Eros a contraluz. El erotismo en los cuentos de Germán Espinosa
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Información de este libro electrónico
Fabio Rodríguez Amaya,
Universidad de Bérgamo (Italia)
Relacionado con Eros a contraluz. El erotismo en los cuentos de Germán Espinosa
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Eros a contraluz. El erotismo en los cuentos de Germán Espinosa - Orlando Araujo Fontalvo
Eros a contraluz
El erotismo en la cuentística de Germán Espinosa
Orlando Araújo Fontalvo
logotipologo_legalwww.uninorte.edu.co
Km 5, vía a Puerto Colombia
A.A. 1569, Barranquilla (Colombia)
© Universidad de Norte, 2014
Orlando Araújo Fontalvo
Coordinación editorial
Zoila Sotomayor O.
Diseño y diagramación
Luis Gabriel Vásquez M.
Ilustración de portada
Gabriel Acuña Rodríguez
Pensar el cuerpo, de la serie Étrange muse
, 2014
Diseño de portada
Jorge Arenas P.
Corrección de textos
María Guerrero
Procesos técnicos
Munir Kharfan de los Reyes
Hecho en Colombia
Made in Colombia
Versión ePub
Epígrafe Ltda.
http://www.epigrafe.com
Para Orlando Araújo Bossio, porque se pueden
fracturar los huesos del hombre, en tanto no se quebrante
su fuerza creativa más poderosa: el eros.
Agradecimientos
Este trabajo investigativo no habría sido posible sin el sustento de la Universidad del Norte, la paciencia de mi familia, la solidaridad de mis colegas, las madrugadas de Jazz en Clave Caribe, la complicidad de Martha Bossio, el respaldo irrestricto de Carmen Elisa Escobar y las pertinentes observaciones de Gustavo Forero.
Va, para todos, mi gratitud en pleno.
Si me preguntaran sobre sexo, que es una de las constantes de mi literatura, solo responderé que lo considero un ancho y maravilloso universo.
(Espinosa, 2003, p. 348).
Siempre he creído que buena parte de nuestra crónica violencia es de origen represivo sexual. En una sociedad
en la que se pueda amar con libertad,
hay menos cabida para la cultura de la muerte.
(Espinosa, A., 2000, p. 162).
El concepto de ‘alma’, de ‘espíritu’, y, en fin, incluso de ‘alma inmortal’, fue inventado para despreciar el cuerpo, enfermarlo –volverlo ‘santo’–, para contraponer una espantosa despreocupación a todo lo que merece seriedad en la vida […] El concepto de ‘pecado’ fue inventado al mismo tiempo que su correspondiente instrumento de tortura, el concepto de ‘libre albedrío’, para obnubilar los instintos, con el propósito de convertir en una segunda naturaleza la desconfianza con respecto a ellos […] ¡Y todo esto fue creído como moral! –Ecrasezl’infâme! [Aplastad a la infame]–.
¿Se me ha comprendido? –Dioniso contra el Crucificado…
(Nietzsche, 1971, p. 132).
