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La vida simbólica 1
La vida simbólica 1
La vida simbólica 1
Libro electrónico856 páginas10 horasObra Completa de Carl Gustav Jung

La vida simbólica 1

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Este volumen contiene más de 130 textos que se extienden desde el año 1901, cuando Jung acababa de obtener a los 26 años de edad su primer puesto de trabajo como médico asistente, hasta 1961, poco antes de su muerte. Esta colección abarca prácticamente todos los intereses profesionales e intelectuales de Jung durante toda una vida dedicada a la interpretación del símbolo. Entre estos escritos destacan las «Conferencias Tavistock» Sobre la teoría y la práctica de la psicología analítica y el seminario en el Guild of Pastoral Psychology La vida simbólica.
IdiomaEspañol
EditorialTrotta
Fecha de lanzamiento17 jun 2025
ISBN9788413642857
La vida simbólica 1
Autor

Carl Gustav Jung

C.G. Jung was one of the great figures of the 20th century. He radically changed not just the study of psychology (setting up the Jungian school of thought) but the very way in which insanity is treated and perceived in our society.

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    La vida simbólica 1 - Carl Gustav Jung

    I

    LAS CONFERENCIAS TAVISTOCK.

    SOBRE LA TEORÍA Y LA PRÁCTICA DE LA PSICOLOGÍA ANALÍTICA

    NOTA DE LOS EDITORES DE LAS COLLECTED WORKS

    A iniciativa del doctor J. A. Hadfield, C. G. Jung fue invitado por el Institute of Medical Psychology (Tavistock Clinic), Malet Place, Londres, a dictar una serie de cinco conferencias que impartió entre los días 30 de septiembre y 4 de octubre de 1935. De acuerdo con la memoria anual del Instituto correspondiente a 1935, las conferencias no tenían título cuando fueron anunciadas. La audiencia, de unas doscientas personas, estaba formada básicamente por miembros de la profesión médica. Se realizó un registro estenográfico de las conferencias y de las discusiones subsiguientes; la transcripción fue revisada por Mary Barker y Margaret Game, aprobada por el profesor Jung, imprimida mediante mimeografía y distribuida en 1936 a los miembros del Analytical Psychology Club de Londres bajo el título Fundamental Psychological Conceptions: A Report of Five Lectures by C. G. Jung. Esta obra se conoce generalmente como The Tavistock Lectures o como The London Seminars.

    Algunos pasajes de estas conferencias fueron publicados en francés por el doctor Roland Cahen dentro de su edición de textos de Jung L’homme à la découverte de son âme (Ginebra, 1944; cf. infra, § 1357 ss.), donde el editor los insertó en la transcripción de una serie de seminarios que Jung impartió en 1934 en la Sociedad de Psicología de Basilea. Jung utilizó en gran parte el mismo material tanto en las series de Londres y Basilea como en las conferencias que dictó en 1934 y 1935 en la Universidad Técnica de Zúrich.

    El presente texto [inglés] ha sido revisado estilísticamente por R. F. C. Hull bajo la supervisión de los editores de las Collected Works, y las notas a pie de páginas insertadas por las señoras Barker y Game han sido aumentadas. [Tanto estas notas como las del traductor español se indican con asterisco.] El texto fue publicado en 1968 bajo el título Analytical Psychology: Its Theory and Practice; The Tavistock Lectures (Pantheon Books, New York y Routledge & Kegan Paul, London), con el añadido de un prólogo de E. A. Bennet y de un apéndice que expone detalles biográficos de los participantes en la discusión (ambos han sido omitidos ahora).

    Estamos muy agradecidos a las señoras Barker y Game por su cooperación; a los participantes en la discusión todavía vivos por habernos permitido reproducir sus comentarios; al doctor Roland Cahen; y al señor Sidney Gray, actual secretario del Tavistock Institute of Medical Psychology por su ayuda. Por sus consejos durante la preparación de las notas, los editores están en deuda con Joseph Campbell, J. Desmond Clark, Etienne Gilson, Norbert Guterman, la señora Lilly Jung, E. Dale Saunders y la señora Ruth Spiegel.

    NOTA PREVIA A LA EDICIÓN ORIGINAL

    Esta reproducción de las conferencias que el profesor Jung dictó en el Institute of Medical Psychology se publica bajo los auspicios del Analytical Psychology Club, Londres.

    En principio esta reproducción es literal, aunque hemos creído conveniente alterar la construcción de ciertas frases para evitar la ambigüedad del significado. Las editoras confiamos en que al hacer estos cambios menores no habremos destruido el individualísimo sabor de estas conferencias.

    En unos pocos casos nos ha resultado imposible averiguar los nombres de los participantes en las discusiones, y tampoco hemos podido presentar nuestra formulación de sus preguntas a los participantes. Pedimos disculpas por esta deficiencia y por cualquier error que podamos haber cometido al reproducir las preguntas.

    Con permiso del profesor Jung, los clisés de los diagramas y los dibujos han sido elaborados a partir de los originales, que son propiedad suya* .

    Expresamos nuestro agradecimiento al Institute of Medical Psychology no sólo por haber permitido al Analytical Psychology Club publicar las conferencias, sino también por facilitarnos el trabajo de muchas maneras. A la señorita Toni Wolff le damos las gracias especialmente por habernos ayudado en nuestra tarea. Por último, y sobre todo, queremos agradecer al profesor Jung que haya contestado a nuestras preguntas sobre puntos difíciles y que haya aprobado el texto en su forma final.

    Londres, octubre de 1935

    MARY BARKER

    MARGARET GAME

    * Los diagramas han sido reejecutados, y las fotografías de los dibujos (que en realidad son acuarelas) han sido proporcionadas amablemente por el doctor E. A. Bennet.

    PRIMERA CONFERENCIA

    *

    El presidente, Dr. H. Crichton-Miller:

    [1] Señoras y señores, estoy aquí para dar la bienvenida en nombre de todos nosotros al profesor Jung, y estoy muy feliz de poder hacerlo. Profesor Jung, durante varios meses hemos esperado con ilusión su visita. Sin duda, muchos de nosotros esperamos ser iluminados por estos seminarios. Confío que la mayor parte de nosotros esperemos ser iluminados sobre nosotros mismos. Muchos han venido porque ven en usted al hombre que ha salvado a la psicología moderna del peligroso aislamiento al que estaba siendo arrastrada en el campo del conocimiento humano. Algunos de nosotros hemos venido porque respetamos y admiramos la amplitud de visión con que usted ha establecido audazmente esa alianza entre la filosofía y la psicología que ha sido condenada en otros lugares. Para nosotros, usted ha restaurado la idea de valor y el concepto de libertad humana en el pensamiento psicológico; usted nos ha dado unas ideas nuevas que han sido preciosas para muchos de nosotros, y sobre todo usted no ha puesto punto final al estudio de la psique humana donde la ciencia acaba. Profesor Jung, por este y por muchos otros beneficios que cada uno de nosotros conoce le estamos agradecidos y acudimos a estas reuniones con las máximas expectativas.

