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Tierra sin patrones
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Libro electrónico478 páginas7 horas

Tierra sin patrones

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Entre 1969 y 1975, Perú fue escenario de una de las reformas agrarias más radicales de América Latina. Partiendo de fuentes hasta ahora poco estudiadas, Anna Cant analiza los desafíos que esta reforma supuso, para los funcionarios encargados de llevarla a cabo y para los campesinos y actores sociales que participaron en ella. El foco se sitúa en Cusco, Piura y Tacna. Cant muestra que en cada una de estas regiones la reforma agraria tuvo características diferentes, derivadas de la historia, las relaciones de poder y los actores sociales, pero también de la diferente fortaleza de instituciones como el Sistema Nacional de Movilización Social (Sinamos), encargadas de apoyar su implementación. El resultado es un panorama complejo y matizado de los logros de la reforma agraria velasquista, que cuestiona las caracterizaciones dicotómicas de aquel periodo clave para la historia del mundo rural peruano del siglo XX.

IdiomaEspañol
EditorialInstituto de Estudios Peruanos
Fecha de lanzamiento1 oct 2023
ISBN9786123262433
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    Tierra sin patrones - Anna Cant

    portadilla

    Este libro fue publicado por primera vez en inglés con el título Land without masters: agrarian reform and political change under Peru’s military government por University of Texas Press, en Austin, Estados Unidos de América, el año 2021.

    © 2021 by University of Texas Press

    All Rights reserved

    Serie: Estudios Históricos, 94

    © IEP Instituto de Estudios Peruanos

    Horacio Urteaga 694, Lima 15072

    Telf.: (51-1) 200-8500

    Correo-e: libreria@iep.org.pe

    www.iep.org.pe

    ISBN: 978-612-326-243-3

    ISSN: 1019-4533

    Primera edición: Lima, octubre de 2023

    Hecho el depósito legal en la Biblioteca Nacional del Perú: 2023-08621

    Traducción: Raúl Asensio

    Asistente editorial: Yisleny López

    Corrección: Sara Mateos

    Diagramación: Silvana Lizarbe

    Carátula: Apollo Studio

    Revisión de arte portada: Gino Becerra

    Cuidado de edición: Odín del Pozo

    Prohibida la reproducción total o parcial de cualquier parte de este libro sin permiso de los editores.

    CANT, Anna

    Tierra sin patrones. Reforma agraria y cambio político durante el gobierno militar (1969-1975). Lima, IEP, 2023.

    Índice

    AGRADECIMIENTOS

    INTRODUCCIÓN

    1. HISTORIA DE LA CUESTIÓN DE LA TIERRA EN EL PERÚ

    Los orígenes de la desigualdad de la tierra

    Respuestas a la cuestión de la tierra

    La reforma agraria de 1969: motivaciones

    Los términos de la ley

    La oposición a la reforma

    Conclusión

    2. EL SINAMOS: IMPULSANDO LA REVOLUCIÓN EN LAS REGIONES

    Perspectivas de las regiones

    Política regional

    Conclusión

    3. EDUCACIÓN PARA EL CAMBIO SOCIAL: LA FORMACIÓN DEL CIUDADANO CAMPESINO

    Educación para el cambio social: una perspectiva mundial

    Intervenciones educativas en el gobierno de Velasco

    Consecuencias de la política educativa

    Conclusión

    4. LA REFORMA AGRARIA EN EL DISCURSO PÚBLICO

    Los medios de comunicación: intervenciones gubernamentales

    Respuestas a la propaganda gubernamental

    Guerras mediáticas a escala regional

    Legados del uso de los medios de comunicación del gobierno de Velasco

    Conclusión

    5. LA REFORMA AGRARIA EN LA MEMORIA HISTÓRICA

    Historia y memoria

    Formación de la memoria

    Cambios de paradigma

    Conservación y control de la memoria

    Luchas en curso

    ¿Una memoria que resurge?

    Conclusión

    CONCLUSIÓN GENERAL

    BIBLIOGRAFÍA

    Abreviaturas y acrónimos

    Agradecimientos

    Tengo que agradecer a muchas personas por su ayuda para escribir este libro. Agradezco especialmente a todas las que aceptaron ser entrevistadas para mi investigación. Fueron generosas con su tiempo y respondieron con gran atención a mis numerosas preguntas.

