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Rebelión en la granja
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Libro electrónico206 páginas2 horas

Rebelión en la granja

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PERO ALGUNOS ANIMALES SON MÁS IGUALES QUE OTROS». Cuando los maltratados animales de la Granja Señorial se rebelan contra su amo, el señor Jones, y toman el control de la granja, empiezan a creer con fervor en una vida de libertad e igualdad para todos. Sin embargo, poco a poco, el egocéntrico y despiadado Napoleón toma el control y los animales se ven sometidos a la opresión y la violencia de una élite corrupta: los cerdos. A medida que un tirano es sustituido por otro, la idea de justicia e igualdad para todos se convierte en un recuerdo lejano y borroso. En 1945, cuando se publicó por primera vez Rebelión en la granja, se pensó de inmediato en la Rusia soviética. Hoy por hoy, es innegable que cada vez que se ataca la libertad, sin importar la bandera, la advertencia y el contundente mensaje de esta obra recobran una aterradora vigencia.
IdiomaEspañol
EditorialPanamericana Editorial
Fecha de lanzamiento22 ago 2024
ISBN9789583068751
Autor

George Orwell

George Orwell (de son vrai nom Eric Blair) est né aux Indes en 1903 et a fait ses études à Eton. Sa carrière est très variée et beaucoup de ses écrits sont un rappel de ses expériences. De 1922 à 1928 il sert dans la police indienne impériale. Pendant les deux années suivantes il vit à Paris puis part pour l'Angleterre comme professeur. En 1937 il va en Espagne combattre dans les rangs républicains et y est blessé. Pendant la guerre mondiale il travaille pour la B.B.C., puis est attaché, comme correspondant spécial en France et en Allemagne, à l'Observer. Il meurt à Londres en janvier 1950.

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    Rebelión en la granja - George Orwell

    Portada de Rebelión en la granja hecha por Orwell, George

    Primera edición en digital, agosto de 2024

    Primera edición en Panamericana Editorial Ltda., abril de 2024

    Título orginal: Animal Farm. A fairy story

    © Panamericana Editorial Ltda., de la versión en español

    Calle 12 No. 34-30, Tel.: (57) 601 3649000

    www.panamericanaeditorial.com.co

    Tienda virtual: www.panamericana.com.co

    Bogotá D. C., Colombia

    Editor

    Panamericana Editorial Ltda.

    Traducción del inglés

    María Mercedes Correa

    Ilustraciones

    Mariana Parra Ríos

    Diseño y diagramación

    Alan Rodríguez

    ISBN DIGITAL 978-958-30-6875-1

    ISBN IMPRESO 978-958-30-6849-2

    Prohibida su reproducción total o parcial

    por cualquier medio sin permiso del Editor.

    Hecho en Colombia - Made in Colombia

    Contenido

    Nota introductoria

    CAPÍTULO 1

    CAPÍTULO 2

    CAPÍTULO 3

    CAPÍTULO 4

    CAPÍTULO 5

    CAPÍTULO 6

    CAPÍTULO 7

    CAPÍTULO 8

    CAPÍTULO 9

    CAPÍTULO 10

    Anexo

    Nota introductoria

    La preocupación por los problemas sociales empezó a formar parte del universo mental de George Orwell desde muy pronto. Nacido en la India en 1903 — en una familia de clase media formada por un funcionario británico y una madre de ascendencia francesa — su verdadero nombre era Eric Arthur Blair. Pocos años después, la madre se trasladó con la familia a Inglaterra. Dotado de notables aptitudes intelectuales, el joven Eric ingresó, gracias a una beca, a la prestigiosa escuela preparatoria Eton, donde se formaban las élites de Gran Bretaña. Él, sin embargo, nunca se sintió identificado con estas ni con sus prácticas excluyentes, y no continuó por el camino de la academia hacia la universidad. El joven asumió una clara postura contra el imperialismo británico poco después de cumplir los veinte años. En 1928 se trasladó a París, después de una larga estancia en Birmania, y allí se propuso iniciar su carrera como escritor, sin mucho éxito al principio. Pasó hambre y grandes dificultades, y conoció la vida dura de los barrios pobres y sus habitantes. De regreso en Inglaterra, comenzó a tener una conciencia más clara y definida de sus posturas socialistas.