    C. G. Jung:

    [2] Señoras y señores, ante todo me gustaría subrayar que mi lengua materna no es el inglés. Por tanto, si mi inglés no es demasiado bueno tengo que pedirles disculpas por todos los errores que pueda cometer.

    [3] Como ustedes saben, mi intención es exponerles un breve resumen de algunas concepciones fundamentales de la psicología. El hecho de que mi exposición se centre en mis propios principios o en mi propio punto de vista no significa que yo desprecie el valor de las grandes contribuciones de otras personas que trabajan en este mismo campo. No pretendo situarme injustificadamente en primer plano, pero puedo suponer que ustedes conocen los méritos de Freud y Adler tan bien como yo.

    [4] En cuanto a nuestra manera de proceder, me gustaría empezar dándoles una breve idea de mi programa. Tenemos que abordar dos temas principales: por una parte, los conceptos relativos a la estructura de la mente inconsciente y a sus contenidos ; por otra parte, los métodos usados para investigar los contenidos que surgen en los procesos psíquicos inconscientes. El segundo tema tiene tres partes: el método de asociación de palabras, el método de análisis de los sueños y el método de la imaginación activa.

    [5] Por supuesto, sé que soy incapaz de exponerles todo lo que hay que decir sobre temas tan difíciles como, por ejemplo, los problemas filosóficos, religiosos, éticos y sociales propios de la consciencia colectiva de nuestra época, o sobre los procesos de lo inconsciente colectivo y las investigaciones de mitología e historia comparada que son necesarias para elucidarlos. Estos temas, aunque nos parezcan remotos, son los factores más potentes a la hora de hacer, regular y perturbar el estado mental personal, y además conforman la raíz del desacuerdo en el campo de las teorías psicológicas. Aunque soy un médico y, por tanto, me ocupo ante todo de psicopatología, estoy convencido de que esta rama de la psicología no puede sino beneficiarse de que profundicemos considerablemente y ampliemos nuestro conocimiento de la psique normal en general. En especial, el médico no debería olvidar que las enfermedades son procesos normales perturbados y no entia per se [seres por sí mismos] con una psicología propia. Similia similibus curantur [Lo similar se cura mediante lo similar] es una importante verdad de la vieja medicina; y como es una gran verdad, puede convertirse en un gran disparate. Por consiguiente, la psicología médica debería procurar no volverse insana. La parcialidad y la estrechez de miras son peculiaridades neuróticas bien conocidas.

    [6] Lo que yo sea capaz de decirles no será más que un fragmento lamentablemente inacabado. Por desgracia, no les traigo muchas teorías nuevas, pues a mi temperamento empírico le interesan más los hechos nuevos que las especulaciones que podamos elaborar sobre ellos (aunque tengo que reconocer que esto último es un pasatiempo intelectual muy entretenido). Para mí, cada caso nuevo es casi una teoría nueva, y no estoy seguro de que este punto de vista sea completamente malo, en especial si pienso en la extrema juventud de la psicología moderna, que en mi opinión todavía no ha salido de la cuna. Sé, por tanto, que todavía no ha llegado el tiempo de las teorías generales. A veces tengo incluso la impresión de que la psicología no ha comprendido todavía la magnitud gigantesca de su tarea o la naturaleza desconcertantemente compleja de su materia: la psique. Pienso que nos estamos despertando a este hecho y que la madrugada todavía es demasiado oscura para que comprendamos qué significa que la psique sea no sólo el objeto de la observación y del juicio científicos, sino al mismo tiempo su sujeto, el instrumento mediante el que hacemos esas observaciones. La amenaza de un círculo tan formidablemente vicioso me ha llevado a una precaución y a un relativismo extremos que a menudo han sido malentendidos por completo.

    [7] No voy a interrumpir mi exposición con argumentos críticos inquietantes. Sólo los menciono como una especie de disculpa anticipada por unas complicaciones que puedan parecer innecesarias. No me preocupan las teorías, pero sí los hechos; así que les ruego que recuerden que el poco tiempo de que dispongo no me permite presentarles todas las pruebas en que se basan mis conclusiones. Me refiero en especial a las complejidades del análisis de los sueños y al método comparativo de investigación de los procesos inconscientes. En pocas palabras: dependo en gran medida de su buena voluntad, y comprendo que mi primera tarea es hacer las cosas lo más sencillas posibles.

    [8] La psicología es ante todo una ciencia de la consciencia. En segundo lugar, es la ciencia de los productos de lo que nosotros llamamos «la psique inconsciente». No podemos explorar directamente la psique inconsciente por la sencilla razón de que lo inconsciente es inconsciente y no tenemos relación alguna con él. Lo único que podemos hacer es estudiar los productos conscientes cuyo origen suponemos que se encuentra en el campo denominado «lo inconsciente», ese campo de «representaciones oscuras» del que el filósofo Kant dice en su Antropología que ocupa medio mundo * . Lo que digamos sobre lo inconsciente siempre será lo que la mente consciente diga sobre él. La psique inconsciente, cuya naturaleza desconocemos por completo, siempre se expresa mediante la consciencia y en términos de consciencia, y esto es todo lo que podemos hacer. No podemos ir más allá de esto, y siempre deberíamos tenerlo en cuenta como una crítica última de nuestro juicio.

    [9] La consciencia es una cosa peculiar. Es un fenómeno intermitente. La quinta parte, o tal vez la tercera parte o incluso la mitad de nuestra vida humana la pasamos en estado inconsciente. Nuestra primera infancia es inconsciente. Cada noche nos sumergimos en lo inconsciente, y sólo en las fases que transcurren entre que nos despertamos y nos dormimos poseemos una consciencia más o menos clara. Hasta cierto punto se puede incluso preguntar si esa consciencia es clara. Por ejemplo, suponemos que un niño o una niña de diez años es consciente, pero es fácil demostrar que esa consciencia es muy peculiar, pues podría carecer de consciencia del yo . Conozco varios casos de niños de once, doce y catorce años (o incluso mayores) que de repente se dan cuenta de que «yo soy». Por primera vez en su vida saben que ellos mismos están viviendo, que están volviendo la vista a un pasado en el que pueden recordar que sucedían cosas, pero no que ellos estaban en ellas.

    [10] Tenemos que admitir que, cuando decimos «yo», no poseemos un criterio absoluto de si tenemos una experiencia plena de «yo». Es posible que nuestro conocimiento del yo todavía sea fragmentario y que en el futuro la gente sepa mucho más que nosotros sobre lo que el yo significa para el hombre. De hecho, no podemos ver dónde acabará este proceso.

