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Trampantojo
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Trampantojo

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Este libro se refiere a un trance político vivido en Chile entre 2022 y 2023, denominado "segundo proceso constituyente", desde su gestación hasta su rechazo en un plebiscito "de salida". Fue una iniciativa inconstitucional, pero los políticos y sus partidos la llevaron a cabo de todas maneras, entre el 4 de septiembre de 2022 y el 17 de diciembre de 2023.
IdiomaEspañol
EditorialEditorial El Roble
Fecha de lanzamiento15 jul 2025
ISBN9789567855216
Trampantojo

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    Trampantojo - Hermógenes Pérez de Arce

    Prólogo

    Este libro se refiere a un trance político vivido en Chile entre 2022 y 2023, denominado segundo proceso constituyente.

    Fue una iniciativa inconstitucional, pero los políticos y sus partidos la llevaron a cabo de todas maneras, entre el 4 de septiembre de 2022 y el 17 de diciembre de 2023.

    Su propuesta de Constitución finalmente fue rechazada en el plebiscito de salida, lo que evitó un mal al país. De haber sido aprobada habría generado profundos trastornos.

    Ese segundo proceso se empezó a gestar apenas terminado el primero y único legítimo que autorizaba la Carta. El 4 de septiembre de 2022 el plebiscito de salida de ese único proceso válido rechazó la propuesta de nueva Constitución que se le sometió. El tema quedó zanjado y siguió vigente la Carta de 1980.

    Pero un intelectual de izquierda, el rector universitario y columnista de El Mercurio, Carlos Peña, lanzó una idea personal: que el proceso para una nueva Constitución no había terminado y podía continuarse o llevarse a cabo otro.

    Eso no estaba permitido. No obstante, fue impulsado por la casi unanimidad de los partidos de gobierno y de oposición de centroderecha. Sólo discrepó la única colectividad de derecha, el Partido Republicano, minoritario en el Congreso.

    Las demás pactaron un Acuerdo por Chile entre las colectividades que apoyaban a Gabriel Boric, presidente de la República, y las de oposición encabezadas por Sebastián Piñera, expresidente y principal figura de la centroderecha.

    Ese Acuerdo por Chile de Boric-Piñera acordó hacer una reforma constitucional para poder crear un segundo proceso para una nueva Constitución.

    El Partido Republicano, y también la cátedra constitucional, habían dictaminado que un segundo proceso no sería válido sin un plebiscito de entrada que lo autorizara, tal como se había autorizado el primero ya terminado.

    Estaba contemplada en este segundo proceso una elección popular de consejeros constitucionales, que tuvo lugar el 7 de mayo de 2023 y derivó en una gran sorpresa: la consagración del Partido Republicano –el único de derecha y que se oponía a una nueva Constitución– como el mayor del país, por amplio margen.

    Sin embargo, después se produjeron dos inesperados cambios de posición o vueltas de chaqueta, como se llama en Chile, por razones históricas, los cambios de bando: uno ocurrió después del triunfo del Partido Republicano el 7 de mayo de 2023, cuando su fundador y jefe, José Antonio Kast, anunció que él y su partido votarían A Favor de un nuevo texto basado en el proyecto de los expertos que habían sido convocados por los partidos para redactar un borrador.

    El segundo ocurrió ya cerca del final del segundo proceso, cuando los diez partidos del gobierno de Gabriel Boric anunciaron que también cambiarían de bando, saliéndose del Acuerdo por Chile y votando En Contra de la propuesta del Consejo Constitucional. O sea, los de Kast se cambiaron al A Favor y los de Boric al En Contra. La derecha sin partido, continuadora de Pinochet, fue el único sector que no cambió, pues siempre estuvo En Contra.

    Lo curioso fue que la izquierda, para cambiar de bando, esgrimió argumentos de derecha: que el texto generaba incertidumbre para la inversión e implicaría un excesivo aumento del tamaño del Estado.

    En definitiva, al terminar el segundo proceso, en el plebiscito del 17 de diciembre de 2023, se impuso el voto En Contra con el 56 %, versus un 44 % del A Favor. Por tanto, volvió a ser ratificada la Constitución de 1980, que ya lo había sido varias veces antes.

    El mismo rector universitario y columnista de El Mercurio, originador de la idea de un segundo proceso, Carlos Peña, poco más de un año después de lanzada su idea, en el mismo diario y en columna del 20 de octubre de 2023, se arrepintió y dio vuelta la chaqueta, aconsejando abortar el proceso antes del plebiscito final.

    En esa ocasión Peña describió la propuesta como un trampantojo, término poco habitual, pero aceptado por la Real Academia Española de la Lengua como una apócope de la frase trampa ante los ojos. Así le dio el título a este libro.

    CAPÍTULO I:

    Todo Saldrá Mal si Empieza Mal

    Una obra de Shakespeare se titula All’s Well that Ends Well (Todo Está Bien si Termina Bien). El segundo proceso constituyente impuesto por Peña-Boric-Piñera merecería haberse titulado de la manera opuesta: Todo Saldrá Mal Si Empieza Mal.

    De hecho todo había partido con la asonada revolucionaria del 18 de octubre de 2019, cuando se desató en Santiago un conato o estallido de extrema izquierda. Fue otro de muchos que había habido en el siglo

    XX. Para los que saben historia de Chile, un dejá vú. Desde que se fundó el Partido Comunista en el país, en 1922, su tarea primordial ha sido procurar tomar el poder por la fuerza. Y reiteradamente lo ha intentado, a veces aliado con otras entidades revolucionarias. Y casi siempre con desenlaces sangrientos.

