La semilla del diablo (Rosemary's Baby)
Por Ira Levin
4/5
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Truman Capote
Rosemary Woodhouse y su marido, Guy, un actor poco reconocido que lucha por abrirse camino en su carrera, se mudan a un edificio de apartamentos neoyorquino, el Bramford, signado por una fama ominosa y habitado por ancianos. Roman y Minnie Castavet, vecinos de los Woodhouse, acuden a darles la bienvenida e intentan, por todos los medios, establecer relación con ellos. Rosemary se muestra renuente a frecuentarlos, no solo porque los considera extraños sino también por los misteriosos ruidos procedentes de su apartamento. Guy, sin embargo, parece sentirse encantado con los Castavet.
Poco después de que su marido haya conseguido un importante papel en Broadway, Rosemary queda embarazada y los Castavet empiezan a mostrarse especialmente interesados por su salud.
Mientras se siente cada vez más enferma y aislada, Rosemary comienza a sospechar que los Castavet y sus amistades no son lo que parecen...
Ira Levin
Aclamado novelista y autor dramático, Ira Levin (1929-2007) nació en Nueva York y entre sus libros se cuentan Las mujeres perfectas, Acosada (llevados al cine con, respectivamente, Nicole Kidman y Sharon Stone como protagonistas), Bésame antes de morir, Los niños de Brasil (con GregoryPeck y Laurence Olivier en su versión cinematográfica), La semilla del diablo y El hijo de Rosemary, entre otros. Su producción teatral incluye Trampa mortal, éxito en Broadway y ganadora de un premio Tony. Asimismo, obtuvo dos premios Edgar, otorgados por la Mistery Writers of America, y el Bram Stoker por la totalidad de su carrera concedido por la Horror Writers Association. En 1968 La semilla del diablo fue llevada al cine con enorme éxito de crítica y público. Dirigida por Roman Polanski, contaba con Mia Farrow y John Cassavetes en los papeles principales.
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Comentarios para La semilla del diablo (Rosemary's Baby)
147 clasificaciones23 comentarios
- Calificación: 5 de 5 estrellas5/5
Oct 22, 2023
29/octubre /2023
La semilla del diablo
Ira Levin
El matrimonio compuesto por Rosemery y Guy se mudan a un departamento en Nueva York, son recibidos calidamente por sus vecinos una pareja de ancianos Minnie y Roman Castavet. Ambos se esmeran en entablar relación con la joven pareja y aún mas cuando Rosemary descubre que esta embarazada. Ella no esta segura si permitir tener una relación cercana con sus vecinos debido a un extraño comportamiento ¿quiénes son los Castavet en realidad? y ¿cuáles son sus intenciones?
Me ha gustado mucho esta novela, que fue llevada al cine, y tambien me gusto, la vi hace mucho y tenia dudas si leer la novela. Al final la lei y me la he pasado muy bien. La descripción y narrativa del edificio con un pasado terrorifico y asfixiante es muy buena y como Rosemary se va quedando mas aislada y al borde de la locura. - Calificación: 5 de 5 estrellas5/5
Oct 23, 2022
Diciembre 9, 22
Un libro genial, no pensé que me fuera a gustar tanto.
Lectura rápida y entretenida.
4.5 ⭐️ - Calificación: 2 de 5 estrellas2/5
Jun 29, 2022
Al igual que El exorcista, es una novela desfasada y anticuada. El ritmo es lento y repetitivo, la escena no cambia desde la pagina 40 o 50, simplemente se limita a suceder en cadena una serie de escenas sospechosas en torno a Guy (el novio) y al matrimonio de viejos vecinos pesados, los Castevet. En ningun momento llega a transmitir mal rollo. Es mas, no se acaba de entender teniendo en cuenta las cosas que Guy y los Castevet le hacen como no les manda a la mierda en el minuto 1. Vamos, "fuera de mi casa, vieja". Por no hablar de la escena en la que Guy literalmente la viola, y ella se lo toma como jo, esto no mola mucho, pero bueno no pasa nada. Vamos se come una denuncia que no sabe ni por donde le viene. En resumen: los valores de la novela estan atrasadisimos, y sus mecanismos de narración, de terror, etc. también, es mas, creo que nunca, ni siquiera en su tiempo, fueron demasiado buenos. Mas bien me inclino a pensar que si triunfo es unicamente por que era lo suficientemente nerfeado para gustar en una epoca puritana donde destacar en horror era controvertido. - Calificación: 4 de 5 estrellas4/5
Apr 17, 2022
Hay algo que Ira Levin maneja muy bien en su novela y que sin embargo, puede ser el motivo por el que muchos lectores desesperen.
El ritmo.
No es su diabólica semilla un alarde de tensión narrativa sino que el pulso crece de forma suave y sutil hasta la parte final del libro.
Tampoco nos asombra el autor con giros inesperados, al contrario todo lo que crees que ocurrirá, sucede.
En cambio, esta previsibilidad no me parece un accidente. Forma parte de un tejido que sirve para romper el factor cotidiano que abunda en el texto.
Rosemary y Guy se mudan a un apartamento que posee un pasado trágico.