    [11] La consciencia es como una superficie o una piel sobre una vasta área inconsciente de extensión desconocida. No sabemos hasta dónde manda lo inconsciente, pues no sabemos nada de él. No podemos decir nada de una cosa de la que no sabemos nada. Cuando decimos «lo inconsciente», a menudo creemos que nos estamos refiriendo a algo, pero en realidad simplemente estamos diciendo que no sabemos qué es lo inconsciente. Sólo tenemos pruebas indirectas de que hay una esfera mental subliminal. Tenemos alguna justificación científica de nuestra conclusión de que esa esfera existe. A partir de los productos que la mente inconsciente produce podemos llegar a ciertas conclusiones sobre su posible naturaleza. Pero tenemos que procurar que nuestras conclusiones no sean demasiado antropomórficas, pues en la realidad las cosas pueden ser muy diferentes de lo que nuestra consciencia cree.

    [12] Si, por ejemplo, miramos nuestro mundo físico y estudiamos lo que nuestra consciencia hace de él, encontramos todo tipo de imágenes mentales que no existen como hechos objetivos. Por ejemplo, vemos colores y oímos sonidos, pero en realidad son oscilaciones. De hecho, necesitamos un laboratorio con aparatos muy complejos para establecer una imagen de ese mundo independiente de nuestros sentidos y de nuestra psique. Supongo que sucede lo mismo con nuestro inconsciente: necesitaríamos un laboratorio en el que pudiéramos establecer mediante métodos objetivos cómo son las cosas realmente en el estado inconsciente. Tengan presente esta crítica cuando yo les vaya exponiendo mis conclusiones y mis afirmaciones sobre lo inconsciente a lo largo de estas conferencias. Se trata siempre de un «como si», y ustedes no deberían olvidar nunca esta restricción.

    [13] Además, la mente consciente se caracteriza por cierta estrechez. En un momento dado sólo puedo asir unos pocos contenidos simultáneos. Todo lo demás es inconsciente en ese momento, y sólo obtenemos una especie de continuación o una comprensión general de un mundo consciente mediante la sucesión de momentos conscientes. No podemos conseguir una imagen de totalidad porque nuestra consciencia es demasiado estrecha; sólo podemos ver flashes de existencia. Siempre es como si estuviéramos observando a través de una hendidura, por lo que sólo vemos un aspecto particular; todo lo demás está oscuro y no lo captamos en ese momento. El área de lo inconsciente es enorme y continua, mientras que el área de la consciencia es un campo restringido de visión momentánea.

    [14] La consciencia es básicamente el producto de la percepción y orientación en el mundo exterior . Probablemente está localizada en el cerebro, que es de origen ectodérmico y probablemente fue un órgano sensorial de la piel en tiempos de nuestros ancestros más remotos. La consciencia, al derivarse de esa localización en el cerebro, probablemente retenga esas cualidades de sensación y orientación. Es muy curioso que los psicólogos franceses e ingleses de los siglos XVII y XVIII intentaran derivar la consciencia de los sentidos, como si estuviera formada únicamente por datos sensoriales. Esto lo expresa la famosa fórmula Nihil est in intellectu quod non fuerit in sensu * . Podemos observar algo similar en las teorías psicológicas modernas. Freud, por ejemplo, no deriva la consciencia de los datos sensoriales, pero sí deriva lo inconsciente de lo consciente, y esta idea se encuentra en la misma línea racional.

    [15] Yo lo diría al revés: yo diría que lo primero es obviamente lo inconsciente y que la consciencia surge de un estado inconsciente. En la primera infancia somos inconscientes; las funciones más importantes de una naturaleza instintiva son inconscientes, y la consciencia es más bien el producto de lo inconsciente. La consciencia requiere un esfuerzo violento. Nos cansamos de ser conscientes. La consciencia nos deja exhaustos, es un esfuerzo casi innatural. Al observar a los primitivos, por ejemplo, vemos que ante la menor provocación (o incluso sin provocación) se quedan medio dormidos, desaparecen. Permanecen sentados durante horas, y cuando les preguntas: «¿Qué haces? ¿Qué piensas?», se sienten ofendidos porque: «Sólo los locos piensan, tienen pensamientos en su cabeza. Nosotros no pensamos». Si los primitivos piensan, lo hacen con el vientre o con el corazón. Algunas tribus africanas afirman que los pensamientos están en el vientre porque ellas sólo captan los pensamientos que afectan al hígado, a los intestinos o al estómago. Con otras palabras: sólo son conscientes de los pensamientos emocionales. Las emociones y los afectos siempre están acompañados por inervaciones fisiológicas obvias.

    [16] Los indios pueblo me dijeron que los americanos están locos, y por supuesto me quedé asombrado y les pregunté por qué. Me dijeron: «Bueno, ellos dicen que piensan con sus cabezas. Nadie sano piensa con la cabeza. Nosotros pensamos con el corazón». Los indios pueblo todavía están en la era homérica, cuando el diafragma ( phren = mente, alma) era la sede de la actividad psíquica. Esto representa una localización psíquica de naturaleza diferente. Nuestro concepto de consciencia sostiene que el pensamiento está en nuestra majestuosa cabeza. Pero los indios pueblo derivan la consciencia de la intensidad del sentimiento. El pensamiento abstracto no existe para ellos. Como los indios pueblo adoran el Sol, puse a prueba con ellos el argumento de San Agustín. Les dije que Dios no es el Sol, sino quien creó el Sol * . Ellos no pudieron aceptar este argumento porque no pueden ir más allá de sus percepciones sensoriales y de sus sentimientos. De ahí que para ellos la consciencia y el pensamiento se localicen en el corazón. Por el contrario, para nosotros las actividades psíquicas no son nada. Nosotros pensamos que los sueños y las fantasías están localizados «muy abajo»; por eso hay gente que habla de la mente sub -consciente, de cosas que están por debajo de la consciencia.

    [17] Estas peculiares localizaciones desempeñan una función muy importante en la «psicología primitiva», que no es en absoluto primitiva. Si, por ejemplo, estudiamos el yoga tántrico y la psicología hindú, encontraremos un sistema muy elaborado de capas psíquicas, de localizaciones de la consciencia desde el perineo hasta la cabeza. Estos «centros» son los chakras * , y no los encontramos sólo en las enseñanzas del yoga, sino que también podemos descubrir esta misma idea en viejos libros alemanes de alquimia que por supuesto no se derivan del conocimiento del yoga ** .

    [18] Lo importante en relación con la consciencia es que nada puede ser consciente sin un yo al que referirse. Si algo no está relacionado con el yo, no es consciente. Por tanto, podemos definir la consciencia como una relación de hechos psíquicos con el yo. ¿Y qué es ese yo? El yo es un dato complejo que está formado ante todo por la certeza general de mi cuerpo, de mi existencia, y en segundo lugar por mis recuerdos; tengo cierta idea de haber sido, una larga serie de recuerdos. Estos son los dos componentes principales de lo que llamamos «el yo». Por consiguiente, podemos decir que el yo es un complejo de hechos psíquicos. Este complejo tiene un gran poder de atracción, es como un imán; atrae a contenidos de lo inconsciente, de ese ámbito oscuro del que no sabemos nada; también atrae a impresiones del exterior, las cuales se vuelven conscientes cuando entran en asociación con el yo. De lo contrario no se vuelven conscientes.