    Agradezco al Arts and Humanities Research Council el haber financiado mi investigación de maestría y doctorado, y al Clare College los fondos adicionales para apoyar mi trabajo en el Perú. Un año como LSE Fellow en el Departamento de Historia Internacional de la London School of Economics and Political Science me proporcionó un valioso tiempo de escritura —y el apoyo de mis colegas— para terminar de revisar el manuscrito.

    Agradezco a Kerry Webb su entusiasmo por este proyecto y su ayuda para guiarlo hasta su publicación en inglés con Texas University Press. De igual manera extiendo mi sincera gratitud a Raúl Asensio y su excelente equipo por su cuidadosa labor en la traducción y preparación de esta edición en español.

    La profesora Gabriela Ramos fue la primera persona que me animó a estudiar la historia del Perú y a seguir este proyecto. Me ha enseñado a no conformarme nunca con una respuesta fácil. Sus sabias palabras y sus perspicaces preguntas han dado forma a este libro y siguen guiando mis investigaciones.

    Agradezco al personal de la Senate House Library en Londres por facilitarme el acceso a la maravillosa colección de panfletos latinoamericanos que se encuentra en las colecciones especiales y por ayudarme a obtener imágenes escaneadas del material peruano.

    En Lima, me ayudó el personal de la Biblioteca Nacional del Perú, la Pontificia Universidad Católica del Perú, el Centro de Estudios Histórico Militares del Perú y el Centro de Estudios para el Desarrollo y la Participación. Agradezco a Ruth Borja por facilitar mi acceso a los archivos de la Confederación Campesina del Perú y a Víctor Arrambide por su ayuda para navegar por el mundo, a menudo frustrante, de la investigación en archivos.

    También agradezco al personal de los archivos regionales de Tacna, Piura y Cusco, y a la biblioteca del Centro Bartolomé de Las Casas en Cusco. Lamentablemente, Bruno Revesz falleció durante la redacción de la tesis en la que se basa este libro. Le agradezco haberme invitado al Centro de Investigación y Promoción del Campesinado como becaria visitante y a todo el personal de esa organización por su cálida acogida.

    Marco Chevarría y Ronald Romero fueron excelentes anfitriones en Cusco, ayudándome a disfrutar de la vida más allá de los archivos y manteniéndome bien provista de pisco sours. En Lima, la familia Álvarez me recibió con los brazos abiertos. Su amor, su apoyo y sus risas me mantuvieron cuerda en algunos momentos difíciles. En la Universidad de Cambridge aprendí mucho en los seminarios organizados por los profesores Joya Chatterji, David Washbrook y Tim Harper, de la Facultad de Historia, y por la doctora Yael Navaro-Yashin, del Departamento de Antropología social. También tuve la suerte de conocer a Tara Cookson, Jess Hammett y Emily Sloan. Ellas recorrieron conmigo el a menudo solitario camino del doctorado y me ayudaron a mantener el ánimo.

    Siendo estudiante de doctorado, pasé seis meses como visitante en la Universidad de Columbia, en Nueva York. Agradezco al profesor Claudio Lomnitz su acogida en el Departamento de Antropología y sus atentos comentarios sobre mi investigación. Los seminarios organizados por los estudiantes de los departamentos de antropología e historia proporcionaron un entorno animado y amistoso en el que intercambiar ideas.

    Doy las gracias asimismo a Matthew Duncombe, Geoff Goodwin y Jess Hammett por leer y comentar los borradores del libro. Estoy profundamente agradecida a todos mis amigos y familiares por apoyarme durante el proceso de investigación y escritura. Quiero agradecer especialmente a mi maravillosa madre, a mi hermana y a mi hermano su ánimo y su fe en mí. Sobre todo, este libro no habría sido posible sin Ramin, cuyo amor y compromiso intelectual son una fuente constante de fuerza e inspiración.

