misma, por ello es necesario comprender la tradición a la que pertenece, su origen, sus variantes a lo largo del tiempo o bien datar, en qué momento representó una novedad.
Una obra clásica es la de Marie Madeleine Gauthier,¹⁵ que resaltó la relación del peregrinaje y su vínculo con las reliquias. La curaduría de exposiciones también ha propiciado reflexiones, en 2011 el Cleveland Museum of Art, el Walters Art Museum, Baltimore, y el British Museum, Londres, montaron una magna exposición, que contó con la publicación de un catálogo.¹⁶ Además de estudios de una colección como la del Monasterio de la Encarnación en Madrid, España.¹⁷ La reliquia y su relicario, son temas complejos, como bien señala Philippe George, requiere un enfoque interdisciplinario y científico no solo para analizar el adn de las reliquias, sino además sistematizar la información de los inventarios, de la documentación y su registro.¹⁸
Para aproximarse a este complejo tema debe entenderse la reliquia en conjunto con el relicario. Yves Gagneux, ha planteado la gran pregunta ¿el relicario hace a la reliquia?¹⁹ Con base en los ejemplares existentes pareciera que la respuesta se presenta en la necesidad de resguardar los vestigios venerables en cada arqueta, cada ostensorio, imagen o un sencillo y diminuto envoltorio de papel, o incluso una vitrina que proteja la reliquia. En efecto, los huesos, o bien los fragmentos de tela no pueden exponerse con dignidad y menos aún representar lo sagrado con un valor taumatúrgico, sin un tipo de estuche, independientemente de cuán sencillos sean los materiales empleados, para evitar así su profanación, su dispersión y pérdida. Sin importar lo fastuosa o austera que pudiera ser la pieza, representa el punto de unión entre lo humano y lo divino, además de concentrar el diseño artístico, la piedad y la destreza de la conservación del cuerpo fragmentado con el deseo de mantener viva la memoria de la santidad.
En el estudio de los relicarios, no debe soslayarse el aspecto piadoso que envuelve estas piezas artísticas. Como bien apunta Yves Gagneux, el relicario es la expresión de la piedad bajo una forma material y representa de alguna manera un reflejo de las creencias
.²⁰ Este tema, en torno a las prácticas devotas de la gente con respecto a los relicarios, no ha cambiado con el paso de los siglos. La respuesta se puede resumir en un deseo de proximidad, el deseo de estar cerca de ellos. Cada peregrinación, cada visita a un santuario donde se venera una reliquia tienen como meta tocar el cuerpo santo. El sentido del tacto es el encargado de establecer un vínculo entre Dios y los hombres y es justo en ese momento cuando el fiel se siente reconfortado por el privilegio de la cercanía con lo divino.
En el caso específico de México, el relicario había sido un tema casi olvidado. Quizá la pieza más memorable es la extraordinaria obra de orfebrería de los apóstoles san Pedro y san Pablo que perteneció a la Compañía de Jesús, patrocinada por Alonso de Villaseca y que forma parte de la colección del Museo Nacional del Virreinato.²¹ La publicación dedicada a las obras de platería de dicho museo presentó con extraordinarias fotografías los relicarios de la colección.²² Después de la presentación de mi tesis surgió el interés por estudiarlos, y una de las tipologías que mayor interés despierta es la representación del mártir de catacumba, identificado como cuerpo-relicario. En el caso de la ciudad de Puebla se elaboró un catálogo de los ejemplares conservados ahí. ²³ En el ámbito de la restauración en cambio, surgió una propuesta innovadora que aporta el enfoque científico al radiografiar estas piezas de cera con la intención de conocer la estructura interna y proceder en forma adecuada a su restauración. Esta técnica novedosa ha revelado información fundamental para comprender mejor esta variante y sus elementos constitutivos para evitar su manipulación.²⁴
A pesar de los años, persisten algunas de las dificultades para estudiar este tema. Sin duda, la revisión meticulosa, a manera de pesquisa, de referencias en los archivos históricos, en las crónicas, los diarios de sucesos o gacetas, es la única posibilidad de encontrar información. Los relicarios en sí mismos, son otra fuente de información. Por esta razón, debe analizarse su materialidad para fecharlos, revisar marcas y buscar afinidades con otras obras en el extranjero, así como identificar su tipología para vincularlos con la tradición a la que pertenecen. Uno de los mayores problemas lo representa el acceso a las colecciones pues la mayoría son privadas. En particular, las comunidades religiosas resguardan celosamente las reliquias, por lo que es necesario un arduo trabajo de campo para lograr los permisos necesarios.
