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Y al tercer día... resucitó de entre los muertos
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Y al tercer día... resucitó de entre los muertos
Libro electrónico355 páginas1 hora

Y al tercer día... resucitó de entre los muertos

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En esta renovada y actualizada edición, José Ignacio González Faus reflexiona sobre el significado de la lucha por la justicia, de la muerte y de la historia
en nuestros días, abordado desde la perspectiva cristiana, para concluir en la resurrección de Jesús como punto central del cristianismo y de la Iglesia. Un completo y esencial análisis de lo que significa la resurrección de Jesús, tanto para la comunidad de creyentes como para los que no creen.

IdiomaEspañol
EditorialAriel Publisher
Fecha de lanzamiento30 jul 2024
ISBN9798227899323
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    Y al tercer día... resucitó de entre los muertos - José Ignacio González Faus

    índice

    Prólogo.........................................9

    Prólogo (casi) innecesario para la edición argentina...........13

    Contexto: situación de la Resurrección en la fe cristiana........23

    De los textos hacia los hechos.........................35

    Apéndice. Sobre la historicidad de la tumba vacía........51

    De los hechos hacia el sentido.........................53

    Apéndice. La catequesis  de  los  diversos  relatos evangélicos 72

    Hacia el significado (I)..............................79

    Hacia el significado (II).............................105

    Apéndice. ¿Y la reencarnación?...................129

    Hacia la fe.....................................133

    Apéndice. Resurrección, helenismo y fe cristiana.......162

    Hacia el más allá de Dios............................169

    Hacia la Iglesia..................................189

    Conclusión.....................................197

    Bibliografía mínima en castellano......................201

    Prólogo

    ––––––––

    En la ya larga historia del espíritu humano y de sus variadas y exuberantes manifestaciones, hay un pequeño dato que no puede negarse: nunca, en ningún lugar, y de nadie, se ha afirmado algo similar a lo que la fe cristiana profesa de Jesús, cuando dice que resucitó de entre los muertos.

    A lo largo de los siglos, la palabra humana se ha atrevido a testificar algunas reviviscencias (verdaderas o no, ahora no hace al caso). Pero ciertamente no ha testificado ninguna Resurrección, salvo la de Jesús.1

    ––––––––

    La monumental obra de N. T. Wright La resurrección del Hijo de Dios de- dica sus primeras 300 páginas a estudiar todo lo que se ha dicho sobre

    ––––––––

    ~ 9 ~

    En este mundo del que  los  antiguos  afirmaban que no hay nada nuevo bajo el sol, en esta historia de la que el escéptico Eclesiastés (1, 10) escribía que nadie puede decir ‘aquí hay una cosa nueva’, porque ya existió...; en este mundo y esta historia hay una afirmación única, que no ha vuelto a ser dicha de nadie más –ni en otras religiones ni fuera de ellas– y que, a su modo, ha marcado buena parte de la trayectoria humana sobre el planeta Tierra, y pretende enmarcarla toda: que Jesús de Nazaret, crucificado por los hombres, ha sido resucitado de entre los muertos.

    Esta unicidad, esta novedad absoluta de la noticia, legitima al menos el interés por saber qué quiere decir eso de la Resurrección de Jesucristo. Aunque solo fuera por curiosidad. Pero lo legitima mucho más en unos momentos como los presentes, en los que el analfabe- tismo religioso está llegando a niveles de inundación tropical o mediterránea. Y en los que una inmensa ig- norancia religiosa como la que hay en mi país permite a todo el mundo pontificar sobre temas religiosos con una impavidez y una seguridad que recuerdan a aque- llos sofistas de Atenas, a los que Sócrates escuchaba pacientemente entre la sorna y la sonrisa.

    ––––––––

    el más-allá en la historia humana. Nada de eso se parece a lo que dice el Nuevo Testamento sobre Jesús.

    Así sucede, por ejemplo, que Francisco dice una verdad elemental cristiana, y algunos, asustados, le ponen la etiqueta de comunista. Como sucedió hace ya años con el escándalo que produjeron en medio mundo unas declaraciones de Juan Pablo II sobre el cielo y el infierno como estados y no como espacios (declaraciones supuestas o reales pero, en cualquier caso, tremendamente obvias y elementales).

    Una prensa angustiada por la sequía veraniega de noticias se entretuvo comentando, criticando y especulando, como si el Papa hubiera declarado algo inaudito, tan rasgado y tan extraño, que confirmaba el ateísmo de los no creyentes y amenazaba la fe de los fieles. Pero no había ni lo uno ni lo otro. En realidad, no había nada.

