El príncipe constante
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Calderón pone en escena el ataque portugués contra Tánger en 1437. La expedición fue liderada por Enrique el Navegante y sobre todo por su hermano, el infante Fernando, maestre de la orden de Avis.
Tras el fracaso de la ofensiva, el infante es hecho cautivo por el rey de Fez. El rey propone liberarle a condición de que le entregue la ciudad de Ceuta, urbe cristiana que el monarca codicia. El infante Fernando rechaza con tenacidad dicho trueque, padeciendo desde entonces y hasta su muerte una esclavitud que se asemeja a un martirio.
La obra es un drama histórico o tragedia cristiana sobre el libre albedrío humano, dividido entre los requisitos éticos y la doctrina de la salvación. El personaje principal se condena conscientemente a la esclavitud, a la privación de privilegios y, finalmente, a la muerte, en nombre de la fe cristiana.
El príncipe constante es una de las obras más paradigmáticas del teatro de Calderón de la Barca. Un claro referente del complejo mundo ideológico del dramaturgo.
Estamos ante una de las grandes obras maestras de Calderón de la Barca. Una obra que ha recogido grandes elogios de diversas tradiciones teatrales europeas como la alemana, la polaca o la rusa. Una obra que llevó a Goethe a decir en 1804, en una carta a Schiller,
«que si toda la poesía del mundo desapareciera, sería posible reconstruirla sobre la base de El príncipe constante».
Pedro Calderón de la Barca
Pedro Calderón de la Barca (Madrid, 1600-1681) estudió con los jesuitas y completó su formación en las universidades de Alcalá de Henares y Salamanca. En su juventud participó en varias campañas militares, mientras daba inicio a su exitosa carrera como dramaturgo, llegando a ocupar el lugar hegemónico que había distinguido a Lope y a ser uno de los autores favoritos de la corte y la monarquía españolas. Vivió entre Toledo y Madrid. Se ordenó sacerdote en 1651 y fue nombrado capellán de honor del rey en 1663. Su obra dramática sobresale en multitud de subgéneros, desde las comedias más ligeras hasta los autos sacramentales, pasando por los dramas mitológicos o las tragedias de la honra, siempre con un lenguaje de alto vuelo poético y conceptual.
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El príncipe constante - Pedro Calderón de la Barca
Pedro Calderón de la Barca
El príncipe constante
Barcelona 2024
Linkgua-ediciones.com
Créditos
Título original: El príncipe constante.
© 2024, Red ediciones S.L.
e-mail: info@linkgua.com
Diseño de cubierta: Michel Mallard.
ISBN tapa dura: 978-84-9953-730-6.
ISBN rústica: 978-84-96428-95-9.
ISBN ebook: 978-84-9897-247-4.
Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra solo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos, www.cedro.org) si necesita fotocopiar, escanear o hacer copias digitales de algún fragmento de esta obra.
Sumario
Créditos 4
Brevísima presentación 7
La vida 7
Personajes 8
Jornada primera 9
Jornada segunda 47
Jornada tercera 83
Libros a la carta 119
Brevísima presentación
La vida
Pedro Calderón de la Barca (Madrid, 1600-Madrid, 1681). España.
Su padre era noble y escribano en el consejo de hacienda del rey. Se educó en el colegio imperial de los jesuitas y más tarde entró en las universidades de Alcalá y Salamanca, aunque no se sabe si llegó a graduarse.
Tuvo una juventud turbulenta. Incluso se le acusa de la muerte de algunos de sus enemigos. En 1621 se negó a ser sacerdote, y poco después, en 1623, empezó a escribir y estrenar obras de teatro. Escribió más de ciento veinte, otra docena larga en colaboración y alrededor de setenta autos sacramentales. Sus primeros estrenos fueron en corrales.
Lope de Vega elogió sus obras, pero en 1629 dejaron de ser amigos tras un extraño incidente: un hermano de Calderón fue agredido y, éste al perseguir al atacante, entró en un convento donde vivía como monja la hija de Lope. Nadie sabe qué pasó.
Entre 1635 y 1637, Calderón de la Barca fue nombrado caballero de la Orden de Santiago. Por entonces publicó veinticuatro comedias en dos volúmenes y La vida es sueño (1636), su obra más célebre. En la década siguiente vivió en Cataluña y, entre 1640 y 1642, combatió con las tropas castellanas. Sin embargo, su salud se quebrantó y abandonó la vida militar. Entre 1647 y 1649 la muerte de la reina y después la del príncipe heredero provocaron el cierre de los teatros, por lo que Calderón tuvo que limitarse a escribir autos sacramentales.
Calderón murió mientras trabajaba en una comedia dedicada a la reina María Luisa, mujer de Carlos II el Hechizado. Su hermanó José, hombre pendenciero, fue uno de sus editores más fieles.
Calderón parodia en un pasaje de esta pieza el sermón acusatorio que pronunció contra él un fraile tras su irrupción en el convento en que se alojaba una hija de Lope de Vega.
Personajes
Alfonso, rey de Portugal
Brito, gracioso
Cautivos
Celín
Don Enrique, príncipe
Don Fernando, príncipe
Don Juan Coutiño
El rey de Fez, viejo
Estrella
Fénix, infanta
Muley, general
Rosa
Soldados
Tarudante, rey de Marruecos
Zara
Jornada primera
(Salen los cautivos cantando lo que quisieren, y Zara.)
Zara Cantad aquí, que ha gustado,
mientras toma de vestir
Fénix hermosa, de oír
las canciones que ha escuchado
tal vez en los baños, llenas
de dolor y sentimiento.
Cautivo 1 Música, cuyo instrumento
son los hierros y cadenas
que nos aprisionan, ¿puede
haberla alegrado?
Zara Sí,
ella escucha. Desde aquí
cantad.
Cautivo 2 Esa pena excede
Zara hermosa, a cuantas son,
pues solo un rudo animal
sin discurso racional,
canta alegre en la prisión.
Zara ¡No cantáis vosotros?
Cautivo 3 Es
para divertir las penas
propias, mas no las ajenas.
Zara Ella escucha, cantad, pues.
(Cantan.)
Cautivos «Al peso de los años
lo eminente se rinde
que a lo fácil del tiempo
no hay conquista difícil.»
(Sale Rosa.)
Rosa Despejad, cautivos, dad
a vuestra canciones fin,
porque sale a este jardín
Fénix a dar vanidad
al campo con su hermosura,
segunda aurora del prado.
(Vanse los cautivos y salen las moras vistiendo a Fénix.)
Estrella Hermosa te has levantado.
Zara No blasone el alba pura
que la debe este jardín
la luz, ni fragancia hermosa
ni la púrpura la rosa,
ni la blancura el jazmín.
Fénix El espejo.
Zara Es excusado
querer consultar con él
los borrones que el pincel
sobre la tez no ha dejado.
(Danle un espejo.)
Fénix ¿De qué sirve la hermosura
—cuando lo fuese la mía—
si me falta la alegría,
si me falta la ventura?
Celima ¿Qué sientes?
Fénix Si yo supiera,
ay Celima, lo que siento,
de mi mismo sentimiento
lisonja al dolor hiciera;
pero de la pena mía
no sé la naturaleza,
que entonces fuera tristeza,
lo que hoy es melancolía.
Solo sé que sé sentir
lo que sé sentir no sé;
que ilusión del alma fue.
Zara Pues no pueden
