Historia de un Adolescente
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Ana Karen Villa Carrillo
Ana Karen Villa Carrillo, nacida en diciembre de 1997. Tutora Construye-T, en la preparatoria CBTis #21. La manera de expresar sus ideas es a través de conmovedoras y apasionantes historias. Convertirse en escritora es una de sus numerosas metas. Actualmente realiza sus estudios en UABC dentro de la Facultad de Pedagogía e Innovación Educativa. Persigue el sueño de convertirse algún día en maestra de español a nivel bachillerato. Reside en Baja California, México.
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Historia de un Adolescente - Ana Karen Villa Carrillo
Historia de un adolescente
Ana Karen Villa Carrillo
Esta obra ha sido publicada por su autor a través del servicio de autopublicación de EDITORIAL PLANETA, S.A.U. para su distribución y puesta a disposición del público bajo la marca editorial Universo de Letras por lo que el autor asume toda la responsabilidad por los contenidos incluidos en la misma.
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© Ana Karen Villa Carrillo, 2019
Diseño de la cubierta: Equipo de diseño de Universo de Letras
Imagen de cubierta: ©Shutterstock.com
www.universodeletras.com
Primera edición: 2019
ISBN: 9788417740146
ISBN eBook: 9788417741259
A la maestra Katzumi, esta historia cobró vida gracias a una tarea para su clase.
Capítulo 1
Cierro los ojos a medida que subo la música de mis audífonos. Mi madre me ha repetido hasta el cansancio que esta costumbre me dejará sin oídos algún día, aunque eso no podría importarme menos.
Respiro hondo y me dedico a dibujar en mi cuaderno mientras la hermosa voz de Gerard Way inunda mi cabeza y hace a mis garabatos más «grotescos». He pensado varias veces en unirme al club de arte de la escuela, pero no siento que mis dibujos sean lo suficientemente buenos como para impresionar al «cordi». Mis manos están manchadas de carbón y me acabo de dar cuenta de que borré demasiado fuerte; la hoja se arrugó. Demonios.
Mi teléfono vibra varias veces. Alguien me mandó un mensaje, eso era raro; no tenía una gran cantidad de amigos y Amy no es de muchas palabras que digamos. Sin mucho interés alcancé el aparato y me sorprendí al darme cuenta de que era un mensaje de Oliver.
«Sin mucho que hacer. ¿Quieres salir?», leí brevemente su mensaje en la blanquizca pantalla de mi celular.
Mentalmente maldecí, tendría que negar su oferta. Espera… ¿Estaba hablando en serio? No solía hablar mucho con Oliver, no lo clasificaría como un chico inalcanzable, pero él era parte de los «normales». No era de los creídos de la esquina del salón, pero no era parte de «los raros», en mi muy personal opinión ese nombre solo lo llevaba cualquiera que no estaba en los creídos, los nerds, deportistas o normales. Al mismo tiempo siento que no soy nada de eso. No creo ser algo raro.
«Hola? ¿Ya te dormiste?», el celular vibró en mi mano con insistencia. No me había dado cuenta de que aún no había contestado el mensaje de Oliver. Tragué saliva y pensé un poco. ¿Qué se supone que debía contestarle? Se vería completamente desesperado que respondiera que sí porque sí.
«Dibujando. ¿Me escapo o qué hago?». ¿Acaso no pude escribir algo más tonto? Ugh… va a odiarme.
«Deberías escaparte conmigo».
Esto tenía que ser una broma, lo estaban obligando, era imposible que me estuviera diciendo estas cosas. O quizá era yo y mis imaginaciones locas. Estoy exagerando la situación. Que Oliver me hablara de esa manera me hizo sentir feliz, pero una inseguridad terrible invadió mi cuerpo.
Otro mensaje apareció en la pantalla y yo solo suspiré: «Estaré en el parque por si cambias de opinión».
«Tienes que ser fuerte, Alex», pensé para mis adentros mientras otra canción cantada por mi amor platónico, Gerard Way, comenzaba en mis audífonos.
¿Fuerte con qué exactamente? De lo que a mí concierne, Oliver está en el parque congelándose a las diez de la noche solo porque yo estoy aquí en mi cuarto haciéndome el difícil. No voy a negarlo, quería ir a verlo, en serio que sí, pero…
Refunfuñé ante mi hilo de pensamientos; simplemente tomé una chamarra y salí por la ventana de mi habitación. En cuanto mis pies tocaron el césped una sensación de culpa invadió mi estómago, si mis padres me descubren me van a matar. ¿Valía la pena todo esto por Oliver? Bueno, al menos después de algo así al fin tendría algo interesante que contar a Amy y quizá hasta postear en mi blog, con los nombres distintos, claro.
Volví a colocar los audífonos sobre mis oídos y comencé a caminar sin muchas esperanzas de algo mágico. Tenía que calmar mis pensamientos y sobre todo mi corazón, no creo que signifique algo especial que Oliver quiera verme a estas horas y menos que algo vaya a pasar entre nosotros. Comencé a reír ante tal posibilidad. ¿Por qué razón Oliver se fijaría en alguien como yo?
Suspiré pesadamente al sentirme triste de un momento a otro cuando ese pensamiento cruzó mi cabeza. Tenía que aceptarlo: Oliver no se fijaría en una persona como yo, me duele admitirlo, pero en serio que no tenía nada de especial. No hago deporte, no estoy a la moda, no soy un estudiante ejemplar y ni hablar de ser alguien popular. Ni sé siquiera si encajé en el círculo de «personas atractivas».
Llegué al parque, no había ni una sola alma a la vista. Me quité los audífonos para poder ver mejor, —eh, sí, soy todo un genio en potencia—. Mi teléfono vibró en el bolsillo sobresaltándome. Lo sostuve entre mis manos y leí el mensaje.
«Te estoy observando». Una sonrisa apareció en mis labios a medida que escribía una respuesta para Oliver.
«Eso es lo más acosador que me han dicho».
«¿A poco no recuerdas cuando estuve afuera de la ventana viéndote dormir toda la noche?».
Un escalofrío recorrió mi espalda de solo pensarlo; sabía que Oliver estaba jugando, pero de todos modos era aterrador.
«Cambié de opinión, regresaré a mi casa».
En cuanto me di la vuelta escuché una risa detrás de mí, ahí estaba él, tan perfecto como es humanamente posible. Oliver, ese chico alto, de sonrisa perfecta, cabello castaño y unos ojos tan verdes que hacen que pierda la razón la mayor parte del tiempo. Sus gafas circulares hacen que se vea más adorable, le quedan
