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La Mano Invisible
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Libro electrónico325 páginas3 horas

La Mano Invisible

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La Mano Invisible: Dios Organiza Mi Historia es un poderoso testimonio de transformación, restauración y fe inquebrantable. A través de experiencias profundas, desde la rebeldía y la caída hasta la conversión y el cumplimiento del propósito divino, el autor Ismael Garcia Ortolaza revela cómo la mano invisible de Dios guía cada paso de nuestras v

IdiomaEspañol
EditorialNative Book Publishers
Fecha de lanzamiento25 jul 2025
ISBN9798349523229
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    La Mano Invisible - Ismael García Ortolaza

    La Mano Invisible

    Díos Organiza Mí Historia

    Por

    Ismael García Ortolaza

    Publicado por Ismael García Ortolaza

    Derechos Reservados © 2025 Ismael Garcia Ortolaza

    Primera Edición 2025

    Por Ismael Garcia Ortolaza

    Título publicado originalmente en español:

    LA MANO INVISIBLE: DIOS ORGANIZA MI HISTORIA

    Ninguna parte de esta publicación podrá ser reproducida, almacenada en un sistema de recuperación, ni transmitida de ninguna forma ni por ningún medio —sea electrónico, mecánico, por fotocopia, grabación u otros— sin el permiso previo y por escrito del autor, excepto en el caso de breves citas utilizadas en reseñas o comentarios críticos.

    Citas Bíblicas tomadas de la Santa Biblia, Versión Reina-Valera 1960

    © Sociedades Bíblicas Unidas, También hay algunas citas de otras versiones NVI, TLA, que aparecen referenciadas en el texto.

    Clasificación: religión - cristiana

    ISBN -

    Para más información, comuníquese con:

    Pastor Ismael García Ortolaza

    Presidente del Ministerio Internacional

    Un Llamado, Una Misión Ministries

    teléfono: 1-615-605-8648

    Email: info@unllamadounamision.org

    www.pastorismaelgarcia.com

    www.unllamadounamision.org

    INDICE

    Agradecimientos

    Dedicación

    Introducción

    Capítulo 1 El Encuentro

    Capítulo 2 Buenas Amistades

    Capítulo 3 El No de Dios

    Capítulo 4 La Caída

    Capítulo 5 La Restauración

    Capítulo 6 La Movida

    Capítulo 7 El Silencio

    Capítulo 8 La Aventura

    Capítulo 9 Un Llamado Una Misión

    Capítulo 10 La Mano Invisible

    Capítulo 11 El Propósito Cumplido

    Agradecimientos

    Quiero agradecer primeramente a Dios por permitirme expresarme y darme la oportunidad, a través de estas letras, de testificar lo que Él ha hecho en mi vida. Le doy gracias por el ministerio que me fue entregado, aun cuando no era merecedor, pero Su infinita misericordia me alcanzó.

    Agradezco profundamente a mi familia.

    A mi esposa, Demis Morales, mujer virtuosa que ha sabido edificar nuestro hogar: gracias por construir junto a mí una familia firme, por enseñar a nuestros hijos —Ethan García, Sarah García y Hannah García— el valor de la vida, la importancia de la educación y, sobre todo, por ser el ejemplo vivo de lo que significa amar a Dios sobre todas las cosas. Sin ti, esta historia no tendría sentido. Gracias por estar siempre a mi lado y por tu apoyo incondicional en el ministerio.

    A mis padres, Rubén García y María Ortolaza, gracias por enseñarme el camino correcto del evangelio y por sus constantes oraciones. Hoy estoy de pie por la gracia de Dios y por esas oraciones que nunca cesaron.

    Gracias, Papi. Gracias, Mami. Si ustedes no hubieran estado ahí, hoy no estaríamos dando gloria a nuestro Señor Jesucristo.

    A mis hermanos, Raúl Santiago y Marilyn Santiago, sé que Dios está con ustedes y confío plenamente en que Su mano invisible también organizará sus vidas.

    A mis suegros, Saraí Rivera y Edgardo Morales, gracias por ser más que suegros: han sido padres espirituales. En muchas ocasiones, sus consejos me ayudaron a afirmarme aún más en el evangelio.

    A mis cuñadas, Sara Morales y Coralis Morales, simplemente gracias. Ustedes también son parte de esta historia.

