La Masacre de Pozzetto: verdades reveladas
Por Edwin Olaya
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La Masacre de Pozzetto - Edwin Olaya
LA MASACRE DE POZZETTO
© 2024, Edwin Orlando Olaya Molina
© 2024, Círculo de Lectores
© 2024, Intermedio Editores S.A.S.
Primera edición, mayo de 2024
Edición
Cindy Lorena Roa Devia
Equipo editorial Intermedio Editores
Concepto gráfico y producción
David Reyes Navarro
Intermedio Editores S.A.S.
Avenida Calle 26 No. 68B - 70
www.eltiempo.com/intermedio
Bogotá, Colombia
ISBN
978-958-08-0593-9
Impresión y encuadernación
Este libro no podrá ser reproducido, ni total ni parcialmente, sin el previo permiso del editor.
Diseño epub:
Hipertexto – Netizen Digital Solutions
Índice
Ante infierno
2024
Primer círculo: Ira
1934
El incidente de la ventana
Segundo círculo: Lujuria
1965
Madre e hija
Tercer círculo: Venganza
2002
Sangre y fuego
Cuarto círculo: Violencia
1886
Muy pronto tendrá muchas noticias mías
Quinto círculo: Envidia
1986
Desde el pozo
Purgatorio
Cielo
Proceso 1269
Bibliografía
Dedicatoria
A Dios por su bendición en el sendero de la siembra y la cosecha.
A mi madre, Gloria, por su constante apoyo e inmenso amor.
A mi padre, Carlos, allá en la eternidad.
ANTE-INFIERNO
2024
¡ESTO ES UN ASALTO!
¡TODO EL MUNDO AL SUELO!
¡NADIE ME DEBE VER LA CARA!
¡USTEDES NO ME HAN VISTO
NUNCA!
¡ENTREGUEN EL EFECTIVO, NO QUIERO JOYAS!
¡EL EFECTIVO!
¡ESTO ES SOLO NEGOCIOS,
NO LES VA A PASAR NADA!
Acompañaban la proclama los disparos que retumbaban en el restaurante. Para algunos, las detonaciones, cual si fuera una carrera, los lanzaron a correr tan rápido y tan lejos como eran capaces. Unos cuantos alcanzaron en tiempo récord la calle, otros encontraron refugio en la cocina, en los baños, en la bodega, en el parqueadero y en el segundo piso. Para un grupo de comensales, el sonido de los disparos fue suficiente para anclarlos al suelo, ya fuera por el miedo, un sentido de valentía y de protección hacia los demás, o bien por la esperanza de que el hombre tomara el dinero y se fuera sin más.
El hombre del traje gris vociferaba, no tomaba el dinero que algunos le dejaban en el suelo o en la mesa. El hombre de gris solo les disparaba.
Una de las comensales que se había escondido en el baño y que se dio cuenta de lo que pasaba, sacó su teléfono y le envió un mensaje a su esposo: Amor, están disparando. Cuida a los niños. Te amo
.
Un hombre desde el segundo piso le envió una nota de voz a su papá: Viejo, hay un problema. Están atracando el restaurante. No se preocupe, todo va a estar bien. Cuando esto termine lo llamo
.
Desde la cocina, alguien atestiguó lo que ocurría. Desde su teléfono abrió Facebook y escribió en su muro: Un tipo está disparando en el Pozzetto. Nos van a matar. Perdón por todo
.
No fueron los únicos mensajes que se enviaron esa noche.
Un joven que alcanzó la calle también sacó su teléfono y comenzó a grabar. El encuadre era irregular y los movimientos de la cámara eran extremos. El rostro del joven inundó la pantalla y su voz estridente narraba: Estábamos comiendo en el Pozzetto. Hay un loco que está disparando ahí; nos pidió plata y sigue disparando. Manden ayuda. ¡Oigan, oigan cómo dispara! ¡Llamen a la policía, manden al ejército, a alguien!
. Pequeños corazones empezaron a subir por la pantalla y el número de personas que seguían la transmisión aumentó.
Los anuncios de última hora interrumpieron la cotidianidad televisiva. Los periodistas no tardaron en llegar. Desde una esquina, entre un poste y la camioneta del canal, la periodista describía en tiempo real lo que ocurría, mientras que de forma inconsciente agachaba la cabeza luego de cada disparo que se escuchaba. El camarógrafo se esmeraba por conservar el encuadre para la nota, en tanto lanzaba miradas por encima y alrededor de su compañera para encontrar un mejor ángulo para la grabación.
