Riesgos, juegos y espectáculos.: Itinerarios de comunicación para la paz.
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Riesgos, juegos y espectáculos. - Pablo Felipe Gómez Montañez
PARTE I
ACTORES Y MEDIOS DE COMUNICACIÓN
EN LA COLOMBIA DEL POSACUERDO
Medios de comunicación,
democracia y reincorporación:
diálogos con excombatientes
de las Farc-EP
[*]
CLARA VICTORIA MEZA MAYA
PABLO FELIPE GÓMEZ MONTAÑEZ
FREDY LEONARDO REYES ALBARRACÍN
Quisiera ser el sol de la mañana,
quisiera ser el camino hacia la libertad,
quisiera ser un martillo para extirpar la guerra,
quisiera ser una hamaca para dormir el dolor,
quisiera ser un ladrillo para construir la paz,
quisiera ser el hombre que construyó el amor,
y quisiera ser como tú.
Alex, exmiembro de las Farc-EP, ZVTN Icononzo, Tolima
Fragmento de la canción Quiero ser como tú
Nuestra llegada en medio
de la oscuridad
El espectáculo es el discurso ininterrumpido que el orden presente mantiene consigo mismo, su monólogo elogioso. Es el autorretrato del poder en la época de su gestión totalitaria de las condiciones de existencia. La apariencia fetichista de pura objetividad en las relaciones espectaculares esconde su índole de relación entre hombres y entre clases: una segunda naturaleza parece dominar nuestro entorno con sus leyes fatales. Pero el espectáculo no es ese producto necesario del desarrollo técnico considerado como desarrollo natural. La sociedad del espectáculo es por el contrario la forma que elige su propio contenido técnico. Aunque el espectáculo, tomado bajo su aspecto restringido de medios de comunicación de masa
, que son su manifestación superficial más abrumadora, parece invadir la sociedad como simple instrumentación, esta no es nada neutra en realidad, sino la misma que conviene a su automovimiento total. (Debord, 1998, p. 4)
Con independencia de la simpatía o, incluso, de la lectura asidua, ocasional o inexistente de los comandantes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-Ejército del Pueblo (Farc- EP ) de la obra de Guy Debord, lo cierto es que durante décadas ha sido una constante la concepción de los miembros de esta guerrilla sobre el papel que, según su comprensión, han tenido los medios de comunicación y, de modo especial, la prensa, a quienes históricamente señalan como responsables de la ocultación, la manipulación y la desinformación de la realidad, en aras de conservar la dominación de una oligarquía autócrata sobre una sociedad aletargada, que observa impávida las representaciones de verdad. En su inferencia, los exguerrilleros de las Farc- EP aseguran que el espectáculo que los medios de comunicación gestaron les asignó el papel antagónico de villanos peligrosos.
No cabe duda de que los medios hacen parte de la sociedad industrial, a la que Ulrich Beck describió como aquella que quebró su propio curso hacia el éxito, debido a que los riesgos sociales, políticos, económicos e individuales tendieron a escaparse de sus instituciones de control y protección (Beck, 1997). De esta manera, surge lo que el autor denomina como sociedad del riesgo
, que es la materialización de la modernidad reflexiva
. Una de las características principales de esta sociedad es la autoconfrontación
que realiza sobre los efectos que no pueden ser tratados ni asimilados por los estándares de las instituciones industriales —como los medios de comunicación—. Como resultado, los riesgos e incertidumbres terminan ocupando un lugar central en el debate, a escalas macro y micro, en la dimensión político-social y en la más cotidiana del individuo. Lo último vale, por supuesto, para ese individuo-exguerrillero.
