En el trance más oscuro de la historia: Los estudiantes ante la primera Guerra Mundial (México y Argentina, 1908-1918)
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Por otro lado, al hacer hincapié en el papel protagónico de la juventud, el autor se aleja sideralmente de quienes le endilgan un carácter desdeñable a dicha etapa de la vida: sea por imputarle una índole demoníaca, sea por asociarla a un estado enfermizo que suele abandonarse con el paso irreversible del tiempo. Entre los principales voceros que acompañan la exégesis de este texto iluminador se encuentran figuras protagónicas como las de Manuel Ugarte, José Enrique Rodó, Deodoro Roca y otros.
Finalmente, toda esa faena hermenéutica lo inducen en definitiva a fomentar el despliegue de estudios análogos fuera de México y Argentina, dentro del dilatado tronco reformista y sin resultar tampoco ajenos al crucial impacto de la guerra del 14. Démosle pues la mejor bienvenida a esta obra, la cual ha permitido reabrirnos la puerta perceptual de la temática en juego
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En el trance más oscuro de la historia - David Antonio Pulido García
En el trance más oscuro de la historia
En el trance más oscuro de la historia: los estudiantes ante la primera Guerra Mundial (México y Argentina, 1908-1918)
Reseña
"Este libro representa un genuino aporte historiográfico por parte de su autor, David A. Pulido, a quien lo conocemos por hallarse dedicado a la más alta investigación académica. El propio Pulido, sin alardes, se ha permitido tomar distancia aquí de dos fenómenos relevantes —la Revolución mexicana y el llamado Grito de Córdoba—, para seguir otro derrotero explicativo en el accionar y el pensamiento estudiantil regional: el de la Primera Guerra Mundial, sin desconocer la existencia de otras indagaciones precedentes, pero imprimiéndole a su labor un enjundioso desarrollo personal.
Por otro lado, al hacer hincapié en el papel protagónico de la juventud, el autor se aleja sideralmente de quienes le endilgan un carácter desdeñable a dicha etapa de la vida: sea por imputarle una índole demoníaca, sea por asociarla a un estado enfermizo que suele abandonarse con el paso irreversible del tiempo. Entre los principales voceros que acompañan la exégesis de este texto ilu- minador se encuentran figuras protagónicas como las de Manuel Ugarte, José Enrique Rodó, Deodoro Roca y otros.
Finalmente, toda esa faena hermenéutica lo inducen en definitiva a fomentar el despliegue de estudios análogos fuera de México y Argentina, dentro del dilatado tronco reformista y sin resultar tampoco ajenos al crucial impacto de la guerra del 14. Démosle pues la mejor bienvenida a esta obra, la cual ha permitido reabrirnos la puerta perceptual de la temática en juego". Hugo Baigini
Palabras clave: historia de América Latina; historia comparada; Primera Guerra Mundial; conflictos bélicos; estudiantes; movimientos estudiantiles; impacto social; México; Argentina; siglo xx.
At the darkest hour of history: students facing World War I (Mexico and Argentina, 1908-1918)
Review
"This book represents a genuine historiographic contribution by its author, David A. Pulido, known for his dedication to the highest academic research. Without boasting, Pulido has allowed himself here to take distance from two relevant phenomena—the Mexican Revolution and the so-called Grito de Córdoba—to follow another explanatory path in regional student action and thought: that of World War I, without ignoring the existence of other preceding investigations, but imbuing his work with a substantial personal development.
On the other hand, by emphasizing the leading role of youth, the author distances himself considerably from those who attribute a trifling character to that stage of life either by ascribing to it a demonic nature or by associating it with an unhealthy state, usually abandoned with the irreversible passage of time. Among the principal spokespersons accompanying the exegesis of this insightful text are leading figures such as Manuel Ugarte, José Enrique Rodó, Deodoro Roca, and others.
Finally, all this hermeneutic work persuades the author to encourage the deployment of analogous studies outside Mexico and Argentina, within the extensive reformist branch, and without being oblivious to the crucial impact of the War of 1914. Let us welcome this work, which has allowed us to reopen the perceptual door of the subject at stake". Hugo Baigini @
Keywords: Latin American history; comparative history; World War I; war conflicts; students; student movements; social impact; Mexico; Argentina; twentieth century.
Citación sugerida/Suggested citation
Pulido García, David Antonio, En el trance más oscuro de la historia: los estudiantes ante la primera Guerra Mundial (México y Argentina, 1908-1918), Editorial Universidad del Rosario, 2024.
https://doi.org/10.12804/urosario9789585004030
David Antonio Pulido García
En el trance más oscuro de la historia
Los estudiantes ante la Primera Guerra Mundial (México y Argentina, 1908-1918)
Hecho el depósito legal que marca el Decreto 460 de 1995
Primera edición en español: Bogotá, D. C., Ciudad de México; 2024
ISBN (Colombia): 978-958-500-401-6 (impreso)
ISBN (Colombia): 978-958-500-402-3 (ePub)
ISBN (Colombia): 978-958-500-403-0 (pdf)
DOI: https://doi.org/10.12804/urosario9789585004030
© Editorial Universidad del Rosario
© Universidad del Rosario
© Universidad Autónoma Metropolitana
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En caso de erratas y actualizaciones, la Editorial publicará la pertinente corrección en la página web https://editorial.urosario.edu.co/.
