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Democracia directa: La mejor alternativa para un Chile libre y próspero
Democracia directa: La mejor alternativa para un Chile libre y próspero
Democracia directa: La mejor alternativa para un Chile libre y próspero
Libro electrónico317 páginas8 horas

Democracia directa: La mejor alternativa para un Chile libre y próspero

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La democracia directa es la mejor alternativa para que Chile termine con las graves deficiencias que dominan su forma de practicar la democracia, y para que cambie rumbos en la dirección más conveniente. La democracia directa es la "llave maestra" capaz de evitar no sólo "caer para atrás", sino que también es capaz de llevar a nuestro país hacia una mayor libertad, seguridad, prosperidad y cohesión social de forma autosostenida. Tal como Suiza lo empezó a hacer hace muchos años atrás, con resultados únicos y reconocidos en todo el mundo.
IdiomaEspañol
EditorialPehoé Ediciones
Fecha de lanzamiento6 jul 2023
ISBN9783952545126
Democracia directa: La mejor alternativa para un Chile libre y próspero

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    Democracia directa - Eduardo Schindler

    Derechos de autor © Eduardo Schindler, junio 2023

    Todos los derechos reservados.

    Queda prohibida la reproducción total o parcial de este libro por medios electrónicos o impresos, incluidos los sistemas de almacenamiento y recuperación de información, sin la autorización por escrito del autor, excepto si se trata de un crítico que puede citar breves pasajes en una reseña.

    Para más información: e.schindler@swiss-democracy.ch

    PRIMERA EDICIÓN

    ISBN digital: 978-3-9525451-2-6

    ISBN impreso: 978-3-9525451-3-3

    Editor: Eduardo Schindler

    E-mail: e.schindler@swiss-democracy.ch

    Sitio web: www.swiss-democracy.ch

    Diagramación digital: ebooks Patagonia

    www.ebookspatagonia.com

    Portada: Carolina Zúñiga

    Este libro está dedicado –con infinita admiración y gratitud– a todos los millones de ciudadanos suizos que han construido este maravilloso país con abnegación y tenacidad en los últimos 150 años. Es un privilegio increíble el poder disfrutar de los múltiples beneficios de su extraordinario legado.

    Y está también dedicado –con los mejores deseos de éxito– a todos los lectores que se empeñarán en implementar en sus naciones la democracia directa que se describe y explica en estas páginas.

    Índice

    Prólogo

    Introducción

    Capítulo 1: La democracia directa

    • Los derechos políticos a referendar

    • Cuándo y cómo se vota - los referendos trimestrales

    • Diferencia de eficacia en el uso de los derechos a referendar

    • Impacto visible y no visible del derecho a referendar - la punta del iceberg

    • Democracia directa en cantones (regiones) y municipalidades

    • La llave maestra hacia mayor libertad, seguridad y prosperidad

    Capítulo 2: La importancia, significado e impacto de votar en referendos cada tres meses

    • En la (gran) educación y madurez cívica de la ciudadanía

    • En la calidad y relevancia (superior) de las agendas políticas

    • En la importancia (secundaria) de elegir las autoridades cada cuatro años

    • Preguntas y respuestas de resumen y reflexión

    Capítulo 3: Implementación de la democracia directa en Chile

    • Beneficios principales para Chile de utilizar la llave maestra

    • Esbozo de un plan de implementación

    • Objeciones más frecuentes y sus respuestas

    • Mayor obstáculo a superar para proceder a una implementación

    Resumen y conclusiones

    Anexos

    • Libertad y Prosperidad - la receta mágica de Suiza

    1. Los gobiernos colegiales

    2. La plena autonomía política y financiera de regiones y municipalidades

    3. Los gobiernos de milicia - evitar la existencia de políticos profesionales

    4. Sinopsis de la receta mágica

    • Texto de derechos políticos en la Constitución de Suiza y del Cantón Zürich

    Glosario

    Sobre el autor

    Fuentes

    Prólogo

    Imagine usted por un momento una nación en que la ciudadanía es llamada a referendar, esto es votar SI o NO, un proyecto de ley que estipula 6 semanas de vacaciones pagadas para todos. En caso que la mayoría votase SI, entonces este proyecto entra en vigor y a partir de ese momento millones de empleados empiezan a gozar de 6 semanas de vacaciones cada año. En caso que la mayoría votase NO, el proyecto no entra en vigor y el tema desaparece de la agenda política.