Una de las condiciones actuales es que los riesgos son construcciones mentales
. El riesgo y sus efectos colaterales, que en la sociedad industrial eran determinados y definidos por el conocimiento experto-científico y estatal, actualmente se politizan y son cuestionados por colectividades y otros actores para quienes siempre habrá cosas inciertas
(Beck, Bonss y Lau, 2003, p. 14). Una de sus primeras consecuencias es que los peligrosos
se han desdibujado y su condición puede ser reasignada a cualquiera. Beck denomina este tránsito como el final de los otros
, pues las fronteras entre estos y el nosotros-los no peligrosos se borraron desde la irrupción de varias catástrofes que la misma sociedad del espectáculo ha contribuido a posicionar[1]. Como consecuencia, la turbulencia es causada por el discurso político, es decir, por los argumentos políticos de actores colectivos que incluyen [a los] consumidores, los medios de comunicación y los nuevos movimientos sociales
(p. 15). En consecuencia, surgen procesos sociales que definen los peligros y riesgos que permiten su manejo actual, y en los cuales intervienen los expertos y los no-expertos, hasta convertirse en posiciones sociopolíticas (Beck, 1998).
En suma, la sociedad del riesgo administra como residuales aquellas amenazas y peligros que su antecesora ya pudo seguir controlando y administrando. Los peligrosos se han vuelto latentes e inmanentes a la vez y, por supuesto, los medios de comunicación continúan siendo parte de la arena de luchas por su definición, señalamiento y fortalecimiento como blancos de la condena moral de la sociedad. En este marco están los guerrilleros, a quienes ciertos sectores se niegan a ver como excombatientes o individuos en proceso de reincorporación a la vida civil. Sin embargo, y afortunadamente en términos del mismo Beck, las contradicciones de la sociedad del riesgo traen consigo ventajas sociales y políticas en el marco del pluralismo —que termina integrando a los peligrosos—:
[…] se abren oportunidades y compulsiones para la acción, entre las que es preciso decidir permanentemente sin poder demandar soluciones definitivas, una exigencia que, a través de vivir y actuar en la incertidumbre, se convierte en una especie de vivencia básica. Interrogantes como quiénes serán capaces de hacer y aprender esto, cómo y por qué, o por qué no, se convierten a su vez en cuestiones biográficas y políticas claves de la época actual. (Beck, 1997, p. 26)
En el marco de la sociedad del espectáculo y del riesgo, los medios de comunicación contribuyeron, entonces, a definir al guerrillero de las Farc-EP como terrorista y peligroso. En el marco de la implementación del Acuerdo Final para la Terminación del Conflicto y la Construcción de una Paz Estable y Duradera (Gobierno nacional y Farc-EP, 2016), firmado por el Gobierno colombiano y el grupo armado, y que materializó su inicio con el asentamiento de sus miembros en las Zonas Veredales de Transición y Normalización (ZVTN), la denominación de peligrosos
seguramente desapareció, pero dio lugar a otras que igualmente los tildaban de sospechosos
o de interlocutores evitables
. Uno de tantos ejemplos es que algunos miembros de la Comisión de Verificación del Proceso de Paz de la ONU fueron blanco de críticas porque aparecieron en fotografías bailando con guerrilleras durante la celebración de año nuevo en 2016. El 1 de mayo de 2017, la revista Semana publicó que tres observadores y un supervisor fueron separados de sus cargos, por comportamiento inapropiado
, con falta de profesionalismo e imparcialidad
(Reyes Albarracín, Gómez Montañez y Meza Maya, 2019). Los calificativos del pasado y de ese presente constituyeron un aspecto clave en la construcción de la confianza necesaria para generar el encuentro entre ellos y nosotros:
[…] es que nosotros hemos sido tan esquivos a eso, incluso a las entrevistas porque muchas veces uno de ellos le pide una entrevista a algún integrante nuestro y, luego de hacer el procedimiento normativo interno, se concede la entrevista pero luego se abusa, es decir, si yo expreso una realidad que es la que se vive aquí en cierto lugar de Colombia, entonces ellos van y la cambian y dicen otra cosa y, como está la voz de uno grabada, manipulan la cosa para jodernos […] Entonces resulta que esa imagen que han difundido, en la que como tal nos pintan, con la que se ha quedado la mayoría del pueblo, la gente que vive en las grandes ciudades, porque se quedan solamente con lo que dicen los medios y, debo decir ya que se da la oportunidad hoy, que mucha de esa gente hasta ahora empiezan a conocernos; todo el tiempo vivieron engañados, por así decirlo, porque los medios les vendieron una falsa imagen de lo que era esta organización y hasta hoy empiezan a conocernos. (Helbert, comunicación personal, 13 de septiembre, 2017)
La perspectiva de Helbert nos abre la posibilidad de explorar una ruta de análisis del itinerario de las Farc-EP como objeto de representaciones mediáticas que parecen seguir condicionando a los ahora exguerrilleros y que modelan las relaciones y posibilidades de empatía con ese gran Otro ubicado como interlocutor de la sociedad civil. De ahí que ellos mismos reconozcan el valioso papel que cumplen los medios en la reconstrucción de una Colombia en el posacuerdo (Reyes Albarracín, Gómez Montañez y Meza Maya, 2019) —también llamado posconflicto—, en la deconstrucción de los imaginarios y las representaciones forjadas en la guerra, en la cimentación de acuerdos, en la búsqueda de consensos y la orientación de esfuerzos para la paz y la convivencia, en el reconocimiento de la diferencia e, inclusive, en el trámite del perdón y la reconciliación.
