La Argentina transgénica: De la resistencia a la adaptación, una etnografía de las poblaciones campesinas
Por Pablo Lapegna
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Pablo Lapegna se apoya en un riquísimo trabajo etnográfico con poblaciones rurales del norte argentino para iluminar las zonas grises del modelo socioeconómico que se instaló en los noventa. Poniendo el foco en las comunidades expuestas a los efectos de las fumigaciones y en las organizaciones que las representan, se pregunta por qué pasan de períodos de confrontación abierta y protesta encarnizada, como en 2003, a la aparente resignación de 2009 en adelante. Así, atento a los vínculos entre movimientos sociales y autoridades locales, provinciales y nacionales, revela que la desmovilización no debería entenderse como pura pasividad frente a los poderosos, ya que involucra complejos procesos de negociación política en los que se juegan el reconocimiento y los recursos. Lapegna logra mirar desde un ángulo novedoso los mecanismos clientelares, las contradicciones que atraviesan a los movimientos sociales y los resortes que explican cuándo y cómo las comunidades rurales deciden abandonar la acción directa para buscar formas de adaptación en un contexto desfavorable.
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La Argentina transgénica - Pablo Lapegna
Índice
Cubierta
Índice
Portada
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Presentación
Presentación. ¿Dónde queda lo global? (por Claudio E. Benzecry)
Prefacio
Agradecimientos
Listado de abreviaturas
Introducción. Cultivos transgénicos, etnografía global y procesos de desmovilización
Los cultivos transgénicos como un proyecto global
Cultivos transgénicos, espacio y escalas
Movimientos sociales y desmovilización
Cultivos transgénicos, acción colectiva y etnografía global
Hoja de ruta
1. El lado oscuro del boom. Neoliberalismo, soja transgénica y cambio agroambiental en la Argentina
Neoliberalización y la fiebre de la soja
en la Argentina
Más allá de las corporaciones multinacionales: el rol de los empresarios agrarios argentinos
De las pampas hasta el norte: la geografía desigual de la soja transgénica
El lado oscuro del boom
La violencia del agronegocio: conflictos por la tierra y asesinatos de militantes campesinos e indígenas
Efectos ecológicos: deforestación, malezas resistentes y suelos degradados
Exposición agroquímica y sufrimiento ambiental
¿Posneoliberalismo? Cambios y continuidades en la Argentina kirchnerista
El gobierno contra el campo
: el núcleo duro del neoliberalismo y la movilización del agronegocio
2. Surgimiento. Campesinado, territorio, política: movimientos sociales rurales en Formosa (1970-2000)
Algodón, migración e intervención estatal (1930- 1960)
Las ligas campesinas y los gobiernos militares: movilización extrema y represión (la década de 1970)
El movimiento agrario de Formosa: la democratización y el aparato político peronista (1980-1990)
Política sucia, políticos útiles
El Mocafor: un movimiento campesino entre el neoliberalismo y el clientelismo (1990-2000)
Soja transgénica y deriva agroquímica en Monte Azul y Moreno
Conclusión
3. Conflicto. Los campesinos se enfrentan a la soja transgénica y a la exposición agroquímica (2003)
Campesinos contra el veneno
Rage Against the Machine: las mujeres campesinas se enfrentan a los productores de soja
Nos dijeron sucios
: problemas de salud y falta de respeto
Cortes de ruta y falta de reconocimiento
Construyendo la furia: conflicto en moreno
La reacción de las autoridades: negación y falta de respeto
Lenguaje contencioso: madres y piqueteros
Conclusión
4. Desmovilización. Líderes campesinos, bases y gobiernos en diferentes escalas políticas (2004-2013)
Movimientos sociales campesinos y presión dual
Presión desde abajo
Presión desde arriba
Movimientos sociales y reconocimiento institucional
Conclusión
5. Adaptación. Campesinos negociando: cultivos transgénicos y exposición agroquímica (2009-2013)
Las autoridades y la gobernanza performativa
La gobernanza performativa como un obstáculo para la protesta
Las restricciones subjetivas y discursivas de la acción colectiva de protesta
Nos están matando con un cuchillo de madera
: adaptándose a los cultivos transgénicos y a la exposición agroquímica
Adopción y adaptación: el algodón transgénico
Conclusión
Conclusión. Cultivos asociados: entrecruzando procesos globales, transgénicos y movimientos sociales
Las promesas incumplidas de los cultivos transgénicos
Poniendo los regímenes alimentarios en su lugar
Agencia, cultura y desmovilización
Movimientos sociales y política en américa latina
Plantando cultivos asociados
Epílogo
Referencias
Pablo Lapegna
LA ARGENTINA TRANSGÉNICA
De la resistencia a la adaptación, una etnografía de las poblaciones campesinas
Traducción de
Juan Décima
Lapegna, Pablo
La Argentina transgénica.- 1ª ed.- Buenos Aires: Siglo Veintiuno Editores, 2019.