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www.cua.uam.mx
Cuidado de la edición
Juan Felipe Córdoba Restrepo Ingrith Torres Torres
Editorial Universidad del Rosario
Corrección de estilo: Rodrigo Díaz Lozada
Montaje de cubierta: William Y. Naizaque O.
Diagramación: William Y. Naizaque O.
Desarrollo de ePub: Precolombi EU, David Reyes
Hecho en Colombia
Made in Colombia
Los conceptos y opiniones de esta obra son responsabilidad de su autor y no comprometen a las universidades ni sus políticas institucionales.
El contenido de este libro fue sometido al proceso de evaluación de pares, para garantizar los altos estándares académicos. Para conocer las políticas completas visitar la página web https://editorial.urosario.edu.co.
Todos los derechos reservados. Esta obra no puede ser reproducida sin el permiso previo escrito de las editoriales.
Contenido
AGRADECIMIENTOS
Introducción
Prólogo
Primera parte
La sensibilidad intelectual del estudiante latinoamericano
Prefacio
EL CONCEPTO juventud como campo de disputa en América Latina (1900-1910)
Juvenilismo y americanismo
La impronta arielista
El papel de los ateneos
Discutiendo con Ariel
La juventud de América
CAPÍTULO I
De la juventud al estudiante (1908-1913)
Los congresos estudiantiles y la solidaridad americana
La juventud y el pueblo: el periplo de Manuel Ugarte
Manuel Ugarte en México, 1912
Vuelvo al Sur: el retorno de Ugarte a Argentina
La necesaria reubicación de un paradigma
Segunda parte
Allons enfants de la Amérique Latine
CAPÍTULO II
Los estudiantes, la Gran Guerra y la Revolución (1914-1916)
El constitucionalismo y la Primera Guerra Mundial
América Latina en disputa
Dos iniciativas estudiantiles
El diario Acción Mundial y el movimiento estudiantil
La América Indolatina
Indolatinos y francófilos
CAPÍTLO III
El discurso aliadófilo y el movimiento estudiantil argentino (1914-1916)
De nuevo Ugarte… del afecto al olvido
América como posibilidad
La Guerra y la nueva generación
La juventud, la educación y el discurso aliadófilo
Noticias desde el Viejo Continente
Las voces españolas
Un cordobés cierra el ciclo
Tercera parte
Siembra vientos y recogerás tempestades
CAPÍTULO IV
Los estudiantes mexicanos y la neutralidad constitucionalista (1917-1918)
Manuel Ugarte vuelve a México
Dos tipos de neutralidad
Los heraldos de la neutralidad mexicana en el Cono Sur
Neutralidad y política estudiantil
Los sabios
en el poder
Política o no política, esa es la cuestión
San Ev Ank
¿Un cambio definitivo de rumbo?
Un día de la raza latinoamericanista
Finales y continuidades
CAPÍTULO V
Argentina: del rupturismo al reformismo universitario (1917-1918)
El movimiento estudiantil en la coyuntura de 1917
La ortodoxia socialista estudiantil
El estudiantado y la Convención Patriótica
Soto Peimbert y Desentis en Argentina
Córdoba: ¿preludio o continuidad?
Deodoro Roca, el precursor
La Gran Guerra y el discurso reformista argentino
Fin de año
Conclusiones
Bibliografía
Archivos
Revistas y periódicos
Bibliografía primaria
Documentos
Bibliografía secundaria
Índice biográfico
A Antonella, Ivanna, Sofía y Santiago
No todo está perdido si tenemos
el valor de proclamar que
todo está perdido y que hay
que empezar de nuevo
Julio Cortázar
AGRADECIMIENTOS
Este libro se empezó a gestar en los jardines de la biblioteca nacional Mariano Moreno, bajo una de esas estruendosas tormentas que despiden al invierno porteño. Habían pasado semanas de terca y frustrante búsqueda de fuentes para una investigación que de todos modos —lo sé hoy desde la distancia— estaba signada por el fracaso. Caminaba con los sueños y los ojos empantanados cuando de repente me encontré con una estatua de Julio Cortázar. La enorme figura de mármol de aquel hombre que en vida ya era enorme, mostraba una expresión de feliz indiferencia que se acentuaba, más que por la lluvia, por mi angustia.
Junto a él, unas palabras cinceladas en el respaldo de la silla sobre la que aún reposa, parecían haber estado ahí desde siempre, esperándome: no todo está perdido, si tenemos el valor de proclamar que todo está perdido y que hay que empezar de nuevo.
