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En esta novela se demuestra cómo los verdaderos talentos nunca dejan de buscar nuevos horizontes para sus obsesiones más perdurables. En una prosa de una contundencia sin parangón en el panorama de las letras europeas de hoy («cada frase tiene la fuerza de un aforismo», dijo de este libro un crítico francés), Nothomb muestra su extraordinaria capacidad para poner al descubierto la parte más oscura e inquietante de nuestra cotidianidad, incluso en la zona en la que más a salvo nos sentimos.
El empresario Jérôme Angust es informado de que su vuelo se retrasa. Para matar el tiempo se sumerge en la lectura de un libro, pero un inesperado interlocutor, Textor Texel, le dará conversación a pesar de su manifiesta resistencia.
Como es una novela de Nothomb, no sorprende que el inoportuno Texel tenga algo que contar que es mucho más terrorífico, intrigante y sugestivo que cualquier libro: durante su relato, la violación y el asesinato se perfilarán con nitidez cada vez mayor, y Textor se transformará en una abominable encarnación de todos los fantasmas de Angust, quien verá convertida su anodina espera en una aventura ominosa y alucinante, una pesadilla en la tibia vigilia de una terminal de aeropuerto. Después de Metafísica de los tubos muchos dudaron de que Nothomb, respetando su acostumbrado ritmo de una novela al año, pudiera mantenerse en ese altísimo nivel de calidad y de capacidad para conectar con el público lector. Los números hablaron por sí solos: Cosmética del enemigo se convirtió en el gran acontecimiento del otoño de 2001 en Francia, donde agotó en la primera semana una tirada de 150.000 ejemplares.
Amélie Nothomb
Amélie Nothomb nació en Kobe (Japón) en 1967. Desde su primera novela, Higiene del asesino (premios René-Fallet y Alain-Fournier), se ha convertido en una de las autoras en lengua francesa más populares y con mayor proyección internacional. Anagrama ha publicado El sabotaje amoroso (premios de la Vocation y Chardonne), Estupor y temblores (Gran Premio de la Academia Francesa y Premio Internet, otorgado por los lectores internautas), Metafísica de los tubos (Premio Arcebispo Juan de San Clemente), Cosmética del enemigo, Diccionario de nombres propios, Antichrista, Biografía del hambre, Ácido sulfúrico, Diario de Golondrina, Ni de Eva ni de Adán (Premio de Flore), Ordeno y mando, Viaje de invierno, Una forma de vida, Matar al padre, Barba Azul, La nostalgia feliz, Pétronille, El crimen del conde Neville, Riquete el del Copete, Golpéate el corazón, Los nombres epicenos, Sed, Los aerostatos, Primera sangre (premios Renaudot y Strega Europeo), El libro de las hermanas y su personalísima guía de la cultura nipona Japón eterno, hitos de «una frenética trayectoria prolífera de historias marcadas por la excentricidad, los sagaces y brillantes diálogos de guionista del Hollywood de los cuarenta y cincuenta, y un exquisito combinado de misterio, fantasía y absurdo siempre con una guinda de talento en su interior» (Javier Aparicio Maydeu, El País). En 2006 se le otorgó el Premio Cultural Leteo por el conjunto de su obra, y en 2008 el Gran Premio Jean Giono, asimismo por el conjunto de su obra.
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Comentarios para Cosmética del enemigo
190 clasificaciones6 comentarios
- Calificación: 3 de 5 estrellas3/5
Jul 5, 2024
Ok. Buena lectura para una tarde o esperar un avión. - Calificación: 5 de 5 estrellas5/5
Feb 29, 2024
Conocí este texto gracias a una representación teatral en Guadalajara, espectacular. Ahora que lo leo me parece magnífico, y el siguiente paso es leerlo en su idioma original. El manejo del diálogo es impecable así como el de la tensión dramática. Una pieza imperdible - Calificación: 4 de 5 estrellas4/5
Sep 3, 2022
Curiosa técnica de manifestar que a todos estamos escindidos, moral, intelectual, emocionalmente.
