Enseñando la verdad, amando de verdad
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porque si bien algunos artículos se concentran más en teología y otros más en ministerio o en teología, todos incluyen las tres cosas.
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Enseñando la verdad, amando de verdad - Williams S. Triguero
Enseñando la Verdad.
Amando de Verdad.
Cien años al servicio del Señor
Williams S. Trigueros y Gerardo A. Alfaro,
editores generales
EDITORIAL CLIE
C/ Ferrocarril, 8
08232 VILADECAVALLS
(Barcelona) ESPAÑA
E-mail: clie@clie.es
http://www.clie.es
© 2024 por Dallas Theological Seminary en español. Derechos internacionales registrados. Prohibida la reproducción total o parcial sin la autorización por escrito del DTS.
Editores: Williams S. Trigueros y Gerardo A. Alfaro
Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra solo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos) si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra. (www.conlicencia.com; 91 702 19 70 / 93 272 04 47).
© 2024 por Editorial CLIE. Todos los derechos reservados.
ENSEÑANDO LA VERDAD. AMANDO DE VERDAD
Cien años al servicio del Señor
ISBN: 978-84-19779-84-7
Vida cristiana
Asuntos sociales
REL012110
Contenido
De los autores
Presentación
Introducción
Biblia
Capítulo I. La confiabilidad de los manuscritos griegos del Nuevo Testamento (Daniel S. Steffen)
Capítulo II. La función narrativa en Marcos 1:2-3. El discipulado y el mensaje: La Escritura y la motivación para el aprendizaje (Alvin L. Thompson)
Capítulo III. Teología bíblica y hermenéutica (Alexander R. González)
Capítulo IV. Un cambio en la cultura: El rol de las mujeres en el evangelio de Lucas (Natacha Ramos G.)
Capítulo V. Cómo estudiar la Biblia paso a paso (Manuel A. Valverde)
Teología
Capítulo VI. El Dios que abandonó la cruz: Algunos argumentos en contra (Gerardo A. Alfaro)
Capítulo VII. Soberanía del Uno y solidaridad de los Tres: La Trinidad como ejemplo para el trabajo en equipo en el ministerio cristiano (Edgar A. Perdomo)
Capítulo VIII. Origen histórico del dispensacionalismo premilenial y pretribulacional (Carlos A. Aguilera)
Capítulo IX. Pozos en el desierto: Principios y prácticas hacia la formación espiritual en la educación teológica (Jim Adams)
Pastoral
Capítulo X. El ministerio cristiano y la cultura: La importancia de saber interpretar la cultura para servir mejor (José L. Cruz)
Capítulo XI. La debilidad que triunfa sobre los fuertes (Jorge O. Gallor)
Capítulo XII. La práctica de la persuasión en la homilética (Samuel Palacios)
Capítulo XIII. Lucas pedagógico: Bases bíblicas de la enseñanza en los escritos lucanos (Williams S. Trigueros)
De los autores
GERARDO A. ALFARO GONZÁLEZ (galfaro@dts.edu). Es profesor de estudios teológicos en el Seminario Teológico de Dallas (DTS). Originario de El Salvador ha recibido varios títulos en teología sistemática del Seminario Teológico Centroamericano y del DTS (Ph.D.). Por más de treinta y cinco años ha sido profesor en varios otros seminarios de Latinoamerica, Estados Unidos y Europa. También es ministro ordenado bautista y ha servido como pastor de varias congregaciones evangélicas en Centroamérica y Estados Unidos.
JIM ADAMS (jadams@dts.edu). Nació en San Luis, Misuri, Estados Unidos. Tiene J.D. de la Facultad de Derecho de la Universidad de Chicago. En el campo de estudios teológicos, obtuvo su MTh y DMin del Seminario Teológico de Dallas (DTS). Sirve actualmente como profesor adjunto de formación espiritual del Seminario Teológico Centroamericano (SETECA), y de DTSE.
DANIEL S. STEFFEN (dsteffen@dts.edu). Nació en Bluffton (IN). Tiene un Ph.D. en Nuevo Testamento del Seminario Teológico de Dallas. Ha sido profesor de varios seminarios en latinoamerica. Actualmente es Profesor de Nuevo Testamento en el Seminario Teológico de Dallas.
