Plick y Plock: Edición enriquecida. Un encuentro sorprendente entre gemelos separados en la Francia del siglo XIX
Por Eugene Sue y Gaspar Arias
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En esta edición enriquecida, hemos creado cuidadosamente un valor añadido para tu experiencia de lectura:
- Una Introducción sucinta sitúa el atractivo atemporal de la obra y sus temas.
- La Sinopsis describe la trama principal, destacando los hechos clave sin revelar giros críticos.
- Un Contexto Histórico detallado te sumerge en los acontecimientos e influencias de la época que dieron forma a la escritura.
- Un Análisis exhaustivo examina símbolos, motivos y la evolución de los personajes para descubrir significados profundos.
- Preguntas de reflexión te invitan a involucrarte personalmente con los mensajes de la obra, conectándolos con la vida moderna.
- Citas memorables seleccionadas resaltan momentos de brillantez literaria.
Eugene Sue
Eugène Sue, né le 26 janvier 1804 à Paris et mort en exil le 3 août 1857 à Annecy-le-Vieux. Il est un écrivain français, principalement connu pour deux de ses romans-feuilletons à caractère social : Les "Mystères de Paris" et "Le Juif errant". "Les Mystères de Paris" est un roman français publié en feuilleton dans le Journal des débats entre le 19 juin 1842 et le 15 octobre 1843.
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Plick y Plock - Eugene Sue
Eugène Sue
Plick y Plock
Edición enriquecida. Un encuentro sorprendente entre gemelos separados en la Francia del siglo XIX
Introducción, estudios y comentarios de Gaspar Arias
Editado y publicado por Good Press, 2023
goodpress@okpublishing.info
EAN 08596547827078
Índice
Introducción
Contexto Histórico
Sinopsis (Selección)
Plick y Plock
Análisis
Reflexión
Citas memorables
Introducción
Índice
Plick y Plock reúne, en un solo volumen de autor, dos relatos extensos de Eugène Sue, precedidos de un Prefacio: Kernok el pirata y El gitano. La presente colección se propone ofrecerlos íntegros y ordenados en sus capítulos originales, para permitir una lectura continua de estas piezas fundamentales de su primera etapa romántica. No es una antología fragmentaria ni una reescritura: es una edición de novelas completas que restituye el pulso narrativo y la arquitectura episódica que las caracteriza. El título común funciona como rótulo de conjunto y facilita el acceso a un territorio literario marcado por aventura, exceso y destino.
El alcance textual abarca la narrativa de largo aliento —novelas o relatos largos— y un prefacio programático, sin incluir poemas, teatro, cartas ni materiales de archivo. En términos de géneros, Kernok el pirata se inscribe en la novela de aventuras marítimas con rasgos góticos y melodramáticos, mientras El gitano conjuga el folletín romántico con cuadros de costumbres hispánicas. Ambos textos despliegan la seriación capitular propia del siglo XIX, con escenas intensas, virajes repentinos y una economía de suspense. El orden de capítulos reproduce esa lógica, de manera que el lector encuentre el ritmo original de avance y la tensión que sostiene cada episodio.
Kernok el pirata se abre sobre el universo del mar y la violencia, en torno a un corsario implacable y su tripulación a bordo de un brick llamado El Gavilán. La secuencia de capítulos—desde preparativos de caza y presas hasta combates y regresos—compone un itinerario donde la codicia, el temor y la superstición se enfrentan a la inclemencia oceánica. Sue trabaja con contrastes nítidos y atmósferas nocturnas, alternando acción trepidante y escenas de observación moral. Sin adelantar desenlaces, puede afirmarse que el relato pone en crisis el heroísmo convencional y explora la frontera borrosa entre ley, piratería y supervivencia.
El gitano traslada la acción a una España romántica imaginada por la sensibilidad francesa del XIX, poblada de barberías, plazas de toros, conventos y caminos marítimos. Un personaje gitano, en el cruce de marginación y deseo, articula un drama donde pesa el rito, la honra y la justicia penal, con episodios que aluden a tempestades, reliquias y la pena del garrote. Más que una crónica de costumbres, el texto es una reflexión narrativa sobre prejuicios, fascinaciones y miedos, sostenida por el pulso folletinesco. La alternancia de interiores religiosos y espacios abiertos acentúa un conflicto que no recurre a exotismos superficiales.