Libro digital, EPUB.- (Sociología y Política, serie Nueva sociología argentina // dirigida por Claudio Benzecry)
Archivo Digital: descarga
Traducción de Juan Décima // ISBN 978-987-629-936-7
1. Sociología. 2. Etnografía. 3. Movimiento de Protesta. I. Décima, Juan, trad. II. Título
CDD 301
Una versión previa de este libro se publicó en inglés con el título Soybeans and Power: Genetically Modified Crops, Environmental Politics, and Social Movements in Argentina (Nueva York, Oxford University Press, 2016)
© 2019, Siglo Veintiuno Editores Argentina S.A.
Diseño de portada: Eugenia Lardiés
Digitalización: Departamento de Producción Editorial de Siglo XXI Editores Argentina
Primera edición en formato digital: junio de 2019
Hecho el depósito que marca la ley 11.723
ISBN edición digital (ePub): 978-987-629-936-7
Presentación
¿Dónde queda lo global?
Claudio E. Benzecry[1]
Cuando el pedacito de papel está bien amasado, Garay lo tira en dirección al río, sin cuidarse de mirar dónde cae. Lescano sigue la trayectoria de la bolita gris con la mirada, y dice entonces que no hay regiones, o que es más bien difícil precisar el límite de una región. Y explica: ¿Dónde empieza la costa? En ninguna parte.
Juan José Saer, Discusión sobre el término zona
¿Qué es la globalización? ¿Cómo impacta en la vida cotidiana de aquellos que no son miembros de las élites? En los últimos veinte años, las ciencias sociales y la agenda pública han estado tomadas por estas preguntas. Desde grandes tratados sobre las transformaciones comunicacionales de finales del siglo XX hasta escritos filosóficos que denuncian el fin de la historia, las respuestas han tendido a presentar la globalización menos como un encuentro y más como un monólogo que extiende una lógica única en múltiples contextos. Luego de una celebración temprana de sus potenciales beneficios, los estudios que exploran cómo las élites ven al resto de la población y actúan en consecuencia, las mutaciones ecológicas que supone el cambio de escala, y el achatamiento de las visiones más localizadas –a las que se ve siempre como reacción al cambio– suelen cultivar una visión sombría y un tanto maniquea, en la que hay héroes y villanos. Esta conceptualización se ha visto reflejada en la categoría resistencia
. La globalización aparece ahora como un monstruo creado para el beneficio de unos pocos, y a la cual los excluidos
tienen que resistir. No hay mucha reflexión sobre cómo se construye la escala que llamamos global
y en qué medida participan de esa construcción aquellos a los que se imagina como siempre y únicamente resistiendo los términos del intercambio desigual.
Esto se acentúa aún más en historias acerca de las transformaciones rurales. En un caso, vemos allí el optimismo tecnológico de quienes creen que el cambio de escala y de tecnología supone la capacidad de alimentar al resto del mundo y la posibilidad de crecimiento de economías antes cuasirresiduales. La otra visión lee en lo que sucede en el campo una cifra de la intensificación global del capitalismo, con consecuencias terribles en términos tanto ecológicos como de subsistencia de las poblaciones involucradas. ¿Qué pasaría si pensáramos esta historia no desde un punto de vista moralizante, como el encuentro entre corporaciones y élites perversas, por un lado, y campesinos virtuosos, por el otro, sino como si las dos proposiciones que abren este párrafo tuvieran algo de razón? Este libro intenta salir del paradigma que permea los estudios de la sociología del medioambiente, donde abundan llamados a una justicia ambiental y donde la agencia de los actores subalternos se limita solo a resistir lo que las élites quieren. Para eso, se atreve a plantear una pregunta paradójica: ¿qué sucede cuando aquellos que resistían activamente dejan de hacerlo? ¿Cómo es que los individuos y grupos tienen buenas razones para dejar de protestar, y cómo es que en la desmovilización también hay decisión, actividad, agencia?