Allí son recibidos por unos ancianos que los colman de atenciones y bondades hasta la asfixia.
Al quedar embarazada nuestra protagonista, lo que en principio parecían buenas intenciones se va convirtiendo en un control de acción y voluntad de la futura mamá.
Poco a poco las sospechas de que tratan de doblegarla irán naciendo, pero su círculo se ha ido estrechando tanto, que la impotencia y soledad serán sus peores enemigos.
Con una prosa sencilla Levin recurre a la vieja escuela de misterio y terror:
Narración serena, trivial, donde los matices van creciendo sin acelerones a destiempo e innecesarios.
Aunque no soy muy amigo de este tipo de construcciones, debo reconocer que la novela me ha mantenido completamente abstraido.
También es cierto que se dieron las circunstancias idóneas para que el libro me durara un amén: viaje de semana santa, lectura digital y nocturna y una mente absolutamente alejada de la locura laboral diaria.
Eso si, pese a gustarme le faltó sangre y casquería que siempre le da un sabor interesante a la literatura y a los perturbados como yo.
Un poquito blanca, pero muy entretenida. - Calificación: 5 de 5 estrellas5/5
Mar 25, 2022
Excelente thriller psicológico. Por momentos la tensión de la trama te hace no poder dejar de leerlo.
Para los amantes del cine la adaptación es un calco del libro y Mia Farrow es igual a como me imagine a Rosemary. Muy recomendable ambas - Calificación: 4 de 5 estrellas4/5
Feb 10, 2022
Me gustó tanto que quería que fuera más largo y saber que pasaba! - Calificación: 4 de 5 estrellas4/5
Jan 15, 2022
Tengo poco que decir de este libro, sobretodo porque es bastante cortito.
Aquí conocemos a una pareja (Rosemary y Guy) que se muda a un edificio con bastante reputación, tanto buena como mala (aunque más mala). Allí tienen unos vecinos bien peculiares que se van acercando a ellos y, más aún, cuando Rosemary queda embarazada.
El libro en general me gustó bastante, tiene momentos de tensión y suspenso que hace que las páginas se vayan como agua y, cuando menos piensas, se termina.
Estoy entre 3.5 y 4⭐ principalmente porque la protatonista me parecía lo siguiente a pendeja. Además, el final podría ser mejor. Y si, sé que este libro tiene una segunda parte, PERO realmente no sé si me apetece leerlo después de ver tantas malas reseñas de él o mejor quedarme con este que, a la final, me pareció bastante aceptable. - Calificación: 4 de 5 estrellas4/5
Oct 17, 2021
La historia es predecible y aún así te dan ganas de seguir leyendo por ser entretenida y rápida de leer - Calificación: 3 de 5 estrellas3/5
Sep 6, 2021
Llevaba tiempo con ganas de volver a leer un libro de terror y recordé que este llevaba mucho tiempo en casa y no lo había hecho caso nunca; no sé si ha sido la mejor elección de todas porque, he de reconocer, que lo acabo de cerrar y me deja un sabor agridulce.
Cierto es que la forma en la que está escrito ha hecho que la novela no haya envejecido demasiado bien, sobre todo por muchas de las palabras y la expresiones utilizadas, pero también es cierto que eso no impide que te metas de lleno en la mente de Rosemary.
La historia está bien escrita, los personajes definidos y el autor va dejando miguitas de pan para que el lector las coja como pistas de todo lo que va a suceder, imagino que, a estas alturas, todo el mundo conoce la historia (fue llevaba al cine por Polanski), pero a mí el final me ha dejado un poco fría... Me ha dado la sensación de que está acabada con prisas, esperaba otra cosa, de ahí que la novela me haya dejado un sabor agridulce. Pero también he de decir que me ha mantenido enganchada desde en principio, una lectura amena que seguro que te hace pasar algún que otro ratillo de miedo... - Calificación: 4 de 5 estrellas4/5
Mar 12, 2021
La semilla del diablo, o Rosemary's baby, como se llamó originariamente, es una novela de terror escrita por Ira Levin en el año 1967. Roman Polansky la adaptó al cine en 1968.
En ella, un joven matrimonio, Guy y Rosemary Woodhouse, deciden alquilar un piso en la señorial casa Bramford. Su amigo Hutch los quiere disuadir de ello, ya que la casa tiene mala fama: allí hubo episodios de canibalismo, brujería, etc. y ocurren más asesinatos y suicidios que en otros sitios. Ellos prefieren quedarse con la casa a pesar de estas advertencias.
Conocen a sus vecinos, los Castevet, que parecen unos ancianos entrometidos y simpáticos. Pero, a partir de cuando Rosemary se queda embarazada, Guy los visita con mayor asiduidad, y los Castevet se inmiscuyen con cosas que tienen que ver con el embarazo de Rosemary: alimentación, a qué ginecólogo debe ir, etc. Pronto, Rosemary comienza a notar cosas extrañas en esta pareja. ¿ Serán verdad los pronósticos de Hutch?
Me ha gustado la novela, cómo la acción y el suspense van in crescendo, hasta un final que me ha sorprendido.
