El Rey Lear
()
King Lear
Shakespearean Tragedy
Drama
Tragedy
Shakespearean Literature
Betrayal
Family Conflict
Madness
Redemption
Power Struggle
Sacrifice
Tragic Hero
Madman
Rightful Heir
Justice & Retribution
Translation
Información de este libro electrónico
William Shakespeare
William Shakespeare ha sido considerado unánimemente como el escritor más importante de la literatura universal. Se mantiene que nació el 23 de abril de 1564 y consta que fue bautizado, tres días más tarde, en Stratford-upon-Avon, Warwickshire. Cuatro años después de su llegada a Londres hacia 1588, ya había obtenido un notable éxito como dramaturgo y actor teatral, lo que pronto le valió el mecenazgo de Henry Wriothesley, tercer conde de Southampton. De haberse dedicado únicamente a la poesía, Shakespeare habría pasado de todas formas a la historia por poemas como Venus y Adonis, La violación de Lucrecia o sus Sonetos. Sin embargo, fue en el campo del teatro donde Shakespeare realizó grandes y trascendentales logros. No en vano es el responsable principal del florecimiento del teatro isabelino, uno de los mascarones de proa de la incipiente hegemonía mundial de Inglaterra. A lo largo de su carrera escribió, modificó y colaboró en decenas de obras teatrales, de las cuales podemos atribuirle plenamente treinta y ocho, que perviven en nuestros días gracias a su genio y talento. William Shakespeare murió el 23 de abril de 1616 en su ciudad natal, habiendo conocido el favor del público y el éxito económico.
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El Rey Lear - William Shakespeare
822.33
S527r Shakespeare, William, 1564-1616.
El Rey Lear / William Shakespeare;
traducción, introducción y notas de
Paula Baldwin Lind y Braulio Fernández Biggs.
1a. ed. – Santiago de Chile: Universitaria, 2017.
191 p.: il.; 13,5 x 21,5 cm. – (El mundo de las letras)
Bibliografía: p.56-59.
ISBN Impreso: 978-956-11-2536-0
ISBN Digital: 978-956-11-2681-7
1. Dramas ingleses.
I. t. II. Baldwin Lind, Paula, tr. III. Fernández Biggs, Braulio, ed.
© 2017, PAULA BALDWIN LIND Y BRAULIO FERNÁNDEZ BIGGS
TRADUCCIÓN, INTRODUCCIÓN Y NOTAS.
Inscripción Nº 275.686. Santiago de Chile.
Derechos de edición reservados para todos los países por
© Editorial Universitaria, S.A.
Avda. Bernardo O’Higgins 1050, Santiago de Chile.
Ninguna parte de este libro, incluido el diseño de la portada, puede ser reproducida,
transmitida o almacenada, sea por procedimientos mecánicos, ópticos, químicos o
electrónicos, incluidas las fotocopias, sin permiso escrito del editor.
DIAGRAMACIÓN
Yenny Isla Rodríguez
DISEÑO PORTADA
Norma Díaz San Martín
CUBIERTA
Un viejo que fue rey,
Paula Baldwin Lind. Dibujo al pastel sobre papel (45 x 40 cm).
Inspirado en Retrato de un viejo, dibujo a lápiz sobre papel (1884),
de Adolph von Menzel (1815-1905).
Fotografía de ©Rolando Oyarzún Ojeda.
Diagramación digital: ebooks Patagonia
www.ebookspatagonia.com
info@ebookspatagonia.com
ÍNDICE
Agradecimientos
Dedicatoria
Introducción
1. Composición y fuentes
2. La tragedia en Shakespeare
3. El lustro terrible
: 1599-1600 / 1605-1606
4. El universo de Lear
5. El rey Lear
a) El problema de Lear
b) ¿Dolor, senectud o locura?
c) Las hijas
d) El Fool
e) Los yernos
f) Los compañeros
g) Desafíos teatrales
h) ¿La mayor tragedia de Shakespeare?
