La Reconquista de Mompracem: Edición enriquecida. La épica lucha de Sandokán por recuperar Mompracem
Por Emilio Salgari y Vega Santana
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En esta edición enriquecida, hemos creado cuidadosamente un valor añadido para tu experiencia de lectura:
- Una Introducción sucinta sitúa el atractivo atemporal de la obra y sus temas.
- La Sinopsis describe la trama principal, destacando los hechos clave sin revelar giros críticos.
- Un Contexto Histórico detallado te sumerge en los acontecimientos e influencias de la época que dieron forma a la escritura.
- Un Análisis exhaustivo examina símbolos, motivos y la evolución de los personajes para descubrir significados profundos.
- Preguntas de reflexión te invitan a involucrarte personalmente con los mensajes de la obra, conectándolos con la vida moderna.
- Citas memorables seleccionadas resaltan momentos de brillantez literaria.
- Notas de pie de página interactivas aclaran referencias inusuales, alusiones históricas y expresiones arcaicas para una lectura más fluida e enriquecedora.
Emilio Salgari
Emilio Salgari (Verona, 1862-Turín, 1911) empezó a publicar novelas por entregas a los veinte años. Se casó con Ida Peruzzi y poco después se instaló en Turín, donde se dedicó plenamente a la escritura. En 1897 el rey Humberto I le otorgó el título honorífico de Caballero de la Corona de Italia. En 1900 se publicó en formato libro Los tigres de Mompracem, bajo el sello Donath Editore, que le dio un estipendio anual de tres mil liras con el encargo de escribir tres novelas al año. Además, Salgari escribía otras obras con seudónimo para otras editoriales. Los problemas psiquiátricos de su mujer, que ya se habían manifestado hacía tiempo, se agravaron en 1910, año en que Salgari intentó suicidarse por primera vez. Al siguiente, pocos días después de que su esposa hubiera salido del manicomio, Salgari se quitó la vida. Había publicado más de ochenta obras.
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La Reconquista de Mompracem - Emilio Salgari
Emilio Salgari
La Reconquista de Mompracem
Edición enriquecida. La épica lucha de Sandokán por recuperar Mompracem
Introducción, estudios y comentarios de Vega Santana
Editado y publicado por Good Press, 2023
goodpress@okpublishing.info
EAN 08596547824114
Índice
Introducción
Sinopsis
Contexto Histórico
La Reconquista de Mompracem
Análisis
Reflexión
Citas memorables
Notas
Introducción
Índice
La libertad se defiende no solo con armas, sino con memoria y lealtad. En La Reconquista de Mompracem, Emilio Salgari convoca ese pulso moral y épico al desplegar una historia donde la dignidad de una hermandad corsaria y la obstinación de sus líderes chocan contra fuerzas superiores. El título anuncia la empresa que articula la narración: volver a alzar un estandarte en la isla que simboliza identidad y pertenencia. La novela explora el anhelo de recuperar un territorio, pero sobre todo indaga en la capacidad de un grupo para sostener su pacto de honor. El resultado es una travesía intensa, vibrante y cuidadosamente orquestada.
Pertenece al ciclo de aventuras de Sandokán, la célebre saga de Salgari, y se inscribe en la tradición de la novela de aventuras marítimas. Su ambientación se despliega en el Sudeste Asiático, con mares, selvas e islas que enmarcan el bastión de Mompracem como centro simbólico y estratégico. Publicada a comienzos del siglo XX, la obra dialoga con un momento de intensa fascinación europea por geografías lejanas y por relatos de honor, riesgo y expedición. En ese cruce, Salgari combina exotismo descriptivo con acción sostenida, situando a sus héroes al borde de decisiones que definen no solo el rumbo de una campaña, sino también su ética.
El planteamiento es directo y cautivador: los protagonistas preparan la recuperación de su base perdida y planean la ofensiva que les permita volver a gobernar sus rutas. La novela articula preparativos, maniobras y enfrentamientos que alternan la mar y la selva, la astucia y el coraje. La tensión nace tanto del cálculo estratégico como del pulso emocional de un liderazgo que debe mantener unido a un grupo heterogéneo. Sin desvelar giros, puede adelantarse que la historia progresa a través de incursiones, alianzas prudentes y obstáculos crecientes, guiando al lector por una cadena de desafíos que se van nutriendo de riesgos morales y tácticos.
