Más allá de la violencia: Alianzas y resistencia de la prensa local mexicana
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formalmente es una democracia, ¿por qué abundan los ataques contra la prensa? Y
si la prensa se ve continuamente amenazada, ¿cómo se explica la resistencia de los
diarios críticos? Estas interrogantes han sido poco exploradas para el caso
mexicano, y menos aún para el panorama
Grisel Salazar Rebolledo 1
Grisel Salazar Rebolledo es profesora del Centro de Investigaciones y Docencia Económicas (CIDE), donde coordinó el programa de Periodismo. Es doctora en Políticas Públicas por la misma institución y maestra en Ciencias Políticas por la Universidad de Salamanca. Pertenece al nivel I del Sistemas Nacional de Investigadores.
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Más allá de la violencia - Grisel Salazar Rebolledo 1
Primera edición, 2022
Biblioteca del
cide
– Registro catalogado
Salazar Rebolledo, María Grisel, autor
Título: Más allá de la violencia. Alianzas y resistencia de la prensa local mexicana.
Responsable: Grisel Salazar Rebolledo.
Pie de imprenta: Ciudad de México: Centro de Investigación y Docencia Económicas, ©٢٠22.
Edición: Primera edición.
Descripción física: 324 páginas, 23 cm.
Incluye referencias bibliográficas.
Identificadores:
isbn
: 978-607-8791-32-3
orcid
: 0000-0001-8874-1089 (Grisel Salazar Rebolledo)
Serie: Investigación e ideas (
cide
)
Clasificación
lc:
PN4974.P6 S25 2022
Tema(s):
Press and politics – Mexico – States – 2011-2013
Press – Effect of civil society on – Mexico – States – 2011-2013 – Statistical methods.
Dirección editorial: Natalia Cervantes Larios
Portada: Ilustración de Fabricio Vanden Broeck
Diseño editorial: Natalia Rojas Nieto
D.R. © 2022,
cide
, Centro de Investigación y Docencia Económicas, A.C.
Carretera México-Toluca 3655, Lomas de Santa Fe, 01210, Ciudad de Mexico.
@LibrosCIDE www.cide.edu editorial@cide.edu
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Impreso en México – Printed in Mexico
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Sextil Online, S.A. de C.V./ Ink it ® 2022.
+52 (55) 52 54 38 52
contacto@ink-it.ink
www.ink-it.ink
Índice
Agradecimientos
Introducción
I. La prensa entre la manipulación y el potencial de alianzas: Una propuesta teórica para regímenes híbridos
Entre democracias imperfectas: Teorizar sobre
La intervención sobre la prensa en regímenes híbridos: Hacia una tipología
¿Cómo estudiar las estrategias de manipulación sobre la prensa?
Destrabar la manipulación: Los medios y su capacidad de alianza
La intervención de los aliados estratégicos sobre la intensidad de la estrategia de manipulación
La intervención de los aliados sobre la efectividad de la estrategia de manipulación
II. Las arenas de manipulación: La prensa en los regímenes híbridos locales en México
El cuarto poder en los estados
¿Qué sabemos sobre la prensa que se hace en los estados?
Diarios sin lectores y lectores sin diarios: Los mercados estatales de prensa escrita
La historia que cuenta la ausencia de crítica: Los titulares de la prensa estatal y el paralelismo
político
¿Qué hay detrás de las variaciones en el contenido de la prensa estatal?