    Introducción

    Alo largo del siglo XX , la desigualdad en el acceso a la tierra y el control abusivo de la mano de obra rural dieron lugar a intensas luchas políticas en toda América Latina. 1 Durante la Revolución mexicana, la reforma agraria se convirtió en un llamamiento a las armas para los campesinos que habían sido desposeídos en el transcurso del gobierno capitalista liberal de Porfirio Díaz. 2 Fidel Castro describió la reforma agraria como una cuestión de vida o muerte y la consideró esencial para resolver los problemas de pobreza rural, falta de tierras y subempleo en Cuba. 3 En Chile, tanto Eduardo Frei como Salvador Allende defendieron esta reforma como un medio para garantizar una mayor igualdad social. 4 Reformas similares se llevaron a cabo en Ecuador, Bolivia, América Central y el Caribe desde mediados del siglo XX. 5 En cada uno de estos países y regiones, la propiedad de la tierra se consideraba el eje de la distribución de la riqueza y los derechos políticos.

    Cuando el general Juan Velasco Alvarado tomó el poder en 1968, la desigualdad de la tierra era en el Perú una de las más pronunciadas de la región. Grandes cantidades de tierra se concentraban en unos pocos latifundios, mientras que un enorme número de campesinos sobrevivía en pequeñas parcelas y/o gracias al trabajo asalariado en los latifundios.6 El censo de 1961 revela que el 0,2% de los propietarios más ricos del país poseía el 72,9% de las tierras agrícolas, mientras que el 34,1% más pobre solo tenía el 0,7%.7 Los intentos de cambiar esta situación habían fracasado debido a los arraigados intereses de las élites y a la escasa voluntad política. Sin embargo, el gobierno de Velasco situó la reforma agraria en el centro de su visión del nuevo Perú. La Ley de Reforma Agraria de 1969 inició una ambiciosa redistribución de la tierra a cooperativas agrarias y se propuso abolir el monopolio sobre la propiedad de la tierra.

    Más de cincuenta años después de su inicio, la reforma agraria sigue siendo uno de los temas más controvertidos de la historia moderna del Perú. Mientras que los comentaristas de derecha la caracterizan como una robolución que expropió injustamente la tierra y arruinó la economía peruana,8 otro sector enfatiza el hecho de que puso fin al sistema semifeudal de explotación económica y opresión que hasta entonces existía en las zonas rurales peruanas.9 En cierto modo, estas perspectivas contrapuestas reflejan los puntos de vista de los ganadores y perdedores de lo que fue una importante redistribución del poder económico y político (el 45% de la tierra agrícola del Perú se redistribuyó de los grandes terratenientes a los campesinos). Pero también son una herencia de los términos fuertemente ideologizados en los que se justificó y llevó a cabo la reforma.

    La reforma agraria peruana no fue un proceso neutral, supervisado por tecnócratas en oficinas gubernamentales distantes, sino que fue promovida activamente a través de intervenciones del gobierno en los espacios locales, la educación y la comunicación de masas. En todo el país, se animó a los campesinos a imaginar un mundo más justo desde el punto de vista social, en el que sus oportunidades de vida no estuvieran limitadas por la voluntad del hacendado. Como señalaba uno de los afiches producidos en la época, la reforma agraria ofrecía la perspectiva de una tierra sin patrones. En un esfuerzo propagandístico sin precedentes en la historia del Perú, el gobierno de Velasco contrató a cientos de artistas, intelectuales y promotores para articular y difundir su reforma agraria.

    Partiendo de estas premisas, este libro analiza los cambios políticos y culturales que trajo consigo la reforma agraria, tratando de ir más allá de su éxito o fracaso como política agraria y examinando su importancia como proyecto ideológico. Al estudiar los esfuerzos del gobierno para promoverla a escalas local, regional y nacional, se muestra cómo esta reforma abrió nuevos debates políticos sobre la ciudadanía, la identidad nacional y el papel del Estado que, a su vez, transformaron la cultura política peruana.