    [19] Mi idea del yo es que el yo es una especie de complejo. Por supuesto, el yo es nuestro complejo más cercano y querido. El yo siempre se encuentra en el centro de nuestra atención y de nuestros deseos, y es el centro absolutamente indispensable de la consciencia. Si el yo se divide (como sucede en la esquizofrenia), perdemos el sentido de los valores, y las cosas se vuelven inaccesibles a la reproducción voluntaria porque el centro se ha roto y ciertas partes de la psique se relacionan con un fragmento del yo y otros contenidos se relacionan con otro fragmento del yo. De ahí que en un esquizofrénico podamos ver a menudo un cambio rápido de una personalidad a otra.

    [20] Podemos distinguir varias funciones en la consciencia. Gracias a ellas, la consciencia se orienta en el campo de los hechos ectopsíquicos y endopsíquicos. Yo denomino ectopsique al sistema de relación entre los contenidos de la consciencia y los hechos y los datos procedentes del entorno. Es el sistema que me permite orientarme en el trato con los hechos exteriores que mis sentidos me proporcionan. Por su parte, la endopsique es el sistema de relación entre los contenidos de la consciencia y los procesos postulados en lo inconsciente.

    [21] En primer lugar voy a hablar de las funciones ectopsíquicas. Ante todo tenemos la sensación * , nuestra función sensorial. Entiendo por «sensación» lo que los psicólogos franceses llaman la fonction du réel , que es la suma total del conocimiento de los hechos exteriores que la función de mis sentidos me da. Pienso que esa expresión francesa lo explica de la manera más completa. La sensación me dice que algo es : no me dice qué es ni me dice nada más sobre eso; sólo me dice que algo es.

    [22] La siguiente función que podemos distinguir es el pensamiento ** . Pensar es algo muy difícil si le preguntamos a un filósofo, así que no se lo pregunten a un filósofo, pues es la única persona que no sabe qué es pensar. Cualquier otra persona sabe qué es pensar. Cuando le decimos a una persona: «Piensa con corrección», sabe exactamente lo que le queremos decir, pero un filósofo nunca lo sabe. En su forma más simple, el pensamiento nos dice qué es una cosa, le pone nombre a esa cosa. Añade un concepto, pues pensar es percibir y juzgar. (La psicología alemana lo llama «apercepción».) *** .

    [23] La tercera función que podemos distinguir y para la que el lenguaje ordinario tiene un término es el sentimiento **** . Aquí las mentes se confunden y la gente se enfada cuando hablo de sentimiento porque desde su punto de vista digo unas cosas horribles sobre él. El sentimiento te informa mediante sus tonos sentimentales sobre los valores de las cosas. Por ejemplo, te dice si una cosa es aceptable y agradable o no. Te dice qué vale una cosa para ti. Debido a este fenómeno, no podemos percibir ni apercibir sin tener una reacción sentimental. Siempre tenemos un tono sentimental, y esto se puede demostrar mediante un experimento. Hablaremos de estas cosas más adelante. Lo «horrible» que yo digo sobre el sentimiento es que, al igual que el pensamiento, es una función racional ***** . Todas las personas que piensan están absolutamente convencidas de que el sentimiento no es una función racional, sino sumamente irracional. Pero yo digo: tengan un poco de paciencia y recuerden que nadie puede ser perfecto desde todos los puntos de vista. Si una persona es perfecta en su pensamiento, no lo será en su sentimiento, pues nadie puede hacer las dos cosas a la vez; se estorban recíprocamente. Por consiguiente, cuando quieres pensar de una manera desapasionada, realmente científica o filosófica, tienes que separarte de todos los valores sentimentales. No puedes ocuparte al mismo tiempo de valores sentimentales, pues empezarás a sentir que es mucho más importante pensar sobre la libertad de la voluntad que, por ejemplo, sobre la clasificación de los piojos. Si analizamos estos dos objetos desde el punto de vista del sentimiento, son diferentes no sólo en tanto que hechos, sino también en tanto que valores. Los valores no son criterios para el intelecto, pero existen, y dar valor es una función psicológica importante. Si queremos tener una imagen completa del mundo, es necesario que tomemos en cuenta los valores. De lo contrario tendremos problemas. A muchas personas los sentimientos les parecen muy irracionales porque en estados de ánimo estúpidos sentimos todo tipo de cosas; de ahí que todo el mundo esté convencido (especialmente en este país) de que tenemos que controlar nuestros sentimientos. Admito que esto es una buena costumbre y admiro sin reservas a los ingleses por esta capacidad. Pero los sentimientos existen, y conozco a personas que controlan sus sentimientos maravillosamente bien y sin embargo son incomodadas terriblemente por ellos.

    [24] Pasemos a la cuarta función. La sensación nos dice que una cosa es . El pensamiento nos dice qué es esa cosa. El sentimiento nos dice qué valor tiene esa cosa para nosotros. ¿Falta algo? Podríamos suponer que alguien tiene una imagen completa del mundo si sabe que algo es, qué es y qué vale. Pero hay otra categoría: el tiempo. Las cosas tienen un pasado y un futuro. Vienen de alguna parte y van a alguna parte, y no podemos ver de dónde han venido ni saber adónde van, pero podemos tener un presentimiento, una corazonada. Si, por ejemplo, eres un comerciante de arte o de muebles antiguos, tienes la corazonada de que cierto objeto es de un maestro muy bueno de 1720, tienes la corazonada de que es una obra buena. O no sabes cómo estarán las acciones dentro de un rato, pero tienes el presentimiento de que subirán. A esto se le llama intuición * , una especie de adivinación, una especie de facultad milagrosa. Por ejemplo, no sabes que tu paciente tiene algo muy doloroso en su mente, pero «se te ocurre una idea», «tienes una sospecha», como se suele decir, pues el lenguaje ordinario todavía no está suficientemente desarrollado para darnos unos términos bien definidos. La palabra intuition forma parte cada vez más de la lengua inglesa, y ustedes tienen mucha suerte porque esta palabra no existe en otros idiomas. Los alemanes ni siquiera pueden hacer una distinción lingüística entre sensation y feeling [sensación y sentimiento]. La situación es diferente en francés; al hablar en francés no puedes decir que tienes un sentiment dans l’estomac, sino que dirás une sensation; en inglés ustedes también tienen dos palabras para distinguir sensation y feeling. Pero es fácil que confundan feeling e intuition. Por tanto, la distinción que he hecho aquí es casi artificial, aunque por razones prácticas es muy importante que hagamos esa diferenciación en el lenguaje científico. Tenemos que definir lo que queremos decir cuando usamos ciertos términos, pues de lo contrario hablaremos un lenguaje ininteligible, y en psicología esto siempre es una desdicha. En la conversación ordinaria, cuando alguien dice «sentimiento» puede estar refiriéndose a algo completamente diferente que otra persona que también habla de «sentimiento». Hay muchos psicólogos que usan la palabra «sentimiento», y la definen como una especie de pensamiento mutilado. «El sentimiento no es sino un pensamiento inacabado», dice un famoso psicólogo. Pero el sentimiento es algo genuino, real, es una función, y por eso tenemos una palabra para él. La mente natural instintiva siempre encuentra palabras para designar las cosas que realmente tienen existencia. Sólo los psicólogos se inventan palabras para cosas que no existen.