EDGAR ALAN PERDOMO (eperdomo@dts.edu). Nació en San Pedro Sula, Honduras. Posee un Ph.D. en Educación Teológica del Seminario Teológico Centroamericano de Guatemala (SETECA). Es profesor de teología del Instituto Bíblico Móvil de Alcance Mundial, y profesor adjunto de DTSE y del SETECA.
JOSÉ LEONARDO CRUZ (jcruz@dts.edu). Nació en San Salvador, El Salvador. Tiene un doctorado en Estudios Interculturales del seminario de Fuller, y un Ph.D. de la Universidad del Noroeste de South Africa. Ha sido pastor y misionero plantador de Iglesias. En la actualidad coordina el programa doctoral de ministerio en español y enseña, como profesor adjunto, en DTSE.
ALVIN L. THOMPSON (athompson@dts.edu). Nació en California del Sur, Estados Unidos. Tiene un PhD en Exposición Bíblica del Seminario Teológico de Dallas. Es profesor adjunto de Biblia en el Seminario Teológico Centroamericano, en la ciudad de Guatemala y profesor adjunto de Exposición Bíblica en DTSE.
NATACHA R. GLORVIGEN (nglorvigen@dts.edu). Nació en Maracaibo (Venezuela). Tiene una maestría en teología del Seminario Teológico de Dallas. Sirve en el ministerio de misiones locales de su iglesia Northway Church.
ALEXANDER GONZÁLEZ (agonzales@dts.edu). Nació en Los Ángeles, California. Tiene un PhD en Exposición Bíblica del Seminario Teológico de Dallas, en donde sirve como profesor asociado.
CARLOS AGUILERA NEME (carlosneme@dallasseminary.edu). Nacido en San Rafael, Mendoza (Argentina). Tiene amplia experiencia y dedicación en el ámbito de la educación cristiana. Además de su labor educativa, es conferencista y predicador. Desde el año 2002 ha ejercido como pastor en la Iglesia Evangélica Cristo Salva, ubicada en la ciudad de Santiago del Estero, Argentina.
MANUEL VALVERDE (mvalverdemontes@dts.edu). Costarricense, ha servido en el ministerio pastoral por más de treinta años y en la capacitación de líderes en distintos seminarios y universidades en Guatemala, como también en iglesias de toda América Latina. Tiene una licenciatura en Teología por la Universidad Mariano Gálvez de Guatemala y un Doctorado en Ministerio por el Seminario Teológico de Dallas. Actualmente sirve como profesor adjunto en DTSE.
JORGE GALLOR GUARIN (jorgegallor@dallasseminary.edu). Natural de Bogotá (Colombia), vive con su familia en Alicante (España), donde realiza diferentes ministerios—pastor, misionero y profesor sustituto de Teoría de la Literatura en la Universidad de Alicante—. Es Doctor en Estudios Literarios por la Universidad de Alicante (España) y Doctor en Ministerio por el Seminario Teológico de Dallas.
SAMUEL PALACIOS (spalacios@dts.edu). Nacio en Houston, Texas (Estados Unidos). Tiene un Th.M. con enfoque en Homilética y Exposición bíblica en el Seminario Teológico de Dallas. Es pastor asociado de Stone Community Church en Frisco, Texas.
WILLIAMS S. TRIGUEROS S. (wtrigueros@dts.edu). Es natural de Santa Rosa de Copán (Honduras). Tiene un Ph. D en Educación Teológica del Seminario Teológico Centroamericano en Guatemala. Actualmente es director y profesor adjunto de Educación, Ministerio y Liderazgo del DTSE.
Presentación
El año 2024 es muy especial para el Seminario de Dallas pues celebra su centenario. Han sido cien años formando a líderes-siervos para proclamar el mensaje de Jesucristo al mundo.
A lo largo del año nos hemos reunido con exalumnos de todo el mundo y con personas que han sido impactadas por el Seminario Teológico de Dallas (DTS) en todo este tiempo. Sentimos una inmensa gratitud por nuestro pasado, estamos agradecidos por nuestro presente y vivimos gozosos, con esperanza por lo que el Señor seguirá haciendo en los próximos cien años de ministerio.