Había llegado a Argentina para participar de los eventos conmemorativos del centenario de la Reforma Universitaria de Córdoba y para realizar el trabajo de archivo de un tema que por fortuna ya olvidé. En los archivos todo había ido de fracaso en fracaso, la información me eludía y cuando aparecía era simplemente ininteligible o irrelevante. Me confortaba asistiendo a las charlas de mis colegas especializados en la muchachada continental y de vez en cuando hablando para ellos en los escenarios a los que me invitaban. Fue justo rumbo a uno de ellos, organizado por la Universidad Nacional de Lanús, que conocí personalmente a Hugo Biagini. Nos habían asignado el mismo remís y aunque no recuerdo por qué él empezó a declamar La canción del pirata de José de Espronceda, sí recuerdo que me le uní a coro y resultamos deleitando al conductor con aquellos versos del siglo xix que en alguna parte dicen: Que es mi barco mi tesoro,/ que es mi dios la libertad,/ mi ley, la fuerza y el viento,/ mi única patria, la mar
. Desde entonces nos ha unido una valiosa camaradería y aprovecho esta oportunidad para agradecerle, no solo haber puesto a mi disposición su biblioteca y sus conocimientos, sino también su consejo de sabio historiador.
Aunque menos publicitados, por aquel entonces también se estaban realizando en Buenos Aires algunos encuentros académicos, enmarcados en la conmemoración de los cien años del final de la Primera Guerra Mundial. Estos encuentros se habían convertido para mí en otro de los refugios que frecuentemente utilizaba para distraer las amarguras del archivo. Asistía a ellos con un ánimo más lúdico que académico, al fin y al cabo la historiografía reformista me había acostumbrado a nombrarla como parte del contexto
del tema que me había traído a Argentina. Durante varios días escuché disertaciones de toda índole, algunas muy interesantes, y no tardé en darme cuenta de la vitalidad que por aquel entonces venían cobrando los estudios sobre la Gran Guerra y sus ecos en otras latitudes diferentes a la europea; casi sin notarlo, una pregunta empezó a dar vuelas en mi cabeza: ¿por qué en ninguna de estas exposiciones se ha mencionado a la Reforma Universitaria de 1918? Sin mucho sobresalto tomé nota mental de ella y la puse en ese lugar donde los historiadores ponemos las miles de preguntas que tenemos por responder.
Supongo que esa pregunta se hubiese quedado allí indefinidamente, de no ser porque mis cuitas archivísticas se hacían cada vez más insoportables y porque mi tiempo de investigación en Argentina estaba por terminar, sin haber logrado ningún avance fundamental. Fue así como aquella tarde me encontré, empapado hasta los ojos, frente a la estatua de Cortázar. El fracaso ya pesaba demasiado en mi mochila como para seguir insistiendo en llevarlo a rastras de regreso a Ciudad de México donde por aquel entonces residía, así que bajo la mirada de esa tierna estatua de mármol decidí darlo todo por perdido y empezar de nuevo.
Afortunadamente, empezar de nuevo no quiere decir empezar solo. He tenido la fortuna de en este camino contar con la asesoría académica y ayuda de increíbles historiadores, historiadoras y humanistas a quienes admiro, respeto y agradezco profundamente, como es el caso de Natalia Bustelo de la que he recibido a través de sus letras y sus palabras, enormes enseñanzas sobre la joven intelectualidad argentina que se dio a la tarea de hacer la Reforma Universitaria; también debo agradecer a Mara Espasande, directora del Centro de Estudios de Integración Latinoamericana Manuel Ugarte, por darme cabida en diversos escenarios para exponer mis avances de investigación; a Hernán Taboada, Alexandra Pita y Juan Manuel Ledezma por leer y comentar los primeros borradores de esta investigación y nutrirla de sus conocimientos hasta su feliz término en diciembre 2021; a Angélica Navarrete, directora de la hemeroteca del periódico mexicano El Universal, por poner a mi entera disposición, en medio de la pandemia, los diarios físicos para finalizar mi investigación, y a Liceth Fonseca por su valiosa ayuda en la confección del índice biográfico que está al final de esta publicación.
Mención aparte merecen la profesora Regina Crespo por haberme acompañado desde la maestría en mi proceso formativo y por haber aconsejado desde entonces, hasta la finalización de este libro, cada una de mis letras; el profesor Fabio Moraga por ser un crítico agudo y mordaz de cada capítulo, pero sobre todo por haberme extendido una mano amiga en momentos difíciles, a él y a su esposa Maritza Caicedo les dejo este sentido Gracias, esperando a que algún día lo lean y me recuerden. Finalmente, el profesor César Augusto Ayala Diago, no solo porque de él he aprendido todo lo que sé de este oficio de ser historiador y porque ha estado al tanto de todas y cada una de las líneas que he escrito desde el pregrado, sino porque su amistad es una de las cosas más valiosas con las que puedo contar en mi vida.
Durante la escritura de este libro también conté con la amistad y el cariño de muchas personas que tanto en Buenos Aires como en Ciudad de México me hicieron sentir en casa. Henry Cruz, entrañable como siempre, la palabra calma y la sonrisa sincera, varias veces salió en medio de la pandemia a recolectar información que había dejado olvidada en archivos de Buenos Aires. Mi hermano de la vida Edwin Rodríguez, que igualmente se expuso en medio de la pandemia para ir en busca de información vital para este libro. El parcero mexicano Christian Javier Castro Martínez que desde Estados Unidos me envió documentos sin los cuales este cuento estaría incompleto. Javier Mauad, el peronista más cariñoso que conozco, por la hospitalidad y el cariño que nos une desde que éramos tan solo unos jóvenes aspirantes a historiadores. Miroslava Callejas, por las risas y la comprensión irrestricta en los momentos difíciles. A las milongueras Paola Guerrero, Mónica Valdespino, Hidekel Maldonado, Aurora García, Laura Gabriela Pineda Ortiz, y a mi maestro de tango Salomón Vergara por los abrazos que me sostuvieron el alma por casi nueve años. Sandy Ramírez Gutiérrez, por las tardes enteras de charlas y risas, eludiendo el confinamiento, y por la paciencia de escucharme hablando siempre sobre el mismo tema.