    Contexto histórico

    El 3 de octubre de 1968, el general Juan Velasco Alvarado, comandante en jefe de la Fuerza Armada, tomó el control del Palacio de Gobierno. Alegando la inestabilidad política del gobierno y la revelación de un reciente escándalo de corrupción, destituyó al presidente democráticamente elegido, Fernando Belaunde Terry, y dio inicio al llamado Gobierno Revolucionario de la Fuerza Armada. Como señala el historiador Thomas Wright, el golpe de Velasco se produjo al final de una década marcada por intentos frustrados de reproducir la Revolución cubana en toda América Latina. El gobierno militar peruano abrió una nueva perspectiva para la revolución en América Latina: la perspectiva de la revolución, o al menos de la reforma estructural, desde arriba.10

    El gobierno nacionalista de Omar Torrijos en Panamá (1968-1981), el gobierno militar de izquierda de Juan José Torres en Bolivia (1970-1971) y el régimen militar de Guillermo Rodríguez Lara en Ecuador (1972-1976), que se inspiraron explícitamente en el ejemplo peruano, mostraron un reformismo militar similar.11 En parte, la toma del poder por parte de los militares peruanos y la búsqueda de reformas desde arriba reflejaban una tendencia en toda la región a poner el cambio estructural en manos de las Fuerzas Armadas, consideradas como el sector social más capaz y digno de confianza en medio de la agitación política de la Guerra Fría. Sin embargo, a diferencia de los gobiernos militares de Brasil, Argentina y Chile, que defendieron los privilegios de las élites y utilizaron la amenaza del comunismo como justificación moral, el discurso del velasquismo apuntaba a acabar con la oligarquía y generar cambios sociales en favor de la mayoría.12

    La radicalidad de los cambios propuestos por el gobierno militar queda clara en el lenguaje utilizado en su programa político, el Plan Inca, que comienza así: La Revolución de la Fuerza Armada llevará a cabo un proceso de transformación de las estructuras económicas, sociales, políticas y culturales, con el fin de lograr una nueva sociedad, en la que el hombre y la mujer peruanos puedan vivir con libertad y justicia.13 El plan establecía un total de 31 objetivos en diferentes áreas políticas, incluidas la nacionalización de la industria petrolera, la reforma minera e industrial, la refinanciación de la deuda nacional, la reforma agraria, una revisión completa del sistema educativo y una importante inversión estatal en salud y vivienda.14 Tras la nacionalización de la International Petroleum Company, de propiedad estadounidense, el 9 de octubre de 1968, la reforma agraria fue la segunda política más importante que puso en práctica el gobierno de Velasco.

    La Ley de Reforma Agraria (Decreto Ley n.° 17716), promulgada el 24 de junio de 1969, pretendía sustituir la estructura agraria existente de latifundios y minifundios por un sistema justo de propiedad, tenencia y explotación de la tierra, que contribuya al desarrollo social y económico de la Nación, mediante la creación de un ordenamiento agrario que garantice la justicia social en el campo y aumente la producción y la productividad del sector agropecuario.15 En concreto, la ley preveía la expropiación de las tierras que superasen un número máximo de hectáreas (150 en la costa y 15-55 en la sierra) y su adjudicación a cooperativas agrarias de nueva creación, comunidades campesinas o demandantes individuales.16 También sometía las condiciones de trabajo en el campo a la regulación estatal y prohibía prácticas neofeudales, como el arrendamiento a cambio de mano de obra.

    El alcance nacional de la reforma agraria de 1969 le dio mucho más peso que a los intentos anteriores, pero la aplicación de una única ley en un país con una topografía, unos contextos socioeconómicos y unos sistemas agrícolas extremadamente diversos supuso grandes retos. El modelo de cooperativa de producción previsto por la reforma tenía cierto sentido en las haciendas costeras, donde la industrialización de la agricultura y una sólida presencia sindical hacían posible la colectivización. Sin embargo, este modelo era mucho más difícil de implementar en las haciendas tradicionales productoras de lana de la sierra central y sur, caracterizadas por poblaciones muy dispersas y estructuras comunitarias que implicaban ayuda mutua, pero no una producción o propiedad de la tierra colectivizada. Las diferencias culturales, como el predominio del quechua y la persistencia de relaciones neofeudales entre hacendados y peones indígenas, también complicaron la tarea de llevar a cabo una reforma agraria homogénea y concebida desde Lima. Consciente de estos retos, el gobierno de Velasco no se limitó a aprobar la nueva legislación, sino que creó una serie de organismos gubernamentales encargados de promover y aplicar la reforma.