No me ha producido miedo, pero sí un poco de angustia, de desasosiego, al ponerme en el lugar de Rosemary. - Calificación: 4 de 5 estrellas4/5
Dec 4, 2020
Es una muy buena historia con muchos elementos raros donde hubieron muchas victimas para un solo fin que se cumple mejor de lo que los perpetradores suponían.
No tengo un personaje favorito, pero si al que mas deteste fue a Guy, vender a su esposa por éxito, podría decir que es de lo más bajo que un hombre puede hacer, se ha sabido que muchos que haces cosas peores, pero esta es una de ellas. Solo espero que en el siguiente libro me digan que termino muy pero que muy mal. En cuanto a Rosemary si es cierto que es una victima, pero mi problema es que es victima en todo el sentido y esplendor de la palabra. Su forma de ser tan dependiente, que deja que todos le digan que hacer y cuando hacer y hasta los porque hacerlo, me desespero en serio, es que hay que tener una personalidad demasiado débil como para permitir que unos vecinos que conoces hace 5 min. decidan todo en tu embarazo. y vida en general.
Aunque se siente lenta porque nada "impresionante" pasa, se lee fácil y como es muy cortito no se siente, porque por el contrario, tú como lector sabes que algo raro pasa desde el minuto 0 y al menos yo solo quería saber en que momento Rosemary lo entendería o si el grupo iba a actuar violentamente contra ella. No hay nada dentro del libro que no te deje dormir por la noche más allá de preguntarte si puedes confiar a la persona que duerme al lado tuyo, que creo que es el terror real que presenta el libro. - Calificación: 5 de 5 estrellas5/5
Nov 1, 2020
Está bueno para una lectura rápida, o para cuando tenés un bloqueo de lectura. - Calificación: 5 de 5 estrellas5/5
Aug 6, 2020
Yo adoro a mi madre , en realidad adoro a todas las mujeres que decidieron un día convertirse en madres. Vosotras sois las autenticas héroes , cargáis con una nueva vida con la naturalidad del que hace un milagro a diario. Os admiro porque hacéis cosas que son para siempre , actos que llevan el sello de lo que es realmente importante . Nunca dejáis de ser madres , las 24 horas del día, los 365 días de un año , madres a jornada completa , madres sin asegurar , madres que jamas pedirán nada a cambio, madres que se conforman con poco , con muy poco . Vosotras sois las que inventasteis las horas extras , nunca os jubilareis , no existe ese termino en vuestro vocabulario . Es un hecho demostrable que el día en que os ande buscando la muerte seguro que os encontrara trabajando.
El covid nos lo ha dejado tan claro que espero que se nos haya quedado a todos grabado a fuego en nuestras pequeñas cabecitas olvidadizas , no existe nada mas importante en este mundo que una madre (con permiso de las abuelas, a esas tendré que hacerles una reseña aparte algún día de estos que venga el tema a cuento). En mi caso , el hecho de no haber podido tocarla , de no haber podido besarla, de no haber podido abrazarla durante mas de 6 meses, es de las pruebas mas duras a las que me ha sometido esta encabritada vida .
¡ Mama !, ¡Que se que me estas leyendo con un nick que desconozco y se por mis hermanas que lo haces de estrangis! , Aprovecho esta reseña para decirte que te quiero, que te quiero mas que a mi vida , que si alguna vez ha parecido que te había podido olvidar, no fue por ti, ni fue por mi ,ni fue por falta de cariño, seguramente se deba a que hubo muchas veces durante estos meses pasados en los que pensé que esta mierda de virus podía de una vez conmigo .
Dicho esto , vayamos a la novela :
En este libro nuestra protagonista también ha decidido ser madre. Para su desgracia ella no sabe que el hijo que crece en su seno no es otro que el mismísimo anticristo. Los vecinos del edificio donde se ha mudado con su marido a vivir son muy atentos con ella , son excesivamente protectores , la cuidan como si fueran parte de su familia , pero en realidad , de quien son esos vecinos familia es de ese pequeño anticristo que nacerá en tan solo unos meses gracias al infernal embarazo de nuestra protagonista . Ese niño sera el único hijo del diablo. ¿sospecha ella algo de lo que esta ocurriendo allí? , ¿corre peligro sus vida?, ¿llegara a nacer el anticristo?...son preguntas que ahí dejo para el que se atreva a leerlo
Decir que Ira Levin te lleva al límite con esta novela es decir poco , las situaciones de tensión se suceden en cada capitulo a oleadas , no acabas de encajar unos párrafos y ya te están persiguiendo los siguientes . Una novela no apta para corazones débiles. Una novela que no se debería leer mi madre.
Mamá, no te la leas ! - Calificación: 4 de 5 estrellas4/5
Jun 26, 2020
Un edificio de Nueva York con una leyenda negra a sus espaldas. En él Rosemary Woodhouse se quedará embarazada y el mundo parecerá conspirar en su contra.