Finalmente, ni una sola letra de este libro hubiese sido posible sin la presencia y el amor de mi familia, a ella le debo todo cuanto soy, y de cierta manera cada hoja de este libro es un homenaje a la fortuna de tenerlas y tenerlos en mi vida.
Como siempre, es necesario dejar por sentado, que las opiniones defendidas a continuación, son de mi entera y feliz responsabilidad.
INTRODUCCIÓN
El estudiante como sujeto político y cultural es uno de los temas recurrentes en la historiografía latinoamericana encargada de analizar las tres primeras décadas del siglo pasado. Resulta casi imposible no encontrar referencias directas o tangenciales a su participación en los diversos procesos históricos por los que atravesó la región durante este periodo, y no pocas veces ha sido considerado un actor fundamental en el desarrollo político e intelectual de sus respectivas naciones. Una imagen que sin duda fue alentada por ellos mismos mediante una extensa hagiografía de sus andanzas juveniles, anclada en una autorrepresentación épica que los ungía como los continuadores legítimos de las gestas de independencia.
En este sentido, uno de los relatos hegemónicos ha sido el construido a partir de la proyección continental del movimiento de Reforma Universitaria, iniciado en Argentina a mediados de 1918. Si bien el carácter fundacional de este acontecimiento ha sido puesto en tela de juicio por investigaciones locales, que han dado cuenta de la presencia de movilizaciones estudiantiles previas al Grito de Córdoba en varios países de la región, la publicación del Manifiesto Liminar sigue siendo considerada un momento aglutinador de las sensibilidades estudiantiles dispersas por el continente en 1918.
Esta particular forma de interpelar la preminencia del Grito de Córdoba, que paradójicamente vuelve sobre su punto de partida, ha dado continuidad a las aseveraciones clásicas que señalan a la Reforma como la base fundamental sobre la que se levantó la identidad política del estudiantado latinoamericano, en la medida en que sirvió como sustrato común a las experiencias de formación política y cultural de sus protagonistas, con independencia de su lugar de origen.
La bandera levantada por la historiografía argentina no es gratuita ni mal intencionada, todo lo contrario. Obedece a una verdad, tan contundente como irrebatible, que es el hecho de que fue el estudiantado argentino el primero en alzar la voz de forma independiente a favor de la unidad estudiantil del continente, después de cuatro años de silencio al respecto, años signados por la mayor hecatombe bélica que el mundo occidental hubiese contemplado hasta entonces.
En efecto, el IV Congreso Internacional de Estudiantes Americanos, a celebrarse en Chile en 1914, fue suspendido por el inicio de la Primera Guerra Mundial. Inmediatamente después, el ruido de los cañones se apoderó de la prensa y la reflexión pública continental, condenando al silencio a todas las iniciativas de comunión internacional de los estudiantes latinoamericanos, las cuales prácticamente desaparecieron del mapa¹.
En este orden de ideas, desde una lectura de la Reforma como acontecimiento iniciático, la Gran Guerra aparece, aunque referida en su magnitud y trascendencia histórica, solo como un fenómeno contextual que le precedió y ante la cual, durante su desarrollo, los estudiantes latinoamericanos no tuvieron una posición en particular, lo que a su vez le atribuye a los congresos internacionales de estudiantes celebrados en Montevideo (1908), Buenos Aires (1910) y Lima (1912), el papel de antecedente inmediato de la gesta estudiantil de 1918.
Así, este libro busca interrogar al aparente silencio que la Primera Guerra Mundial hizo caer sobre los estudiantes latinoamericanos, con la convicción de que el acontecimiento político y bélico más importante del mundo occidental hasta ese momento no le pudo haber sido indiferente a uno de los sectores más dinámicos de la sociedad latinoamericana de aquel entonces. En adelante, se trabajará con la hipótesis de que la Gran Guerra representó para el movimiento estudiantil latinoamericano el punto crucial para su intervención política, más allá de sus reivindicaciones gremiales y locales comúnmente identificadas como la Reforma Universitaria, y que por lo tanto es en la Primera Guerra Mundial, y no en las movilizaciones estudiantiles de Córdoba, donde hay que buscar las claves para comprender el éxito de la movilización política estudiantil que experimentó América Latina hasta el final de los años veinte².
Ahora bien, en cuanto acontecimiento global, la Gran Guerra permite el estudio de sus implicaciones en diferentes escenarios nacionales³. Por esta razón, se ha optado por analizar la movilización estudiantil, con respecto a la guerra europea, no solo en Argentina sino también en México, dos países latinoamericanos con amplias diferencias, tanto en su composición y origen social —uno con una alta presencia de inmigración europea, el otro mayoritariamente indígena—, como también en su desarrollo económi- co —el primero supeditado al imperialismo inglés, el segundo al estadounidense— y, particularmente, en sus procesos políticos durante el periodo de la conflagración: Argentina en un proceso de ampliación democrática iniciado desde 1912 y México navegando en las aguas de la Revolución desde 1910.
