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El 19 de Marzo y el 2 de Mayo: Edición enriquecida. La lucha por la libertad en la España del siglo XIX
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Libro electrónico345 páginas4 horas

El 19 de Marzo y el 2 de Mayo: Edición enriquecida. La lucha por la libertad en la España del siglo XIX

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Información de este libro electrónico

El 19 de Marzo y el 2 de Mayo es una obra escrita por Benito Pérez Galdós que aborda los acontecimientos históricos de la guerra de la independencia española a través de un enfoque narrativo rico y minucioso. Galdós utiliza un estilo realista y detallado, combinando elementos de ficción y documentación histórica, lo que permite al lector sumergirse en el contexto político y social de la época. A través de una prosa vibrante, el autor presenta a personajes complejos que representan diversos estratos de la sociedad española, destacando la lucha por la libertad y la identidad nacional. Este libro, parte de su serie 'Episodios Nacionales', se sitúa dentro del movimiento del realismo literario, marcado por la búsqueda de una representación fiel y objetiva de la historia. Benito Pérez Galdós, uno de los más grandes novelistas españoles, se vio influenciado por su experiencia en la vida política y social de su tiempo, así como por su participación en la vida literaria de Madrid. Nacido en 1843 en Las Palmas de Gran Canaria, Galdós vivió de cerca los cambios socio-políticos de España y arroja luz sobre la historia nacional en su obra. 'El 19 de Marzo y el 2 de Mayo' refleja su compromiso con la verdad histórica y su anhelo por explorar la identidad española en su lucha por la emancipación. Recomiendo encarecidamente la lectura de El 19 de Marzo y el 2 de Mayo a aquellos interesados en la literatura histórica y en el estudio de la identidad nacional española. La obra de Galdós no solo proporciona una narrativa fascinante y emotiva, sino que también ofrece una visión profunda de los desafíos que enfrentó España en un periodo crucial de su historia. Su estilo detallado y su aguda observancia social la convierten en un texto indispensable para comprender el legado literario y cultural de España.

En esta edición enriquecida, hemos creado cuidadosamente un valor añadido para tu experiencia de lectura:
- Una Introducción sucinta sitúa el atractivo atemporal de la obra y sus temas.
- La Sinopsis describe la trama principal, destacando los hechos clave sin revelar giros críticos.
- Un Contexto Histórico detallado te sumerge en los acontecimientos e influencias de la época que dieron forma a la escritura.
- Una Biografía del Autor revela hitos en la vida del autor, arrojando luz sobre las reflexiones personales detrás del texto.
- Un Análisis exhaustivo examina símbolos, motivos y la evolución de los personajes para descubrir significados profundos.
- Preguntas de reflexión te invitan a involucrarte personalmente con los mensajes de la obra, conectándolos con la vida moderna.
- Citas memorables seleccionadas resaltan momentos de brillantez literaria.
- Notas de pie de página interactivas aclaran referencias inusuales, alusiones históricas y expresiones arcaicas para una lectura más fluida e enriquecedora.
IdiomaEspañol
EditorialGood Press
Fecha de lanzamiento18 dic 2023
ISBN8596547818809
El 19 de Marzo y el 2 de Mayo: Edición enriquecida. La lucha por la libertad en la España del siglo XIX
Autor

Benito Pérez Galdós

Benito Pérez Galdós (Las Palmas de Gran Canaria, 1843-Madrid, 1920) llegó a Madrid en 1862 para estudiar derecho. No tardó en introducirse en la vida cultural e intelectual de la ciudad y en relacionarse con los personajes más destacados de la época, como Leopoldo Alas «Clarín». En 1868 abandonó los estudios para dedicarse íntegramente a la escritura. Su primera novela, La Fontana de Oro (1870), escrita con apenas veinticinco años, anticipa el talento del que sería uno de los mayores narradores de nuestra literatura. Como autor, revolucionó la narrativa española incluyendo en sus obras expresiones populares para dar así más realismo al relato, ideas que aportó también al género teatral. Al mismo tiempo, Galdós tuvo una prolífica carrera en el campo de la política, donde llegó a ser diputado en varias ocasiones por distintas circunscripciones. De su extensa obra cabe remarcar algunas de sus obras maestras, como son Doña Perfecta (1876), Marianela (1878), La desheredada (1881), Tormento (1884), Fortunata y Jacinta (1886-1887), Miau (1888), Misericordia (1897) y los Episodios nacionales (1872-1912), una gran crónica de la España del siglo XIX, formada por cuarenta y seis episodios divididos en cinco series de diez novelas.