Un libro entretenido de lectura agradable que se lee con facilidad. Esta novela inspiró la conocida película "Rosemary's baby" de Roman Polański de 1968. - Calificación: 5 de 5 estrellas5/5
Jan 8, 2020
Thriller psicológico en el que nos encontramos con una joven mujer, Rosemary, que vive con su marido (Guy) y ansía tener un hijo. Él no quiere en ese momento porque espera una estabilidad laboral. Sin embargo, tras encontrar un buen puesto de trabajo y alquilar una casa, decide dar el paso para convertirse en padre.
La protagonista hace que te plantées la amabilidad de todos los demás personajes de la novela. Te llegas a encontrar cohibida, desamparada y a temer todo lo que le rodea a Rosemary. Viajaremos con ella a lo largo de su embarazo y su agonía. Quizás, nosotros como lectores podamos anticipar todo lo que está pasando, pero la pluma del autor y la historia en sí hace que la disfrutemos. A mí personalmente, me ha encantado. No sé cómo aguanté el libro en mis estanterías durante tanto tiempo sin leer... - Calificación: 5 de 5 estrellas5/5
Jan 7, 2020
De los mejores libro que he llegado a leer.
Sin duda alguna regalaría este libro a una persona quien comienza a leer. - Calificación: 5 de 5 estrellas5/5
Dec 29, 2019
Terror bien ejecutado a lo largo de la historia nos dan un enfoque desde la perspectiva de una madre que se haya embarazada aunque no desde el inicio de la trama permitiéndonos conocer acerca de ella de una forma más amplia, esta al embarazarse comenzara a sospechar acerca de las acciones de aquellos sus amigos y vecinos así como de su propio esposo acerca de los fines e interés presentado por su próximo hijo y la posible relación hacia una secta o agrupación fanática del diablo sin aclararnos realmente quien tiene la razón haciéndonos dudar de su estabilidad mental de la futura madre manteniendonos al filo hasta 3/4 partes del libro. - Calificación: 5 de 5 estrellas5/5
Sep 16, 2019
Buena novela de Ira Levin.
Toda una confabulación o conspiración para traer al mundo al hijo del diablo hecho hombre.
El esposo y las amistades que rodean a Rosemary cuidan mucho a ella que lleve un embarazo normal rayando en lo paranoico.
La película que hicieron de esta obra fue dirigida por Román Polanski; tuvo las actuaciones de Mis Farrow como Rosemary y a John Casavettes como su esposo; la memoria me es infiel y no recuerdo el nombre de los demás actores.
Hicieron una película que tenía de trasfondo también el embarazar a una mujer con el hijo del diablo; esta película es más reciente: El abogado del Diablo con las actuaciones de Keanu Reeves y Al Pacino como el Diablo.
Recomiendo la novela y estás dos películas.
Si fuese cierto...que miedo. - Calificación: 2 de 5 estrellas2/5
Jun 12, 2019
Cuantas espectativas tenía de ésta historia y que decepción me lleve. Odie a la protagonista. Se puede ser tonta, pero tanto? - Calificación: 5 de 5 estrellas5/5
Apr 11, 2019
¡Madre mía, que buen libro! Recuerdo haber visto la película cuando era pequeña, así que tenía una idea general de por donde iria el libro, y a pesar de eso, me pareció buenísimo. No aburre y mantiene la tensión y el misterio a un nivel suficiente como para no querer dejar el libro de lado. - Calificación: 2 de 5 estrellas2/5
Apr 6, 2019
Tenía muchas expectativas por que es un clásico del terror y lo busque por mucho tiempo pero fue un completa decepción, no pasa nada durante el libro y cuando al final se pone un poco interésate se acaba, no me gusta casi nada. - Calificación: 4 de 5 estrellas4/5
Sep 20, 2018
La obra exhibe dos protagonistas; Rosemary y Guy. Ellos deciden mudarse al edificio Bramford, un lugar del cual cuentan que posee pasado oscuro. A pesar de estos comentarios, la pareja no cree en las supersticiones y deciden radicarse en este lugar.
Una vez allí, Guy y Rosemary presenciarán sucesos extraños, vecinos muy particulares, noticias inesperadas y la confrontación conyugal para mantener la relación entre ellos.
Una historia muy entretenida y fluida por parte de Ira Levin. Nunca me aburrí durante la lectura. Desde el principio a fin tuve la intriga de saber el desenlace de los protagonistas. En mi opinión, cada personaje es bien caracterizado, lo cual brinda una buena conexión al lector.
Mi calificación es de 4.0 porque el final me pareció algo corto, un remate que se resuelve en pocas páginas. Puedo equivocarme, pero creo que hay una segunda parte de la historia. Si así es, la buscaré y la leeré.
Lectura recomendada para los amantes de la intriga y suspenso.
PDTA: No he visto la película de Polanski. Lo sé, estoy obligado a verla. - Calificación: 5 de 5 estrellas5/5
Sep 13, 2018
Un fino diamante entre los libros de terror o thriller psicológico. Atmósfera lúgubre, "lindos" vecinos, conflictos existenciales, la eterna lucha del bien y el mal continua en nuestros días. Una joya de libro que lleva la partitura del terror "in crescendo". Ira Levin es un diablo que nos hace caer en la tentación de seguir leyendo hasta un final impactante. ¡happy new year one!
