Loca
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En esta novela, la protagonista también sueña con un cuento de hadas, pero su camino tiene otras direcciones muy diferente, aquellas que están más en armonía con su forma de ser, aquellas que de verdad le harán feliz en su intimidad y no solo delante de la gente.
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Loca - Marta González Corcho
© Derechos de edición reservados.
Letrame Editorial.
www.Letrame.com
info@Letrame.com
© Marta González Corcho
Diseño de edición: Letrame Editorial.
Maquetación: Juan Muñoz
Diseño de cubierta: Rubén García
Supervisión de corrección: Celia Jiménez
ISBN: 978-84-1068-744-8
Ninguna parte de esta publicación, incluido el diseño de cubierta, puede ser reproducida, almacenada o transmitida de manera alguna ni por ningún medio, ya sea electrónico, químico, mecánico, óptico, de grabación, en Internet o de fotocopia, sin permiso previo del editor o del autor.
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CAPÍTULO 1
Fiel creyente de que todo pasa por algo, ¿no creéis?
Hace unos años se me hubiera caído el cielo tan solo de creer en algo semejante, tan solo de pensar que se iría de mi vida, y ahora no sé ni por qué he estado con él tanto tiempo.
Comencé mi relación con tan solo dieciocho años, edad en la cual crees saber mucho y no sabes nada, esa edad en la que ya eres mayor legalmente pero aún no comprendes la vida.
Éramos una pareja muy bonita, siempre estábamos juntos, íbamos a bailar los sábados a una discoteca y nos moríamos de ganas de abrazarnos y pasar las noches disfrutándonos. Una pareja pasional y muy unida, pero nada en esta vida es eterno, aunque yo ahí no lo sabía aún.
Sergio era un chico de mi edad, coincidimos en el último año de instituto y nos enamoramos locamente, os contaré cómo ocurrió:
Comencé el último año de instituto con ilusión y miedo por el final que se aproximaba y los comienzos que llegarían, nunca me han gustado los cambios, cuando me acostumbraba a algo no podía pensar en perderlo o cambiarlo, me aterraba la idea de terminar la secundaria porque no sabía cómo sería la universidad, y luego me aterraba la idea de acabar la universidad porque no sabía cómo sería buscar un trabajo, todo lo que no conocía o debía cambiar me atemorizaba.
Ese último año de instituto iba a ser muy diferente, nos preparaban constantemente para unos exámenes que serían los más duros de nuestra corta existencia, los primeros exámenes en los que realmente nos jugábamos la vida, la laboral digo, pues entrar en la universidad que te gustaba dependía de la nota que sacásemos en dichos exámenes, y un suspenso era una gran decepción para todo el mundo.
Pero, además de pensar en los exámenes, comencé a pensar en el chico que tenía delante, en ese moreno de ojos azules con la cara más bonita que había visto jamás. Nunca me había importado ese tema, de hecho, nunca había tenido pareja, era algo que no me interesaba en absoluto, pero ese chico tenía algo que despertaba en mí un interés que nunca otro había des pertado antes.
Sergio era tímido pero gracioso, siempre estaba en su pequeño mundo de ordenadores, le encantaba la informática y siempre tenía en su cabeza inventos con los que quería impresionar a todo el mundo, en cierta medida era su forma de llamar la atención de los demás, aunque no creo que necesitase hacer nada para llamar la atención, ya era demasiado atractivo como para pasar desapercibido.
El hecho de que él fuera tan guapo y atractivo me provocaba más fuerzas para seducirlo, pues yo sabía que también era guapa, muchos chicos se habían interesado por mí a lo largo de mi adolescencia, pero nunca ninguno me importó, hasta que llegó él.
Siempre he pensado que eso se nota, el indicado siempre será el indicado, no hay duda, eso no quiere decir que vaya a ser el amor de tu vida, si es que eso existe claro… yo creo más bien en el amor del momento, aquel que te interesa en una etapa de tu vida, la cual puede durar años, meses o solo días.
Comencé coqueteando con él, bastante inútilmente porque nunca antes lo había hecho. Lo saludaba al entrar, le pedía deberes que ya tenía… me hacía la interesante hablando en clase para que viera lo lista que era, en fin, absurdeces que hacemos todos cuando somos adolescentes sin una pizca de sentido común.
Él enseguida comenzó a seguir mi juego, les decía a mis amigas que yo era muy guapa, sabiendo que ellas me lo iban a contar, lógicamente. Me comenzó a rozar cuando pasaba por mi mesa, por la cual realmente nunca debía pasar porque él se sentaba delante de mí, pero comenzó a llevar chaqueta todos los días, aún con calor, para colocarla en la percha que yo tenía detrás…
En las clases se giraba y ponía su codo en mi mesa, pero sin mirarme a mí, permitiendo así tener contacto conmigo sin ser el primero en hablar, su orgullo siempre por delante, pero el mío no era menos, así que jugué con aquello a mi favor, reventé el bolígrafo adrede haciendo que la tinta cayera en su brazo, aquello hizo que él tuviera que hablarme primero y así yo lo tuve que acompañar al baño a limpiarse, había sido mi culpa…
Esa fue la primera vez que hablamos directamente, a él le pilló de sorpresa, pero yo lo tenía todo muy bien atado, nunca dejo nada al azar.