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    El 19 de Marzo y el 2 de Mayo - Benito Pérez Galdós

    Benito Pérez Galdós

    El 19 de Marzo y el 2 de Mayo

    Edición enriquecida. La lucha por la libertad en la España del siglo XIX

    Introducción, estudios y comentarios de Damián Rojas

    Editado y publicado por Good Press, 2023

    goodpress@okpublishing.info

    EAN 08596547818809

    Índice

    Introducción

    Sinopsis

    Contexto Histórico

    Biografía del Autor

    El 19 de Marzo y el 2 de Mayo

    Análisis

    Reflexión

    Citas memorables

    Notas

    Introducción

    Índice

    Una ciudad que despierta con el rumor de la historia en la garganta, un pueblo que aprende a pronunciar su destino en voz alta y una corona que escucha, por fin, el crujido del tiempo: esa es la escena de arranque que domina El 19 de Marzo y el 2 de Mayo. En ella se condensa un conflicto que trasciende lo circunstancial: el choque entre la voluntad colectiva y las inercias del poder, la fragua de una identidad que busca su nombre. Galdós convierte la calle en escenario mayor y la jornada en símbolo, y el lector atraviesa ese umbral con asombro sostenido.

    El estatuto de clásico de este libro no nace solo de su asunto célebre, sino de su forma de narrarlo. Galdós acuña una prosa que armoniza precisión documental y pulso novelístico, capaz de convertir hechos públicos en experiencia íntima sin banalizarlos. La novela trabaja con materiales que no envejecen: la tensión entre libertad y obediencia, la responsabilidad cívica, la opacidad de las decisiones políticas. Su influencia se percibe en la consolidación de una tradición de relato histórico verosímil, atento a la vida cotidiana. La obra se vuelve así referencia perdurable por su manera de humanizar la Historia sin despojarla de complejidad.

    Benito Pérez Galdós, figura central de la narrativa española del siglo XIX, concibió El 19 de Marzo y el 2 de Mayo dentro de su amplio ciclo de los Episodios Nacionales. Ese proyecto, ambicioso y orgánico, proponía una crónica novelada de la España contemporánea, articulada en series que recorren guerras, pronunciamientos, crisis y restauraciones. La novela aquí presentada pertenece a la Primera Serie, donde la materia histórica se entrelaza con la educación sentimental y política de un testigo. El objetivo no es ilustrar una lección, sino ofrecer una experiencia de lectura que permita comprender, a ras de suelo, cómo los grandes sucesos irrumpen en la vida común.

    La composición de esta obra se inscribe en la década de 1870, momento en que Galdós dio forma inicial a la Primera Serie de los Episodios. Es el periodo en que pule un método: documentarse con rigor, observar el presente con mirada crítica y reimaginar el pasado con verosimilitud narrativa. El autor escribe desde la distancia temporal suficiente para leer los hechos, pero con la cercanía emocional de quien sabe que allí se forjaron las claves del siglo. Esa doble perspectiva —historiográfica y vital— sostiene la arquitectura del libro y el cariz reflexivo de sus escenas.

    La premisa central es conocida: el relato abarca los acontecimientos del 19 de marzo de 1808, fecha asociada al estallido de tensiones en la corte, y el alzamiento madrileño del 2 de mayo, cuando la presencia de tropas extranjeras en la capital catalizó una reacción popular. Galdós organiza esa materia en una trama donde un testigo joven y móvil atraviesa espacios diversos —palacios, plazas, calles— y escucha voces discordantes. No se trata de enumerar proclamas ni de dramatizar con grandilocuencia, sino de acompañar la gestación de un clima que, paso a paso, se vuelve irreversible.