La presente investigación está dividida en dos partes, la primera cuenta con tres capítulos. En el primero se explica la presencia de las reliquias en la liturgia, su clasificación, su importancia en la consagración de los altares, y el tipo de documentación probatoria necesaria para exponerlas; se incluyeron las ceras de Agnus Dei porque se exponen en algunos relicarios, y se aborda el resurgimiento de la devoción por las reliquias en el siglo xvi. En el segundo capítulo se estudia el proceso de donación de una reliquia, aspecto fundamental para comprender las dificultades que era obligado enfrentar para obtener una y después resolver su traslado al lugar de destino. En el tercer capítulo se tratan algunas de las virtudes y los beneficios de las reliquias para entender por qué eran tan importantes que incluso se falsificaban o robaban. Esta sección intenta contextualizar las reliquias desde su función social, dentro del discurso eclesiástico e histórico, tomando como punto de partida sus antecedentes europeos para después destacar su presencia en las prácticas piadosas en la Nueva España.
La segunda parte, Los relicarios y su tipología
, con nueve capítulos, presenta como eje la presentación de una tipología. El objetivo es introducir una terminología reconocida en el ámbito internacional que facilite la catalogación, datación y comprensión de las reliquias para garantizar su conservación. Es importante aclarar que la propuesta no se reduce a unas fichas de catálogo, sino que presenta cada variante a partir de documentación histórica como parte de un contexto en el que se intercalan los ejemplares conservados en México y se marcan los aspectos formales de cada pieza, su tradición e influencias. El primer capítulo, dedicado a la variante arquitectónica de la capilla-relicario, trata los casos de las catedrales de México y Puebla y de los conventos carmelitanos. En el segundo capítulo se presentan los retablos-relicario a partir de referencias documentales y de algunos ejemplos diseñados estructuralmente para contener reliquias. En el tercero señalo una acepción del retablo, el retablo con reliquias
, es decir, que solo en alguna sección de su estructura contiene medallones con reliquias. En el cuarto se analiza el relicario antropomorfo con las modalidades de la estatua-relicario, el busto-relicario y el brazo-relicario. El quinto capítulo está dedicado a una variante compleja: el cuerpo-relicario, asociado con los mártires de catacumbas romanas y su circulación en la Nueva España. Quizá esta sea de las variantes más conocidas porque se dispone de gran cantidad de información y de la que se conservan más ejemplares. En este caso se trata en forma detallada el proceso de obtención de la reliquia con base en su respectiva documentación; de esta práctica derivó el cráneo-relicario. Un tipo especial fue el relicario de pasta de reliquia, que muestra qué apreciadas eran las reliquias, tanto que incluso el polvo de huesos se mezclaba con aglutinante para aprovechar su cualidad sagrada.
El capítulo sexto está dedicado a la pirámide-relicario; el séptimo, al ostensorio-relicario, quizá el tipo más frecuente en la Nueva España; el octavo se centra en las reliquias dominicales o de Cristo por lo que se muestran algunos clavos y las reliquias de la santa Cruz. Por último, en el capítulo noveno se muestran la lipsanoteca entendida como colecciones con diminutos fragmentos de diferentes santos y mártires, los cuales se montaron en tablero-relicario, un templete-relicario o en un medallón-relicario, variantes que ejemplifican la joyería devocional de uso individual y doméstico.
Es este un texto largo, guiado con la intención de actualizar la información sobre el tema; por segunda ocasión devino en un proyecto ambicioso, pero estoy convencida de que es la oportunidad de hablar de los relicarios de manera global ya que primero es necesario identificarlos para comprender la tradición a la que pertenecen y entonces sí promover su conservación.
¹ Gabriela Sánchez Reyes, Relicarios novohispanos a través de una muestra de los siglos xvi al xviii, tesis de maestría en historia del arte, México, unam/ffyl, 2004.
² Bernard Berthod, Élisabeth Hardouin-Fugier, Dictionnaire des objets de dévotion: Dans l’Europe catholique, Paris, Les Éditions de l’Amateur, 2006, p. 7.
³ Marie Lezowski, Tours et détours des objets de dévotion catholiques (xvie-xxie siècles)
‘Introduction’", Mélanges de l’École française de Rome-Italie et Méditerranée modernes et contemporaines [En ligne], 126-2 | 2014, mis en ligne le 17 novembre 2014. URL: http://mefrim.revues.org/1970-. Consultado el 15 de agosto de 2015.
⁴ Musée des civilisations de l’Europe et de la Méditerranée (MuCEM). Émilie Girard, Quelle place pour les objets de dévotion dans un musée de civilisation? L’exemple du Musée des civilisations de l’Europe et de la Méditerranée (MuCEM)
, Mélanges de l’École française de Rome - Italie et Méditerranée modernes et contemporaines [En ligne], 126-2 | 2014, mis en ligne le 17 novembre 2014, consulté le 18 août 2015. URL: http://mefrim.revues.org/1942.