    En los años ’60 el Partido Socialista se sumó públicamente a esa tarea subversiva. La aspiración de ganar el poder por las armas fue confesada en sucesivos congresos suyos durante los años 60 y también en el de 1971, ya bajo el gobierno de la UP. Pero nadie se preocupó de perseguir judicialmente a los socialistas por sus preparativos para alterar por la violencia el orden interno, porque cada uno de los conatos fue aplastado rápidamente siempre… hasta que apareció de presidente Sebastián Piñera.

    El Arsenal Jurídico del Ejecutivo

    El Poder Ejecutivo siempre tuvo facultades sobradas para aplastar una revuelta, en particular haciendo uso de las atribuciones que le conferían los artículos 19 Nº 15 y 60 de la Constitución.

    Es decir, Piñera en 2019 podía pedir al Tribunal Constitucional -cuya composición le era favorable en ese momento- declarar la inconstitucionalidad de todos los partidos y movimientos que prohijaban la violencia.

    Y también podía demandar, a través de sus parlamentarios afines, el término del mandato de los congresistas comprometidos con la violencia.

    Pero Sebastián Piñera, salvo que ignorara todo lo anterior, carecía de la vocación y carácter necesarios para ejercer esas atribuciones. Su ministerio del Interior estaba lleno de abogados socialistas dedicados a perseguir judicialmente a exmilitares que habían derrotado al terrorismo entre 1973 y 1990.

    Y así, en un acto que no puede sino calificarse como de rendición, él y sus partidos de gobierno de centroderecha convinieron con los sediciosos (que eran la totalidad de los partidos opositores) lo que denominaron Acuerdo por la Paz y una Nueva Constitución, firmado con publicidad máxima el 15 de noviembre de 2019.

    Se abstuvieron de concurrir a dicho Acuerdo los partidos Republicano y Comunista: el primero por ser, en esa época (posteriormente cambió, como se dijo) contrario a otra Constitución; y el segundo, porque aspiraba a derrocar al gobierno sin necesidad de llegar a ningún acuerdo con él.

    (Más tarde, en el plebiscito final del segundo proceso, fue toda una ironía que, entre otros, los líderes republicanos tacharan de comunistas a quienes votaban En Contra, por coincidir en ello con el partido rojo, en circunstancias que ellos mismos habían coincidido con éste al abstenerse de participar en el Acuerdo por la Paz y Una Nueva Constitución, y no por eso se les tachó de comunistas).

    Sólo el Primer Proceso era Constitucional

    Los firmantes de la propuesta de nueva Constitución del primer proceso constituyente, propuesta que sus críticos bautizaron como mamarracho, fueron respetuosos de la Carta vigente y actuaron sabiendo que necesitaban autorización de la ciudadanía para iniciarlo.

    En ese entendido se aprobó y promulgó la ley 21.221 de reforma constitucional, describiendo un único procedimiento y por una sola vez, para dictar una nueva Constitución.

    Comenzaba con un plebiscito de entrada, que se efectuó el 25 de octubre de 2021 y en el cual se votó con dos cédulas: una para decidir Apruebo o Rechazo a la idea de una nueva Constitución y la otra para decidir si, en caso de triunfar el Apruebo, la Convención Constitucional iba a ser totalmente elegida por la ciudadanía o iba a ser designada en una mitad por los parlamentarios y en la otra mitad por la ciudadanía.

    Se impuso el Apruebo y, todavía más ampliamente la idea de una Convención enteramente electa y sin designados.

    Triunfo de la Izquierda

    Pero la elección de los miembros de la Convención no fue completamente democrática, en el sentido de una persona, un voto, sino con paridad de género y cuota fija garantizada para los pueblos indígenas.

    La elección de convencionales se llevó a cabo en julio de 2021 y fue ampliamente favorable a la izquierda, tendencia a la cual pertenecía la gran mayoría de quienes postulaban como independientes.

    El desempeño de la Convención fue una verdadera mascarada y su resultado, un texto inverosímil, que la mayoría de la gente denominaba mamarracho. Sus defectos fueron ampliamente comentados por los medios y no es del caso volver sobre ellos, porque terminó siendo ampliamente rechazado en el plebiscito del 4 de septiembre de 2022 por el 62 % versus el 38 % de los votos.

    Todo lo Cambió el Voto Obligatorio

    La particularidad de esta votación residió en que, justo antes de ella, se había consagrado la obligatoriedad del sufragio. El incumplimiento de la obligación de votar se sancionó con una fuerte multa.

    Además, aparecieron en el plebiscito de salida las deserciones de la izquierda, que dieron origen a la formación del partido Amarillos. Y también los desencantados de la DC, aliada de la izquierda para el Apruebo, que en el plebiscito de salida votaron Rechazo tras formar el nuevo partido Demócratas.

    El gobierno de Gabriel Boric se jugó por el Apruebo, de modo que, entonces, resultó siendo el gran derrotado del 4 de septiembre de 2022.

    El presidente y su ministra Secretaria General de Gobierno y vocera, Camila Vallejo, habían sido terminantes, durante la campaña previa al plebiscito, para comunicar al país que no había otra instancia y que si triunfaba el Rechazo continuaría vigente la Constitución de 1980. Era lo que decía el artículo 142 de ésta claramente.

    Después, y sin explicación, Boric y Vallejo cambiaron de postura y suscribieron con la oposición de centroderecha, liderada por Sebastián Piñera, el Acuerdo por Chile para llevar

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