Es un honor para mí y mis compañeros que forman parte de DTS en español (DTSE) presentar este libro conmemorativo de artículos académicos como tributo al legado de cien años de DTS. Estoy seguro de que nuestro Dios será glorificado por el impacto que este volumen tendrá en los que lo lean. Gracias al Dr. Williams Trigueros, director de DTSE, y a todos los colaboradores por crear un recurso tan valioso tanto para los estudiantes como para los profesores y exalumnos del mundo de habla hispana en las próximas décadas.
A Dios sea la gloria,
Mark M. Yarbrough, Ph.D.
Presidente Seminario Teológico de Dallas
Introducción
Nos encontrábamos en nuestro retiro anual con todos los maestros y, en uno de los tiempos de comida, el Dr. Gerardo A. Alfaro nos inquietó al animarnos a realizar un proyecto de escritura. La cercanía del centenario del Seminario de Dallas provocó una reacción unánime en cada uno de nosotros pues, además de la celebración de tan magno evento, nos motivó a visualizar el impacto que ese libro podría tener, debido tanto a la notoria necesidad de escritos en nuestra lengua castellana como a la de seguir con la preparación de nuestros estudiantes en el proceso del pensamiento cristiano.
El deseo inicial se transformó en la idea de conmemorar el centenario del Seminario Teológico de Dallas (1924-2024) por medio de la publicación de un libro que aglutinara artículos académicos y ministeriales de las diferentes líneas de investigación que se siguen en DTSE. Las siguientes páginas se unen a la labor de tantos maestros que por un siglo han colaborado con la iglesia local en la preparación de líderes que sirven honrando a Dios, en las palabras del eslogan del seminario: Enseñar la Verdad y Amar de Verdad.
El presente libro, aparte de conmemorar el centenario del Seminario de Dallas, reúne trabajos que pueden utilizarse en las clases que cada uno de sus escritores enseña. Por tal razón, el lector tiene en sus manos una diversidad de temas que incluyen los teológicos y bíblicos, pasando por los pastorales y ministeriales. Hemos así creado tres secciones en donde colocar todos los artículos del libro. Las divisiones son un tanto artificiales porque si bien algunos artículos se concentran más en Biblia y otros más en ministerio o en teología, todos incluyen las tres cosas.
La sección de Biblia comienza con un detallado tratamiento de los manuscritos del Nuevo Testamento cuya naturaleza en la opinión del Dr. Steffen nos hacen confiar plenamente en el Nuevo Testamento que tenemos hoy. El Dr. Alvin Thompson analiza el prólogo del evangelio de Marcos y nos muestra la función estructural que tiene para un entendimiento apropiado de todo el libro. En el tercer capítulo el Dr. Gonzalez repasa de manera clara para nosotros los principios hermenéuticos esenciales en la construcción de una teología bíblica. Por su lado, Natacha Ramos G., en el siguiente artículo, hace un estudio detenido sobre el gran valor que las mujeres tuvieron en el ministerio de Jesús de acuerdo al Evangelio de Lucas, mientras reta a la iglesia contemporánea a seguir el ejemplo del Maestro. Esta sección de Biblia cierra con el Dr. Valverde escribiendo un significativo repaso de los pasos ineludibles al estudiar la Escritura con seriedad y devoción.
La segunda sección es la de Teología que comienza con una propuesta que confronta a aquellos que creen que Dios Padre abandonó a Jesús en la cruz. El Dr. Alfaro ofrece razones convincentes que niegan tal idea y que nos ofrecen una imagen más bíblica y cercana del Padre de Jesús. En el siguiente capítulo, el Dr. Perdomo, a partir de una de las doctrinas bíblicas fundamentales, la de la Trinidad, desarrolla un modelo con principios importantes en el trabajo que realiza un equipo ministerial. Carlos Aguilera, a continuación, realiza un recorrido histórico para demostrar el desarrollo que el concepto dispensacionalista premilenial y pretribulacional ha tenido en el tiempo, basándose en citas directas de pensadores cristianos a través de los siglos. La sección concluye con un concienzudo trabajo por el Dr. Jim Adams. Describe cómo cada seminarista debería mantener su vida espiritual en el transcurso de su vida académica. Lo hace ocupando una pintoresca metáfora: la de hacer pozos de agua en el desierto
. Esto, nos dice, transformará su vida espiritual de por vida.