Contenido
Dedicatoria
Agradecimientos
Acápite
Preludio milanés
A modo de introducción
Naturaleza y aspectos del erotismo en la literatura colombiana
Hacia una conceptualización del erotismo
La tradición erótica colombiana: entre el encubrimiento de lo humano y la retórica del decoro
Secularización y laicización: el poder político y eclesiástico en la definición de la nación colombiana
Antecedentes de la nación católica
El catolicismo en la definición de las naciones católicas hispanoamericanas
Colombia: la secularización por decreto
Erotismo y matrimonio: represión, transgresión y culpa
La orgía
(1961): El erotismo fundacional
Ius in se ipsum
(1964): erotismo, venganza y evasión de la justicia
Paladines
(1965): el encadenamiento de Eros o el destino del intelectual frente a la nación tirana
Una esquela para María Victoria
(1967): la imaginación erótica frente a la sexualidad reprimida y legal del matrimonio
El ángel caído
(1971): la muerte y la frustración como consecuencias de la imposibilidad de acceder al erotismo
Confesión de parte
(1979): Eros, ritualidad y venganza
La máscara amorosa de la muerte
(1990): Eros y Tánatos, la paradoja de la represión en el ejército libertador
Opresores y oprimidos: el erotismo como deseo y búsqueda de otredad
En casa ha muerto un negro
(1961): de cómo la represión sexual católica conduce a la violencia y a la muerte
La fuente de Calírroe
(1962): el erotismo como opción, contravención y desafío
Fábula del juez Melesio y de la bella inocente
(1971): Erotismo y crítica al legado institucional hispánico
La loxuria adoquier
(1979): de profanaciones, dogmas e instintos o la doble moral eclesiástica
Orika de los palenques
(1991): las antípodas del erotismo y la transgresión de la norma cultural por parte del opresor
La moral católica en debate: entre la herejía y las perversiones
Erotismo y herejía
La píxide
(1977): represión herética, intolerancia y naturaleza divina del erotismo
Erotismo y homosexualidad
Fenestella confessionis
(1963): la ventanilla de los prejuicios y el homoerotismo eclesiástico
David
(1963): intertextualidad erótica, blasfemia y degradación bíblica
Noticias de un convento frente al mar
(1976): exaltación transgresora del homoerotismo eclesial
The boomerang
(1984): las consecuencias de la represión sexual en la nación católica
Erotismo e incesto
Capgras, Gelineau
(1984): los sueños y los síndromes mentales como instrumentos para transgredir la prohibición del incesto
Las pastorales de Longo
(1985): la transgresión del erotismo gótico a través del incesto
Romanza para murciélagos
(1995): fervor dionisíaco e incesto en la nación católica
Erotismo y bestialismo
La noche de la Trapa
(1961): erotismo fantástico, bestialismo y desanimalización
Fábula del pescador y la sirena
(1971): el erotismo como transposición mítica del pecado y la culpa
Erotismo y pedofilia
Susurro de hojas de otoño
(1982): las posibilidades literarias del psicoanálisis o el instinto como cuestionamiento del Estado colombiano
Erotismo y exhibicionismo
El viejo desnudo
(1982): del pudor al horror al cuerpo. Un cuestionamiento a la moral de la renuncia
Erotismo y lujuria
Queen of Dreams
(1983): la subversión onírica del erotismo
Erotismo y voyeurismo
El crisol
(1963): Del principio del decoro a la simultaneidad del erotismo
Réquiem por una ingenua
(1985): de cómo la ausencia de erotismo produce seres vulnerables en medio de una cultura obsesionada con la muerte
La trinidad
(1990): parodia y transgresión erótica de la doctrina central del cristianismo
De cómo el erotismo en los cuentos de Germán Espinosa cuestiona los fundamentos de la nación católica
Conclusiones
Anexos
Anexo 1: Germán Espinosa: el erotismo y la religión (breve epílogo biográfico)
Anexo 2 Los cuentos de Germán Espinosa: clasificación del corpus de análisis (Criterio temático)
1. Erotismo y matrimonio
2. Erotismo entre opresores y oprimidos
3. Erotismo, herejía y perversiones
Herejía
Lujuria
Homosexualidad
Incesto
Bestialismo
Pedofilia
Exhibicionismo
Voyeurismo
Referencias
Bibliografía complementaria
Sobre la Iglesia en América Latina y Colombia
Sobre cuento
General
Notas
A modo de introducción
Naturaleza y aspectos del erotismo en la literatura colombiana
Secularización y laicización: el poder político y eclesiástico en la definición de la nación colombiana
Erotismo y matrimonio: represión, transgresión y culpa
Opresores y oprimidos: el erotismo como deseo y búsqueda de otredad
La moral católica en debate: entre la herejía y las perversiones
De cómo el erotismo en los cuentos de Germán Espinosa cuestiona los fundamentos de la nación católica
Anexos
Preludio milanés
Al recibir de mano de Orlando Araújo Fontalvo el original del texto que hoy se presenta como libro, viví la urgencia, hasta ese momento prolongada, de revisitar la obra narrativa de Germán Espinosa y de concentrarme en el fascinante cuanto complejo asunto del erotismo en su cuentística. Por suerte para mí, lo he hecho guiado por la aguda y renovada visión analítica y crítica de mi amigo y colega barranquillero.
