Américo Vespucio: Relato de un error histórico
Por Stefan Zweig y Joan Fontcuberta
4/5
()
Información de este libro electrónico
"Las biografías de Zweig son clásicos indiscutibles del género".
Manuel Hidalgo, El Mundo
"La historia no es nueva, pero merece la pena leerla por el escritor que mejor la ha contado: Stefan Zweig".
Luis M. Alonso, La Nueva España
"Stefan Zweig no propone imaginativas teorías interpretativas sino que acude a archivos hechos y textos de la época con el fin de poner luz al embrollo".
Iñaki Urdanibia, Kaos en la red
"Relato de un error histórico es mucho más que una biografía de Américo Vespucio".
Á. Soto, Diario Vasco
"Una pequeña joya del escritor austríaco que se lee con pasmosa facilidad".
Metahistoria
"Zweig pertenece a una rara estirpe, de superior nobleza: pertenece a quienes como Montaigne, como Rabelais y Cervantes, amaron al hombre y aceptaron sus culpas y desfallecimientos".
Manuel gregorio González, Diario de Sevilla
"Una joya imprescindible de la historia que todos debemos leer".
Pablo Ortiz, Letraherido
Stefan Zweig
Stefan Zweig (Viena, 1881 – Petrópolis, 1942) fue un destacado escritor, biógrafo y ensayista austríaco, célebre por su estilo psicológico y humanista, que alcanzó una inmensa popularidad en las décadas de 1920 y 1930. Hijo de una familia judía acomodada, estudió filosofía y literatura en Viena, donde publicó sus primeros poemas y se relacionó con la élite cultural de su tiempo. Viajero incansable y firme pacifista, se opuso activamente a la Primera Guerra Mundial, lo que marcó profundamente su obra. Autor prolífico en diversos géneros, escribió ficciones inolvidables como Carta de una desconocida, Amok, La piedad peligrosa y Novela de ajedrez, así como estudios históricos y biografías literarias sobre figuras como Balzac, Dickens, Dostoyevski, María Antonieta y Fouché. Su obra Momentos estelares de la humanidad es una de las más representativas de su talento narrativo y visión histórica. Tras el auge del nazismo y la censura de sus escritos, Zweig se exilió sucesivamente en Inglaterra, Estados Unidos y Brasil. A pesar de su admiración por este último país, el desencanto ante el destino de Europa lo llevó a suicidarse junto a su esposa. Su autobiografía póstuma, El mundo de ayer, es un emotivo testimonio de la cultura europea perdida. Su legado literario ha inspirado numerosas adaptaciones cinematográficas, incluida El Gran Hotel Budapest de Wes Anderson, y sigue siendo valorado por su profundidad humanista y su mirada crítica ante los totalitarismos.
Relacionado con Américo Vespucio
Títulos en esta serie (84)
La filial del infierno en la Tierra: Escritos desde la emigración Calificación: 4 de 5 estrellas4/5Breve historia de Inglaterra Calificación: 4 de 5 estrellas4/5Tres coronas para un rey: La empresa de Enrique III y sus misterios Calificación: 2 de 5 estrellas2/5Universos ocultos: Un viaje a las dimensiones extras del cosmos Calificación: 4 de 5 estrellas4/5Américo Vespucio: Relato de un error histórico Calificación: 4 de 5 estrellas4/5Castellio contra Calvino: Conciencia contra violencia Calificación: 4 de 5 estrellas4/5La lucha contra el demonio: (Hölderlin - Kleist - Nietzsche) Calificación: 4 de 5 estrellas4/5El mundo de ayer: Memorias de un europeo Calificación: 4 de 5 estrellas4/5Historia de un Estado clandestino Calificación: 4 de 5 estrellas4/5Catarsis: Sobre el poder curativo de la naturaleza y del arte Calificación: 3 de 5 estrellas3/5El legado de Europa Calificación: 4 de 5 estrellas4/5Las pequeñas virtudes Calificación: 4 de 5 estrellas4/5Primavera de café: Un libro de lecturas vienesas Calificación: 4 de 5 estrellas4/5Momentos estelares de la humanidad: Catorce miniaturas históricas Calificación: 5 de 5 estrellas5/5Yo, otro: Crónica del cambio Calificación: 4 de 5 estrellas4/5Judíos errantes Calificación: 4 de 5 estrellas4/5La penúltima bondad: Ensayo sobre la vida humana Calificación: 5 de 5 estrellas5/5Ser amigo mío es funesto: Correspondencia (1927-1938) Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesNuestro pan de cada