    Dado que múltiples sectores de la población ya demandaban una reforma agraria cuando se produjo el golpe de 1968, la insistencia del gobierno de Velasco en promover y movilizar el apoyo a la reforma agraria en las zonas rurales podría parecer contraintuitiva. Sin embargo, el gobierno consideró que la promoción efectiva de la reforma agraria era vital por varias razones. En primer lugar, era importante hacer conscientes a los trabajadores de las haciendas de sus derechos, para que pudieran organizarse y resistir los intentos de los terratenientes de despojar sus propiedades antes de la llegada de los administradores de la reforma. En segundo lugar, el gobierno quería difundir su visión de la reforma agraria, en lugar del enfoque más radical que proponían las comunidades campesinas y los sectores armados de izquierda. Mientras que las ocupaciones de tierras lideradas por los campesinos a principios de la década de 1960 y los efímeros movimientos guerrilleros de 1965 utilizaban la acción directa para recuperar las tierras, el gobierno militar creía que la reforma agraria debía ser dirigida por el Estado.17 En tercer lugar, el gobierno de Velasco pretendía vincular su reforma agraria con una visión más amplia del cambio social, que incluía la incorporación de las poblaciones campesinas marginadas y una distribución más equitativa de la riqueza y el poder político. En este sentido, la reforma agraria no solo era una oportunidad para redistribuir los recursos, sino también para difundir nuevas ideas de colectivismo e identidad nacional.

    Todas estas tareas requerían que los funcionarios del gobierno actuaran de forma más parecida a un partido político que a una burocracia neutral, articulando la ideología que sustentaba la reforma agraria y enfatizando su importancia dentro del llamado proceso revolucionario. Al principio, este activismo estatal estuvo a cargo de organizaciones ad hoc, como la Dirección de Promoción y Difusión de la Reforma Agraria (DPDRA). En 1971, sin embargo, el gobierno creó dos organismos mucho mayores, que adoptaron un enfoque más sistemático: el Sistema Nacional de Apoyo a la Movilización Social (Sinamos), cuya función abarcaba la promoción de todo el programa de reformas del gobierno, y el Centro Nacional de Capacitación e Investigación para la Reforma Agraria (Cencira), con un enfoque más específico. A través de intervenciones en la educación, la movilización política y los medios de comunicación, estas organizaciones buscaban neutralizar la oposición política y reforzar la ideología del gobierno. Este libro se centra en estas intervenciones y en sus repercusiones en tres regiones del Perú.

    Temas de investigación

    A pesar de la importancia ampliamente reconocida de la reforma agraria peruana, aún existen importantes lagunas en el conocimiento de su dinámica interna y sus efectos a largo plazo. El gobierno de Velasco llegó a su fin de forma abrupta en 1975, tras un golpe de Estado dirigido por uno de los miembros del propio gabinete velasquista. El régimen conservador del general Francisco Morales Bermúdez (1975-1980) revirtió muchas de las reformas del gobierno de Velasco y retiró el apoyo estatal a la reforma agraria.18 El nuevo régimen tenía poco interés en preservar tanto la propia reforma como su historia, lo que tendió a eclipsar sus logros y a enfatizar sus fracasos.19

    En la época de la reforma, el caso peruano llamó mucho la atención de los politólogos interesados en el reformismo militar y el desarrollo dirigido por el Estado, así como de los antropólogos y sociólogos deseosos de comprender el impacto de esta medida en la dinámica comunitaria y la política regional.20 Los investigadores que analizaron la reforma agraria a escala local aportaron importantes conocimientos sobre los contextos heterogéneos en los que se aplicó, desde los grandes latifundios industrializados de la costa hasta las comunidades rurales dispersas de la sierra, y a menudo señalaron la desconexión entre la política del gobierno central y las estructuras socioeconómicas locales.21 También destacaron la explosión de debates políticos que se produjo en las comunidades rurales.22 Sin embargo, estas luchas políticas se analizaron en términos a menudo bastante rígidos de clase. Por ejemplo, Fernando Eguren argumentó que los intensos debates en el valle de Chancay eran un reflejo del conflicto de clases entre la reforma agraria burguesa del gobierno y la visión proletaria de los antiguos trabajadores de las haciendas.23 David Chaplin afirmó que el sistema de cooperativas del gobierno conduciría a la desmovilización de las masas [...] por medio de la desviación de los trabajadores de sus verdaderos intereses de clase.24 Estas críticas juzgaron al gobierno de Velasco con un estándar preconcebido de lo que la movilización popular debía ser, dejando poco espacio para entender la dinámica interna del proyecto de movilización del gobierno y para evaluar su acogida entre los diferentes sectores de la población.

