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Raíces históricas de La Vorágine
Raíces históricas de La Vorágine
Raíces históricas de La Vorágine
Libro electrónico162 páginas1 hora

Raíces históricas de La Vorágine

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Información de este libro electrónico

Esta edición se publica con una doble finalidad: en primer término, el vehemente deseo de que ciertos hechos y episodios históricos, criminales e inhumanos cometidos por la infausta Casa Arana —en las entrañas de la selva amazónica, en contra de los caucheros, colonos y tribus indígenas del Caquetá y del Putumayo— no queden en el olvido y, segundo, la celebración del centenario de la publicación de La vorágine, que en manera alguna debe pasar inadvertida. No obstante los años transcurridos desde su publicación, en 1924, La vorágine sigue siendo una de las obras más ponderadas y divulgadas de la literatura latinoamericana.
IdiomaEspañol
EditorialPanamericana Editorial
Fecha de lanzamiento1 ago 2024
ISBN9789583068928
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    Raíces históricas de La Vorágine - Vicente Pérez Silva

    Portada de Raíces históricas de La Vorágine hecha por Pérez Silva, Vicente

    Primera edición en digital, julio de 2024

    Primera edición, Panamericana Editorial Ltda., abril de 2024

    © Vicente Pérez Silva

    © 2024 Panamericana Editorial Ltda.

    Calle 12 No. 34-30, Tel.: (57) 601 3649000

    www.panamericanaeditorial.com.co

    Tienda virtual: www.panamericana.com.co

    Bogotá D. C., Colombia

    Editor

    Panamericana Editorial Ltda.

    Diseño de carátula

    Jairo Toro

    Diagramación

    Martha Cadena, Iván Correa

    ISBN DGITAL 978-958-30-6892-8

    ISBN IMPRESO 978-958-30-6869-0

    Prohibida su reproducción total o parcial

    por cualquier medio sin permiso del Editor.

    Hecho en Colombia - Made in Colombia

    A Clemente Silva:

    Perdurable memoria, en la distancia de nuestra estirpe, y, en la cercanía entrañable de La vorágine.

    Vicente Pérez Silva

    Contenido

    po

    Cien años de vida de La vorágine

    Fundamentación histórica

    Novela de la selva

    Rivera y don Custodio Morales

    Habla un personaje de La vorágine

    Rivera en la Comisión de Límites

    José de la Espriella, inspirador de La vorágine

    Fuentes bibliográficas de La vorágine

    Marco de los acontecimientos

    Tribus indígenas

    Primeros exploradores

    Los hermanos Reyes

    El conquistador Benjamín Larrañaga

    La Casa Arana y el capital inglés

    Denuncia del periodista Saldaña Roca

    Intervención e informe del cónsul Casement

    Los crímenes del Putumayo

    Encíclica de Pío X

    El libro rojo del Putumayo

    El explorador Eugenio Robuchon

    Una entrevista al negro Brown

    El proceso del Putumayo y sus secretos inauditos

    La guarida de los asesinos

    Defensa de la soberanía nacional

    Exaltación poética a los caucheros

    Protagonistas pastusos en La vorágine

    Una carta de Rivera a Mr. Henry Ford

    La vorágine actual

    La voz del príncipe Alpichaque

    Defendamos la obra de Rivera

    Anexos

    Anexo 1 Los crímenes en el Putumayo

    Anexo 2 Evocación de José Eustasio Rivera

    Anexo 3 Conceptos sobre Raíces históricas de La vorágine

    Cien años de vida de La vorágine

    po

    En el año de 1988 —el 19 de febrero—, con motivo de la conmemoración centenaria del nacimiento de José Eustasio Rivera, autor de La vorágine, creímos oportuno y conveniente hacer memoria de un aspecto histórico en el cual se fundamenta una de las obras narrativas más destacadas; no solamente de la literatura colombiana sino de las letras hispanoamericanas, y, aún más, del ámbito universal. Así se ha reconocido, a lo largo de estos cien años, por eminentes escritores, analistas y críticos en la materia, tanto nacionales como extranjeros.