La última sección del libro, la Pastoral, comienza con el Dr. Cruz ofreciéndonos aspectos cruciales a tener en cuenta en la interpretación de una cultura para poder realizar un ministerio efectivo, especialmente, desde la perspectiva del campo misionero. A continuación, el Dr. Gallor explora el poder en la debilidad,
principalmente en la vida de Pablo. El sufrimiento, aunque forma parte del ministerio del obrero cristiano, y aunque ha sido infravalorado por muchos, es valioso a los ojos de Dios. Ya casi para terminar, Samuel Palacios argumenta sobre la importancia de la persuasión en la predicación cristiana. Aunque minimizada en los últimos tiempos, fue utilizada por expositores como Pablo y Agustín de Hipona. Finalmente, el Dr. Trigueros ofrece una colaboración en la que establece las bases bíblicas de la enseñanza, utilizando algunos pasajes claves de los dos volúmenes lucanos.
Queremos agradecer a todos aquellos involucrados de una forma u otra en la producción de este libro: A la editorial CLIE por su deseo de trabajar con nosotros aun con la premura del tiempo. Al Seminario Teológico de Dallas por acoger la idea del libro en la celebración de su centenario. Al Dr. Gallor quien colaboró en la edición de algunas partes de la obra.
Hemos tratado de reunir a maestros, personal administrativo, pastores, misioneros y alumnos con el anhelo de que sus reflexiones puedan edificar a muchos y, continuar así con DTS afirmando que: nuestra misión como institución profesional a nivel de postgrado, es glorificar a Dios por medio de la preparación de siervos-líderes dedicados al Señor para la proclamación de su Palabra y la edificación del cuerpo de Cristo a nivel global
.
Williams S. Trigueros, Ph. D. y Gerardo A. Alfaro, Ph. D.
Editores
BIBLIA
CAPÍTULO I La confiabilidad de los manuscritos griegos del Nuevo Testamento
(Daniel S. Steffen)
Introducción
El estudio del Nuevo Testamento tiene como su base establecer, al mejor nivel posible, el texto griego de mayor confiabilidad que representa lo que los autores escribieron durante el primer siglo. El gran desafío es no tener en nuestras manos el texto original, sino miles de manuscritos griegos, copiados a lo largo de mil quinientos años, antes de que se imprimiera la primera Biblia. Todo lo anterior a este magno acontecimiento fueron copias hechas a mano. Algunos dudan que sea posible reproducir el texto original puesto que tenemos copias hechas a mano con muchas variaciones.1 Queremos en el presente artículo ofrecer los datos correctos en cuanto a los manuscritos griegos disponibles y sus variaciones para, posteriormente, evidenciar que sí tenemos un texto griego que nos permite estudiar con confianza el Nuevo Testamento.
Los manuscritos griegos y sus variantes
Es necesaria la honestidad académica en cuanto a los manuscritos griegos disponibles y el nivel de variaciones que hay dentro de ellos. Existen más de cinco mil quinientos manuscritos griegos, cuando contamos toda la evidencia griega, compuesta de antiguos papiros, mayúsculos (los papiros se escribieron con letras mayúsculas en rollos o códices, luego hubo códices en pergamino escritos con mayúsculas), minúsculos (manuscritos escritos en cursiva) y leccionarios (listas de versículos leídas en el culto de la iglesia según su calendario).