    El autor despliega una técnica que alterna panorámicas con primeros planos, coros multitudinarios con confidencias. La ciudad es tratada como un organismo vivo: sus rumores, sus trayectos, sus silencios, su súbita electricidad. Galdós recurre a una polifonía de registros que confiere espesor a los acontecimientos y evita simplificaciones. La intriga nace del roce entre lo individual y lo colectivo, del malentendido que se propaga, del gesto mínimo que precipita una multitud. La cadencia de la prosa, flexible y exacta, da al lector la sensación de asistir a algo que sucede al ritmo de la respiración urbana.

    Entre los temas vertebrales destacan la formación de la conciencia cívica, la relación entre legitimidad y autoridad, y la fragilidad de las estructuras cuando falta la confianza pública. El libro presenta la ambivalencia de los símbolos, la contaminación de los rumores y la sedimentación de agravios que desembocan en un momento crítico. También interroga el lugar de los intermediarios —funcionarios, soldados, periodistas— en el pasaje de la inquietud a la acción. Todo ello sin dictar sentencias, pues la novela privilegia la mirada y el juicio del lector, que debe orientarse en esa constelación de voces.

    La experiencia urbana ocupa un lugar central: los itinerarios, las aglomeraciones, la disposición de plazas y calles condicionan el pulso de los sucesos. Galdós muestra cómo el espacio moldea la política y cómo la política reescribe el espacio. El tránsito del rumor a la consigna, de la sospecha a la decisión, se inscribe en una geografía concreta que el lector reconoce como un mapa emocional. Las escenas colectivas no borran la intimidad; al contrario, cada episodio público deja una estela en los afectos privados, trazando el vínculo indisoluble entre vida cotidiana e historia mayor.

    El tratamiento de la violencia y del heroísmo elude el panfleto. La novela explora la ambigüedad de los gestos extremos: el valor que se contagia, el miedo que paraliza, la dignidad que se afirma en medio del desconcierto. Galdós no exalta ni trivializa; ilumina. La intensidad procede de la acumulación de detalles significativos, del contraste entre el bullicio exterior y las vacilaciones interiores. En ese equilibrio, la obra propone una ética de la mirada: comprender sin justificar, recordar sin idealizar, narrar sin simplificar. Así construye una epopeya civil en voz baja, más eficaz que cualquier grito.

    El estilo, claro y maleable, combina ironía discreta, oído para el habla común y precisión de cronista. La sintaxis acompaña la movilidad del relato, ora expansiva, ora cortante, según exija la escena. No hay artificio gratuito: cada recurso sirve al propósito de hacer inteligible una coyuntura compleja. La prosa de Galdós, siempre atenta a los matices, permite distinguir el interés propio de la convicción, la pose del compromiso. Esa economía expresiva otorga al texto una transparencia que no excluye profundidad, y a la vez invita a releer para descubrir capas nuevas de sentido.

    Dentro de la literatura española, El 19 de Marzo y el 2 de Mayo consolidó el horizonte de posibilidades de la novela histórica moderna. Su manera de articular investigación y dramatización, memoria y presente, se convirtió en pauta para relatos posteriores que aspiraron a contar el pasado sin convertirlo en alegoría rígida. La obra contribuyó, además, a imaginar una comunidad de lectores que comparte referencias históricas y se reconoce en ellas. En el marco de los Episodios, ocupa un lugar estratégico: conecta la crisis de legitimidad con la irrupción del pueblo como protagonista de la escena pública.

    Su influencia se advierte en la persistencia de un modelo de narración histórica que privilegia la experiencia sensible y el punto de vista del testigo. Escritores de diferentes épocas han encontrado en Galdós un modo de mirar la historia desde abajo, sin renunciar a la amplitud interpretativa. La novela ofrece, asimismo, un repertorio de escenas urbanas que ha nutrido relatos sobre la ciudad moderna. Más que un manual o un lienzo conmemorativo, es un laboratorio de formas para contar acontecimientos colectivos, y por ello ha mantenido su capacidad de diálogo con nuevas generaciones de lectores e intérpretes críticos.

    Sinopsis

    Índice

    El 19 de marzo y el 2 de mayo, de Benito Pérez Galdós, se integra en la Primera Serie de los Episodios nacionales y sitúa su acción en 1808, año de fractura política y convulsión urbana en España. Narrada por el joven Gabriel de Araceli, la obra enlaza vivencia personal y crónica histórica para seguir el tránsito desde las últimas maniobras del poder de Manuel Godoy hasta el estallido popular madrileño. Madrid aparece expectante y saturado de rumores, con tropas francesas acantonadas como aliadas. En ese ambiente, el narrador se mueve entre tertulias, plazas y cuarteles, y observa cómo las fidelidades se tensan al borde de la ruptura.