III. Las estrategias de manipulación sobre la prensa local mexicana: Clientelismo, intimidación legal y violencia
Clientelismo
Intimidación legal: Restricciones jurídicas de la libertad de expresión
Violencia contra la prensa
IV. Los aliados estratégicos de la prensa en acción: La intensidad y la efectividad de las estrategias de manipulación sobre la prensa estatal mexicana
Las topografías
de la manipulación sobre la prensa: Intensidad y selección
Las reacciones de la prensa frente a las estrategias de manipulación: Entre el retraimiento y la resistencia
El límite de la intervención de los aliados estratégicos
V. Replegarse o resistir Alternativas para enfrentar la manipulación
La manipulación como producto de las particularidades políticas
La activación de los aliados
La importancia de las redes extraterritoriales
Conclusiones
Referencias
Anexo A. Construcción de la Base de Titulares de Medios Impresos Estatales
Anexo B. Libro de códigos y notas sobre la confiabilidad del proceso de codificación
Anexo C. Entrevistas y cuestionario
Agradecimientos
Escribí la última versión de este libro en esas extrañas tardes del encierro forzoso en el que nos sumió 2020. Estas páginas ejercieron una suerte de efecto terapéutico para mirar con cierta distancia la evolución de las primeras ideas que originaron esta investigación, y que se gestaron hace poco más de un lustro, en presencia de personas a las que les debo orientación, guía, presencia o paciencia, y a las que siempre les estaré agradecida. Estas páginas son el balance y la culminación de un largo proyecto, pero también constituyen el mapa para nuevos inicios académicos y personales.
Gracias siempre a Andreas Schedler por estar desde el inicio atento, generoso y paciente con mis primeras ideas, bastante imprecisas y confusas. Cada plática compartida era casi una labor de alquimia que logró transformar mis vaporosas intuiciones teóricas en un proyecto cristalizado y concreto. Ningún agradecimiento hará justicia a los años de aprendizaje intenso e ininterrumpido en todo sentido y a ese consejo que me ayudó a mantenerme a flote durante la redacción: correr en las mañanas y oír música a todo volumen en los momentos bajos.
Muchas gracias también a quienes me encontré o reencontré en algún momento en el Centro de Investigación y Docencia Económicas (cide), que, por simple vocación y amabilidad, se sentaron a conversar conmigo sobre lo que sería esta investigación. A Gilles Serra, por sus reflexiones siempre provocadoras y desafiantes; a Alejandra Ríos, por recordarme que todas las políticas públicas bien asentadas beben de evidencia politológica y por motivarme a explorar los límites de la rendición de cuentas en el ámbito subnacional; a Mauricio Dussauge, por sus consejos académicos y personales, y por su calidez sostenida desde los ya lejanos tiempos de El Colegio de México; a Carlos Bravo, por los libros y discusiones que alimentaron de manera decisiva esta investigación; a Sandra Ley, por sus atinados comentarios sobre lo que serían varios capítulos de este trabajo, pero sobre todo por su amistad y sus ánimos. Gracias también a Guillermo Cejudo, por la confianza y la motivación para potenciar mi investigación, y por tener siempre las puertas de su oficina abiertas. A David Crow, gracias por su buen humor y su disposición a suplir siempre mi falta de pericia para el manejo de datos. A Andrew Paxman, por estar siempre interesado en mi agenda de investigación y considerarme una colega desde el primer momento. Gracias también a Julio Ríos por darme acceso generoso a datos propios sobre instituciones judiciales. Un agradecimiento muy especial a Stalin por tanto cariño durante tantos años, por las eternas revisiones a una buena parte de los textos que han alimentado esta investigación, pero sobre todo por seguir acompañándome en el camino. Mi gratitud sincera al cide por ser una institución estimulante y abierta, y un espacio incomparable para el aprendizaje y el intercambio intelectual.
Gracias también a los colegas que he conocido durante estos años y que me han acogido a mí y a mi investigación con gran fraternidad: Sallie Hughes, Celia del Palacio, Rubén González, Mireya Márquez y Martín Echeverría. Estoy en deuda siempre con ustedes y con sus investigaciones sobre la prensa mexicana, detonadoras de muchas reflexiones que motivaron estas páginas. Siempre mi admiración.
A Alexa Pérez y Rocío Ramonetti les agradezco su dedicación y su seriedad para asistirme de manera impecable en la investigación, y por manifestar siempre un interés genuino en los estudios de la prensa y el periodismo en México.