Esta elección también obedece al propósito de demostrar cómo, con independencia de las particularidades económicas y sociopolíticas de sus respectivas naciones, la participación activa en los avatares políticos e intelectuales suscitados por la Gran Guerra, representó un acontecimiento fundamental en la maduración ideológica del estudiantado de México y Argentina, cuyas organizaciones son frecuentemente citadas como los dos ejemplos más exitosos de la participación política estudiantil en la América Latina de la segunda y tercera década del siglo xx.
Poner en el centro del debate a los estudiantes mexicanos y argentinos durante la Primera Guerra Mundial inserta este libro en los denominados estudios culturales sobre la Gran Guerra, los cuales conforman un campo de estudio de reciente aparición en la historiografía mundial.
A principios del siglo xxi, la feliz conjunción entre el giro global, el giro cultural, el giro decolonial y el entusiasmo que generó entre los historiadores la conmemoración de los primeros cien años del inicio y el final de los combates, detonaron un interés general por deslindar el análisis histórico del conflicto del ámbito militar y diplomático estrictamente europeo. Producto de esta renovación, América Latina, junto a otros escenarios anteriormente concebidos como periféricos por la historiografía de la Primera Guerra Mundial, emergió como un escenario de prometedoras perspectivas para la puesta en escena de la deseuropeización
de la primera debacle bélica mundial del siglo xx.
Fue así como, a mediados de la segunda década de este siglo, vieron la luz dos importantes trabajos de Olivier Compagnon y Stefan Rinke, respectivamente⁴, que abordaron la región como conjunto —aunque en el trabajo de Compagnon se ponga un especial énfasis sobre la comparación entre Argentina y Brasil—, los cuales fueron contemporáneos o precedieron a una amplia producción de estudios sobre países específicos en los que el tema de la Gran Guerra no había sido trabajado antes.
Ahora bien, la mencionada renovación historiográfica ha tenido en Argentina y en México un desarrollo desigual. En Argentina, el ejemplo más sobresaliente y riguroso, en términos documentales y académicos, es la obra de María Inés Tato, quien en su obra La trinchera austral presenta un panorama amplio de las repercusiones de la Gran Guerra en la sociedad argentina
⁵. Esto implicó establecer un diálogo directo con su autora, máxime cuando su trabajo inspiró una importante cantidad de artículos académicos de diferentes autores que sería difícil enlistar en esta presentación. En la misma línea de María Inés Tato también se encuentran trabajos monográficos muy específicos como el de Emiliano Gastón Sánchez sobre las implicaciones de la guerra en la prensa y la opinión pública de Buenos Aires⁶, así como textos de carácter más literario como el de Ramón Torruella que, sin deslindarse del rigor histórico, logran recrear de manera casi novelada las implicaciones del conflicto europeo en la sociedad argentina⁷.
En el caso de México, la influencia de los estudios culturales de la Gran Guerra en la historiografía ha sido menos evidente. Un fenómeno que en parte se puede explicar por la portentosa presencia de la Revolución como el núcleo fundamental de la problemática histórica de las primeras tres décadas del siglo xx mexicano. De tal suerte, la guerra europea, en la mayoría de los casos, queda relegada al plano contextual de la vorágine revolucionaria, con dos excepciones fundamentales que son los libros de Friedrich Katz, La guerra secreta en México, y el de Esperanza Durán, Guerra y Revolución: las grandes potencias y México, 1914-1918, que empero conservan el enfoque diplomático y económico de los estudios tradicionales sobre la Primera Guerra Mundial⁸. El caso descollante lo representa un artículo de Yolanda de la Parra escrito en 1986, en el que analiza la controversia suscitada de 1917 a 1919 entre los dos principales diarios mexicanos con respecto a sus afectos a los bandos en contienda. Desafortunadamente, las conclusiones a las que llegó no encontraron continuidad en trabajos posteriores de la autora⁹.
No obstante, desde 2017 el nuevo enfoque ha encontrado eco en historiadores como Stefan Rinke y Karina Kriegesmann¹⁰, o Adriana Ortega, Romain Robinet, Guillemette Martin, Sandra Kutz, Camille Foulard y el mismo Jean Meyer, quienes en algunos artículos y ponencias han empezado a introducir la inquietud al respecto en el entorno académico mexicano, sin que aún se haya logrado concebir una obra representativa¹¹.
Finalmente, en lo que atañe al tema específico de este libro, es preciso señalar que los estudiantes no han tenido hasta ahora un lugar de particular importancia en la producción contemporánea sobre la Gran Guerra en América Latina. En este sentido, aunque se encuentren mencionados o percibidos en los diversos trabajos que se han nombrado —fenómeno que como se advirtió al inicio de esta introducción es normal en la historiografía del periodo—, todavía no han sido su objeto central.