Lo acompañé al baño y le dije que había sido un accidente, sabía que yo le gustaba así que no se iba a enfadar conmigo, enseguida conectamos y comenzamos siendo muy amigos, bueno «amigos» ambos sabíamos que el camino que queríamos juntos no era precisamente la amistad.
CAPÍTULO 2
Esa primera vez hablando fue muy rara, pues realmente Sergio despertaba en mí un interés muy genuino.
Lo esperé en la puerta del cuarto de baño porque las chicas no podían entrar en los baños de los chicos, ni a la inversa, y mientras lo esperaba él comenzó a hablarme desde dentro, me iba diciendo lo que hacía;
—Estoy limpiando la camisa, cuando se haya quitado la mancha salgo, no te preocupes.
—Vale, yo me espero aquí.
—No tardo eh, no te preocupes.
—No me iba a preocupar por eso, ya ves tú, ni que quisiera verte a ti.
—Sé que sí, no seas mentirosa, seguro que me lo has tirado encima queriendo para verme sin camisa.
—Estás fatal, no me interesa nada verte sin camisa no seas creído, niñato.
Recuerdo esa conversación claramente, éramos unos niños tonteando y bromeando, aún siento mariposas cuando pienso en esos momentos, las primeras veces son muy especiales, da igual quién sea la otra persona, siempre recordarás lo que sentías tú, pues al final la persona con la que ocurre suele estar tan idealizada en nuestra imaginación que cuando abrimos los ojos y vemos cómo es realmente parece que eso que ocurrió fue una película, y se queda en tu retina y en tu memoria con un tono ficticio digno de no ser borrado.
Cuando Sergio salió del baño con la camisa medio mojada y prácticamente del mismo tono azul que antes, pues era evidente que no se iba a quitar la mancha por mojarla… me reí con fuerza, lo cual le hizo gracia a él y comenzó a reírse también con las mejillas coloradas al darse cuenta de su inutilidad al limpiar la mancha.
Qué bonito es reír con la persona que te gusta, y qué sensación tan bonita se siente cuando ves que esa persona te corresponde.
Fuimos dirección a la clase, y durante ese trayecto nuestras manos se chocaron en varias ocasiones, era muy incómodo no saber qué decir cuando los dos sabíamos lo que pasaba y ninguno quería dar el paso, era como una película, sentía una emoción que nunca antes había sentido, un calor que subía por mis mejillas con solo mirarlo y verlo a solas conmigo, ¿qué tenía él que nadie antes había tenido?
Llegamos a clase y nos sentamos en nuestras sillas sin decir nada más, pero esa conversación en el baño, esas risas y ese primer contacto fue muy especial, demasiado especial para los dos.
Poco a poco nos fuimos acercando más, comenzó a hablarme todo el tiempo en clase, se giraba y me preguntaba cómo estaba, qué había hecho, incluso comenzó a correr el rumor en clase de que estábamos juntos, era evidente que nos gustábamos, todos lo habían notado, pero la inmadurez nos impedía dar el paso, el orgullo de no ser yo el que lo dijera, hasta que un día, en un recreo, me vino a buscar para darme un bolígrafo que se había quedado «sin querer», ya ves si no podía habérmelo dado en la clase siguiente, y al venir a darme el bolígrafo me dijo que si lo acompañaba a comprar un chicle… sí, un chicle, ya podía haber sido más original, pero bueno, ya que dio el paso él no lo voy a juzgar. Yo que deseaba estar con él a solas no lo dudé y acepté ir juntos.
En mitad del camino, en un pequeño pasillo que había en la entrada de las clases de segundo de la ESO, me agarró la mano y me besó, fue increíble, mi primer beso, nuestro primer beso, desde ese momento nunca más ocultamos nuestros sentimientos y comenzamos una historia de amor que duraría diez años, sí, diez, desde los dieciocho hasta los veintiocho, mi primer amor.
CAPÍTULO 3
Él vivía a media hora de mi casa en una calle de las afueras de la ciudad y yo vivía en el centro. Su familia era bastante adinerada mientras que la mía no tenía mucho dinero, no nos faltaba de nada, pero no éramos ricos, eso nunca le gustó a su madre, la cual siempre estuvo en contra de que dos niños inmaduros tuvieran una relación en el último y más importante año de instituto porque ambos nos jugábamos mucho, y más él que debía sacar muy buenas notas para entrar en medicina como ella, la cual tenía diseñada la vida de su hijo desde que nació.