El estilo de Salgari se reconoce en la prosa ágil, visual y de fraseo enérgico, con un narrador que administra con pericia la información para sostener el suspense. La dosificación folletinesca del ritmo, los episodios cerrados que empujan al siguiente y la alternancia de panoramas con escenas cuerpo a cuerpo crean una cadencia absorbente. Las descripciones de tormentas, costas y embarcaciones se integran a la acción sin diluir su impulso. El tono oscila entre la exaltación heroica y la gravedad del deber, y la voz mantiene una claridad clásica que privilegia los hechos, los códigos de honor y las decisiones bajo presión.
En su núcleo laten temas de libertad y pertenencia, construidos alrededor del vínculo entre territorio, memoria y comunidad. La lealtad y la amistad aparecen como fuerzas que ordenan la violencia y fijan límites al heroísmo, mientras la venganza, tentadora, es contrapuesta a una noción de justicia que exige contención. El liderazgo, entendido como servicio y responsabilidad, recorre la novela en la figura de quienes deben elegir entre la audacia y la prudencia. También asoman interrogantes sobre identidad y hogar: ¿qué hace propio un lugar?, ¿quién lo legitima? Así, la reconquista se vuelve metáfora de recuperar una dignidad arrebatada.
La vigencia del libro se explica por la persistencia de sus dilemas: la tensión entre poder y derecho, la resistencia ante la imposición externa y la cohesión de comunidades en situaciones límite. Leído hoy, invita a examinar críticamente representaciones, a discutir las miradas sobre lo ajeno y a pensar el heroísmo como responsabilidad colectiva, no solo arrojo individual. Su impulso narrativo, además, recuerda el valor de la aventura como laboratorio ético donde se ponen a prueba la confianza, el cálculo y la esperanza. En tiempos de incertidumbre, su llamado a conservar memoria y propósito resuena con particular fuerza.
Como pieza del ciclo de Sandokán, La Reconquista de Mompracem consolida un imaginario que influyó en generaciones de lectores y proyecta una mitología de mares, camaradas y juramentos. A la vez, su peripecia central ofrece una experiencia completa de estrategia, riesgo y lealtad, accesible para quien se acerque por primera vez o para quien retome la saga. Salgari propone una aventura que no se agota en el combate: interroga motivos, impone límites y celebra la constancia. Esta introducción prepara el ánimo para un viaje sin tregua, donde cada decisión pesa y cada horizonte abre, con nitidez, una pregunta por el destino.
Sinopsis
Índice
La reconquista de Mompracem de Emilio Salgari, publicada a comienzos del siglo XX, forma parte del ciclo de Sandokán. Tras anteriores peripecias en los mares del Sudeste Asiático, el relato retoma al célebre pirata malayo y a su inseparable amigo Yáñez de Gomera ante un objetivo que es a la vez estratégico y simbólico: recuperar la isla de Mompracem, antiguo bastión de sus Tigres. En un escenario marcado por disputas comerciales, rutas peligrosas y la presión de potencias coloniales, la novela reanuda la tensión entre libertad y dominación que atraviesa la saga, preparando una empresa arriesgada y de gran carga emocional.
El inicio presenta a los protagonistas dispersos y con recursos menguantes, mientras la bandera enemiga ondea sobre Mompracem. Noticias fragmentarias anuncian cambios en la administración colonial y alianzas oportunistas entre rivales locales, lo que abre una ventana de posibilidad para actuar. Sandokán evalúa los riesgos con su ferocidad característica, y Yáñez aporta frialdad calculadora. Ambos reconocen que la isla no es solo una base, sino el corazón de una comunidad marinera que se ha visto despojada. El impulso de la reconquista nace así de una combinación de necesidad práctica y reivindicación identitaria, con un mapa de peligros que aún no está del todo trazado.