Los manuscritos
Los papiros y los manuscritos mayúsculos se traslapan y la distinción entre ellos es cuestión del material sobre el que se escribieron (papiro versus pergamino). Es importante tener cuidado con el número y fechas de distintos manuscritos griegos para estar consciente de la evidencia disponible2 pero, la evidencia que se encuentra dentro del texto crítico NA28, muestra que hay 127 papiros entre los siglos segundo y séptimo, y 303 mayúsculos desde el tercer siglo hasta el undécimo.3 Los cuatro papiros más antiguos son del siglo segundo, pero son pequeños fragmentos con porciones de Mateo 21; Juan 18; 19; y, Apocalipsis 1. Durante el tercer siglo hay 45 papiros y dos mayúsculos con algo más (porciones de Mateo 1–3; 5; 11–14; 20–21; 23–26; Marcos 4–9; 11–12; Lucas 1–7; 9–18; 22–24; Juan 1–6; 8:14-22; 10–12; 14–21; Hechos 1–2; 4–17; 23; 26; Romanos 1–6; 8–9; 15–16; 1 Corintios 1–16; 2 Corintios 1–13; Gálatas 1–6; Efesios 1–6; Filipenses 1–4; Colosenses 1–4; 1 Tesalonicenses 1–5; 2 Tesalonicenses 1; Tito 1–2; Filemón; Hebreos 1–13; Santiago 1–3; 1 Juan 4; y, Apocalipsis 1:9–17). Los 26 papiros del cuarto siglo tienen un traslape cronológico con los catorce mayúsculos escritos en pergamino, siendo posible encontrar en esa misma línea mucho más del resto del Nuevo Testamento. En los siguientes siglos encontramos más manuscritos griegos. El quinto siglo cuenta con 12 papiros y 37 mayúsculos, pero, muchos de estos manuscritos son fragmentos de pocas porciones del Nuevo Testamento, con la excepción de unas cinco copias de mucho del Nuevo Testamento en un solo códice (Sinaiticus Aleph 01, siglo IV, completo; Alexandrinus A 02, siglo V; Vaticanus B 03, siglo IV; Ephraemi C 04, siglo V; y, Bezae D 05, siglo V con Claromontanus D 06, siglo VI). El gran número de los mayúsculos contiene porciones del Nuevo Testamento tales como los Evangelios o las epístolas de Pablo. Para tener varias copias de todo el Nuevo Testamento en una sola Biblia, tenemos que esperar hasta el siglo noveno cuando existe un traslape de mayúsculos con minúsculos (cursivos). Por fin, unos mil años después de Cristo, tenemos con mayor frecuencia todo el Nuevo Testamento completo en una sola Biblia.
Además de los manuscritos anteriores, hay citas de los líderes de las iglesias desde el segundo siglo y varias traducciones antiguas del Nuevo Testamento en otros idiomas. Hay más de un millón de citas del Nuevo Testamento escritas por los Padres de la iglesia. Metzger y Ehrman han escrito que: Si todas las otras fuentes de nuestro conocimiento del texto del Nuevo Testamento fueran destruidas, [las citas patrísticas] serían suficientes por sí mismas para la reconstrucción de casi todo el Nuevo Testamento.
4
Los primeros siglos, hasta Constantino, dan evidencia de dos tendencias dentro de los manuscritos griegos. Históricamente, hablamos de dos familias de textos (alejandrina y occidental) con algunas características distintas por los primeros quinientos años de la transmisión del texto griego. El tipo de texto occidental a veces tenía la tendencia a hacer una paráfrasis con adiciones que pretendían explicar o mejorar (según la perspectiva de los escribas) algunos detalles del texto griego.
Después de más de 300 años de persecución y la destrucción de muchas copias del Nuevo Testamento por los romanos, Constantino se convirtió al cristianismo y pidió cincuenta copias de toda la Biblia a Eusebio en el año 331 d.C.5 Aunque no tenemos copias, existe gran posibilidad de que fuesen similares a los grandes manuscritos Siniáticus y Vaticanus. Pero sus diferencias dan evidencia de que no se copiaron al mismo tiempo. No podemos saber exactamente ni los libros incluidos por Eusebio ni el tipo de texto griego representado.6
Un poco más tarde, la iglesia universal bizantina
empezó a dividirse en cuanto a la Biblia por la publicación de la Vulgata de Jerónimo (382 d.C.), que incluía lecturas occidentales para el mundo que hablaba latín. La iglesia bizantina griega formó su propia Biblia griega que era una combinación de lecturas occidentales con lecturas alejandrinas. Durante los siguientes siglos, los manuscritos griegos bizantinos con sus muchas fusiones llegaron a unificarse aún más porque tenían menos variaciones, especialmente cuando llegamos al siglo décimo. Estas fusiones conservaron los dos tipos de texto anteriores y los combinaron en un texto más amplio. Esto explica porque hubo más variaciones entre los manuscritos griegos durante los primeros cinco siglos, y menos después. Hoy, algunos eruditos afirman que el texto bizantino se fijó sin muchas más variaciones en el siglo décimo.7 Erasmo tenía acceso a unos pocos manuscritos bizantinos del siglo décimo. Y estos pocos manuscritos sirvieron como base de su texto crítico, el llamado Textus Receptus.