    Una serie de trabajos más recientes adoptan un enfoque más matizado. Los historiadores han examinado la compleja relación entre las dimensiones locales y nacionales de la reforma y la han situado dentro de las historias de larga duración de determinadas regiones. Linda Seligmann muestra cómo los campesinos asumieron la retórica del gobierno nacional en sus peticiones al Tribunal Agrario (el organismo establecido para resolver las disputas relacionadas con la reforma agraria).25 Jaymie Heilman sostiene que la aplicación desigual, y en algunos casos decepcionante, de la reforma agraria en Ayacucho formaba parte de una larga tradición de abandono estatal de las comunidades rurales, y que esta tradición fue un factor decisivo para el crecimiento y radicalización de Sendero Luminoso.26 En una línea metodológica similar —aunque llegando a conclusiones diferentes—, José Luis Rénique sitúa la implementación de la reforma agraria en Puno dentro de una historia más amplia de conflicto agrario, que fue tanto particular de la región como un aspecto clave de la construcción de la nación peruana, sirviendo como el otro necesario para el proyecto civilizador emanado de Lima.27

    Estos estudios han mejorado considerablemente nuestra comprensión de las relaciones entre el Estado y la sociedad en el contexto de la reforma agraria, pero sigue habiendo una serie de preguntas sobre las batallas políticas que se iniciaron durante este periodo y su impacto a largo plazo en la política peruana. ¿Qué papel preveía el gobierno militar para los campesinos en su plan de redistribución de las tierras? ¿Cómo fue recibido y contestado este proyecto a escala local? ¿Cómo modificó el discurso político nacional la intensa atención estatal puesta en las zonas rurales? Este libro aborda dichas cuestiones utilizando un enfoque comparativo regional.28

    Partiendo de la base de que el contexto y la historia locales fueron mucho más que simples anécdotas en la experiencia vivida de la reforma agraria, este libro se centra en tres regiones en particular: Piura, Tacna y Cusco. En estas tres regiones comparo las percepciones locales de la reforma, las intervenciones gubernamentales que la acompañaron y los debates políticos que surgieron sobre el terreno. Examino las similitudes y diferencias entre las formas en que diversos actores —partidos políticos, el Sinamos, terratenientes, organizaciones campesinas, gobierno y medios de comunicación de la oposición— intervinieron en el proceso de reforma agraria en cada región y lo que hay detrás de estas similitudes y diferencias. Además de enriquecer nuestra comprensión del proceso de reforma en cada una de estas regiones, el libro cuenta una historia más amplia sobre la relación entre el gobierno central y las regiones, sobre cómo se consolida y reconfigura la idea de región a través de la práctica estatal, y sobre los desafíos de establecer una hegemonía política en un contexto de gran diversidad regional.

    Comparación regional

    La investigación comparativa regional o subnacional ha experimentado un gran auge en las ciencias sociales en los últimos años. Más allá de las ventajas metodológicas de estudiar una determinada política o práctica estatal desde distintos puntos de vista, la comparación subnacional también puede contribuir de forma fructífera a la construcción de teoría. Como señala la politóloga Prerna Singh, la comparación subnacional puede utilizarse de diversas maneras para explicar los resultados de las políticas regionales y nacionales. En primer lugar, comparando diferentes regiones se puede evaluar si los resultados locales se deben más al contexto local o a la política nacional. En segundo lugar, las variaciones subnacionales en los resultados de las políticas nacionales pueden ayudar a explicar el resultado nacional general: un panorama nacional de éxito moderado puede contener en su interior ejemplos de fracaso y de rotundo éxito, en lugar de un resultado coherente en todas las regiones. En tercer lugar, la comparación subnacional permite estudiar la política subnacional como resultado de las interacciones entre varios niveles de la política, más que como una unidad contenida. Por último, la comparación subnacional puede revelar nuevos conocimientos sobre la dinámica de un proceso observado a escala nacional.29

