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Matrimonio Arreglado
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Libro electrónico228 páginas3 horas

Matrimonio Arreglado

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Información de este libro electrónico

Dos amigos de la infancia que han perdido el contacto durante mucho tiempo deciden concertar un matrimonio por un interés común. Karol quiere convertirse en la gran heredera de la millonaria fortuna de su padre para no dejar que su hermana mayor se haga con todo el poder, por lo que quiere aceptar todo este enredo con Ander. Sin embargo, todo cambia cuando su padre se vuelve a casar con una mujer que acaba de conocer y encuentra el amor a primera vista. Ahora el matrimonio concertado de Ander y Karol está obsoleto, pero a medida que pase el tiempo entre ellos nacerá algo que vale mucho más que todo el dinero del mundo, nacerá un amor auténtico y verdadero.

IdiomaEspañol
EditorialJim J. Torrealba
Fecha de lanzamiento31 dic 2023
ISBN9798224466405
Matrimonio Arreglado
Autor

Jim J. Torrealba

Mi nombre es Jim José Torrealba, tengo 31 años, soy orgullosamente venezolano del estado Aragua para ser más exactos, originario de la población de Las Tejerías donde vivo actualmente. Me apasiona inventar, contar y escribir historias de calidad, colocando mi propio estilo con mi sello característico, ese que son los finales impactantes, aunque no necesariamente trágicos. Te invito a que me sigas y descubras el espectacular mundo de historias que tengo para contarte, donde cada una será más emocionante y electrizante que la anterior.

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    Matrimonio Arreglado - Jim J. Torrealba

    Y yo los declaro, matrimonio arreglado.

    Autor: Jim Torrealba

    Preámbulo.

    Vivimos en un mundo que siempre lleva un paso increíblemente apresurado. En reiteradas ocasiones observamos cómo sentimientos tan fuertes como el amor y valores tan importantes como el orgullo pasan a un segundo plano, siendo desplazados por algo material que parece ser la gran respuesta mágica a todos los problemas: el dinero. Pero, en la mayoría de los casos, las personas terminan descubriendo la maravillosa verdad acerca de esta desigual batalla. Esta es la historia de cómo dos personas decidieron unirse por conveniencia; sin embargo, terminaron descubriendo algo que vale muchísimo más que el oro. Los invito cordialmente a leer Y yo los declaro, matrimonio arreglado. ¡Comencemos!

    Capítulo 1: Perla, mi primer gran amor.

    Nunca había notado lo estruendosa que era la marcha nupcial en una boda hasta ese momento. Ese turutuntún, turutuntún realmente acelera el corazón de una manera impresionante. Una vez que estás allí en ese altar y eres el centro de atención de todas las miradas, todas las personas que se encuentran sentadas en las bancas de madera ubicadas a tu espalda están observándote detalladamente, buscando en ti la más mínima señal de duda para comenzar a especular y susurrar, provocando ese incómodo eco en el ambiente. Supongo que podría describirlo como si miles de ratones estuvieran royendo la poca seguridad que quedaba en mí. Lo que ellos no saben es que yo no amo a la novia. Karol y yo nunca habíamos compartido siquiera un beso de amor. Ella para mí es simplemente una amiga que está ganando mucho más que yo en esta farsa que hemos decidido montar. Ambos somos los protagonistas de una obra ficticia en la cual daremos todo un espectáculo exhibiendo un amor que en realidad no existe. Solamente estábamos rendidos a nuestros intereses, un pequeño sacrificio para obtener lo que cada uno quería. Lo cierto es que allí estaba yo, escuchando ese inquietante órgano de la iglesia siendo tocado por una horrible anciana que aparentaba haber sido sacada de una película de terror, mientras que Karol ingresaba atravesando toda la entrada principal caminando con su espectacular vestido blanco, dando la mejor actuación de su vida. Ya sé, seguramente se están preguntando, ¿cómo dos simples amigos llegamos a este escenario tan disparatado? Pues tranquilos, yo les contaré nuestra historia.