Pablo Lapegna responde estos interrogantes combinando un estudio agrario de los cambios socioeconómicos estructurales en el noreste argentino –más precisamente en Formosa–, donde la soja se extendió de manera inusitada, con una etnografía política minuciosa, preocupada por los sentidos que los propios afectados por el boom sojero atribuyen al proceso. Echando mano a las coordenadas teóricas de la economía política agraria, estudia primero las estrategias de las corporaciones biotecnológicas globales, enfocándose en la expansión de la soja genéticamente modificada, y el rol de los empresarios locales en ese proyecto. A eso le agrega un enfoque etnográfico sobre el sufrimiento social de los campesinos y las poblaciones rurales que viven cerca de las zonas cultivadas. Allí nos muestra que los campesinos afectados se movilizaron a comienzos del proceso, pero que dejaron de hacerlo luego, cuando las consecuencias tóxicas se intensificaron. Es precisamente el enfoque cualitativo profundo el que nos permite salir de la separación tajante entre buenos
y malos
y ver –para utilizar una expresión de su mentor Javier Auyero– la zona gris
en la que múltiples actores (las corporaciones transnacionales, por supuesto, pero también los empresarios locales, reguladores federales y locales, las cooperativas campesinas, y las familias rurales) se intersectan.
El trabajo de Lapegna es una sociología de la participación política que no la moraliza. Al hacer eso escapa al dilema de las ciencias sociales basadas en un compromiso normativo a priori, que se pierden de la riqueza del ida y vuelta con los datos (que a menudo contradicen tanto lo que se pensaba antes de comenzar la investigación como la imagen sin discordancias ni heterogeneidad del grupo en cuestión). Buenos somos todos, podríamos decir siguiendo a Nietzsche. El único camino como cientistas sociales es entonces aprender cómo los sujetos se piensan como tales, e intentan encontrarles sentido a sus contradicciones; se trata de atender a la discontinuidad entre lo que dicen y lo que hacen, a las condiciones sociales que explican que en un momento actuemos de una manera, pero en la ocasión subsiguiente nos comportemos del modo opuesto.
Este libro hilvana subdisciplinas que a menudo van separadas: el estudio de los movimientos sociales y la sociología cultural para analizar esos procesos de movilización y desmovilización. En una dirección por demás original, el autor combina lo que hemos aprendido de Erving Goffman sobre la presentación del self y el manejo de nuestras impresiones hacia otros; los debates acerca del reconocimiento como una categoría central de la subjetividad y la protesta; teorías lingüísticas sobre cómo hacer cosas con palabras
, y la literatura sobre el clientelismo que permite identificar en detalle cómo las preocupaciones materiales y los procesos de creación de sentido se entrelazan y crean obstáculos para la protesta, e informan las estrategias de negociación a las que acuden los campesinos cuando se enfrentan a las consecuencias negativas tanto sociales como ecológicas de los cultivos genéticamente modificados.
En esa imaginativa mezcla teórica –que no es una melange, sino que avanza cuidadosamente de un capítulo al siguiente– es donde encontramos no ya la importancia política y social de estas páginas, sino su mayor contribución sociológica. Traer conceptos de áreas ajenas históricamente a la discusión ha sido una de las formas más fructíferas a las que la sociología ha acudido para innovar en la producción de conocimiento. Se toman conceptos de otros áreas para precisar cuestiones que en la propia subárea no se discutieron ni refinaron aún.
Aparte de ayudarnos a ver la desmovilización como decisión y actividad, y no como mera apatía o simple ausencia (de recursos, de oportunidades políticas), el libro también pone en cuestión otra categoría que damos por sentada: la propia idea de la escala global y su impacto en lo local, como si fueran dos dimensiones separadas. Casi como si participara en el diálogo entre Garay y Lescano del cuento de Saer que sirve de epígrafe a este prólogo, Lapegna nos muestra el trabajo local, regional y nacional necesario para que la escala que consideramos global
pueda desplegarse, para que una zona
o región
pueda existir y expandirse. Lejos de pensar en una única lógica unitaria que se extiende, el texto devela todo el trabajo detrás de la escena de producir las múltiples escalas, y los proyectos que compiten con respecto al mundo al que se refieren y construyen, y cómo lo hacen. Así, vemos las negociaciones entre las corporaciones transnacionales, los empresarios locales, los gobiernos nacional, provincial y municipal, y las cooperativas de productores de la zona, con respecto a qué es la soja, dónde se planta, qué dice esto sobre los límites de la región misma, y cómo los actores y sus proyectos para construir las diversas escalas impactan en los otros.
