Desde las trincheras: Colombia dividida en la Guerra de los 1000 días
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Amor, pasión y guerra.
Este libro nació de la necesidad de compartir con el pueblo latinoamericano, especialmente con el colombiano, lo que sucedido día a día y noche a noche por uno de sus soldados de artillería que peleó en la Guerra de los 1000 días, y peleó no por su supervivencia, sino únicamente por el partido que él creía que era el de la Iglesia Católica, y por eso daría hasta la última gota de sangre que llevaba dentro de su desnutrido cuerpo.
Quería poder liberar la patria de ese voraz adversario cuya única religión era la de descuartizar a sus enemigos a machete limpio, y por este medio lograr sembrar el pánico, terror y destrucción, así de esta bárbara manera poder doblegar al adversario.
Este diario lo escribió mi padre sobre lo acontecido en el campo de batalla, en sus periodos de descanso, o en las noches sin sueño, para poder así dejarnos un legado de lo sucedido en esa cruel e inhumana guerra.
Hasta la fecha no se ha encontrado a nadie que haya escrito lo sucedido en tan deplorables situaciones. Este manuscrito lo guardaron los miembros de mi familia durante todos estos años, hasta que llego a mi poder en el en año 2014 cuando estuve de vacaciones en mi querida patria, yo soy el último de los hijos de mi padre, y vi la necesidad de publicarlo, pues sería una gran pérdida no llevar a cabo la divulgación de esta penosa historia, de uno de sus más grandes e ignorados patriotas de esa sufrida época de nuestra linda patria.
José Guillermo Sánchez Rivera
José Guillermo Sanchez Rivera nació en Bogotá, Colombia, en 1942. Carismático e ingenioso por naturaleza, denota sus dotes de poeta y escritor desde la temprana edad de doce años. En Colombia comienza su carrera en la banca internacional, la cual continúa en Estados Unidos, luego de relevar sus estudios y graduarse como Licenciado en ciencias de comercio internacional en la Universidad Florida Atlantic en Boca Ratón, Florida. El desenvolverse la mayor parte de su vida en el mundo bancario, no le impide darle alas a su inspiración, expresando sus sentimientos, observaciones e inquietudes en forma de poemas. Su gran afición por el deporte lo lleva a intervenir en las maratones de Miami, New York and Boston. Sanchez-Rivera reside actualmente en Phoenix, Arizona, donde además de alternar la escritura con el manejo de su agencia de bienes raíces. Con su sensibilidad acostumbrada, este polifacético poeta, continua creando nuevos poemas y libros así como los incluidos en este volumen, habrán de conmover nuestro corazón.
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Desde las trincheras - José Guillermo Sánchez Rivera
Título original: Desde las trincheras
Primera edición: Enero 2016
© 2016, José Guillermo Sánchez Rivera
© 2016, megustaescribir
Ctra. Nacional II, Km 599,7. 08780 Pallejà (Barcelona) España
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CONTENIDO
AGRADECIMIENTO
PROLOGO
EN EL NOMBRE DE DIOS.
CAMPAÑA DE MI HERMANO Y YO
MI CAMPAÑA SIN MIS HERMANOS
PRIMERA CAMPAÑA EN CUNDINAMARCA
CAMPAÑA DE ORIENTE
SEGUNDA CAMPAÑA A LA COSTA
LLEGADA DEL EJERCITO DEL GENERAL DANIEL ORTIZ A LA PLAYONA
CONCLUSION
A MI PADRE
SOBRE EL AUTOR
AGRADECIMIENTO
Mis más sinceros agradecimientos para mi sobrina
Luz Helena Corredor Sánchez, por su gran entusiasmo
Y su incansable colaboración ayudándome
A reconstruir el pasado de mi padre.
Al Doctor en Derecho, el señor Omaro Silva García, Que con su gran entusiasmo me infundio la necesidad de llevar este proyecto a cabo.
PROLOGO
No mucho se conoce, sobre la historia de una de las más cruentas guerras fratricidas que ha asolado: desangrado el territorio de nuestra patria. A tal enfrentamiento partidista se le denominó: la Guerra de los Mil Días. Lo que de tal conflicto se conoce, se encuentra escrito en las partes oficiales y de los rebeldes; en los discursos y exposiciones Ideológicas de los políticos que encendieron el fuego de los odios y de las pasiones políticas; en los trabajos de los historiadores – no siempre objetivos - que desde la comodidad de sus estudios y bibliotecas nos presentaron una visión parcializada de los hechos.