—Así es, estamos a pocos metros del restaurante Pozzetto, lugar en donde, según los testigos, se está desarrollando un asalto. Tenemos aquí con nosotros a una de las personas que estaba adentro. Señor, ¿cuál es su nombre?
—José.
—Don José, ¿qué es lo que está pasando?
—Un tipo ahí que empezó a disparar. Yo alcancé a salir, pero unos amigos están dentro. Yo sí lo alcancé a ver, yo estaba ahí, cerquitica de él. Está con un vestido como gris.
—Gracias, don José —dijo la periodista al tiempo que giraba su cuerpo—. Señor, señor, ¿cuál es su nombre?
—Mi nombre es Pedro.
—Don Pedro, cuéntenos, ¿cuál es la situación que se está presentando en el restaurante?
—Pues que entró un tipo al restaurante, todos estábamos comiendo tranquilos, bien. Entonces llegó ese tipo y empezó a pedir plata y luego empezó a disparar. Los clientes salimos corriendo, pero todavía hay mucha gente adentro, pero, mire, la policía no hace nada, están ahí quietos.
—Don Pedro, gracias. En efecto, unidades de la policía ya hicieron presencia en el lugar. Algunos efectivos han hecho uso de un megáfono para pedirle al hombre que detenga el tiroteo. Por ahora, se vive una tensa calma. No sabemos con exactitud lo que está ocurriendo. Aún se desconoce el móvil de este hecho. Según lo que nos han dicho algunas de las personas que salieron del restaurante, el individuo solo pidió dinero, pero no ha hecho ninguna otra exigencia. Se desconoce si esta situación pueda estar relacionada con delincuencia común o retaliaciones entre bandas criminales. Esta es una noticia en desarrollo que seguiremos cubriend…
—¡¡Al suelo, al suelo!!
La transmisión de Instagram enfocaba desde el suelo el frente del restaurante. Las luces adentro dejaban ver por momentos los fugaces movimientos de una sombra. El en vivo ya mostraba miles de personas conectadas y los mensajes no dejaban de subir por la pantalla:
Eres un duro por cubrir ese tiroteo, es como en Estados Unidos
.
A eso es que estamos, sujetos con este gobierno permisivo
.
Dios, bendice a esas personas. No permitas que nada les pase
.
La policía como siempre mamando gallo, bala es que hay que darle a ese tipo
.
Fijo la pasta no estaba al dente y el vino era de cajita
.
Váyase de ahí. Irresponsable
.
Qué horror, Qué impotencia, pobre gente
.
"Ese es un buen shot de adrenalina".
Ahí tienen su seguridad. En definitiva la alcaldía no sirvió para nada
.
Hay locos por todo lado y más en este país. Ese es otro asesino en serie
.
Ahí si no mandan al ESMAD
.
—¡¡Al suelo, al suelo!!
La transmisión mostró un brusco movimiento y el cielo fue el protagonista. El sonido de disparos fue todo lo que se escuchó. El improvisado Instagramer impuso su voz al tronido de fondo para contar que desde Pozzetto estaban disparando hacia la calle y que la policía había ordenado tirarse al suelo al tiempo que respondían el fuego hacia el restaurante. Los gritos de quienes estaban en la calle no se hicieron esperar: ¡No disparen, no disparen!
, ¡Los van a matar!
, ¡Mamita, noooo!
, ¡Maten ya a ese hijueputa!
.
Días después, uno de los vecinos del sector reconocería a un periodista que estaba tan concentrado viendo una película en Netflix que pensó que las detonaciones no eran más que la pólvora decembrina.
Facebook y, en especial X (antaño Twitter), se llenaron con fotos y videos del restaurante, algunas publicaciones mostraban escenas de otros países y de eventos similares. Los mensajes de solidaridad, oraciones y buenos deseos, no faltaron. Las etiquetas #Pozzetto y #ayudaenpozzetto pronto se convirtieron en tendencia.
Tanto en X, como en su contraparte, Threads, psicólogos, psiquiatras, analistas de seguridad y perfiladores criminales —algunos de los cuales aparecerían como expertos en las emisiones de la mañana y mediodía de noticieros y programas de radio— describían en extensos hilos las similitudes de lo que pasaba con incidentes parecidos en Estados Unidos; sobre el fenómeno de los mass murder y los spree killer; otros hicieron un llamado para centrar esfuerzos en la fragilidad de la salud mental pospandemia; unos cuantos apelaban a la necesidad del control de armas y algunos se enfocaron en criticar la escasez de pie de fuerza policial y más aún de personal entrenado para este tipo de situaciones.