día Calificación: 4 de 5 estrellas4/5Tres maestros: (Balzac, Dickens, Dostoievski) Calificación: 4 de 5 estrellas4/5Historia menor de Grecia: Una mirada humanista sobre la agitada historia de los griegos Calificación: 4 de 5 estrellas4/5Core: Sobre enfermos, enfermedades y la búsqueda del alma de la medicina Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesCartas a su hijo Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesDe senectute politica: Carta sin respuesta a Cicerón Calificación: 5 de 5 estrellas5/5Derrota de Vasco de Gama: El primer viaje marítimo a la India Calificación: 3 de 5 estrellas3/5Humano, más humano: Una antropología de la herida infinita Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesCorrespondencia Calificación: 4 de 5 estrellas4/5Maupassant y "el otro" Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesEsplendor y gloria de la Internacional Papanatas Calificación: 4 de 5 estrellas4/5Encuentros con libros Calificación: 4 de 5 estrellas4/5
Libros electrónicos relacionados
Imperios: Auge y declive de Europa en el mundo, 1492-2002 Calificación: 1 de 5 estrellas1/51493 Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesDel vicio de los libros Calificación: 5 de 5 estrellas5/5El legado de Europa Calificación: 4 de 5 estrellas4/5Tres maestros: (Balzac, Dickens, Dostoievski) Calificación: 4 de 5 estrellas4/5Tres poetas de sus vidas: Casanova, Stendhal, Tolstói Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesDiarios Calificación: 5 de 5 estrellas5/5Los milagros de la vida Calificación: 4 de 5 estrellas4/5Una vida de Stefan Zweig Calificación: 4 de 5 estrellas4/5Encuentros con libros Calificación: 4 de 5 estrellas4/5Montaigne Calificación: 4 de 5 estrellas4/5Clásicos para la vida: Una pequeña biblioteca ideal Calificación: 5 de 5 estrellas5/5La embriaguez de la metamorfosis Calificación: 4 de 5 estrellas4/5De un mundo que ya no está Calificación: 5 de 5 estrellas5/5La Cripta de los Capuchinos Calificación: 4 de 5 estrellas4/5Decadencia y caída Calificación: 4 de 5 estrellas4/5La mujer y el paisaje Calificación: 5 de 5 estrellas5/5Con Stendhal Calificación: 4 de 5 estrellas4/5Desde los bosques nevados Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesLa Marcha Radetzky Calificación: 5 de 5 estrellas5/5La lucha contra el demonio: (Hölderlin - Kleist - Nietzsche) Calificación: 4 de 5 estrellas4/5La jungla polaca Calificación: 3 de 5 estrellas3/5Breve historia de Inglaterra Calificación: 4 de 5 estrellas4/5María Antonieta Calificación: 4 de 5 estrellas4/5Los hombres no son islas: Los clásicos nos ayudan a vivir Calificación: 3 de 5 estrellas3/5La felicidad de los pececillos: Cartas desde las antípodas Calificación: 4 de 5 estrellas4/5El secreto de Joe Gould Calificación: 5 de 5 estrellas5/5Dictadores: El culto a la personalidad en el siglo XX Calificación: 2 de 5 estrellas2/5Gottland Calificación: 4 de 5 estrellas4/5Miedo Calificación: 4 de 5 estrellas4/5
Biografías históricas para usted
MANIAC Calificación: 5 de 5 estrellas5/5BENJAMIN FRANKLIN: La Autobiografia Calificación: 4 de 5 estrellas4/5Tesis Libros Espirituales en Español: Tesis Libros Espirituales en Español, #1 Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesCasiodoro de Reina: Reformador español del siglo XVI Calificación: 5 de 5 estrellas5/5Un verdor terrible Calificación: 4 de 5 estrellas4/5EL DIARIO DE ANA FRANK: Anne Frank Calificación: 5 de 5 estrellas5/5Viktor E. Frankl. El sentido de la vida Calificación: 4 de 5 estrellas4/5Nikola Tesla: Vida y descubrimientos del mas genial inventor del siglo XX Calificación: 5 de 5 estrellas5/5Los días y los años Calificación: 5 de 5 estrellas5/5San Martín: Una biografía política del Libertador Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesMagón: Un anarquista en la revolución mexicana Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesCleopatra: Biografía de una reina Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesArturo Prat Calificación: 5 de 5 estrellas5/5Venezuela: 1830 a nuestros días: Breve historia política Calificación: 