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La ecuación del Éxito Colectivo
La ecuación del Éxito Colectivo
La ecuación del Éxito Colectivo
Libro electrónico349 páginas4 horas

La ecuación del Éxito Colectivo

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Información de este libro electrónico

Descubre cómo liberar tu potencial y alcanzar un éxito que solo surge cuando el individuo y la ecomunidad trabajan en armonía.

En la naturaleza, la fusión nuclear libera una energía descomunal al unir pequeños núcleos en algo más grande y poderoso. ¿Podría la sociedad hacer lo mismo? ¿Podría la humanidad encontrar una ecuación para transformar el potencial individual en un éxito colectivo?

Vivimos en una era paradójica. Nunca antes el individuo había sido tan libre, pero nunca antes se había sentido tan aislado. Nos han enseñado que el éxito es una carrera en solitario, que la voluntad personal lo es todo, y que la felicidad depende únicamente de nosotros mismos. Pero, ¿y si esto fuera solo una parte de la verdad?

Este libro desmonta la ilusión de que podemos construirnos a nosotros mismos sin el contexto que nos rodea. Nuestra evolución, nuestras decisiones y hasta nuestra propia identidad dependen de un equilibrio entre la fuerza individual y el entorno social que compartimos.

A través de historias inspiradoras, análisis profundo y una visión que une psicología, historia y sociedad, La Ecuación del Éxito Colectivo introduce el concepto de ecomunidad: una red viva de relaciones físicas y digitales que nos conecta y multiplica nuestras posibilidades de crecimiento. En este modelo, la ambición personal y la colaboración no son opuestos, sino partes de un mismo proceso.

Si alguna vez has sentido que el mundo te exige ser un héroe solitario en una batalla imposible, este libro te mostrará otra forma de mirar la realidad. Porque el éxito no es un camino individual, sino una ecuación que todavía estamos aprendiendo a resolver.

IdiomaEspañol
EditorialSimón Hergueta
Fecha de lanzamiento8 jun 2025
ISBN9798231953349
La ecuación del Éxito Colectivo
Autor

Simón Hergueta

Simón Hergueta (Santander) es escritor, profesor y psicólogo, especializado en libros de crecimiento personal, habilidades prácticas y transformación interior. Licenciado en Psicología por la Universidad Autónoma de Madrid y diplomado en Magisterio de Lengua Extranjera por la Universidad Cardenal Cisneros, ha dedicado más de dos décadas a acompañar a personas en su proceso de mejora personal y profesional, tanto en el ámbito educativo como en empresas como Andersen Consulting, Iberia, AON Gil y Carvajal, Lucent Technologies, Fnac y Ceftral. Sus libros tienen un enfoque práctico, basado en la experiencia real, la ciencia psicológica y un estilo cercano. Están pensados para ser aplicables desde el primer día, sin teorías complicadas ni frases vacías. Lo que busca no es motivar con palabras bonitas, sino ofrecer herramientas concretas que ayuden a mejorar. Entre sus obras más leídas se encuentran Mejora tu autoestima en 7 días, Aprender a hablar en público, El arte de negociar, El método rápido para dejar de fumar, El arte de la oratoria (nivel avanzado) y La ecuación del éxito colectivo, todas ellas concebidas como guías accesibles para mejorar la vida personal y profesional con pasos claros y eficaces. Actualmente, compagina su labor como autor con la docencia y la divulgación. Su canal de YouTube cuenta con más de 30.000 suscriptores, donde comparte vídeos sobre desarrollo personal, sociedad y hábitos de cambio.

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    La ecuación del Éxito Colectivo - Simón Hergueta

    LA ECUACIÓN

    DEL ÉXITO COLECTIVO

    El camino hacia nuestras metas a través de la

    valoración individual y la fuerza colectiva

    Simón Hergueta

    Edición 2025

    Madrid

    LA ECUACIÓN DEL ÉXITO COLECTIVO

    © Simón Hergueta

    Impreso en España 2025

    Si quieres seguirme en mi blog o apuntarte a mi newsletter para recibir novedades, reflexiones y contenidos extra, puedes hacerlo en:

    https://simonfilms.blogspot.com

    Todos mis libros en: https://linktr.ee/simon.hergueta

    TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS

    Queda rigurosamente prohibidas, sin la autorización escrita del titular del «copyright», bajo las sanciones establecidas en las leyes, la reproducción total o parcial de esta obra por cualquier medio o procedimiento, comprendidos la reprografía o el tratamiento informático y su distribución.