Un reconocimiento muy especial a los periodistas que aceptaron conversar conmigo para esta investigación. Ustedes y su labor son el motivo y la inspiración detrás de estas páginas.
A Arturo, que irrumpió como un vendaval inesperado de motivación, cariño y complicidad en las circunstancias más improbables. Gracias por llegar y gracias por permanecer.
Por último, este libro está dedicado a mis padres y a mi hermano, por el amor incondicional y por estar junto a mí todo el tiempo, incluso en la ausencia y la distancia. Como cada logro, este también es suyo, por hacerme ser quien soy y por respaldarme en cada decisión que tomo.
Introducción
Los tiempos actuales están marcados por una contradicción para el periodismo. A la par de la expansión de las democracias electorales por el mundo, del asentamiento de las tecnologías de la información como un elemento cotidiano y de las transformaciones en los mercados mediáticos, los ataques contra los periodistas han ido en aumento y los intentos por controlar los cuestionamientos del periodismo respecto al poder han proliferado.
Había una expectativa de que el final de los autoritarismos cerrados se traduciría en mejores condiciones para ejercer la libertad de expresión. Esta posibilidad pronto se vio desmentida por el abanico de estrategias utilizadas por los actores políticos para intervenir sobre los contenidos de los medios, incluyendo ataques simbólicos, confrontaciones en redes y descalificaciones públicas al trabajo periodístico.
Sin embargo, la proliferación de agresiones contra la prensa en todo tipo de regímenes tampoco se ha traducido en la desaparición del periodismo crítico. En Rusia, por ejemplo, donde hay un gran número de asesinatos de periodistas, presumiblemente cometidos por funcionarios del gobierno, publicaciones como la Novaya Gazeta ha persistido en realizar una cobertura crítica del desempeño de los gobiernos locales, que le valió el Premio Nobel de la Paz a su director en 2021. En Paquistán, donde es común que actores del gobierno intimiden a periodistas, el periódico The News realizó una investigación sobre corrupción que culminó en la destitución del primer ministro Nawaz Sharif en 2017. En Estados Unidos, ni los constantes hostigamientos verbales de Donald Trump contra la prensa crítica de su gobierno ni haber declarado personas non gratas a varios reporteros impidieron que The New York Times publicara una investigación sobre la evasión fiscal cometida por el presidente durante dos décadas. Estos ejemplos, de muy distintas latitudes y variantes de régimen político coinciden en la supervivencia de una prensa crítica dentro de un entorno hostil.
En el panorama local mexicano también hay dinámicas que lo confirman. En 2014, el diario sinaloense Noroeste recibió ocho agresiones de distinto tipo en poco más de una semana: daños mayores en la fachada de sus oficinas, llamadas amenazadoras a la redacción, intimidaciones y golpizas a periodistas, despojo de material gráfico, detenciones arbitrarias, robo de vehículos y un balazo contra su director general. Estos ataques fueron perpetrados después de que el diario señalara vínculos entre autoridades municipales y miembros del crimen organizado.
El sentido común llevaría a pensar que después de experimentar estos sucesos violentos, que además han continuado, Noroeste y sus periodistas optarían por la autocensura, por abandonar el periodismo de denuncia y la crítica. Sin embargo, su reacción inmediata fue construir un micrositio en el que se detallaban las agresiones y se exigen sanciones contra los responsables. Noroeste también suele denunciar ataques a otros medios como, por ejemplo, los sufridos por el Semanario Zeta en abril de 2017, y continúa siendo una referencia del periodismo del estado y la región.