Ahora, encontramos en el libro objeto de este prólogo, una versión diferente, imparcial y de primera mano, presentada en forma de diario por un soldado de infantería, que formó parte de los ejércitos gubernamentales que obtuvo durante el desarrollo del conflicto, diferentes grados militares. Se trata, del diarios de Belisario Sánchez, mi padre, escrito en una secuencia cronológica a veces descontinua, por las mismas vicisitudes presentadas en los escalonados enfrentamientos armados y en las marchas dispuestas a última hora, que no dejaban tiempo para escribir en forma sosegada y tranquila, el desarrollo de los acontecimientos.
Nos conduce Belisario Sánchez con su experiencia personal, a través de la cruda realidad de esta sangrienta confrontación. Viajamos con este compatriota desde las mismas trincheras a los diferentes puntos cardinales del país, atravesando mares, ríos, campos, poblados, recorridos la mayor parte del tiempo a pie, otras en tren, barco o vapores fluviales, todo en un itinerario de muerte y destrucción. Vivenciamos con este soldado de la patria, la intensidad de los combates; las agotadoras marchas realizadas bajo un sol candente, bajo la lluvia y las tormentas, en las noches gélidas plenas de neblina, bajo climas malsanos y regiones inhóspitas, con el hambre y las enfermedades como seguras compañeras; viviendo día a día el macabro espectáculo de cadáveres insepultos, cuerpos destrozados por la metralla y el machete, actos heroicos y de cobardía, pero también, asistiendo a hechos de verdadera caridad cristiana, como el realizado por un comandante de un batallón gubernamental, que ordenó sepultar primero, los cadáveres del enemigo antes que a los propios, disponiendo igualmente alimentar y asistir médicamente a los soldados tomados como prisioneros, antes que a sus propias tropas; hecho este que generó una carta de agradecimiento por parte del jefe rebelde, comandante de los soldados caídos y hechos prisioneros. Toda una actuación de incipiente aplicación de derecho humanitario. También encontraremos en la lectura de éste diario, crónicas de amor y de humor, inseparable en toda situación humana; encontrándonos igualmente hasta con temáticas de índole eminentemente escatológicas.
Relata así mismo nuestro soldado de infantería, la decisiva actuación de nuestras abnegadas, sufridas y estoicas mujeres colombianas, quienes paso a paso y hombro a hombro, acompañaron a sus hombres – esposos, amigos, amantes y hermanos - en las largas y extenuantes marchas, en los fragores mismos de los combates y escaramuzas, sirviendo, bien, como vivanderas, llevando las raciones de campaña, cocinando el improvisado, vivificante y nutritivo alimento, cuidando y llevando el bálsamo sanador a los enfermos, curando a los heridos e insuflando ánimo, valor y coraje a las tropas con su diamantina, consoladora y caritativa presencia.
Que éste diario escrito bajo tan adversas circunstancias y que nos dan a conocer la crudeza y la crueldad del conflicto que sacudió a la patria entre los finales del siglo diecinueve y principios del veinte, nos sirvan en el futuro para ser más tolerantes, para apreciar mejor las diferencias ideológicas y para valorar en todo su contexto, la importancia de la convivencia pacífica entre hermanos, hijos de una madre común, nuestra gran patria Colombia.
EN EL NOMBRE DE DIOS.