    Quiero expresar mi profunda gratitud a la iglesia que tengo el honor de pastorear: Family Worship Center Ministerio Hispano, y a todo el liderazgo de la congregación. Ustedes han sido una gran bendición para nuestra familia. Juntos hemos crecido, aprendido y caminado en el propósito de Dios.

    A nuestros amigos y hermanos del ministerio Un Llamado, Una Misión, y a cada nación que hemos podido impactar con la Palabra y la obra evangelística y misionera: ¡gracias!

    A todos los pastores que marcaron mi vida desde la niñez hasta la adultez:

    Pastor Andrés Plaza, Pastora Annie Williams, Pastor Santos Torres, Pastor Eddie Turner, y hoy, a quien tengo como mi pastor y líder, Bryce Harper.

    Gracias por sus enseñanzas, su ejemplo y su amor por el Reino de Dios.

    Y finalmente, a un amigo que se ha convertido en mi hermano, consejero, y sin quien esta obra no sería posible: gracias por ser un canal de bendición para nuestras vidas.

    Gracias, Reynaldo Flores, y a su amada esposa, Lorena García.

    Doy gracias al que me fortaleció, a Cristo Jesús nuestro Señor, porque me tuvo por fiel, poniéndome en el ministerio,1 Timoteo 1:12 RV60

    Dedicación

    Dedico este libro con mucho amor y cariño a mi amada esposa

    y a mis hijos:

    Demis Morales, Ethan García, Sarah García y Hannah García.

    Introducción

    Este libro narra la historia de un hombre guiado por la mano invisible del Dios todopoderoso para alcanzar el ministerio pastoral. Es una travesía marcada por procesos, pruebas y transformaciones; un relato donde se evidencia cómo Dios convierte lo negativo en positivo, la desesperanza en fe y lo perdido en redención.

    El pastor Ismael García, actualmente líder de la iglesia hispana Family Worship Center en la hermosa ciudad de Murfreesboro, Tennessee, comparte cómo la mano de Dios orquestó cada etapa de su vida —desde la niñez y la juventud, hasta su matrimonio y ministerio— para cumplir con el diseño celestial trazado sobre su historia.

    A través de estas páginas descubrirás la vida de un hombre común que, aun en medio de errores, desiertos y dificultades, fue levantado por la gracia de Dios y conducido a puerto seguro. Su historia es una muestra clara de que, cuando Dios llama, también capacita, sostiene y cumple.

    Cuando existe un llamado de parte de Dios, no hay fuerza que pueda detenerlo, excepto nosotros mismos. Somos nosotros quienes, en ocasiones, nos adelantamos o nos atrasamos. Sin embargo, en el cielo hay un tiempo perfecto —un kairos— que muchas veces desconocemos, pero que marca cada etapa de nuestra vida con propósito. Cada experiencia, cada proceso, está diseñado para que crezcamos como hombres y mujeres de Dios.

    De cada error se aprende, y cuando aprendemos, podemos enseñar a otros cómo superarlos, tal como nosotros lo hicimos. Nunca digas no puedo ni no soy capaz, porque Dios es quien capacita. La Biblia declara que el Espíritu Santo nos enseñará todas las cosas, lo cual significa que Él mismo será nuestro guía y formador.

    Pero la unción que vosotros recibisteis de él permanece en vosotros, y no tenéis necesidad de que nadie os enseñe; así como la unción misma os enseña todas las cosas, y es verdadera, y no es mentira, según ella os ha enseñado, permaneced en él.

    1 Juan 2:27 (RV60)

    Aun así, también es cierto que debemos capacitarnos: sentarnos a aprender, estudiar y escudriñar las Escrituras. Nadie puede impedir lo que Dios ha determinado hacer contigo. Solo necesitas aceptar el reto, mientras Él orquesta cada detalle de tu vida. La mano invisible te ubicará en el lugar donde serás útil en la viña del Señor.

    Tú también tienes un destino. Tienes un propósito. Y nadie te lo puede quitar.

    Atentamente,

    Pastor Ismael García.

    Capítulo 1

    El Encuentro

    Quiero comenzar estableciendo una definición clara y personal de la palabra encuentro, para ayudarte a comprender mejor la historia que estás a punto de descubrir en estas páginas. Estas palabras están destinadas a impactar tu vida, fortalecer tu fe y contribuir a tu crecimiento espiritual.