Otro episodio revelador es el del periodista Pedro Canché, que estuvo encarcelado durante casi un año. Canché fue acusado de sabotaje después de que cubriera una protesta indígena en Quintana Roo en 2014. Según relata (Canché, 2017), ese no fue el único acto de intimidación y violencia que el exgobernador Roberto Borge esgrimió contra él o contra la estación de radio en la que participaba. La injerencia de Borge en el sistema judicial y en medios oficialistas provocaron que los ataques contra el periodista continuaran incluso después de su salida de prisión, cuando el periodista denunció el aumento de la deuda pública en Quintana Roo y los actos de corrupción y enriquecimiento ilícito perpetrados por el exgobernador. Las amenazas no han terminado, ni siquiera con Borge actualmente encarcelado en Panamá. Canché continúa su trabajo generando contenido para un portal noticioso: me río de la muerte y le toco la cara
(Canché, 2017: 143).
Un episodio más: en Puebla, el exgobernador Rafael Moreno ideó una estrategia discreta pero poderosa para intervenir en el control de los medios. Valiéndose de sus vínculos con la universidad estatal y el ayuntamiento de Puebla, el gobierno de Moreno colocaba o retiraba contratos triples de publicidad oficial en los medios locales. Dado que con este paquete triple se controlaban las fuentes más grandes de recursos financieros, los medios que quedaban fuera del convenio tenían muy difícil su subsistencia. Para los excluidos de este trato la disyuntiva parecía estar entre ceder a las condiciones del gobernador o perecer financieramente. A pesar de ello, durante los años en los que se mantuvo vigente esta estrategia de intervención, diarios como Lado B buscaron otras alternativas. El fondeo independiente, el acercamiento a fundaciones, las alianzas con otros medios locales y nacionales y la organización de diversos eventos con lectores fueron vías por las que apostó el portal para subsistir y continuar publicando contenido crítico.
Todo en estos casos despierta numerosas interrogantes sobre cómo se ha teorizado desde la ciencia política la relación de la prensa con los actores del gobierno. Si México es formalmente una democracia, ¿por qué persisten los ataques contra la prensa y los periodistas, y los intentos de intervención? Una de las condiciones básicas de las democracias es la libertad de expresión, sin embargo, la permanencia de represalias y controles en regímenes que ya no son autoritarios es común, incluida la violencia. La discusión puede entonces articularse en torno a las condiciones que hacen de México una democracia inacabada.
Ahora bien, si independientemente de la manera en que se clasifique el régimen, hay represalias y controles contra la prensa, ¿por qué persiste la crítica en los medios? Desde un estricto enfoque que contraste costos y beneficios, no puede entenderse fácilmente por qué periodistas que han sufrido pérdidas económicas o que han arriesgado su integridad física continúan desafiando a las autoridades locales al publicar contenidos de denuncia. Además de las respuestas que apunten al heroísmo o la vocación profunda, es difícil explicar cuáles son los incentivos para enfrentar riesgos. La discusión podría ser sobre cómo las audiencias premian esta labor crítica y los beneficios que se obtienen por vía de la reputación. En cualquier caso, lo cierto es que episodios como los citados más arriba obligan a concebir la relación de la prensa con el poder en términos más amplios y complejos, considerando el entorno institucional y las estructuras de actores que rodean a ambos.
Un caudal de textos periodísticos, artículos académicos e informes de organizaciones sociales ha señalado la preocupante proliferación de ataques violentos contra periodistas y comunicadores, que provienen de actores criminales, pero también de funcionarios públicos. Sin embargo, la mayor parte de estos análisis consideran que, indefectiblemente, después de que se ejercen estas estrategias, los medios se repliegan. A la luz de los casos anteriores, vale la pena preguntarse de qué depende que la prensa continúe realizando una labor crítica en contextos de represión. ¿En qué casos los intentos de manipulación son exitosos?, ¿están los efectos ligados al tipo de régimen o al grado de consolidación democrática? Además, estas investigaciones se suelen concentrar en la violencia y dejan de lado la persistencia de actos de intimidación judicial o los condicionamientos financieros.