    Galdós describe con detalle el clima cortesano previo al primer hito del título. Se multiplican las fricciones entre partidarios de Carlos IV y seguidores del príncipe Fernando, mientras Godoy concentra el resentimiento público. El narrador registra voces, chismes y gestos que revelan una corte sitiada por su propia impopularidad, al tiempo que la presencia francesa, legitimada por acuerdos recientes, adquiere un peso inquietante. El autor contrapone la retórica oficial con la percepción de la calle, subrayando la distancia entre una autoridad que vacila y una multitud que acumula agravios, presagios y una energía latente dispuesta a expresarse.

    El 19 de marzo de 1808 toma cuerpo en Aranjuez, adonde confluyen el descontento popular, intrigas palaciegas y la fragilidad del gobierno. Galdós articula la jornada como una cadena de acciones y reacciones que precipitan la caída del valido. Gabriel de Araceli presencia de cerca la agitación y capta el tono de un tumulto que no surge al azar, sino de tensiones acumuladas. La irrupción en las residencias, la presión sobre las figuras del poder y la descomposición del mando muestran una monarquía en trance de metamorfosis. Todo ocurre con la velocidad de un derrumbe que, a la vez, parece largamente anunciado.

    La consecuencia inmediata del episodio es la abdicación de Carlos IV en favor de Fernando VII, hecho que Galdós presenta en su dimensión pública: júbilo en las calles, esperanzas de renovación y una sensación de alivio compartido. Sin embargo, el relato insiste en la ambigüedad del momento: la presencia militar francesa no disminuye y la mudanza en el trono no despeja la incertidumbre sobre la soberanía efectiva. Gabriel observa esa coexistencia de fiesta y recelo. A partir de ahí, la novela introduce un compás de espera: los gestos del nuevo reinado conviven con gestiones opacas, viajes y movimientos que aumentan el desconcierto ciudadano.

    Con el paso de las semanas, Madrid se vuelve un tablero de presiones. Galdós fija la mirada en la calle y en la vida cotidiana bajo la vigilancia de las tropas de Murat. El narrador recoge incidentes menores que revelan una tensión creciente: discusiones, fricciones con soldados y el rumor persistente de traslados de miembros de la familia real. La ciudad percibe que las decisiones se toman lejos y que la autoridad local vacila. Entre promesas de normalidad y signos de imposición, la población empieza a organizarse, no tanto con un plan definido, como con una sensibilidad defensiva que hará chispa ante el primer intento de consumar hechos irreversibles.

    El 2 de mayo estalla cuando el pueblo interpreta que se quiere arrancar de Madrid a los últimos representantes de la familia real. Galdós narra el despertar repentino de la ciudad: muchedumbres ante el Palacio, gritos que corren por la Puerta del Sol y un ánimo que pasa de la protesta a la acción. La obra alterna panorámicas del movimiento popular con escenas de barrio y resistencia improvisada. Figuran choques en diversas calles y el episodio emblemático de la defensa del parque de Monteleón, símbolo de una dignidad militar que dialoga con la iniciativa civil. Gabriel se desplaza entre focos de lucha, testigo de la amplitud y desorden del levantamiento.

    La respuesta francesa es inmediata y contundente. Galdós muestra la represión con sobriedad narrativa, atento al impacto moral y al desconcierto que sigue a la exaltación inicial. Hay registros de detenciones, castigos ejemplares y calles que, al anochecer, guardan la huella de una violencia que no se extingue con el silencio. El narrador capta la mezcla de duelo y orgullo que atraviesa a los supervivientes, así como el modo en que el recuerdo de la jornada empieza a fijarse en la memoria colectiva. La obra evita el énfasis retórico y prefiere el detalle humano que revela el costo íntimo de los acontecimientos.