    Ahora, con ocasión del centenario de haber visto la luz la novela de marras —24 de octubre de 1924—, así mismo, hemos estimado de suma conveniencia y oportunidad, realizar una segunda edición de mi libro Raíces históricas de La vorágine, con unas pocas adiciones que estimamos pertinentes.

    Esta edición la hacemos con una doble finalidad. En primer término, con el vehemente deseo de que ciertos hechos y episodios históricos, criminales e inhumanos cometidos por los esbirros la infausta Casa Arana, en la entraña de la selva amazónica, en contra de los caucheros, colonos y tribus indígenas del Caquetá y del Putumayo, hechos que constituyen, como queda dicho, el fundamento de la mayor parte de la novela, no queden sumidos en el ámbito de lo desconocido o ignorado. Y, en segundo lugar, sobra decirlo, con miras a contribuir con este acopio testimonial y documental de primera fuente, a la celebración de un centenario que, en manera alguna debe pasar inadvertido o indiferente. Muy por el contrario, no obstante, los años transcurridos, La vorágine alcanza el tributo de la actualización y el reconocimiento que merecen las obras cimeras de la inteligencia.

    Pese al discurrir del tiempo y a las diversas y continuas manifestaciones de la creatividad, de la imaginación o de la fantasía, en el mundo intelectual, particularmente, en el inconmensurable de la narrativa; es preciso recordar que La vorágine constituye, a todas luces, una novela eminentemente social, que expresa una acusación, una denuncia y una protesta sobre hechos reales, demostrados hasta la saciedad; con un trasfondo del más estricto sentido nacionalista, que vuelve por los fueros de nuestro país. Aún más, una obra en la que afloran el embrujo telúrico de la selva; y, la altivez y el carácter del autor.

    La vorágine de José Eustasio Rivera —se ha dicho—, ha sido y continuará siendo un tema de controversias y preocupaciones, y es posible que no se acuerde jamás, sobre la adecuada clasificación de la obra. Afirman algunos que al lado del Infierno verde, de Waldo Frank y de Doña Bárbara, de Rómulo Gallegos, La vorágine es una de las grandes novelas americanas… Otros opinan que, más que una narración, un canto; más que una novela, una epopeya…

    De esta manera, sea lo que fuere, con este aporte, nos aprestamos a la celebración centenaria de la novela considerada una de las obras más ponderadas y divulgadas, no solo de la literatura latinoamericana, sino de la literatura universal.

    * * *

    En esta ocasión centenaria, nada mejor ni más indicado que volver al contenido de esta juiciosa apreciación de la consagrada investigadora Montserrat Ordóñez, en su excelente prólogo de La vorágine, publicada por Ediciones Cátedra de Madrid, en 1990. Su magnífico estudio prologal nos satisface y nos identifica plenamente. De especial reconocimiento, las diversas, atinadas y eruditas anotaciones que nos hace de la obra riveriana, para su mayor y mejor comprensión.

    En una palabra, una edición de La vorágine, excepcional. Dicha apreciación es del siguiente tenor:

    La vorágine es y ha sido un texto generador de comentarios y estudios sobre el género novelesco en América Latina. Es muy posible que esta tendencia continúe con una serie de trabajos que incluyan las perspectivas críticas que plantea la postmodernidad, como por ejemplo, el folletín y el modernismo como intertextos en la obra o la parodia, la polifonía y la fragmentación de las voces narrativas. La cuestión de la interpretación verdadera y única de una obra ha dejado de ser la preocupación de la crítica contemporánea. Como pocas obras, La vorágine se presta a estudios interdisciplinarios, a reflexiones sobre cultura e historia, a estudios sobre la fragmentación, la incoherencia, el engaño y el sujeto descentrado, a las nuevas lecturas de contradicciones, ambivalencias y ambigüedades, dentro de una perspectiva de valoración de la historia y de los relatos envolventes, y dentro de una perspectiva de la lectura como proceso de construcción de la obra. En resumen parece que seguiremos leyendo y seguiremos escribiendo sobre La vorágine, mientras nuestra manera de pensar la historia, la crítica y la teoría literaria combine la fascinación con el recelo.