Hablar de la prensa en democracias no consolidadas despierta evocaciones de medios dominados por el discurso de los actores políticos, de periodistas con bajos niveles de profesionalización, con pocos recursos y muchos obstáculos para emprender proyectos de investigación y múltiples resistencias para proponerse fungir como vigilantes del poder. La creencia generalizada —y cierta literatura académica— dicta que, en entornos no democráticos, ocurren un sinfín de estrategias de intervención sobre la prensa, que producen medios y periodistas dóciles, mientras que en democracias establecidas nos toparemos con condiciones de libertad, que producen una prensa que se ha propuesto fungir como contrapeso y centinela; una prensa que se desempeña como cuarto poder. Este enfoque, que podemos llamar liberal normativo, asume que la instalación de una democracia conduce a medios libres, dado que las democracias, aun las más nuevas, tienen la consigna de promover y proteger una prensa libre, diversa e independiente, mientras que los regímenes no democráticos la asfixian y controlan (Vaca, 2018b, 2015).
Lo cierto es que esta visión dicotómica es bastante problemática en tanto nubla el entendimiento de las variantes que toman las relaciones prensa y poder en uno u otro escenario. Esta concepción también impide comprender escenarios aparentemente paradójicos, como el surgimiento de ejercicios críticos en contextos de amenaza o represión; o la existencia de prensas pasivas donde aparentemente están puestas las condiciones para la crítica y la investigación. Más aún, esta perspectiva, concentrada en los dos polos extremos del continuo de regímenes políticos, deja de lado las dinámicas entre la prensa y el poder en aquellos sistemas que no son autocracias, pero que tampoco pueden clasificarse como democracias liberales, lo que impide comprender a cabalidad, por ejemplo, por qué en México durante el régimen priista sobrevivía la crítica en diversos diarios, especialmente en el ámbito local. Por citar un caso, El Diario de Xalapa se distinguió por su estilo de confrontación con los políticos municipales y estatales durante la primera mitad del siglo xx, lo mismo que El Informador, entre otros periódicos estatales (Gillingham, 2018). Al valerse de la sátira y otros recursos humorísticos, la prensa regional señalaba a funcionarios, denunciaba corrupción y escándalos, evidenciaba ineficiencias de los gobiernos estatales, abusos y malas prácticas (Gillingham y Smith, 2014: 3). Fue también bajo el auge del priismo cuando los periódicos regionales comenzaron a poner en marcha prácticas de innovación que la prensa nacional aplicaría a finales del siglo xx (Garza, 2018). Y es que, como Freije (2020) señala, durante la década de 1980 ya convivían, por un lado, las pautas de un sistema de gobierno no democrático y, por el otro, la proliferación de escándalos políticos que se fueron haciendo parte de la dieta
mediática y que marcaron las tensiones de la, aparentemente contradictoria, esfera pública mexicana.
A la inversa, a pesar de que las últimas tres décadas se han caracterizado por una expansión de las instituciones democráticas en prácticamente todos los rincones del planeta, la realidad es que hay una reproducción sustantiva de nuevas formas de autoritarismo ocultas tras fachadas democráticas. Así, hoy en día, los llamados regímenes híbridos representan la forma más común de gobierno en los países en desarrollo (Schedler, 2006a: 382), que ya no pueden considerarse un estado transitorio, sino una forma particular de régimen que se instala y sobrevive a pesar de sus contradicciones (Schmotz, 2013). Esta razón sería suficiente para buscar un entendimiento más amplio de las relaciones entre la prensa y el poder más allá de las democracias liberales.