Medios, democracia y paz: rutas
hacia el equilibrio de información
El valor de los medios de comunicación se hace extensivo a la consolidación de procesos democráticos, como plataforma de la propaganda y las ideas que permitan la consolidación de un proyecto político para el partido Fuerza Revolucionaria Alternativa del Común[2] (Farc), que en 2021 cambió su nombre a Comunes, en condiciones de igualdad con cualquier otra de las manifestaciones ideológicas y políticas del país. También en su condición inherente de educadores y de veedores en aspectos clave para el cumplimiento de los acuerdos, así como en la aplicación de los mecanismos establecidos en la justicia transicional y el resarcimiento a las víctimas del conflicto armado.
El acceso en equilibrio a los medios de comunicación quedó amparado en el Artículo 20 de la Constitución Política de Colombia (1991), que avala la libertad de prensa y estipula en esta facultad una serie de garantías que van de lo personal a lo empresarial. Así, garantiza a todas las personas la libertad de expresar y difundir sus pensamiento y opiniones
; además de informar y recibir información
que, como enfatiza, deberá ser veraz e imparcial
. Garantiza, además, la potestad de cada individuo de fundar medios masivos de comunicación
, que son reconocidos como libres y socialmente responsables. Un par de artículos más allá, la misma carta magna determina la paz como un derecho y un deber de obligatorio cumplimiento
. La cercanía entre ambos amparos a tan importantes libertades son menos que un azar.
En el contexto de una teoría democrática liberal, la información, su acceso y su manejo, guardan una relación directa con las posibilidades del ejercicio democrático. Para Robert Dahl (1992), la comprensión ilustrada, esto es, las oportunidades iguales y concretas de obtener información acerca de las alternativas políticas y sus probables repercusiones, en asocio con la libertad de expresión y las fuentes alternativas de información, son condiciones inexorables para la extensión de la democracia. Sin sometimiento de la enunciación de estos postulados desde una órbita capitalista, los acuerdos de paz que surtieron una serie de procesos en Colombia, albergan en sus lógicas rezagos del fortalecimiento de una ciudadanía hasta ahora endeble; y es claro que, en una nación que se construye en democracia, los medios de comunicación desempeñan un papel substancial.
El Acuerdo Final para la Terminación del Conflicto y la Construcción de una Paz Estable y Duradera (Gobierno nacional y Farc-EP, 2016) cimentó en la función de los medios, en la inclusión, participación y cobertura, una alta responsabilidad para su cumplimiento. Es así como en el apartado 2. Participación política: apertura democrática para construir la paz
, el Gobierno y las Farc-EP consideraron que la promoción del pluralismo político, de las organizaciones y movimientos sociales, y los sectores excluidos del ejercicio de la política y del debate democrático, requiere de nuevos espacios de difusión para que los partidos, organizaciones y las comunidades que participan en la construcción de la paz, tengan acceso a espacios en canales y emisoras en los niveles nacional, regional y local
(p. 36). El Acuerdo Final enfatizó en que, para hacer frente a los retos de la construcción de paz, el acceso a medios de comunicación proporciona las garantías para el ejercicio de la oposición política y propicia la participación ciudadana, por medio de dispositivos democráticos, entre otros recursos, para el ejercicio público de las libertades de expresión y de disenso. Así como mediante el acceso a mecanismos de difusión que permitan visibilizar la labor y la opinión de las organizaciones y movimientos sociales en los canales y emisoras de interés público.