6. La presente traducción
7. Texto utilizado
Notas a la traducción
Bibliografía
EL REY LEAR
AGRADECIMIENTOS
A nuestros alumnos del Instituto de Literatura de la Universidad de los Andes Chile, por su alegría, entusiasmo y apoyo; este trabajo está dedicado a ellos. A las actrices Ester Rojas y Francisca Castillo, por su inapreciable lectura dramatizada de nuestra traducción. A los profesores Miguel Donoso Rodríguez y Joaquín Zuleta, por sus muchas e importantes observaciones textuales, críticas y filológicas. A Editorial Universitaria, por su trabajo cuidadoso y dedicado, expresión de su compromiso con los académicos chilenos. Y al Instituto de Literatura de la Universidad de los Andes Chile, sin cuyo concurso y apoyo esta traducción habría visto con dificultades la luz.
DEDICATORIA
Paula Baldwin Lind dedica este libro a su padre, Raúl E. Baldwin Ebner (1922-2016), quien como el rey Lear vivió por largos años, pero tuvo la alegría de morir rodeado del cariño de sus hijos e hijas. A la menor le contó historias que nunca olvidará…
Las palabras de Lear resuenan como el eco de su voz:
Cuando me pidas que te bendiga, me arrodillaré
Y pediré de ti el perdón. Así viviremos
Y rezaremos y cantaremos y contaremos viejos cuentos y nos reiremos
De las doradas mariposas y oiremos a los pobres granujas
Hablar de las nuevas de la corte; y hablaremos con ellos también…
(5.3.10-14)
INTRODUCCIÓN
1. Composición y fuentes
El rey Lear es, sin duda, una de las grandes tragedias de William Shakespeare. A lo largo de la historia, no ha dejado indiferentes a críticos, a estudiosos ni menos a la audiencia isabelina o al público y a los lectores actuales. Y es que la trágica historia del anciano rey, la ingratitud filial, la locura, el despojo total, el engaño, el desilusionado amor paterno, se muestran con tal intensidad – reflejada incluso en el clima– que sobrecogen y conmueven profundamente…
Desde su publicación, la crítica especializada se ha aproximado a la obra desde diversas perspectivas en un esfuerzo por comprender mejor las motivaciones de los personajes y los conflictos dramáticos, pero sobre todo para intentar explicar, justificar o contradecir la existencia de tanto sufrimiento al interior de una misma obra. En el siglo XVII Nahum Tate se declaró admirador de la tragedia, pero al reescribirla –The History of King Lear (1681)– hizo modificaciones para ajustarla al decoro
propio del periodo de la Restauración, básicamente cambiando el final por uno feliz y eliminando completamente el personaje del Fool por considerar su lenguaje demasiado vulgar para el público de la época.
Unos años después, en 1765, Samuel Johnson consideró que la muerte de Cordelia era contraria a las leyes naturales de la justicia y, por tanto, insufrible (162), hasta que en la década de 1808-1818 los románticos –Schlegel, Goethe, Coleridge, Hazlitt y Víctor Hugo, entre otros– vieron en el sufrimiento de Lear una dimensión de lo sublime a pesar de criticar algunos aspectos de la estructura dramática de la tragedia. Entrado el siglo XX, A.C. Bradley (1904) reconoció su grandeza, aunque no la calificó como la mejor obra de Shakespeare, e interpretó su trama como una historia de redención, idea que G. Wilson Knight (1949) retomó en su lectura cristiana del drama. Algunos años después, Jan Kott (1964) dio un giro a las interpretaciones anteriores enmarcando la obra dentro del existencialismo y del nihilismo de finales de siglo pues, según el crítico, en ella se desintegraría el orden de valores establecido durante la Edad Media y el Renacimiento. En una línea similar, Jonathan Dollimore (1984) la definió como una obra acerca del poder, la propiedad y la herencia
(197)¹, en su visión radical y materialista de la tragedia.
