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Codigofagia. Cine mexicano y ciencia ficción - Itala Schmelz
AKAL / CINE
D I R E C T O R D E C O L E C C I Ó N
Francisco López Martín
Diseño de cubierta: María Alejandra Bolaños Avila
Diseño interior: RAG
Esta publicación fue patrocinada por la
FUNDACIÓN JUMEX Arte Contemporáneo.
© Itala Schmelz
D. R. © 2022, Edicionesakal S. A. de C. V.
Calle Tejamanil, manzana 13, lote 15,
colonia Pedregal de Santo Domingo, Sección VI,
alcaldía de Coyoacán, CP 04369,
Ciudad de México.
Tel.: +(55) 56 58 84 26
www.akal.com.mx
ISBN: 978-607-8683-84-0
Hecho en México
Reservados todos los derechos. De acuerdo a lo dispuesto en el art. 270 del Código Penal, podrán ser castigados con penas de multa y privación de libertad quienes sin la preceptiva autorización reproduzcan, plagien, distribuyan o comuniquen públicamente, en todo o en parte, una obra literaria, artística o científica, fijada en cualquier tipo de soporte.
Itala Schmelz
CODIGOFAGIA
Cine mexicano y
ciencia ficción
El concepto que aparece para pensar la historia de la cultura como una historia de la interpenetración de las identidades es el concepto de mestizaje. Se trata de mirar este fenómeno del mestizaje como un fenómeno de codigofagia –como planteo yo en algún lado–, es decir, de un proceso en el cual los distintos códigos del comportamiento social, al encontrarse lo que intentan es devorarse los unos a los otros. En la historia de América Latina, este fenómeno de mestizaje, este proceso de devorarse los códigos los unos a los otros es tal vez el fenómeno más característico. La fundación de América Latina es en sí misma una fundación mestiza. El acto con el que comienza a existir, consiste justamente en el proceso mediante el cual el código europeo devora
los restos del código prehispánico, al mismo tiempo que es carcomido y transformado por esos restos que él, como código dominante, intenta integrarse a sí mismo.
Bolívar Echeverría
Para Ilán, mi primer lector
Agradecimientos
Fundación Jumex
Eugenio López Alonso, Mónica Quintini.
Cineteca Nacional
Alejandro Pelayo, Grissell Samperio Jiménez,
Nelson Carro, Tzutzumatzin Soto Cortés,
Raúl Miranda, Catherine Bloch
Filmoteca UNAM
Hugo Villa Smythe, Antonia Rojas Ávila.
Biblioteca México
José Mariano Leyva Pérez Gay,
María Guadalupe Ramírez Delira,
Javier Castrejón, Miguel Ángel Morales
Centro de la Imagen
Joan Trujillo, Alejandra Zamudio, Alfonso Morales,
Miguel Álvarez, Angie Cano
Seminario del CENIDIAP Estéticas de la ciencia ficción
Amadis Ross, Miguel Ángel Fernández, Marcela Chao
Facultad de Filosofía y Letras UNAM
Ana María Martínez de la Escalera, Manuel Lavaniegos,
Antonia González Valerio
Rosa Andrés, Daniel Anguiano, Joaquín Astorga, Luis Alberto Ayala Blanco, Karla Badillo, Clemente Castor, Allegra Cordero di Montezemolo, Ximena Cuevas, Amat Escalante, César Flores, Irene Herner, Ana, Bruno y Cora Lieberman, Elisa Lozano, Jorge Prior, Alex Rivera, Emiliano Rocha Minter, Gabriel Rodríguez, Esteban Schmelz, Amanda Schmelz, Regina Tattersfield, Iván Trujillo.
Presentación
En las vísperas del año 2000, tuve la idea de organizar un ciclo de cine mexicano de ciencia ficción retro, con las películas que recordaba de mi infancia, para festejar el fin del milenio. La idea era buena, pero no resultó fácil encontrar las películas ni contactar a sus productores para obtener los permisos de exhibición; las películas de ciencia ficción mexicana estaban enterradas en el pasado. Comenzó entonces una larga investigación de la que nació El futuro más acá/Primer festival de cine mexicano de ciencia ficción, que tuvo lugar en la Ciudad de México en 2003. Con el éxito del Festival, después de décadas, estos inusitados filmes volvieron a la pantalla grande[1] y viajaron por todo el mundo, presentándose en destacados festivales y prestigiadas salas de cine. Si bien me divertía haber desempolvado esas visiones futuristas a la mexicana, había algo que me inquietaba al respecto: necesitaba encontrar la manera de analizar teóricamente estos materiales, para poder destacar el valor cultural que percibía en ellos.