Unifican la colección la atracción por la marginalidad, el examen de la violencia y el constante roce con lo sagrado. Piratas y gitanos aparecen no como curiosidades pintorescas, sino como figuras límite que interpelan sistemas morales y legales. En el plano estilístico, Sue recurre a antítesis contundentes, vocabulario sensorial, situaciones extremas y cierres de capítulo que convocan la lectura continua. La precisión de los títulos episódicos orienta el avance dramático sin agotar el sentido. Desde el mar embravecido hasta la capilla ardiente, la imaginería convoca una ética ambigua, donde compasión, culpa y fatalidad se entrelazan sin resolver del todo.
Estas obras pertenecen a la primera fase de Eugène Sue, anterior a sus grandes novelas de tesis social, y revelan el laboratorio donde afina recursos que luego circularán por el folletín europeo: ritmo serial, construcción de antihéroes, panoramas urbanos y corales, y un gusto por el detalle plástico. Su vigencia se percibe en el diálogo con formas narrativas contemporáneas que privilegian la tensión episódica y la ambivalencia moral. Al mismo tiempo, ofrecen una ventana a debates del siglo XIX sobre justicia, fe, superstición y castigo, que siguen interpelando al lector actual por su potencia simbólica y su energía narrativa.
Leída como conjunto, Plick y Plock permite una doble experiencia: el goce inmediato de la aventura y la observación de cómo se articula una retórica popular que marcó la modernidad literaria. El Prefacio abre el horizonte de lectura, y cada bloque —Kernok el pirata y El gitano— presenta, en capítulos titulados, un desarrollo orgánico. Los encabezamientos en castellano guían la progresión sin desvelar las sorpresas narrativas. Para el lector de hoy, la colección ofrece un mapa claro de motivos y procedimientos que definen al Sue romántico: vigor escénico, plasticidad de ambientes, dilemas morales tajantes y una dramaturgia de episodios inolvidables.
Contexto Histórico
Índice
Eugène Sue (1804-1857), novelista francés, pasó de médico y cirujano naval a escritor célebre del Romanticismo. Sus primeras obras, anteriores a sus grandes folletines sociales de la década de 1840, exploran mares, fronteras y atmósferas sombrías afines a la llamada escuela frenética. La colección Plick y Plock pertenece a ese tramo inicial y reúne relatos que sitúan su acción entre finales del siglo XVIII y las primeras décadas del XIX, en puertos atlánticos y mediterráneos y en una España vista con lente romántica. En ellos convergen experiencia marítima, supersticiones populares y debates morales sobre autoridad, fe y violencia.
Tras el fin de las guerras napoleónicas en 1815, Europa entró en un ciclo de restauración política y convulsiones revolucionarias. En Francia, la Restauración borbónica (1814-1830) y la Revolución de Julio de 1830 marcaron discusiones sobre legitimidad, ley y rebelión. En el mar, las potencias reforzaron la represión de la piratería: el bombardeo de Argel de 1816 y la intervención francesa en 1830 simbolizaron el cierre de viejos santuarios corsarios. Al situar brigs, orgías y combates, Kernok el pirata dialoga con ese fin de época, cuando el fuera de la ley todavía fascina mientras el Estado extiende su alcance.
Las décadas de 1820 y 1830 vieron la coexistencia de la navegación a vela con los primeros vapores, aunque el tráfico militar y mercante seguía dominado por brigs y fragatas. A bordo, persistían jerarquías rígidas, castigos severos y un repertorio de creencias marineras sobre augurios y maldiciones. La liturgia católica, como la misa de difuntos, impregnaba la vida social de los puertos. En ese marco, tormentas, vientos de levante y abordajes no son solo escenarios, sino síntomas de una cultura marítima que se resiste a desaparecer mientras se moderniza. La violencia reglada del combate naval convivía con prácticas de rapiña y contrabando.