En el caso mexicano, el único que hasta ahora le ha prestado atención a la relación entre el movimiento estudiantil y la Primera Guerra Mundial ha sido el historiador francés Romain Robinet quien, desde su tesis doctoral de 2015¹², asesorada, entre otros, por Olivier Compagnon, ha llamado la atención sobre la participación de los estudiantes en los debates sobre la neutralidad de México desde 1917. Sin embargo, los estudios de Robinet no han dado cuenta de la forma en que la Gran Guerra intervino en la formación del movimiento estudiantil en los años previos a la controversia que se menciona.
En lo que respecta a la historiografía argentina, pese a que en ella los temas de la Reforma Universitaria, los estudiantes y el movimiento estudiantil, han tenido un lugar de privilegio por décadas, en ninguno de los trabajos actuales sobre la Gran Guerra, estos asuntos aparecen abordados ampliamente. De tal suerte, la gesta estudiantil y sus protagonistas son apenas mencionados, la primera como una de las consecuencias sociales generadas por el conflicto a orillas del río de la Plata y, los segundos, como integrantes de la muchedumbre anónima que desfiló por las calles de las principales ciudades del país en favor o en contra de los alguno de los dos bandos en contienda.
Ahora bien, establecer a la Primera Guerra Mundial como un acontecimiento fundamental para el desarrollo político e intelectual del estudiantado mexicano y argentino demanda, por un lado, establecer un recorte temporal que dé cuenta, no solo de su recorrido sino también de sus antecedentes y, por el otro, una recalibración del lente con el cual han sido leídas las fuentes tradicionales de la historia de los movimientos estudiantiles latinoamericanos.
Como se señaló anteriormente, el inicio de la Gran Guerra había ocasionado la suspensión indefinida de la celebración de los congresos internacionales de estudiantes americanos inaugurados en 1908, que además habían tenido sus émulos en similares encuentros estudiantiles, como los congresos internacionales de estudiantes de la Gran Colombia de 1910 y 1912 o el Congreso Nacional de Estudiantes, celebrado en México en 1910. Dichos congresos habían empezado a hacer circular entre los estudiantes de los países participantes cierta sensibilidad estudiantil que, pese a estar aún muy cercana a prácticas aristocratizantes, ya empezaba a presentar cambios importantes, relacionados especialmente con el cambio en la composición social de sus integrantes. Por ende, rastrear el cariz ideológico de estos cambios desde el I Congreso Internacional de Estudiantes Americanos, celebrado en Montevideo en 1908, resulta fundamental para comprender el arsenal ideológico con el que contaba el estudiantado de México y Argentina en vísperas de la conflagración europea. En tal contexto, el marco temporal establecido va desde 1908 hasta el final de la guerra en 1918.
Con esto en mente, para la escritura de esta obra se establecieron tres subcortes temporales, estrictamente cronológicos: el primero de ellos abarca de 1908 a 1913, el segundo de 1914 a 1916 y el tercero de 1917 a 1918. Estos cortes obedecen a lo señalado en el párrafo anterior y, en su orden, a la comúnmente aceptada delimitación que, entre el inicio y el final de los combates, señala el año de 1917 como un punto de inflexión determinado por la entrada militar de Estados Unidos en la contienda europea.
Por otra parte, en el transcurso de la investigación documental se ha podido constatar que el hecho de centrar la atención en la posición del estudiantado mexicano y argentino con respecto a la Gran Guerra significaba en sí mismo un ejercicio crítico sobre las fuentes disponibles.
Como se ha señalado, la hegemonía de la historiografía reformista, al situar el fenómeno argentino como la piedra de toque de la movilización estudiantil a nivel continental, estableció un puente directo entre la Reforma y los congresos estudiantiles del Cono Sur, cuya última fuente escrita data de 1912. Estos congresos abrevaron directamente de influencias ideológicas finiseculares modernistas que venían declinando desde 1900. Pese a ello, la Reforma asumió como propios dichos antecedentes y estableció continuidades poco reflexivas entre estas y la movilización estudiantil continental iniciada en 1918, omitiendo el intenso papel que desempeñó la guerra europea en la reformulación ideológica de la modernidad occidental. Por ende, es necesario advertir al lector que una gran parte de las fuentes y los autores citados en este libro, no son particularmente nuevos, pero sí lo son las preguntas que se les formularon.
Estas preguntas además están encaminadas a demostrar que el estudiante de principios del siglo pasado debe ser historiado como un tipo específico de intelectual, en cuanto se comprende que esta categoría social experimentó en Latinoamérica una rápida mutación durante las tres primeras décadas del siglo xx, periodo en el que su significante singular y elitista se pluralizó al nivel de movimiento social, lo que a su vez propició el surgimiento de una capa diferenciada, reducida con respecto a la matrícula universitaria, encargada de producir representaciones sociales específicamente relacionadas con los interrogantes y las sensibilidades identitarias, productos de dicha pluralización. De tal forma, es muy posible que la transformación social y semántica experimentada por el estudiante hubiese generado las condiciones de emergencia de un tipo particular de intelectual (aún en formación), al que incluso en muchas ocasiones las fuentes de la época se refirieron como joven intelectual
.
Así, asumir al estudiante como intelectual significa ubicarlo de una manera particular en la encrucijada de su tiempo, es decir, reconocer en él la tensión histórica entre lo que es (su contexto) y lo que todavía no es (sus ideas). Un reconocimiento que, siguiendo a Reinhart Koselleck, sitúa al estudiante latinoamericano contemporáneo de la Gran Guerra, en el punto de inflexión donde confluyen espacio de experiencia y horizonte de expectativa¹³.