Para poner en marcha la empresa, los héroes buscan reagrupar a antiguos compañeros y sumar nuevas voluntades entre navegantes, pescadores y gentes del archipiélago. El mar, con sus corrientes y pasos encubiertos, se convierte en aliado y amenaza a partes iguales. La preparación exige conseguir pertrechos, reorganizar embarcaciones y asegurar refugios discretos, siempre al acecho de patrullas y delatores. La rivalidad con otros jefes corsarios añade una capa de incertidumbre: no todos desean el retorno de los Tigres. La estrategia inicial privilegia movimientos rápidos y acciones puntuales, orientadas a desgastar al adversario y a medir la verdadera fortaleza que protege la isla.
Salgari equilibra la acción naval con el retrato de un liderazgo dual. Sandokán encarna la determinación que cohesiona a un grupo heterogéneo, mientras Yáñez negocia, espía y desactiva tensiones internas con ironía y diplomacia. Sus conversaciones giran en torno a lealtades frágiles, botines tentadores y el precio del mando. En el otro bando, aparecen autoridades ansiosas por pacificar las rutas y aventureros dispuestos a lucrarse con el statu quo. Las defensas de Mompracem —vigilancia reforzada, cadenas de aviso, posibles traidores— exigen imaginación. La isla, cargada de recuerdos de victorias y caídas, se vuelve un espejo donde cada personaje confronta miedos y ambiciones.
La campaña avanza mediante incursiones, sabotajes y persecuciones sobre aguas conocidas y arrecifes traicioneros. La narración sostiene un ritmo episódico: cada éxito parcial abre un nuevo dilema logístico o político. La diversidad de tripulaciones plantea problemas de idioma, disciplina y reparto, que los protagonistas maniobran con persuasión y ejemplo. A medida que se estrecha el cerco, crecen las represalias enemigas y las dudas sobre posibles infiltraciones. Los rumores desempeñan un papel: confunden, inspiran o paralizan, según quién los propague. El equilibrio entre audacia y prudencia guía decisiones que buscan erosionar sin precipitar un combate frontal para el que aún no están listos.
Con la red de apoyos más consolidada, se define un plan de mayor envergadura que combina señuelos, bloqueos y golpes sincronizados. La reconquista deja de ser un deseo para convertirse en un itinerario táctico, aunque persistente enigma: cuánto sacrificio demanda una victoria con sentido. Sandokán y Yáñez debaten la frontera entre justicia y venganza, conscientes de que un triunfo puramente destructivo podría vaciar el símbolo que desean restaurar. Bajo esta tensión se prepara un asalto que exige coordinación milimétrica y temple ante lo imprevisible. La novela intensifica el suspense sin desvelar por completo sus cartas, empujando al lector hacia un desenlace cargado de interrogantes.
Más allá de su entramado aventurero, la obra consolida la mitología de Sandokán como emblema de resistencia ante el poder imperial y de fidelidad a un código de honor compartido. Salgari explota paisajes, tormentas y maniobras marinas para subrayar la fragilidad y la tenacidad humanas. La reconquista de un lugar es también la tentativa de recuperar una identidad colectiva. Por su ritmo serial y su imaginación geográfica, el libro dialoga con preocupaciones vigentes sobre pertenencia, dominio y memoria. Sin agotar sus sorpresas, la novela se sostiene como pieza clave de la saga y puerta de entrada a debates que trascienden su época.
Contexto Histórico
Índice
Publicada a inicios del siglo XX, La Reconquista de Mompracem pertenece al célebre ciclo de Sandokán de Emilio Salgari, autor italiano que nunca viajó a Asia y se documentó mediante crónicas periodísticas, enciclopedias y relatos de exploradores. La acción de la serie se sitúa en la segunda mitad del siglo XIX en el archipiélago malayo, un espacio atravesado por rutas comerciales y por la competencia colonial europea. El islote de Mompracem, base ficticia de los protagonistas, remite a paisajes de Borneo y del mar de Sulu. Ese marco temporal y geográfico define las tensiones entre potencias coloniales, sultanatos locales y navegantes independientes.