    [25] Esta última función, la intuición, parece muy misteriosa, y ustedes saben que la gente dice que yo soy «muy místico». Así pues, ¡esto es un ejemplo de mi misticismo! La intuición es una función mediante la cual vemos lo que hay al doblar la esquina, lo cual es imposible; pero ella lo hace por nosotros y podemos confiar en ella. Normalmente, esta función no la usa quien vive una vida normal y corriente entre cuatro paredes y trabaja de manera rutinaria. Pero si estás en la Bolsa o en África Central, usarás tus presentimientos como una cosa más. Por ejemplo, no puedes calcular si al doblar una esquina en la selva te toparás con un rinoceronte o con un tigre, pero tienes un presentimiento que tal vez te salve la vida. Las personas que viven expuestas a las condiciones naturales usan mucho la intuición, y también las que se aventuren por un campo desconocido (los pioneros) usarán la intuición. Los inventores la usan, y los jueces también. Dependemos de la facultad de la intuición siempre que nos encontramos en una situación extraña en la que no tenemos valores o conceptos establecidos.

    [26] He intentado describir esta función lo mejor que sé, pero tal vez no haya bastado. Digo que la intuición es una especie de percepción que no pasa exactamente por los sentidos, sino que va a través de lo inconsciente, y en ese momento la abandono y digo: «No sé cómo funciona». No sé qué sucede cuando una persona sabe algo que no debería saber. No sé cómo ha llegado a saberlo, pero esa persona lo sabe y puede actuar en consecuencia. Por ejemplo, los sueños anticipativos, los fenómenos de telepatía y todo ese tipo de cosas son intuiciones. He visto muchas, y estoy convencido de que existen. Estas cosas también las podemos ver en los primitivos. Podemos verlas por todas partes si prestamos atención a esas percepciones que de algún modo funcionan con los datos subliminales, como esas percepciones sensoriales que son tan débiles que nuestra consciencia no puede captarlas. A veces, por ejemplo, en la criptomnesia algo se desliza a la consciencia; oyes una palabra que te sugiere algo, pero siempre se trata de algo que es inconsciente hasta el momento en que aparece, y de hecho se presenta como si hubiera caído del cielo. Los alemanes llaman a esto Einfall [ocurrencia]: una cosa que cae sobre tu cabeza desde ninguna parte. A veces es como una revelación. En verdad, la intuición es una función muy natural, una cosa perfectamente normal, y es necesaria porque nos echa una mano con lo que no podemos percibir, pensar o sentir porque le falta realidad. El pasado ya no es real y el futuro no es tan real como pensamos. De ahí que tengamos que estar muy agradecidos al cielo por tener esta función que nos da un poco de luz sobre las cosas que están al doblar la esquina. Los médicos, que a menudo tenemos que enfrentarnos a situaciones inauditas, necesitamos mucho la intuición. Gran parte de un buen diagnóstico procede de esta función «misteriosa».

    [27] Las funciones psicológicas suelen estar controladas por la voluntad, o esperamos que lo estén, pues lo que se mueve por sí mismo nos da miedo. Si las funciones están controladas, pueden ser excluidas del uso, pueden ser suprimidas, seleccionadas, intensificadas, pueden ser dirigidas por la fuerza de voluntad, por lo que llamamos «intención». Pero también pueden funcionar de manera involuntaria, es decir, ellas piensan por ti, sienten por ti (a menudo lo hacen y no podemos pararlas). O funcionan inconscientemente, de modo que no sabes qué han hecho y de repente te encuentras (por ejemplo) con el resultado de un proceso sentimental que ha tenido lugar en lo inconsciente. Es probable que luego alguien te diga: «Oh, estabas muy enfadado, o te sentías ofendido, y por eso reaccionaste de esa manera». Tal vez no seas consciente de que te sentías de esa manera, pero es muy probable que te hayas sentido así. Al igual que las funciones sensoriales, las funciones psicológicas tienen su energía específica. No podemos deshacernos del sentimiento, ni del pensamiento ni de ninguna de las cuatro funciones. Nadie puede decir: «No pensaré»; pensará inevitablemente. Nadie puede decir: «No sentiré»; sentirá porque la energía específica invertida en cada función se expresa y no puede ser cambiada por otra.

    [28] Por supuesto, cada persona tiene sus preferencias. Las personas que tienen una buena cabeza prefieren pensar sobre las cosas y adaptarse mediante el pensamiento. Las personas que tienen una buena función sentimental son muy sociables, tienen una gran sensibilidad para los valores; son verdaderos artistas en la creación de situaciones sentimentales y en vivir mediante situaciones sentimentales. O una persona con un sentido agudo de la observación objetiva usará mucho su sensación, etc. La función dominante da a cada individuo su tipo particular de psicología. Por ejemplo, una persona que use mucho su intelecto será de un tipo inconfundible, y podemos deducir de este hecho el estado de su sentimiento. Cuando el pensamiento es la función dominante o superior, el sentimiento se encuentra necesariamente en una posición inferior * . La misma regla sirve para las otras tres funciones. Pero voy a mostrarles esto con un diagrama que lo deje claro.

    [29] Podemos hacer la «cruz de las funciones» ( figura 1 ). En el centro está el yo (Y), que tiene a su disposición cierta cantidad de energía, y esa energía es la fuerza de voluntad. En el caso del tipo pensador, la fuerza de voluntad se dirigirá al pensamiento (P). Tendremos que poner el sentimiento (S) debajo del todo, pues en este caso es la función inferior ** . Esto se debe a que al pensar tenemos que excluir el sentimiento, igual que cuando sentimos tenemos que excluir el pensamiento. Mientras pensamos dejamos de lado el sentimiento y los valores sentimentales, pues el sentimiento desconcierta a los pensamientos. Por otra parte, las personas que se guían por los valores sentimentales dejan de lado el pensamiento, y hacen bien, pues estas dos funciones diferentes se contradicen. Algunas personas me han asegurado que su pensamiento está tan diferenciado como su sentimiento, pero yo no puedo creerlo, pues un individuo no puede tener al mismo tiempo los dos opuestos en el mismo grado de perfección.