Uno podría traer a colación aquí el trabajo del teólogo y astrónomo Nicolás de Cusa, que nos muestra cuán parecidos y lejanos al mismo tiempo son el círculo y el polígono. Cuanto más se parecen de hecho, menos similares son. Aunque en una primera mirada cuantos más ángulos y lados tiene un polígono más se parece a un círculo, por definición es cada vez menos como este, ya que un círculo solo tiene un lado. La investigación aquí presentada nos hace ver todos los arreglos que producen ese polígono que llamamos globalización.
La intersección entre los estudios críticos agrarios, la etnografía global, la bibliografía sobre movimientos sociales y clientelismo, y el enfoque cultural sobre qué hacen los propios individuos y grupos con la crisis ambiental ha sido muy escasamente transitada. Por el contrario, solemos encontrarnos solo con buenos que resisten como único registro de su agencia. Esperemos que este libro sea el comienzo de un diálogo más fructífero que permita ver el modo en que los sectores vulnerables sufren y resisten, pero además también razonan, se transforman y participan a su manera en la construcción de la globalización.
Chicago y Nueva York,
enero de 2019
[1] Profesor Asociado de Comunicación y Sociología, Universidad Northwestern, Chicago.
Prefacio
¿Qué hacemos? ¿Estacionamos acá?
, preguntó Diego, dubitativo, al volante de su camioneta Ford F-100. Todavía sintiéndonos fuera de lugar, no respondimos nada. En una mañana neblinosa de marzo de 2004, estaba acurrucado entre Diego y Pablo, dos amigos y colegas sociólogos de la Universidad de Buenos Aires (UBA). Avanzábamos sigilosamente a lo largo de una autopista cerca de San Pedro, en la pampa bonaerense. A nuestra derecha se abría una extensa pradera en dirección a Feriagro, una muestra anual organizada y promovida por un conglomerado multimedios. En la entrada se veían los logos de empresas del agronegocio, diversos medios de comunicación, y organismos de gobierno que auspiciaban la feria, la cual contaba con docenas de carpas blancas y coloridas banderas a lo largo y ancho de una superficie de mil hectáreas. Estaba un poco nervioso, como temeroso de un inminente bochorno.
Nos habíamos juntado en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA) unas dos horas antes, con un grupo de cerca de dos docenas de personas que incluía militantes ambientales, sociólogos rurales, miembros de movimientos sociales y periodistas alternativos. Muchos de nosotros participábamos del Foro de la Tierra y la Alimentación, una red informal de académicos, militantes y ONG, preocupada por las consecuencias ambientales y sociales generadas por la vasta expansión de la soja transgénica en la Argentina. Estábamos en San Pedro para participar de una suerte de contra Feriagro
, es decir, una forma de protesta que replicaba, a una escala ínfima, los contraencuentros de los movimientos antiglobalización. Nuestro objetivo era discutir y pensar juntos alternativas, proyectando un futuro que nos devuelva la alegría de un país y una agricultura para todos
, como estaba escrito en los panfletos que distribuimos.
Estacionamos la camioneta de forma tentativa cerca de la entrada principal, donde armamos un puesto e instalamos dos grandes paneles de madera sobre los cuales pintaríamos un mural. A su vez, levantamos dos carteles con las leyendas: "El glifosato y el 2,4D Matan y
Con transgénicos no hay soberanía alimentaria. Pasamos el día repartiendo panfletos y pintando los murales. Al día siguiente, participamos de una presentación pública en la biblioteca local llamada
San Pedro: del monte frutal al desierto verde", en la que un agrónomo habló sobre cómo la zona había pasado de cultivar frutas a plantar soja. A la noche, nos dio gran alegría que muchos habitantes de la zona se sumaran a nosotros para escuchar una banda de rock que habíamos invitado a un recital en el centro de San Pedro a modo de cierre del evento.