    La manera más sencilla de entender un encuentro es como la convergencia de dos perspectivas distintas que se encuentran en una conversación entre dos personas. Un encuentro siempre implica, al menos, dos elementos: personas, objetos, pensamientos o cualquier otra cosa capaz de provocar un choque y dar lugar a una conexión significativa.

    Sin embargo, el tipo de encuentro del que quiero hablar hoy es uno que transforma vidas: un encuentro profundo con el Hijo de Dios, Jesús de Nazaret:

    Te mostraré cómo la vida de una persona puede cambiar radicalmente y cuáles son los frutos de esos cambios. Todos necesitamos un encuentro con Jesús. La humanidad clama por una transformación profunda. Existe un vacío existencial; vivimos en una sociedad deprimida y carente de amor hacia el prójimo. La sensibilidad hacia los demás se ha desvanecido.

    Basta con observar las redes sociales, las noticias, las guerras y las enfermedades para darnos cuenta de que, ahora más que nunca, necesitamos un encuentro con Dios.

    Buscad a Jehová mientras puede ser hallado, llamadle en tanto que está cercano. Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Jehová, el cual tendrá de él misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar. Isaías 55:6-7 (RV60)

    Estamos viviendo tiempos muy parecidos a los de Noé. ¿Recuerdas la historia del diluvio? La Biblia relata cómo, en los inicios de la humanidad, después de la creación y multiplicación del hombre, la maldad se incrementó tanto que Dios se entristeció profundamente. Algunas versiones incluso mencionan que Dios se arrepintió de haber creado al hombre.

    Sin entrar en detalles teológicos, lo importante es comprender el dolor que Dios sintió en Su corazón. A pesar de Su decisión de castigar la maldad de la humanidad, el escritor bíblico destaca algo muy significativo: Pero Noé halló gracia ante los ojos de Dios.

    Es increíble pensar que, en medio de tanta maldad, Dios encontró gracia en un hombre. ¡Qué encuentro tan poderoso! A pesar de la corrupción de su generación, Noé y Dios tuvieron un encuentro significativo.

    Recuerda: en cualquier situación que el mundo esté viviendo, siempre habrá un remanente fiel que guarda Sus mandamientos y permanece leal al Creador de los cielos y de la tierra.

    La generación actual vive de manera similar. En Mateo 24:38-39 se nos advierte que la venida del Hijo del Hombre será en tiempos semejantes a los de Noé. Otro caso comparable es el de Sodoma y Gomorra, una historia que muchos conocemos. Estas dos ciudades estaban sumidas en una profunda corrupción social y moral, lo que llevó a Dios a emitir juicio sobre ellas.

    Sin embargo, gracias a la intercesión de Abraham, Lot y su familia fueron salvados (Lucas 17:28-29). Hoy, más que nunca, necesitamos un encuentro con Jesús, ya que el mundo está en sus últimos tiempos.

    La iglesia debe interceder, como Abraham lo hizo por Lot, pidiendo misericordia por la humanidad.

    Si, por alguna razón, te encuentras atravesando este último suspiro junto a tu familia, hijos, esposa o esposo, la siguiente historia fortalecerá tu fe.

    Si crees en Jesús, recuerda: para el Hacedor de maravillas no hay nada imposible.

    El Campamento

    El 13 de mayo de 1998, recibí una invitación para asistir a un retiro-campamento en Carolina, Puerto Rico, organizado por un grupo cristiano muy popular en aquella época: el grupo Génesis.

    Aunque había sido criado en la iglesia cristiana, en ese momento me encontraba alejado de los caminos de Dios y no le servía al Señor. Acepté la invitación principalmente por mi pasión por la música, una de mis grandes aficiones hasta el día de hoy. En aquellos días, tomaba clases de música y pasaba horas encerrado en mi cuarto —como muchos jóvenes— escuchando música y practicando mi instrumento favorito: la guitarra. Tenía una verdadera obsesión por aprender a tocar aquel instrumento de cuerdas.