Las variantes
Puesto que los manuscritos griegos eran productos de seres humanos (escribas) que copiaron el Nuevo Testamento a mano, no existe ningún manuscrito cien por ciento igual a otro manuscrito. Los manuscritos contienen variaciones debido a pequeños o grandes cambios
(intencionales o no) que se produjeron en el proceso de copiar de anteriores ejemplares, pero el gran número de estos cambios tienen que ver con diferencias en ortografía sin afectar el significado del texto. Se entiende por variante
cuando un manuscrito griego tiene algo distinto a otros. Dentro de los más de cinco mil quinientos manuscritos hay unas 400.000 variantes.8 Por cierto, todo lo anterior es una estimación porque nadie sabe, a ciencia cierta, cuántas son. Lo que es importante son los tipos de cambios o variantes que se encuentran en ellos cuando se los compara.
Según Wallace, hay cuatro tipos de variantes: (1) diferencias de ortografía y errores sin ningún sentido; (2) diferencias menores que no afectan el significado o son palabras sinónimas; (3) diferencias que, aunque afectan el significado, no son viables; y, (4) diferencias que afectan el significado del texto y son viables.9 No viable
es una diferencia con muy poca posibilidad de representar algo antiguo y toda probabilidad de representar la actividad de un escriba (sea intencional o no). Por ejemplo, algunos escribas se autocorrigieron a sí mismos en el proceso de copiar (P66). En otras palabras, sus errores
entran en el número de variantes (y a veces en el aparato crítico con estrella), pero los mismos escribas encontraron el error en el mismo momento y lo corrigieron.
La gran mayoría de diferencias son cuestiones de ortografía que no cambian el significado de las palabras o resultaron en palabras sin sentido posible. En segundo lugar, con frecuencia, serían palabras sinónimas o pequeños cambios que no afectan en nada el significado. El griego hace mucho uso de artículos que no cambian el significado, sino que sólo tienen funciones gramaticales. Es frecuente observar que algunos escribas pasaron por alto artículos de pocas letras o los agregaron, pero la diferencia no cambia el significado. Otro ejemplo de diferencias es el cambio en el orden de las palabras. El griego puede cambiar mucho el orden de las palabras en una oración sin cambiar el significado final, puesto que los sujetos y objetos de los verbos son determinados por el caso
gramatical en lugar de su posición dentro de la oración. En tercer lugar, hay diferencias que sí afectan el significado del texto, pero no son viables puesto que hay muy poca probabilidad que representen algo antiguo. En esta categoría encontramos variantes que se encuentran mil años después de Cristo dentro de unos pocos manuscritos (o uno solo). Se considera que no son cambios viables puesto que la variante no está en ningún manuscrito griego a lo largo de mil años.
Finalmente, hay cambios que sí son significativos y viables porque representan variantes que tienen la posibilidad de representar algo muy temprano con un significado distinto. Según Wallace, esta categoría es el uno por ciento de todas las variantes.10 Pero, los distintos significados no siempre tienen que ver con doctrinas importantes de la iglesia. Por ejemplo, Apocalipsis 13:18 se lee de la siguiente manera en el texto griego NA28: Ὧδε ἡ σοφία ἐστίν. ὁ ἔχων νοῦν ψηφισάτω τὸν ἀριθμὸν τοῦ θηρίου, ἀριθμὸς γὰρ ἀνθρώπου ἐστίν, καὶ ὁ ἀριθμὸς αὐτοῦ ἑξακόσιοι ἑξήκοντα ἕξ [ Aquí hay sabiduría, el que tiene entendimiento cuente el número de la bestia, porque es un número de un hombre, y su número (es) seiscientos sesenta y seis]. Es interesante ver que hay muchos manuscritos griegos que agregan el verbo es
[ἐστίν] a la última cláusula, lo cual da la apariencia como de una aclaración de la cual no tiene necesidad la gramática griega. Es una variante que no cambia el significado y la traducción sigue igual. Además, el número 600 a veces es ἑξακόσιοι y a veces es ἑξακόσιai y a veces ἑξακόσιa. Estas tres variantes de ortografía no afectan el número que sigue siendo 600. Pero hay manuscritos con el número 616 y un manuscrito del siglo XI con el número 665. Decimos que el número 665 no es viable
porque un solo manuscrito del siglo XI es un error de un solo escriba con muy poca probabilidad de representar el texto original con más de mil años de antigüedad. El número 616 aparece en varios manuscritos tempranos y sí sería un cambio significativo, pero el cambio de número, no afectaría ninguna doctrina profunda de la iglesia, sino muchas interpretaciones especulativas del número 666 —y algunas películas de terror—.