Los medios de comunicación comunitarios, institucionales y regionales, deben contribuir a la participación ciudadana y en especial a promover valores cívicos, el reconocimiento de las diferentes identidades étnicas y culturales, la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres, la inclusión política y social, la integración nacional y en general el fortalecimiento de la democracia. La participación ciudadana en los medios comunitarios contribuye además a la construcción de una cultura democrática basada en los principios de libertad, dignidad y pertenencia, y a fortalecer las comunidades con lazos de vecindad o colaboración mutuos. (Gobierno nacional y Farc-EP, 2016, pp. 45-46)
El acuerdo consignó, además, medidas para promover la igualdad de condiciones en la competencia política, tanto en participación como en transparencia; la promoción de una cultura política democrática, participativa y ciudadana, así como la creación de nuevos espacios para que los partidos y movimientos contaran con acceso a medios. Todo lo anterior en pro de la construcción de una sociedad política democrática.
El papel de los medios de comunicación no solo es determinante en la construcción de democracia, sino, de manera cada vez más categórica, en la concepción misma de esta. Sean las formas tradicionales o las redes sociales, lo cierto es que, en las sociedades actuales, el flujo de información mediático es el campo en el que se dinamizan las prácticas políticas, más aún en las inmediaciones de procesos electorales, de toma de decisiones políticas, de apoyo o rechazo al establecimiento o de modificaciones de leyes, en los que los usuarios de los medios reorientan sus predilecciones, decisiones y, finalmente, sus actos, motivados, ampliamente, por el relato recibido mediáticamente. De la conducta racional y analítica se da paso a la emocional, que planteaba Sartori (1998), de acuerdo con la cual medios como la televisión transforman las dinámicas políticas tradicionales, pues los ciudadanos construyen sus opiniones bajo los lineamientos que los propios medios televisivos le inducen a opinar. Esta inducción permea los procesos de participación política, no con la exposición de propuestas sino mediante la reducción de las decisiones ciudadanas a episodios meramente emocionales. Con todo, el panorama agobiante descrito por Sartori fue corto ante el advenimiento de las redes sociales en la construcción de ciudadanía política, la cimentación de democracia, la formación de líderes de opinión y la manipulación de impulsos emocionales, pese al análisis según el cual las relaciones que se establecen en la red guardan un sentido de identidad entre quienes divulgan, comparten y consultan un mensaje determinado: leemos, vemos, seguimos y escuchamos aquellas posiciones de mundo que van enrutadas a nuestras propias posiciones, perspectivas, ideologías e intereses, de modo que las redes resultan ser un reflejo de lo que somos.
Lo cierto es que se establece una relación de retroalimentación entre la información que se difunde por redes como Twitter, Facebook o WhatsApp, y los medios tradicionales que hacen eco y replican los mensajes. A modo de ilustración, analicemos el caso de la experiencia colombiana durante el proceso previo a la votación del plebiscito por la paz, votado en Colombia en 2016, que estuvo condicionado por la llamada propaganda negra
en la construcción de la emergente noción de posverdad
(González, 2017). Esta propaganda utilizó el recurso de la mentira disfrazada para la manipulación de la opinión pública por la incubación de miedos y la exhortación a emociones, sin filtros ni controles. Así como a la misma falta de experiencia en el campo, como lo reflexiona Ronaldo, excombatiente de las Farc-EP:
¿Por qué ganó el no en el plebiscito? Empezando, los medios de comunicación no están muy a favor de nosotros, y la estrategia que usó Uribe[3], directamente Uribe, fue usar lo que decíamos transformándolo en otra cosa, hacerle ver a la gente lo contrario; entonces muchos se dejaron llevar ahí, cuestiones que nosotros no supimos manejar desde el fondo. ¿Por qué? Nos faltó meterle más duro en esa vaina de darle conocimiento a la gente en muchos lugares. Eso es, o sea, errores que cometemos, cosas que nos faltan. (Ronaldo, comunicación personal, 10 de agosto, 2017)
En este contexto, las dificultades para el logro de una relación en la que los medios de comunicación coadyuven en la construcción de procesos democráticos en la nueva realidad que se perfila en Colombia plantean un reto adicional para el posacuerdo. Ante unos medios tradicionales que responden más a intereses económicos y políticos que al ejercicio socialmente responsable de actuar como veedores de los intereses públicos y la inexistencia de mecanismos de control en el uso de redes sociales, queda el camino de la promoción de la educación y la formación en principios cívicos y ciudadanos, en una comunidad interesada en la participación social, la intervención y la veeduría de los asuntos públicos y la consolidación de una sociedad que favorezca el afianzamiento de los procesos de paz y la construcción de una Colombia incluyente.