    Finalmente, decidí asistir al retiro de tres días, aunque al principio no estaba del todo convencido. Conocía a algunos integrantes del ministerio Génesis, autores de la famosa canción Eres el fuego que me quema, la cual sigue siendo de gran bendición y edificación para el pueblo del Señor. Génesis era un grupo musical muy usado por Dios en la década de los 90. Organizaban retiros cada tres meses, es decir, cuatro veces al año, y también realizaban un evento anual titulado Iluminación, donde personas de diferentes lugares se reunían para un encuentro de avivamiento. Era un espacio donde el poder de Dios se manifestaba de manera palpable, y Su presencia se hacía evidente.

    En esta ocasión, el retiro al que asistí fue el del mes de mayo: tres días en un lugar desconocido. Lo que no sabía era que, en ese retiro, el sábado 16 de mayo de 1998, tendría un encuentro personal con Dios. Nunca imaginé que ese día conocería realmente a Jesús, quien es el camino, la verdad y la vida.

    La pregunta es: ¿por qué tuve un encuentro con Dios? ¿Qué sucedió en mi vida para que me alejara de Él? Ahora te contaré qué fue lo que pasó y cómo la mano invisible de Dios organizó todo para que llegara a aquel lugar.

    Madre o padre que estás leyendo este libro: nunca, pero nunca dejes de orar por tus hijos. Las oraciones llegan al cielo, y Dios responde.

    Aquí comienza mi historia.

    La Rebeldía

    Antes de mi encuentro, mi vida estaba siendo destruida por Satanás a una temprana edad. Apenas comenzaba a vivir: tenía 16 años. A pesar de todo, hoy puedo decir con certeza que Jesús nunca llega tarde.

    A esa edad me encontraba caminando sin fe, sin esperanza y con una autoestima baja. En parte, esto se debía al acoso que sufrí en la escuela superior por haber tomado malas decisiones, incluso por parte de aquellos que se decían ser mis amigos. Pero, como dice el viejo refrán: Nadie aprende en cabeza ajena. Como jóvenes, somos ignorantes y no tenemos las experiencias de la vida, las cuales solo llegan con los años. Todo esto fue el resultado de una decisión equivocada de la cual hablaré más adelante.

    Ese día, Jesús vino a salvarme. Me dio esperanza cuando pensaba que no la tenía. Dios respondió a las oraciones de mis padres, quienes clamaban fervientemente por mí.

    Quiero contarte cómo llegué al punto de perder a Jesús en mi vida… y cómo volví a encontrarlo.

    Desde muy pequeño, hasta completar la escuela secundaria, tuve la oportunidad de estudiar en escuelas privadas y recibir una buena educación, gracias al esfuerzo de mis padres. Reconozco que no todos los hijos tienen el privilegio de asistir a escuelas privadas, y agradezco profundamente haber tenido esa oportunidad.

    Durante la primaria y secundaria —conocidas en Estados Unidos como Elementary y Middle School— asistí al Colegio Bautista Bethel en Río Grande, Puerto Rico. En ese colegio tuve la bendición de conocer a personas cristianas y de hacer buenos amigos; éramos como una familia. Recuerdo con cariño a amigos como Wilfredo, Benjamín, Héctor, Miguel, Víctor, Milagro, Limaris, José, Daniel, entre otros. Qué hermoso es crecer rodeado de amigos cristianos, compartiendo la misma fe en un mismo Dios.

    Cada mañana, el colegio celebraba un tiempo de reflexión en la capilla, donde formábamos una base sólida en los principios bautistas, a pesar de que mi familia era pentecostal. Fue un ambiente que nos ayudó a crecer con valores y fundamentos espirituales.

    Sin embargo, en noveno grado, el colegio cerró su escuela secundaria, lo que obligó a mis padres a buscar otras opciones educativas para mí. Algunos de mis amigos se fueron a otros colegios, pero mis padres me incluyeron en la decisión sobre adónde quería ir. Después de considerar varias opciones, decidimos que estudiaría en el Colegio Luterano de Carolina, un colegio con formación luterana.

    Este colegio tenía un horario interesante: comenzaba a las 7:30 a.m. y terminaba a las 12:30 p.m. Tanto mis padres como yo quedamos impresionados por ese horario, aunque no sabíamos las dificultades que enfrentaríamos allí.

    Como muchos jóvenes, llegué a una etapa de rebeldía. Aunque crecí en un hogar cristiano —y no solo cristiano, sino pentecostal— tuve que enfrentar reglas, doctrinas y dogmas que solo alguien criado en un hogar así puede entender. Las normas eran estrictas: no se permitía ir al cine, la ropa debía seguir cierto estilo y hasta los cortes de cabello estaban regulados.