Dentro de la vasta zona gris
(Carothers, 2002) que se extiende entre autoritarismos y democracias hay una coexistencia de instituciones que normativamente se considerarían incompatibles (Cassani, 2014), y que marcan desafíos a la manera en la que se entienden y se conceptualizan las relaciones entre ellas. Una de las contradicciones típicas de estos regímenes es que, mientras se celebran periódicamente elecciones multipartidistas, se llevan a cabo actos de control para limitar las posibilidades de que la oposición ocupe cargos relevantes. Entre estos actos figura la intervención sobre los medios de comunicación, en tanto instrumentos de formación de opinión y de rendición de cuentas. Dichas intervenciones buscan colocar o restringir contenido para afectar directamente a la oposición o para limitar las críticas al gobierno. Los regímenes híbridos pueden concebirse como canchas de juego disparejas
(Levitsky y Way, 2010b) en las que, al menos, la formación de las preferencias de los votantes, el acceso al poder y la expresión y agregación de las preferencias, se encuentran obstruidos parcial o totalmente por el grupo en el poder (Schedler, 2002).
Las estructuras institucionales en apariencia incoherentes que cimientan la existencia de los regímenes híbridos sobreviven gracias a operaciones que equilibran el control de la competencia política con cierto grado de libertades civiles, controles horizontales y participación (Schmotz, 2019): mientras que por un lado se continúan ejerciendo actos autoritarios de manipulación, por otro se despliegan actos de apertura, a manera de una válvula de escape de las tensiones sociales. Podemos concebir entonces a los regímenes híbridos como unas curiosas criaturas anfibias, habitantes de dos entornos: si quieren mantener sus prácticas autoritarias deben ingeniárselas para hacerlo mientras conservan reglas e instituciones formalmente democráticas. El control tiene que ejercerse de forma sutil y sigilosa, complicándole el camino a la oposición, pero sin bloqueárselo del todo; intimidando a los disidentes, pero sin aniquilarlos por completo (Levitsky y Way, 2010a: 4; Schedler, 2006a).
Respecto a la prensa, la noción de la búsqueda de equilibrios permite entender por qué, aunque estos regímenes se ostenten como democracias, no se han instalado las condiciones necesarias para ejercer un periodismo crítico y libre. Si bien formalmente puede estar garantizada la libertad de prensa, existen controles políticos que se activan cuando se publican reportajes incómodos para aquellos en el poder, sobre todo en distintas latitudes del plano local, y es que las complejidades de estos regímenes son aún mayores si consideramos el ámbito subnacional (Giraudy et al., 2019; Gervasoni, 2018).
La existencia de regiones con diferentes grados de libertad, competencia y participación dentro de un mismo país no es nueva. En 1949, Key mostraba cómo existía una brecha democrática
en la política que se desarrollaba en los estados del sur de Estados Unidos respecto de las políticas nacionales y las políticas del norte de ese país, sobre todo en lo referente a aspectos raciales. Más tarde, Dahl (1989: 23) advirtió cómo las unidades subnacionales difieren entre sí por las oportunidades que ofrecen para el debate y la participación
, y la necesidad de bajar la mirada a lo local para entender las democracias nacionales. O’Donnell (1993) se sumó al debate al considerar las variaciones territoriales en la penetración del Estado para garantizar la legalidad democrática. El desmantelamiento de un régimen autoritario no solo no implica necesariamente el tránsito hacia uno democrático en lo nacional, sino que supone la posibilidad de la persistencia, o incluso, del endurecimiento de patrones autoritarios en el plano local. En el cálculo de equilibrios, estos regímenes híbridos locales deben, además de preservar las fachadas democráticas, evitar las intervenciones federales que rompan con las lógicas que posibilitan las estrategias de control al interior de los territorios (Gibson, 2012). Estos controles subnacionales, por supuesto, no son abiertos y no pueden ser demasiado evidentes. No hay, por ejemplo, expulsiones, persecuciones o encarcelamientos masivos de periodistas como ocurre en las autocracias, sino mecanismos más sutiles o más velados para intervenir en la línea editorial, como la compra de espacios publicitarios, las amenazas indirectas o una falta de protección institucional deliberada a los periodistas en riesgo.