Una premisa: pensando la obra de Espinosa desde el inteligente excurso de Araújo Fontalvo, se vuelve inatacable la tesis central de este libro: el erotismo como trasunto de la obra narrativa, en manos de un noble y perspicaz artífice de la palabra, como es Germán, se convierte en heraldo de denuncia de la infausta condición del ser humano. Sobre todo, si debe negar y reprimir la pulsión subversiva por excelencia de la que madre naturaleza nos ha dotado, que, a la vez, funda el mito más importante de nuestra especie: el amor-pasión. Como si no bastara, el erotismo por obra del poeta cartagenero, se trueca en certero instrumento de sensibilización del ánimo humano para reafirmar cómo el cristianismo, en manos de la institución Iglesia, es desde siempre instrumento represivo, fundado sobre la culpa, el suplicio y el pecado. Y, más aún, cómo desde la conquista hasta hoy, el catolicismo ha sido hegemónico de una cultura coercitiva y aliado del poder. Más vergonzosamente desde la constitución de la República cuya dominante ha sido, y es, ser criolla y conservadora. Como demuestra Orlando.
Las consecuencias de esta lectura paralela me han impulsado a regresar sobre cuestiones a ojos vistas inaceptables, pues, en cuanto emanaciones del Poder en nuestro país, quienes gestionan la cultura oficialista no han parado en mientes y, sin solución de continuidad, insisten en echar sombras sobre momentos y situaciones que sigo considerando un deber esclarecer. Pienso, entre los muchos ejemplos, en el debate de los años cuarenta entre Nacionalistas y Universalistas, ahogado en los miasmas de la retórica reaccionaria de El Tiempo, Revista de Indias y Revista de América. Evoco la nebulosa, turbia o devastadora actitud de personajes como Germán Arciniegas, Marta Traba, sus camarillas y sus herederos, ante la producción literaria y artística y sus protagonistas, de la primera mitad del siglo xx. Me indigno ante el silencio a que han sido sometidos autores y obras de nuestro acervo imaginativo y me limito a citar a Jorge Artel, los primos Zalamea Borda y Héctor Rojas Herazo. Pero, sobre todo, me exaspera verificar los derroteros que le han sido impuestos a la cultura colombiana, desde la farsa del Frente Nacional hasta el neofascismo paramilitar de nuestros días. Inquietante e inaceptable, pues se condena a la marginalidad a aquellos excelentes creadores colombianos que no están al juego de cumplir el diktat impuesto desde Colcultura ayer, y MinCultura, hoy. Ni mucho menos aceptan convertirse en artistas de vitrina de entidades privadas o a ser escribanos de kiosco aeroportuario y de productos teledirigidos y preconcebidos por los ignorantes cuellos blancos de las multinacionales de la cultura y el libro. Todo esto me ha reconfirmando el cariz de una república que desde su fundación no ha cesado de ser racista, clasista y excluyente. La misma República en la cual, por ignorancia, hasta hace pocos años se negaba la cultura negra y Caribe, por inmoral, atea y lujuriosa
; y hoy insiste en seguir negando los derechos de las etnias amerindias y de las minorías. Esto, y más, en una República, como es la nuestra, en ausencia de auténticos Estado y Nación, habituada al clientelismo y al bombo mutuo; presurosa en la rapiña y en ofrecer curules, prebendas, subgerencias y cargos diplomáticos a cambio de fidelidad a su credo. Una república postrada a los intereses extranjeros y sumida en la depravación de una guerra cada vez más sucia; agobiada por el analfabetismo de los más y la pobreza de casi todos. Mas no me detengo aquí, pues la doble lectura de Germán y Orlando ha reavivado una inquietud que desde hace mucho tiempo mueve mi trabajo artístico y literario fuera del país: constatar la inexistencia en Colombia de una escuela crítica, independiente, laica y democrática y de una historiografía con los mismos atributos. Por eso, al pensar la digresión analítica de Orlando me limito solo a enunciar tres puntos, a mi juicio neurálgicos de este libro.