    Mi nombre es Ander Blanco, y supongo que todo comienza cuando conocí a Karol, lo cual sucedió en la escuela siendo apenas unos niños. Para aquellos tiempos, era una nerd, ya saben, colitas, lentes, siempre abrazando libros; eso la hacía un blanco perfecto para la burla de los demás compañeros. No me enorgullece decirlo, pero para esa época me dedicaba a la infame profesión de los bravucones. Sin embargo, hubo un punto de quiebre donde mis notas escolares se estaban yendo a la mierda, me encontraba verdaderamente cerca de repetir el año escolar si no hacía algo rápido para subir ese bajo promedio académico. Fue entonces cuando vi una increíble oportunidad que se me presentaba representada en la chica más inteligente de toda la institución, Karol Thorme, quien casualmente era la víctima número uno de todas mis bromas y abusos. Era hora de poner a funcionar toda esa gran capacidad que siempre había tenido para los negocios, aunque siendo sincero, creo que esa fue la primera vez que me percaté de que podía arreglar algo si me fijaba en los intereses y necesidades de los demás, para luego compararlo con los míos en pro de obtener algún beneficio a mi favor. Así que le propuse una oferta que, obviamente, no podía rechazar: yo dejaría de molestarla si ella accedía a ayudarme para aprobar el año escolar. Sinceramente, no fue la respuesta que esperaba, puesto que no importa la edad que tengas, jamás esperas que una dulce niña de edad te mande a comer mierda mientras golpea tus bolas con su rodilla, y menos cuando crees tener un control. Después de varios días insistiendo, ella terminaría aceptando. Fueron, sin duda, las mejores notas de mi vida; el bravucón y la nerd hicieron un equipo fenomenal, fomentando una amistad muy especial que daría luego toda la preparatoria.

    Siempre la miré con ojos de amistad, incluso cuando la adolescencia llegó a ella de manera abrupta y dejó de usar esos horrendos anteojos, comenzó a usar ropa mucho más femenina, y ya no era la nerd sabionda que conocí. Pero ella siempre fue la misma chica inadaptada, al punto que nunca tuvo un novio en todo el proceso escolar, nunca tuvo amigas, su único compañero siempre fui yo. A pesar de venir de mundos completamente distintos, nuestra amistad era algo muy especial. Luego terminó la escuela, yo decidí que quería ser psicólogo, pero si quería continuar mis estudios debía conseguir dinero para pagarlos, así que comencé a trabajar con mi padre haciendo tareas muy pesadas en el mundo de la construcción, mientras que Karol se fue con su padre millonario a otro país donde ella recibiría la nacionalidad, un mejor futuro, una mejor economía; seguramente, su vida sería excepcional. Así pasaron los años, lograría conseguir mi título con mucho esfuerzo. De Karol no supe mucho realmente, solamente las cosas que ella publicaba en sus redes sociales, perdimos comunicación durante algunos años. Mientras tanto, el país donde vivía caería en una crisis económica nunca antes vista, las cosas cada vez iban de mal en peor, y sin siquiera una esperanza de mejorar.

    Cuando cumplí mi mayoría de edad, mi padre quiso hacerme un regalo muy espacial. Así que me llevó al bar donde el siempre solía ir a beber, para mí era un mundo totalmente nuevo e inhóspito. Las bebidas, las luces, la música, las personas, las mujeres danzando con sus senos al aire para el disfrute de los caballeros que las observaban dando todo un espectáculo en esa pequeña tarima. Mi padre era muy conocido en ese club nocturno, pude notar que la mayoría de esas señoritas lo saludaban por su nombre. Obviamente él me pidió que no dijera una palabra a mamá de todo eso, me dijo que lo viera como un secreto entre padre e hijo mientras destapaba un par de cervezas más. Y entonces sucedió, el presentador comenzó a hablar con su voz grave a través del micrófono para llamar la atención de todos.

    — Ella es una niña mala, y quieres ser castigada — decía el presentador muy entusiasmado — ¡ella es, Perla!

    Una preciosa morena con una peluca de color rojo pasión comenzó a danzar completamente desnuda provocando una especie de mini infarto en mí, seguramente Perla ni siquiera me vió, debido a las luces y todos los hombres que le gritaban obscenidades, pero yo si lo supe inmediatamente... Perla sería el primer gran amor de mi vida.

    Capítulo 2: Mi primera boda.