A pesar de la relevancia de esto, la discusión politológica sobre regímenes híbridos se ha centrado en las instituciones tradicionales (i.e., partidos políticos, legislaturas, poderes judiciales) colocando en segundo plano el análisis del funcionamiento de la prensa y su relación con otros actores, especialmente en lo local. Así, si por un lado se ha avanzado en entender las trayectorias particulares de instituciones y procesos locales en regímenes híbridos (Beer, 2003; Méndez de Hoyos, 2018; Behrend, 2011; Gervasoni, 2010; Cornelius, 1999; Durazo Herrmann, 2010), el estudio de las relaciones prensa-poder en estos contextos permanece aún latente para la ciencia política, si bien desde los estudios de medios y periodismo ya se ha comenzado a explorar (Hughes y Márquez, 2018; Hughes y Vorobyeva, 2019; Durazo Herrmann, 2016).
A pesar de que la ciencia política ha reconocido las contribuciones políticas de la prensa para la toma de decisiones, la calidad de la democracia y la rendición de cuentas (Smulovitz y Peruzzotti, 2000; Diamond y Morlino, 2005; Dahl, 1989), rara vez se ha estudiado como actor político
desde esta disciplina. Esto es llamativo pues, como señalan Levitsky y Way (2010a), es imposible entender cabalmente la actuación o el trabajo de las tres ramas de gobierno sin considerar a la prensa.
Las noticias son una coproducción
de las relaciones de cooperación o conflicto entre la prensa y otros actores, por eso es necesario expandir nuestro entendimiento de la prensa, no solo como organización, sino como un actor que se relaciona con otros actores del espacio público, para perfilar los procesos de toma de decisiones y de todo aquello que llamamos cultura política
(Cook, 1998). Como actor, la prensa tiene intereses, capacidad de agencia, estrategias y aliados; estos recursos reflejan la configuración y el acomodo de otras fuerzas, pero también tienen el poder de afectarlas.
Esta investigación se suma al creciente cuerpo de trabajos que buscan ampliar el conocimiento de los medios de comunicación más allá del mundo occidental (Curran y Park, 2000; Hallin y Mancini, 2012). Aunque ya no es posible decir que el estudio de los medios se ha limitado a las democracias avanzadas, pues existe una vigorosa agenda cada vez más robusta de investigaciones fuera de esas latitudes (Hallin y Papathanassopoulos, 2002; Hallin y Mancini, 2012; Repnikova, 2017; Stein y Kellam, 2016; Jones, 2002; O’Neil, 1998; Johnson, 1998; King et al., 2013), lo cierto es que estas investigaciones dialogan poco entre sí, como si las particularidades de cada caso fueran imposibles de trasladarse a otras regiones del sur global. Si bien se han realizado algunos esfuerzos para presentar visiones panorámicas de las dinámicas medios-poder en democracias no consolidadas (Jamil, 2020), los hallazgos se siguen elaborando de manera regionalizada.
Además de proveer una imagen más precisa del desempeño de la prensa en regímenes híbridos y de su interacción con otros actores e instituciones, este libro está inspirado por cinco objetivos. En primer lugar, ampliar la discusión politológica sobre regímenes híbridos más allá de las instituciones tradicionales. La adopción de este enfoque es necesaria, no solo para trascender las asociaciones normativas entre un tipo de régimen y un tipo de prensa, sino para contribuir al entendimiento de que las reacciones de desafío u obediencia que muestra la prensa pueden aparejarse a las que se generan desde las ramas de gobierno. Hay una vasta literatura dedicada a estudiar y explicar la manera en la que los poderes judiciales, por ejemplo, desafían con sus decisiones los actos del Ejecutivo (Helmke y Staton, 2011; Kapiszewski, 2012; Ríos-Figueroa, 2007; Finkel, 2005; Domingo, 2000). Estas líneas teóricas no se han trasladado al análisis de las interacciones entre medios y poder, a pesar de que la ciencia política considera dichas interacciones como una variable decisiva para los derroteros de los procesos políticos, como las elecciones.