    El referendar temas como este no es teoría, sino realidad en Suiza. Esta propuesta de ley llegó a ser referendada como producto de una iniciativa popular, se votó en marzo del 2012, y ganó el NO con nada menos que el 67% de los votos. Para llegar a este resultado se necesita el rechazo de millones de personas de todo tipo - viejos y jóvenes, ricos y pobres, urbana y rural, más y menos educados, izquierda y derecha. En particular, refleja necesariamente un NO mayoritario por parte de las clases sociales más numerosas.

    Que en Suiza se llegue a votar un tema como este es gracias al uso de la democracia directa. Este país es el único en el mundo que hace un uso extenso y permanente de esta forma de democracia. Y el hecho que el 67% de la gente esté dispuesta a decir NO a un regalito refleja un nivel de madurez y cultura cívica de millones de ciudadanos sin par en todo el planeta.

    Este país aplica la democracia directa en su forma actual desde fines del 1800, o sea de forma ininterrumpida por ya más de 120 años. En aquel entonces, Suiza era un país compuesto por un grupo de cantones (regiones) pobres y desunidos; que congregaba gente con cuatro idiomas y culturas diferentes; sin ningún tipo de recursos naturales; sin acceso al mar; con el 60% del territorio formado de montañas; sin capital, ni industria, ni infraestructura; con más del 80% de población rural (gente más bien rudimentaria, viviendo en condiciones precarias de autosustentación, y con un bajo nivel de educación); y con miles de personas que emigraban cada año en búsqueda de mejores condiciones de vida.

    Entre tanto, y gracias a los beneficios que se derivan de aplicar la democracia directa, Suiza se ha convertido en el país más libre, seguro, y próspero del mundo. Por lejos. Y esto no sólo para algunas minorías privilegiadas, como las hay en todas partes, sino que para toda la gente - llegando también hasta los lugares más remotos de montaña y a las capas sociales más numerosas. Realmente increíble, y único también.

    Huelga decir que todas las naciones aspiran a que su ciudadanía sea más libre, segura y rica. También aquellas que usan la democracia representativa como forma de gestión política y administración del Estado. Y a pesar de llevar más de 200 años con intentos y experimentos de todo tipo, la evidencia es que no hay ningún otro país que haya sido capaz de generar y entregar niveles de bienestar y cohesión social comparables con los que ha logrado la nación Helvética. Y no lo podrán lograr aún si lo siguen intentando por otros 200 años porque estas naciones simplemente no utilizan la llave maestra que representa la democracia directa. Ella es la única llave capaz de abrir la puerta de acceso al espiral creciente hacia mayores niveles de libertad y prosperidad como el que ha creado Suiza.

    Basta preguntarse: ¿en cuántas naciones con democracias representativas habría también ganado el NO al voto de un regalito como 6 semanas de vacaciones pagadas?

    La respuesta más probable es: en ninguna.

    Y esta respuesta es justamente el síntoma y evidencia clara que en ausencia de la llave maestra, ninguna democracia representativa estará nunca en condiciones de llevar a su ciudadanía hacia los niveles de cultura cívica necesarios para que la gente pueda frenar y corregir los excesos de una clase política dominada por cínicos, demagogos y populistas. Es una falla estructural de las democracias representativas el caer en el juego perenne entre políticos que prometen, gente que cree y los elige, y elegidos que inevitablemente siempre fallan en entregar lo prometido. Un ejercicio increíble de auto-engaño a escala universal, y que dura desde hace siglos.

    En este sentido, el ejemplo de Suiza es la prueba que la democracia directa, y sólo la democracia directa, está en condiciones de llevar una nación más hacia arriba que cualquier alternativa o forma conocida de democracia representativa. Y es también el único instrumento capaz de poner fin a las tantas imperfecciones estructurales que ha desarrollado y tiene esta forma de democracia - en Chile, y en docenas de otras naciones de los cinco continentes.

    El lector podrá tal vez ya imaginar lo que significa ser parte de una sociedad con tal nivel de libertad cívica como para permitirse el referendar todo tipo de temas de forma serena y civilizada - por peliagudos/populistas que sean. Y lo que significa también, en términos de ser y sentirse libre, el formar parte de una nación en que no es la clase política, sino que es la gente la que tiene siempre la última palabra para decidir los temas de interés público. Esto es, una sociedad en que la ciudadanía es el soberano de la nación. Y podrá imaginar además lo que representa el ser respetado y obedecido por la clase política todo el tiempo - y no a la inversa.

    Además, se invita al lector a reflexionar lo que significa, en términos de sensación de libertad, serenidad, seguridad y orgullo, ser miembro de una colectividad que dispone de una madurez cívica que la hace inmune a la demagogia y el populismo, que es alérgica al proselitismo ideológico, y que es imposible de manipular con regalitos, mentiras y promesas vacías.