El archipiélago malayo y el norte de Borneo formaban un mosaico de autoridades: sultanatos como Brunei y Sulu, jefaturas dayak en el interior y enclaves portuarios vinculados a redes islámicas y chinas. A principios y mediados del siglo XIX, Singapur (fundado por los británicos en 1819) y los Establecimientos de los Estrechos consolidaron un sistema regional de comercio y vigilancia. En las islas y costas, comunidades marineras —iranun, balangingui y otras— practicaban el corso y el cabotaje, actividades que potencias europeas rotulaban como piratería. Esa fricción entre economías locales y nuevas normativas coloniales constituye el trasfondo institucional de la novela.
En Borneo noroccidental, la figura de James Brooke fue decisiva. En 1841 obtuvo del sultán de Brunei el título de rajá de Sarawak, instaurando una dinastía que, con apoyo británico, impulsó campañas contra jefaturas rivales y contra redes de asalto marítimo. La cesión de Labuán a Reino Unido en 1846 creó una base naval para operaciones y coaling station. Entre la década de 1840 y la de 1860, expediciones fluviales y costeras, combinadas con tratados y bloqueos, buscaron imponer rutas seguras. Este proceso, documentado por viajeros y oficiales, alimentó relatos europeos que presentaban a corsarios locales como enemigos del progreso imperial.
En la costa nordeste, el dominio europeo se consolidó con la British North Borneo Chartered Company, que obtuvo su carta en 1881 tras acuerdos con Brunei y Sulu. Aunque posterior a parte de los hechos recreados por Salgari, su régimen de concesión ilustra la lógica empresarial de la expansión: administración privada, reclutamiento de policías indígenas y extranjeros, y apertura de plantaciones y explotaciones forestales. Estas estructuras se articularon con tribunales consulares y convenios internacionales que definían jurisdicciones marítimas. La estabilización de enclaves bajo bandera británica reforzó patrullajes y estaciones carboneras, transformando economías costeras y restringiendo la autonomía de comunidades navegantes.
Al sur y este de Borneo, la administración neerlandesa integró estas zonas en las Indias Orientales Holandesas mediante pactos, guarniciones y monopolios comerciales. Desde la década de 1820, Países Bajos desplegó campañas contra reinos y confederaciones que controlaban pasos y ríos estratégicos, y extendió su código de navegación. Patrullas combinadas perseguían embarcaciones sospechosas y desmantelaban fondeaderos considerados de piratas. La presencia neerlandesa en islas cercanas, junto con su red aduanera, limitó la movilidad de marinos independientes. Ese entramado reforzó la percepción europea de un mar pacificado, noción que contrasta con la persistencia de rutas y solidaridades locales en la ficción.
El mar de Sulu, próximo a Mindanao y Borneo, estuvo marcado por la interacción entre el sultanato de Sulu y la Capitanía General de Filipinas. En 1848 y 1851, expediciones españolas contra Balanguingui y otras bases buscaron frenar capturas y tráfico de esclavos. A lo largo de la segunda mitad del siglo XIX, Zamboanga funcionó como punto de apoyo para operaciones y tratados que redujeron la influencia de Sulu. Tras 1898, Estados Unidos sucedió a España en el archipiélago filipino, intensificando la presencia militar. Ese panorama transfronterizo de campañas, alianzas y resistencias informa el imaginario marítimo que la novela convierte en aventura.
Los cambios tecnológicos del siglo XIX transformaron la guerra y el comercio en la región. Vapores armados, artillería de retrocarga y rifles de percusión primero, y de cartucho después, dieron ventaja a marinas coloniales sobre prahus y veleros locales. Coaling stations en Singapur, Labuán y puertos de la península malaya sostuvieron patrullajes más largos. El auge de mercancías como estaño, carbón y especias, junto con el control del estrecho de Malaca, impulsó regulaciones, censos de embarcaciones y tribunales mixtos. Ese andamiaje jurídico-técnico redefinió lo legal e ilegal en el mar, tensión central que la obra traslada al terreno narrativo sin detallar batallas concretas.
Escrita para un público europeo de fin de siglo, la novela reelabora ese contexto con claves románticas: camaradería entre guerreros del mar, códigos de honor y resistencia frente a ocupaciones extranjeras. Al situar a protagonistas locales en el centro, Salgari cuestiona la retórica civilizadora y visibiliza costos humanos de la expansión imperial. Sin embargo, su mirada está mediada por fuentes occidentales y por estereotipos de la literatura de viajes, que simplifican lenguas, credos y costumbres. En conjunto, la obra refleja la tensión entre fascinación y crítica hacia el imperialismo, y convierte procesos históricos reales en un escenario de aventura popular.