    Los que optan por hacer historia y cambian

    el curso de los acontecimientos tienen la ventaja

    sobre los que deciden esperar pasivos

    los resultados del cambio.

    José María Arizmendiarrieta

    Índice

    Prólogo

    Capítulo 1: Un mundo convulso

    Capítulo 2: El poder de la mente

    Capítulo 3: El Negocio de la felicidad

    Capítulo 4: El destino no está escrito

    Capítulo 5: Cambiar el futuro

    Capítulo 6: Las tres leyes de la vida

    Capítulo 7: Brando quiere tocar la batería

    Capítulo 8: Los cimientos de la autoestima

    Capítulo 9: Defender la autoestima

    Capítulo 10: Una mala caída

    Capítulo 11: Los objetivos

    Capítulo 12: Plan de ataque

    Capítulo 13: La fuerza de voluntad

    Capítulo 14: El enemigo no es la falta de voluntad: es tu estrategia

    Capítulo 15: El mapa completo del éxito

    Capítulo 16: Del pensamiento nace la acción

    Capítulo 17: El momento de decidirlo todo

    Capítulo 18: La fuerza de lo colectivo

    Capítulo 19. Ecomunidades

    Capítulo 20: Crear una Comunidad

    Capítulo 21: El poder de lo colectivo

    Capítulo 22: Liderazgo cooperativo

    Capítulo 23: Errores clásicos de carácter colectivo

    Capítulo 24: Conflictos internos en el colectivo

    Capítulo 25: Estrategias para iniciar colectivos

    Capítulo 26: Potenciar lo colectivo

    Capítulo 27: La fórmula magistral

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    OTROS LIBROS DEL AUTOR

    Bibliografía

    ​​Prólogo

    «La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Entonces para qué sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar »

    Eduardo Galeano

    Fue a la edad de 23 años cuando Albert Einstein se presentó al puesto de técnico de tercera clase en la Oficina de Patentes de Berna. Era el año 1902 y aquel logro supuso para el joven genio todo un alivio pues se encontraba sin dinero y sin futuro.

    El trabajo minucioso que allí tenía que hacer consistía en examinar y entender el funcionamiento práctico de todo tipo de aparatos, describirlo por escrito de forma precisa y científica y luego compararlo con la descripción que traía el inventor.

    Einstein pronto comprendió que todos los aparatos se podían reducir en su funcionamiento a unos pocos principios básicos.

    Eso fue una constante en su vida: la búsqueda de principios muy generales de los que se pudieran derivar diversos hechos.

    Esa idea, el poder reducir cosas complicadas a principios básicos, siempre me ha atraído poderosamente pues la mayoría de las ciencias sociales se pierden en un bosque de complicaciones.

    Así, el objetivo primordial de este libro es encontrar y explicar un conjunto de principios básicos que funcionen en la práctica tanto para el desarrollo individual como para su desarrollo dentro de una comunidad. 

    En la naturaleza, la fusión nuclear ocurre cuando pequeños núcleos se unen para formar uno mayor, liberando una energía descomunal. De algún modo, la humanidad siempre ha intentado replicar este fenómeno en su forma de organizarse. ¿Es posible que el éxito colectivo sea también una forma de fusión? Cuando las personas combinan su talento, su esfuerzo y sus ideas bajo un propósito común, se genera una energía social capaz de transformar realidades. A veces, esa fuerza ha estallado de forma incontrolada y violenta, como en la Revolución Francesa de 1789, desbordando las estructuras existentes y abriendo paso a un nuevo orden. Otras veces, se ha canalizado de manera admirable, como cuando miles de voluntarios se unieron espontáneamente para limpiar las costas tras la catástrofe del Prestige. Este libro es una búsqueda de esa ecuación: cómo convertir la suma de individuos en una energía colectiva capaz de crear, transformar y perdurar.

    Es destacable que en nuestra sociedad la individualidad es un valor en alza, la iniciativa en los negocios es principalmente individual, aunque luego es evidente que necesita de grandes grupos para llevarse a cabo. Ninguna fuerza de poder en el mundo reside en un solo individuo, más bien al contrario. Si bien es cierto que hay individuos que pueden llegar a ocupar posiciones muy altas en la jerarquía de poder de las organizaciones.

    Me llamaba la atención una cosa: muchas veces el nivel social es lo que más condiciona a las personas, dónde naces, qué tipo de educación recibes, cómo es la organización social en la que vives, cómo son las empresas, de qué orientación son los gobiernos, qué tipos de liderazgo hay, etcétera, pero con frecuencia nos hacen creer que el esfuerzo individual es más importante que el esfuerzo colectivo.