    Mis padres, quienes aún mantienen esa misma rectitud, solo querían lo mejor para mí. Hoy, siendo padre de tres hijos, comprendo mucho mejor sus intenciones… y les estoy profundamente agradecido.

    La rigidez de estas reglas, combinada con mis experiencias en la escuela superior, me llevó a rebelarme contra Dios y contra la fe que conocíamos en casa. Quería ser popular, pero sentía que el cristianismo me lo impedía. Me alejé de Dios y no quería estar con los cristianitos de la escuela; tampoco quería que me vieran como Ismael, el evangélico.

    Me enamoré de una chica bonita, pero alejada de Dios. Comenzamos como amigos y, con el tiempo, nos convertimos en novios. Mis padres, siendo tan estrictos, no aprobaron la relación —y ahora entiendo sus motivos. Ellos deseaban que mis amistades y relaciones fueran con personas de nuestra iglesia y nuestra fe, pero en aquel momento yo lo veía como una limitación.

    Esta percepción, sumada al ambiente pentecostal en el que crecí, me llevó a alejarme aún más de Dios.

    Alejarse de los caminos del Señor es una decisión personal. Haber sido criado en la iglesia no garantiza la salvación. Para entrar al Reino de los Cielos, cada persona debe tener un encuentro personal con Dios y confesar a Jesús como su Salvador, tal como enseña la Palabra.

    Que, si confiesas con tu boca que Jesús es el Señor, y crees en tu corazón que Dios lo levantó de entre los muertos, serás salvo. Romanos 10:9

    La salvación consiste en reconocer y creer en Jesús. Todos necesitamos aceptar que Él es el Hijo de Dios. En mi caso, la rebeldía me llevó a rechazar por completo la fe.

    Comencé a relacionarme con personas que me introdujeron a la música satánica, lo que me alejó aún más de Dios. Ya no deseaba asistir a los servicios de jóvenes; solo quería estar fuera de los caminos del Señor. El enemigo aprovechó mi rebeldía para sembrar pensamientos negativos en mi mente.

    Fui atrapado por un espíritu de rebeldía tan fuerte que llegué a decirle a mi madre: Mátame, porque no quiero saber más de tu Dios. Estaba rechazando completamente al Dios que había conocido desde niño.

    En mi mente llegué a escuchar voces que me decían tantas cosas negativas… Me estaba volviendo loco, desesperado por salir de mi casa y tomar mis propias decisiones sin tener que darles cuentas a mis padres. El enemigo intentaba apoderarse de mi mente y de mi alma, tal como lo advierte la Palabra.

    Sed sobrios y velad; porque vuestro adversario, el diablo, anda como león rugiente, buscando a quién devorar. 1 Pedro 5:8:

    El campo de batalla del enemigo es la mente. Tengo que decir que la etapa más difícil de mis años fue la juventud, probablemente porque aún no tenía la experiencia necesaria para enfrentar los desafíos, aunque siempre conté con buenos consejos.

    Sin embargo, la mente es difícil de controlar si no tienes a Cristo. Los ataques y dardos del enemigo eran demasiado fuertes para que, como joven, pudiera lidiar con ellos por mí mismo.

    Hoy en día vemos a muchos jóvenes luchando, e incluso atentando contra sus vidas, debido al acoso cibernético, la presión social, las drogas, la búsqueda de popularidad y la constante influencia del enemigo en sus mentes.

    Exhorto a todos a orar con intensidad para que Dios siga derramando Su presencia y avivando a nuestra juventud—una juventud libre para impactar al mundo.

    Mi Padre

    Esta historia no solo me tocó como joven; también tengo que contarte la historia de mi padre, para que puedas entender cómo llegué a todas estas situaciones que me llevaron a negar a mi Dios y cómo logré salir de esa abnegación para encontrarme con Jesús.

    Haciendo un paréntesis en mi testimonio, aquí te presento también la historia de mi padre. Somos tres hermanos: mi hermana mayor, Marilyn, y mi hermano, Raúl. Cuando mi madre conoció a mi padre, Rubén García, él no era creyente en ese momento. Aunque había sido criado en el evangelio, desde muy joven dejó de perseverar en los caminos del Señor y estuvo apartado

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