    [30] Lo mismo sucede con la sensación (C) y la intuición (I). ¿Cómo afecta la una a la otra? Mientras estamos observando hechos físicos, no podemos ver lo que hay al doblar la esquina. Si observamos a una persona que está empleando su función sensorial, si la miramos con atención, vemos que los ejes de sus ojos tienden a converger en un punto. Si estudiamos la expresión o los ojos de las personas intuitivas, vemos que sólo echan un vistazo a las cosas, no las miran, sino que las irradian, pues acogen su plenitud, y entre las muchas cosas que perciben agarran un punto de la periferia de su campo visual, y eso es la corazonada. A menudo podemos decir si una persona es intuitiva o no mirando sus ojos. Si tienes una actitud intuitiva, no sueles observar los detalles. Siempre intentas captar la situación en conjunto, y de repente algo se destaca en ese conjunto. Si eres un tipo sensitivo, observas los hechos tal como son, pero no tienes intuición, simplemente porque estas dos cosas no se pueden hacer al mismo tiempo. Es demasiado difícil porque el principio de una función excluye al de la otra. Por eso las presento como opuestos.

    Illustration

    Figura 1: Las funciones

    [31] A partir de este simple diagrama podemos llegar a muchas conclusiones importantes sobre la estructura de la consciencia de las personas. Por ejemplo, si el pensamiento está muy diferenciado, el sentimiento no lo está en absoluto. ¿Qué quiere decir esto? ¿Quiere decir que esas personas no tienen sentimientos? No, al contrario. Esas personas dicen: «Yo tengo unos sentimientos muy fuertes. Estoy lleno de emoción y temperamento». Esas personas están dominadas por sus emociones, están atrapadas por sus emociones, están sojuzgadas por ellas en determinados momentos. Por ejemplo, estudiar la vida privada de los profesores es muy interesante. Si queremos saber cómo se comporta un intelectual en casa, preguntemos a su esposa, que nos contará muchas cosas.

    [32] En el tipo sentimental sucede todo lo contrario. El tipo sentimental, si es natural, no tolera ser molestado por el pensamiento; pero si se vuelve sofisticado y neurótico, es molestado por pensamientos. Entonces, el pensamiento aparece de manera compulsiva, la persona no puede apartarse de ciertos pensamientos. Es muy simpática, pero tiene unas convicciones e ideas extraordinarias, y su pensamiento es de un tipo inferior. Está atrapada por este pensamiento, enredada en ciertos pensamientos; no puede desenredarse porque no sabe razonar, porque sus pensamientos no son móviles. Por otra parte, un intelectual atrapado por sus sentimientos dice: «Me siento así», y no hay argumentos contra esto. Sólo una vez que haya ardido por completo en su emoción, saldrá de ella. No puede salir de su sentimiento razonando; si pudiera, sería una persona muy incompleta.

    [33] Lo mismo sucede con los tipos sensitivo e intuitivo . El intuitivo siempre está incomodado por la realidad de las cosas; fracasa desde el punto de vista de las realidades; siempre está buscando nuevas posibilidades de vida. Es esa persona que planta un campo y, antes de que haya dado fruto, se pone de camino hacia un nuevo campo. Siempre tiene campos cultivados tras de sí y nuevas esperanzas ante sí, pero no obtiene nada. Por su parte, el tipo sensitivo tiene que ver con las cosas, se queda en una realidad dada. Para él, una cosa es verdadera si es real. Piensen qué significa para un intuitivo que algo sea real: lo real es lo erróneo; no debería ser, sino que otra cosa debería ser. Por el contrario, un tipo sensitivo se pone enfermo si no tiene una realidad dada (cuatro paredes entre las que vivir). Denle al tipo intuitivo cuatro paredes entre las que vivir, y lo único que le preocupará es cómo salir de ahí, pues para él una situación dada es una prisión que hay que abandonar lo antes posible para buscar nuevas posibilidades.

    [34] Estas diferencias son muy importantes para la psicología práctica. No piensen que yo me dedico a meter a la gente en una u otra caja y a decir: «Éste es un intuitivo», «Éste es un pensador». La gente a menudo me pregunta: «¿Fulanito no es un intuitivo?». Yo contesto: «Nunca he pensado sobre eso», y es verdad. No sirve de nada meter a la gente en cajones con etiquetas diferentes. Pero si tienes un material empírico muy amplio, necesitas principios críticos de ordenamiento que te ayuden a clasificarlo. Espero no estar exagerando, pero para mí es muy importante ser capaz de crear algún tipo de orden en mi material empírico, sobre todo si la gente está inquieta y confundida o si tengo que explicar una persona a otra. Si, por ejemplo, tengo que explicarle a una mujer su marido (o a un hombre su esposa), a menudo es muy útil recurrir a estos criterios objetivos, pues de lo contrario no vamos más allá de: «Él dijo», «Ella dijo».

    [35] Por principio, la función inferior no posee las cualidades de una función consciente diferenciada. La función consciente diferenciada puede ser gobernada por la intención y la voluntad. Un pensador real puede dirigir su pensamiento mediante su voluntad, puede controlar sus pensamientos. No es un esclavo de sus pensamientos, sino que puede pensar en otra cosa. Un pensador real puede decir: «Puedo pensar algo completamente diferente, puedo pensar lo contrario». El tipo sentimental no puede hacer esto, pues no puede librarse de su pensamiento. El pensamiento lo posee, él está poseído por el pensamiento. El pensamiento le resulta fascinante, por lo que le tiene miedo. El tipo intelectual tiene miedo a ser atrapado por el sentimiento porque su sentimiento es de carácter arcaico, y en él el tipo intelectual es como un hombre arcaico, es la víctima indefensa de sus emociones. Por esta razón, el hombre primitivo es extraordinariamente cortés, tiene mucho cuidado en no ofender los sentimientos de sus prójimos porque hacer eso es peligroso. Muchas de nuestras costumbres se explican por esta cortesía arcaica. Por ejemplo, nosotros no le damos la mano a alguien mientras ocultamos la mano izquierda en el bolsillo o tras la espalda, pues tiene que ser visible que no llevamos un arma en esa mano. El saludo oriental que consiste en inclinarse y extender las manos con las palmas abiertas hacia arriba significa: «No tengo nada en las manos». Una persona que inclina su cabeza hasta los pies de otra persona le está mostrando que está indefensa y que confía plenamente en ella. Todavía podemos estudiar el simbolismo de los modales en los primitivos, y también podemos ver por qué les dan miedo los demás. De una manera similar, a nosotros nos dan miedo nuestras funciones inferiores. Si vemos que un intelectual típico tiene muchísimo miedo a enamorarse, pensaremos que su miedo es estúpido. Pero es muy probable que él tenga razón, pues si se enamora hará muchas tonterías. Es casi seguro que lo cazarán, pues sus sentimientos sólo reaccionan ante un tipo arcaico o peligroso de mujer. Esto explica por qué muchos intelectuales se casan con mujeres inferiores a ellos. Los caza la casera o la cocinera, pues no conocen el sentimiento arcaico mediante el cual ellas los cazan. Pero ellos hacen bien en tener miedo, pues su ruina está en sus sentimientos. Nadie puede atacarlos en su intelecto. Ahí son fuertes y pueden plantar cara, mientras que en sus sentimientos pueden ser influenciados, pueden ser cazados, pueden ser engañados, y ellos lo saben. Por tanto, nunca obliguen a un intelectual a adentrarse en sus sentimientos. Él los controla con mano de hierro porque son muy peligrosos.