3 de 5 estrellas3/5Genghis Khan: Una fascinante guía del fundador del Imperio mongol y sus conquistas que resultaron en el imperio contiguo más grande de la historia Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesEl culto a Juárez: La construcción retórica del héroe (1872-1976) Calificación: 4 de 5 estrellas4/5La vida oculta de Fidel Castro: El exguardaespaldas del líder cubano desvela sus secretos más íntimos Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesYo, comandante de Auschwitz Calificación: 5 de 5 estrellas5/5Nunca delante de los criados: Retrato fiel de la vida arriba y abajo Calificación: 5 de 5 estrellas5/5Moctezuma: Apogeo y caída del imperio azteca Calificación: 4 de 5 estrellas4/580 Siglos de Invenciones - Diccionario de los Inventos Calificación: 4 de 5 estrellas4/5El Papa Francisco: Del fin del mundo a Roma Calificación: 4 de 5 estrellas4/5Manuel Rodríguez. Aún tenemos patria Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesMoctezuma Calificación: 4 de 5 estrellas4/5La Generala Calificación: 5 de 5 estrellas5/5Diario Calificación: 5 de 5 estrellas5/5Tesis Libros Espirituales en Español 3: Tesis Libros Espirituales en Español, #3 Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesCristóbal Colón: Su origen y vida investigados con técnicas policiales del siglo XXI Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificaciones
Comentarios para Américo Vespucio
1 clasificación0 comentarios
Vista previa del libro
Américo Vespucio - Stefan Zweig
STEFAN ZWEIG
AMÉRICO VESPUCIO
RELATO DE UN ERROR
HISTÓRICO
TRADUCCIÓN DEL ALEMÁN
DE JOAN FONTCUBERTA
ACANACANTILADO
BARCELONA 2019
CONTENIDO
Américo
El contexto histórico
Por treinta y dos páginas, la inmortalidad
Bautizar un mundo
Empieza el gran debate
Los documentos entran en escena
¿Quién era Vespucio?
AMÉRICO
¿De quién le viene el nombre a América? A esta pregunta responde cualquier escolar rotundamente y sin vacilar: de Américo Vespucio.
No obstante, ante la segunda pregunta incluso los adultos se mostrarán vacilantes e inseguros: ¿por qué esa parte del mundo fue bautizada precisamente con el nombre de Américo Vespucio? ¿Porque él descubrió América? ¡Nada de eso! ¿O tal vez porque fue el primero en pisar, no las islas precedentes, sino el continente propiamente dicho? Tampoco, porque los primeros en llegar a tierra firme fueron Colón y Sebastián Cabot, no Vespucio. ¿Entonces quizá porque mintió al afirmar que había sido el primero en llegar? Vespucio jamás se arrogó este título. ¿O quizá por vanidad y como erudito y cartógrafo propuso su nombre para este continente? No, tampoco, y es probable que nunca llegara a enterarse de que había recibido su nombre. Pero, en este caso, si no hizo nada de todo esto, ¿por qué recayó en él el honor de inmortalizar su nombre? ¿Por qué América se llama América y no Colombia?
Cómo sucedió esto es una maraña de casualidades, errores y malentendidos; es la historia de un hombre que, a raíz de un viaje que nunca realizó ni afirmó haber realizado, alcanzó el inmenso honor de dar nombre al cuarto continente de la Tierra. Desde hace cuatro siglos esa denominación sorprende y enoja al mundo. Américo Vespucio es acusado una y otra vez de haberse apoderado alevosamente de ese honor mediante maquinaciones oscuras e interesadas, y el proceso por «engaño aduciendo hechos falsos» ha sido tratado ante las distintas autoridades en la materia de cada época. Unas absolvieron a Vespucio, otras lo condenaron a la deshonra eterna, y cuanto más categóricamente lo declaraban inocente sus defensores, con tanta más pasión lo culpaban sus adversarios de engaño, falsedad y robo. Actualmente, estas polémicas, con todas sus hipótesis, pruebas y contrapruebas, llenan ya toda una biblioteca; para unos el padrino de América es un «amplificator mundi», uno de los grandes ensanchadores de nuestro mundo, descubridor, navegante, erudito de gran categoría; para otros es el estafador y el charlatán más sinvergüenza de la historia de la geografía.
¿De qué parte está la verdad o, para ser prudentes, la mayor probabilidad?