    Parece que nuestra sociedad occidental está diseñada para que creas que todo depende de ti como individuo: la fuerza de voluntad, los méritos al estudiar, tu dedicación al trabajo, el dinero que ganas, como si las condiciones sociales no fueran tan importantes. ¿Pero realmente es así?

    Hay que reconocer que pensar que tu futuro depende solo de ti provoca cierto sosiego. Es justo lo contrario de la indefensión. Pero el asunto me temo que es algo más complicado. Lo colectivo a veces se pone de moda y otras veces se asocia a ciertas ideologías políticas curiosamente. Lo cierto es que lo colectivo como tal muchas veces es ignorado.  

    Mi deseo, por tanto, en este libro es diseñar un plan para que el trabajo en grupo sea posible y no se vea plagado de tantos problemas.

    Suena ambicioso, sí, pero ¿por qué no? Me hago una pregunta: ¿no podríamos encontrar una fórmula magistral para trabajar juntos?

    ¿No habría una fórmula como la de Einstein, pero aplicable a los asuntos de tipo colectivo?

    El ser humano es capaz de evolucionar hacia un estadio de máxima plenitud. Sin embargo, muchas veces lo colectivo funciona tan mal que anula y destruye la individualidad por completo. Un ejemplo extremo de esta situación es el caso de Corea del Norte en donde la gente muere de hambre y es torturada pero se gastan miles de millones en multitudinarias celebraciones de apoyo a su líder supremo en rituales totalitarios y absurdamente parecidos a la era Nazi.

    ¿Y si hubiera el otro extremo? Una sociedad tan bien organizada que todos los miembros fueran solidarios unos con otros y se erradicasen problemas como la violencia, el hambre y la injusticia. ¿Una sociedad fraternal en donde el amor, la bondad y la libertad fueran la moneda común y los problemas la excepción?

    ¿Sería posible construir una sociedad así? ¿O supone una utopía inalcanzable? ¿Será la propia evolución de las democracias modernas? ¿Dejaríamos atrás de una vez por todas las ideologías?

    Tal vez en el futuro evolucionemos tanto que podamos controlar nuestros instintos de destrucción, violencia y estupidez.

    ¿No es cierto que ya hay una minoría en el mundo que actúa de una forma pacífica, sensible e inteligente? ¿No se podría generalizar ese comportamiento a toda la humanidad?

    En realidad, este libro es un intento de encontrar un principio que nos pueda ayudar a organizarnos mejor, tal vez a dar un pequeño paso hacia una sociedad más pacífica, justa y armoniosa, ya que es muy posible que nadie nos vaya a solucionar los problemas en el futuro y lo tengamos que hacer nosotros de forma colectiva.

    Como bien lo expresa Arianna Huffington: «Por ahora, las soluciones reales no vienen de los políticos sino de miles de personas en miles de comunidades que toman la iniciativa de conectar, compartir y crear».

    Y así he hecho mío también esas tres palabras de Arianna, casi mágicas, que pueden operar cambios en la personas de carne y hueso que formamos esta sociedad y que queremos un mundo mejor.

    Conectar, compartir, crear.

    Simón Hergueta

    ​​Capítulo 1: Un mundo convulso

    «Cuando el diablo está satisfecho es una buena persona ».

    Jonathan Swift

    El 3 de abril del año 2002 María de los Ángeles Verón, una joven tucumana de 23 años madre de una hija de tres, se dirigía a su consulta médica cuando fue secuestrada en plena calle por una banda criminal y más tarde obligada a prostituirse en una red de explotación sexual. Actualmente, está en paradero desconocido.

    Su madre, Susana Trimarco, apodada por los medios como madre coraje, desde un inmenso dolor, se puso a investigar y descubrió el mundo de las redes de trata de mujeres en la Argentina, luego organizó manifestaciones, se infiltró en las redes, sufrió amenazas e intentos de asesinato y consiguió que el asunto tuviera alcance internacional. Ahora esta mujer ha conseguido sentar en el banquillo a 13 imputados, mafiosos de las bandas criminales que raptan y prostituyen a jóvenes mediante métodos brutales y en muchos casos cometiendo asesinatos de forma impune o en complicidad con la policía.