⁵ Philippe George, Définition et fonction d’un trésor d’église
, Bulletin du centre d’études médiévales d’Auxerre, BUCEMA [En ligne], 9 | 2005, mis en ligne le 25 octobre 2006, consulté le 19 août 2015. URL: http://cem.revues.org/719.
⁶ María Lourdes Labaca Zabala, El Patrimonio Cultural de la Iglesia Católica en España
, en riipac, núm. 3, 2013, pp. 53-100 [en línea: http://www.eumed.net/rev/riipac]. Consultado el 8 de septiembre de 2015.
⁷ Conservateurs des Antiquités et Objets d’Art. http://www.liturgiecatholique.fr/IMG/pdf/Regard_sur_les_objets_de_devotion_populaire.pdf. Consultado el 20 de agosto de 2015.
⁸ Association Trésors de Ferveur. http://www.tresorsdeferveur.fr/. Consultado el 8 de septiembre de 2015.
⁹ En particular sobre este enfoque, agradezco a William Taylor el tiempo que siempre tuvo para responder mis correos electrónicos y todas las recomendaciones que tan amablemente me hizo.
¹⁰ Philippe Boutry, Les saints des Catacombes. Itinéraires français d’une piété ultramontaine (1800-1881)
, en Mélanges de l’Ecole française de Rome. Moyen-Age, Temps modernes, tome 91, núm. 2, 1979, pp. 805-835.
¹¹ Philippe Boutry, Pierre Antoine Fabre & Dominique Julia (eds.), Reliques modernes. Cultes et usages chrétiens des corps saints des Réformes aux révolutions, 2 vols., Paris, Éditions de l’EHESS, 2009. Stéphane Baciocchi, Duhamelle, Christophe (dir.), Reliques romaines. Invention et circulation des corps saints des catacombes à l’époque moderne, Collection de l’École française de Rome 519, Roma, École française de Rome, 2016.
¹² Pierre Antoine Fabre, Reliques romaines à Mexico (1575-1578): contextes de réception
, en Contextes, Centre de recherches historiques, Paris, 2014, pp. 217-228.
¹³ Stéphane Baciocchi et al., Reliques romaines…, op. cit., p. 116.
¹⁴ Es imposible citar un solo artículo de la extensa bibliografía del autor, que será citada a lo largo de esta obra y se podrá revisar en la bibliografía.
¹⁵ Marie Madeleine Gauthier, Highways of Faith. Relics and Reliquaries from Jerusalen to Compostela, New York, New York, Tabard Press, 1983.
¹⁶ Martina Bagnoli et al., Treasures of Heaven: Saints, Relics, and Devotion in Medieval Europe, The Walters Art Museum, Baltimore, 2010.
¹⁷ María Leticia Sánchez Hernández et al., El relicario del Real Monasterio de la Encarnación. Pinturas del Relicario de la Encarnación. El espacio del relicario y su retablo. Las piezas del relicario, Madrid, Patrimonio Nacional, 2016.
¹⁸ Philippe George, Reliques. Le quatrième pouvoir, Paris, Les Editions Romaines, 2013.
¹⁹ Yves Gagneux, Le corp et le bras de saint Vincent de Paul, ou le reliquaire fait-il le saint?
en la mort n’en saura rien
. Reliques d’Europe et d’Océanie, op. cit., p. 97. Esta pregunta también la plantea Marie-Madeleine Gauthier, Highways of faith. Relics and reliquaries from Jerusalen to Compostela, op. cit., p. 38.
²⁰ Yves Gagneux, Le corp et…
, op. cit., p. 97. La traducción es mía.
²¹ Vázques Mantecón Álvaro, Apuntes sobre el culto a las reliquias en la Nueva España
, en Boletín del Museo Nacional de Virreinato, Tepotzotlán, Estado de México, julio de 1988, núm. 12, pp. 1-4.
²² Platería novohispana. Museo Nacional del Virreinato, Tepotzotlán, México, Conaculta-inah, Museo Nacional del Virreinato, 1999, pp. 43, 52, 57, 59, 62, 69.
²³ Montserrat Andrea Báez Hernández, Catálogo de cuerpos relicario de la ciudad de Puebla, tesis de licenciatura en historia, Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, Facultad de Filosofía, Colegio de Historia, 2013.
²⁴ Ana Lucía Montes Marrero, Radiología aplicada en relicarios con ceroplástica: Estudio de la técnica de factura de Santa Faustina y San Plácido mártires, Catedral de Durango, México, tesis de licenciatura en restauración de bienes muebles, Escuela de Conservación y Restauración de Occidente (ecro), 2017.