    Esa noche tuve que esperar algunas horas afuera de ese bar para de esa manera poder tener una oportunidad de hablar con, la que para mí, era la mujer más hermosa que jamás había conocido en mi vida. A pesar de su cicatriz de cesárea, sus ojos sumamente dilatados, su ropa vulgarmente corta y esos tatuajes en casi todo su cuerpo, yo no podía dejar de ver belleza en ella. Le invité una cena a la cuál no dudó en decir que si, aceptando mi propuesta de manera casi inmediata sin siquiera conocerme. En esa ocasión hice un esfuerzo gigantesco por llevarla a un lujoso restaurante en dónde me gasté hasta el dinero que no tenía, puesto que sobre giré mi tarjeta de crédito, pero al menos, para mí, valió la pena. Perla comía directamente del plato usando sus manos dejando residuos de comida alrededor de su boca, ignorando completamente los cubiertos perfectamente colocados sobre la mesa. El resto de las personas en las demás mesas la miraban y comenzaban a burlarse claramente de ella, ganándose así una mirada de desprecio proveniente de mi persona. Porque sin darme cuenta me había enamorado a primera vista, todas sus acciones me parecían bastantes tiernas, y no iba a permitir que nadie se burlara de la mujer que amaba.

    — La luz de las velas hace resaltar el ostentoso brillo de esos ojos que rebosan osadamente entre bella y esplendor quemando mi mortal existencia con su fulgor infinito cuan fuerza se puede comparar solamente con el poder de mil soles — había estado pensado ese poema toda la noche y pensé que ese sería el momento preciso para decirlo, ganando así su corazón de manera definitiva.

    Siendo sincero, esperaba como mínimo un suspiro, un gracias, una sutil sonrisa que reflejara en ella algo de sonrojo por ese lindo poema que acababa de recitarle, sin embargo, la dulce dama exclamó lo siguiente luego de un par de carcajadas que dejaban ver la comida masticada dentro de su boca.

    — No me hagas reír aquí, porque se me salen los pedos — y de esa manera siguió comiendo de manera muy sutil sin dejar de reír ocasionalmente, cada vez que recordaba el poema.

    Pasó aproximadamente media hora y luego de comer todo lo que pudo, beber directamente de la botella, e insultar al mesero, estábamos listos para irnos. Esa pequeña cena me costó todo el dinero que tenía para sobrevivir un mes, pero yo me encontraba feliz de poder compartir tiempo de calidad con Perla. Nos tocó regresar caminado a casa, ella vivía en uno de los barrios más peligrosos de todo el estado, mientras que yo residía junto a mis padres en el sector de al lado, el cuál era un poco más calmado y menos peligroso. Fue entonces cuando le propuse ir a mi casa la cuál era una vivienda humilde de colores azul y blanco con esas típicas tejas de un tono naranja sobre el techo, ya saben, ese tipo de propiedades de gente pobre, sin embargo por alguna extraña razón no podía dejar de pensar en que con mucha seguridad mi casa estaría en mejores condiciones que la de Perla. Sinceramente más allá de una intención sexual o alguna trampa masculina para llevarla a mi hogar, les debo confesar que estaba temblando de miedo por no caminar esa zona donde ella habitaba, y mucho menos a esas horas de la noche. Finalmente aceptaría mi invitación sin mayor problema, algo que me hizo sentir muy bien puesto que lo tomé como una señal que me hacía entender que mi enamoramiento era completamente correspondido por esa hermosa mujer. Al llegar, conté con la suerte de encontrar a mis padres profundamente dormidos, eso facilitó la entrada de mi acompañante, fuimos hasta mi habitación, y allí pasé junto a ella una de las mejores noches de mi vida. Perla era realmente toda una profesional en lo que hacía, nunca imaginé que un ser humano pudiera tener tanta flexibilidad, pero esa noche descubrí otro mundo, en el cuál, quedé cautivo de esa piel morena de peluca barata que ocultaba su cabello reseco y exageradamente enredado. Tal vez ella no lo notó, pero me enamoré perdidamente. Que se quedara dormida en mi pecho estando completamente desnuda fue toda una bendición para mí, quizás lo más hermoso que había pasado en mi vida hasta ese momento. Sin importar sus ronquidos, sus gases, y ese potente olor a cigarrillos y alcohol, yo cerré mis ojos esa noche con una gigantesca sonrisa en mi rostro cargada de felicidad. Al abrir nuevamente mis ojos lo primero que vería sería a la dulce Perla parada frente a mi cama, vestida para irse, y revisando mi cartera con una expresión de molestia en su rostro. Yo obviamente no entendía lo que pasaba así que le pregunté.