    Aunque el dolor de esta valiente mujer no ha desaparecido ya que su hija aún no ha sido encontrada, el trabajo que ha desempeñado Susana Trimarco ha ayudado a liberar a más de seiscientas mujeres de las redes de prostitución en la Argentina.

    Susana Trimarco, creó en octubre de 2007 la Fundación María de los Ángeles con el principal objetivo de brindar asistencia integral a las víctimas, recibir denuncias y contener y asesorar a familiares. En julio de 2008 inauguró el primer refugio especializado del país, localizado en la provincia de Tucumán. En abril de 2013 inauguró el espacio de primera infancia Los ángeles de María, que brinda un servicio gratuito para los hijos de víctimas de trata, de violencia de género o de madres solteras para que las mujeres puedan estudiar o trabajar.

    A día de hoy Marita, por desgracia, sigue sin aparecer.

    Creo que podemos estar de acuerdo en que vivimos en un mundo convulso lleno de tensiones y amenazas. Hoy en día mucha gente ve peligrar su felicidad personal por factores que no están ni remotamente bajo su control. Hay guerras y violencia extrema en muchas partes del mundo, hambrunas, corrupción, crimen y desastres naturales que hacen que la vida de muchas personas sea una auténtica pesadilla.

    La guerra en Ucrania, iniciada en 2022 tras la invasión rusa, se ha convertido en un conflicto de desgaste con miles de muertos y millones de desplazados. Rusia sigue ocupando Crimea y parte del este del país mientras las negociaciones de paz avanzan con dificultad. Este drama ilustra cómo fuerzas externas pueden arrasar la vida de millones, como también ocurre en Afganistán, Venezuela, Sudáfrica o Haití, donde la violencia, el crimen y el caos hacen que la simple supervivencia sea la única prioridad.

    A todo ello se suma nuestra propia fragilidad biológica: nadie está libre de perder la salud repentinamente. El cáncer, las enfermedades cardiovasculares, neurodegenerativas y pandemias como la del COVID-19 siguen recordándonos lo vulnerable que es la humanidad, añadiendo incertidumbre a un mundo ya inestable.

    Aunque el riesgo siempre ha acompañado a la humanidad, el siglo XXI se caracteriza por una mayor complejidad e injusticia. Las desigualdades económicas se han ampliado incluso en las sociedades más ricas, con millones de personas en Europa y otros países desarrollados atrapadas en la pobreza y el desempleo, símbolos del fracaso de nuestra civilización.

    Por poner un ejemplo, según los últimos datos de Eurostat, en 2024, aproximadamente 93,3 millones de personas en la Unión Europea estaban en riesgo de pobreza o exclusión social, lo que representa el 21% de la población total. Si nos centramos en España, en 2023, cerca de 12,7 millones de personas, es decir, el 26,5% de la población, se encontraban en esta situación, situando al país como el tercero con mayor porcentaje de población en riesgo de pobreza en la UE, solo por detrás de Rumanía y Bulgaria.

    ¿No es sorprendente?

    Nunca en la historia la humanidad había acumulado tanto conocimiento, y sin embargo, las desigualdades sociales siguen creciendo de forma irracional y contraria a toda lógica evolutiva, a pesar de gobiernos de corte socialista.

    Al mismo tiempo, la esperanza de vida mundial ha aumentado de forma espectacular en el último siglo: la mayoría de los países superan los 70 años y muchos, como Islandia, Japón, España o Canadá, rebasan los 80. Lo que podría ser una bendición se convierte en una amenaza si no existen recursos ni sistemas sanitarios preparados para atender a una población cada vez más envejecida.

    Con todo este panorama como telón de fondo, podríamos esperar una sociedad desencantada e hipercrítica, y sin embargo no es así. La población se ha vuelto pasiva, desganada y con escasa seguridad en sus propias capacidades. Es como si hubiéramos perdido cualquier atisbo de control. La participación democrática es mínima, salvo contadas excepciones. Ni siquiera cuando nos arrebatan derechos fundamentales como la seguridad, la educación o la sanidad.

    Solo una minoría, demasiado escasa, parece dispuesta a tomar las riendas de su destino. El resto calla, otorga y se entrega a debates estériles sobre qué jugador de fútbol es mejor o a la adoración sin sentido hacia ciertos fenómenos musicales de moda entre las nuevas generaciones algo incomprensibles.

    Ya se pueden imaginar de quién hablo.

    Podría parecer que cada vez se extiende más la creencia de que no se puede hacer nada, mientras que hay mucha gente que opta por soluciones más drásticas.

    Y deciden terminar con todo.