    [36] La misma ley se aplica a las demás funciones. La función inferior siempre está asociada a una personalidad arcaica en nosotros mismos; todos somos primitivos en la función inferior. En nuestras funciones diferenciadas somos civilizados y se supone que tenemos voluntad libre; pero la voluntad libre no existe cuando pasamos a la función inferior. Ahí tenemos una herida abierta, o al menos una puerta abierta por la que puede entrar cualquier cosa.

    [37] Paso ahora a las funciones endopsíquicas de la consciencia. Las funciones de las que acabo de hablar gobiernan o ayudan a nuestra orientación consciente en nuestras relaciones con el entorno, pero no se aplican a la relación con las cosas que, por decirlo así, están por debajo del yo. El yo sólo es un pedacito de consciencia que flota en un océano de cosas oscuras. Esas cosas oscuras son las cosas interiores. En ese lado interior hay una capa de acontecimientos psíquicos que forma una especie de franja de consciencia alrededor del yo. Voy a ilustrar esto con un diagrama:

    Illustration

    Figura 2: El yo

    [38] Si suponemos que AA es el umbral de la consciencia, tendremos en D un área de consciencia que se refiere al mundo ectopsíquico B, al mundo gobernado por las funciones de que hemos hablado hasta ahora. Pero al otro lado, en C, está el mundo de las sombras . Ahí, el propio yo es oscuro, no vemos dentro de él, somos un enigma para nosotros mismos. Sólo conocemos al yo en D, pero no en C. Por tanto, siempre estamos descubriendo algo nuevo sobre nosotros mismos. Casi todos los años sale a la luz algo que no conocíamos. Cada vez pensamos que ya hemos llegado al final de nuestros descubrimientos. Pero no es así. Seguimos descubriendo que somos esto, aquello y muchas otras cosas, y en ocasiones hacemos unas experiencias sorprendentes. Esto muestra que siempre hay una parte de nuestra personalidad que todavía es inconsciente, que todavía está llegando a ser: estamos inacabados, seguimos creciendo y cambiando. Sin embargo, la personalidad que seremos dentro de un año ya está aquí, pero en la sombra. El yo es como una figura que se mueve por una película. La personalidad futura todavía no es visible, pero estamos avanzando, y poco después ya podemos ver el ser futuro. Naturalmente, estas potencialidades forman parte del lado oscuro del yo. Sabemos muy bien lo que hemos sido, pero no qué vamos a ser.

    [39] Por consiguiente, la primera función en ese lado endopsíquico es la memoria . La función de la memoria (o de la reproducción) nos conecta con cosas que ya han abandonado nuestra consciencia, con cosas que se han vuelto subliminales o que han sido expulsadas o reprimidas. Lo que llamamos «memoria» es esta facultad de reproducir contenidos inconscientes, y es la primera función que podemos distinguir claramente gracias a la relación que establece entre nuestra consciencia y los contenidos que en un momento dado no vemos.

    [40] La segunda función endopsíquica es un problema más difícil. Nos encontramos en aguas cada vez más profundas porque estamos metiéndonos en la oscuridad. Voy a decirles el nombre antes que nada: los componentes subjetivos de las funciones conscientes . Espero poder explicar con claridad qué significa esto. Si, por ejemplo, me encuentro con una persona a la que no he visto nunca, pensaré algo sobre ella. No siempre pienso unas cosas que estaría dispuesto a decirle inmediatamente; tal vez yo piense unas cosas que son incorrectas, que no se corresponden con la realidad. Se trata de reacciones subjetivas. Las mismas reacciones se producen con las cosas y con las situaciones. Todo uso de una función consciente, sea cual fuere su objeto, está acompañado por reacciones subjetivas que son más o menos inadmisibles, injustas o inexactas. Todos sabemos y lamentamos que estas cosas nos sucedan, y a nadie le gusta admitir que está sometido a estos fenómenos. Preferimos dejarlos en la sombra, pues eso nos ayuda a pensar que somos perfectamente inocentes, simpáticos, honrados, sinceros, serviciales, etc. Pero en realidad no lo somos. Cada uno de nosotros tiene una gran cantidad de reacciones subjetivas, pero no es fácil admitirlo. Yo llamo a estas reacciones «los componentes subjetivos». Son una parte muy importante de nuestras relaciones con nuestro lado interior. Ahí, las cosas se vuelven muy dolorosas. Por eso no nos gusta entrar en este mundo de sombras del yo. No nos gusta mirar nuestro lado sombrío; por consiguiente, hay muchas personas en nuestra sociedad civilizada que han perdido su sombra, que se han desprendido de ella. Sólo tienen dos dimensiones; han perdido la tercera dimensión, y con ella normalmente pierden su cuerpo. El cuerpo es un amigo muy sospechoso porque produce cosas que no nos gustan; hay demasiadas cosas en nuestro cuerpo que no se pueden mencionar. A menudo, el cuerpo es la personificación de esa sombra del yo. A veces es el cadáver que ocultamos en un armario, y naturalmente todo el mundo quiere librarse de eso. Pienso que ahora ya está claro qué entiendo por «componentes subjetivos». Normalmente son una especie de disposición a reaccionar de una manera determinada, y normalmente la disposición no es muy favorable.

    [41] Hay una excepción a esta definición: una persona que, al contrario de lo que pensamos de nosotros mismos, no vive en el lado positivo, no hace las cosas bien, etc. En nuestro dialecto suizo llamamos Pechvögel [malasombras] a las personas que continuamente se meten en líos y causan problemas porque viven su propia sombra, su propia negación. Son ese tipo de personas que llegan tarde a un concierto o a una conferencia y, como son muy humildes y no quieren molestar a nadie, entran a hurtadillas y tropiezan con un silla, lo cual hace mucho ruido y todo el mundo las mira.

    [42] Llegamos así al tercer componente endopsíquico. No puedo considerarlo una función. En el caso de la memoria podemos hablar de una función, si bien la memoria sólo es hasta cierto punto una función voluntaria o controlada. A menudo es muy complicada, como un caballo al que no hay manera de dominar. Muchas veces nos deja en la estacada de una manera embarazosa. Esto sucede en especial con los componentes y reacciones subjetivos. Y ahora las cosas empiezan a ponerse feas, pues aquí es donde las emociones y los afectos entran en acción. Es evidente que éstos ya no son funciones, sino simplemente acontecimientos, pues en una emoción (como dice la palabra) somos movidos hacia fuera, somos expulsados, nuestro simpático yo es echado a un lado, y otra cosa ocupa su lugar. Decimos: «Está fuera de sí», «Tiene el demonio en el cuerpo», etc., pues es como si esa persona estuviera poseída. El primitivo no dice que se ha enfadado muchísimo, sino que un espíritu se ha metido dentro de él y lo ha cambiado por completo. Algo así sucede con las emociones; simplemente, estás poseído, ya no eres tú mismo, y tu control ha descendido prácticamente hasta cero. En esta situación, el lado interior de una persona se adueña de ella sin que ella lo pueda evitar. Puedes apretar los puños y mantenerte en silencio, pero estás en su poder.