En 2014, siendo directora del Centro de la Imagen, abrí el espacio para un Seminario de investigación y curaduría,[2] en el que fue posible mapear conceptualmente varios aspectos de la Modernidad que nos interesaban, y generar una reflexión crítica, enfocándonos, en buena medida, en el contexto contracultural de los años 1960 y 1970, al que confluían nuestras inquietudes, como un momento histórico y cultural donde se vislumbraron caminos para la sociedad que muy pronto fueron cerrados, cancelados y censurados por el sistema dominante. Resumiendo, este seminario fue abiertamente interdisciplinario: tuvo cabida la inquietud por replantear nuestra visión del México prehispánico, la cinefilia y el interés por el arte contemporáneo, así como la capacidad de encontrar películas, artistas y publicaciones raras, independientes o marginales. En ese contexto, leí la obra de Bolívar Echeverría y pude dar un giro estratégico a mi reflexión sobre la ciencia ficción en México, así como desarrollar la segunda parte del trabajo.[3]
La tercera y última parte, la fui estructurando en torno a las clases de teoría y cine que he impartido desde 2019 en la Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado (
enpeg
) La Esmeralda y en Soma. Trabajé los títulos más recientes de la ciencia ficción mexicana con mis alumnas y alumnos a modo de cineclub, con proyección, lecturas y diálogo. Finalmente, el confinamiento por la pandemia en 2020 me encontró escribiendo las últimas páginas, acogida por mi madre, Irene Herner, en su casa de Tepoztlán, por lo que le estoy muy agradecida. Fueron meses de naufragio, pero la necesidad de poner sobre papel esta investigación guió mis días. En enero de 2021, recibí la noticia de que la Fundación Jumex Arte Contemporáneo me había elegido como beneficiaria de su Programa de Patrocinios para publicar el libro.
Notas
[1] La Filmoteca de la UNAM acogió el proyecto e hizo posible el festival sacando copias nuevas de las películas. Christiane Burkhard realizó un documental, que puede consultarse en Vimeo: https://vimeo.com/72940769. En 2007, se publicó el libro.
[2] Coordinado por Regina Tattersfield, al que se integraron como becarios: Andrea Ancira, Arden Decker, Anaí Luna, Elva Peniche, Israel Rodríguez y Allegra Cordero di Montezemolo.
[3] En 2019, una versión académica de esta investigación, me dio el título de Maestra en Filosofía por la UNAM.
Introducción
I
La ciencia ficción es un género narrativo propio de la sociedad moderna, que ha proliferado de manera exponencial en Estados Unidos de América. A lo largo del siglo XX, pasando de la literatura a la pantalla cinematográfica, fantasías futuristas, con temáticas interplanetarias, robóticas y alienígenas dieron lugar para que Hollywood –la industria del make believe–, fomentara en el imaginario colectivo el culto al progreso, el consumo de la tecnología y la paranoia ante lo diferente (la otredad, lo monstruoso). Las narrativas norteamericanas, con sus connotaciones ideológicas contenidas no sólo en el cine, sino en los cómics, la publicidad, la arquitectura, la moda, etc., se expandieron como promocionales de la modernidad americanizada, mediante lo que se entiende como imperialismo cultural.
La ciencia ficción mexicana, por su parte, es escasa y poco estudiada. Históricamente, como toda la ciencia ficción latinoamericana, ha sido asumida como un subproducto periférico, una mala copia de los blockbuster norteamericanos, un débil y marginal intento, que produce humor involuntario. Sin embargo, el desarrollo de este género en nuestro país puede entenderse como un producto cultural barroco, siguiendo las teorías de Bolívar Echeverría, filósofo ecuatoriano-mexicano, quien entre 2004 y 2010, en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México (
unam
), llevó a cabo un seminario en el cual maduró una importante teoría crítica en torno a la modernidad, desde una perspectiva histórica latinoamericana y latinoamericanista.