En primer término, sobresalen la metodología de estudio y el puntual recorrido por la bibliografía crítica. Al apropiarse de ellas, Orlando las convierte en metro válido para remozar y actualizar conceptos sobre el erotismo que son rectores desde épocas griega y latina hasta los imprescindibles escritos de la tercera modernidad, cuales son los de George Bataille y Octavio Paz. En segundo lugar, la aplicación de estos a los numerosos textos narrativos de Germán son sintéticos, al punto de pasar por esquemáticos. Mas, sin embargo, son contundentes pues emerge el fulcro del erotismo en la narrativa de Germán al ser sinónimo de denuncia del ejercicio del poder blanco y católico. Aquí, el crítico da muestras de lucidez y objetividad, pues no se deja desviar por el facilismo ínsito en lo calidoscópico del tema, en beneficio de la claridad analítica y expositiva. En tercer lugar, da las pautas para comprender cómo la represión del erotismo genera violencia, pues allí donde se instauran relaciones de Poder no pueden existir ni pervivir relaciones de Amor. Y cómo, todos estos mecanismos subterráneos permiten, con un ineludible trabajo de estudio y reflexión –como el de este libro–, develar un aspecto crucial en la configuración de la perniciosa situación de la violencia institucionalizada en Colombia en su pasado y su presente.
Y regreso a lo que incitan los ejemplares trabajos del cuentista y del crítico. Colombia es sin duda alguna una república criolla, católica, apostólica y gringa (por reivindicación de cultura y lengua blancas; por ignorancia y por arrogancia de los contados poderosos), cuya clase dirigente sigue siendo vil intermediaria entre las potencias extranjeras y sus cuentas cifradas en Suiza o las Islas Caimán. Y cómo dicha dirigencia pretende seguir viviendo según el código medieval del legitimismo por pureza de sangre, impuesto desde la alienada hispanidad católica, apostólica e imperial de los Reyes de Castilla. Esta, al negar de principio el mestizaje de los pueblos ibéricos, y basada en la nefasta cruzada contra judíos y moriscos, al aplicarla mecánicamente a los sistemas coloniales y neocoloniales niega verdades ineludibles. En el campo cultural, por ejemplo, la de la auténtica Modernidad por la que batieran desde finales de los años cuarenta los integrantes del Grupo de Barranquilla; Zapata Olivella, Ibarra Merlano y Rojas Herazo, en Cartagena; Edy Torres, en Medellín; Enrique Buenaventura, en Cali; los Zalamea, Mutis y otros pocos, en Bogotá, en el muy desconocido debate sobre lo Nacional (no sobre la Nación) colombiano.
Por lo que atañe la cultura, literatura y artes, por la declarada adopción del mestizaje de lenguas, lenguajes, estilos, influencias y tendencias estéticas extranjeras muy bien asimiladas. Es decir, de la recuperación de lo local y plúrimo nuestro, con espíritu universal. Y de lo prehispánico, lo afroasiático y lo afroamericano. Pues solo en el mestizaje y solo al asumir que somos el producto de encuentros y desencuentros, motiva e impulsa lo que debería estar en la base de la nación colombiana y habría dado fundamento a la constitución de un Estado moderno en su estricta acepción. Pues en el país, bello por multicolor y multilingüe y por la creatividad y laboriosidad de nuestras gentes, se revindica una tradición que no tiene pasado cierto, como demuestran el liberalismo mocho, importado por los padres fundadores, y un modelo de país conservador sustentado por la curia más retardataria del entero continente, con, a la cabeza, la guerrera e inquisitorial Compañía de Jesús.
En cuanto a la cultura popular, Colombia se halla bien enraizada literariamente en los cancioneros y romanceros peninsulares, en los mitos, leyendas, fiestas, bailes, celebraciones y hábitos culinarios locales y está muy bien representada por juglares, cuenta cuentos y acordeonistas (lo que ahora llaman pomposamente Vallenato), porros y cumbias, bullerengues y joropos, corridos y pasillos. De estas dos fuentes, la popular y la letrada, se han nutrido nuestros mejores artistas y escritores, entre ellos Germán, para la recreación literaria de sus verdades.
Posible límite de Germán, haber sido solo un Liberal a la colombiana. Posible límite de Orlando, dar por sentada la existencia de la Nación colombiana. Gran precio de Germán, ser el escritor que nos ha legado una obra indispensable. Gran precio de Orlando, dar con este libro otra importante puntada para la inaplazable constitución en el país de una escuela crítica, independiente, laica y democrática y de una historiografía con los mismos atributos. Uno y otro, insisto, estimulan y cuestionan las labores de reflexión artística y literaria en mi ya cuarentenal y definitivo exilio italiano. Como confío sea también igual para el lector. No yerro al decir que el poeta-narrador y el crítico-poeta cumplen a cabalidad su cometido. Y, me enorgullezco al decirlo, son dos colombianos universales en el ejercicio de la palabra, en cuanto ejercicio de la crítica.