    Pero de esta situación quizá pueda quedar una conclusión modesta: no está mal tener una mínima información y entender un poquito de aquello de lo que vamos a hablar, o nos van a hacer hablar. Sobre todo, porque, a la poca información religiosa, se le añade hoy un cambio cultural y de lenguajes que hace más difícil entender muchas formulaciones.

    Ojalá estas páginas puedan ayudar a ello, aunque solo sea mínimamente. Ayudar a los no creyentes que, a veces, al hablar de temas religiosos, hacen un ridículo impresionante del que no se dan cuenta ni ellos ni sus

    oyentes, porque todos están como en aquella ciudad de los ciegos de la novela de Saramago. Y ayudar a los creyentes a los que la fe se les ha quedado tan pequeña como el trajecito de la primera comunión. Y no se dan cuenta de que, en asuntos de fe, salen muchas veces a la calle con aquel traje de marinerito, mostrando a la vez sus piernas peludas y sus cabezas entrecanas o entrecalvas.

    No hay en estas páginas otra pretensión que la de informar un poco. Por las razones dichas. Y sin afán de convertir a nadie. Que no están los tiempos para más pretensiones.  Pero  sí  me  quedaré  contento  si, al terminar, unos y otros entienden mejor el sentido pleno de aquella preciosa frase del Salmista, que me gusta repetir de vez en vez: al despertar me saciaré de Tu semblante.

    Esa misma pretensión tiene la presente edición argentina. En ella sólo he procurado retocar y poner más al día algunos datos concretos de las anteriores ediciones españolas.

    J. I. G. F. Sant Cugat del Vallès

    Julio de 2021

    Prólogo (casi)

    innecesario a la edición argentina

    ––––––––

    Innecesario porque el autor no necesita presen- tación para los lectores argentinos: muchos de los que hemos estudiado teología de modo sistemático nos hemos formado (y re-formado, al menos en mi caso) con sus numerosos libros, y otros se han nutrido con los variados escritos destinados al gran público.2 Digo

    ––––––––

    Dentro de estos últimos, quiero destacar de modo particular los cuader- nillos editados por Cristianismo y Justicia. Y de ellos (¡más de 30 son de su autoría!), me permito recomendar algunos que pueden ayudar a sacar

    numerosos y agrego variados porque, para nuestra fortuna, González Faus tiene la pluma fácil.3

    Pero no solo eso: en lenguaje escolástico, diríamos que en sus obras convergen lo bueno, lo verdadero y lo bello; a lo que habría que añadir la capacidad de traducir en lenguaje accesible los temas más complejos de nuestra fe, con una bajada directa a la realidad, sin necesidad de aguzar la vista para descifrar entre líneas qué es lo que quiso decir. En lenguaje ya no escolástico sino criollo, va al grano. Y de todo esto que acabo de señalar, el libro que el lector tiene en sus manos es una muestra significativa.

    Pero agrego el casi porque este prólogo se justifica algo en cuanto conviene recordar la importancia del tema que se aborda en el libro: sobre ese aspecto, más que sobre su desarrollo, quiero concentrarme en estas

    ––––––––

    más provecho a la lectura del presente libro: Memoria subversiva. Me- moria subyugante (n.104), Miedo a Jesús (n. 163) y ¿Dios? (n. 190). Todos accesibles desde el sitio web http://www.cristianismeijusticia.net/ es/cuadernos.

    Es verdaderamente enorme su producción literaria (libros, artículos de revistas, cuadernillos, notas en periódicos, etc.), a pesar de que, en su últi- mo (¿?) libro editado, avisa: a mis años ya no escribo, que estoy en la sala de embarque del más allá y que, además de pedir perdón por no haber amado más, tendría que pedirlo por no haber escrito menos (Instantes. Buscando la poesía necesaria, Madrid, San Pablo, 2021, p. 7). El autor de este prólogo, a pesar de no gozar de las licencias canónicas propias del orden sagrado para administrar el sacramento del perdón, en nombre de muchos, lo absuelve gustoso.

    líneas. Es un argumento nuclear para los creyentes (y para todo aquel que espera..., aunque crea que no cree) porque, como dice el apóstol Pablo: si Cristo no resucitó... vana es nuestra fe (1 Co 15, 14); pero, además, es nucleante –con el perdón de la RAE–, puesto que la resurrección, para una correcta intelec- ción, remite necesariamente a la muerte de Jesús, y ésta nos reenvía a su vida.