    En este contexto: ¿es el tema de la democracia directa relevante para el Chile de hoy?

    Chile volvió a la democracia hace ya más de 30 años. Entre tanto ha probado encontrar la felicidad en cuatro gobiernos de izquierda, dos de centro-izquierda, y dos de derecha. Y a falta de encontrarla, ahora está probando con uno todavía más a la izquierda que los anteriores. La realidad es que, con el descontento creciente y generalizado de la gente, el péndulo de preferencias ha aumentado (y no disminuido) su oscilación por lo que no sería de sorprender que el gobierno siguiente en el 2025 sea justamente del otro extremo. Pero la verdad es que ir todavía más a la izquierda o más a la derecha es sólo una ilusión pasajera. De seguir cómo van las cosas, no será este gobierno, ni el próximo, ni ninguno en los 30 años que siguen lo que podrá llevar a Chile hacia los niveles superiores de libertad y madurez cívica consistentes con la mayor prosperidad y autonomía financiera ya alcanzado por millones de chilenos en las últimas décadas.

    Y no lo podrán hacer simplemente porque el país ha vuelto a hacer política a la antigua. Se volvió a una democracia manejada por la misma partitocracia centralista, dominada por la misma dinámica gobierno vs. oposición, dividida por el antagonismo izquierda vs. derecha que ya derivó a la sociedad chilena hacia las graves deficiencias y dificultades que tuvo en el pasado. Por ello, no hay que sorprenderse que los mismos problemas; la misma desconfianza, rabia y desprecio hacia los políticos; el divisionismo de la sociedad y la radicalización de posiciones; la violencia fácil y generalizada; la inseguridad; y el amplio/profundo descontento que ya aquejaban a nuestros padres y abuelos, hayan vuelto a aparecer como si nada grave o malo hubiese pasado en la historia reciente de nuestro país.

    De alguna manera, han sido tres décadas perdidas. La clase política y la ciudadanía han aprendido poco o nada sobre formar y convivir en una sociedad más libre, segura, y justa que aquella que lograron construir y legarnos nuestros antepasados.

    La disyuntiva ahora es clara: o bien Chile cambia radicalmente su forma de hacer democracia, o el país seguirá pegado y dándose vueltas en más de lo mismo. Todavía peor, tal vez se va para atrás hacia mayor pobreza y menor libertad de otros tiempos.

    En este contexto, la democracia directa es, en la opinión del autor, la mejor alternativa para que Chile termine con las graves deficiencias que dominan su forma de practicar la democracia, y para que cambie rumbos con la profundidad requerida y en la dirección más conveniente. La democracia directa es la llave maestra capaz de evitar no sólo el caer para atrás, sino que también capaz de llevar a nuestro país hacia una mayor libertad, seguridad, prosperidad y cohesión social de forma irreversible y autosostenida. Tal como Suiza lo empezó a hacer hace muchos años atrás, con resultados únicos y reconocidos en todo el mundo.

    En vista de estas consideraciones, el objetivo de este libro es responder a preguntas del tipo:

    • ¿Qué es la democracia directa? ¿cómo funciona?

    • ¿Qué tiene de diferente respecto a la democracia representativa? ¿se usa en remplazo o en conjunto con esta?

    • ¿Es posible que otras naciones también puedan llegar a tener una ciudadanía con un nivel de madurez y cultura cívica como en Suiza? ¿cómo se hace?

    • ¿Es posible aplicar la democracia directa en Chile? ¿qué tipos de beneficios genera y recibe una sociedad al hacerlo?

    • ¿Qué hay que hacer para implementar la democracia directa? ¿qué condiciones se necesitan para hacerlo? ¿cuáles son los obstáculos a superar?

    La lectura de este libro le permitirá al lector ganar un conocimiento amplio sobre las respuestas a estas preguntas. Y es posible que algunos lectores lleguen a la conclusión, como el autor en su momento, que es muy deseable y perfectamente posible aplicar la democracia directa en Chile. No hay nada que esperar. Se puede hacer hoy. Se podría haber hecho hace décadas atrás. No hay ninguna condición particular que sea necesaria o que falte antes de empezar. Hay un par de obstáculos a superar. Nada imposible. Tomará sólo unos diez años una implementación progresiva y completa de abajo hacia arriba - primero a nivel de municipalidades, luego regiones y finalmente, nacional. Con esto, el empuje hacia la democracia directa no llegará nunca de la clase política de la capital. En vez, tiene que venir como una exigencia imperativa y prioritaria de la gente hacia la clase política - en particular desde las más de 13 millones de personas que habitan en las regiones.