España ocupó un lugar privilegiado en la imaginación romántica francesa. Entre 1820 y 1840 se consolidó un gusto por el color local
: corridas de toros, romerías, gitanos y paisajes andaluces, filtrados por viajes y crónicas literarias. La corrida se afianzó como espectáculo urbano y el garrote fue método de ejecución civil durante el siglo XIX, recordatorio de una penalidad severa. El país vivía tensiones entre liberalismo y absolutismo: Trienio Liberal (1820–1823), Década Ominosa (1823–1833) y la primera guerra carlista (1833–1840). El gitano moviliza conventos, blasfemia y levantes para explorar choques entre devoción, justicia penal y autoridad civil.
Los puertos mediterráneos e ibéricos de la época, con barberías, tabernas y embarcaciones menores como las tartanas, eran nodos de sociabilidad y comercio. El contrabando de tabaco y otros géneros prosperó en litorales con aduanas porosas, alimentando redes que mezclaban pescadores, arrieros y marineros. En Andalucía, la presencia gitana era visible y a menudo estigmatizada por políticas de control y por una mirada romántica que oscilaba entre fascinación y prejuicio; la buena ventura
se vinculaba al arte adivinatorio. La religiosidad popular, nutrida de reliquias y urnas devocionales, coexistía con un escepticismo en aumento, entre tradición y modernización.
En lo literario, Sue dialogó con la estética frenética y con un romanticismo de acentos byronianos: exceso, desafío a la norma, abismos morales. La imaginería de orgías, combates y maldiciones respondía a un público atraído por lo sublime y lo macabro. A la vez, la expansión de la lectura urbana y de la prensa en la Monarquía de Julio, bajo una censura intermitente y leyes restrictivas como las de 1835, favoreció formas narrativas ágiles y efectistas. Aunque sus grandes folletines llegarían después, ya aflora aquí un sentido del ritmo episódico, un vocabulario técnico marítimo y un gusto por el escenario español.
El siglo XIX redefinió el estatuto jurídico del mar. Desde 1807, el Reino Unido patrulló contra la trata atlántica, y las potencias europeas colaboraron en campañas contra la piratería y el corso norteafricano. Se consolidó la idea del pirata como enemigo de la humanidad, mientras persistían zonas grises de contrabando y violencia. En la península ibérica, la creación de cuerpos profesionales como la Guardia Civil (1844) buscó controlar caminos y costas, desplazando al bandolero romántico hacia la leyenda. Ese trasfondo hace legible la ambivalencia con que se mira al fuera de la ley: seducción, repulsa y castigo.
Con estos materiales, la colección comenta sus periodos sin dejar de recurrir a la sugestión romántica: rituales católicos, ferias, tabernas, plazas de toros y cubiertas de brigs componen una crónica de transición entre Antiguo Régimen y Estado liberal, entre vela y vapor. Tras 1848, y a la luz del viraje social de Sue, algunos lectores releerán estas páginas como preludio moral a sus denuncias posteriores; otros las verán como pieza central del exotismo francés decimonónico. Hoy se interrogan sus representaciones de gitanos y de lo español
, pero también se aprecia su valor para comprender imaginarios, miedos y deseos de una época.
Sinopsis (Selección)
Índice
Plick y Plock (colección)
La colección reúne dos relatos largos que contrastan la epopeya marina con el drama hispánico, unidos por una mirada feroz sobre la violencia, la superstición y la justicia humana. Con ritmo folletinesco y episodios encadenados, alterna acción vertiginosa, imaginería macabra e ironía moral para explorar la atracción y el costo del mal.
A lo largo del conjunto emergen temas recurrentes: destino y culpa, amistad y traición, espectáculo y castigo, así como la tensión entre romanticismo sombrío y realismo de costumbres. La evolución va del mar abierto al tejido urbano y ceremonial, ampliando el mapa social y afectivo sin perder la intensidad trágica.
Prefacio
El prefacio traza el marco tonal de la colección, anunciando relatos de aventuras sin concesiones, dilemas morales y un humor negro que roza la sátira. Introduce preocupaciones sobre el destino, la violencia y la fragilidad de la justicia, preparando al lector para un viaje entre lo romántico sombrío y lo crudo.