    [43] El cuarto factor endopsíquico importante es lo que yo llamo invasión . Aquí, el lado sombrío o inconsciente tiene todo el control, por lo que puede irrumpir en el estado consciente. El control consciente está ahora en su nivel más bajo. Estos momentos de una vida humana no hay que considerarlos necesariamente patológicos; sólo lo son en el viejo sentido de la palabra, cuando la patología era la ciencia de las pasiones. En este sentido podemos denominarlos «patológicos», pero en realidad se trata de un estado extraordinario en el que una persona es atrapada por su inconsciente y cualquier cosa puede salir de ella. Podemos perder la cabeza de una manera relativamente normal. Por ejemplo, no podemos aceptar que los casos que nuestros antepasados conocían muy bien fueran anormales, pues son unos fenómenos completamente normales entre los primitivos. Los primitivos hablan del demonio, de un íncubo o de un espíritu que entra en una persona, o de que su alma la abandona (una de sus varias almas, pues a menudo tienen hasta seis). Cuando el alma abandona a una persona, ésta se queda en un estado alterado porque de repente está privada de sí misma; sufre la pérdida de sí misma. Esto lo podemos observar a menudo en los pacientes neuróticos. Algunos días, o de vez en cuando, pierden de repente su energía, se pierden a sí mismos y quedan bajo una influencia extraña. Estos fenómenos no son patológicos en sí mismos; forman parte de la fenomenología ordinaria del ser humano, pero cuando se vuelven habituales hablamos de una neurosis. Éstas son las cosas que conducen a la neurosis; pero también son estados excepcionales para las personas normales. Tener emociones avasalladoras no es en sí mismo patológico, sino simplemente indeseable. No hace falta que recurramos a una palabra como «patológico» para calificar a una cosa indeseable, pues hay otras cosas indeseables que no son patológicas, como los recaudadores de impuestos.

    DISCUSIÓN

    Dr. J. A. Hadfield:

    [44] ¿En qué sentido usa usted la palabra «emoción»? Usted ha usado la palabra «sentimiento» en el sentido en que mucha gente usa aquí la palabra «emoción». ¿Da usted a la palabra «emoción» un significado especial?

    C. G. Jung:

    [45] Me alegro de que me haya preguntado esto, pues suele haber grandes errores y malentendidos en relación con el uso de la palabra «emoción». Naturalmente, cada cual es libre de usar las palabras como mejor le parezca, pero en el lenguaje científico tenemos que establecer ciertas distinciones para que todo el mundo sepa de qué estamos hablando. Usted recordará que he explicado el «sentimiento» como una función de valoración, y no atribuyo un significado particular al sentimiento. Pienso que el sentimiento es una función racional si está diferenciado. Si no lo está, simplemente sucede, y en ese caso tiene todas las características arcaicas que se resumen en la palabra «irracional». Pero el sentimiento consciente es una función racional de discriminación de valores.

    [46] Al estudiar las emociones, descubrimos invariablemente que usamos la palabra «emocional» para referirnos a un estado que se caracteriza por inervaciones fisiológicas. Por tanto, podemos medir las emociones hasta cierto punto, no su parte psíquica, pero sí su parte fisiológica. Usted conoce la teoría de James-Lange sobre el afecto * . Yo entiendo la emoción como un afecto, es lo mismo que «algo te afecta». La emoción te hace algo, interfiere contigo. La emoción es lo que te exalta. Te expulsa de ti mismo; estás fuera de ti, como si una explosión te hubiera sacado de ti y te hubiera dejado a tu lado. En ese momento se puede observar un estado fisiológico muy tangible. Por tanto, la diferencia consistiría en esto: el sentimiento no tiene manifestaciones físicas o fisiológicas tangibles, mientras que la emoción se caracteriza por un estado fisiológico alterado. Usted sabe que la teoría del afecto de James-Lange dice que una persona sólo se vuelve realmente emocional cuando es consciente de la alteración fisiológica de su estado general. Esto se puede observar cuando te encuentras en una situación en la que es muy probable que te enfades. Sabes que te vas a enfadar, y entonces sientes que la sangre sube a tu cabeza, y entonces te enfadas de verdad, pero no antes. Antes sólo sabías que te ibas a enfadar, pero en cuanto la sangre sube a tu cabeza estás atrapado por tu propio enfado y tu cuerpo se ve afectado; y como te das cuenta de que te estás exaltando, te enfadas el doble de lo que deberías. Entonces te encuentras en una emoción real. Pero cuando tienes un sentimiento , tienes el control. Dominas la situación, y puedes decir: «Tengo un sentimiento muy bueno o muy malo sobre esto». Todo está tranquilo y no pasa nada. Puedes decir educadamente a alguien: «Te odio». Pero si dices esto con rencor, tienes una emoción. Decirlo tranquilamente no causará una emoción, ni en ti mismo ni en la otra persona. Las emociones son muy contagiosas, son los portadores del contagio mental. Si, por ejemplo, te encuentras en una multitud cuyo estado es emocional, no puedes evitar estar en ese estado y te ves atrapado por esa emoción. Pero los sentimientos de otras personas no tienen nada que ver contigo, y por esta razón observarás que el tipo sentimental diferenciado suele ejercer un efecto refrigerante sobre ti, mientras que la persona emocional te acalora porque irradia fuego sin cesar. Ves la llama de esa emoción en su cara. Por simpatía, tu sistema simpático queda alterado, y en poco tiempo mostrarás los mismos signos. Esto no sucede con los sentimientos. ¿Me he expresado claramente?

    Dr. Henry V. Dicks:

    [47] Continuando con esta pregunta, me gustaría saber qué relación hay entre los afectos y los sentimientos desde su punto de vista, profesor Jung.

    C. G. Jung:

    [48] Es una cuestión de grado. Si usted tiene un valor que es irresistiblemente fuerte para usted, en cierto momento se convertirá en una emoción: cuando sea tan intenso que cause una inervación fisiológica. Probablemente, todos nuestros procesos mentales causan unas perturbaciones fisiológicas que son tan leves que no es posible demostrarlas. Pero tenemos un método muy sensible para medir las emociones (o su parte fisiológica): el efecto psicogalvánico * . Este efecto se basa en el hecho de que la resistencia eléctrica de la piel desciende bajo la influencia de la emoción, pero no bajo la influencia del sentimiento.

    [49] Voy a poner un ejemplo. Con mi profesor hice hace años un experimento en la clínica. Él era mi sujeto de experimentación, y lo conecté en el laboratorio al aparato que mide el efecto psicogalvánico. Le dije que imaginara algo que fuera muy desagradable para

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