Y llegaste tú 11. Jaime
Por Merche Diolch
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Aunque aparentemente parece una decisión fácil no lo es tanto, ya que hacer ese sueño realidad implica dejar a sus amigos y, sobre todo, a Danielle y Bruno.
Desde el nacimiento de Bruno, Jaime se ha convertido en el máximo apoyo de Danielle, algo que ella asume como una gran amistad, pero que sin duda para este es algo más.
¿Decidirá Jaime marcharse para cumplir su sueño o se quedará para intentar hacer uno nuevo realidad?
Merche Diolch
Merche Diolch nació en Madrid el día de Reyes de 1979. Lectora empedernida desde la infancia, cursó la carrera de Historia y se especializó en estudios de la Edad Media, aunque no tardó en descubrir que su verdadera vocación era la escritura. Piensa que todos los sueños se pueden alcanzar, pero siempre con constancia, paciencia y trabajando poco a poco para conseguirlos, por eso tanteó el mundo literario por medio de pequeños relatos con los que colaboró en diferentes antologías literarias, hasta que dio el salto publicando ¿Por qué no? y Fuego rojo. Dos novelas que fueron recibidas con expectación por parte de los lectores, logrando cosechar grandes éxitos. Con Para regalo consiguió alcanzar el número uno en las distintas plataformas digitales de ventas y todavía siguen sorprendiendo sus excelentes resultados. Sus series Rapax, Dulce y salado e Y llegaste tú no dejan de atraer nuevos lectores, recogiendo buenas e increíbles críticas que animan a la escritora a continuar en esta profesión, porque, según su propia opinión, «sin los lectores, los escritores no existiríamos». Ha sido dos veces finalista del Premio AURA, cuyo galardón alcanzó en el año 2015. En 2009 fundó la página Yo leo RA, una de las páginas web pioneras en especializarse en el género romántico y de la que derivan incontables actividades y acciones para la promoción del género, como los «Encuentros Literarios RA», que se celebran cada año y a los que asisten más de seiscientas personas. Actualmente ha organizado el CiempoLiT. Festival de Literatura Infantil y Juvenil, con una increíble respuesta por parte de los asistentes. A día de hoy trabaja en varios proyectos que verán la luz a lo largo del año. Enlaces de interés: Blog: http://merchediolch.com/ Facebook: Merche Diolch Twitter:@MercheDiolch Instagram: @merchediolch
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Y llegaste tú 11. Jaime - Merche Diolch
Capítulo 1
Casi siete meses después…
El timbre de la puerta de la entrada resonó en el pequeño estudio. La inquilina temió que el bebé que dormía encima de la cama se despertara; pero el único movimiento por su parte fue un cambio de postura, para mirar hacia la pared, al mismo tiempo que hacía un dulce ruidito que a su madre le sonó a gloria.
Danielle se miró brevemente en el espejo ovalado que había cerca de la puerta, intentó arreglarse el cabello, que llevaba recogido en un moño desordenado, y se quitó una mancha blanca que tenía en la barbilla y que adivinó, al chuparla, que se trataba de leche en polvo. Suspiró resignada, tirando hacia abajo de la enorme camisa gris con la que escondía su cuerpo, y miró el ancho pantalón de pijama que la acompañaba más días de los que recordaba desde hacía algo más de seis meses.
Unos leves golpes sobre la madera de la puerta le recordaron que alguien esperaba al otro lado y, con temor de que se despertara su hijo si volvían a presionar el timbre, la abrió, encontrándose a su amiga Raquel.
—Hola, pequeña —la saludó y le dio dos besos—. ¿Cómo estás? ¿Y Bruno? Te traigo algo de comida. —Le mostró la bolsa que llevaba y se adentró en el estudio, dejando los tápers encima de la pequeña barra americana que separaba la cocina del resto de la casa.
—Bien, durmiendo. Ha caído hace muy poco… —comentó mirando con amor a su hijo.
Raquel observó al pequeño con una sonrisa cariñosa y comenzó a sacar los recipientes de la bolsa para irlos metiendo en la nevera.