Tunja Febrero 24 de 1895. Ha mejor del tiempo, y cuando más distraído me encontraba, empezando mis más preciosos años de mi juventud (18 años) cuando ya comenzaba a manosear las herramientas de albañilería, para ganarme la vida honradamente, para sostener a mi madre y mi hermana menor, y al mismo tiempo que tomaba interés para aprender el arte por haber sido el único que me gustó entre los distintos a donde me puso mi madre a aprender que fueron: 1° Herrería, pero no habiéndome acomodado por los pringues, no me estuve sino dos días. 2° Latonería; pero di con el inconveniente de que mi maestro era Italiano y por mucho que él sabía, y por otro tanto que yo me amañaba por haberme gustado el oficio (por lo lucrativo) pero di con el inconveniente de que le gustaba mucho el aguardiente por lo que no se las apeaba todos los días, y como a mí me llevaba al paso enseñándome más a levantar el codo que a ser soldador, resolvió mí madre sacarme de allí y luego me colocó en una zapatería donde me destinaron a hacer mandados y a cargar el mercado, en donde no supe cómo sería dar una puntada en el arte en dos meses, luego me sacó mi madre de zapatero y me colocó en una en una talabartería donde me dio el mismo resultado que en la zapatería, donde no me gustó y me retiré por mi cuenta, luego pasé a pedir trabajo en la torre de la Catedral, la que estaban levantando, donde me dieron trabajo como afilador, donde me amañé y trabajé seis meses, pero luego se me presentó ir a triturar piedra para la Plaza Grande, porque iban a levantar allí la estatua del Libertador y se iba a empezar por arreglar el parque y donde pagaban más, en éste trabajo permanecí otros seis meses, hasta que sin más me bajan un dedo de la mano con un paño de hierro de los de la verja; luego empecé a trabajar en albañilería en algunas obras siendo la última la del doctor Joselyn Parada, una obra de dos pisos de tapia pisada, por lo que al empezar la otra, me tocó empezar por subir tierra en un zurrón al hombro hasta la altura de dos pisos, luego me gané la voluntad de mi maestro (Mariano Aconcha) y me pasó a alcanzar materiales a los maestros que sentaban adobe y luego me pasó a darle vuelta a un torno para tornear madera por lo que ya manoseaba las gurbias, es decir, ya me iba adelante en mi trabajo. Cuando ayer 23 de Enero, me mandó el maestro a llevar unos biscochos a una obra que tenía a su cargo, arriba de la Pilita Salada de propiedad de don Onora Mendoza, esto a la hora de salir los trabajadores a almorzar; cuál sería mi sorpresa cuando al asomar a la Plaza Grande, vi, que corrían los obreros en distintas direcciones escondiéndose donde podían; cuando vi que asomaba detrás, la tropa del Batallón Granaderos que parecían como hambrientos lobos sobre inocentes corderos, a mí también me valieron las paticas para ocultarme en mi casa que de casualidad quedaba a media cuadra de la Plaza Grande, aquí permanecí guardado apenas oyendo los tropeles de las patrullas.
Día 14 Siendo el hermano mío sargento de la policía, (Ramón Rodríguez) habló con el Inspector de policía (General Ruperto Rosas) para ver si podía darme de alta en la policía para salvarme del reclutamiento y que fuera a parar al cuartel, por lo que el General convino en la petición de mi hermano, quien mandó dos agentes a casa quienes me llevaron en medio para la policía, donde me dieron de alta y me mandaron por lo pronto con otros compañeros a cuidar la brigada que se podía necesitar para el ejército en cualquier momento dado, aprovechando en este servicio a aprender a ser centinela con el ejercicio y en la esquina que tanto me fascinaba. Cuando ya estuve adelante en todo esto, me empezaron a nombrar de guardia, por lo que estando de guardia en el panóptico, había salido el General Jorge Moya Márquez¹ con un ejército en su mayoría reclutas para el Norte, para combatir contra el enemigo que se encontraba por esos lados, el que en cambio, fue vergonzosamente derrotado a causa de la indisciplina militar y cuyos soldados en semejante aprieto bregaban a meter la cápsula por la boquilla; esa misma noche que se supo de la derrota del señor Gobernador, nos vimos apresurados a desenladrillar los corredores del panóptico para hacer trincheras en las ventanas del mismo edificio, por lo que nos anunciaban que de un momento a otro se tomarían la ciudad, pero afortunadamente no se atrevieron, sino más bien siguieron a Santander a