En resumen: El 70% de las diferencias textuales no afectan a la traducción. Del 30% restante, el 29% claramente fueron errores propios de los escribas y, el 1% que queda, serían las diferencias que podrían ser viables.
11
La honestidad académica exige tener en cuenta la observación que señala que los manuscritos griegos completos tardan en aparecer unos 200 años. Antes de estos los escritos del primer siglo aparecen en porciones de los Evangelios, las cartas de Pablo y otros más. Tenemos que esperar hasta los siglos cuarto y quinto para encontrar manuscritos más completos de todo el Nuevo Testamento. Para encontrar muchos más manuscritos completos del Nuevo Testamento, tenemos que esperar varios siglos más, y para encontrar Biblias griegas más completas, unos mil años después de Cristo. Dentro de toda esta evidencia, tenemos unas cuatro mil variantes significativas y viables entre los manuscritos existentes. Así que, la mayor pregunta que debemos hacernos es la siguiente: ¿con cuánta certeza es posible reconstruir el texto griego del primer siglo, si los manuscritos disponibles provienen de entre 200 - 250 años después del primer siglo, y en ellos se encuentran unas cuatro mil variantes viables?
La probabilidad de reconstruir el texto griego del primer siglo
Existen varios puntos de vista en cuanto a la posibilidad de conocer el texto griego del Nuevo Testamento del primer siglo. David Trobisch argumenta que el Nuevo Testamento constituye una publicación por parte de la iglesia ortodoxa realizada durante el segundo siglo, y que incluía tanto a la LXX como el mismo Nuevo Testamento. Los manuscritos griegos disponibles son copias de esa publicación, en lugar de ser copias de los originales del primer siglo.12 El problema con esta idea es que los manuscritos griegos disponibles no mantienen el mismo orden tanto de los libros de la LXX como de los libros del Nuevo Testamento. Hay bastantes variaciones en cuanto al orden y número de libros dentro de los manuscritos más completos de los siglos cuarto a sexto.13 En otras palabras, la evidencia muestra tantas variaciones en algunas porciones del Nuevo Testamento (en diferentes secciones de los Evangelios, las cartas de Pablo y el Apocalipsis) que serían prácticamente imposibles si hubieran estado en un libro oficial publicado con un orden fijo en el segundo siglo.
Al otro extremo, el optimismo se expresa por Aland y Aland.14 Ellos observan la tenacidad
de las variantes dentro de los manuscritos. Hay un alto nivel de continuación y estabilidad del texto griego a lo largo de los manuscritos. Todas las variantes son preservadas por un largo tiempo puesto que escribas tomaron cuidado en no perder palabras antiguas, sino que, por el contrario, agregaron explicaciones y luego las combinaron al cotejarlas con lecturas de varios manuscritos más antiguos. Además, se observan estorbos en el proceso regular de transmisión al encontrar muchas más variantes dentro de los manuscritos. Su conclusión es que el texto sin muchas variantes representa el texto original preservado con mucho cuidado por los escribas durante los primeros siglos. En otras palabras, las variantes del Nuevo Testamento no son iguales para todos los versículos. Muchos versículos siguen sin variantes importantes y otros tienen muchas variantes sugeridas por los escribas. La razón de ello es que ciertos versículos llamaron la atención de escribas que estaban conscientes de cambios, correcciones y los problemas relacionados con la transmisión del versículo. Aland y Aland querían argumentar que la gran parte del Nuevo Testamento se copió con muy poca variación con la excepción de algunos versículos que requerían mucha atención.