Vista previa del libro
La semilla del diablo (Rosemary's Baby) - Ira Levin
A Gabrielle
1
Rosemary y Guy Woodhouse habían firmado el contrato de un apartamento de cinco habitaciones, situado en una casa de líneas geométricas de la Primera Avenida, cuando recibieron recado de una tal señora Cortez de que en la casa Bramford había quedado libre un piso de cuatro habitaciones. Vieja, negra y elefantina, la casa Bramford parece una conejera, con pisos de techos muy altos, apreciada por sus chimeneas y sus detalles ornamentales victorianos. Rosemary y Guy habían figurado en la lista de solicitantes desde que se casaron, pero al final perdieron toda esperanza.
Guy comunicó la noticia a Rosemary, y se llevó el auricular a su pecho. Rosemary gimió: «¡Oh, no!», y pareció como si fuera a echarse a llorar.
—Es demasiado tarde —dijo Guy al teléfono—. Ayer firmamos un contrato.
Rosemary lo sujetó por el brazo.
—¿No podríamos anularlo? —preguntó a su marido—. Decirles algo...
—Por favor, espere un momento, señora Cortez. —Guy apartó el teléfono de nuevo—. ¿Decirles qué? —le preguntó.
Rosemary vaciló y alzó sus manos con gesto de impotencia.
—Pues no sé... La verdad. Que tenemos una oportunidad de mudarnos a la casa Bramford.
—Cariño —dijo Guy—, ¿crees que eso les importará algo?
—Pues piensa en algo, Guy. Vayamos por lo menos a echar un vistazo. ¿De acuerdo? Dile que iremos a verlo. Por favor, antes de que cuelgue.
—Hemos firmado un contrato, Ro; nos hemos comprometido.
—¡Por favor! ¡Que va a colgar!
Gimoteando a la vez por la ironía y la angustia, Rosemary arrebató el auricular del pecho de Guy y trató de acercarlo a su boca.
Guy se echó a reír y recuperó el teléfono.
—¿Señora Cortez? Tal vez podríamos rescindir ese contrato, porque aún no lo hemos firmado. Se les habían acabado los formularios, así que sólo firmamos una carta de aceptación. ¿Podemos echar un vistazo al piso?
La señora Cortez les dio instrucciones: tenían que ir a la casa Bramford entre once y once y media, preguntar por el señor Micklas o Jerome y decirle a cualquiera de los dos que encontraran que ellos eran los que había enviado la señora Cortez para que vieran el 7-E. Luego tendrían que telefonearle. Y dio a Guy su número de teléfono.
—¿Ves como has podido arreglarlo? —dijo Rosemary, dando de puntillas saltitos de alegría—. Eres un magnífico embustero.
Guy, ante el espejo, dijo:
—¡Vaya! Me ha salido un grano.
—No te lo revientes.
—Son sólo cuatro habitaciones, ya sabes. Y no hay cuarto para los niños.
—Prefiero tener cuatro habitaciones en la casa Bramford —dijo Rosemary— que todo un piso en aquella... en aquella colmena blanca.
—Ayer te gustaba.
—Me gustaba, pero nunca la quise. Apostaría que no la quiere ni el arquitecto que la construyó. Pondremos un comedorcito en el salón y tendremos un precioso cuarto para los niños. Si los tenemos...
—Pronto —repuso Guy, mientras se pasaba la máquina de afeitar eléctrica sobre el labio superior, mirándose a los ojos, que eran grandes y oscuros.
Rosemary se puso un vestido amarillo y logró subirse la cremallera de la espalda.
Estaban en una habitación que había sido el cuarto de soltero de Guy. En la pared había pegados carteles de París y Verona, y había un gran camastro y una cocinita portátil.
Era el jueves 3 de agosto.
El señor Micklas era pequeño y vivaracho, pero le faltaban dedos en ambas manos, por lo que resultaba desagradable estrechárselas, aunque él parecía no darse cuenta.
—¡Oh! Un actor —dijo llamando al ascensor con su dedo medio—. Esta casa es muy popular entre los actores. —Y citó a cuatro que vivían en la Bramford, todos ellos muy conocidos—. ¿Le he visto a usted actuar en alguna parte?
—Veamos —contestó Guy—. Hace poco hice Hamlet, ¿verdad, Liz? Y luego representamos...
—Está bromeando —terció Rosemary—. Actuó en Lutero, en Nadie quiere un albatros y en un montón de comedias y series televisivas.
—Ahí es donde se gana dinero, ¿verdad? —comentó el señor Micklas—. En las series.
—Sí —convino Rosemary.
Y Guy añadió:
—Y se sienten también satisfacciones artísticas.
Rosemary le dirigió una mirada de súplica; y él se la devolvió, poniendo cara de inocente y dedicando luego una burlona mirada de reojo a la coronilla del señor Micklas.
El ascensor, chapado con madera de roble, con un brillante agarradero de metal a su alrededor, era manejado por un muchacho negro uniformado de sonrisa estereotipada.
—Al séptimo —le dijo el señor Micklas.