A pesar de que la protesta no sirvió de mucho (apenas la levantaron los medios de comunicación, y es probable que no haya cambiado la opinión de los asistentes a Feriagro), la pasamos muy bien. Este episodio, que evoco aquí brevemente, me sirve como excusa para plantear cuatro cuestiones respecto de mi relación personal con los cultivos transgénicos y los movimientos sociales.
En primer lugar, mi participación en la modesta contra Feriagro
da una idea de cómo y por qué surgió mi interés por las consecuencias sociales y ambientales de los cultivos transgénicos. Alrededor de 1998, ya en mis últimos años de la carrera de Sociología en la UBA, me uní a un grupo de la facultad que hacía investigaciones en sociología rural y movimientos sociales. En la Argentina, al igual que en el resto de América Latina, las fronteras entre las investigaciones sociales y la militancia son porosas, y este grupo no era la excepción. Como ocurrió con muchos argentinos, tras la crisis de 2001 algunos empezamos a involucrarnos cada vez más en la militancia (en el contexto nacional de una movilización social intensa, como explico en el capítulo 1). En marzo de 2003, viajamos a Formosa con dos amigos y colegas en un doble rol: como militantes del Foro de la Tierra y la Alimentación y como sociólogos de la UBA. Resultado de esa visita, escribimos un texto que se publicó como capítulo de un libro y creamos un pequeño documental que luego exhibimos en Formosa.
En segundo lugar, sin embargo, La Argentina transgénica no trata de trasladar la militancia a la escritura. Si bien planteo ciertas cuestiones éticas y políticas, estas páginas surgen en realidad por mi insatisfacción con algunas miradas críticas que terminé por considerar visiones maniqueas sobre la globalización de los alimentos y la acción colectiva. A medida que mis viajes para hacer trabajo de campo a Formosa se multiplicaban, me volví particularmente consciente de los peligros de proyectar mis esperanzas sobre las acciones de otros. A paso lento pero seguro, mi trabajo de campo me convenció de que algunos relatos sobre capitalismo agrario global resultaban un tanto reduccionistas y carentes de ambigüedades, no representaban fielmente las posturas de los campesinos, o tendían a darles más peso a ciertas voces en detrimento de otras. En resumidas cuentas, creo que deberíamos tener una perspectiva crítica, no solo respecto de los procesos sociales que analizamos, sino también en relación con las teorías que empleamos para darles sentido.
Tercero, también presento mi participación dentro de las protestas antitransgénicos como una forma sincera de dar a conocer mi posición. La reflexión y los debates sobre la relación entre el investigador y sus antecedentes, el sitio de investigación y el trabajo de campo, son temas complejos que requieren largas y complejas discusiones. Mi intención es simplemente revelar de forma honesta el contexto que me llevó a investigar las cuestiones sociales y ambientales que rodean la expansión de los cultivos transgénicos. Mi presencia en la narrativa de este libro no se debe al egocentrismo, sino a la dificultad de disociar mi participación y los datos que presento. Esto no es un llamado a un constructivismo radical o una hermenéutica posmoderna, sino la expresión de mi alineamiento con un constructivismo realista, en el sentido que fue formulado por Pierre Bourdieu:
Así, contra la ilusión consistente en buscar la neutralidad en la anulación del observador, hay que admitir que, paradójicamente, la única espontaneidad
es la construida, pero mediante una construcción realista (Bourdieu, 1999: 537; destacado en el original).
En cuarto y último lugar, me sumerjo en las actividades cotidianas de los movimientos sociales, una actividad que se acerca peligrosamente a sacar los trapitos al sol
. Por eso son necesarias algunas palabras sobre los objetivos que inspiraron mi investigación, más allá de mis intereses académicos. Idealizar a los movimientos sociales tal vez pueda ayudarnos a generar simpatía por algunas causas, pero al riesgo de no ofrecer suficiente crítica constructiva o señales de advertencia que puedan servir a estas organizaciones. En otras palabras, creo que uno no debería dejar la perspectiva crítica en la puerta de entrada a los movimientos sociales, por decirlo de alguna manera, ni tampoco hacer la vista gorda frente a la desigualdad y la subordinación que existe tanto dentro de los movimientos como entre estos y sus aliados. Por supuesto, esta perspectiva crítica debe seguir la máxima de no hacer daño
. Hice un esfuerzo por ser crítico, pero sin caer en críticas estériles. En última instancia, serán los lectores quienes decidirán cuán bien cumplí con los objetivos que tracé al embarcarme en esta tarea.