    Singh pone en práctica este último enfoque en su estudio sobre la prestación de servicios sociales y los resultados de bienestar en la India. En respuesta a la pregunta de por qué el desarrollo social en algunos estados indios es mucho mayor que en otros, sostiene que una fuerte identidad colectiva proporciona un importante impulso para la priorización estatal del bienestar social. En los estados con una fuerte identidad colectiva, como Kerala, se da una alta prioridad a las políticas progresistas, mientras que en los estados en los que la solidaridad subnacional es débil, como en Uttar Pradesh, el sentido de un propósito común está ausente y las políticas públicas están significativamente menos orientadas hacia el desarrollo.30 Estas comparaciones, a su vez, revelan la importancia de las identidades subnacionales en la construcción general del estado de bienestar en la India.

    En el caso de la reforma agraria peruana, la comparación subnacional ofrece un medio para comprender tanto las dinámicas desiguales de su aplicación como la manera en que las identidades regionales dieron forma a los resultados finales de la revolución nacional del gobierno de Velasco.31 Este examen se centra especialmente en determinar si los eslóganes de la reforma agraria producidos a escala nacional concordaron con las percepciones regionales del problema de la tierra y en qué medida la visión modernizadora proyectada por el régimen de Velasco fue cuestionada o reformulada en los diferentes contextos locales. Sostendré que las formas concretas en que las localidades y regiones experimentaron la reforma agraria, que han sido menospreciadas, configuraron cómo se recuerda y se habla de ella en la política actual.

    Las regiones de Piura, Tacna y Cusco fueron seleccionadas por sus contrastes históricos y socioeconómicos. Al comparar estas regiones tan diferentes, busco analizar tanto la manera en que la población de las distintas regiones respondió a la reforma agraria, como las continuidades o diferencias en las interacciones entre los niveles de gobierno local, regional y nacional. Una breve reseña de cada región ayudará a aclarar este punto.

    Piura, en el extremo norte del Perú, es una región costera que incluye un 20% de tierras costeras y un 2,8% de tierras altas, mientras que el resto está ocupado por llanuras y desierto.32 El crecimiento del comercio de exportación de algodón y azúcar a mediados del siglo XX llevó al desarrollo de grandes complejos agroindustriales que utilizaban niveles crecientes de mecanización y que eran propiedad de asociaciones económicas, más que de familias particulares. Los valles de Piura se caracterizaban por sus grandes latifundios algodoneros pertenecientes a poderosas asociaciones de terratenientes, como el grupo Romero Onrubia, que poseía un total de 103.991 hectáreas, mientras que la sierra estaba ocupada por pequeñas haciendas y comunidades campesinas que producían ganado y cultivaban pequeñas parcelas de secano.33

    Antes de la reforma agraria, el campesinado estaba débilmente organizado en toda Piura, en contraste con los grandes terratenientes que manejaban fuertes organizaciones, como la Liga Agrícola y Ganadera Departamental y la Asociación de Agricultores del Chira. En 1966, el partido de centroderecha del presidente Belaunde, Acción Popular, fundó la Federación Departamental de Campesinos de Piura (Fedecap) para representar los intereses de los campesinos, pero esta estaba controlada en gran medida por sindicalistas urbanos que orientaban su trabajo hacia las comunidades indígenas y no hacia los trabajadores asalariados.34 La mayoría de los campesinos trabajaban como asalariados temporales en las grandes haciendas y, por lo tanto, no estaban efectivamente representados por la Fedecap.

    Durante la época de Velasco, Piura se convirtió en una importante base política para los partidos de izquierda Vanguardia Revolucionaria y Movimiento de la Izquierda Revolucionaria-Cuarta Etapa, que movilizaron a los campesinos para exigir una reforma agraria más radical. La agricultura de Piura venía decayendo desde principios de los años sesenta debido a las condiciones económicas mundiales y a la amenaza de la reforma agraria, que inhibía la inversión. El alto grado de desempleo causado

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