La historia del texto de Lear –su composición y posterior publicación– no ha sido menos debatida que el contenido mismo de la obra y su naturaleza trágica. Como la mayoría de las piezas de Shakespeare, El rey Lear se representó antes de publicarse no en un teatro público, sino en [el] palacio en Whitehall. El año debe haber sido 1606
(Wells 2008: 4), pues fue ingresada en el Stationers’ Register (registro de editores
, entendido como quienes publican las obras) el 26 de noviembre de 1607 bajo el título Un libro llamado: Mr. William Shakespeare, su historia del Rey Lear como fue representada delante de Su Majestad el Rey en Whitehall en la noche de San Esteban en la pasada Navidad por sus siervos que representan habitualmente en el Globo en Bankside (una de las riberas del Támesis
, Wells 1983: 4)². El 26 de diciembre, fecha de su representación por la compañía de los King’s Men (Los hombres del rey
) ante Jacobo I, no corresponde necesariamente al primer montaje de la obra, sino más bien a la práctica habitual de promocionar las piezas teatrales incluyendo este tipo de información en las portadas, con el fin de demostrar que si estas habían sido vistas por un monarca o por un noble, habían pasado, por así decir, el control de calidad. Probablemente, en 1610, otra compañía la montó en varias ocasiones utilizando el mismo guion escrito por Shakespeare, aunque con algunas variantes: Adición de alrededor de cien líneas, omisiones (incluyendo toda una escena) de hasta unas trescientas líneas, cambios de palabras y fraseo dentro de los parlamentos, cambios de parlamentos de un personaje a otro y modificaciones en la acción
(Wells 2008: 5).
La obra se publicó en 1608 y fue impresa para Nathaniel Butter. En su portada indicaba que la tragedia debía ser vendida en el local del mismo Butter afuera de St. Paul’s Church (iglesia de San Pablo
) en el signo de Pied Bull, cerca de la puerta de St. Austin (Wells 1983: 4). De ahí que este primer cuarto (Q) pasara a llamarse el de Pied Bull
para distinguirlo del que, aunque con la misma fecha en su portada, imprimiera William Jaggard con otro grupo de obras en 1619. Sin embargo, ambos cuartos se refieren a la obra como True Chronicle Historie of the life and death of King Lear (La verdadera crónica histórica de la vida y muerte del rey Lear, Wells 1983: 6). Cuando en 1623 se publicaron todas las obras atribuidas a Shakespeare a esa fecha en el primer Folio (F), la obra aparece dentro de la lista de tragedias bajo el título de The Tragedie of King Lear. Este texto presenta una puntuación y ortografía mucho más consistente y es más preciso para distinguir prosa de verso, además de dividir la obra en actos y escenas, práctica dramatúrgica que habitualmente no se reflejaba en la impresión de los primeros cuartos de Shakespeare. Como indica Stanley Wells, "desde 1623, por lo tanto, dos textos básicos quedaron disponibles para los editores de El Rey Lear" (1983: 6): el del cuarto de 1608 y el del folio de 1623.
Si bien es evidente que ambos textos son diferentes, no contamos con pruebas suficientes para afirmar que derivarían de un único arquetipo original. El estatus de cada una de estas publicaciones se basa en hipótesis que postulan una variedad de posibilidades respecto a ellas:
a) que no existió una sola obra ideal
de El rey Lear (todo lo que Shakespeare escribió
); que es posible que nunca hubiera una y que lo que creamos al fusionar ambos textos es meramente un invento de editores y estudiosos; b) que a pesar de todos sus problemas, Q es una versión confiable de El rey Lear; y c) que F puede ser, de hecho, una versión revisada de la obra, que sus adiciones y omisiones pueden constituir una modificación bien pensada del texto anterior por parte de Shakespeare y que no podemos saber con certeza que no lo son (Warren 96-97³ en Wells 1983: 14).
En un comienzo y hasta casi un siglo después de la impresión de F, ningún editor se propuso fusionar ambos textos, hasta que en el siglo XVIII esta práctica editorial se hizo mucho más frecuente. Actualmente, algunos expertos piensan que cada texto debería tratarse por separado. Sin embargo, mientras no haya evidencia segura, el debate sobre el auténtico texto de El rey Lear seguirá abierto.