    El suicidio se ha convertido, por ejemplo en España, en la primera causa de muerte no natural. ¿Y a quién le importa?

    A nadie.  

    A nivel mundial tanto la OMS como la ONU han constatado que los suicidios superan a las muertes provocadas por homicidios y guerras.

    Estamos hablando de cifras que alcanzan las 700.000 personas.

    Un hecho que a mí por lo menos me deja en shock.

    Ante esta tormenta perfecta de conflictos, desigualdades y desesperanza, podemos hacernos dos preguntas:

    ¿No es necesario un cambio?

    ¿Por qué nadie parece dispuesto a hacerlo?

    Quizá hemos caído en la trampa del espejismo del éxito individual, fruto de una manipulación moderna involuntaria.

    Pero es raro, casi imposible, que un solo individuo, aunque llene estadios o venda millones, logre un cambio social duradero.

    El cambio solo será posible si nosotros mismos, como sociedad e individuos, decidimos asumirlo y actuar de forma conjunta y coordinada.

    Capítulo 2: El poder de la mente

    «Together we stand, divided we fall ».

    Pink Floyd

    Un ejemplo reciente y estremecedor de la soledad y vulnerabilidad a la que puede enfrentarse un individuo que desafía a las grandes corporaciones es el caso de John Barnett.

    Una prueba del poco poder que tenemos cuando lo hacemos a título individual.

    Barnett trabajó más de 30 años como gerente de calidad en Boeing, una de las mayores compañías aeronáuticas del mundo. Su misión era sencilla y al mismo tiempo vital: garantizar la seguridad de los aviones que transportan a millones de personas a diario. Sin embargo, lo que Barnett descubrió en la fábrica de Boeing en Charleston, Carolina del Sur, le horrorizó. Según su testimonio, Boeing había instalado componentes defectuosos en los modelos 787 Dreamliner y había incumplido protocolos de seguridad relacionados con los sistemas de oxígeno de emergencia, lo que podría haber tenido consecuencias catastróficas en vuelo.

    Lejos de ser escuchado, Barnett fue aislado, presionado y finalmente obligado a dejar la compañía en 2017. En lugar de rendirse, decidió convertirse en whistleblower y denunciar públicamente las prácticas de Boeing ante los organismos reguladores, incluyendo la Administración Federal de Aviación (FAA). Su valentía le convirtió en un símbolo de integridad, pero también le llevó a enfrentarse a una maquinaria corporativa descomunal, con recursos casi ilimitados y con capacidad de influir en esferas jurídicas, políticas y mediáticas.

    El 9 de marzo de 2024, cuando Barnett debía declarar en un proceso judicial clave contra Boeing, fue encontrado muerto en su coche en un aparcamiento de Charleston. La causa oficial fue calificada como suicidio, pero las circunstancias de su muerte levantaron enormes sospechas y conmoción internacional. Sus abogados y familiares denunciaron públicamente que había estado recibiendo amenazas y que el acoso psicológico sufrido por parte de la empresa había tenido un papel determinante en su trágico final.

    El caso de John Barnett es un ejemplo estremecedor del coste personal que puede tener enfrentarse al poder económico y de la necesidad urgente de proteger de forma real y efectiva a quienes denuncian abusos que afectan a toda la sociedad. Su historia se ha convertido en un símbolo de advertencia sobre cómo los sistemas que deberían proteger al individuo acaban siendo, en ocasiones, cómplices de su destrucción.

    El caso de John Barnett simboliza de forma desgarradora cómo los grandes poderes corporativos y financieros son capaces de silenciar a quien se atreve a denunciar sus malas prácticas. La ausencia de protección real al ciudadano que decide enfrentarse al sistema es una llamada de atención sobre los desequilibrios y abusos que hoy dominan muchas estructuras de poder.

    Y no hace falta que estemos en un país extremo, bajo un régimen totalitario o en un país subdesarrollado y ultracorrupto. Eso está ocurriendo en las democracias más avanzadas del mundo.

    Además, si eso ocurre en el ámbito privado, ¿qué podemos esperar de quienes han sido elegidos para protegernos en el campo político?

    Podríamos esperar que nuestros representantes políticos y democráticos hicieran algo por nosotros. Que velaran por la seguridad, la educación, la sanidad, la vivienda y unas condiciones laborales dignas.