—Me ha dicho mi padre que ya puedes comer o vendrá él mismo a cerciorarse de que lo haces.
Danielle se acercó a ella y le quitó de las manos un táper que, por lo que pudo comprobar, contenía lasaña casera.
—Dile que no se preocupe, que Jaime se pasa todos los días y, si no he comido, no sale de aquí hasta que se asegura de que me he alimentado.
Su amiga se rio, acallando con rapidez su diversión al observar que el niño se movía un poco en la cama. Su madre corrió hacia él y le acarició la barriga, mientras le tarareaba una canción en francés, intentando que no se despertara.
Cuando comprobó que la respiración de Bruno volvía a ser profunda, recolocó los almohadones que evitaban que se cayera de la cama y se sentó en el suelo rendida, con la espalda apoyada en el colchón.
—¿Se ha dormido? —se interesó Raquel, sentándose en el sofá de dos plazas que había cerca de ella.
La chica rubia asintió y apoyó la frente en sus rodillas, suspirando con fuerza. Estaba cansada.
—Ha pasado mala noche y la mañana ha sido algo inquieta también…
—Danielle, tienes que descansar. —La miró de arriba abajo—. Desconectar un poco.
La francesa sonrió con resignación.
—Lo intento, pero con un bebé de algo más de seis meses, es algo difícil.
—Si tú me dejaras…, si nos dejaras —se corrigió de inmediato—, podríamos ayudarte más de lo que lo hacemos.
Ella se levantó y negó con la cabeza.
—Ya hacéis más de lo que debéis. —Se acercó hasta la pequeña cocina y tomó el biberón que descansaba sobre el fregadero, para prepararlo. Dentro de nada el pequeño se despertaría demandando su dosis y prefería tenerlo todo listo antes de que ocurriera—. Bruno es mi responsabilidad. Soy yo la que debe cuidarlo. Soy su madre.
—Sí, eres su madre. —Estuvo de acuerdo. Se acercó a ella, apoyó la cadera en la encimera y se cruzó de brazos—. Pero ese niño te necesita al cien por cien, por lo que vete mentalizando de que su tía postiza —dijo señalándose sí misma— y sus otros tíos podemos reclamar la compañía de nuestro sobrino cuando queramos y… —levantó el dedo índice cuando Danielle fue a hablar, acallándola— no podrás quejarte.
La chica rubia suspiró con fuerza y le dio un beso en la mejilla.
—Está bien, pero tienes que darme unos días para que me acostumbre… —Miró a su hijo—. Aunque no me deja descansar, soy muy reticente a separarme de su lado.
Raquel asintió conforme.
—De acuerdo, pero no tardes. —Le revolvió el cabello dejándolo todavía más despeinado—. Necesitas unas horas para cuidarte, ir al cine, de compras o dormir…
—Dormir… —repitió ella cerrando los ojos por un segundo—. Hasta ahora no me creía que lo de dormir estuviera tan sobrevalorado.
Su amiga se rio, pero en esta ocasión en tono bajo.
—Anda, ¿por qué no te das una ducha mientras lo vigilo?
Danielle pasó la mirada de su amiga a su hijo, que seguía durmiendo plácidamente.
—¿Estás segura? —Raquel asintió—. ¿Y si se despierta? Tendrás que darle el biberón de leche, pero quizás no pare de llorar y…
Raquel negó con la cabeza mientras la empujaba hacia el pasillo.
—Tú, tranquila. Date un baño… —Miró el interior del servicio, donde había una minúscula cabina—. O, mejor, una ducha —corrigió con rapidez—, y no salgas de ahí hasta que tu blanca piel haya cambiado de color.
—Raquel…
—Sin discusión —sentenció empujándola dentro de la habitación para cerrar la puerta tras ella.
* * *
Al principio, Danielle estaba bastante reticente a hacerle caso a Raquel. Quería ponerse bajo el chorro del agua y lavarse el cuerpo con rapidez. El cabello podría esperar unos días más. Tampoco es que fuera a salir de casa salvo para ir a comprar alguna cosa que necesitara, por lo que se metió con esa idea dentro de la ducha;