Esa parte de nosotros que se encuentra repromida, suele salir a la luz eventualmente, a veces en flashasos que no van más allá de trastocar ligeramente nuestro régimen vital, pero en ocasiones se adueña de nosotros impulsándonos a actos que consideramos deleznables, repugnantes, inconcebibles por violentar nuestras convicciones.
Jerome, sufre este desdoblamiento varias veces en el curso de su vida, pero en virtud del relato que nos ocupa, en esta ocasión, un retraso de su vuelo en el Aeropuerto lo empuja al límite, con fatales consecuencias, con un triunfo pírrico de su lado “ Hyde”, o una derrota absoluta de su pulsión hacia la pulsión de tener la vida perfecta, anodina pero perfecta. - Calificación: 5 de 5 estrellas5/5
Aug 28, 2022
Muy interesante. El cerebro humano es algo muy complejo y el subconsciente puede ocultar cosas abominables. - Calificación: 2 de 5 estrellas2/5
Feb 12, 2022
Lamentablemente, la autora decide irse por la fácil en el final. Pero desde "El club de la pelea" de Chuck Palahniuk no hay sorpresa. - Calificación: 3 de 5 estrellas3/5
Apr 29, 2011
I think this would have been better as a play. More powerful even. It's 90% dialog as it is [1:]. I hated it, and I loved it. I won't give anything away, but my brain caught hints of what was to come without really processing them (the hints). I think I was too busy hating the Textor character to really analyze what was going on. Not hating the character as a creation, but hating his "personality". Of course, that's the point. I thought of _Lolita_ -- the solipsistic unreliable narrator (the difference is in the final twist).
In the end, it was delightfully disturbing, the way a car crash might be, as long as we're not part of it, rubber-necking past the wreckage. But watch out, the next car crash might involve you...
What was most interesting to me was not so much the doppelganger aspect of the story so much as the what-we-keep-hidden-from-ourselves aspect of the story. We do this every minute of every day in one degree or another. This book shows one of the possible consequences of this hiding-from-ourselves......
[1:] I usually don't like all-dialog novels. I kept thinking, why not just write a play?
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Cosmética del enemigo - Sergi Pàmies
Índice
Portada
Cosmética del enemigo
Créditos
Cosmético, el hombre se alisó el pelo con la palma de la mano. Tenía que estar presentable con el fin de conocer a su víctima según mandan los cánones.
Jérôme Angust ya estaba hecho un amasijo de nervios cuando la voz de la azafata anunció que, debido a problemas técnicos, el vuelo sufriría un retraso sin determinar.
«Lo que faltaba», pensó.
Odiaba los aeropuertos, y la perspectiva de permanecer en aquella sala de espera durante un lapso que ni siquiera podía precisar le sacaba de quicio.
Sacó un libro de la bolsa y, con rabia, se sumergió en su lectura.
–Buenos días –le dijo alguien en tono ceremonioso.
Apenas levantó la nariz y devolvió el saludo con mecánica educación.
–El retraso de los vuelos es una lata, ¿verdad?
–Sí –masculló.
–Si por lo menos uno supiera cuántas horas tendrá que esperar, podría organizarse.
Jérôme Angust asintió con la cabeza.
–¿Qué tal su libro? –preguntó el desconocido.
«Pero bueno –pensó Jérôme–, sólo me faltaba que un pelmazo viniera a darme la tabarra.»
–Hm hm –respondió en un tono que parecía querer decir: «Déjeme en paz.»
–Tiene suerte. Yo soy incapaz de leer en un sitio público.
«Quizás por eso se dedica a molestar a los que sí pueden hacerlo», suspiró Angust para sí mismo.
–Odio los aeropuertos –insistió el hombre. («Yo también, cada vez más», pensó Jérôme)–. Los ingenuos creen que aquí se conoce a viajeros de toda clase. ¡Qué error tan romántico! ¿Sabe qué clase de gente encuentra uno por aquí?
–¿Inoportunos? –rechinó éste, que fingía seguir leyendo.
–No –dijo el otro sin darse por aludido–. Son ejecutivos en viaje de negocios. El viaje de negocios es la negación del viaje hasta tal extremo que no es digno de llamarse así. Semejante actividad debería denominarse «desplazamiento comercial». ¿No le parece que sería más correcto?