Dado que un significativo enfoque de la investigación fue la articulación entre los marcos interpretativos de la justicia transicional con los escenarios de la vida cotidiana, en las interpretaciones de vocablos siempre equívocos (Paz, 1994) como verdad, justicia, reparación y resolución de conflictos, todas ellas fortines para construir escenarios de paz, ha sido un imperativo ahondar en las relaciones/percepciones de excombatientes del grupo guerrillero con los medios masivos de comunicación. Estas opiniones se analizan como instrumentos para el establecimiento de relaciones de poder, o como fuentes para construcción/manipulación de realidades, durante el conflicto armado y en el momento actual de reincorporación social; también se consideran los retos de un periodismo para la paz, la democratización de la información y el acceso a los medios, para la construcción de una sociedad en el posacuerdo.
La orientación de la función de los medios de comunicación para la formación de una nación en democracia y el fortalecimiento de conceptos inherentes a esta, como la ciudadanía, fueron constantes en los reclamos de las Farc-EP. Cabe mencionar el valor que se les dio a los medios en los acuerdos de paz, en los que se establece la participación ciudadana a través de medios de comunicación comunitarios, institucionales y regionales. Estas medidas
[…] deben contribuir a la participación ciudadana y en especial a promover valores cívicos, el reconocimiento de las diferentes identidades étnicas y culturales, la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres, la inclusión política y social, la integración nacional y en general el fortalecimiento de la democracia. La participación ciudadana en los medios comunitarios contribuye además a la construcción de una cultura democrática basada en los principios de libertad, dignidad y pertenencia, y a fortalecer las comunidades con lazos de vecindad o colaboración mutuos. Adicionalmente, en un escenario de fin del conflicto, los medios de comunicación comunitarios, institucionales y regionales, contribuirán al desarrollo y promoción de una cultura de participación, igualdad y no discriminación, convivencia pacífica, paz con justicia social y reconciliación, incorporando en sus contenidos valores no discriminatorios y de respeto al derecho de las mujeres a una vida libre de violencias. Para avanzar en el logro de estos fines. (Gobierno nacional y Farc-EP, 2016, pp. 45-46)
En esta demanda se percibe una apuesta por la vindicación del acceso al manejo de los medios de comunicación y a la transmisión de la información para el fortalecimiento de la democracia, especialmente cuando dichos medios franqueen el acceso a las comunidades y las regiones. Esta condición resulta aún más relevante en una sociedad en transición como la colombiana, carente de instituciones democráticas sólidas. Podríamos sospechar, de este modo, que la prensa en particular y los medios en general colaboren con la creación de un clima democrático, consecuente con la sociedad colombiana esperada tras la implementación de los acuerdos.
En el acuerdo de paz, las exigencias de la participación ciudadana en los medios están ancladas con unos compromisos del Gobierno nacional, que se resumen en: convocatorias de adjudicación de radios comunitarias (particularmente a víctimas del conflicto); formación de nuevos comunicadores sociales comunitarios en las diferentes regiones del país; apertura de espacios en medios regionales para divulgar información de organizaciones, movimientos y de la implementación misma de los acuerdos; y financiación de proyectos de producción y difusión de contenidos orientados a formar una cultura de paz (Gobierno nacional y Farc-EP, 2016, p. 46).