    Pero ocurre todo lo contrario. Demasiados políticos se han convertido en enemigos de la gente corriente. Algunos trabajan activamente para proteger intereses financieros oscuros y grandes bancos que nada tienen que ver con el bienestar de la clase media. Otros, sin disimulo, son abiertamente corruptos y utilizan dinero público para costear lujos personales, mientras recortan ayudas básicas a la población.

    En nombre de ideologías muchas veces desfasadas, algunos defienden fenómenos como la ocupación de viviendas, dejando desprotegidos a los propietarios de clase media, que deben enfrentarse a interminables procesos judiciales para recuperar lo que legítimamente les pertenece.

    Y, por último, existe una amplia casta política que dedica más esfuerzo a proteger las estructuras internas de sus partidos que a atender las necesidades reales de los ciudadanos.

    Para colmo, políticos de todos los signos hacen una cosa y nos dicen otra, como si fuéramos estúpidos incapaces de comprenderlo. Como se gritaba en las calles durante el movimiento 15M:

    "Nos mean y nos dicen que llueve."

    Si analizamos con objetividad los resultados, la gestión que han realizado los políticos en las últimas décadas ha llevado a Europa, a Estados Unidos, a Argentina y a otros muchos países al borde de la quiebra. ¿Y pagan por ese error? En absoluto, todo lo contrario, se condecoran con honores y salvas como si nada hubiera pasado.

    Es verdad que todo eso se está ahora pagando en las urnas por los nuevos cambios políticos que se avecinan y puede que se extremen incluso en Europa.

    Muchos analistas, como por ejemplo el escritor Matt Taibbi, coinciden en que el Estado se ha convertido en un perrito faldero para los grandes grupos financieros (Bear Stearns, Lehman Brothers en su momento, Bank of America, Merril Lynch, JP Morgan, etc) y al mismo tiempo en un endiablado ogro de siete cabezas capaz-de-arruinar-tu-vida para el común de los mortales.

    Es la política del doble rasero.

    A ello se suma una tendencia alarmante: el descontrolado crecimiento de la deuda pública. Estados Unidos ha superado los 34 billones de dólares en deuda nacional, alcanzando niveles históricos y generando temores sobre la sostenibilidad de su economía a largo plazo. Europa, aunque en menor medida, también ha experimentado un incremento preocupante de su endeudamiento, con países como Italia, Francia y España arrastrando déficits crónicos. Muchos expertos advierten que esta burbuja de deuda, alimentada durante años por políticas expansivas y rescates financieros, podría desencadenar en el futuro una nueva crisis global de proporciones aún desconocidas. La economía mundial parece haberse convertido en un castillo de naipes donde cualquier movimiento brusco podría provocar un colapso devastador.

    Además de todos los conflictos que la política acarrea cada día, muchas veces centrada en desprestigiar al rival político, recibimos toneladas de información diciéndonos cómo son las cosas o cómo deberían de ser, anulando en cierta forma nuestra capacidad de pensamiento crítico, convirtiéndonos en títeres pasivos, en meros receptores de la información, en marionetas de una gigantesca maquinaria económica, adiestrándonos para una realidad que tiene que ser digerida de forma controlada.

    Ya no es un misterio que los principales grupos económicos son a su vez dueños y señores de grandes imperios mediáticos que pueden controlar a su antojo.

    La prensa, la televisión, la radio y las plataformas digitales están en manos de grandes conglomerados mediáticos, tecnológicos y financieros que compiten por controlar la información y el poder económico.

    Gigantes como Disney, Comcast, Warner Bros., Meta, Google, Amazon, Apple, Tencent y ByteDance dominan el panorama mundial. Por encima de muchos de ellos, fondos financieros como BlackRock y Vanguard ejercen una influencia sin precedentes sobre la economía, las decisiones empresariales y la cultura global.

    Estos grupos tienen una capacidad enorme para influir en la opinión pública, marcar tendencias y condicionar la narrativa informativa a nivel mundial.

    Por otro lado, internet ofrece cierta libertad de expresión, aunque solo las grandes dictaduras han logrado hasta ahora un control casi total. En China, plataformas como Weibo, QQ, WeChat o Douyin operan bajo una estricta censura estatal. El Gran Cortafuegos chino bloquea webs, elimina publicaciones críticas y detiene a usuarios considerados desestabilizadores.

    En Cuba, aunque el acceso a internet móvil se ha ampliado desde 2018, las autoridades siguen recurriendo a cortes de red, censura y acoso contra periodistas y blogueros independientes.

    Preocupa que esta tendencia no sea exclusiva de regímenes autoritarios. En países como Reino Unido,

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