Funciona como umbral temático y ético, sugiriendo que las historias interrogan tanto la fascinación por el peligro como sus consecuencias. Su sobriedad enmarca la amplitud de escenarios y personajes que seguirán.
Kernok el pirata
Un capitán implacable y su tripulación surcan mares hostiles entre presagios, ritos inquietantes y persecuciones que desembocan en abordajes y combates mortales. La narración combina el vértigo de la caza y la orgía con instantes de introspección fatalista, donde la amistad y la lealtad se ponen a prueba.
El tono es gótico y marino, con un pulso violento que desnuda la atracción-repulsión del poder y del crimen. Bajo el espectáculo del océano, asoman la culpa, el destino y la imposibilidad de escapar de las propias elecciones.
El gitano
En una ciudad española atravesada por ferias, corridas y tempestades, la irrupción de un gitano enlaza al barbero, autoridades y devotos en una cadena de encuentros, sospechas y fervores enfrentados. Entre reliquias, blasfemias y promesas de milagro, el deseo y el honor se miden con una ley tajante.
El relato mezcla color local y suspense moral con un dramatismo folletinesco que avanza por contrastes: espectáculo y penitencia, fe y superstición, pasión y castigo. El desenlace adquiere un sesgo irónico y sombrío en torno a la figura de Maestro Plock, acentuando la crítica a los prejuicios y a la violencia legal.
Plick y Plock
Tabla de Contenidos Principal
Prefacio
Kernok el pirata
I. El desollador y la bruja
II. Kernok
III. La buena ventura
IV. El brick «El Gavilán»
V. Regreso
VI. La partida
VII. Carlos y Anita
VIII. La presa
IX. Orgía
X. La caza
XI. El combate
XII. Sigue el combate
XIII. Los dos amigos
XIV. La misa de difuntos
El gitano
I. El barbero de Santa María
II. La corrida de toros
III. El gitano
IV. Las dos tartanas
V. La blasfemia
VI. La monja
VII. El levante
VIII. La «Urna de San José»
IX. El relato
X. El prodigio
XI. Amor
XII. La capilla ardiente
XIII. El garrote
XIV. Maestro Plock
Prefacio
Índice
15 enero 1831.
A través de la profunda concentración que cautiva todos los intereses en un orden de ideas graves y elevadas, el autor de estos relatos espera deslizarse inadvertido entre el mundo literario. Después, habiéndose asignado fecha y lugar, como tantas honradas gentes a las que se encuentra, pasadas nuestras largas tormentas sociales, colocadas muy alto en la opinión de un gran número, aspira a colocarse, como ellas, en una decente reputación negativa, nublada al silencio de la crítica y a la oportunidad de los grandes acontecimientos, tan favorable a los espíritus mezquinos.
Porque la carrera de esos veteranos de que hablamos ha sido plena, entera, honrada, gracias a su ancianidad que en la literatura prueba el mérito, casi lo mismo que un costurón prueba el valor.
El tranquilo porvenir, la dulce y perezosa quietud de esos gruesos canónigos de la literatura, han engolosinado de tal modo al autor de este libro, que se apresura a inscribirse como profeso, en su orden, estimando que las mismas circunstancias llevarán sin duda un día a los mismos resultados.
Un certificado de vida literaria es, pues, toda la ambición del autor[1q].
Dicho esto, continuemos.
Antes de Cooper, hubiera tenido, quizá, la audacia de intentar interesar al público francés en las costumbres, en los caracteres que no despiertan en él ninguna simpatía. Ignorante, además, de las costumbres marítimas, le sería verdaderamente imposible apreciar la exactitud de los cuadros que se desarrollaran ante sus ojos.
Por la topografía de su país y gracias a su política, los americanos estaban llamados, mejor que nadie, a comprender todo el alcance del genio de Cooper. ¿Es que no hay en sus creaciones más que una obra de artista? ¿No existe un profundo pensamiento patriótico en el género que ha encontrado? Este género es una expresión de los deseos, de las necesidades, de la potencia de los Estados Unidos; es la historia de los Estados Unidos dramatizada.