Esa noche, 4 de diciembre, el viento frío recorrió las calles. La periodista aferró con fuerza el micrófono y se dirigió a la cámara:
—Sí, sí, seguimos aquí en el lugar de la noticia. Es una noche dramática para los bogotanos. Este lamentable suceso enluta la temporada de diciembre y se suma al hallazgo de varios cuerpos en un edificio en llamas en el sector de Chapinero. Hace unos instantes la policía rodeó e ingresó al restaurante, y escuchamos un nutrido intercambio de disparos. Una fuente de la policía nos informó que la situación ya fue controlada y que el responsable del tiroteo fue dado de baja. Como vemos, al fondo los heridos están siendo retirados en ambulancias, algunos han sido trasladados en vehículos particulares y patrullas a los diferentes centros asistenciales más cercanos. Nos dicen que hay varias víctimas fatales, por lo que se está en espera de que la Fiscalía llegue al sitio para el levantamiento de los cuerpos sin vida. Será precisamente labor de la Fiscalía establecer la identidad del responsable, quien al parecer respondía al nombre de Campo Elías Delgado Morales, así como los móviles de este trágico suceso. Por lo pronto, seguiremos atentos a esta noticia para mantenerlos informados; sigan ustedes en estudio.
***
Por desgracia, no es difícil concebir la posibilidad en nuestros días de una tragedia como la que ocurrió hace más de 30 años en Bogotá. Puede que el despliegue violento de Campo Elías Delgado Morales se sienta añejo y hasta distante, pero en realidad es tan actual como nunca. Y es que la denominada masacre de Pozzetto encapsuló diferentes formas de violencia: contra la mujer y contra el adulto mayor, el maltrato infantil, la violencia sexual y la violencia interpersonal. Reconocer este hecho es, a su vez, ingresar a un oscuro abismo.
Por esta imagen del abismo, he tomado prestada la genialidad de Dante Alighieri en su Divina Comedia para darle una estructura a este recorrido. Nos adentraremos en el averno y poco a poco iremos descendiendo por los círculos del Infierno de Campo Elías, sus miedos, frustraciones, pensamientos y anhelos, para redescubrir cada uno de sus crímenes, hasta llegar al último nivel, en donde se encuentra el núcleo absoluto de su actuar. Esta parte del viaje no se trata de una exploración del mal, cada círculo es una mirada a Campo Elías y sus acciones, sí, pero al mismo tiempo es una mirada a la violencia cotidiana que nos rodea y de la que, de un modo u otro, hacemos parte. Al final del recorrido, tendremos un breve paso por el Purgatorio y, después de todo, llegaremos al Paraíso. Tras haber dedicado más de 15 años a analizar, revisar y reflexionar sobre este caso apoyándome en los saberes de la perfilación criminológica, la psicología, las ciencias forenses y la exploración de abismos más y menos oscuros que el de Campo Elías Delgado, confío en ser un guía competente para ti que has decidido emprender esta travesía, de por sí compleja y dramática.
***
Este viaje tiene que ver con el impacto, la magnitud y la complejidad de lo sucedido. Por esa razón, acudí no solo a notas periodísticas y su subsecuente proceso de filtrado, sino también al estudio del Proceso 1269, un bloque de papel con centenares de páginas, que me permitió abordar el caso desde la evidencia, y del que puedes conocer un fragmento significativo en el anexo que encuentras al final de este libro. Gracias a los informes periciales, las declaraciones, las fotografías, los planos, además de los relatos de personas cercanas a lo que pasó —y que me han confiado sus experiencias y saberes a cambio del beneficio del anonimato—, el recorrido que vas a realizar está sustentado en certezas, con lo que espero que podamos encarar y desechar los mitos y leyendas que acompañan este caso.
La masacre de Pozzetto dejó profundas heridas, cicatrices incluso, y algunas son sensibles y dolorosas. Por ello he decidido cambiar e incluso omitir algunos nombres o ubicaciones como un acto de respeto a la vida, memoria e intimidad de los sobrevivientes, las víctimas y sus familiares.