Primera parte
Devoción y legislación en torno a las reliquias
I. Las reliquias en la tradición católica
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LAS RELIQUIAS EN LA LITURGIA
El culto a las reliquias de los santos es un tema relacionado con las prácticas de devoción más controvertidas en la historia de la Iglesia. Su presencia se definió conforme se consolidaba la institución; así, tanto doctores de la Iglesia como los pontífices las acreditaron mientras que los fieles las admitieron como parte de su religiosidad. Comprender este tipo de culto requiere entenderlo como una forma de veneración a los santos. La relación establecida entre el fiel y el respectivo santo es de amistad
, ya que después de la Virgen María y Cristo son considerados como los amigos e intermediarios entre los hombres y Dios. La palabra reliquia proviene del latín reliquiae, es decir restos, y por extensión se entenderán como reliquias los restos de los santos
, que incluyen cualquier vestigio corporal –ya sea huesos o alguna extremidad– así como algún objeto con el que estuvo en contacto en vida. De acuerdo con Louis Réau, el estudio de las reliquias lleva el nombre de lipsanografía (del griego leipsana) y forma parte de la hagiografía.²⁵ El cuerpo santificado se venera²⁶ porque el ser humano está considerado como templo de Dios donde habita el Espíritu Santo; por esta razón las reliquias gozan de tanto aprecio: son un fragmento donde habitó Dios y representan, en síntesis, un punto de contacto con lo divino.
En todas las culturas ha existido el culto a los restos mortales, pero su presencia en el mundo mediterráneo modificó las concepciones que tenían tanto los judíos como los romanos. En ambas culturas se prohibía el contacto con el cuerpo muerto porque se consideraba impuro, por ejemplo: que se tuviese contacto con él durante siete días. En cambio, la práctica griega aceptaba el traslado y división de los cuerpos santos, tendencia que finalmente prevaleció, A su vez, la costumbre romana y occidental pretendía garantizar la inviolabilidad de la sepultura. Para el siglo iv es notoria esta división; así consta en una carta enviada por la emperatriz Constantina, esposa del emperador Mauricio, a san Gregorio Magno. En tal misiva le solicitaba una cabeza o alguna otra reliquia del apóstol san Pablo.
Como respuesta, el Pontífice le comunicó que esa no era una práctica romana aceptada. En ese entonces las reliquias en Occidente eran entendidas como fragmentos de tela o brandeum que se colocaban en el interior de una caja (pyxide) para que de esta forma estuvieran en contacto con el cuerpo del santo y así obtener sus beneficios.²⁷ San Gregorio Magno manifestó su desacuerdo en torno a la mutilación de los cuerpos santos, por lo que el papa le envió unas limaduras de las cadenas de san Pedro, cuya fama se basaba en los milagros que se les atribuían. A este tipo de reliquia, es decir, a los objetos santificados (que no trozos de tela como los brandeum), se les llamó pignoria porque habían estado en contacto con el cuerpo del santo o con objetos de su pertenencia.²⁸
La devoción hacia personas con determinadas virtudes siempre ha existido. Así, en el mundo romano existía la devoción a los héroes
por parte de sus familiares de manera privada; aunque nunca se les pensó cercanos a la divinidad. En el cristianismo, en cambio, los santos sí tenían un contacto directo con Dios ya que los convertía en los grandes intercesores y protectores entre la divinidad y el hombre. En un principio, los cementerios fueron el punto de unión entre Dios, la muerte y el fiel; en estos espacios se rompió la frontera entre los vivos y los muertos. Las fiestas y peregrinaciones en las tumbas de los mártires en los cementerios se acompañaban con comidas; los monumentos erigidos en su honor poblaron los camposantos al construirse los martyria o memoria. Alrededor de los cementerios también se instauró la costumbre del enterramiento de los fieles, práctica que pretendía lograr proximidad con los restos de los mártires. La sepultura ad sanctos, es decir, ser próxima a la tumba del santo se solicitaba porque se creía que esta cercanía beneficiaría a los fieles en el momento de la resurrección, lo que rompía las fronteras entre el cielo y la tierra, lo divino y lo humano, la vida y la muerte; los restos humanos de los santos se convirtieron en los recipientes de la reverencia pura.²⁹
Un santo es considerado como el amigo invisible
elegido por Dios que sacrificó su vida, razón por la cual se le asocia con Cristo: se identifican en el sufrimiento, la elección de su muerte y la certeza de su triunfo; los santos son los membra Christi por excelencia. Sus tumbas son espacios donde las leyes de la muerte resultan vencidas, son sitios donde lo milagroso sucede, donde queda abolido el tiempo de estos cuerpos milagrosos, al margen de la corrupción propia de los mortales. El recuerdo de su muerte