    Poco después de casarse, en 1936, Orwell y su esposa se fueron a España a luchar del lado de los republicanos. Fue entonces cuando conoció a los trotskistas españoles. Su cercanía con ellos lo convirtió en objeto de persecuciones y calumnias, en el mismo momento en que las purgas estalinistas castigaban al pueblo ruso. La experiencia como perseguido político en España le enseñó a Orwell con qué facilidad la propaganda totalitaria puede controlar la opinión de personas ilustradas en países democráticos. A su modo de ver, el mito soviético, es decir, la falsa imagen que tenían países como Gran Bretaña del régimen estalinista, tuvo una fuerte influencia negativa sobre el movimiento socialista en occidente.

    Tal como lo representa Orwell en la fábula de Animal Farm, el sistema soviético no avanzaba en la dirección del verdadero socialismo, sino que se estaba transformando en un sistema dictatorial, con una sociedad jerárquica, en la que los dirigentes gozaban de los mismos privilegios y sistemas de exclusiones que en otros sistemas de gobierno, al tiempo que usaba la retórica de la igualdad para mantener al pueblo engañado y adormecido. Orwell apunta a una denuncia clara: los gobernantes soviéticos tienen la misma lujuria de poder que esas mismas clases dirigentes antiguas que se empeñaron en suprimir. De ahí la frase célebre que resume la esencia de la crítica que hace Animal Farm al régimen estalinista soviético: «Todos los animales son iguales, pero algunos animales son más iguales que otros». Si los cerdos de la Granja Señorial beben whisky y comen a sus anchas, mientras el pueblo trabaja sin descanso y aguanta hambre, es porque su oficio como líderes es muy difícil y necesitan de todos esos privilegios y comodidades para servir mejor al pueblo.

    Orwell creía en el movimiento socialista, pero consideraba que el régimen soviético se había alejado del verdadero propósito del socialismo y había construido sobre sí mismo un mito, que los intelectuales occidentales de la década de 1940 no se atrevieron a desmentir, por no ponerse en contra de Stalin, el aliado de los Estados Unidos y Gran Bretaña en la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, lo cierto es que, con el fin de mantenerse en el poder sin permitir fisuras, el sistema estalinista fue pródigo en abusos totalitarios. Las leyes funcionaban para mantener el régimen y no necesariamente para favorecer la justicia social; las mentiras oficiales que alimentaban la propaganda eran moneda corriente; los medios de comunicación eran monopolizados por el Estado para acallar las voces críticas y minoritarias; quienes manifestaban su disenso eran enviados a campos de trabajos forzados o ejecutados tras unos juicios de fachada. El objetivo de Orwell con su novela Animal Farm era revelar el verdadero modus operandi del comunismo ruso.

    Orwell tardó algunos años en materializar el relato que le daba vueltas en la cabeza, inspirado en la imagen de un niño que vio azotando un caballo. El texto quedó terminado en 1943, en plena guerra. Varios de los episodios del relato están inspirados en los acontecimientos de la Revolución Rusa. En un comienzo, los animales de la Granja Señorial se rebelan contra los humanos, lo mismo que el proletariado se rebeló contra el zarismo, para acabar con la explotación y las injusticias de las que eran víctimas. Las luchas internas entre el estalinismo y el trotskismo también se ilustran con las disputas entre los cerdos Napoleón y Bola de Nieve.

    La intención de Orwell era crear una fábula que pudiera ser comprendida fácilmente, pero que hiciera una crítica profunda de la deriva totalitaria del proyecto socialista en Rusia. También quería que el suyo fuera un libro fácil de traducir a otros idiomas. La ambición de este escritor no era hacer una obra estéticamente compleja y artificiosa sino romper una barrera de silencio a través del arte de la escritura, una que se hiciera universal a través de la traducción. El oficio de verter un texto a otro idioma no solo tiende puentes sino que echa abajo barreras, en este caso la de la censura, de la que fue objeto en un comienzo Animal Farm, pues ningún editor inglés quería publicar la novela de Orwell. Posteriormente, al haber sido traducida a múltiples idiomas, la voz de Orwell fue reproducida conforme a su voluntad de luchar por la libertad de expresión y la libertad de prensa, en contra de la censura autoimpuesta. Mi labor como traductora se suma a ese esfuerzo de mantener vivo el espíritu crítico en el análisis del devenir histórico a la luz de relatos literarios.