Consecuentemente, vale la pena preguntarse por el papel de Comunes en la participación y construcción de alternativas en medios de comunicación para formar dicha cultura de paz. Por supuesto, la organización guerrillera que antecedió al partido político acumuló experiencia con sus propios medios de comunicación. Durante años mantuvieron al aire su emisora Voz de la Resistencia y su noticiero en YouTube Informativo Insurgente cubrió de manera juiciosa y rigurosa los avances de los diálogos de paz de La Habana. De igual forma, su portal web (www.farc-ep.co) estuvo activo hasta el 12 de octubre de 2018, previo a la firma del Acuerdo Final. Hoy día, como partido político cuentan con su portal web (www.partidofarc.com.co), la colectividad y varios de sus miembros tienen perfil en redes sociales como Facebook e Instagram, pero no han logrado consolidar proyectos radiales y televisivos. Sin embargo, esto no significa que su trayectoria como periodistas, objetos de contenido y espectadores se haya interrumpido, ni que la experiencia acumulada en estos ámbitos de la comunicación e información no signifique un capital apropiado para los retos que actualmente se avecinan para gestionar sus propios medios de comunicación.
A continuación, desplegaremos la ruta de análisis a partir de dos itinerarios paralelos que marcaron miembros de las Farc-EP, al llevar a cabo acciones como productores y receptores de contenidos en medios de comunicación. Por un lado, revisaremos algunos aspectos tomados de la experiencia transmitida por Johana, quien durante años en la guerrilla tuvo la difícil tarea de cargar sobre sus hombros literalmente
la emisora insurgente. Por otro lado, recogeremos algunas reflexiones de algunos exguerrilleros sobre los procesos de lo que podríamos denominar audiencias críticas, pues también durante décadas, organizados en células de formación política, elaboraron grupos de información y de conversación para expresar sus lecturas críticas de los contenidos y representaciones que los medios de comunicación han transmitido y forjado sobre ellos.
Las Farc-EP como audiencias-
receptores críticos
Con el valor precedente a los medios masivos (emisoras y canales de televisión) para la construcción de la sociedad deseada en estos acuerdos, indagamos cómo ha sido la relación de los excombatientes de las Farc-EP con los medios de comunicación, en diferentes frentes: en primer lugar, como escuchas y receptores durante los tiempos de combate; como creadores de medios en estos mismos periodos; y, en la actualidad, como receptores en sus nuevas condiciones de vida.
Las ZTVN elegidas fueron Mariana Páez, en Mesetas, departamento del Meta, y Antonio Nariño, en Icononzo, departamento del Tolima. La elección de estas obedeció, específicamente, a criterios de proximidad con Bogotá, en los tiempos posibles para el desplazamiento y la permanencia. Recogimos información con 32 personas, durante las tres visitas realizadas a dos zonas veredales transitorias de normalización. Fue un sentido de azar lo que determinó el acceso a nuestros informantes: condiciones de disponibilidad, de acceso a la entrevista, facilidades expresivas, pertenencia a la escuela de comunicación en Antonio Nariño, entre otros factores. En las entrevistas semiestructuradas, las búsquedas se concentraron en indagar por las posibilidades de acceso a los medios, como audiencia o como gestores y productores; las prácticas de recepción, las fuentes de información y los modos como los medios construyen nociones de verdad y de realidad; el análisis de la realidad nacional plasmada en los medios; la verdad de los medios frente a la verdad de la guerrilla; la reflexión sobre la imagen de la guerrilla construida en los medios de información/comunicación y los estereotipos que alimenta; la actuación de los medios informativos en el proceso de paz; y los retos de un periodismo para la paz, en aras de democratizar la información y el acceso a los medios para afrontar la verdad y la imparcialidad, en una sociedad dividida y parcializada. Estas apreciaciones y posturas fueron preponderantes para identificar la manera en que, según los farianos, se detectan marcaciones, se procuran riesgos y se evidencian peligros relacionados con la transición hacia la paz, que son gestados por sistemas abstractos como los medios de comunicación, cuyos resultados afectan de manera directa la fase liminal del tránsito hacia la vida civil (Reyes Albarracín, Gómez Montañez y Meza Maya, 2019), que, de manera ineludible, debe ser entendida en el ámbito de las mediaciones (Martín Serrano,