Fabio Rodríguez Amaya
Milán, verano de 2014
A modo de introducción
La obra literaria del escritor cartagenero Germán Espinosa (1938-2007) es, sin duda, polifacética y extensa[1]. Su legado comprende novelas, colecciones de cuentos, poemarios, obras dramáticas, libros de ensayos, biografías, artículos periodísticos, entre otros. Sin embargo, el creciente reconocimiento del autor se debe principalmente a sus novelas. Son estas las que en mayor medida han despertado la atención de la crítica nacional e internacional y han llevado a Germán Espinosa a ocupar un lugar destacado en el contexto de las letras latinoamericanas del siglo XX
En términos generales, los estudios sobre la obra de Germán Espinosa han privilegiado sus novelas históricas, especialmente, Los cortejos del diablo (1970), La tejedora de coronas (1982), El signo del pez (1987), Sinfonía desde el Nuevo Mundo (1990) y Los ojos del basilisco (1992). La presente investigación propone, en cambio, un estudio detallado de sus cuentos[2]. En primer lugar, porque Colombia posee una tradición cuentística[3] que se remonta a Juan Rodríguez Freyle[4] (1566-1640); pasa por Tomás Carrasquilla (1858-1940), Efe Gómez (1867-1938), José Félix Fuenmayor (1885-1968), Manuel Mejía Vallejo (1923-1998), Álvaro Cepeda Samudio (1926-1972), Gabriel García Márquez (1927-2014), Marvel Moreno (1939-1995) y Germán Espinosa (1938-2007), entre otros; y pese al dictamen adverso del mercado editorial continúa vigente en la actualidad con autores como Roberto Burgos Cantor (1948-), Tomás González (1950-), Enrique Serrano (1960-), Pablo Montoya (1963-) o Juan Gabriel Vásquez (1973-).
En segundo lugar, porque los cuentos de Germán Espinosa no han sido objeto de una reflexión equivalente a la que se ha llevado a cabo en torno a sus novelas[5]. En relación con sus cuentos, pueden citarse los trabajos: Todas las cartas en el naipe negro: estructura narrativa en la cuentística de Germán Espinosa
(1998), de César Valencia Solanilla; Germán Espinosa: sus cuentos y la religión
(2003), de Susana Henao Montoya; Cuentos completos de Germán Espinosa: Una baraja de 69 naipes
(1998), de Rafael Humberto Moreno-Durán; Lo fantástico revisitado: un acercamiento a los cuentos de Germán Espinosa
(2002), de Blanca Inés Gómez; Romanza para murciélagos
y La balada del pajarillo
de Germán Espinosa: regreso a la historia reciente y fundación de nuevas geografías narrativas (2002), de Cristo Rafael Figueroa;
Eros y Tánatos, componentes esenciales en la cuentística de Germán Espinosa (2010), de Orfa Kelita Vanegas Vásquez;
El imaginario demoníaco en los cuentos de Germán Espinosa (2011), de María Luisa Ortega;
Los cuentos fantásticos de Pedro Gómez Valderrama y Germán Espinosa: conflicto y liberación" (2012), de Ana María Callejas Toro, entre otros[6]. Estos trabajos constituyen un significativo punto de partida con el propósito de superar el vacío crítico que se ha señalado en relación con la obra cuentística de Germán Espinosa, uno de los cuentistas colombianos que, sin embargo, aparece en mayor número de antologías y selecciones[7]. En este sentido, el estudio de sus cuentos que propone esta investigación pretende contribuir a la comprensión del proyecto literario del escritor cartagenero.
En tercer lugar, porque se coincide con Germán Espinosa en la opinión personal según la cual el cuento es el más admirable y exigente de los géneros literarios[8]. Y, finalmente, porque luego de una extensa conversación con Germán Espinosa, en 1999, comencé a considerar la posibilidad de realizar una investigación que privilegiara el estudio de sus cuentos y dejara de entenderlos como ejercicios preparatorios para sus novelas.
Es algo