unirse con otro resto de su ejército quienes esperaron en Ensizo para reanimarse en su reunión con los vencedores del Pantano de Sote, donde castigaron al Sr. Gobernador, pero para su mayor desagracia después de su victoria, no pudieron reunirse con los de Ensizo, apenas alcanzaron a Capitanejo donde dormían tranquilamente, y en donde los sorprendieron los bravos del Guican sin dar un tiro, cogiendo el Jefe de estos al Jefe de los rebeldes en chinchorro todavía soñando en sus futuras victorias, (El General Campo Elías Gutiérrez) quien nunca volvió a coronar otra. Casualmente la sorpresa de estos fue al tiempo de que el General Rafael Reyes también había sorprendido a los de Ensizo a las cinco de la mañana, a quien le costó la vida de muchos de sus valientes, pero con esta contienda de tanta sangre derramada por ambos bandos, quedó sellada la paz de la revuelta de 1895 (Marzo) a cuyos vencedores les hicimos el recibimiento merecido en Tunja. En fin; yo seguí mi destino de policía donde adelantando en mis ejercicios y, manejándome lo mejor que pude, por lo que de grado en grado, en Agosto de 1899, salí de baja desempeñando el grado de Sargento 1ro. Enseguida empecé a trabajar en carpintería, por no habérseme presentado más. A principios de Octubre me encontraba enlistando unos salones del nuevo edificio de la casa de la Torre, cuando se empezaron a oír nuevos rumores de guerra; en estos días llegó a esta ciudad el General Uribe-Uribe, el que fue hospedado en el Hotel Central; aquí empezaron a visitar al futuro Caudillo todos los de la juventud elegante y bizarra que, con un clavel rojo en el ojal, entraban de diez en diez a conferenciar con el jefe. Alguno de mis compañeros de trabajo, me invitó cuando tocó el turno a los artesanos para que entráramos, pero rehusé su proposición manifestándole que yo no tenía ninguna simpatía por aquél Sr. Pero habiéndome incitado resolví entrar por la curiosidad de conocerlo porque como de aquellas cosas; en fin, el 15 de Octubre me madrugué a irme para mi trabajo y cuál sería mi sorpresa al llegar al establecimiento y encontrar cerrado, hasta las nueve que me entero de que se estaban saliendo todos los Liberales para Santander por la misma vía que llevaba el Jefe, que hacía dos días había salido, y mi maestro por ser de filiación Liberal, cogió también marcha llevándose entre el bolsillo lo de una semana de mi trabajo. El 16 del mismo mes, mi hermano me manifestó el peligro que yo corría por la calle por lo que habló con el Mayor Flavio Triana 2do. Jefe de la policía, para ver si se me podía dar de alta. (Actuaba como 1° Jefe el Doctor Nemesio Dulsey) por lo que ya me conocían y recordaban que solo hacía dos meses había salido de baja como Sargento 1°, aun cuando no me dieron de alta sino con el grado de Sargento 2° de la 4a. compañía, por no haber vacante de 1ra. Hoy mismo organizaron de la policía el Batallón Rondón con los mismos Jefes.
OCTUBRE 18 1899 Hoy estalló la guerra civil con el pronunciamiento del gran partido Liberal en Santander encabezado por el General Rafael Uribe-Uribe y el General Vargas. Y como en los alrededores de Tunja formaron su guerrilla los más perezosos liberales que no quisieron seguirle los pasos al 1° Jefe, ésta guerrilla asomó hoy 20 a las 4 de la tarde sobre un alto que queda hacia al Norte de Soracá o hacia el frente de Zuta; pueblito donde había acabado de violar dicha guerrilla su Iglesita, de donde se sacaron el manto de la Virgen del Tránsito, cuyo manto es colorado por lo que lo sacaron a lucir de bandera sobre dicho alto. Nosotros apenas los contemplábamos desde Tunja; a las 7 de la noche nos marcharon por la vía de Soracá, pensándolos sorprender por primera vez; pero habiendo llegado a eso de las 10 de la noche al punto donde los habíamos visto esa tarde, mas por desgracia ya habían sacado el cuerpo marchándose hacia el Norte, luego nos devolvieron para la ciudad donde permanecimos prestando los servicios de guardias, avanzadas y brigadas.
Noviembre 23 Hoy nos sacaron para el Norte a las 5 de la tarde y fuimos a parar un poco al Vergel, donde me despedí de mi madre y mi hermana, donde nos aseguraron los Jefes que la demora no sería sino por 15 días, y por esto no nos dejaron llevar ropa; aquí mi pobre madre derramó las primeras lágrimas por la primera separación de sus dos hijos únicos quienes veíamos por ella, quedando únicamente bajo la protección de Dios