Ahora bien, en América Latina desde finales del siglo xix hasta el inicio de la Primera Guerra Mundial, pocos conceptos poseían una carga tan disímil entre experiencia y expectativa como juventud. En este sentido, la Guerra, con mayúscula, no pudo haber sido un acontecimiento simplemente contextual en la formación ideológica del movimiento estudiantil. Al contrario, ¿qué puede conmover más y llevar al paroxismo la tensión entre la experiencia y la expectativa de un concepto que la para entonces mayor debacle civilizatoria en la historia de Occidente?¹⁴
Así, el trabajo que aquí se presenta pretende cuestionar dos afirmaciones clásicas hechas por la historiografía de los movimientos estudiantiles latinoamericanos de las primeras tres décadas del siglo xx.
La primera tiene que ver con la relegación de la Gran Guerra a un plano contextual o, en el mejor de los casos, como parte indisociable de la dupla que, junto a la Revolución rusa, tuvo influencia directa en la formación ideológica del estudiantado, exclusivamente en su postrimería y como antecedente del levantamiento bolchevique. La segunda consiste en la tendencia de los estudios sobre el mo- vimiento estudiantil latinoamericano a empeñarse por encontrar el origen
que explique el éxito de dicha movilización continental¹⁵. En este punto se atenderá especialmente al llamado de Reinhart Koselleck en torno a que hay situaciones en la investigación [histórica] en las que el abstenerse de preguntas histórico-genéticas puede agudizar la mirada sobre la historia misma
¹⁶.
Finalmente, el planteamiento argumental de este libro obedece a una lógica interna de tres partes estrictamente cronológicas. La primera, que contempla el prefacio y el capítulo i, está escrita con la intención de introducir al lector en la sensibilidad intelectual de la época. Esto, lejos de ser una tarea ornamental, reviste para la arquitectura del texto una singular importancia, en la medida en que, de la misma manera en que los estudios sobre los movimientos estudiantiles no han dado suficientemente cuenta de su relación con la Gran Guerra, los estudios más recientes sobre la historia cultural de la guerra en América Latina omiten señalar con detenimiento las características del campo intelectual local que dialogó directamente con el conflicto bélico, cayendo por momentos en perspectivas con cierto dejo eurocentrista.
Ante la imposibilidad de recrear en su extensión todo el mapa intelectual de América Latina en vísperas de la guerra, la primera parte del libro fijará su atención en el desarrollo de los motivos juvenilistas presentes en el discurso modernista latinoamericano, en cuanto tendencia intelectual dominante de la época, mas no la única, específicamente en el de dos de sus más importantes representantes, a saber, José Enrique Rodó y Manuel Ugarte. Lo anterior, con el fin de señalar claramente las categorías ideológicas endémicas
de las que disponía el movimiento estudiantil para leer, desde este lado del Atlántico, la conflagración europea.
La segunda parte del libro, compuesta por los capítulos ii y iii, se enmarca en el periodo 1914-1916. En el capítulo ii se reconstruye la forma en que los intelectuales mexicanos se valieron de la Gran Guerra para construir y legitimar un discurso latinoamericanista y revolucionario, tendiente a disputarle la hegemonía política e ideológica de la región a Estados Unidos. A través de esa reconstrucción, se evidenciará el papel de primer orden que el régimen le endilgó al movimiento estudiantil en la promoción de dicho proyecto unionista que, aun cuando en un primer momento se dotó de un fuerte acento francófilo, sustentó la neutralidad de México durante toda la contienda europea, decretada estratégicamente por Venustiano Carranza, e incluso continuó en sus principios básicos al servicio del constitucionalismo hasta años después de terminada la Gran Guerra¹⁷.
El capítulo iii rastrea la forma en que los fundamentos principales del discurso aliadófilo porteño, delineado desde muy temprano en el interior de un campo intelectual especialmente dinámico en el que circulaban improntas ideológicas no solo locales sino también europeas, encontró resonancia en una amplia capa del estudiantado argentino que las fue integrando y acomodando rápidamente a su propio discurso de renovación educativa y política, surgido al mismo tiempo que empezaba la guerra europea¹⁸.
La tercera parte del libro, conformada por los capítulos iv y v, centra su atención en los años de 1917 y 1918. En el capítulo iv se estudia cómo la Primera Guerra Mundial y la posición de México en ella representaron para el movimiento estudiantil una ocasión a través de la cual se introdujeron debates del orden gremial, en los cuales se discutió el carácter de la relación que el estudiantado organizado debía establecer con el régimen constitucionalista, y cómo estos debates lograron conmover medianamente los fundamentos de la política latinoamericanista del gobierno de Venustiano Carranza.
En el capítulo v se estudia detenidamente la participación estudiantil en los diversos comités rupturistas que se formaron, especialmente en Buenos Aires, a mediados de 1917, y cómo dicha participación tuvo una continuidad política e ideológica, fácilmente rastreable, desde la celebración de la Convención Patriótica en diciembre de 1917, hasta el triunfo de la movilización estudiantil de Córdoba registrada a finales de 1918.