Por medio de la aplicación del método crítico es posible tener una alta certeza acerca de que conocemos el texto original del primer siglo. La lectura original se preservó dentro de las variantes disponibles de los manuscritos y la ciencia de la crítica textual resulta en la alta probabilidad de descubrirla. Wallace está de acuerdo que el texto original se encuentra dentro de las variantes existentes de los manuscritos griegos disponibles.15
Según Holmes, es necesario admitir que hay algunos problemas textuales que causan dudas entre los eruditos no satisfechos con que la lectura original sí existe dentro de las variantes de los manuscritos vigentes.16 A veces, los eruditos están de acuerdo en que es necesario sugerir una enmienda
(una conjetura) o declaran que las variantes disponibles no solucionan ciertos problemas.17 Evans es de la opinión (compartida con otros eruditos evangélicos), acerca de 1 Corintios 14:33b-36 y Mateo 27:52-53 como interpolaciones de escribas, a pesar de que los versículos están en todos los manuscritos griegos disponibles.18 NA13 (1927) tenía dieciocho conjeturas del editor porque no pudo encontrar una variante perfecta entre los manuscritos, pero la NA28 tiene solo dos (Hechos 16:12 y 2 Pedro 3:10).19 Metzger admite la frustración que a veces siente el comité en cuanto a las variantes disponibles.20 Ejemplos son Hechos 12:25; 16:12, 13; 1 Corintos 6:5; y 8:2-3. Es difícil de argumentar el que siempre se encuentra el texto original al cien por cien dentro de los manuscritos disponibles, porque a lo largo de los siglos ha habido nuevos descubrimientos. Pero, el punto de Aland y Aland sigue siendo válido: tenemos un texto muy estable y hay una alta probabilidad de conocer la gran mayoría del texto original a pesar de algunos problemas difíciles que encontramos.
Erhman argumenta que no conocemos el texto original puesto que la iglesia ortodoxa controló su transmisión. Pero, en general, su tesis no explica por qué si tenemos las variantes que tenemos, algunas variantes preservadas muestran algo distinto más allá de los cambios ortodoxos del texto en contra de las variantes que muestran este control. Por ejemplo, si revisamos Mateo 24:36 en paralelo con Marcos 13:32, observamos que hace la declaración que solo el Padre sabe el día y la hora de la segunda venida de Jesús. El texto original, por cierto, declara que el Hijo no sabe sino solo el Padre. Pero, hay algunos manuscritos tardíos y bizantinos que quitan la frase, ni el Hijo
[οὐδὲ ὁ υἱός] en Mateo 24:36. Para Erhman, es un ejemplo de escribas que estaban incómodos con la idea de un Cristo que no sabía todo como evidencia del control ortodoxo.21 El problema es que el texto sin esa frase mantiene que solo
el Padre sabe y los mismos escribas no tocaron Marcos 13:32.22 Orígenes, en el tercer siglo, estaba bien consciente de la limitación del conocimiento de Cristo en Mateo 24:36 y escribió que era así porque Cristo iba a aprender la hora al mismo tiempo que sus seguidores cuando él venga en el futuro (Comentario sobre Mateo, 55).23 El problema mayor de la tesis de Ehrman es que no explica por qué tenemos las dos variantes disponibles dentro de los manuscritos. Hay muchas variantes que muestran la actividad teológica de los escribas y un tipo de texto más antiguo sin estas variantes. Cuando optamos por el texto más antiguo sin estas variantes teológicas ortodoxas, llegamos a la misma doctrina apostólica del primer siglo. En otras palabras, el texto y la más importante teología apostólica siguieron muy estables durante la transmisión del texto griego.
Dupont-Roc y Mercier explican que las variantes mencionadas por Ehrman muestran una pluralidad de documentos en el primer siglo. En lugar de buscar un solo texto original, el objetivo del textualista va a ser poner en evidencia un cierto pluralismo textual: la existencia de varios precursores desde el origen, cuyos descendientes conservan y transmiten hasta nosotros una gran riqueza de tradiciones históricas y teológicas,
24 Pero, ellos muestran varios ejemplos de la distinción entre el texto alejandrino y occidental (Juan 1:13; 11:33; Lucas 24:50-53; Hechos 8:37; 19:9). Lucas 24:53 es un buen ejemplo de conflación, puesto que el texto alejandrino tiene εὐλογοῦντες [bendiciendo
; un término más usado por los Padres de la iglesia] y el texto occidental tiene una palabra sinónima, αἰνοῦντες [adorando
, un término más usado por Lucas]. Aquí, hay un ejemplo cuando la evidencia externa de los manuscritos favorece el texto alejandrino mientras que la evidencia interna favorece el texto occidental. Pero, el texto bizantino combina los dos términos con αἰνοῦντες καὶ εὐλογοῦντες ("alabando y