    Con lo cual nos enfrentamos a lo específico de la fe cristiana: el Dios totalmente otro que se vuelve totalmente cercano –revelando y salvando– en la vi- da, muerte y resurrección de Jesús, a quien, por eso, proclamamos el Cristo. Y quiero subrayar la necesaria unidad y mutua iluminación de esos tres momentos del acontecimiento Jesucristo (enunciados por el autor en la pp. 85 y 86), puesto que el título de este libro hace referencia a un artículo del credo... ¡que no hace referencia a la vida-vivida de Jesús de Nazaret!

    En efecto, el llamado credo apostólico afirma que Jesús nació (de Santa María virgen), murió (bajo el po- der de Poncio Pilato) y resucitó (al tercer día)...; pero nada dice de su historia concreta, de aquello que dio sentido a su vida. Nada dice de su pasión por anunciar ese proyecto de humanización (la Humanidad Nueva, diría González Faus) que él llamaba reino; nada dice de su intimidad con aquel Dios a quien llamaba Abba; no se nos recuerda la centralidad que en su vida y su

    propuesta tuvieron los marginados de su tiempo; se pasa por alto el conflicto –que le costó la vida– con las autoridades religiosas por predicar que el camino que lleva hacia Dios ya no pasa por el Templo sino por los vencidos de la historia; ya no pasa por lo sagrado sino por la relación humana", como afirma nuestro autor, recordando a J. Moingt (p. 116).

    En definitiva, se lleva por delante los más de treinta años de historia que nos permiten entender su muerte

    –por qué y para qué murió– y calibrar el significado de su resurrección –por qué y a quién resucitó Dios–. No es este un detalle menor, puesto que, desde hace aproximadamente dos mil años, cuando los cristia- nos nos reunimos a celebrar nuestra fe y profesamos nuestras verdades más importantes recitando el credo, la historia concreta queda silenciada. Y, cuando esto sucede, la muerte queda ciega y la resurrección, vacía.

    Por poner entre paréntesis la vida de Jesús, su muerte ha sido reducida a un misterioso decreto meta-histórico del Padre (que lo envió al mundo para que, a través del sufrimiento y la cruz, nos salvara), con las nefastas consecuencias que ha tenido en la espiritualidad y la pastoral (piénsense los dolorismos varios); y, sin esa vida que ha llevado a esa muerte, la resurrección ha sido devaluada a una neutral y aséptica revivificación de un cadáver hacia el "más allá de la

    historia".4 Pero habrá que recordar, entonces, que no por cualquier causa vale la pena vivir. Y no por toda causa vale la pena morir.

    Ahora bien: si el tema ya de por sí es importante para todo creyente, se vuelve impostergable cuando se atraviesan tiempos de muerte que, expresa o tácita- mente, suspiran por algún tipo de resurrección. Y este libro se re-edita cuando la mayor parte de la humanidad ha sido golpeada y sigue sufriendo por el flagelo de una pandemia.5 En estos escenarios renacen, filosas, las preguntas últimas sobre el sentido de la vida y de la muerte.

    Desde ese con-texto humano (pp. 29-33), presenta González Faus el texto de sus reflexiones que, en la si- tuación actual, se vuelve también pre-texto legitimador de su urgente actualidad. Más acá y más allá de credos e ideologías, afirma que podemos focalizar tres gran- des cuestiones  que  marcan  desafiantemente  la  vida y la historia humanas: muerte, injusticia y fracaso; "y

    ––––––––

    Este enfoque dialéctico de la vida-muerte-resurrección es una de las te- sis principales de su Acceso a Jesús: ensayo de teología narrativa, Salamanca, Sígueme 1979..., otro pequeño-gran libro que nos vuelve accesible su clásico La humanidad nueva: ensayo de Cristología, Santander, Sal Terrae, 1974 (¡ya por la 10.ª edición en el 2016!).

    A las víctimas tempranas y a los que rozaron la muerte por defender otras vidas, dedica, precisamente, el autor este libro.

    claman por alguna razón positiva que permita creer que la esperanza no es un mero voluntarismo ciego que va sembrando la vida de mil promesas falsas" (p. 30).

    Para plantear, un poco más adelante, que, en este contexto, "es enormemente humana la pregunta por si en algún lugar se ha producido alguna

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