Nunca me importó que su madre no me quisiera, me dolía, sí, pero no me importaba, al final era su hijo el que debía quererme, no ella, es más, me atrevería a decir que nunca le gustará ninguna, pues siempre pensará que su hijo es demasiado para cualquier chica.
Nos veíamos con frecuencia y estudiábamos juntos, es cu rioso cómo viviendo tan cerca y yendo al mismo instituto nunca nos habíamos conocido, sí lo recordaba de estar por allí en algunos juegos o días festivos pero no habíamos coincidido realmente, por lo cual nunca me había fijado en él.
Ese año de instituto estuve muy enfocada en sacar buenas notas y prepararme para los exámenes, pero también estaba muy enamorada de Sergio y eso hacía que quisiera verlo continuamente, aunque a él no lo dejaban salir mucho, pero como se estaba sacando el carné de conducir aprovechábamos y nos veíamos antes de las clases. Yo aún no había empezado a sacármelo porque mi familia estaba ahorrando para mi universidad.
Sergio también estaba enamorado de mí, nos queríamos mucho, de hecho creo que una parte de nosotros siempre se querrá, pues cuando conectas con una persona de una manera tan intensa nunca dejas de sentir esa conexión, lo cual no significa que vayas a querer estar siempre con esa persona, o que vayas a sentir ese amor o esa pasión por ella, es simplemente el cariño por lo vivido y sentido antes.
Los exámenes llegaron y todos estábamos muy nerviosos, esos últimos días nos quedábamos horas encerrados estudiando sin vernos, sin hablarnos, solo pensando en sacar aquellas notas que necesitábamos para poder entrar en la carrera que deseábamos.
Por suerte todo salió bien y sacamos muy buenas notas to dos, mis amigas, Sergio, yo, todos pudimos estudiar lo que queríamos, ir a las universidades con las que soñábamos, pero todo aquello supondría un gran cambio, ya no nos veríamos diariamente y además estaríamos lejos de nuestras familias, pero era parte del proceso, debíamos hacerlo.
Sergio entró en una universidad a dos horas de distancia de Aroma, nuestra ciudad, y yo entré en una universidad a tres horas de distancia de Aroma y a una hora de Vela, la ciudad donde estudiaría Sergio, por lo que podríamos vernos casi todos los fines de semana y estar juntos.
En Corel, la ciudad donde yo estaría los próximos años, había una línea de autobuses directos a Vela, donde estudiaría medicina Sergio, aunque yo sabía que no era lo que realmente quería estudiar, a él le gustaba la informática. Él siempre me decía que tenía mucha suerte de haber podido elegir mi futuro, pues yo quería ser maestra desde niña y poder cumplir ese sueño era maravilloso, él no podría trabajar de lo que le gustaba, se vería sometido eternamente a aquello que no amaba, yo sé que eso fue su perdición.
El verano después de aquel año tan estresante fue uno de los mejores de mi vida, todo el día salíamos juntos, los fines de semana íbamos de fiesta con nuestros amigos. Vivimos nuevas experiencias que nunca jamás se repetirían.
Disfruté al máximo de esas vacaciones.
CAPÍTULO 4
El primer mes en Corel fue bastante agridulce, amaba mis estudios y estaba conociendo a mucha gente, pero por otro lado echaba mucho de menos a Sergio y a mi familia, cuando pensaba en ellos mi pecho se hundía de angustia por no poder abrazarlos o hablar con ellos tanto como me gustaría, pues soy una persona muy cariñosa y amo el contacto físico con las personas a las que quiero.
Sergio y yo nos veíamos casi todos los fines de semana y cada vez me enamoraba más de él, de su forma de ser, de lo trabajador y constante que era con sus estudios a pesar de odiarlos. Debe de ser complicado estar estudiando y haciendo continuamente prácticas de algo que no te gusta con la convicción de que tendrás que dedicarte a ello toda tu vida sin disfrutarlo, sin sentirlo, solo por el hecho de que es lo que tu madre desea. Siempre consideré que debería haberle dicho las cosas claras a su madre, explicarle lo que sentía, pero él la amaba demasiado y su madre hacía muy bien el papel de víctima, así que él cedía en todo.
No me gustaba esa relación que tenían, ella lo manipulaba mucho, le hacía creer lo que quería, además se metía constantemente en nuestra relación, siempre le decía que podía buscar a una chica de su vecindario, con un estatus mejor. Se creía que estábamos en el siglo XVIII aún.
Me abochornaba constantemente cuando salíamos juntos diciéndome cosas de mi familia y de mi casa, preguntándome si podía permitirme estudiar y demás comentarios que me sacaban de mis casillas, pero por respeto a