Tal como afirma Wells, aunque "Shakespeare seguramente se inspiró en muchas obras literarias, dramáticas e históricas existentes al componer El rey Lear –además de, sin duda, aunque de modo menos definible, en su propia experiencia– parece probable que estas alimentaran su imaginación durante muchos años […]. Hay motivos para sospechar que Shakespeare había estado pensando en dar forma dramática a la historia del rey Lear durante muchos años antes de que comenzara a escribirla (2008: 15). El relato es complejo en sí mismo, pues mezcla datos históricos con otros derivados de mitos y leyendas: Lear es una figura pseudo-histórica,
fundador legendario de la ciudad de Leicester (cuyo nombre se suponía, erróneamente, que derivaba de ‘Lear’, Bullough 272)⁴. La narración ya aparece citada en Inglaterra durante el siglo XII en documentos tan tempranos como la Historia Regum Britanniae (c. 1135), del monje Geoffrey de Monmouth, quien se propone narrar las vidas de los reyes británicos desde la época de Bruto, biznieto de Eneas y fundador legendario de la raza británica (Wells 2008: 17), alrededor del año 800 a.C. y antes de la fundación de Roma (Foakes 12). Shakespeare probablemente conocía varias versiones de la historia del rey y sus tres hijas, y había leído a Monmouth
en el latín original, pues no existía una traducción isabelina de la obra" (Halio 2). Sin embargo, este autor se centra en el aspecto político de la historia, es decir, en las consecuencias de la división del reino; mientras que Shakespeare desarrolla más bien los conflictos familiares que resultan de esta decisión. A su vez, Monmouth había recopilado información de Chronicles of England, Scotlande, and Irelande, (Crónicas de Inglaterra, Escocia e Irlanda, 1577) de Raphael Holinshed –quizá específicamente de The Chronicle Historie of King Leir incluida en ella– y es muy posible que Shakespeare, que conocía bien esta fuente y la había utilizado en varios de sus dramas históricos, la haya consultado también directamente. Los acontecimientos de la vida del rey y sus herederas, así como el suicidio de Cordelia (que Shakespeare cambia por su muerte en la horca) no solo aparecen en las Crónicas, sino también en The Mirror for Magistrates (Espejo de magistrados, 1559)⁵ y en The Faerie Queene (La reina de las hadas, II.X.27-33) de Edmund Spenser. Es en esta última obra donde por primera vez aparece el nombre Cordelia
con la grafía que Shakespeare adoptó, además del hecho que la joven muriera ahorcada (Wells 2008: 20).
Respecto al lenguaje de El rey Lear, los editores coinciden en admitir los préstamos que Shakespeare tomó de al menos dos obras que circulaban en Inglaterra a comienzos del siglo XVII, aunque es probable que el dramaturgo no leyera los manuscritos originales sino sus traducciones. Se trata, en primer lugar, de Declaration of Egregious Popish Impostures (Declaración de egregias imposturas papistas, 1603) de Samuel Harsnett (1561-1631)⁶, libro que recoge testimonios de personas que supuestamente habían sido poseídas por el demonio o habían participado en exorcismos. Según Wells, los nombres de los demonios invocados por Edgar disfrazado de Pobre Tom están tomados de esta obra, así como las imágenes de las escenas de tormenta y las descripciones de los padecimientos mentales y físicos de los posesos (2008: 28). En segundo lugar, la presencia de palabras específicas que Shakespeare no había utilizado antes (2008:10), como por ejemplo auricular (de los oídos
, 1.2.92), derogate (degenerado
, 1.4.272), handy-dandy (adivina
, 4.6.149)⁷, y que apuntan a la traducción de John Florio de los Ensayos (1603) de Michel de Montaigne (1533-1592). Además, es posible que el dramaturgo haya utilizado específicamente el ensayo del mismo autor, Of the Affections of Fathers to their Children
(De los afectos de los padres a sus hijos
), como materia para la construcción de la trama.