Por ello, ved si de Nueva Orleáns a Boston hay un corazón que no lata, una frente que no se coloree, cuando se leen esas bellas páginas en las que se pintan las luchas de esa salvaje y vigorosa América, cuya religión fue la de permanecer libre bajo su hermoso cielo, en medio de sus ricas selvas, sobre su suelo virgen, y de rechazar hasta su brumosa isla a la aristocrática Inglaterra, llena de prejuicios, abrumada por sus viejos sistemas de colonización.
A causa de nuestra indiferencia por el mar, nuestras glorias navales son casi ignoradas en París. Bonaparte había visto que le era imposible luchar directamente con Inglaterra. Le era necesario reunir a cada momento todas sus fuerzas para aplastar al enemigo en el continente. Si la marina tuvo una plaza secundaria en sus combinaciones, fue porque por dos veces sus almirantes perdieron los navíos de Francia, y porque, para servirnos de una de las expresiones de Napoleón, una flota no se improvisa como un ejército. Por esta causa, a pesar de algunos admirables combates parciales sostenidos por nuestros marinos, la fama no ha tenido voz más que para celebrar la gloria de nuestro ejército de tierra.
Y esto fue una grave injusticia como arte y como política.
Como política, porque la mayoría de los hombres creen lo que leen, porque los relatos de nuestras victorias marítimas, adornadas por la literatura, poetizadas, exageradas quizás, hubiesen acabado por darnos a nosotros mismos una idea de nuestra importancia marítima. Este sentimiento se hubiera infiltrado entre las masas en Francia y en el extranjero; esta fe nacional hubiese producido grandes resultados, sin duda; porque se equivocaría, creo, el que pensase que las historias, las novelas, las memorias sobre las conquistas de Bonaparte no han aumentado nuestras fuerzas morales en el interior, nuestra potencia en el exterior.
Y además, ¡si se supiese de qué modo las costumbres marítimas son nuevas y picantes! ¡qué pocas cosas hay tan singulares, curiosas y dignas de estudio como el interior de un barco! ¿No es éste un resumen de todos los conocimientos, de todas las artes, de todas las industrias humanas? ¿No es una obra que prueba a cuánta altura puede elevarse nuestra inteligencia?
Sobre todo, constituyen un campo digno de estudio esas costumbres, esos afectos, esos odios floreciendo sobre frágiles tablas, y esos caracteres puestos ásperamente de relieve por el aislamiento, por la concentración; y esa fisonomía moral de un pueblo acusada allí más vigorosamente que en parte alguna, porque, en aquella vida incesantemente peligrosa, el hombre, menos gastado por las costumbres de una civilización decrépita, reproduce más vivamente el tipo impreso a cada raza por la Naturaleza.
¡Y los marineros!… ¡Qué estudio para el que los comprende, para el que sabe bucear en la profundidad de sus almas! Es un pueblo poderoso y débil a la vez: tan pronto furioso como un soldado el día de pillaje, tan pronto tímido e ingenuo como un niño, cuando la embarcación se mece perezosamente en la calma; en el mar, resistente a todas las pruebas, el marinero soporta las privaciones con un desdén, con una firmeza estoicas; en tierra, sumergiéndose en todos los excesos, se entrega al placer con un ardor que se puede comparar más que con el vigor de organización desplegado en delirantes orgías: a bordo, durmiendo sobre el puente, corriendo en lo alto de un palo; en tierra, llevando los refinamientos y el lujo de la mesa hasta un grado inaudito, disipando en ocho días el fruto de dos años de ahorros forzosos.
Y en efecto, el marinero, ese pobre hombre, ¿no debe olvidar en un alegre festín, que acaba con su oro, sus largos cuartos de noche durante los cuales temblaba bajo la escarcha? ¿y esas horas de tempestad, cuando, balanceándose sobre una verga, contemplaba sonriendo el remolino que amenazaba tragarle? ¿y esos días miserables en que, prisionero