Y luego, dirigiéndose a Rosemary y Guy, explicó:
—Este apartamento tiene cuatro habitaciones, dos baños y cinco armarios empotrados. Al principio la casa consistía en pisos muy grandes (el más pequeño tenía nueve habitaciones), pero ahora casi todos han sido fraccionados en apartamentos de cuatro, cinco y seis habitaciones. El 7-E es uno de cuatro que originalmente era la parte trasera de uno de diez. Tiene la cocina del antiguo y el baño principal, que es enorme, como ustedes verán. También tiene el dormitorio principal del piso originario, que ahora es la sala, otro dormitorio que sigue siendo dormitorio y dos habitaciones para el servicio que han sido unidas para hacer un comedor o un segundo dormitorio. ¿Tienen ustedes niños?
—Pensamos tenerlos —contestó Rosemary.
—Hay una habitación ideal para los niños, con un gran cuarto de baño y un amplio armario empotrado. El plano fue hecho pensando en una pareja joven como ustedes.
El ascensor se detuvo y el muchacho negro, sonriendo, lo maniobró haciéndolo subir, bajar y subir de nuevo hasta ponerlo al nivel del piso; y, sin dejar de sonreír, abrió la puerta interior de metal y luego la portezuela exterior. El señor Micklas se apartó a un lado y Rosemary y Guy salieron de la cabina, para encontrarse en un pasillo mal iluminado, empapelado y alfombrado de verde oscuro. Un obrero que se hallaba ante una puerta verde esculpida, con la indicación 7-B, se les quedó mirando y luego volvió a su tarea de encajar una mirilla en el agujero que había hecho.
El señor Micklas les indicó el camino hacia la derecha, y luego hacia la izquierda, a través de cortos ramales del pasillo verdioscuro. Rosemary y Guy, al seguirlo, vieron desconchados en la pared empapelada, y una grieta donde el papel se había levantado y se estaba enrollando hacia arriba; una lámpara de pared de cristal tenía una bombilla apagada, y sobre la alfombra verdioscura, había un remiendo largo como una cinta, que se veía verdiclaro. Guy se quedó mirando a Rosemary: «¿Una alfombra remendada?» Ella desvió el rostro y sonrió satisfecha: «Me encanta; ¡aquí todo es encantador!»
—La inquilina anterior, la señora Gardenia —siguió diciendo el señor Micklas, sin mirarlos siquiera—, murió hace pocos días y aún no se ha tocado nada en el apartamento. Su hijo me pidió que dijera a los que vayan a mudarse al apartamento que las alfombras, los acondicionadores de aire y parte del mobiliario se los puede quedar quien lo desee.
Dobló por otro ramal del pasillo, cuyo empapelado verde con bandas doradas parecía nuevo.
—¿Murió en este apartamento? —preguntó Rosemary—. No es que a mí...
—¡Oh, no! En el hospital —contestó el señor Micklas—. Estuvo en coma durante varias semanas. Era muy anciana y falleció sin recobrar el conocimiento. Ojalá a mí me pase lo mismo cuando me llegue la hora. Fue muy alegre hasta el final; guisaba sus comidas, compraba en los grandes almacenes... Fue una de las primeras mujeres dedicadas a la abogacía en el estado de Nueva York.
Habían llegado ahora a un hueco de escalera en donde terminaba el pasillo. Al lado del mismo, a la izquierda, estaba la puerta del apartamento 7-E, una puerta sin guirnaldas esculpidas, más estrecha que las puertas que habían pasado. El señor Micklas apretó el perlado botón del timbre (sobre la puerta había unas letras blancas sobre plástico negro que decían «L. Gardenia») y metió una llave en la cerradura. A pesar de los dedos que le faltaban, se las arregló para girar el pomo y abrió la puerta suavemente.
—Pasen ustedes primero —dijo poniéndose de puntillas y manteniendo la puerta abierta con su brazo alargado.
Las cuatro habitaciones del apartamento estaban situadas de dos en dos a ambos lados de un estrecho pasillo central que iba en línea recta desde la puerta. La primera habitación a la derecha era la cocina, y al verla Rosemary no pudo contener una risita, porque era tan grande (si no mayor) como todo el apartamento en el cual estaban ellos viviendo ahora. Tenía una cocina de gas con seis quemadores y dos hornos, una enorme nevera y un monumental fregadero; tenía docenas de alacenas, una ventana que daba a la Séptima Avenida, un techo alto, muy alto, e incluso tenía (imaginándolo sin la mesa cromada, las sillas y los paquetes de números antiguos de Fortune y Musical América, atados con cuerdas, de la señora Gardenia) el lugar ideal para algo como el rinconcito para el desayuno, azul y marfil, que ella había recortado el mes pasado de House Beautiful.