La Reconquista de Mompracem
Tabla de Contenidos Principal
1. El abordaje de los malayos
2. El embajador inglés
3. Un espectáculo salvaje
4. El ataque a la cañonera
5. Un terrible momento
6. Una emocionante pesca
7. El crucero del yate
8. La furia sanguinaria de John Foster
9. Una partida de dados que acaba mal
10. Una carrera a través del mar
11. La fuga del embajador
12. Tigres y leopardos
13. Un atentado
14. Las grandes cacerías del sultán
15. La traición de los náufragos
16. El dormitorio del elefante
17. Un trágico duelo
18. El ataque de los soldados
19. Las huestes del tigre
20. Tigres indios y tigres malayos
21. Una batalla de gigantes
22. Asalto a Varauni
23. En la bahía
24. La reconquista del peñón
Conclusión
1. El abordaje de los malayos
Índice
Aquella noche, todo el mar que se extiende a lo largo de las costas occidentales de Borneo era de plata. La luna, que subía en el cielo con su cortejo de estrellas, a través de una atmósfera purísima, derramaba torrentes de una luz azulada de dulzura infinita.
Los navegantes no podían haber tenido una noche mejor. Incluso el mar estaba completamente tranquilo. Únicamente una fresca brisa, impregnada de los mil perfumes de aquella isla maravillosa, lo rizaba ligeramente.
Un gran buque de vapor que venía del septentrión se deslizaba suavemente entre el banco de Saracen y la isla de Mangalum, echando humo alegremente. Por su estela se movían noctilucas y medusas, haciendo más viva la luminosidad de las aguas.
Aquella noche se celebraba a bordo una fiesta, por lo que el salón central estaba totalmente iluminado. Un piano tocaba un vals de Strauss, mientras vibraba la recia voz de un tenor, saliendo por las portillas abiertas y difundiéndose a lo lejos por el mar plateado, cuando se oyó un grito en proa:
—¡Alto las máquinas[1q]!
El capitán, que había subido al puente para fumar una pipa de acre tabaco inglés, al oír aquella orden bajó precipitadamente por la escala, gritando:
—¡Por Júpiter! ¿Quién detiene mi barco?
—He sido yo, capitán —dijo un marinero, adelantándose.
—¿Con qué derecho? ¡Aquí, mando yo!
—Porque tenemos delante de nosotros una flotilla de pescadores malayos llegada no sé cómo. Y es una flotilla bastante numerosa.
—Si no nos dejan sitio, pasaremos por encima de sus malditos praos[1] y enviaremos al fondo del mar a todos esos gusanos que los tripulan.
—¿Y si, en cambio, fuesen piratas, señor? No es la primera vez que asaltan a los vapores…
—¡Rayos y truenos! ¡Veamos!
El capitán subió al castillo de proa, donde ya se encontraba el oficial de guardia, y miró en la dirección que indicaba el marinero. Veinticinco o treinta grandes praos, con sus inmensas velas multicolores desplegadas al viento, avanzaban lentamente hacia el vapor con la evidente intención de cerrarle el paso.
Detrás de aquella flotilla, otro pequeño barco de vapor, que parecía un yate, daba bordadas para no adelantar a los veleros, echando sobre la luz de la luna una columna de negrísimo humo mezclado con escorias centelleantes.
—¡Rayos y truenos! —gritó el capitán—. ¿Qué quieren esos veleros? No parece precisamente que estén pescando.
Se volvió hacia el oficial de servicio, que esperaba sus órdenes, y le dijo:
—Señor Walter, haga cargar el cañón de proa con metralla y aminore la marcha.
—¿Qué cree usted que son, comandante?
—No lo sé. Pero sí sé que navegamos por mares frecuentados por piratas bornéanos y malayos. No diga nada a nadie: no quiero aguar la fiesta organizada en honor de Su Graciosa Majestad, la reina Victoria.