Según el detallado estudio de las fuentes de Shakespeare de Geoffrey Bullough, con respecto a la trama paralela de Gloucester y de sus hijos Edgar y Edmund, el dramaturgo debe gran parte al romance de Edmund Spenser (1552/53-1599) The Countess of Pembroke’s Arcadia (Arcadia de la condesa de Pembroke, publicación póstuma de 1590). En ella, Sidney narra la historia de la deposición del rey de Paflagonia⁸ por su hijo ilegítimo quien, además de hacerle creer que el legítimo intentará asesinarlo, lo deja ciego y debe guiarlo a través de una tormenta de invierno (Bullough 285).
La lista de posibles fuentes de Lear sería interminable de resumir. Podríamos encontrar similitudes incluso con el cuento folclórico de La cenicienta
, cuya tradición oral data de tiempos muy remotos. Shakespeare también se podría haber inspirado, además de en Harsnett, en un caso de la vida real para desarrollar la locura del rey: sir Brian Annesley (¿?-1604), antiguo seguidor de Isabel I que tenía tres hijas. La mayor, lady Grace, declaró que su padre se había vuelto loco para así modificar el testamento. A pesar de la defensa de los derechos paternos por parte de Cordell, la hija menor, cuando Annesley murió en 1604 prevaleció el testamento manipulado por lady Grace (Halio 4).
Ahora bien, no cabe duda de que la principal fuente de Shakespeare fue otra obra dramática: la anónima The True Chronicle History of King Leir and his Three Daughters, Gonerill, Ragan, and Cordella, representada en 1594 sin demasiado éxito (se habría escrito varios años antes) y publicada en 1605. Hasta donde sabemos, es la primera versión dramática de la historia (Wells 2008: 20). En 1594, el empresario teatral Philip Henslowe anotó en su diario que King Leir fue representada en el Rose Theatre (Teatro de la Rosa
) en Londres como una coproducción de las compañías de los Queen’s Men (Los hombres de la reina
) y los Lord Sussex’s Men (Los hombres del conde de Sussex
), durante la temporada de primavera. Ese mismo año, un librero de nombre Edward White obtuvo una licencia para publicarla, pero como no se conserva ninguna copia, no hay certeza de que haya llegado a imprimirse. En mayo de 1605 Simon Stafford obtuvo otra licencia y, con John Wright, reemprendieron la tarea gracias a la cual conservamos la edición impresa.
A pesar del evidente parecido entre ambas, la pluma libre y creativa de Shakespeare también es evidente y transformadora. Conserva la estructura general de la trama, pero introduce una trama secundaria, la locura del rey, la escena de la tormenta y personajes que no se encuentran en King Leir, como por ejemplo Oswald y el bufón. Sin embargo, "la modificación más significativa que Shakespeare hizo de la historia de Lear es el final. A diferencia de todas las versiones anteriores, El rey Lear no termina con la reinstauración del anciano rey en su trono, sino con Cordelia y Lear muertos" (Halio 3). Estos cambios muestran de algún modo la maestría recreadora de Shakespeare, pues logra combinar armónicamente, entre otros, elementos del folclore, de la crónica histórica y de la obra de teatro a los que da un giro poético-dramático que dota a la nueva obra de una profundidad y matices que no encontramos en ninguna de sus fuentes individuales.
2. La tragedia en Shakespeare
Los términos comedia
y tragedia
, de origen griego, se aplicaron en inglés por primera vez para describir poemas narrativos con finales felices o tristes, respectivamente. En un comienzo, las tragedias se referían a historias sobre la caída de príncipes y el concepto latino tragoedia utilizado para describir una forma dramática era entendido solo por aquellos que sabían latín y habían leído el Arte poética de Horacio y sus comentarios a Terencio. Las primeras citas del término en el Oxford English Dictionary (OED) provienen de textos de Geoffrey Chaucer (1342-1400), quien lo utiliza en su Troilo y Crésida (1388) y en el prólogo del Cuento del monje
(c.1386-1395). No se menciona en inglés hasta el siglo XV y aún en esos años se refiere simplemente a una forma dramática clásica. Es alrededor de 1530 cuando la voz tragedia
se comenzó a utilizar más ampliamente para describir un género dramático específico (Dillon 7-8), dando cuenta, como indica Janette Dillon, de que la "categorización de acuerdo al género se estaba transformando en un tema