Hoy en día, y desde hace mucho tiempo, el caso Vespucio ya no es un problema de índole geográfica o filológica. Es un rompecabezas en el que cualquier curioso puede probar fortuna y, además, fácil de dominar de una ojeada al tener pocas piezas, pues la obra escrita que se conoce de Vespucio abarca in summa, contando todos los documentos, de cuarenta a cincuenta páginas. Por eso me he creído también con derecho a colocar aquí las piezas una vez más y a repasar jugada a jugada la famosa partida maestra de la historia con todos sus movimientos, sorprendentes algunos, equivocados otros.
La única exigencia de tipo geográfico que mi exposición impone al lector es que olvide todo lo que sabe de geografía gracias a los completos atlas de que disponemos y, por de pronto, que borre completamente de su mapa interior la forma, el aspecto y hasta la existencia de América. Sólo quien es capaz de sumergir su alma en la oscuridad e incertidumbre de aquel siglo puede experimentar la sorpresa y el entusiasmo de aquella generación cuando empezaron a perfilarse los primeros contornos de una tierra insospechada en un mundo hasta entonces sin límites. Pero siempre que la humanidad hace un nuevo descubrimiento quiere ponerle nombre. Siempre que se llena de entusiasmo quiere manifestar su gozo lanzando un grito de júbilo. Así que fue un día venturoso aquel en que el viento del azar le lanzó de repente un nombre y, sin preguntarse si era justo o no, aceptó impaciente la sonora y vibrante palabra y saludó a su Nuevo Mundo con el flamante y ya eterno nombre de América.
EL CONTEXTO HISTÓRICO
Año 1000. El mundo occidental está sumido en un sueño profundo y pesado. Los ojos están demasiado cansados para permanecer abiertos y vigilantes; los sentidos, demasiado exhaustos para actuar llevados por la curiosidad. El espíritu de la humanidad, entullecido como después de una enfermedad mortal, no quiere saber nada más de su mundo. Y algo todavía más extraño: ha olvidado incomprensiblemente incluso lo que antes sabía. Ya no sabe leer, ni escribir, ni calcular, ni siquiera los reyes y emperadores de Occidente son capaces de estampar su nombre al pie de un pergamino. Las ciencias se han convertido en momias teológicas; la mano humana ya no puede reproducir el propio cuerpo en dibujos y obras plásticas. Sobre todos los horizontes se cierne, como quien dice, una niebla impenetrable. Ya no se viaja, ya nada se sabe de países ignotos; las personas se atrincheran en castillos y ciudades contra pueblos salvajes que una y otra vez irrumpen desde el Este. Viven en la estrechez, en la oscuridad, viven en el desaliento: el mundo occidental está sumido en un profundo y pesado sueño.
De vez en cuando, en ese letargo profundo y grave, alborea un vago recuerdo de que el mundo en otro tiempo había sido diferente, más ancho, más colorido y luminoso, más ameno, lleno de acontecimientos y aventuras. En otro tiempo, ¿no existieron en todos los países calzadas por las que marcharon las legiones romanas, y tras ellas los lictores, los guardianes del orden, los hombres de la ley? ¿No existió una vez un hombre llamado César que conquistó tanto Egipto como Britania? ¿No llegaron los trirremes hasta el otro extremo del Mediterráneo, mar por el que desde hace tiempo ya ningún barco se atreve a navegar por temor a los piratas? ¿No se abrió paso antaño un rey llamado Alejandro hasta la India, esa tierra legendaria, de donde regresó a través de Persia? ¿No hubo una vez sabios que sabían leer las estrellas, conocían la forma de la Tierra y el secreto del ser humano? Se debería leer sobre todo esto en los libros, pero ya no hay ninguno. Se debería viajar y ver países exóticos, pero ya no hay caminos. Todo se acabó. Quizá no fuera más que un sueño.
Además, ¿para qué afanarse? ¿Para qué esforzarse cuando todo ha terminado? Se ha anunciado el fin del mundo para el año 1000. Dios lo ha condenado por haber cometido demasiados pecados, así lo predican los sacerdotes desde los púlpitos, y en el primer día del milenio dará comienzo el Juicio Final; conturbados, con las ropas desgarradas, las personas acuden en masa a grandes procesiones, con cirios encendidos en la mano. Los campesinos han abandonado los campos, los ricos venden y derrochan sus bienes. Porque mañana llegarán los jinetes del Apocalipsis montados en sus pálidos corceles; el Juicio Final se acerca. Y miles y miles se arrodillan esa noche en las iglesias, esperando