    ¡Gracias!, gracias infinitas, José Eustasio Rivera, por el legado de tu obra centenaria. Gracias porque nos estimulas a amar y apreciar la naturaleza. A cuidar y a defender esa riqueza inconmensurable que es la selva amazónica, pulmón de América. Por tus ansias de justicia. Y muchas, muchas gracias porque nos enseñaste a amar la flor que es el símbolo de nuestra nacionalidad:

    ¡Aprendí a amar a la orquídea lánguida porque es efímera como el hombre y marchitable como su ilusión!

    Bogotá, Colombia, año de gracia de 2024

    Fundamentación histórica

    po

    Cuando Arturo Cova surca las aguas del Río Negro, en territorio brasileño, con rumbo a Yaguanarí, el sitio final del su apasionante recorrido, en la agencia de los vapores de Santa Isabel, deja una carta para el cónsul de Colombia en Manaos. En ella le invoca sus sentimientos humanitarios en alivio de mis compatriotas víctimas del pillaje y la esclavitud, que gimen entre la selva, lejos de hogar y patria, mezclando al jugo del caucho su propia sangre. Y agrega: En ella me despido de lo que fui, de lo que anhelé, de lo que en otro ambiente pude haber sido. ¡Tengo el presentimiento de que mi senda toca a su fin, y, cual sordo zumbido de ramajes en la tormenta, percibo la amenaza de la vorágine! ¹/².

    Como puede verse, las breves líneas de esta carta entrañan el zumo y compendio de la obra que, a lo largo de sus páginas, nos da cuenta de todos los horrores y de todas las fascinaciones de la selva amazónica, donde se desarrolla la tremenda odisea del cauchero.

    Al final, dicho protagonista concluye con esta súplica:

    Don Clemente: sentimos no esperarlo en el barracón de Manuel Cardoso, porque los apestados desembarcan. Aquí desplegado en la barbacoa, le dejo este libro, para que en él se entere de nuestra ruta por medio del croquis, imaginado, que dibujé. Cuide mucho esos manuscritos y póngalos en manos del cónsul. Son la historia nuestra, la desolada historia de los caucheros. ¡Cuánta página en blanco, cuánta cosa que no se dijo! ³.

    De estas manifestaciones deducimos claramente que la novela de José Eustasio Rivera es una obra de carácter social con fundamento histórico. Con razón, alguno de sus críticos tuvo el gran acierto de señalar que el mejor aspecto de La vorágine es su trascendencia sociológica. Ciertamente, La vorágine es un documento profundamente humano que contiene una denuncia, una acusación y una protesta. Es un clamor de justicia por los caucheros explotados; un afán de justicia, una queja humanitaria por los indígenas sacrificados con inhumana crueldad en las despiadadas entrañas de la selva. En fin, es el grito lacerado de Colombia y los colombianos que empezaban a sentir por primera vez el contacto amargo con los tentáculos del imperialismo que se cernía sobre nuestro Panamá, sobre nuestro petróleo, sobre nuestro caucho, sobre nuestras conciencias ⁴.

    Después de la aparición de La vorágine, el 24 de noviembre de 1924, José Eustasio Rivera, en varias oportunidades, destacó la fundamentación histórica de su novela y se preocupó por convencer al público de que ella poseía una verdad incontrovertible. Así, con el convencimiento, la entereza y la altivez que caracterizan sus actuaciones, respondió alguna vez a uno de sus detractores:

    ¿Cómo no darte cuenta del fin patriótico y humanitario que la tonifica y no hacer coro a mi grito en favor de tantas gentes esclavizadas en su propia patria? ¿Cómo no mover la acción oficial para romperles

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