Como se puede advertir, la narrativa de este libro no implica necesariamente un ejercicio relacional de los procesos históricos de México y Argentina, aunque sus itinerarios, como se verá en los capítulos iv y v, lleguen a cruzarse por un breve instante. La estructura planteada tiene el propósito de esbozar a grandes rasgos, a través de dos estudios de caso, las líneas fundamentales para la inserción de una historia intelectual de los movimientos estudiantiles, en la historia cultural de la Gran Guerra en América Latina.
¹Para un estudio de la producción editorial estudiantil latinoamericana durante la Primera Guerra Mundial véase: David Antonio Pulido García, Las revistas estudiantiles latinoamericanas y la Gran Guerra
, Historia & Guerra, núm. 3, enero-junio, 2023.
²Esta hipótesis profundiza en una clásica aseveración de José Luis Romero quien, sin hacer referencia explícita a la importancia de la Gran Guerra, insiste en que los objetivos de la Reforma Universitaria sólo en apariencia derivan de una reacción espontánea y primaria frente a fenómenos inmediatos; en rigor, responden más profundamente a cierta interpretación intelectual de esos fenómenos, incluidos generalmente en una curva de media o larga duración que torna aún más abstracta esa interpretación. Nada más equivocado, pues, que buscar una estrecha y mecánica relación entre el desencadenamiento y el curso posterior de esos fenómenos
(José Luis Romero, Situaciones e ideologías en América Latina, Medellín, Editorial Universidad de Antioquia, 2001, p. 183).
³Antony G. Hopkins, Global History. Interactions between the Universal and the Local, Basingstoke, Palgrave Macmillan, 2006; Pamela Crossley, What is Global History?, Cambridge, Polity Press, 2008; Diego Olstein, Thinking History Globally, Basingstoke, Palgrave Macmillan, 2014; Sanjay Subrahmanyam, Mondi connessi. La storia oltre l’eurocentrismo (secoli
xvi-xviii
), Bari, Carocci Editore, 2014.
⁴Olivier Compagnon, L’adieu à l’Europe. L’Amérique latine et la Grande Guerre, Paris, Fayard, col. L’épreuve de l’histoire, 2013; Stefan Rinke, Latin America and the First World War, Cambridge, Cambridge University Press, 2017.
⁵María Inés Tato, La trinchera austral. La sociedad argentina ante la Primera Guerra Mundial, Rosario, Prohistoria, 2017, p. 13.
⁶Emiliano Gastón Sánchez, Guerra de palabras. Representaciones, debates y alineamientos de la prensa y la opinión pública de Buenos Aires ante la Gran Guerra (1914-1919), tesis de doctorado en Antropología, Universidad de Buenos Aires, 2014.
⁷Ramon D. Tarruella, 1914, Argentina y la Primera Guerra Mundial, Madrid, Aguilar, 2014.
⁸Friedrich Katz, La guerra secreta en México, México, Ediciones Era, 2017; Esperanza Durán, Guerra y revolución. Las grandes potencias y México, 1914-1918, México, El Colegio de México, 1985.
⁹Yolanda de la Parra, La Primera Guerra Mundial y la prensa mexicana
, Estudios de Historia Moderna y Contemporánea de México, núm. 10, 1986, pp. 155-176.
¹⁰Stefan Rinke y Karina Kriegesmann, Globalizing Violence: The Mexican Revolution and the First World War
, Jahrbuch für Geschichte Lateinamerikas/Anuario de Historia de América Latina, núm. 54, 2017, pp. 39-60.
¹¹Olivier Compagnon, Camille Foulard, Guillemette Martin y María Inés Tato (coords.), La Gran Guerra en América Latina. Una historia conectada, México, Centro de Estudios Mexicanos y Centroamericanos, Institut des Hautes Etudes de l’Amérique Latine y Centre de Recherche et de Documentation des Amériques, 2018. Es preciso señalar también que para conmemorar el inicio de la Primera Guerra Mundial, El Colegio de México organizó en septiembre de 2014 un coloquio titulado El mundo hispanoamericano y la Primera Guerra Mundial
. Las ponencias allí presentadas fueron compiladas en un libro homónimo, véase: Javier Garciadiego (ed.), El mundo hispanoamericano y la Primera Guerra Mundial. México: El Colegio de México, 2017.
¹²Romain Robinet, L’esprit et la race. Le mouvement étudiant face à la Révolution mexicaine (1910-1945), tesis de doctorado en Historia, Institut d’Études Politiques de Paris, 2015.
¹³Reinhart Koselleck, Futuro pasado. Para una semántica de los tiempos históricos, Barcelona, Paidós, 1993.
¹⁴Koselleck señala que existen acontecimientos históricos que por su trascendencia modifican ostensiblemente la relación, de por sí irregular, entre experiencia y expectativa; a partir de ello, introduce el concepto de aceleración
como concepto histórico. Véase: ibid., p. 351.
¹⁵Una tendencia que obedece a la sugerencia hecha en el estudio clásico de Juan Carlos Portantiero, quien señala: "En la medida en que la reforma supone en su origen una intención de cambio social que va más allá de modificar la ordenación