    — ¿Qué haces amor? — me levanté un poco para quedar sentado sobre la cama mientras bostezaba y limpiaba un poco mis ojos para lograr ver mejor — ¡vuelve a la cama!

    — ¿Dónde está el dinero? — preguntó mirándome con cierta expresión de molestia en su rostro.

    — ¿De qué dinero hablas? — respondí extrañado mirándola también fijamente — ¡ésto no fue por dinero!

    — ¿Estás diciendo que no me vas a pagar? — fue una total sorpresa cuando repentinamente sacaría una filosa navaja de su cartera con la que comenzó a amenazarme — ya hice mi trabajo, así que quiero mi paga.

    — ¡No, Perla, espera! — grité muy asustado temiendo que me hiciera daño — ¡¡yo te amo!!

    — ¡¿Que tú me qué?! — Perla se detuvo instantáneamente sosteniendo esa navaja en su mano de forma amenazante.

    — Te... Te amo, Perla — tartamudeaba mientras me protegía con mis manos temblando de miedo.

    — ¡No entiendo que quieres decir con eso! — Perla se veía confundida mucho más que sorprendida, parecía ser que jamás le habían dicho algo así.

    — ¿Nunca nadie te ha amado antes? — comencé a acercarme lentamente, como si me estuviera aproximando a una fiera salvaje y peligrosa, traté de tener mucho cuidado — ¿ni siquiera tu mamá?

    — No... Nadie — ella comenzó a bajar la guardia, ahora ya no me amenazaba con su navaja, lo que realmente fue un gran alivio para mí — no entiendo que debo hacer.

    — Nada, solamente debes dejarte querer. Así funciona — finalmente logré salir de esa habitación en una sola pieza, sellando aquella noche con un sincero abrazo muy significativo para mí. A pesar de ese profundo olor a ron y cigarrillos, disfruté mucho tenerla en mis brazos.

    Los siguientes días no fueron nada fáciles para nuestra relación que recién estaba comenzando. Presentarla a mis padres no fue tarea fácil, ellos estaban esperando a una mujer mucho más.... Tradicional, supongo que esa falda corta, camisa descotada, y dejar muy poco a la imaginación, no le ayudaba mucho. Aunque mi padre la reconoció de manera inmediata debido a todo el tiempo que llevaba frecuentando aquel bar dónde mi novia trabajaba.

    — Hola, señor Blanco — saludó Perla a mi padre automáticamente apenas lo vió. Era como si lo conociera muy bien.

    Mi padre disimuló aclarando su garganta mientras mi madre lo miraba con esa expresión que hacían denotar aún más los nervios en el rostro de papá. No fue el mejor de los comienzo, pero aún así, yo estaba decidido a continuar hasta el final con mi relación, me había enamorado de esa hermosa mujer. Pero ya saben que la felicidad siempre dura poco, y el amor entre ella y yo no sería la excepción. De la noche a la mañana empezarían los problemas económicos. Obviamente no apoyaba el trabajo de Perla, sin embargo su argumento era contundente. Yo no tenía trabajo, y mucho menos dinero. Debido a la crisis económica del país donde vivíamos, ese título universitario solamente me servía para adornar la pared. Incluso muchas veces era Perla, quién terminaba prestándome algo de efectivo para comprar mis cosas personales. Así qué, me gustara o no, debía soportar que continuara trabajando en ese bar de mala muerte hasta que encontrara un buen empleo que me diera la estabilidad necesaria para sacarla de allí. Muchas veces me tocó ir a buscarla a su trabajo, me sentaba en el pasillo, justo a lado de la puerta dónde Perla atendía a sus clientes. Debía oírla gemir durante horas mientras esperaba para llevarla a cenar, en múltiples ocasiones solamente regresábamos a casa debido a que salía exhausta después de un día muy duro. Me convertí en el hazme reír de todas las personas que habitaban en el barrio dónde vivía. Sin embargo nada de eso me importaba, trataba de convencerme a mí mismo, que el amor podía cambiarlo todo. Al llegar al mes de noviazgo, decidí que

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