El filósofo denomina ethos realista al comportamiento pragmáticamente capitalista, tecnofílico y positivista, inculcado por la sociedad de consumo y del espectáculo, y señala que actualmente es el dominante. Mientras que el ethos barroco, al que dedica gran parte de sus ensayos, es un ethos de resistencia y sabotaje, y lo observa en el resultado codigofágico[4] del encuentro de los indígenas de América con Europa. Un ethos resultante a la vez de la brutal Conquista, la Colonia y, posteriormente, la Modernidad; un modo de ser oblicuo, en tanto que no confronta, sino que acepta las imposiciones globalizadoras del ethos realista, pero a la vez no las asimila. Una resistencia socavada que persiste en la diferencia resultante de cosmovisiones y culturas milenarias postradas, pero que aún perviven en el código de los descendientes de los vencedores, en una nueva sociedad imbricadamente mestiza.
La lectura de la obra de Bolívar Echeverría me ha facilitado crear un aparato teórico de análisis de la ciencia ficción mexicana que, por su valor estético kitsch, popular, chafa
, así como por su contenido paródico, podemos llamar barroca. En esta investigación, ubicando las manifestaciones del ethos barroco en una serie de productos culturales de ciencia ficción, fundamentalmente cinematográficos, argumentaré que la ciencia ficción al sur de la frontera estadounidense opera como estrategia de resistencia ante la globalización.
En Latinoamérica, las sociedades indígenas sobrevivientes y mestizas fueron capaces de adaptarse a los valores y narrativas occidentales, al tiempo que preservaron hacia delante su propio germen cultural. Si bien fueron ciegamente mutiladas por el fanatismo de los conquistadores, para su posteridad estas culturas milenarias inocularon en el modelo civilizatorio de los vencedores la pervivencia de sus tradiciones. Esta viralización, esta impureza de la modernidad latinoamericana, es precisamente lo que la hace tan singular.
La ciencia ficción mexicana es resultado del imperialismo cultural de Estados Unidos, especialmente durante el periodo que se conoce como la Guerra Fría, a partir del cual el cine mexicano del género denota un producto híbrido. En las producciones clase B podemos encontrar interesantes mutaciones de los modelos originales; se trata de la modernidad reproducida en el trópico. Hablaremos, entonces, de un cine marginal, que se apropia de las temáticas que parecían exclusivas del protagonismo yanqui. Desde el Sur, quedan en manos de nuestros mecánicos las naves espaciales y de nuestros científicos las preguntas por el contacto con lo extraterrestre. A lo largo de la segunda mitad del siglo XX en México, los cómicos de carpa y las bellezas del cabaret conquistaron no sólo a sus públicos sino también la Luna. Además, tenemos nuestros auténticos superhéroes mexicanos: los luchadores enmascarados, ídolos del populacho, cuyos filmes se proyectaron por décadas en los cines proletarios y marginales.
Hay una película que expresa con gran claridad la asimilación de los temas de la ciencia ficción en México, La momia azteca contra el robot humano (1958). Con la batalla entre estos personajes, como paradigma de la ciencia ficción nacional, me aproximé al libro Zonas de disturbio. Espectros del México indígena en la modernidad, de Mariana Botey, y observé los discursos mesiánicos neoaztecas operando dentro de los códigos de la ciencia ficción sajona, a la que se parodia, generándose un interesante producto barroco: híbrido y aberrante. Como argumentaré, lo indígena en tanto fantasma ominoso que importuna a la modernidad mexicana, analizado por Botey, se reactiva en el imaginario popular, con el personaje de la momia azteca.
Echeverría habla del ethos barroco como un actuar, poner en escena los valores modernos sin creer plenamente en ellos, a su vez, en tanto ethos de sabotaje, va infiltrando cosmogonías y modos de ver anteriores, indígenas, originarios, que logran mutaciones al modelo original/ prototípico que la hacen más asimilable. La modernidad latinoamericana es diferente a su expresión en el Norte (Europa, Estados Unidos), una modernidad barroca como una tercera vía, cultivada de manera más caótica en los países clasificados como el tercer mundo
, donde también se ha señalado como fallida.
Con estas películas, estamos ante un ethos barroco que parodia, imita burlonamente o con gestos exagerados, las escenas producidas en Hollywood. El cambio en el argumento, que hace que en Gigantes planetarios (Alfredo B. Crevenna, 1965) un astronauta mexicano en la cúspide de la conquista sideral extrañe comer un plato de frijoles y una tortilla de maíz hecha a mano, además de provocar hilaridad, ofrece resistencia a los programas de futuro americanizado que no incluían menús latinos. Esta capacidad aparece en México como una actitud popular de resistencia involuntaria
, un echar relajo
ante lo serio, que aparentemente es inculto, subdesarrollado e inofensivo.