En segundo lugar, con este trabajo también se busca contribuir a los estudios institucionales en ámbitos subnacionales. Las variaciones en las trayectorias y los comportamientos de la prensa local y de las relaciones con otros actores e instituciones ameritan explicaciones propias. Las configuraciones históricas e institucionales locales, así como las particularidades de la relación con los medios y demás actores nacionales, dejan su impronta en el desarrollo y las trayectorias de la prensa local, que no pueden entenderse mirando únicamente lo nacional (Giraudy et al., 2019).
A pesar de que difícilmente podemos hablar de una única prensa, las lógicas del periodismo se cuentan casi siempre desde lo nacional y niegan con ello las diferencias que la geografía imprime en su desarrollo como empresa comercial e informativa, y hasta en la propia concepción que se tiene de ella. Los marcados desfases en la llegada de la imprenta a las regiones y en el inicio de la actividad periodística, nos hablan ya de los distintos derroteros de las prensas locales, de las formas de organizar las empresas y de las variaciones en el público. Las imprentas y las prensas subnacionales son, como dice Del Palacio (2004: 167) para el caso mexicano, relojes funcionando al mismo tiempo, pero en horas distintas
, y también, añadiría yo, movidos por maquinarias diferentes.
Es también en lo local donde ocurren las expresiones más violentas de agresiones contra la prensa. La laxitud de límites a las arbitrariedades y abusos de funcionarios públicos y la colusión entre actores de gobierno y criminales, frecuentes en el ámbito local, justifica también explorar con más detalle el entorno en el que se desenvuelve la prensa estatal.
Si bien desde diversas disciplinas, particularmente la historia y los estudios de periodismo, se han realizado investigaciones sobre la evolución histórica y comercial de las prensas regionales en México (Del Palacio, 2006; Hernández, 2010; Gillingham, 2018; Piccato, 2018), y sobre las condiciones de riesgo para ejercer el periodismo (Del Palacio, 2015; Serna, 2018), generalmente estas se concentran en un caso (Larrosa, 2014; De León, 2011; Relly y González de Bustamante, 2014; Martínez, 2006; Espino y Mendoza, 2015; Del Palacio, 2018), pero no se han establecido patrones analíticos que traten de analizar dinámicas o trayectorias transterritoriales. Así, la tercera aportación que se propone este trabajo es proveer una visión panorámica de la prensa local que trascienda las particularidades de los estudios de caso para contribuir a la detección de patrones y trayectorias.
En cuarto lugar, este texto se propone abonar al entendimiento de la prensa como actor político, cuyas interacciones con otros actores no pueden darse por sentadas, y que explican, en gran medida, las capacidades de resistencia de la prensa frente a las estrategias de control y manipulación en regímenes híbridos.
Esta interacción da lugar a resultados aparentemente inesperados, pero, sobre todo, lo que las visiones normativas han dejado de lado es la posibilidad de que la prensa, incluso en contextos de amenazas y represión, sea capaz de continuar realizando una labor crítica y de desafío, contra toda intuición.
Si bien las investigaciones académicas han puesto énfasis en explicar por qué surgen o proliferan los controles sobre la prensa (Waisbord, 2002; Von Holdt, 2014; Figueroa, 2017; Hughes et al., 2016; VonDoepp y Young, 2012), es indispensable profundizar nuestra comprensión de las consecuencias de estos controles sobre la labor periodística, que solo en fechas recientes se han comenzado a explorar (Flores et al., 2012; Relly y González de Bustamante, 2014, 2021; Salazar, 2019; Garcés et al., 2019).
El grueso de la bibliografía asume que las estrategias para intervenir siempre son eficaces para controlar la crítica mediática. La prensa suele aparecer como un ente pasivo, que sufre los embates y
