Esta sí tenemos que bailarla
Por Nando López
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Sin rumbo ni intenciones fijas, acaban deambulando en busca de algún deus ex machina que les permita creer que el presente no está tan lejos del futuro idílico que les prometieron y que, a sus cuarenta y algo, se les sigue escapando.
Escrita a pie de escena a partir de un taller con sus intérpretes, Esta sí tenemos que bailarla de Nando López es una obra de teatro tragicómica y canalla en la que dos mujeres intentan huir de sí mismas durante las horas que contiene una noche. Una comedia ácida llena de ritmo —de fondo resuena el eco de las canciones de Raffaella Carrà—, diálogos punzantes y momentos que van de lo íntimo a lo explosivo. Un viaje a través de bares y carreteras cinéfilas en el que sus dos protagonistas comparten madrugada a vueltas con sus dudas y sus ganas de vivirlo —y bebérselo— todo.
Nando López
Nando López (Barcelona, 1977) es doctor cum laude en Filología Hispánica, novelista y dramaturgo y ha sido durante años profesor de Lengua y Literatura de Secundaria y Bachillerato. Desde joven se sintió atraído por el teatro, y en sus años universitarios participó en montajes como autor y como director, llegando a crear su propia compañía teatral con la que estrenó sus primeros textos. Con el tiempo, ha sabido conjugar su pasión por la literatura, el teatro y la enseñanza. Autor de relatos y de varias novelas, le llegó el éxito con La edad de la ira , finalista del Premio Nadal 2010, texto que adaptó más tarde a lenguaje teatral y que recorrió los escenarios españoles. Como autor de literatura infantil, ha sabido acercar el teatro a los más pequeños con títulos como La foto de los 10000 me gusta en la colección El Barco de Vapor. En los textos de sus novelas juveniles le gusta tratar temas como la inclusión, la homosexualidad, el acoso escolar y el impacto de las nuevas tecnologías, como muestra En las redes del miedo . Como autor para adultos ha publicado, entre otros títulos, Hasta nunca, Peter Pan o El sonido de los cuerpos . Una faceta que combina con el teatro y la no ficción con libros humorísticos sobre la realidad educativa muy populares entre la comunidad docente, como En casa me lo sabía o Dilo en voz alta y nos reímos todos . En la actualidad, combina la creación literaria con numerosos encuentros con lectores en colegios e institutos de toda España.
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Esta sí tenemos que bailarla - Nando López
Personajes
Diana
Leyre
1
Diana y Leyre, dos mujeres en sus cuarenta y pocos, salen apresuradamente —riendo y algo bebidas— de un local. En la fachada cuelga un cartel en el que se puede leer el texto «Promoción 92-96».
Diana.— Gracias, tía. Un segundo más con ese gilipollas y le tiro la copa encima.
Leyre.— ¿Pero qué le ibas a tirar? Si nos lo hemos bebido todo…
Diana.— No, si no quería derramarle la copa, sino darle con ella en la cabeza, a ver si se quedaba inconsciente y dejaba de dar la brasa de una vez.
Leyre.— Si lo llego a saber no intervengo y me quedo a ver el espectáculo. Habría sido lo mejor de la noche.
Diana.— ¿Más que el photocall de Los Goonies?
Leyre.— Más.
Diana.— ¿Y que la gymkana de rebobinar casetes con bolis bic?
Leyre.— Mucho más.
Diana.— ¿Incluso que el momento de la coreo del Saturday Night?
Leyre.— Todavía más.
Las dos, burlándose de lo que acaban de vivir, hacen el inicio de la coreo. Paran y se ríen juntas.
Leyre.— Me vas a matar, pero no me he quedado con tu nombre…
Diana.— Diana. (Leyre está a punto de decir el suyo, pero Diana se adelanta.) Leyre. (Leyre asiente.) Soy buena con los nombres de la gente que me cae bien.
Se sonríen. Las dos miran a la espera de un taxi.
Diana.— Sabía que venir hoy era un error…
Leyre.— Las fiestas nostálgicas siempre son un error…
Diana.— Lo que no me imaginaba es que también me iba a encontrar a uno de mis errores ahí dentro.
Leyre.— El síndrome de la ciudad pequeña.
Diana.— ¿En qué consiste?
Leyre.— Ni idea, me lo acabo de inventar.
Diana.— (Riéndose.) ¿Pues en qué consistiría?
Leyre.— En que da igual lo grande que te creas que es el mundo que habitas, porque al final acabamos siempre en los mismos círculos. Encontrándonos con la misma gente. Como en esas películas donde los personajes coinciden siempre en los mismos lugares.
Diana.— Como en Notting Hill.
Leyre.— No, no, no, en Notting Hill no es esperable que ella termine en esa librería. Es justo lo contrario.
Diana.— (Intentando recordar.) ¿De esa había también photocall?
Leyre.— (Niega con la cabeza.) De Pretty Woman.
Diana.— Para el caso es lo mismo. En las dos sale Julia Roberts, ¿no?
Leyre.— (Asintiendo.) Solo que en una se enamora de un librero y en la otra, de un putero capitalista. No sé, tanto como lo mismo…
Diana.— Ella se enamora de él y él la acaba salvando. Ya me dirás si no es lo mismo. Terrorismo emocional las dos.
Leyre.— Yo juraría que hay más matices.
Diana.— Con matices o sin ellos, sigue siendo una educación emocional de mierda.
Leyre.— ¿Y el error ese y tú cuánto estuvisteis? Porque parecía conocerte de toda la vida.
Ante la ausencia de taxis, Leyre saca su móvil y trata de pedir uno vía app.
Diana.— ¿El casi lesionado y yo?
Leyre.— ¿No sabes cómo se llama?
Diana.— Ha pasado un siglo desde que acabamos COU.
Leyre.— Tenía pinta de José María.
Diana.— Buf, qué pereza me dan los José María.
Leyre.— Igual que los Juan Carlos.
Diana.— Si me apuras, incluso más.
Leyre.— ¿Y cuánto tiempo estuvisteis José María y tú?
Diana.— Dos años, creo. Cuando empezamos estábamos en 2.º de BUP y entonces iba todo muy despacio. Nos enrollábamos los viernes. Poco más. Y del primer polvo prefiero no acordarme.
Leyre.— ¿Y quién sí?
Diana.— Fueron dos años que así, a ojo, en tiempo de la generación Z, yo creo que habrían sido dos semanas.
Leyre.— ¿Ves? Esa es la parte buena de que esos años, en mi caso, fueran una mierda en lo emocional.
Diana.— ¿Por?
Leyre.— Como me los pasé en el armario, era imposible que hubiera un error mío ahí dentro.
Diana.— ¿No te enrollaste con ninguna tía en todo el BUP?
Leyre.— Con una, en el viaje de 3.º. Pero no pasó mucho más. La primera con la que tuve algo medio en serio fue ya en el verano después de Selectividad. Y ni siquiera era del instituto.
Diana.— Pues mira qué suerte que has tenido. Gracias a eso te has librado de encontrarte en esa fiesta con alguien que te quiere comer la boca porque te la comía, poco y mal, veinte años antes.
Leyre.— Pero tú y yo no habíamos hablado nunca en clase, ¿verdad?
Diana.— Yo era del D.
Leyre.— Ah, es que yo estaba en el A o en el B… Creo.