Veremos, en los productos de la ciencia ficción nacional, operar un ethos barroco que genera una hibridación del ethos realista, pero que, sin confrontarlo, mediante la parodia mayoritariamente cómica, hace una especie de implosión de su univocidad, dando cabida a una diversidad de posibilidades. En México, tenemos un interesante ejemplo de cómo la ciencia ficción se multiculturaliza, mediante el operar barroco.
Esto no es un fenómeno propio de México. La producción de cine de ciencia ficción local prolifera en todo el orbe y en cada cultura tendrá sus particularidades. Este tipo de filmes han sido una forma de mantener abierta la multiculturalidad en la prospección al futuro y, a la vez, el humor ha sido una manera de sobrellevar la ostentación de poderío que este tipo de filmes producidos por Estados Unidos han exportado consigo.
Lo grotesco de los personajes, el argumento chusco y la estética kitsch, el como si
fársico, la alegoría y la parodia constantes, remplazando la evidente falta de recursos, las apropiaciones deliberadas de materiales stock, así como reírnos de nosotros mismos, reconocernos como la sociedad del mañana, porque todo lo dejamos para mañana
, es un operar barroco que, si bien aparenta sólo echar relajo
sin confrontar al sistema dominante, es una forma de resistencia, en tanto que, como veremos, resulta disruptivo de la hegemonía y debilita su veracidad.
II
En la segunda parte del libro, abordo la ciencia ficción como un operativo de resistencia más crítico y rebelde que el proceder popular encontrado en el cine clase B, subproducto de la industria cinematográfica. Hablaré de una ciencia ficción subversiva y distorsionante, también barroca en el sentido de que opera sobre las narrativas de la ciencia ficción realista, las apropia, las interviene y deconstruye conceptualmente.
El objeto de estudio de esta parte será la obra de tres representantes fundamentales de la escena artística e intelectual de México entre las décadas de 1960 y 1970, reunidos en torno a Crononauta (1964-1965), primera revista de ciencia ficción en Latinoamérica. Se trata de sus directores, el colombiano René Rebetez y el chileno Alejandro Jodorowsky, y uno de sus colaboradores, el mexicano Carlos Monsiváis.
En esta segunda parte, reviso cómo Monsiváis fue ávido lector de la ciencia ficción anglosajona, pero no tardó en reconocer en ella la mentalidad colonialista y la propagación de la americanización del mundo. Por su parte, Rebetez y Jodorowsky, deseosos de visiones del porvenir, fascinados, como toda su generación, por las prospecciones al futuro, buscaron inocular en el género un sentido mas místico y experimental. Así como la revista Crononauta es un caso raro y excepcional de ciencia ficción conceptual e interdisciplinaria, el cine que estos dos autores realizaron nos plantea una ciencia ficción completamente heterodoxa.
En 1969, en el contexto de la llegada de los estadounidenses a la Luna, Monsiváis creó un ambiente de relajo en los medios periodísticos en el que se denotaba su irreverencia crítica ante la osadía del imperio. Al mismo tiempo, aprovechó la oportunidad para transpolar a los escenarios del main stream el contexto nacional, imaginando una inverosímil carrera espacial mexicana, con la complicidad del caricaturista Helioflores,[5] quien ilustró la astronave en la que viajaban los mexicanos con la forma de un sombrero charro. En esta historia, irónicamente, la corrupción de la burocracia nacional deja a los viajeros cósmicos varados en la inmensidad.
Monsiváis exploró el poder de resistencia del relajo. Para abordar esta idea comento la lectura de un muy interesante ensayo, La fenomenología del relajo, de Jorge Portilla. El relajo resulta una herramienta muy eficiente para el ethos barroco, en el sentido de que suspende la interiorización del valor normativo mediante la fuga irresponsable del doble sentido, la burla y el estallido de la carcajada. Actos que parecieran inofensivos pero que, a la larga, resultan un arma de corrosión del sistema de valores, un rechazo taimado a los compromisos impuestos por la sociedad moderna.
Por su parte, René Rebetez y Alejandro Jodorowsky hicieron un cine independiente, identificado con el performance y a la vez eldocumental de orientación antropológica. En su caso, nos encontramos con un barroco que es más que cómico y paródico, espiritual y catártico. Mediante sus búsquedas extremas podemos perfilar cómo el ethos barroco, potenciado por