***
Entonces, ¿para qué recuerda la gente? ¿Para restablecer la verdad? ¿La justicia? ¿Para liberarse y olvidar? ¿Porque comprenden que han participado en un acontecimiento grandioso? ¿O porque buscan en el pasado alguna protección? Y todo eso, a sabiendas de que los recuerdos son algo frágil, efímero; no se trata de conocimientos precisos, sino de conjeturas sobre uno mismo
.
Svetlana Alexiévich. Voces de Chernóbil.
Campo Elías está en la fila. Odia estar quieto. Odia la burocracia colombiana. Odia la lentitud de la gente. Mira al frente y nota que ya están a punto de llamarlo. Con un resoplido, avanza cuando el cajero lanza un monocorde Siguiente
, acompañado del gesto de la mano para que se acerque.
Tras la ventanilla, Campo Elías saluda con su habitual tono seco y le informa al empleado del banco que desea saldar su cuenta de ahorros, la misma que tiene desde 1981, y enseguida le da el número 4352354. El cajero le invita reconsiderar su decisión y le recuerda los beneficios que la entidad bancaría le puede ofrecer. El cliente lo mira fijo, al tiempo que su voz se endurece un poco más, y repite su pequeña proclama: La quiero cerrar, necesito mi dinero.
La suma asciende a 49.896,93 pesos. No puede evitar evocar algunas imágenes de su vida en el ejército. Esa fue otra vida, piensa. Suspira y firma los formularios que le acaba de entregar el cajero. 49.896,93 pesos. Una parte de esa suma es lo que le queda de su pensión de veterano. El cajero se inclina, toma varios billetes y monedas, los cuenta, los vuelve a contar y los pone delante del cliente.
Campo Elías se toma su tiempo. Cuenta primero los billetes, luego las monedas. Los ordena de menor a mayor y vuelve y cuenta. Entonces levanta la voz mientras da un par de golpes secos a la ventanilla. Le exige al cajero que le entregue todo su dinero. El empleado se azora. En un primer momento no entiende el reclamo, piensa en la posibilidad de haber contado mal y la sangre sube a su rostro. Pocas cosas superan la vergüenza del error numérico en un banco.
Al ver la confusión en el rostro del cajero, le aclara la situación: Me falta plata. Mire lo que me dio. Faltan centavos
. La vergüenza hizo tránsito al enfado. Tomando una gran bocanada de aire, el cajero le explica al cliente que no es posible darle la suma exacta, hay monedas que ya están descontinuadas, así que tuvo que redondear la cifra. Enseguida le ofrece disculpas por la incomodidad.
En la cabeza de Campo Elías el cajero se ve minúsculo, un pobre diablo que cree que puede hacer lo que se le da la gana, qué bueno sería darle una lección… No, no es el momento ni el lugar. Estoy pidiendo la totalidad de mi dinero. No me interesan redondeos. Ni les voy a dejar mi dinero ni les voy a quedar debiendo, así que aquí espero
. El empleado del banco no puede creerlo, ¡qué tipo tan loco! Se queda mirándolo entre sorprendido, molesto y avergonzado. Sus compañeros se fijan en él y nota una sonrisa socarrona en uno de ellos. El cliente siempre tiene la razón
, se dice a sí mismo. Permítame, voy a verificar qué podemos hacer
, le dice a su extraño cliente, mientras este permanece en silencio.
Habla con sus compañeros, rebusca en los escritorios, en las cajas, en los rincones más insospechados del banco, hasta que por fin encuentra el metálico necesario para completar los centavos que estaban faltando. El cajero le ofrece nuevas disculpas al cliente mientras este vuelve a contar el dinero. Después del escándalo solo responde con un seco Gracias
, junto con una mirada cargada de desprecio, para luego darle la espalda y salir sin más del banco.
Días después, durante una entrevista periodística, el cajero recordaría el incidente de los centavos y a ese señor de más o menos de 170 cm, vestido con camiseta, blue jeans y zapatillas. Era el mismo de Pozzetto.
***
Campo Elías sale del Banco de Bogotá, ubicado en la carrera 13 con calle 61. Siente el sol brillante y picante, típico de diciembre. También siente orgullo, la satisfacción de exigir lo que le pertenecía y haberlo obtenido. Por algo se empezaba y todo iba bien. En su bolsillo tenía el dinero y en su cabeza mil ideas.
Camina hacia el Parque de Lourdes, cada tanto mira por encima de su hombro para fijarse quién está detrás de él. Era un viejo hábito que no pretendía eliminar y que le había salvado la vida en más de una ocasión. Con