    Maria Mercedes Correa, 2024

    CAPÍTULO 1

    E

    l señor Jones, dueño de la Granja Señorial, había cerrado los gallineros aquella noche, pero estaba tan ebrio que olvidó pasar los cerrojos. Iluminado por la luz del farol que se balanceaba de un lado a otro, cruzó el patio dando tumbos, se quitó las botas frente a la puerta trasera, se sirvió un último vaso de cerveza, que almacenaba en un barril ubicado en un costado de la cocina, y se fue a la cama, donde ya roncaba desde hacía rato la señora Jones.

    En cuanto se apagó la luz de la habitación, empezó a producirse una gran agitación en toda la granja. Durante el día se había corrido la voz de que el viejo Major, un cerdo ganador del premio de la raza Middle White, había tenido un sueño extraño la noche anterior y quería comunicarlo a los demás animales. Todos acordaron reunirse en el granero, no bien el señor Jones hubiera quedado fuera de combate. El viejo Major (así lo llamaban siempre, aunque el nombre con que había participado en el concurso era Belleza de Willingdon) gozaba de tanta estima en la granja que todos estaban dispuestos a sacrificar una hora de sueño para escucharlo.

    En uno de los extremos del granero, en una especie de plataforma elevada, Major ya se había instalado en su cama de paja, bajo un farol que colgaba de una viga. Tenía doce años y últimamente se había vuelto más corpulento, pero seguía siendo un cerdo majestuoso, de aspecto sabio y benevolente, aunque nunca le habían cortado los colmillos. Al poco tiempo comenzaron a llegar los otros animales, que se acomodaban a su manera. Primero se presentaron los tres perros, Bluebell, Jessie y Pincher, y luego los cerdos, que se ubicaron en las pajas que quedaban justo al frente de la plataforma. Las gallinas se posaron en los alféizares de las ventanas, las palomas volaron hasta los travesaños, las ovejas y las vacas se echaron detrás de los cerdos y allí empezaron a rumiar. Los dos caballos de tiro, Boxer y Clover, llegaron juntos, caminando muy lentamente y apoyando con sumo cuidado sus enormes cascos peludos, por si acaso hubiera algún animal oculto entre la paja. Clover era una yegua robusta y maternal algo entrada en años, que nunca había vuelto a recuperar del todo sus formas después de tener su cuarta cría. Boxer era un animalote enorme, de casi un metro ochenta de alzada, y tan fuerte como dos caballos ordinarios juntos. Tenía un aspecto algo tonto por causa de una raya blanca debajo de la nariz, y es cierto que la suya no era una inteligencia destacada, lo cual no obstaba para que todos lo respetaran, gracias a la constancia de su carácter y a su tremenda capacidad de trabajo. Tras los caballos llegaron Muriel, la cabra blanca, y Benjamín, el burro. Benjamín era el animal más viejo de la granja y el de peor carácter. Casi nunca hablaba y cuando lo hacía soltaba algún comentario cínico. Por ejemplo, decía que Dios le había dado la cola para espantar las moscas, pero que mejor sería no tener cola y que no hubiera moscas. Era el único de los animales de la granja que no se había reído jamás. Cuando le preguntaban por qué, respondía que no veía ningún motivo para reírse. No obstante, aunque no lo reconociera de manera abierta, le tenía gran afecto a Boxer. Muchas veces pasaban juntos los domingos en el potrero ubicado más allá del huerto, pastando el uno junto al otro, sin hablar.

    El caballo y la yegua acababan de tumbarse cuando una nidada de patitos, que habían perdido a su madre, se metió al granero, piando débilmente y tambaleándose de lado a lado, para encontrar un espacio donde no los pisotearan. Clover formó una especie de muro a su alrededor con la pata delantera, y los patitos se acomodaron dentro, tras lo cual no tardaron en quedarse dormidos. En el último minuto llegó Mollie, la hermosa yegua blanca que tiraba la calesa del señor Jones. Entró caminando con delicadeza y finura, mordisqueando azúcar. Se acomodó en el frente y comenzó a

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