–Estoy en viaje de negocios –articuló Angust, creyendo que el desconocido se excusaría por su metedura de pata.
–No hace falta que lo diga, señor, eso se nota.
«¡Y además es grosero!», pensó Jérôme, fulminándolo con la mirada.
Como la buena educación había sido violada, decidió que él también podía saltarse sus normas.
–Caballero, por si todavía no se ha dado cuenta, no deseo hablar con usted.
–¿Por qué? –preguntó el desconocido con descaro.
–Estoy leyendo.
–No, señor.
–¿Cómo dice?
–No está leyendo. Quizás crea que está leyendo. Pero leer es otra cosa.
–Bueno, de acuerdo, no tengo ningún interés en escuchar sus profundas consideraciones sobre la lectura. Me está poniendo nervioso. Incluso suponiendo que no estuviera leyendo, no deseo hablar con usted.
–Enseguida se nota cuando alguien está leyendo. El que lee, el que lee de verdad, está en otra parte. Y usted, caballero, estaba aquí.
–¡Si supiera hasta qué punto lo lamento! Sobre todo desde que ha llegado usted.
–Sí, la vida está llena de estos pequeños sinsabores que la perturban de un modo negativo. Mucho más que los problemas metafísicos, son las ínfimas contrariedades las que nos muestran el lado aburdo de la existencia.
–Caballero, puede meterse su filosofía de pacotilla...
–No sea usted grosero, se lo ruego.
–¡Usted sí lo es!
–Texel. Textor Texel.
–¿Y a qué viene ahora este estribillo?
–Admita que resulta más fácil conversar con alguien sabiendo cómo se llama.
–¿No acabo de decirle que no quiero conversar con usted?
–¿A qué viene esta agresividad, señor Jérôme Angust?
–¿Cómo sabe mi nombre?
–Lo lleva escrito en la etiqueta de su bolsa de viaje. También figura su direccción.
Angust suspiró:
–Bueno. ¿Qué quiere usted?
–Nada. Hablar.
–Odio a la gente que desea hablar.
–Lo siento. Difícilmente podrá usted impedírmelo: no está prohibido.
El importunado se levantó y fue a sentarse a unos cincuenta metros de distancia. En vano: el inoportuno le siguió y se plantó a su lado. Jérôme volvió a cambiar de sitio para ocupar un asiento libre entre dos personas, creyendo que así estaría protegido. Pero eso no pareció molestar a su escolta, que se instaló, de pie, delante de él y volvió al ataque.
–¿Tiene problemas profesionales?
–¿Me habla usted delante de otras personas?
–¿Cuál es el problema?
Angust volvió a levantarse para regresar a su antiguo sitio: puesto a ser humillado por un pelmazo, mejor prescindir de espectadores.
–¿Tiene problemas profesionales? –repitió Texel.
–No se esfuerce en hacerme preguntas. No pienso contestarle.
–¿Por qué?
–No puedo impedirle hablar, ya que no está prohibido. Pero tampoco puede obligarme a responder, ya que no es obligatorio.
–Y, sin embargo, acaba de responderme.
–Para, a partir de ahora, poder dejar de hacerlo en mejores condiciones.
–Bueno, entonces le hablaré de mí.
–Me lo temía.
–Como ya le he dicho, me llamo Texel. Textor Texel.
–Lo siento.
–¿Lo dice porque mi nombre es extraño?
–Lo digo porque siento haberle conocido, caballero.
–Pero mi nombre no es tan extraño. Texel es un patronímico como cualquier otro, que proviene de mis orígenes holandeses. Suena bien, Texel. ¿Qué le parece?
–Nada.
–Por supuesto, Textor resulta algo más complicado. No obstante, es un nombre que tiene tintes de nobleza. ¿Sabía usted que era uno de los muchos nombres de Goethe?
–Pobrecito.
–No, tampoco está tan mal, Textor.
–Lo que resulta duro es tener algo en común con usted, aunque sólo sea el nombre.
–Textor parece feo, pero si uno