    Comparado con la situación actual, y con las perspectivas poco alentadoras de seguir buscando la felicidad en la democracia representativa a la antigua, los mayores beneficios a percibir por millones de chilenos al implementar la democracia directa son inmensos. Ya en esta generación. Y en todas las que siguen.

    Buena lectura.

    Introducción

    La democracia directa es una forma especial y diferente de distribuir roles y responsabilidades entre la ciudadanía, la clase política y el Estado en una nación.

    El elemento más distintivo de la democracia directa es atribuirle a la ciudadanía el derecho a referendar¹ todas las leyes nuevas, cambios a las existentes, y en general todas las decisiones del Estado antes que estas entren en vigor. Esto no significa que se referenden todos los actos. Pero si significa que todos y cada uno de ellos podría ser referendado en caso que un cierto número de ciudadanos así lo deseen. Esto quiere decir, a su vez, dos cosas de gran importancia. Una es que la nación se rige por un cuerpo de leyes que ha sido aprobado en su integridad por la gente, probablemente la forma de libertad más alta y noble que puede existir. Y la otra es que la ciudadanía (y no un Presidente) es el soberano de la nación - y por tanto tiene siempre el derecho a tomar la decisión final en temas de interés público.

    Este principio representa un gran cambio de paradigma respecto a las naciones que se rigen a través de democracias representativas. Estos países siguen el principio que un grupo pequeño y selecto de personas - en principio con capacidades/preparación superior, y dedicadas sólo a gobernar, legislar y manejar el Estado por el bien de todos - estará siempre en condiciones de tomar mejores decisiones que millones de personas con instrucción más simple y sin dedicación exclusiva a la causa pública. Por tanto, es mucho mejor dejar que sea este grupo pequeño de personas distinguidas que tome las decisiones en relación a los actos.

    La democracia directa, por su parte, está basada en el paradigma que las decisiones tomadas en base al sentido común de la ciudadanía serán siempre superiores a aquellas tomadas por cualquier tipo de minoría por muy escogidas, mejor preparadas o informadas que estas sean. Por cierto que también hay un grupo pequeño de personas (los representantes elegidos a los gobiernos y parlamentos) que hacen el trabajo de preparación y toman decisiones de la misma manera que se hace en las democracias representativas. Pero la diferencia fundamental es que cada uno de estos actos entra en vigor sólo si pasan el test de la blancura, esto es: (i) se hizo un referendo y se aprobó, o bien (ii) no se hizo un referendo refutando lo decido por las autoridades - y esto porque la ciudadanía considera que el acto es de tan buena calidad como para ser implementado sin objeciones.

    Esto es, la clase política propone, y la ciudadanía dispone. En caso que se haga un referendo con resultado positivo, el acto tiene una aprobación explícita por parte de la gente. Y en caso que no se haga, tiene una aprobación implícita. La experiencia enseña que sólo en torno al 2% de todos los actos se necesita hacer un referendo. El otro 98% entra en vigor sin ser objetado. Lo crucial es notar que el 100% del cuerpo de leyes, códigos y reglamentos que rigen la vida en sociedad, todas las normativas que formalizan la relación entre la ciudadanía y el Estado, así como también todas las decisiones importantes tomadas por las autoridades han sido aprobadas por la ciudadanía. Sin excepciones, y todo el tiempo.

    El ejemplo de Suiza es la prueba que las diferencias en términos de un mayor o menor nivel de bienestar (esto es, libertad, seguridad, justicia, equidad, prosperidad, y cohesión social) que resultan entre regirse en base sólo a la democracia representativa o bien simultáneamente con la directa son inmensas.

    Y hay también diferencias mayores entre la efectividad/transparencia en el funcionamiento del Estado, entre el grado de antagonismo gobierno/oposición que domina la dialéctica política, y entre los niveles de antagonismo ideológico y grados de politización que afectan a la sociedad. Estas diferencias en favor de la democracia directa resultan evidentes y visibles a todas las personas que han visitado o vivido en Suiza.

    Para empezar, la nación helvética es el país con el mayor nivel de riqueza que existe por adulto. Por lejos - tal como se ilustra en el gráfico a continuación:

    Como se aprecia, este importante indicador de bienestar muestra que Suiza está muy por encima de todos los otros países desarrollados, es más del doble de las naciones de la Unión Europea (UE), es casi 10x superior a países como China o Chile, y es más de 30x a naciones como Brasil.

    Y no es sólo el país más rico, sino que es también el lugar donde se pagan los sueldos netos mensuales más altos del mundo. Y con una diferencia todavía mayor que el de la riqueza. El gráfico

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