No hay cosa como callar
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Pedro Calderón de la Barca
Pedro Calderón de la Barca (Madrid, 1600-1681) estudió con los jesuitas y completó su formación en las universidades de Alcalá de Henares y Salamanca. En su juventud participó en varias campañas militares, mientras daba inicio a su exitosa carrera como dramaturgo, llegando a ocupar el lugar hegemónico que había distinguido a Lope y a ser uno de los autores favoritos de la corte y la monarquía españolas. Vivió entre Toledo y Madrid. Se ordenó sacerdote en 1651 y fue nombrado capellán de honor del rey en 1663. Su obra dramática sobresale en multitud de subgéneros, desde las comedias más ligeras hasta los autos sacramentales, pasando por los dramas mitológicos o las tragedias de la honra, siempre con un lenguaje de alto vuelo poético y conceptual.
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No hay cosa como callar - Pedro Calderón de la Barca
JORNADA PRIMERA.
Salen Don Juan con Abito de Santiago en la capa, y con venera, vestido de negro, y Barzoque de color.
Barz. SEñor, qué melancolía,
ó qué suspension es esta
con que te hallo? tù tienes
sentimientos, ni tristezas?
tù suspiras? Aora digo,
que hace bien el que le ausenta,
que halla muchas novedades
en pocos dias de ausencia;
què es esto, señor?
d.Juan. No sè,
y la causa de mi pena
es no saber quien la causa,
Barz. Pues còmo?
d. Juan. Desta manera:
Deípues que suiste, Barzoque,
à hacer unas diligencias,
à que te embiò mi padre,
de cobranzas de su hacienda:
tan trocado me hallaràs,
que de toda la sobervia
con que de Venus, y Amor
traté los rayos, y flechas,
aun las ruìnas no han quedado,
porque postrada, y deshecha,
de una, y otra tyranìa
solo en mì quedò por seña
el padron que dice, assi
Amor, y Venus se vengan.
Oyendo en San Jorge Missa
el passado dia de fiesta,
vì una muger; dixe mal,
vì una Deidad lifongera,
tan hermosa, que no hizo
cosa la naturaleza
en tantos eftudios docta,
sabia en tantas experiencias,
con mas perfeccion: parece
que quiso esmerarse en ella
su inmenso poder, sacando
del exemplar de su idéa
logrado todo el concepto,
como en desengaño, ò muestra
de que ella mesma tal vez
sabe excederse á sí mesma.
Todas quantas hermosuras,
ò nuestra vista celebra,
ò nuestro gusto apetece,
fueron borradores desta;
porque assi como un ingenio
cuidadoso se desvela,
cuando a pùblicas censuras
dar algun estudio piensa,
que hecho Fiscal de sì mismo,
un pliego rasga, otro quema;
y mal contento de todo,
esto borra, aquello enmienda,
hasta que yà satisfecho
del cuidado que le cuesta,
dà el borrador al traslado,
y dà el traslado à la Imprenta:
la naturaleza assi,
viendo las varias bellezas
que hasta entonces hizo, todas
las enmendò sabia, y diestra,
borrando desta el defecto,
y la imperfeccion de aquella,
hasta que en limpio sacò
una hermosura tan bella,
que mas que todas, divina,
y mas que todas, perfecta,
fue una impression sin errata,
y un traslado sin enmienda.
Barz. Bastante hyperbole ha sido;
pero aunque mas la encarezcas,
hasta aora no me has dado
ninguna gana de verla.
d. Juan.Por què?
Barz. Porque tù conmigo
tienes en esta materia
perdido el credito. d.Juan.Còmo?
Barz. Como en siendo cara nueva,
siempre es superior, que en tì
la mejor es la postrera.
d. Juan. Yo te confiesso, que he sido
tan señor de mis potencias,
de mi alvedrio tan dueño,
que no ay muger, que me deb
cuidado de quatro dias,
porque burlandome dellas,
la que à mi me dura mas,
es la que menos me cuesta:
pero no ay regla, Barzoque,
tan general, que no tenga
excepcion; y esta muger
que digo, temo que sea
desta regla la excepcion.
Barz. Dime yà quien es.
d. Juan. Aquessa
es mi pena, que no pude
saberlo. Barz. No la figuieras:
no estaba yo aqui, que à sé,
que al instante te traxera
sabido, no solo el nombre,
la calidad, y la hacienda,
pero la Fè del Bautismo.
d. Juan. No quedó por diligencia.
Barz. Pues por què?
d.Juan. Por un acaso.
Barz. Y què fue?
d. Juan.Yendo tras ella
con deseo de saber
su casa, al tomar la vuelta
que hace la calle del Prado,
vì travada una pendencia.
Eran tres hombres à uno,
que con brio, y con destreza,
de los tres se defendia;
(si para tres ay defensa)
no dudo que le mataran,
aunque tan valiente era,
si yo cumpliendo animoso
de mi obligacion la deuda,
no me pusiera à su lado:
viòse socorrido apenas,
quando con mayor esfuerzo
los embistiò de manera,
que diò con uno en el suelo:
llegò gente, fuele fuerza
retirarte, y yo con èl,
hasta dexarle en la Iglesia;
de suerte, que por dàr vida
à otro , quede yo sin ella,
pues no seguì à la muger.
Banz.Y el Cavallero, quièn era?
d. Juan. Tampoco le conocì,
que aunque dello me diò muestras
de agradecido, al instante
hice de la calle ausencia,
por no hacerme yo en la herida
complice.
Barz. Prevencion cuerda;
y bolviendo à la muger,
me he holgado saber que sea
principio de amor tan tibio
la causa de tu tristeza.
d. Juan. Por què?
Barz. Porque tù sabràs
divertirla; pues apenas
avràs visto otra, mañana,
quando no te acuerdes de essa.
d. Juan. Podrà ser; pero yo dudo
que aya cosa que divierta
afecto tan poderoso,
tan rigurosa violencia,
como aora siento en el alma.
Barz. Sola una vez que se dexa
vèr una hermosura, puede
enamorar con tal fuerza?
d.Juan. La muerte dà un basilisco
de sola una vez que vea;
la vivora dà la muerte
de sola una vez que muerda;
la espada quira la vida
de sola una vez que hiera,
y de una vez sola, el rayo
mata, aun antes que se sienta.
Luego siendo basilisco
Amor, vivora sangrienta,
blanca espada, y vivo rayo,
bien puede dar muerte fiera
de sola una vez que mire,
de una vez que haga la presa,
de una vez que se desnude,
y de una vez que se encienda.
Barz. Y Marcela, á todo esto
què dice, señor? d.Juan.Marcela
es Dama de cada dia,
ni entra, ni sale en la cuenta.
Todo ocioso Cortesano,
dice un adagio, que tenga
una Dama de respeto,
que sin estorvar, diviertas,
y esta se llame la fixa,
porque à todas horas sea
quien de las otras errantes
pague las impertinencias.
Barz. Bueno es esso, para estár
ella tan vana, que piensa
que no ay hombre oy