    Más allá de la secuencia histórica, la novela indaga en cuestiones de legitimidad, patriotismo y responsabilidad. Galdós combina el pulso épico con la observación costumbrista: artesanos, soldados, damas y funcionarios aparecen como tipos vivos, no como alegorías. La prosa traza la frontera movediza entre tumulto y ciudadanía, entre conspiración de élites y espontaneidad popular. El retrato de Gabriel de Araceli, entre la curiosidad y el compromiso, ofrece un prisma flexible para medir corajes y vacilaciones. Sin resolver debates, el texto muestra cómo se forma una conciencia nacional cuando el Estado titubea y el extranjero ocupa, gradualmente, el espacio de mando.

    El 19 de marzo y el 2 de mayo se afirma, así, como una meditación narrativa sobre el origen de un tiempo nuevo. Sin entregar conclusiones cerradas ni agotar el destino de sus personajes, sugiere que los grandes cambios nacen del cruce entre memoria compartida y decisiones concretas en días límite. Su vigencia reside en interrogar cómo se construye la autoridad política y qué lugar ocupa la ciudadanía ante la injerencia exterior y las crisis de confianza. En ese espejo, el lector contemporáneo reconoce dilemas que persisten, mientras Galdós preserva el pulso dramático sin traicionar la complejidad de los hechos.

    Contexto Histórico

    Índice

    La narración de El 19 de Marzo y el 2 de Mayo se sitúa en la España de comienzos del siglo XIX, aún regida por el Antiguo Régimen borbónico. Madrid y los Reales Sitios —en particular Aranjuez— concentran el poder cortesano, mientras instituciones como la Corona, el Consejo de Castilla, la Iglesia y el ejército articulan una sociedad estamental. Bajo una economía de base agraria y un sistema fiscal heredado, la vida urbana convive con tradiciones corporativas y costumbres populares muy arraigadas. Ese marco, previo a las reformas liberales, funciona como telón de fondo para una crisis política que fractura legitimidades, reactiva lealtades locales y desata pasiones colectivas que Galdós convierte en materia novelable.

    El reinado de Carlos IV (1788–1808) está marcado por el impacto de la Revolución francesa y el temor a su contagio ideológico. La guerra contra la Francia revolucionaria (1793–1795) y la posterior paz no resuelven la inestabilidad. Crece la influencia de Manuel Godoy, protegido real, cuya política exterior oscila entre el acercamiento y la confrontación con las potencias europeas. La vigilancia sobre la opinión pública aumenta, pero también lo hacen la circulación de ideas ilustradas y los debates sobre reforma. En ese clima de contradicciones, la corte aparece a la vez como centro ceremonial y escenario de intrigas, tema que la novela explora con agudeza crítica.

    La figura de Godoy domina la última década del reinado. Las alianzas con Francia (Tratados de San Ildefonso, 1796) arrastran a España a conflictos marítimos con Gran Bretaña. La derrota de Trafalgar (1805) desarticula la marina española, da la supremacía naval a los británicos y bloquea rutas comerciales clave. La Hacienda se resiente, se encarecen bienes básicos y crece el malestar urbano. En la memoria popular, Godoy encarna privilegio e impunidad, aunque promoviera determinados proyectos reformistas. Galdós refleja las percepciones contrapuestas: la animadversión hacia el favorito, la ceguera de la corte y la distancia entre las penurias de la calle y las decisiones palatinas.

    En 1807, el Tratado de Fontainebleau permite el paso de tropas francesas por España para invadir Portugal, aliado británico. Napoleón aprovecha para ocupar estratégicamente plazas españolas, generando una presencia militar ambigua: aliada en los papeles, sospechosa en la práctica. El gran duque de Berg, Joaquín Murat, entra en Madrid en marzo de 1808 con fuerzas disciplinadas y ostentosas. La ciudad percibe la amistad forzada, los acantonamientos y el trato altivo de los oficiales extranjeros. Galdós registra esa tensión cotidiana: saludos protocolarios, desplantes, rumores y la sensación de tutela que va quebrando los resortes de obediencia y respeto hacia la Corona y su entorno.

    El Motín de Aranjuez (17–19 de marzo de 1808) precipita la caída de Godoy y la abdicación de Carlos IV en favor de su hijo Fernando. La conjunción de intrigas palaciegas y resentimientos populares prende en el Real Sitio: irrupciones en casas, violencia simbólica y clamor por el cambio. El fernandismo —devoción al príncipe, aureolado como defensor de la nación— cristaliza expectativas de regeneración sin programa claro. En la novela, Aranjuez aparece como un teatro concentrado de pasiones: el choque entre facciones cortesanas, la manipulación de la multitud y la fragilidad de una legitimidad que se desploma al primer empujón.