Agradecimientos
Este libro no habría sido posible sin toda la gente de Formosa que ofreció con generosidad su poco y valioso tiempo para conversar acerca de experiencias y eventos sobre los que, muchas veces, no les resultaba placentero hablar. Estoy en deuda con los miembros y líderes del Movimiento Campesino de Formosa (Mocafor) por abrir su organización, sus hogares y sus vidas para permitirme completar este proyecto. ¡Muchas gracias, cumpas!
Es difícil encontrar las palabras para agradecer a mi tutor y amigo Javier Auyero. El generoso apoyo de Javier ha sido constante, tanto en lo académico como en la vida en general. En su trabajo siempre va más allá de lo requerido y es, por sobre todas las cosas, un colega excepcional. Únicamente déjenme decirles (para aquellos que no tienen la fortuna de conocerlo) que sus extraordinarias habilidades como académico solo son equiparables a su maravillosa calidez y generosidad como persona. ¡Gracias totales, O’Sheer!
Este libro es una versión extensamente revisada de mi tesis doctoral, y quisiera expresar mi gratitud a los estupendos miembros del comité de disertación: a Michael Schwartz, porque en cada reunión con él podía contar con sus lúcidas ideas y entusiasmo sin igual; a Ian Roxborough, por empujarme constantemente a que argumentara de forma más clara y precisa; y a Marc Edelman, por involucrarse desinteresadamente y por proveerme siempre de una mirada diferente y sofisticada. También quiero agradecer a Eileen Otis, quien me alentó durante los primeros años de mi doctorado.
Estoy asimismo muy agradecido con Kathleen Jensen y Pamela Neumann, por su asistencia editorial y comentarios extremadamente útiles, y en especial a Katherine Sobering, una querida amiga, lúcida colega y extraordinaria editora. Algunos otros amigos y colegas leyeron diversas porciones del manuscrito (en diferentes versiones), y ofrecieron críticas constructivas: Claudio Benzecry, Oscar Chamosa, Andrew Deener, Melissa Forbis, Matthew Mahler, Emily Sahakian y Xiaohong Xu. En la Universidad de Georgia, mis colegas Patricia Richards y David Smilde, y los estudiantes de doctorado Rebecca Hanson y Jeff Gardner, contribuyeron a mejorar partes claves del manuscrito y a crear un estimulante ambiente laboral.
En la Argentina, Norma Giarracca y los miembros del Grupo de Estudios Rurales del Instituto de Investigaciones Gino Germani de la UBA merecen reconocimiento por enriquecer las primeras etapas de mi travesía por convertirme en sociólogo. Me gustaría mencionar en especial a Pablo Barbetta, Diego Domínguez y Pablo Sabatino por las largas horas que pasamos escribiendo, discutiendo, haciendo trabajo de campo, participando en manifestaciones, o simplemente disfrutando el tiempo juntos. En Formosa, estoy en deuda con Cándida y Héctor Fernández y su familia, Jorge y Anny Alcaraz, Luis Castellán, Sergio Sapkus e Isabel Argüello y su familia.
Tuve suerte de encontrar amigos en los Estados Unidos que mejoraron mi vida de inmigrante, y que estuvieron a mi lado en las buenas y en las malas: Bahar Aykan, José Aznarez, Natalia Chanfreau, Consuelo Figueroa, Juan A. Gómez, Angelo Guanazzi, Alberto Harambour, Barbara Orelli, Victoria Prieto, Alexis Stern y Emilio Teubal. Diana Baldermann, Can Ersoy y Lauren Joseph ofrecieron su amistad y apoyo profesional durante el sinuoso camino del doctorado.
Presenté partes de este manuscrito y me beneficié de los comentarios de los participantes del Taller de Investigación Comparativa de la Universidad de Yale (Yale Comparative Research Workshop), del Taller Taula en el Centro de Estudios Latinoamericanos y del Caribe de la Universidad de Connecticut (Center for Latin American and Caribbean Studies of the University of Connecticut), el Coloquio de Geografía en el Departamento de Geografía de la Universidad de Georgia, el Foro de la Asociación Internacional de Sociología en Buenos Aires, la conferencia anual de la Asociación Sociológica Americana (American Sociological Association) en Denver y una miniconferencia en la sección de Política Económica del Sistema-Mundo (World-System) en la Asociación Sociológica Americana en Nueva York.