Frente a la cocina estaba el comedor o segundo dormitorio, el cual, al parecer, había sido utilizado por la señora Gardenia para una combinación de estudio e invernáculo. Centenares de plantas pequeñas, moribundas o muertas, se hallaban en anaqueles mal construidos y bajo espirales de tubos fluorescentes apagados; en medio se hallaba un escritorio de cantos redondos sobre el que había una pila de libros y papeles. Era un mueble precioso, grande y reluciente por la edad. Rosemary dejó a Guy y al señor Micklas hablando en la puerta y entró, evitando un anaquel de plantas marchitas. Escritorios como ése podían verse en los escaparates de las tiendas de antigüedades; Rosemary se preguntó, tocándolo, si sería una de las cosas que serían para el primero que las pidiera. Una graciosa caligrafía azul sobre papel malva decía: «Meramente el pasatiempo intrigante que yo creí sería. Yo no puedo asociarme más tiempo», y se dio cuenta de que sin querer estaba curioseando. Alzó la mirada cuando el señor Micklas entraba con Guy y le preguntó:
—¿Sabe usted si este escritorio es una de las cosas que quiere vender el hijo de la señora Gardenia?
—No lo sé —contestó el señor Micklas—. Claro que lo puedo averiguar.
—Es precioso —dijo Guy.
—¿Verdad que sí? —agregó Rosemary, quien, sonriendo, miró a su alrededor paredes y puertas.
En esa habitación cabría casi perfectamente el cuarto de los niños que ella había imaginado. Era un poco oscuro (las ventanas daban a un estrecho patio); pero el empapelado blanco y amarillo lo abrillantaría bastante. El cuarto de baño era pequeño, pero ya bastaría, y el excusado lleno de plantas sembradas en macetas, que parecían crecer bastante bien, era apropiado.
Se volvieron hacia la puerta, y Guy preguntó:
—¿Qué es todo eso?
—La mayoría plantas aromáticas —explicó Rosemary—. Veo menta y albahaca... Éstas no sé qué son.
Más allá, en el pasillo, había otro armario empotrado, a la izquierda, y luego, a la derecha, una amplia arcada que daba a la sala. Enfrente había grandes ventanas saledizas, dos de ellas con cristales en forma de rombo y asientos de ventana de tres lados. Había una pequeña chimenea, con una repisa en forma de voluta, de mármol blanco. A la izquierda se veían altos estantes de roble para libros.
—¡Oh, Guy! —dijo Rosemary, buscando su mano y apretándosela.
Guy dijo: «¡Humm!», como no queriendo comprometerse; pero le devolvió el apretón. El señor Micklas estaba a su lado.
—La chimenea funciona, por supuesto —dijo el señor Micklas.
El dormitorio, detrás de ellos, era adecuado, de unos tres metros y medio por cinco metros y medio, con sus ventanas dando al mismo estrecho patio del comedor-segundo dormitorio-cuarto de los niños. El baño, que estaba más allá de la sala, era grande y lleno de adornos bulbosos y protuberantes de metal blanco.
—¡Es un piso maravilloso! —exclamó Rosemary, cuando estuvo de vuelta en la sala; giró sobre sí misma con los brazos abiertos, como si quisiera tomarlo y abrazarlo—. ¡Lo quiero!
—Lo que ella está tratando de conseguir —dijo Guy— es que usted baje el alquiler.
El señor Micklas sonrió.
—Lo subiríamos si nos lo permitieran —dijo—. Más del aumento del quince por ciento, quiero decir. Hoy en día pisos de esta clase, con su encanto y su personalidad, son tan raros como los dientes de gallina. El siguiente... —Se detuvo en seco, mirando al escritorio de caoba que había al principio del pasillo—. Es extraño —dijo—. Hay un armario empotrado detrás de ese escritorio. Estoy seguro de que lo hay. Hay cinco: dos en el dormitorio, uno en el segundo dormitorio, y dos en el pasillo, aquí y allí. —Se acercó al escritorio.
Guy se puso de puntillas y dijo:
—Tiene usted razón, puedo ver las rendijas de la puerta.
—Se ve que ella cambió de sitio el escritorio —comentó Rosemary—. Antes estaba allí.
Y señaló a la fina silueta que había quedado de modo fantasmal sobre la pared, cerca de la puerta del dormitorio, y las profundas marcas de cuatro patas redondas en la alfombra color rojo borgoña... Débiles rascaduras y rayas se curvaban y cruzaban desde las cuatro marcas hasta donde estaban ahora las patas del escritorio, colocadas junto a la delgada pared adyacente.
—Écheme una mano, ¿quiere? —dijo el señor Micklas a Guy.
Entre ambos lograron llevar poco a poco el escritorio hasta su antiguo lugar.
—Ya veo por qué entró ella en coma —dijo Guy, empujando.
—Ella no pudo haberlo movido sola —respondió el señor Micklas—. Tenía ochenta y nueve años.
Rosemary se quedó mirando con gesto dubitativo la puerta del armario empotrado que habían dejado al descubierto.
—¿La abrimos? —preguntó—. Quizá debiera abrirla su hijo.
El escritorio encajó exacto en las cuatro marcas de sus patas. El señor Micklas se masajeó sus manos faltas de dedos.
—Estoy autorizado a enseñar el piso —dijo, y se dirigió a la puerta, abriéndola.
El armario estaba casi vacío; a un lado había un aspirador de polvo y en el otro tres o cuatro estantes de madera. El estante de encima estaba atestado de toallas de baño azules y verdes.
—Quienquiera que encerrara, se escapó —dijo Guy.