    La subida de Fernando VII, recibida con júbilo, abre un breve paréntesis de esperanza. Pero Napoleón, árbitro de hecho de la situación, atrae a la familia real a Bayona. Allí, en mayo de 1808, se producen las abdicaciones que transfieren la Corona a José Bonaparte. Aunque el episodio galdosiano se centra en los días previos y en la explosión del 2 de mayo, el trasfondo es la evaporación de la soberanía española y el desconcierto jurídico-político. La novela anticipa la quiebra de la autoridad sin narrar exhaustivamente Bayona, y subraya la sensación de orfandad que deja una monarquía que no sabe o no puede ejercerla.

    El 2 de mayo de 1808 estalla en Madrid un levantamiento popular cuando se intenta trasladar a miembros de la familia real hacia Francia. Se congregan artesanos, oficiales, vecino menudos y soldados que actúan por iniciativa propia. La Puerta del Sol, el paseo del Prado, el parque de Monteleón y otras vías se convierten en escenarios de choques improvisados. La resistencia de algunos mandos de artillería, símbolo de dignidad militar, alimenta el mito cívico. Galdós recrea la espontaneidad, la descoordinación y el coraje, con atención a los gestos y voces que fijan, en la memoria, ese día como un punto de no retorno.

    La respuesta de Murat es fulminante. La caballería —incluidos los famosos mamelucos— y la artillería controlan calles y plazas, y se dictan ejecuciones sumarísimas al amanecer del 3 de mayo. Las imágenes de Goya, pintadas años después, inmortalizarán el horror. Galdós, sin replicar cuadros, pone foco en la textura social del conflicto: vecinos que esconden o delatan, familiares separados, autoridades locales indecisas. El episodio subraya la asimetría de fuerzas y la lógica implacable del ocupante, pero también su desconcierto ante una ciudad que, sin jefatura clara, ha pasado de súbdita a insumisa en cuestión de horas.

    Tras los sucesos de Madrid, se multiplican Juntas locales y provinciales que invocan la soberanía en ausencia del rey. El levantamiento se extiende, y en julio de 1808 la victoria de Bailén demuestra que el ejército francés no es invencible. Comienza la Guerra de la Independencia (1808–1814), con una combinación de ejércitos regulares, guerrillas y alianzas internacionales. Aunque El 19 de Marzo y el 2 de Mayo no narra esa guerra en su conjunto, prepara su escenario: el despertar político de la población, la fractura entre colaboracionismo y resistencia y la idea, aún difusa, de nación movilizada.

    La fractura atraviesa las élites. Los llamados afrancesados ven en José I y en el influjo napoleónico la oportunidad de reformar administración, hacienda y educación; otros sectores consideran ilegítima toda tutela extranjera y se agrupan en torno a la tradición monárquica y la religión. Galdós evita el maniqueísmo: muestra convicciones y ambigüedades, oportunismos y sinceridades. La novela sugiere que la modernización puede ser usada como coartada de dominación y que la defensa de la patria puede encubrir intereses de facción. En esa tensión se perfila el debate que desembocará, años después, en Cádiz y el constitucionalismo.

    El Madrid que Galdós evoca no es solo capital política: es un organismo urbano con barrios diferenciados, oficios concentrados y sociabilidades propias. Lavapiés, el entorno de la Plaza Mayor, la Puerta del Sol, el Prado, los alrededores del palacio y los cuarteles configuran una topografía de encuentros, colisiones y rumores. Aranjuez, con su palacio y jardines, representa la escenografía cortesana y el retiro festivo. Esa geografía humanizada importa tanto como la cronología: define rutas de movilización, cuellos de botella, lugares de prestigio o de marginalidad. La novela capitaliza ese mapa para explicar cómo se movió, pensó y combatió la ciudad.