El oficial transmitió rápidamente a los marineros las órdenes recibidas.
Todos se hallaban muy preocupados por la misteriosa flotilla que se aproximaba.
La marcha del vapor se había aminorado de repente, pero los pasajeros no se habían dado cuenta de nada porque el tenor, acompañado por el piano, entonaba otro vals de Strauss.
Cuatro marineros, conducidos por el armero de a bordo, descubrieron rápidamente el cañón oculto bajo un gran toldo y se dispusieron a cargarlo.
Entre tanto, los praos continuaban su marcha, maravillosamente conjuntados, aprovechando la brisa que soplaba del sur. El pequeño buque de vapor les escoltaba continuamente, girando a ambos flancos de la doble columna.
Ya no había ninguna duda: eran piratas que trataban de abordar el vapor. Si hubieran sido pescadores, al ver avanzar la nave no habrían tardado en apartarse para no perder las redes.
El capitán y el oficial de servicio se habían puesto a otear, mientras un maestro armero distribuía aceleradamente fusiles y municiones y hacía subir a cubierta a la guardia franca de servicio para que ayudara en caso de ser atacados.
—Señor Walter, ¿qué piensa usted de todo esto? —le preguntó el capitán, que parecía bastante preocupado.
—Temo que esos canallas nos vengan a aguar la fiesta.
—Tenemos muchas armas.
—Pero esa flotilla es diez veces más numerosa que nosotros. Usted ya sabe cómo están armados los praos corsarios.
—¡Sí, desgraciadamente lo sé! —respondió el capitán.
En ese momento, la flotilla se encontraba a sólo quinientos metros del vapor. Con una rápida maniobra abrió las dos líneas y dejó paso al yate de vapor, que se lanzó audazmente hacia adelante.
Transcurrieron algunos minutos. Después, una voz poderosa, que cubrió la del tenor, se alzó del mar gritando amenazadoramente:
—¡Alto las máquinas!
El capitán, que había cogido un megáfono, preguntó prestamente:
—¿Quiénes sois y qué queréis de nosotros?
—Divertirnos a bordo de vuestro navío.
—¿Cómo decís?
—Que esta noche siento deseos de bailar un vals.
—¡Abrid paso o hago fuego!
—Como gustéis —respondió la misteriosa voz, con leve ironía.
La sirena del yate había dejado oír su grito. Sin duda era una orden, pues los treinta praos se dispusieron en dos columnas en un abrir y cerrar de ojos y se movieron veloz y resueltamente hacia el buque, que se había detenido.
—¡Belt, dispara un cañonazo a esos gusanos! —gritó el capitán.
El armero hizo estremecer la pieza con un estruendo que repercutió hasta el salón central, donde los pasajeros se divertían.
La respuesta fue fulminante. Seis praos descargaron sus grandes espingardas, cayendo un diluvio de metralla sobre las planchas metálicas del navío, mientras otros seis arrojaban a la cubierta una tempestad de clavos, pero a una altura tal que no pudiera dar a los hombres. Casi inmediatamente, salió un relámpago de la proa del yate y el palo de trinquete, segado bajo la cofa con matemática precisión, cayó sobre cubierta con gran estrépito.
Los pasajeros, aterrados, habían interrumpido la fiesta e intentaron invadir el puente. Pero el oficial de guardia, apoyado por ocho marineros armados con carabinas y sables de abordaje, les cerró el paso inexorablemente, tanto a los hombres, como a las mujeres, diciendo:
—No pasa nada: son asuntos que sólo competen a los hombres de mar.
Por segunda vez resonó la poderosa voz sobre la proa del yate:
—Rendíos o desencadeno toda mi artillería. No podréis resistir ni diez minutos.
—¡Canalla! ¿Qué quieres de nosotros? —gritó el capitán, furioso.
—Ya os lo he dicho: divertirme a bordo de vuestra nave y nada más.
—¿Y saquearnos?
—¡Ah, no! Os doy mi palabra de honor.
—La palabra de un bandido.
—Oh, señor mío, aún no sabéis quién soy yo. Haced descender inmediatamente la escala y dad orden de que se reanude la fiesta. Os concedo solamente un minuto.
La resistencia era