Vaya mi agradecimiento a varias instituciones que apoyaron este proyecto de diversas formas y a lo largo de diferentes etapas: la Fundación Tinker (Tinker Foundation), el Comité de Investigación en Ciencias Sociales (Social Science Research Council), la Fundación Nacional de las Ciencias (National Science Foundation) y, en la Universidad de Georgia, el Departamento de Sociología, el Instituto de Estudios Latinoamericanos y del Caribe (Latin American and Caribbean Studies Institute), el Centro Willson para las Humanidades y las Artes (Willson Center for Humanities and Arts), el Franklin College y el Centro para el Enseñanza y el Aprendizaje (Center for Teaching and Learning). La beca #P015A140046 del Departamento de Educación de los Estados Unidos apoyó en parte esta publicación, sin embargo, los contenidos de este libro no representan necesariamente los postulados del Departamento de Educación de los Estados Unidos.
En Oxford University Press, tuve la gran fortuna de contar con la diligente labor de James Cook y Amy Klopfenstein, quienes hicieron un magnífico trabajo para que la versión en inglés de este manuscrito llegara a publicarse. En la editorial Siglo XXI, tuve el privilegio de trabajar con Claudio Benzecry, y la enorme suerte de poder contar con la excepcional profesionalidad de Caty Galdeano y Federico Rubi.
Mis padres Víctor Lapegna y Rita Calógero, mi hermana Alejandra Lapegna, mi cuñado Claudio Meschini y mis sobrinas Malena Meschini y Lara Meschini siempre me ofrecieron su amor y apoyo incondicional.
No siempre es fácil expresar las numerosas maneras en que le estoy agradecido a mi cómplice, amiga y amante Roberta Salmi. Tanti grazie, Rob, por las inesperadas experiencias que trajiste a mi vida y por enseñarme a ver las cosas de forma diferente. Como dice todo el mundo, pero como solo Ray LaMontagne lo puede cantar, "you are the best thing that ever happened to me".
Mientras estaba escribiendo este libro, fallecieron dos queridos amigos y colegas: Gastón Joaquín Beltrán y Norma Giarracca. Se los echará mucho de menos, tanto como personas extraordinarias como lúcidos sociólogos. Mi viejo también se nos fue antes de que este libro se publicara en la Argentina. Estas páginas están dedicadas a su memoria.
Listado de abreviaturas
Introducción
Cultivos transgénicos, etnografía global y procesos de desmovilización
En febrero de 2003, Nélida se despertó muy temprano, como siempre, y salió de su casa para darles de comer a sus gallinas.[2] Ella vive en una pequeña chacra en Monte Azul, una comunidad rural de la provincia de Formosa, en el noreste argentino. Aquella mañana Nélida notó algo extraño: su mandioca, su maíz y sus hortalizas estaban totalmente marchitos. El día anterior, los empleados de una empresa de agronegocios habían fumigado con agroquímicos en un campo cercano cultivado con soja transgénica. El viento había esparcido los agroquímicos hasta los terrenos vecinos, y eso había afectado a Nélida y al menos a dos docenas más de familias campesinas.[3] Esta deriva agroquímica destruyó el algodón que estaban por cosechar y marchitó las verduras con las cuales alimentaban a sus familias y comercializaban en la feria franca, un mercado de pequeños productores locales. El daño no se circunscribió solo a los cultivos, también afectó la salud de la comunidad. Muchos pobladores, en especial los niños, sufrieron dolores de cabeza, náuseas, vómitos, dolores musculares, sarpullidos, problemas respiratorios y erupciones poco comunes.
En los meses siguientes, la reacción de los campesinos ante este daño ambiental se manifestó en una serie de protestas que se cuentan entre las más visibles y disruptivas de la historia reciente de la provincia. En Monte Azul, las familias afectadas, muchas de ellas miembros del Movimiento Campesino de Formosa (Mocafor), organizaron numerosos cortes de ruta e iniciaron un juicio contra los empresarios agrarios, en demanda de reparación por los daños a sus campos. Al poco tiempo, las protestas se extendieron a