    La opinión pública, todavía encorsetada por censuras y licencias, se expresa mediante hojas volantes, pasquines, coplas y sermones. Los periódicos existen, pero su control es estricto y su alcance, irregular. Las tertulias en cafés y casas de vecindad funcionan como foros de discusión y fábricas de rumor. Galdós retrata esa ecología comunicativa: consignas improvisadas, exageraciones, malentendidos y verdades a medias que, sin embargo, cimentan decisiones colectivas. La palabra —susurro, arenga, chisme— aparece como fuerza política: acelera o retarda los hechos y, al fijarse en relatos, contribuye a construir la memoria de 1808.

    El componente militar es decisivo. El ejército español, con desigual adiestramiento y disciplina, mantiene puntos de excelencia —como la artillería— pero arrastra déficits estructurales. El francés, forjado en las guerras revolucionarias y napoleónicas, despliega maniobras rápidas, jefatura flexible y armamento estandarizado. En Madrid, la lucha callejera favorece a quien conoce el terreno, pero la superioridad material y táctica francesa impone su ley. La novela atiende a detalles tácticos y a la materialidad de la violencia —fusiles de chispa, descargas, cargas de caballería— para anclar el drama en una realidad verificable, no en una alegoría abstracta.

    La economía condiciona los ánimos. Las guerras y bloqueos encarecen el pan y otros artículos básicos; la reducción del comercio colonial y el acoso británico a rutas marítimas restan ingresos a la Hacienda. Persisten viejas figuras fiscales —diezmos, alcabalas— y el crédito público se tambalea. En los barrios, artesanos y pequeños comerciantes sufren la contracción de la demanda y la irregularidad de suministros. Las colas, el regateo y la picaresca conviven con la caridad parroquial. Galdós hace visibles esas tensiones cotidianas: la escasez como caldo de cultivo del descontento y como límite material de cualquier política cortesana o de ocupación.

    En lo cultural, la herencia ilustrada subsiste en círculos reducidos, mientras la religiosidad popular estructura calendarios y solidaridades. El teatro y los sainetes, la música callejera y las fiestas marcan ritmos de una ciudad que alterna devoción y jarana. Goya, testigo excepcional, fijará más tarde el espanto y la dignidad de 1808 en imágenes que dialogan indirectamente con la novela. Galdós incorpora costumbrismo y observación moral: no idealiza a las clases populares, pero reconoce su protagonismo histórico. El resultado es una escena cultural compleja, en la que la modernidad discute con la tradición sin vencerla ni ser vencida del todo.

    El 19 de Marzo y el 2 de Mayo forma parte de la primera serie de los Episodios nacionales, concebida y escrita en los primeros años de la década de 1870. Publicado en 1873, el libro participa del clima del Sexenio Democrático (1868–1874), cuando España debate monarquía, república y ciudadanía. Galdós, novelista realista, propone una educación sentimental de la historia: con documentación, memoria oral y verosimilitud social, convierte al lector en testigo. El enfoque no disimula simpatías liberales, pero otorga voz a antagonistas. Así, la obra se inserta en una empresa mayor: dotar a la nación de un relato crítico y compartido de su pasado reciente.

    La estrategia narrativa combina personajes ficticios con acontecimientos y figuras históricas, una técnica que permite penetrar en lo verosímil sin falsear lo esencial. En este episodio, la perspectiva de testigos humildes ilumina la trastienda de la corte y la dinámica de la calle. La selección de escenas —Aranjuez, Madrid, el choque con las tropas francesas— está subordinada a una tesis: la historia no la mueven héroes aislados ni conspiradores en exclusiva, sino una constelación de intereses, miedos y esperanzas. La novela despliega, así, un método de conocimiento práctico del pasado, atento al detalle y refractario al panfleto fácil o al ditirambo patriótico banalizado, con el fin de preservar una conciencia histórica útil al lector de cualquier época.

    Biografía del Autor

    Índice

    Benito Pérez Galdós (1843-1920) fue novelista, dramaturgo y cronista español, figura mayor del realismo del XIX y principios del XX. Nacido en Las Palmas de Gran Canaria y afincado en Madrid desde su juventud, narró con profundidad las transformaciones de la España contemporánea, desde la vida cotidiana hasta los grandes giros históricos. Autor de los Episodios nacionales y de novelas como Fortunata y Jacinta, Miau o Misericordia, integró análisis social, humor e ironía con una poderosa observación psicológica. Su prosa, flexible y

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