El señor Micklas opinó:
—Probablemente ella no necesitaba cinco armarios.
—Pero ¿por qué encerró su aspirador y sus toallas? —preguntó Rosemary.
El señor Micklas se encogió de hombros.
—No creo que nunca lo sepamos. Puede que ya estuviera chocheando —sonrió—. ¿Quieren que les enseñe o que les explique algo más?
—Sí —dijo Rosemary—. ¿Hay instalación para el lavado de la ropa? ¿Hay máquinas lavadoras abajo?
Dieron las gracias al señor Micklas, que fue a despedirlos hasta la puerta de la calle, y luego, por la acera, se alejaron paseando lentamente por la Séptima Avenida arriba.
—Es más barato que el otro —dijo Rosemary, tratando de aparentar que ella tenía en cuenta, sobre todo, las consideraciones prácticas.
—Pero tiene una habitación menos, cariño —replicó Guy.
Rosemary caminó en silencio por un momento, y luego replicó a su vez:
—Está mejor situado.
—¡Oh, claro! —exclamó Guy—. Podré ir andando a todos los teatros.
Animada, Rosemary dejó de lado las consideraciones prácticas.
—¡Oh, Guy! ¡Alquilemos este piso! ¡Por favor! ¡Por favor! ¡Es tan maravilloso! Esa anciana señora Gardenia no le supo sacar partido. Esa sala podría ser preciosa, cálida... ¡Oh, por favor, Guy, alquilémoslo! ¿De acuerdo?
—Pues claro —contestó Guy sonriendo—. Si podemos librarnos del otro compromiso...
Rosemary lo agarró por el codo, contenta.
—¡Nos libraremos! —exclamó—. Piensa en algún medio. ¡Sé que lo lograrás!
Guy telefoneó a la señora Cortez desde una cabina telefónica callejera, mientras Rosemary, desde fuera, trataba de leer en sus labios. La señora Cortez dijo que les daba de plazo hasta las tres; si no tenía noticias de ellos para entonces, llamaría a los que siguieran en la lista de solicitantes.
Fueron a la Sala de Té Rusa y pidieron dos Bloody Mary y bocadillos de pollo con ensalada, hechos con rebanadas de pan negro.
—Puedes decirles que me he puesto enferma y que tengo que ir al hospital —sugirió Rosemary.
Pero eso no era un argumento convincente. En vez de ello, Guy se inventó una historia acerca de una proposición para unirse a una compañía que representaría Venga a soplar su corneta, que iba a hacer una gira de cuatro meses por bases norteamericanas en Vietnam y el Extremo Oriente. El actor que hacía el papel de Alan se había roto la cadera y a menos que él, Guy, quien se sabía el papel, se ofreciera a ir en su lugar, la gira tendría que retrasarse lo menos dos semanas. Lo cual sería una vergüenza, ya que aquellos muchachos estaban allí luchando heroicamente contra los comunistas. Su esposa tendría que quedarse con su familia en Omaha...
Se lo pensó dos veces y luego fue en busca del teléfono.
Rosemary aguardó tomando su bebida a sorbitos, manteniendo los dedos de su mano izquierda cruzados bajo la mesa. Recordó el apartamento de la Primera Avenida que ella no quería, y repasó mentalmente sus buenas cualidades: la cocina nueva y reluciente, el lavavajillas, la vista sobre el East River, el aire acondicionado...
La camarera trajo los bocadillos.
Pasó una mujer embarazada, con un traje azul marino. Rosemary se puso a observarla. Debía de estar en su sexto o séptimo mes, y hablaba satisfecha, por encima del hombro, a una mujer mayor que llevaba paquetes, probablemente su madre.
Alguien saludó con la mano desde la pared opuesta, la chica pelirroja que había entrado en la CBS unas semanas antes de que Rosemary se despidiera. Rosemary le devolvió el saludo. La chica dijo algo, y como Rosemary no alcanzara a entenderla, lo volvió a repetir. Un hombre que estaba frente a la joven se volvió para mirar a Rosemary. Era un hombre de rostro pálido y demacrado.
Y entonces vino Guy, alto y guapo, tratando de reprimir una sonrisa bonachona; pero con los ojos brillándole de felicidad.
—¿Lo conseguiste? —le preguntó Rosemary mientras se sentaba frente a ella.
—Lo conseguí —contestó él—. Han anulado el contrato, y nos devolverán el depósito; tendré que estar al tanto con el teniente Hartman, del Cuerpo de Señales. La señora Cortez nos espera a las dos.
—¿La has llamado?
—La llamé.
La chica pelirroja apareció de repente al lado de ellos, ruborizada y con ojos brillantes.
—Se ve que os va bien de casados. Tenéis muy buen aspecto —les dijo.
Rosemary, tratando de recordar el nombre de la chica, se echó a reír y contestó:
—¡Gracias! Estábamos celebrándolo. ¡Acabamos de conseguir un apartamento en la casa Bramford!
—¿La Bram? —dijo la chica—. ¡A mí me enloquece! Si alguna vez queréis subarrendar, yo soy la primera, ¡no lo olvidéis! ¡Aquellas gárgolas tan extrañas,
